Eva, Directora de Banca
Eva no era la chica tímida del instituto; era una directora que exigía obediencia absoluta. Cuando tropezó con sus carpetas, no recibió una disculpa, sino una lección de sumisión que cambiaría su vida para siempre. Ahora, en el despacho de la jefa, cada error se paga con dolor y cada placer se concede solo bajo sus órdenes.
Eva, Directora de Banca
Coincidí de nuevo con Eva en LinkdIn, ¿cuánto tiempo había pasado? ¿Veinte años? No sabía de ella desde el instituto y ahí estaba, rubia pajiza, ojos castaños, algo más de peso por la maternidad. Pero era ella, inspiración de muchas y mojadas fantasías. No dudé un segundo en solicitar contacto en la app y tampoco a ella le tomó mucho más aceptar mi petición. Poco a poco nos fuimos poniendo al día, por supuesto ella no se acordaba de mi, era de un curso superior al mio, aunque intenté darle algunos detalles de donde habíamos coincidido no se acordaba… Seguimos chateando durante los días siguientes hasta que también supe que trabajaba en una oficina de banca cerca de mi casa, — Oye, pues, ¿por qué no quedamos para un café? — le pregunté, aunque estaba casi seguro que no podría ser.
— ¡Claro! — respondió — ¡es una idea genial!
Me quedé a cuadros cuando leí eso, iba a quedar con Eva, no pude evitar ir a baño a masturbarme. Estaba muy excitado.
A los pocos días recibí un mensaje de Eva, el alma me vino a los pies porque directamente pensé que iba a cancelar, pero no, directamente me citaba para esa misma tarde a las seis, que fuera a buscarla a la oficina. No veía el momento de que llegaran las seis de la tarde, se hizo eterna la espera.
Por fin llegó el momento, llevaba listo desde mucho antes y así lleno de nervios, cogí mis cosas y fui a la oficina de Eva. Obviamente, con las prisas, llegué casi cinco minutos antes pero aun así entré y pregunté por ella, me indicaron el despacho al fondo de un pasillo bastante apartado de los cajeros y comerciales, el despacho de una directora.
Golpeé levemente la puerta con los nudillos al tiempo que entraba en la estancia, Eva levantó la cabeza del escritorio y me dijo que pasara. Era una estancia amplia, con su mesa de despacho, otra de reuniones para unas cinco o seis personas y un sofá con una mesita delante. Al dirigirme hacía Eva, tropecé con las mesilla y un montón de carpetas cayeron al suelo. Me quedé blanco, miré hacía Eva que me miraba bastante enojada y me agaché a recoger como pude aquel desastre. Casi no noté cuando Eva se acercó por mi espalda para darme una colleja al tiempo que gritaba — ¡Eres un inútil! — me quedé petrificado y sin saber que decir, me seguía mirando enfada al tiempo que golpeaba más y más mientras intentaba cubrirme. Finalmente me cogió de una oreja para literalmente arrastrame a la esquina detrás de la puerta, la puerta se podía seguir abriendo sin problemas.
— Quedate ahí mirando a la pared, imbécil —
— Lo siento mucho, Eva, ha sido un accidente — conseguí decir.
No respondió y volvió a su mesa, cogió el teléfono.
— ¿Laura? Si, necesito que vengas a mi despacho, se han caído las carpetas y hay que volverlas a ordenar. —
A los diez segundos llegó Laura, imagino que recogió el desastre que había organizado y se fue cerrando la puerta, no podía ver nada desde donde estaba.
Continué en esa postura por bastante rato hasta que llamaron a la puerta.
— ¿Si? — dijo Eva,
— Me voy ya, te quedas tu sola Eva. Hasta mañana —
— Hasta mañana, Laura — contestó Eva.
Se cerró la puerta y volvió el silencio. Un rato después, por fin Eva me habló.
— Bueno, ¿qué hacemos contigo? —
— De verdad que lo siento — dije desesperado…
— ¿Sabes, si me acuerdo de ti? — dijo Eva enigmática.
— ¿Si? — dije
— Claro, eras el pajillero que no dejabas de mirarme en el insti — dijo medio riendo.
