Una mala decisión. Parte 9
Abel, el conserje, vio lo que nadie más se atrevía a mirar. Y cuando la pesadilla con Alcacer parecía no tener fin, solo quedaban Horacio y Emilio para salvarla. Pero salvarla significaba volver a caer, esta vez con dos hombres a la vez.
Una mala decisión, parte 9
Volver en motocicleta, abrazada a Emilio, la sensación del viento en el cuerpo, el reflejo de las luces de los coches en la carretera, el temor.
Dentro del cuerpo también el calor, las marcas en la piel del sexo que habíamos tenido en la habitación detenida en el tiempo de esa vieja casa.
Era todo un coctel de sensaciones que nunca había vivido, comprendí cuán limitadas son las experiencias que cualquier persona puede vivir, cuantas cosas se desconocen solo por estar enjaulada por las costumbres aprendidas, por la sucesión de hechos esperable de acuerdo a nuestra educación y posición social.
Algo me había apartado del camino llano y sin preocupaciones que había sido mi vida hasta entonces. Por primera vez pensé que tal vez no había sido tan malo después de todo.
Pero ese pensamiento estaba influenciado por las experiencias placenteras de esa tarde.
Cuando Alcacer me llamó al día siguiente ese pensamiento plácido me abandonó.
De alguna manera era un pulso entre él y yo. No podía saber hasta qué punto estaba dolido por lo que había pasado en Bilbao pero podía imaginarlo.
Quería que fuese a su piso para estar sola con él.
_Ta falta hacerlo conmigo ahora_ decía uno de sus mensajes
La verdad es que no me apetecía estar sola con él, pero estaba claro que tendría que hacerlo, ya había estado con los otros dos y restaba él.
Esta vez llevaba el collar de perlas como una especie de talismán en la cartera.
De nada me sirvió.
El piso de Alcacer era impersonal, frío, espacioso y decorado con estilo, pero demasiado minimalista para mí gusto. Daba la impresión de un lugar deshabitado.
Tenía él una gran sonrisa, realmente era un chico muy guapo y finalmente me tenía donde quería.
_Te lo pasaste bien con Emilio entonces_ me dijo
_Claro, es más sensible de lo que parece a pesar de su aspecto de ogro_
_No sabía que te gustaban los hombres sensibles_ dijo él con la copa en la mano
_ ¿No? Las mujeres lo queremos todo ¿No lo sabías? sensibilidad y lo otro también_
_Lo otro es lo que voy a darte ahora_
Por más que aparentaba chulería, había algo entre nosotros que no podía borrarse y ese algo era como le había mamado la polla a otro tío delante de mí.
En realidad yo lo había manipulado y casi obligado a hacerlo, había adivinado algo secreto suyo y eso estaba hecho, no podía repararse.
Por más que me hubiese dado por el culo ya en una orgía.
Quería recuperar en un punto su virilidad mancillada y perdida y no sabía bien cómo hacerlo.
Supongo que eso me producía cierto temor, no sabía que esperar de él.
_ ¿Nos metemos una raya? _ dijo y sin más comenzó a hacer los preparativos sobre la mesilla de vidrio de la sala
Solo había esnifado cocaína un par de veces y antes de casarme, tampoco me había gustado demasiado y seguía siendo un poco mojigata para algunas cosas.
_La verdad es que preferiría no hacerlo_ dije
_Venga ¿tienes miedo o qué?_
_No tengo miedo ¿Y tú qué? ¿Necesitas drogarme cada vez para poder follarme?_
No me contestó, esnifó una raya de coca de manera ampulosa, abriendo y cerrando los ojos y echando luego la cabeza hacía atrás.
_Venga, ya verás que bien te lo pasas luego_ dijo
No debí hacerlo pero lo hice, no sé por qué, tal vez quería ir hasta el final con todo esto, para terminar de una vez.
Tomé el rulo, era de papel enrollado, mejor así y esnifé como quien se arroja a aguas profundas. El colocón fue instantáneo, no recordaba que fuera de ese modo.
Todo se aclaró en mi mente.
Nos miramos de pronto con Alcacer y lo sentí más guapo y atractivo que nunca.
Estábamos frente a frente en un sofá blanco de un material sintético símil cuero.
Nos besamos.
