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Una mala decisión. Parte 8

Alcacer le ofreció solo cinco minutos, sin tocar, solo mirar. Pero la bebida en su café tenía otros planes. Ahora, atrapada entre la culpa y un deseo que no entiende, Patricia sabe que su matrimonio está muerto y que su verdadera vida acaba de comenzar en la oscuridad de los vestuarios.

Lanfasone114K vistas9.0· 28 votos

Una mala decisión. Parte 8

Todo era un poco fantasmagórico, regresar a la empresa a esa hora, avisarle a mi esposo que llegaría más tarde, la expresión abatida con la que contestó que no había problema.

Alcacer entró solo, vi que en la garita había otro guardia.

Diez minutos después mandó un mensaje al móvil.

_En los vestuarios de los guardias, al lado de los elevadores de servicio_

Di al encendido del coche.

_Lo siento, no puedo hacerlo_ le puse en el móvil

Comencé a conducir con la cabeza hecha un lío, todo me daba vueltas.

Guardé el collar de perlas en la cartera.

No podía caer tan bajo, hacer mi jueguecillo en los vestuarios, en la misma empresa, era demasiado sórdido, hasta para quien era yo en ese momento.

Regresé a casa, jugué con mi hijo, le conté un cuento para dormir. Eso me hizo bien.

Luego intenté hacer el amor con mi esposo, no fue una buena idea.

A la mañana siguiente me sentía frustrada y de mal humor.

Estuve un poco borde con uno de mis subordinados.

Era uno de esos días en los que no se me podía hablar directamente.

A media mañana recibí un mensaje de Alcacer

_Lo hice, te lo has perdido por cobarde_ decía

No contesté, llamé al empleado con el que estuve borde y me disculpé con él.

Se llamaba Horacio y era un tío unos años mayor que yo, con gafas y el cabello raleado, alto y desgarbado, esas nulidades que a veces son necesarias en toda empresa.

Él me escuchó impávido, comprendí que hacer que aceptara mis disculpas era una nueva humillación para ese pobre hombre.

_No es nada Patricia, todos podemos tener un mal día_ dijo y se retiró de mi oficina.

Traté de no molestarlo en todo el día, otros sufrieron mi mal humor.

Pero después del mediodía no tuve más remedio que llamar a Horacio y pedirle unos informes,

debí sofocar mi fastidio ante su pusilánime indolencia.

En ese estado de ánimo, Alcacer me propuso tomar algo ¿Se convertiría en ese amigo gay que te cuenta de sus ligues y con el que hablas de pollas?

_Me lo monté con él, en los vestuarios, tenía puesto el uniforme todavía_

El relato me produjo nada de morbo, mi fastidio continuaba.

_Pero ya le había contado de ti y quiere verte_ me dijo

_Ni en sueños, cariño_

_Le expliqué bien las reglas, cinco minutos, sin tocar, solo mirar_

Hice un gesto de incredulidad, otro tío más que sabía sobre mí.

_Dice que eres una mujer bellísima, que se ha masturbado pensando en ti muchas veces_

_ ¿Si?_

Y entonces sucedió, como si una chispa hubiese encendido en la hojarasca seca.

_Que vamos, que está loco por ti, dice que eres increíble, la mujer más guapa de toda la empresa. Yo creo que logré montármelo con él gracias a ti, a estar hablando de ti_ dijo Alcacer

Imaginé a ese gorila, un metro noventa de altura, la cabeza calva y brutal, sus manos aferrando su gran polla, pajeándose pensando en mí.

_ ¿Y qué, fueron pajas o se la mamaste también?_

Dios no era yo, no me creía estar hablando así con ese niño pijo

_Tiene una gran polla, sueña con tenerla entre tus tetazas_ me dijo Alcacer bajando la voz

Lo miré y sonreí, creo que la bebida estaba haciéndome efecto.

Si, estaba hecho, quería desnudarme ante él y luego irme cuando estuvieran follando, dejar a los dos maricones con sus cosas y masturbarme en la soledad del baño de servicio de mi casa, con el collar de perlas puesto.

_Si se pasa un pelo me marcho al instante, pero ni lo sueñes en los vestuarios de la empresa_ le dije.

_Podemos ir a mi piso_ dijo él entusiasmado

Cogí mi cartera para marcharme, la adrenalina corría por mi cuerpo un tanto adormecido por el alcohol, tampoco es que hubiese bebido tanto, pero así era.

