Una mala decisión. Parte 7
Ella sabía que cruzaba una línea que no podía volver atrás. No buscaba placer, buscaba el control absoluto sobre la vergüena ajena. Esta noche, dos hombres estarían a su merced, y ella decidiría hasta dónde podían llegar.
Una mala decisión Parte 7
Estaba bastante nerviosa durante la cena y casi no probé bocado. Por momento cruzaba por mi cabeza la idea de echarme atrás y cancelar el encuentro de esa noche.
Pero no lo hice, el morbo me tenía en sus manos, la sola certeza de saber que iba a desnudarme otra vez frente a un extraño me poseía por completo.
Los golpes en la puerta me sobresaltaron como si hubiesen sido disparos de arma de fuego, estaba tendida en la cama, con uno de mis trajes de falda corta y camisa de seda, el blazer correspondiente estaba colgado de una silla.
Les abrí la puerta, noté que Cesar estaba muy nervioso, su calva estaba sudada y había estado bebiendo para darse valor.
_ ¿Alcacer te lo ha explicado bien? Al menor intento de tocarme os meto una denuncia y vais a parir_
_Claro…claro_ dijo
_No te preocupes si hace alguna tontería yo me ocupo_ dijo Alcacer.
Asentí con la cabeza, así lo quería, incondicional a mí, a ver hasta donde era capaz de llegar
_Sentaos aquí_ los hice sentar al borde de la cama, parecían dos niños buenos a punto de rezar sus oraciones antes de acostarse.
El corazón me latía fuertemente, sabía que estaba pasando una gran barrera y tampoco sabía a donde quería llegar, solo me dejaba ir. Esta vez estaba por mi cuenta.
_Lo que vamos a hacer se queda entre las cuatro paredes de esta habitación ¿Está claro?_
Los dos asintieron.
Me quedé de pie ante ellos pero esta vez en un ángulo de la habitación.
Estaba erguida, parada sobre mis tacones con las piernas bien abiertas, afirmada sobre la moquette, comencé a desprender los botones de la camisa, lentamente, no perdía detalles de las caras de los dos mientras lo hacía.
La de Alcacer comenzaba a tomar ese tono sufriente que lo embellecía y la de Cesar era pura gula, avaricia, sus ojillos de cerdo se entrecerraban y su aspecto era de ferocidad al mismo tiempo.
Llegué al último botón, abrí la camisa de seda, dejé ver mis pechos y mi vientre, esta vez el sujetador era color azul eléctrico
_Por dios qué maldita zorra eres_ dijo Cesar
_ ¿Tu mujer tiene las tetas así o ya están caídas de tanto amamantar a tus cachorros?_
_A mi mujer no la metas por qué te parto la boca_ dijo Cesar
_Tío no te pases_ dijo Alcacer
Quería a Cesar un poco violento y desinhibido pero no debía tirar demasiado de la cuerda.
Me quité la camisa, venía el momento de mi subidón y me dispuse a disfrutarlo.
_Déjame que yo te quite el sostén_ dijo Cesar
_ No, puedes sacar tu polla afuera si quieres_
Alcacer se desabrochó el cinto y bajó la cremallera, su gran polla de niño pijo emergió completamente erecta. Cesar parecía más tímido y no se decidía.
Entonces comencé a bajarme la falda, les di la espalda y la hice deslizar por mis piernas, el tanga era del mismo juego que el sujetador, azul, de encaje, una minúscula tira de tela separaba mis nalgas dejándolas desnudas, blancas, carnosas, cada una de una perfección escultural.
Escuché los suspiros a mis espaldas, me giré, Cesar tenía su polla en la mano, no tan larga como la de Alcacer, pero más gruesa y cabezona.
Su rostro deformado por el deseo era pura maldad. Un pequeño diablo gordezuelo.
Llevé las manos a mi espalda y lo hice.
Pude sentir como sus corazones se paralizaban ante la desnudez que se les ofrecía, miré la prenda a mis pies caída en el suelo, en el fondo del abismo. Sus ojos estaban como cegados por el morbo, por la contemplación de la belleza, eran como dos salvajes ante la aparición de una diosa y yo era esa diosa.
Me sentía plena, poderosa, con impunidad para hacer cualquier cosa.
_Han empezado a correr vuestros cinco minutos, mis pequeños_
Se pajearon con fuerza, era la primera vez que veía dos pollas así tan vivamente erectas por mí.
Aquella vez de David y Adrián todo había sido más confuso.
Yo toqué mis pechos, los acaricie suavemente, vi como Cesar a duras penas se contenía de avanzar hacia mí.