_Hoy voy a follarte duro de verdad_ me dijo
_ ¿Si?_ le dije desafiante
_Pero antes vas a comerme la polla como la guarra que eres_
Me hizo subir al sofá, yo de rodillas y Alcacer sentado.
Mientras le bajaba la cremallera me subió la falda hasta la cintura y me dio un azote en el culo.
Tenía un control remoto en la mano, lo pulsó y una música electrónica comenzó a sonar en forma cadenciosa. Creo que era de esa música que llaman house o algo así
Me concentré en hacerle una buena mamada, tenía una polla grande y limpia, sus huevos totalmente depilados.
Él tenía una mano sobre mi nuca y la otra se ocupaba y acariciarme el culo primero y luego comenzó a meterme un dedo lubricado con su propia saliva en el ano.
De pronto me encontré con que se la estaba chupando al ritmo de la música.
_Eso es Patricia, sigue el ritmo, nena_ me dijo
Comencé a excitarme cada vez más haciendo eso, cerré los ojos, mi cabeza subía y bajaba sobre la polla de Alcacer, perdí la noción del tiempo.
Su mano sobre mi coño y mi culo me estaba destrozando de placer, saqué su polla de mi boca.
_Si….sigue…que bueno_ le dije con voz temblorosa
Nos dimos un morreo, sentía el ansia y el éxtasis de la coca por todo el cuerpo, en especial concentrado en mi coño.
_Di que te encanta mamarme la polla_ dijo
_Me encanta mamarte la pollla….me encanta_ dije mientras lo pajeaba, su polla me parecía bellísima, grande y suave.
_A lo tuyo entonces_ dijo él y empujó mi nuca hacía abajo.
Había puesto su móvil sobre la mesilla, filmando, esto lo hizo muchas veces también cuando fuimos a su cuarto.
Volví a mamársela, la música retumbaba en mi cabeza y en mi coño al mismo tiempo.
Me corrí de esa manera, no podía parar de correrme, Alcacer me daba azotes en el culo y mantenía mi boca pegada a su ingle, presionando mi nuca.
Luego me fue desnudando completamente y me arrastró casi sobre su propio cuerpo, quedé con mis tetas aplastadas a la altura de su ombligo, levantó mi culo casi hasta su cara y siguió penetrando coño y culo al mismo tiempo con ambas manos.
Yo seguía mamándosela, la mandíbula casi me dolía y comenzaba a ponerse rígida.
_Tu boquita va a quedar con la forma de mi polla_ dijo
No me importó esa humillación y seguí mamando con los ojos cerrados sin perder el ritmo como me había ordenado, estaba a punto de correrme nuevamente cuando Alcacer me hizo poner de pie.
Apoyé mis codos sobre uno de los brazos del sofá, me penetró violentamente, detrás de mí y luego subió uno de sus pies al brazo del sofá y luego el otro y quedó totalmente montado sobre mis caderas, volcando mis pechos sobre el sofá.
Puso una mano en mi cuello y me folló realmente duro como nadie lo había hecho.
Seguramente era el efecto del colocón y esa música hipnótica que no cesaba y cierta rabia que Alcacer sentía hacia mí, pero lo cierto que la expresión follar duro tuvo real sentido para mí recién en ese preciso momento.
Su mete y saca era violento y veloz, se había convertido ese niño pijo en una maldita máquina de follar, volví a correrme en esa posición.
Lo más humillante eran mis gritos y gemidos desaforados, pidiendo más, que me follara más duro, casi al borde del llanto.
Y peor fue cuando lo monté yo misma y comencé a botar sobre su polla como enloquecida, mis manos en su pecho, besándolo en la boca, chocando mis labios con los suyos violentamente.
Alcacer se corrió en mi cara, dejándome manchada con su semen, trajo una toalla del baño para que me limpie y ya su polla estaba erecta de nuevo.
Fuimos a su habitación, me dio por el culo en todas las posiciones posibles, algunas ciertamente humillantes, con mi nuca en el suelo y las piernas en sus hombros, él sentado al borde de la cama.
La habitación era completamente vidriada por uno de sus lados, era un piso alto y las luces de la ciudad brillaban como un gigantesco árbol de navidad.
Me hizo poner las manos sobre esa pared vidriada y de pie volvió a darme por el culo. Mientras contemplábamos la ciudad a nuestros pies, también algún mirón con binoculares estaría mirándonos y masturbándose, pensé.