Alcacer lo notó y me ofreció ir en su coche.

Las calles de Madrid, de noche temprana y en ebullición pasaban ante mis ojos con un guiño de luces y brillos, recosté mi cabeza contra la ventanilla y cerré los ojos.

_No te vayas a dormir ahora_ dijo Alcacer y tocó mi pierna.

_ Tú las manos quietas_ le dije pero me sentía mareada.

Como en sueños reconocí el parking de la empresa.

_Oye este no es tu piso_ dije

_Mi piso estaba muy desordenado, venga, será solo un momento_ dijo

Alcacer me ayudó a bajar del coche, me sentía mareada, estaba excitada también, un gran calor me corría por todo el cuerpo.

Caminamos con torpeza, la mano de Alcacer en mi cintura.

Entramos en los vestuarios de los guardias, era una habitación pequeña, con lockers adosados y un largo banco de madera. El gorila estaba sentado en el, tenía puesto el uniforme aún, de color caqui, verdoso, con una pequeña corbata y una gran insignia de la empresa de seguridad.

A su lado estaba sentado Horacio, el empleado al que había maltratado esa mañana.

Era como esas escenas de los sueños o las pesadillas.

_ ¿Qué hace él aquí?_ pregunté

_ Después de cómo lo has puteado hoy, creo que tenía derecho_ dijo Alcacer

_Tienes razón_ dije.

Pensé que hacía tiempo estaba portándome mal y que merecía ser castigada.

Era mi subconsciente el que hablaba dentro de mí, ayudado por la droga que me había puesto Alcacer en la bebida.

Separé las piernas, me afirmé en mis tacones y comencé a desnudarme.

Alcacer fue el primero en acercarse.

Rozó mis pechos desnudos con el dorso de la mano.

_Solo quiero que sepas que ayer no pasó nada con Emilio y hoy voy a demostrarte que no soy ningún maricón_ me dijo al oído.

Creo que pude reconstruir lo que sucedió entre los videos que Alcacer fue filmando y mis propias sensaciones.

Estar montada sobre ese gorila, mis manos apoyadas en su pecho velludo, con su polla hundida en mi coño, sobre el banco de madera y sentir los besos de Horacio en mi cuello y luego el ardor de su polla penetrando mi culo.

_Ahora sí que acepto tus disculpas Patricia_ me decía

_Eso es, esta zorra no se olvidara en su jodida vida de esto ¿No es verdad Patricia? Mírame_ decía Alcacer

Y yo giro mi cara hacía él, obedeciéndole. Eso lo puedo ver en el video y mi cara es una mueca de placer y dolor y a todo contesto exactamente como él me lo pide.

_Me encanta……. Me encanta como me folláis, si…si….._

Montada sobre Emilio y con Horacio en mi culo, mi cuerpo blanco y esbelto en medio de ese gorila y la flacura desgarbada y sebosa del otro.

_Si…dame….dame más duro….más duro_ decía en otro momento mientras Alcacer me sodomizaba a placer.

Lo disfrutaba puede decirse, incluso tuve muchísimos orgasmos, pero una parte de mi mente sabía que estaba siendo violada.

Mi parte masoquista y culpable lo aceptaba gustosa, debía ser castigada. Estaba bien que Alcacer se vengara de ese modo.

Cuando Emilio el guardia de seguridad me levantaba en vilo, como si fuera yo una pluma, me sentía ingrávida, como si volara.

Él de pie, mis tetas pegadas a su pecho, aferrada a su cuello, sus brazos poderosos sosteniéndome del culo, haciéndome subir y bajar sobre su polla.

Estas sensaciones eran ayudadas y estimuladas por lo que Alcacer puso en mi bebida, nunca quiso decirme que había sido.

Como en sueños recuerdo el viaje de regreso, con Alcacer magreándome los pechos y las piernas en cada semáforo, también sus besos guarros en la boca.

_Como te he follado princesa, ese ojete tuyo tendrá dulces recuerdo míos esta noche_ me dijo.

Me acosté en el cuarto de huéspedes, creo que en ese momento supe que la situación con mi esposo estaba acabada, mi matrimonio ya no tenía razón de ser.

Me impuse a la mañana siguiente ir al trabajo, a pesar de la resaca y el mareo, mi rostro tenía ojeras que intenté cubrir con el maquillaje.