_Alcacer, Diego….._ dije suavemente
Este tardó unos segundos en darse cuenta de que le estaba hablando
_ ¿Qué…?_
_ ¿Te gustaría ver como Cesar me come las tetas?_
_Que…que di…que dices_ balbuceó
_Que quiere que le coma las tetas_ dijo Cesar, con su cara hecha una máscara de ansiedad
_ ¿Quieres que Cesar me coma las tetas? Tú decides cielo_
_Venga idiota, contéstale_ dijo Cesar
_ No se…_ dijo Alcacer mientras seguía pajeándose.
Entonces me lancé al agua, como esos clavadistas de Acapulco, me arrojé al vació.
_Pero debes pajearlo tú a él mientras me besa, mientras me besa los pechos_
Los dos se quedaron congelados, dubitativos, no se lo esperaban.
Cesar fue el primero en reaccionar
_Venga tío, pajéame qué más da, luego nos la follamos entre los dos, venga_
_No……._ dijo Alcacer y se pasó una mano por la cara, así, abrumado y temeroso, volvía a parecerme hermoso
_Venga ¿No le has hecho una pajota a algún amiguillo de pequeño?_ dijo Cesar
_No…es de maricones…no_ dijo y volvió a mirarme suplicante
Pero yo no pensaba tener piedad con él esa noche.
_Entonces nada, ya están por acabar los cinco minutos_ dije
_Venga tío, que no pasa nada, hazlo así, mira_ dijo Cesar y con su mano tosca cogió la polla de Alcacer y comenzó a masturbarlo.
Este se quedó paralizado, me miraba a mi como pidiendo ayuda, como pidiendo la protección de su diosa.
Cesar se la sacudía violentamente, su propia polla y la de Alcacer al mismo tiempo, con rabia y determinación.
Entonces sucedió, a Alcacer se le escapó un gemido y luego otro, cerró los ojos.
_Parece que te gusta cariño, te pajea bien el cerdo este_ dije
_Venga tía acércate, que te quiero devorar esos melones de puta que tienes_ dijo Cesar
_Si él te pajea a ti, me acerco_ dije, estaba yo como poseída, como si me estuviera mirando desde afuera, eso es, fuera de mí_
Entonces Cesar tomó la mano de Alcacer y la llevó hasta su polla, este se dejó hacer, cerró su mano tosca alrededor de la mano del niño bonito sobre su propia polla e hizo que se la meneara un poco.
_Venga puto maricón, hazlo ya_ le dijo,
Se bajó el pantalón hasta los tobillos y apoyó las palmas de sus manos sobre la cama. Alcacer ahora lo estaba pajeando en toda regla, su mano de niño pijo sobre la polla gorda del paleto cuarentón.
_Ahora ven aquí puta cumple con tu parte _ dijo Cesar
Me acerqué a ellos, seguían sentados al borde de la cama, Cesar me miraba con cara de loco mientras Alcacer lo pajeaba, se quitó la camisa y la arrojó al suelo, tenía un vientre abultado pero sólido y su cuerpo era fornido, con grasa y también músculos.
Debí inclinarme, para que mis pechos estuvieran al alcance de su cara, sentí sus manos de cerdo en mi culo antes que su boca rasposa aprisionara uno de mis pezones.
PLASSS!! Me dio un azote en el culo y me apretujó un pecho con una mano mientras la otra seguía hurgando en mi culo con avidez, su boca se precipitaba torpemente sobre mis pezones, mordiéndolos incluso.
Ver la mano de Alcacer sobre la polla de Cesar era lo que más me ponía de todo, su rostro de querubín era una máscara de sufrimiento y humillación, estaba bellísimo, era como una especie de mártir, sacrificado en mi altar. Nunca había sentido eso.
Entonces me incliné para besarlo, sus labios eran suaves y se abrieron como los de una mujer.
_No dejes de pajearlo mi amor_ le dije
Me dejé caer sobre ellos entre medio de los dos, besando a Alcacer, la polla de Cesar escapó de sus manos, este ahora besaba mi hombro y luego bajó por mi espalda.
Llegó a besar mi culo, corrió la tira del tanga y el agujero de mi ano fue profanado por su boca.
Sus manos y su boca eran ásperas como lijas comparadas con la suavidad de Alcacer.
Yo también fui bajando por el cuerpo del niño pijo hasta llegar a su polla, terminé de bajar sus calzoncillos y el pantalón, ya yo estaba de rodillas en el suelo, Alcacer seguía despatarrado en la cama.
Cesar detrás mío terminó de quitarme el tanga y los zapatos, sentir sus manos ásperas sobre las plantas de mis pies me excitó muchísimo.
Luego refregó su gorda polla de cerdito sobre mi coño
_Ahora te vas a enterar pija de mierda, puta asquerosa_ dijo
Me penetró violentamente justo cuando tenía la polla de Alcacer en mi boca. Hubiese gritado de dolor de haber podido.