No sabía que decir ni que hacer en ese momento, me quedé callado. Eva volvió a hablar.
— ¿Cuántas pajas te has zumbado desde que hablamos? — dijo autoritaria
No respondí, estaba bloqueado, no sabía donde meterme, de rodillas, mirando a la esquina en el despacho de la directora.
— Ven aquí — dijo.
Me iba a levantar para acercarme pero me detuvo
— No, no, no a cuatro patas, ahora eres mi perrito — dijo de nuevo autoritaria.
Fui gateando hasta su mesa, rodeándola para llegar a su silla. Preguntó de nuevo
— ¿Te has estado masturbando pensando en mi, verdad? —
— si — logré balbucear.
— ¿Cuántas veces? — insistió
— No lo sé — respondí.
— Venga, seguro que lo sabes, eres un salido, ¿veinte? ¿treinta? —
— si — dije agachando la mirada.
— Puto cerdo. Tendremos que ver qué hacemos contigo. Ponte de pie y quitate la ropa —
— ¿Cómo? — casi grité.
Aquí vino el primer tortazo que casi me hizo irme al suelo.
— Cuando te de una orden, tu la obedeces, ¿me has entendido? — gritó
— si — conseguí decir.
— ¿Si qué? — insistió.
No sabía que decir, me quedé callado, con alguna lágrima que empezaba a asomar. Vino el segundo bofetón.
— Si, señora — dije
— Así me gusta, siempre que te dirijas a mi usaras “señora” y solo te diriges a mi si yo te lo pido, ¿entendido? —
— Si, señora —
— Bien, te he dado una orden, cuando te de una orden debes obedecer rápidamente o te castigaré —
Me levanté rápidamente y me quedé desnudo mostrando una terrible erección…
— Vaya vaya — dijo Eva — tu amiguito tiene ganas de fiesta. Enseñame como te masturbas —
Agarré mi polla para empezar a darle pero me detuvo
— No tan rápido, no quiero que te corras —
Así que lentamente fui masajeando mi miembro mientras ella me miraba atentamente.
— Dime, cuando te masturbas ¿usas mi foto de LinkdIn o tu imaginación? —
— Las dos cosas, señora — respondí
— Y en tu imaginación ¿qué ocurre? —
— Imagino que tengo sexo con usted, señora —
— ¿Crees que voy a tener sexo con un pajillero perdedor como tu? — dijo mientras soltaba una risotada. Esa humillación hizo detener el ritmo de la masturbación y mi erección iba bajando.
— Bueno, veo que vas aceptando que tu posición aquí es servirme. Coge esa silla y traela aquí, agachate sobre el respaldo apoyando tus manos en el asiento, tengo que castigarte por haber tirado los papeles. —
— ¡Pero fue un accidente! — grité.
Otro bofetón y un rodillazo en los huevos me devolvió al suelo.
— No te lo repito más, ¿estamos? —
— si, señora — respondí dolorido.
A duras penas cogí la silla para acercarla y colocarme en la posición para recibir mi castigo.
— Mañana Laura tendrá que pasarse varias horas para arreglar lo que has estropeado, entiendes que te mereces el castigo, ¿verdad? —
— Si, señora — contesté.
— Muy bien —
Fue hasta el armario que abrió con llave para sacar una fusta. Volvió hasta mi para enseñármela.
— Cuenta —
zas, zas, zas,…
Conté hasta cien, con lágrimas y las piernas temblorosas.
— Muy bien, ¿qué tienes que decir ahora? —
— Lo siento mucho, señora, no volverá a ocurrir — susurre entre el dolor.
— ¿Y qué más? — insistió Eva.
Me volví a quedar en blanco. Un nuevo azote me devolvió a la realidad.
— Da las gracias por educarte —
— Muchas gracias, señora — respondí rápidamente.
— Bien, ponte de rodillas y descansa un poco, ahora vuelvo —
Fue al armario y cogió una bolsa de deporte, luego salió del despacho.
Volvió pocos minutos después con un conjunto de látex rojo que marcaba sus pechos, botas rojas de tacón y el pelo recogido un moño alto, estaba realmente increíble. Volvía a recuperar mi erección.