Esperaba de un momento a otro recibir un mail con un video mío, una amenaza, algo. Nada ocurrió. Trataba de evitar a Horacio, miraba su flaca y encorvada figura y apenas podía creerme que ese esperpento me hubiese follado.

A media mañana recibí el primer video, verlo me ayudó a reconstruir lo que había pasado, algunas cosas ni las recordaba, como estar lamiéndole las bolas a Horacio de rodillas, mientras este me tenía sujeta por el pelo. Tenía una buena polla, en su momento la cámara va de mi cara a la suya, él sonríe y se acomoda las gafas sobre la nariz.

Ver eso me excitó.

Tuve que ir a observar un proyecto a la oficina de planificación, eran dos tíos y una chica algo gordita. Estábamos alrededor de una mesa frente a la pantalla del ordenador

Se sumó Horacio, me sentí tremendamente cohibida en su presencia.

Se colocó a mi lado.

Sentí su mano acariciar mi culo, lo hacía suavemente al principio, por debajo de la falda, en círculos concéntricos, deleitándose en cada curva y en cada redondez que palpaba.

Luego ya más en confianza, apretaba y pellizcaba mis nalgas. Por momentos lo miraba yo a él, mi rostro desencajado. Horacio miraba a la pantalla, su rostro opaco y macilento de labios muy finos y agrietados, fingiendo estar muy interesado en el proyecto.

Uno de sus dedos rozaba mi vulva por sobre el tanga

_ ¿Qué te parece Patricia?_ me preguntó con cierto temor la chica gordita

_Está muy bien, os lo habéis currado, seguid en ello_ dije

Apenas podía con la excitación.

Llegué a la oficina, mi corazón palpitaba con fuerza, por dios, tuve que reconocerlo, como estaba necesitando esta maldita adrenalina

Llamé a Horacio a través de mi secretaria.

Él entro con cierta timidez, tal vez esperaba que lo enfrentase o le recriminase lo que había pasado.

_Echa llave y siéntate allí_ le dije señalándole un pequeño sofá contra una de las paredes.

Me arrodillé entre sus flacas piernas, bajé su cremallera, desabroché su cinturón, tiré de sus pantalones y le mamé la polla en mi propia oficina.

Mientras lo hacía sentía mi coño caliente y espeso como nunca, estaba claro que necesitaba cada vez de mayores perversiones para estar satisfecha.

Horacio acariciaba mis pechos y como tenía brazos largos podía estirarse para seguir sobando mi culo y llegar también a mi coño, se mojó un dedo y me penetró, mi cara apretada contra su ingle.

Gemí ahogadamente, con su polla en mi boca.

_Por dios que no me lo creo_ decía.

_Ven_ me dijo por último

Me subí encima y lo monté, mi coño encharcado se hundió en su polla con facilidad.

Nos morreamos. Su lengua jugueteo con la mía, no besaba mal

Volví a gemir, más fuerte. Tapó mi boca con su mano, esas manos flacas y huesudas de dedos largos, con las falanges casi deformes de salidas, tal vez una incipiente artritis.

Me corrí en menos de un minuto, con esa mano amordazándome.

Luego me volví a poner de rodillas y tragué su leche, hasta la última gota.

_Eres increíble_ dijo y me besó en la boca, que tenía el sabor agrio de su semen.

Comprendí que todo esto era demasiado para él y que terminaría enamorándose de mi como un idiota, como finalmente ocurrió.

Recibí más videos, enviados por Alcacer durante toda la tarde.

_ ¿Qué piensas hacer con ellos? ¿Extorsionarme?_ le escribí

_ ¿Extorsionarte? Para nada, no va a hacer falta, tú sigue a lo tuyo, portándote bien, como hiciste con Horacio hace un rato_ me contestó

Así que los tres estaban bien comunicados, jugaría este juego con ellos, creo que ya había perdido todo control sobre mi misma. Me masturbé en el baño de mi oficina, mirando uno de los videos.

La cara de Emilio, el gorila de seguridad en medio de mis pechos que parecían ridículamente grandes con esa cabeza calva en medio de ellos, yo encima de él, mientras me daba por el culo, mis manos aferradas a su nuca. La risa de Alcacer mezclándose con mis aullidos.