Al fin y al cabo me lo merecía, había estado azuzándolo toda la noche, había logrado que sacara a relucir su parte más primitiva, su mano en mi pelo tironeando de él salvajemente y su gorda polla follándome el coño hasta dilatarlo al borde del estropicio eran la prueba.
Sentía un vértigo extraño que nunca había experimentado.
Todo se sucedía rápidamente, sin pensarlo casi, en un estado de gran excitación pero como si lo estuviese mirando desde afuera en un punto, de pronto estaba lamiendo los huevos de Alcacer y le metí un dedo en el culo, todo él estaba depilado.
Lo sentía gozar y desfallecer con lo que le estaba haciendo, mientras Cesar seguía a lo suyo es decir follándome a lo bestia, cuando sacaba yo la boca de los genitales de Alcacer era para gemir y pedirle a Cesar que me siguiera follando duro.
Este desgranaba una serie de insultos y estupideces mientras me penetraba, no recuerdo todas pero eran cosas así:
_Te voy a destrozar el coño, guarra de porquería_
_Vas a pedirme que te folle el culo, guarra, que eres una guarra, cerda_
Mientras lo hacía también me sobaba los pechos y me daba azotes en las nalgas.
De pronto tenía yo dos dedos en el culo de Alcacer y mis pechos aprisionaban su gran polla que latía entremedio de mis tetas. Su cara estaba contraída por el placer, se abandonaba en mis manos, otra vez me pareció hermoso y sufriente, deseaba verlo correrse así y se lo dije o más bien se lo ordené
_Córrete así cariño, con la polla en mis tetas_
Se incorporó a medias para ver su polla entre mis tetas y el panorama de ese paleto cuarentón de Cesar embistiéndome a gusto.
Entonces se corrió, sentir su leche entre mis pechos, sentir ese hermoso cuerpo estremecerse, me excitó más allá de lo soportable y también comencé a correrme yo.
Luego Cesar me giró para que le mame la polla, lo hice todavía bajo el efecto del orgasmo reciente, era muy brusco, me jalaba del pelo y empujaba mi cabeza atrás y adelante con su mano en mi nuca.
_No me empujes tanto_ le dije
_A mí no me vengas con remilgos, cerda_ me dijo y siguió en lo mismo.
Luego le chupe las bolas, mal rasuradas, con pelillos que me raspaban la lengua.
_Ahora te voy a dar por el culo, guarra, súbete a la cama_ me ordenó
Lo hice, me estiré sobre el cuerpo de Alcacer que seguía inerte, para coger un pote de crema lubricante que había comprado a la tarde, mis grandes pechos rozaron su cara.
Me puse de esa crema en el culo y lubriqué la polla de Cesar también.
Ya en posición perrito sobre la cama, mis pechos sobre el pecho lampiño de Alcacer.
La polla de Cesar entró limpiamente en mi culo.
Todo lo brusco y tosco del paleto de Cesar tenía sentido para mí en ese contraste con la suavidad de Alcacer y su inesperado rol de sumiso.
_Joder te vas a ir para casita con el ojete bien abierto_ dijo Cesar mientras yo me besaba suavemente con el otro.
Alcacer se masturbaba y sentí su polla erecta en mi vientre, tenía deseos de sentirlo dentro de mí y a la vez no. Que se mantuviera en su papel de querubín, eunuco.
_Cómeme el coño, mi amor, mientras esta bestia me encula_ le dije
Dudó pero finalmente me hizo caso.
Quedamos él y yo en un 69 mientras Cesar se afirmaba con las manos en mi cintura para hundirse sin piedad en mi ano.
Sentí la lengua suave de Alcacer en mi clítoris y engullí su polla, me dejé llevar un rato, el placer era indescriptible, estuve a punto de correrme, pero no quería perder el control todavía.
Tenía el pote de crema a mano, lo cogí, embadurné mi mano y comencé a masajear los huevos de alcacer, luego su ano, cuando estuvo bien lubricado comencé a penetrarlo con dos dedos, mis uñas no estaban demasiado largas. Sentí como se estremecía nuevamente.
Ahora lo penetraba con rabia y pajeaba su gran polla otra vez con mi mano bien lubricada.
Cesar seguía destrozándome el culo sin pausa, mis gemidos se mezclaban y confundían con los de Alcacer y los bufidos de bestia del otro.
_Joder el maricón este me está lamiendo los huevos_ dijo Cesar en un momento, esas palabras me volvieron loca, me llenaron de voluptuosidad, cerré los ojos, estaba a punto de acabar.