Volvimos a esnifar coca y seguimos follando como conejos, Alcacer se corrió en mi boca y en mi culo. Me filmó con su móvil mientras tenía su gran polla entre mis tetas.
Lo que más vergüenza me daba era las cosas que me hacía decir o las que yo decía por mi cuenta.
_ Pídeme que te reviente el culo Patricia anda dímelo_
Y a todo yo le daba el gusto, en parte porque también me excitaba con eso y en parte por el descontrol que estaba viviendo
_Si….fóllame el culo….reviéntame el culo…si_
Tuve que llamar a mi esposo y decirle que había quedado con una amiga y volvería tarde, pero a las tres de la mañana tuve que contestar a un llamado suyo mientras Alcacer me estaba comiendo el coño
_ Si amor estoy bien, me quedaré a dormir en lo de Ana ya es muy tarde y he bebido_
_ ¿Pero estás bien realmente?_ dijo mi esposo preocupado
Alcacer me estaba matando de placer con su lengua y sus dedos en mi coño y debí despedir a mi marido sin miramientos.
Yo creo que para ese entonces él tendría la certeza de que yo estaba liada con alguien.
En un momento dado Alcacer me ató las manos a la espalda con una tela y me amordazó, se complació en filmarme en todos los ángulos de esa manera y luego volvió a encularme como endemoniado.
Nos fuimos al trabajo sin dormir, luego de comer algo, follamos literalmente toda la noche.
Me sentía fatal, sucia y dolorida. A pesar de haberme duchado.
Tenía el culo y la vagina ardiendo, irritada y escocida, la mandíbula contracturada de tanto mamarle la polla.
Por supuesto volvió a follarme bajo la ducha y luego de mamarle la polla por enésima vez, se meó sobre mí.
Era la primera vez que alguien me hacía eso, recuerdo lo caliente del orín sobre mis tetas.
Yo creo que si Alcacer hubiese tenido un punto más de psicópata violento, me hubiese dado una paliza o matado, era como si ninguna humillación que me hacía lo dejara conforme.
_Nunca te olvidaras de esta noche_ me dijo
Me encogí de hombros, tal vez tuviera razón, que más daba.
Ni Horacio ni Emilio me llamaron o intentaron algo conmigo por esa semana y la siguiente.
Supongo que Alcacer les habrá contado como me había follado.
Había decidido terminar con Alcacer, a medida que fueron pasando los días, me parecía una auténtica pesadilla la noche pasada con él.
En ese tiempo recibí algún mensaje suyo que no respondí y la sugerencia de vernos, me pareció que había una amenaza velada de utilizar los videos que estaban en su poder.
Comencé a temer la posibilidad de una extorsión y hasta donde podía llegar en su actitud violenta
Fue entonces que sucedió lo más extraño de todo cuanto había pasado hasta aquí.
El conserje del edificio en que vivíamos era un señor llamado Abel. Cuando compramos el piso y nos mudamos, siete años atrás, nos sorprendió el aspecto patibulario que tenía.
Era casi calvo pero con algunos mechones entrecanos, una pequeña cicatriz sobre uno de sus ojos llamaba mucho la atención, usaba un pendiente de oro en una oreja y se le adivinaban varios tatuajes raros en el pecho y los brazos. Tenía una barba entrecana bastante tupida además
Tendría cerca de sesenta años, era bajo y fornido, con un gran vientre abultado.
Pero a pesar de su aspecto algo rudo resultó ser una persona sumamente amable, servicial y muy discreto, excesivamente discreto para lo que suelen ser los porteros o conserjes de edificios.
Por eso me sorprendió cuando unos de esos días, en que yo entraba al edificio mientras él estaba limpiando, me dijo:
_Patricia perdona ¿Puedo hablar contigo?_ su voz era grave, siempre como contenida
_Si Abel ¿Qué sucede?_
Él tenía un esparadrapo en la mano lo apoyó en el muro.