Pensé en decirle esa misma noche a mi esposo que quería divorciarme pero mi egoísmo fue más fuerte, necesitaba de esa tranquilidad de mi hogar, de ese amor sin sexo que él me daba, puro y casto podría decirse, tan sin erotismo que ya no era amor realmente.

Sin ese equilibrio de mi vida familiar tuve el temor de desmoronarme por completo.

Esa noche en mi casa, sola en el baño mientras mi esposo dormía, miré otra vez el video en donde recibo una doble penetración.

Apenas recordaba esa sensación de tener dos pollas dentro de mí por primera vez. En el video se nota que me están volviendo loca de placer. Yo montada sobre Emilio por el coño y Horacio dándome por el culo, cada vez que se acomoda las gafas con la mano, me excita mirar el gesto estúpido de ese hombre.

Es extraña la sexualidad, el erotismo, creo que había pasado la mayor parte de mi vida adormecida con respecto a todo eso y ahora apenas podía pensar en otra cosa.

Esa mañana en la empresa hice llamar a Horacio a mi oficina, me gustaba de él que no perdía los papeles, no se ponía borde o estúpido.

Me puse de pie frente a mi escritorio, separé levemente las piernas, desde que me puse el tanga por la mañana había estado pensando en esto.

_Quiero que veas algo en el portátil_ le dije

Se puso a mi lado, puse el video, la parte de la doble penetración.

Horacio comenzó a magrearme el culo con delicadeza, iba de una nalga a la otra y luego deslizaba uno de sus largos y torcidos dedos por mi raja.

Su cara estaba muy cerca de la mía pero no intentaba besarme.

_ ¿Vives solo?_ le dije

_Si, me divorcié hace unos años_ dijo mientras seguía acariciando mi culo.

_Mmmm….. Tienes buena mano…sigue_ le dije

Uno de sus dedos hacía presión sobre mi vulva, sobre el tanga.

_Me gustaría quedar contigo y con Emilio en tu piso_

_ ¿Emilio?_

_Es ese gorila con el que me estás follando_

_Ah, sí, podemos quedar cuando quieras_

Ahora uno de sus largos dedos me penetró, comenzó a follarme con él, su falange deforme hacía un extraño y placentero efecto.

Eché mi cabeza hacía atrás, el me besó el cuello, lo miré, acomodó sus gafas sobre la nariz.

Nos besamos soezmente.

Su dedo me estaba volviendo loca, me corrí allí de pie apoyada en mi escritorio.

Horacio me miraba fascinado.

Ese día estuve tranquila y relajada en la empresa como hacía tiempo, volví a ser la tía buen rollo, amable con todos.

Creo que esa actitud mía fue en parte espontánea y otro poco sobreactuada como para gratificar a Horacio de alguna manera.

Al salir del trabajo y pasar con mi coche frente a la garita de Emilio, este me hizo señas para que me detuviese.

Su corpulencia y su altura me intimidaron un poco, me pareció increíble que hubiese follado con él del modo en que lo hice.

Creo que él sentía algo parecido frente a mí, miraba mi cuello y el escote donde apenas asomaban mis pechos con incredulidad.

_Mañana libro, me gustaría llevarte a un sitio_ dijo

_Está bien, pero nada de cosas raras, solo tú ¿está bien?_ le dije

_Si…… tu tranquila ¿Hace mucho que no montas en motocicleta?_

_Creo que nunca lo he hecho_ dije

_ ¿De verdad? tía estás desperdiciando tu vida_ y sonrió, tenía dientes grandes y fuertes, dientes de gorila, no pude evitar pensar.

Al día siguiente, preparé en un bolso deportivo la ropa que llevaría para la escapada en motocicleta, un pantalón de cuero que hacía años no usaba, botas de cuero con un tacón muy fino, muy moteras no eran en verdad, una cazadora acolchada, corta de color azul y un jersey grueso de lana y guantes.

Emilio me recomendó que llevara abrigo, sentía la excitación de una colegiala.

Debía reconocerlo, mi ánimo era mucho mejor de lo que habría podido suponer.

Lo único que me molestaba un poco era algún mensaje chorra de Alcacer.

Había quedado con Emilio a unas calles de la empresa, entré a un bar para cambiarme.