Eva me miraba divertida, totalmente a su merced para hacer conmigo lo que quisiera.
— Bien, bien, veo que tu amigo vuelve al juego — reía — ven aquí — ordenó
— Si, señora — respondí mientras gateaba hacia ella.
De la bolsa de deporte sacó un pene de goma amarrado a un arnés, me quedé mirando al miembro que era mucho más grande que el mio, pero mucho más.
— ¿Te gusta? — preguntó — vamos a jugar un rato con él —
— No sé que decir, señora — respondí.
— Venga, ayuda a ponerme el arnés —
Así, de rodillas delante de Eva, le coloqué aquel negro dildo que ahora permanecía a escasos centímetros de mi cara.
— Saca la lengua —
Saqué tímidamente mi legua y Eva comenzó a pasar la polla por ella.
— Muy bien, abre la boquita —
Abrí mi boca todo lo que pude para albergar la gran polla de Eva que empezó a introducirla poco a poco.
— Así, muy bien —
Estuvo un rato jugando con la polla y mi boca.
— Vamos, siéntate en el suelo al lado del sofá con la cabeza apoyada en el reposabrazo. — Se colocó delante de mi. — Abre bien la boca — ordenó
Empezó a introducir el pene en mi boca hasta más o menos la mitad, el resposabrazo me impedía retroceder. Le volvió a meter hasta la mitad y la volvió a sacar, hizo esto unas cuantas veces más y luego.
— Vamos hasta el fondo ahora —
Diciendo esto empujo la polla hasta el fondo de mi garganta para provocar una arcada, se retiró. Me recuperé y volvió a la carga, hasta el fondo. Nueva arcada y retirada.
— Venga, haz un esfuerzo — dijo.
Las babas me caían sobre el pecho, la miré a los ojos y asentí.
De nuevo, el pollón en mi garganta.
— Aguanta… aguanta… aguanta… —
La mantuvo como quince segundo apretando hasta que se retiró
— ¡Muy bien! — exclamó — vamos — dijo al tiempo que introducía de nuevo.
— Aguanta… aguanta… aguanta… — repetía.
Se me habían saltado las lágrimas y la saliva caia de mi boca a chorros, cada vez intentaba mantener la polla más tiempo en mi garganta y yo me esforzaba por cumplir con su voluntad.
— Ok, se te dan bien las mamadas, quizá pueda sacar algo de dinero contigo. —
Me quedé halado al escuchar esto, ¿de verdad pretendía prostituirme? Ya no sabía nada, no sabía quién era esta mujer, yo la recordaba del instituto como algo tímida y normal y ahora me acaba de follar la boca. La voz de Eva me sacó de mis pensamientos.
— Venga, levanta tragona — ordenó.
— Si, señora —
— Vamos a ver los demás agujeros — dijo como si tal cosa…
De la bolsa de deporte sacó un guante de látex y un bote de lubricante. Se colocó el guate de látex y me dio el lubricante mientras me mostraba el dedo indice.
— Mira este dedo, te lo voy a meter por el culo, dale un besito, las gracias y ponle lubricante —
Completamente en shock besé el dedo indice de Eva mientras le agradecía que se metiera en mi culo. Le unté lubricante.
— Apoyate en la mesa, separa las piernas —
Sobre la mesa de reuniones, con mis piernas separadas, Eva se abrió camino entre mis nalgas para encontrar mi ano y extendió el lubricante sobre él. Un pequeño escalofrío recorrió mi espalda al sentir la gélida pasta. Poco a poco, el dedo indice de Eva fue entrando en mi.
— Uy — exclamó sorprendida.
Al dedo indice pasó a hacerle compañía el dedo corazón.
— Uy uy — volvió a exclamar con sorpresa. — Creo que aquí ya han entrado, ¿no? —
De nuevo, silencio por mi parte. Un azote en mi dolorido culo me hizo reaccionar.
— Si, señora — respondí.
— A ver, cuéntame eso… — insistió.
— A veces, me introduzco objetos por el culo, señora — respondí avergonzado.
— ¿Por ejemplo? —
— El otro día me metí una zanahoria… —
Eva soltó una risotada.