_Si tú piensas que me estoy metiendo en lo que no me importa me lo dices y tan amigos como siempre_ dijo secándose las manos
_ Vale_ dije
_Tú tienes un problema ¿No es verdad?_
_ ¿Un problema?_
_Si, hace días que te veo y estás apenada y vamos que creo que tienes un problema de esos que no se solucionan yendo al psicólogo_
_Bueno Abel, los problemas que puede tener cualquiera ¿Por qué dice eso del psicólogo?_
Estaba realmente sorprendida y me intrigaba lo que ese hombre tenía para decirme
_Verás Patricia yo hace veinte años que trabajo aquí pero antes de eso tuve una vida un poco difícil, desordenada podría decirse, había vivido mucho y mal antes de encarrilarme por así decir.
Puedo darme cuenta cuando una persona tiene un problema, un problema con alguien tal vez, que no puede ir a la policía, ni pedirle consejo a un amigo ni al psicólogo, un problema que solo puede resolverse por las malas, porque es un problema feo, casi sin solución_
Yo no podía creer lo que estaba pasando. Tenía Abel unos ojos claros, la cicatriz que le atravesaba el párpado parecía más notoria que nunca.
_Puede ser _ le dije
_Si quieres contarme, tal vez pueda ayudarte, cuéntame solo lo necesario_
Tomé aire, realmente me estaba arriesgando, pero me sentía angustiada y me pareció que podía confiar en él.
_Creo que alguien está a punto de extorsionarme, con unos videos míos_
_Aja ¿Quién es él?_
_Un compañero de trabajo_
_ ¿Los videos esos los filmó con su móvil?_
_Si_
Me sorprendía lo conciso de sus preguntas, sin entrar en detalles
_Entonces los debe tener en su móvil todavía, no debe haber copias de ellos_
_Algunos de esos videos están en poder de otra gente pero creo que puedo encargarme llegado el caso_ dije pensando en Emilio y en Horacio.
_Bien ¿Cómo se llama esa persona? Y pásame una foto de él_
_Perdone Abel, pero no quisiera una situación violenta que pueda….._
_No…..no, que va….tu tranquila, será algo muy simple_
Me miró entonces con esos ojos claros, que parecían casi inexpresivos ahora. No sé por qué me dieron una gran confianza. En ningún momento sentí que me estaba juzgando.
Decidí que tenía que hablar con Horacio y Emilio, ponerlos de mi lado contra Alcacer.
Los cité a los dos en el piso de Horacio quien vivía solo y les pedí que no dijeran nada a Alcacer del encuentro.
Como siempre quedamos luego del trabajo, así que llevaba yo una falca corta color crudo, camisa blanca de seda y blazer al tono.
Mis piernas a pesar de ser largas y bien formadas me parecían demasiado blancas así que llevaba unas panty medias más oscuras.
Me encontré guapa con el cabello rubio, rizado por los hombros. Mi cara se había recompuesta ya de la noche de locura con Alcacer.
Horacio bajó a abrirme la puerta, parecía más tímido que de costumbre, desgarbado y flaco, siempre con su gesto de acomodarse las gafas.
_Emilio ya está arriba, estas guapísima Patricia_
Ya me había visto vestida así en el trabajo
_Gracias_
El piso de Horacio era todo lo opuesto al de Alcacer en la medida que tan distintas eran sus personalidades, este era un piso antiguo, del centro de la ciudad, atiborrado de cosas viejas, lámparas, viejos adornos de bronce tal vez heredados de sus padres, una gran biblioteca con los libros bastante desordenados, puestos de través en algunos sitios.
El sofá pertenecía a un juego y los sillones, más antiguos, eran de otro estilo.
Emilio, contrastaba también sentado en ellos con su cazadora de cuero y su atuendo motero.
_ ¿Queréis beber algo?_ dijo Horacio
_ No, luego tal vez_ dije
Me quité el blazer y me descolgué la cartera, el ambiente estaba demasiado caldeado.
Me senté en uno de los sillones con las piernas muy juntas.
_Lo que quiero deciros es que pienso terminar con Alcacer_
_Bien, me parece bien si es tu decisión, es un idiota_ dijo Emilio, sabía que mi gorila me apoyaría.
_ ¿Y nosotros?_ dijo Horacio de pie con las manos en el respaldo del sillón.
_Ya lo veremos, pero pase lo que pase quiero dejar claro que Alcacer está fuera, que no quiero que me filmen y debéis borrar los videos que tenéis de mi_
Horacio puso cara de pena, seguramente se masturbaría seguido con ellos.