Sentí una gran excitación al cambiarme de ropa en uno de los cubículos, era algo furtivo, lo que no había hecho nunca de adolescente lo llevaba a cabo a punto de cumplir 33 años. Dejé el bolso con la ropa de la empresa en el locker de una lavandería.

El pantalón de cuero me quedaba ajustadísimo, y la cazadora acolchada era lo suficientemente corta para dejar mi culo a la vista.

Reconocí la motocicleta y a Emilio de pie.

_ Es una Kawasaki, con esto vas a sentir el viento Patricia_ dijo con orgullo

Me pasó un casco y ayudo a ponérmelo, pasé mis largas piernas sobre el asiento, me abracé fuerte a su cintura, sentir mi cuerpo pegado al suyo me excitó nuevamente.

_ Sujétate con fuerza que yo conduzco enroscao_ dijo

Pronto supe que quiso decir con esa frase. Mientras estuvimos en la ciudad, la sensación era de cierto vértigo y temor, excitación.

Al coger la carretera, la sensación de velocidad y el miedo me embriagaron de un modo como nunca creí.

El casco me resultaba bastante incómodo y me aferraba a la cintura de Emilio con fuerza, varías veces el giró un poco la cabeza y me hacía señas de si todo estaba bien.

Recordé la peli de King Kong que vi durante mi adolescencia, creo que terminé mirándola por un compañero de instituto que estaba enamorada de mí, decía que me parecía a la actriz, a la protagonista, a mí no me lo pareció. Pero la peli me gustó.

Mi madre me convenció para que viera una versión de King Kong de su propia adolescencia.

La actriz tampoco se parecía a mí como mi madre había dicho, salvo que era rubia y con el pelo rizado pero creo que me sentí identificada con ella en ese momento, especialmente cuando estaba en las manos del gorila

Así me sentía yo ahora en la motocicleta, como esa rubia en la palma de la gigantesca mano de King Kong.

_ ¿Dónde estamos?_ dije al bajarme, me sentía aturdida como si el piso no estuviese demasiado firme. Sacudí mi pelo con el casco en la mano

_Alcalá de Henares, oye quiero que conozcas a unos colegas_

Estábamos en la puerta de un bareto, había otras motocicletas en la calle, pero ninguna era tan grande como la de Emilio

Me inquieté un poco, eso se traslució en mi mirada.

_Solo charlar un poco, nada raro, solo estamos tú y yo en esto_ dijo

_Está bien_ dije, estaba en sus manos.

Entramos en el bareto, mi aparición seguramente causó el efecto que Emilio esperaba, una rubia de 1,75, subida a esos tacones, con el pantalón de cuero marcando culazo.

Comprendí que quería pavonearse conmigo frente a sus amigos, pedimos unas birras, eran tres tíos de su edad más o menos. Hicieron corro a mí alrededor, nos sentamos en unos taburetes frente a la barra, el piso estaba mugriento como era de rigor.

Ninguno se puso pesado pero me comían con los ojos. Supongo que eran moteros también a juzgar por sus ropas.

Mi gorila estaba orgulloso de mí y me sentí tranquila.

Comparé a Emilio con mi esposo por un momento, sentí un ramalazo de culpa.

Comencé a jugar el papel de su novia, cuando me quité la cazadora puse una mano en una de sus enormes pantorrillas, él colocó una mano en mi cintura mientras hablábamos.

El jersey no podía disimular la rotundez de mis pechos, uno que era un poco pelirrojo estaba alucinado mirándome.

A veces me ignoraban en la conversación, hablaban de motos o de fútbol.

Sentía la mano pesada de Emilio en mi cintura, jugué el papel de la rubia tonta, la novia de King Kong, esperando ser llevada al altar del sacrificio.

Finalmente salimos de allí, me besó antes de subirnos a la motocicleta, para que sus amigos nos vieran, creo que era el tío más corpulento de todos con los que había estado, me sentía una Barbie, una muñeca que podía romper en varios pedazos si se le antojaba.

Otra vez la sensación de abrazarme fuerte a su cintura, la velocidad y el vértigo.

No tuvimos que andar mucho, llegamos hasta una casa antigua con frente de piedra.

_Esta era la casa de mis abuelos_ me dijo

Entramos la casa tenía ese aire ausente de los lugares deshabitados pero no totalmente.

Estaba pasablemente limpio, seguramente la familia la usaría para fines de semana o durante las vacaciones.