— O sea, que tu culo es tu conejo, ¿no? — reía mientras yo agachaba la cabeza hasta tocar la mesa. — ¿Eres de los que les gustaría tener vagina, verdad? — preguntó.
— Si, señora —
— Para poderte meter todas las pollas del mundo, ¿no, guarra? —
— Si, señora. — respondía casi en piloto automático.
— Pues eso lo vamos a solucionar, primero te vas a meter esta — dijo mientras señalaba su dildo que aun permanecía entre sus piernas. Colocó el prepucio en la entrada de mi ano y empujó. El enorme pene fue llenándome poco a poco, al igual que hizo con la mamada, introducía un poco y lo retiraba para ir dilatando el espacio. Aun así, no pude evitar un grito cuando, en un rápido movimiento de cadera, entró completamente en mi cuerpo, podía sentir el cuerpo caliente de Eva junto al mio mientras nos conectábamos con el miembro de látex. Estuvo unos segundos así mientras se reclinaba sobre mi y me acariciaba la espalda. Empezó a sacarla, pero ya no del todo, para volver a bombear hacia dentro, lentamente, jugando con las caderas, me azotaba de vez en cuando y me decía lo puta que era. La intensidad fue subiendo, cada vez más rápido, empecé a jadear, el dolor de la primera penetración ya había dado paso a un placer inmenso. Siguió follándome el culo hasta que se cansó.
— Bueno putita, ¿qué se dice? — me preguntó mientras me daba la última nalagada.
— Gracias, señora — respondí.
— Has aprendido bien. Vamos, que no solo vas a disfrutar tu, ¿no? — me dijo mientras me señalaba el suelo indicando mi sitio, así que a cuatro patas la seguí hasta el sofá donde se sentó. De la bolsa de deporte sacó otro pene con arnés pero más pequeño, tenía unas correas para fijarlo a la cabeza colocando el pene en la boca, pero de forma que el prepucio esté apuntando hacia fuera.
— Venga, vas a follarme ahora tu con eso — decía esto mientras se bajaba las bragas y me dejaba ver su hermoso coño.
Me cogió de los pelos mientras apoyaba las botas en mi espalda, ella tumbada en el sillón, yo de rodillas delante de ella, tomó el pene con la mano izquierda mientras con la derecha me tiraba del pelo para penetrarla. Entró con facilidad hasta el fondo, mientras Eva soltaba un leve gemido, los tirones del pelo iban marcando el ritmo. A cuatro patas, adelante atrás, follándome a Eva con el pene en la boca. Iba subiendo la intensidad al tiempo que los jadeos iban siendo más fuertes, el cuerpo de Eva comenzó a convulsionar mientras llegaba al orgasmo y el ritmo se detenía hasta pararse por completo. Me soltó del pelo y colocando sus botas en mi cabeza me empujó para que saliera de ella. Quedé sentado delante de Eva, con el dildo en mi boca goteando los fluidos, esperando qué instrucciones vendrían ahora.
Eva levanto la cabeza, los ojos le brillaban.
— Te has portado bien. Estoy muy satisfecha. Como premio, voy a permitir que te corras. — Mientras decía esto se quitaba las botas. — Puedes correrte sobre mis pies pero tienes sólo un minuto —
De un salto me puse de rodillas y agarré la polla para empezar a manosearla. Eva miraba el reloj e intentaba ponerme nervioso, seguía dándole…
— 10, 9, 8, 7,… — inició una cuenta atrás y conseguí correrme justo en el último segundo.
—!Bravo! — exclamó con los pies llenos de esperma — ¡qué buena corrida! Estoy muy orgullosa de ti. Ahora utiliza tu lengua para limpiarme. —
Con un poco de asco fui recogiendo mi semen de los pies de Eva que aprovechó para sacar algunas fotos con el móvil.
— Recoge el material y ve al baño a limpiarlo. Cuando termines, discutiremos tu nueva situación y cuales son tus funciones. —
Me quité el pene de la boca, cogí el otro que había estado en mi culo y me dirigí al baño a limpiarlo con la curiosidad de conocer esta nueva etapa que se abre en mi vida.
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