Emilio me alcanzó su móvil.
_ Aquí tienes, elimínalos tu misma_
Lo cogí, busqué los videos y comencé a eliminarlos.
_Yo si voy a beber algo_ dijo Emilio a Horacio
_ ¿Ginebra? _
_Hombre ¿Qué mejor a estas horas?_
Yo seguía borrando los videos mientras escuchaba esta conversación, trataba de no leer los mensajes de Whattapp pero no pude evitar leer uno de Emilio que decía _Como nos follamos a esta zorra_
Eso había sido antes de mostrar su lado sensible claro.
_ ¿Me pasas tu móvil Horacio?_ dije yo envalentonada
Este dudó un poquillo, pero estiró su mano con el móvil finalmente.
Comencé a eliminarlos.
_ ¿Hace tiempo que vives aquí?_ dijo Emilio
_Desde siempre, este piso era de mis padres y luego de divorciarme me vine otra vez_
_Conoces bien el barrio tío, eso mola mogollón_
_ ¿Tú de dónde eres?_
_De Alcalá de Henares_
_Es bonito _ dijo Horacio
_Antes era la ostia, pero ahora lo están convirtiendo en una puta mierda_ respondió Emilio
_Igual aquí, no te creas_
Me gustaba verlos así, tan amigos.
Había pensado a menudo en esa doble penetración con ellos, primera y única que había tenido en mi vida y la sensación es que estaba tan drogada en ese momento que casi no recordaba las impresiones. Si podía discernir el placer que había sentido, pero no la sensación de por primera vez tener dos pollas dentro de mí.
Y allí estaban frente a mí esos dos caballeros con los que había sucedido el hecho, hablando tranquilamente de sus cosas.
_ ¿Tienes copia en alguna otra parte Horacio?_
Se acomodó las gafas sobre el puente de la nariz.
_En documentos hay una carpeta que dice Patricia_
Emilio se sonrió con su copa en la mano
_Menos mal que no le pusiste de nombre La zorra_ dije con ironía
Horacio miró para abajo siempre de pie, con su copa en la mano.
Le devolví el móvil, ahora si me sentía relajada.
_Te acepto esa copa Horacio_ dije, tenía las piernas cruzadas, mis pechos eran indisimulables bajo la camisa. Sorprendí a Emilio mirándome con deseo.
_Estás guapísima_ dijo
_Gracias_
_ ¿Te pongo un Gin tonic?_
_Si por favor_
_Lo mismo le dije yo en el elevador, que está guapísima_ dijo
_Hombre habría que ser ciego sino_ dijo Emilio
_Estáis muy por los piropos vosotros_ les dije
Al no estar Alcacer, la química entre los tres era buena, me sentía tranquila y hasta protegida con ellos.
Acepté la copa, bebí un largo sorbo, estaba bien, fresco y en su punto
_ ¿Y ahora?_ dijo Emilio
Casi sin pensarlo lo dije.
_ ¿Queréis verme?_
_ ¿Verte cómo?_ dijo Horacio
_Si queréis verme desnuda_ respondí
Se quedaron un poco pasmados, me coloqué de pie frente a ellos.
Comencé a desprender los botones de mi camisa, que subidón tuve, ni la cocaína podía compararse con esta sensación.
Los ojos de los dos estaban pendientes de mi como hipnotizados, casi inmóviles miraban mis largos dedos desprender un botón tras otro. Me quité la camisa y la dejé caer sobre el sillón.
_Que bueno que no hace frío aquí_ dije, no me respondieron
Llevé mis manos a la espalda, realmente ahora quería ver sus caras, cuando el sujetador cayera a mis pies.
Lo dejé resbalar por mi cuerpo, me concentré en sus rostros, Horacio tragó saliva parecía estar sufriendo, acomodó sus gafas sobre la nariz. Emilio tenía una sonrisa torva, sus blancos y grandes dientes dejaron entrever parte de su lengua, mi gorila estaba listo para dar el zarpazo.
_ Son perfectas_ dijo Horacio
_Yo siempre decía que me gustaban más las morenas, pero tú me has hecho cambiar de idea_ dijo Emilio
Sopesé mis pechos con las manos.
Emilio se levantó del sofá y vino hacia mí lentamente, cogió mi cara con sus manazas y me besó, tenía el aliento fresco de la bebida.