Subimos a un primer piso, los muebles eran antiguos, algunos cubiertos con manteles blancos, otros decididamente cutres como una mesa de fórmica al costado de un pasillo con un jarrón descolorido y barato sin flores ni agua.

Fuimos hasta una habitación amplia, con un gran crucifijo en la pared, la cama matrimonial tenía una mantilla tejida sobre ella que Emilio apartó con cuidado.

A pesar de su tamaño o tal vez precisamente por ello mi gorila era excesivamente cuidadoso con su propia fuerza, como si supiera que si no se andaba con cuidado podía romper las cosas que tocaba.

Cuidadosamente me quitó el jersey y la camiseta que llevaba debajo y el sujetador de encaje y con gran delicadeza hundió su calva y gran cabeza entre mis pechos y aspiro de ellos como queriendo impregnarse de mi perfume, del olor de mis tetas.

Acaricie su cabeza, era como la cabeza de un gran perro bulldog, maciza y cuadrada.

Sus manos en mi pequeña cintura y en mi espalda me daban la sensación de que podían quebrarme el espinazo si quería.

Descubrí que esa fuerza y ese poderío físico me resultaban atractivos, al fin y al cabo lo mismo había sentido con Rodrigo.

Para una mujer alta como yo, ese dominio físico de un tío como él era algo no muy habitual.

Nos besamos, estaba ya bastante entregada y excitada, el paseo en motocicleta había hecho lo suyo.

De algún modo era como estar con Emilio por primera vez, la droga que Alcacer me había dado la primera vez había alterado bastante mi percepción y mi voluntad.

Me gustó sentirme aplastada por él y lo digo en forma totalmente literal, su enorme cuerpazo sobre mi cubriéndome por entero, su pecho contra mi espalda, su polla de gorila en mi culo, su boca besándome a voluntad, totalmente cubierta por esos gigantescos brazos, sin escapatoria posible, me corrí así en esa posición y fue como que él esperó para que me recuperara del orgasmo y sin soltarme en esa misma posición, su rostro pegado al mío, su boca besándome en los pómulos y al costado de la boca, otra vez volvió a taladrarme lentamente, con sumo cuidado al principio para luego acelerar las embestidas y hacerme correr una vez más.

Mamarle la polla, enroscada entre sus piernas velludas era como una ofrenda ritual, algo que le debía y necesitaba para sentirme completamente entregada a mi macho gorila.

Luego preparó café, me puse su camisa y así me asomé por la ventana que daba a los tejados de otras casas, la tarde comenzaba a caer, la oscuridad iba ganando las calles y haciendo desaparecer las cosas lentamente.

Me alcanzó la taza de café, volvimos a besarnos de pie, me giré otra vez hacia la ventana, él me abrazó por detrás, me sentía pequeña entre sus brazos pero protegida.

_ ¿Por qué haces esas locuras de exhibirte ante desconocidos? ¿No eres feliz con tu esposo?_

Increíblemente la persona que menos yo esperaba era la que hacía esa pregunta crucial que a ningún otro le había interesado hacer.

_No sé por qué lo hago, es una compulsión ¿lo entiendes?_

_Si, un vicio, como el juego o la droga_

_Algo así y amo a mi esposo pero el sexo con él no funciona_

_ ¿Tiene problemas? ¿De erección o eyaculación……. precoz? Digo solamente_

El que no quisiera humillar a mi esposo, el que fuera cuidadoso con las palabras me gustó, en estas situaciones una agradece los detalles.

_No, no hay problemas con él, soy yo que solo me excito con ese juego de desnudarme y con que otros me follen duro_

_Me encanta follarte duro_ dijo y cogiendo la taza de café de mi mano la posó sobre el rellano de la ventana que era amplio.

Nos besamos, él seguía a mi espalda, sentí su polla refregarse sobre mi coño. Sus manos apretaron delicadamente mis pechos

_Mira el paisaje si te gusta_ dijo

Apoyé las manos sobre la ventana, su polla me llenó por completo, sus brazos me envolvieron.

Afuera la noche seguía cubriendo la tarde con su violácea oscuridad

_Voy a darte lo que necesitas Patricia, voy a follarte duro como te gusta_ dijo suavemente en mi oído, me mordisqueo el lóbulo de la oreja con mucho cuidado, sabía que sus dientes de gorila y su gran mandíbula podían despedazarme si quería.

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