Horacio también hizo lo propio, llegó hasta mí, mientras me besaba, Emilio acariciaba mis hombros.
_Que piel tan blanca tienes, me alucina, pareces una maldita princesa rusa_ dijo Horacio
Me di vuelta para besar a mi gorila, ahora las manos de los dos jugaban con mis pechos, luego volví a besar a Horacio, mi boca iba de uno a otro.
Era todo muy delicado, una sensación casi onírica, me sentía pequeña entre los dos hombres, contenida en medio de ellos.
Por momentos no podía distinguir quien de los dos me acariciaba el culo o metía las manos en mi coño, sus manos me recorrían con avidez pero sin apuro, sin torpeza, todo se había vuelto extrañamente relajado.
Comencé a sobarles las pollas sobre el pantalón, los dos tenían una gran erección, me producía cierto orgullo saber que yo era la causante de aquello.
Emilio fue el primero en liberar su polla, la envolví con mi mano, la sentí tibia y palpitante.
Se quitó la camisa, su pecho era musculoso y sin vello, aplaste mis pechos contra él, nos besamos.
Sentí la lengua de Horacio besando mis nalgas y luego comenzó a bajarme la falda, estaba de rodillas detrás de mí y corrió apenas la tira del tanga para comerme el coño en esa posición.
Seguía pajeando a Emilio lentamente y sus manos acariciaban con firmeza mi espalda.
Horacio separaba mis nalgas con sus manos para meter su lengua bien profundo en mi coño y en mi ano.
Gemí ya abiertamente en la boca de mi gorila, este me besó el cuello, acaricie su nuca rapada y rasposa.
_ ¿Qué pasa Patricia? ¿Qué?_ dijo él mientras yo gemía cada vez más fuerte, Horacio estaba matándome con su lengua en lo más íntimo, sus besos en la curva final de mis nalgas me volvían loca.
_ ¿Qué Patricia, que sucede? Dime_ dijo otra vez Emilio y su lengua se enroscó dentro de mi boca
_Mmmmm…….bésame…bésame los pechos_ le dije
_ ¿Quieres que te coma las tetas?_
_Sii…..si…….. hazlo_
Llevé las dos manos a su enorme cráneo para agradecerle, cuando su boca entró en contacto con mis pezones, mis piernas temblaron un poco y eché una mano hacia atrás para acariciar la raleada calva incipiente de Horacio, presioné su cara contra mi culo e hice lo propio con Emilio sobre mis pechos.
_Como me tenéis cabrones…por dios…_
Ellos redoblaron la labor de sus lenguas, me estaban comiendo enterita.
_Vais a hacer que me corra…no puedo más…no puedo más_
_Córrete Patricia…a ver cómo te corres cariño_ dijo Emilio
Cerré los ojos, el mundo explotó literalmente dentro de mi cerebro, mis piernas temblaban, me aferré a la cabeza de bullgog de Emilio con fuerza para sostenerme sobre mis tacones.
Horacio seguía abriendo mi culo con una mano en cada nalga y devorándome hasta lo más profundo.
_Ahhhh!!…dios…dios que bueno…… que bueno……_ aullé con el cuerpo convulsionando.
Mi gorila se incorporó, me besó en la boca otra vez, mis pezones estaban a punto de explotar, ensalivados y magullados.
Se apartó un poco y me incliné para comerle la polla, él apartó mi pelo con dulzura.
Horacio estaba bajándome el tanga con presteza, me hizo levantar un pie del suelo para quitármelo.
Su polla se refregó sobre la acuosidad que el mismo había provocado en mi coño.
Me penetró suave y limpiamente y se aferró con las dos manos a mis caderas.
Los tres estábamos de pie allá en esa sala familiar de alguna vez, tiempo atrás.
Yo mamándole la polla a mi gorila y Horacio clavándome una y otra vez su polla hasta el fondo, su pelvis chocaba con mis nalgas y empujaban mi boca sobre la gran verga de Emilio.
_Joder Patricia las veces que he soñado con esto, no puedes estar tan buena_ dijo a mis espaldas
No pude responderle con la polla de Emilio en mi boca, solo gimoteaba lastimosamente, a punto de correrme otra vez.
Continúa en
- Relato #205303— title-regex: contiguous parts (8 -> 9)
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