_ ¿Quieres sentir el sabor del culo de Patricia amiguito?_ dijo Cesar
No podía creer lo que estaba a punto de suceder.
El paleto sacó su polla de mi culo violentamente, giré mi cabeza para verlo, debí a poyar mis codos en la cama, giré lo más que pude mi cabeza, apenas entreví o imaginé la gorda polla de Cesar en la boca de Alcacer y el ruido de sorbete que hacían sus labios.
_Este la chupa tan bien como tú_ dijo Cesar, mirándome
Volvió a metérmela en el culo, la lengua de Alcacer estaba más en sus huevos que en mi clítoris.
Cesar repitió la operación varias veces, la sacó de mi culo e hizo que Alcacer se la mamara.
Cada vez que lo hacía, decía una guarrada de las suyas que imaginé humillantes para Alcacer.
_Que rico sabe el culito de esta guarra ¿A que si?_ dirigido a él
_A este le gusta la polla más que a ti hijaputa _ dirigido a mí
Yo también comencé a mamar la polla del niño bonito de Alcacer con desesperación, seguía penetrando su culo con mis dedos y sobaba sus huevos.
Comenzó a correrse en mi boca y ya no pude soportar más, comencé a correrme yo con la polla de Cesar en mi culo y casi en simultaneo sentí los chorros de su eyaculación en el recto.
Nos quedamos quietos un largo instante, reponiéndonos del orgasmo.
¿Cómo sigue todo en momento así? Cesar estaba exultante y Alcacer, alicaído y humillado.
Yo me sentí culpable, fui hasta él y le di un beso en la boca.
Cesar fue al baño y nos dejó solos.
_Joder Patricia ¿Qué me has hecho hacer tía?_
_Nada que no quisieras, luego dejaré que me folles_ le dije
El paleto volvió del baño, abrió el frigo bar y cogió una botella de agua, su cuerpo rechoncho se recortó a la luz del frigorífico, fui hasta él, le arrebaté la botella y bebí del pico donde él había bebido.
Me atrajo hacia sí y nos besamos en la boca, de pie, completamente desnudos, yo era un poco más alta.
Me acarició el culo.
_ ¿Te ha gustado como te follé?_ me dijo
_Si, me encantó_
_ ¿Ya te habías montado este jueguito con este maricón?_
_No y no es maricón_ le dije
_Lo que tú digas guapa_
_Dame cinco minutos y seguimos follando_ agregó
Me llevó hasta la cama, Alcacer me hizo lugar, Cesar comenzó a comerme el coño, no lo hacía mal. Su lengua era rasposa, así como su mal rasurada barba de por la mañana.
Pronto estuve humedecida, quería más y sobre todo quería tener más humillado aún al pobre Alcacer, él era mi verdadero objeto del deseo esa noche.
Lo masturbé mientras Cesar me comía el coño.
Luego hice poner a Alcacer en posición perrito sobre la cama, es increíble lo obediente que puede resultar una persona cuando entra en el rol de sumiso.
Comencé a comerle el culo, me encantaba lo suave de su piel y lo bien depilado que estaba, mi lengua jugaba con el anillo de su culo haciendo círculos concéntricos, se estremecía otra vez incapaz de controlarse, luego comencé a masturbarlo con la otra mano estirando todo lo posible su gran polla de niño pijo y consentido.
Ponía mi lengua rígida y penetraba su ano, por como temblaba, me di cuenta que otra vez lo tenía en su punto.
Cesar de pie al lado mío me dejaba hacer, se masturbaba y con la otra mano amasaba mis pechos, noté con el rabillo del ojo, con qué admiración me miraba, también él estaba acojonado con mi belleza, aunque no lo reconociera.
Le hice una seña para que fuera a la cabecera de la cama, comprendió y sonrió.
_Te pone la mariconada eh_ dijo
Se arrodilló frente a la boca de Alcacer. Yo me puse a su costado, no quería perderme nada ahora. Seguí masturbando su polla dándole violentos tirones hacía abajo y volví a penetrar el culo de aquel niño pijo con dos dedos bien encremados.
Hacía poco había terminado con su novia, la imaginé guapa y pija como él, qué pensaría ahora si pudiera verlo así.
Cesar tomó el mentón de aquel niño bonito con su mano tosca, Alcacer me miró con ojos llorosos.
Estaba listo para sentencia.
No hizo falta decirle nada, comenzó a mamar la polla del paleto con suavidad.
_Eso es cariño_ dijo Cesar humillándolo
Yo seguía penetrándolo con mis dedos y pajeándolo, no nos duró mucho.
Se corrió sobre la cama en posición perrito con la polla de Cesar en su boca. Era como estar ordeñando un becerro. Nunca se olvidaría Alcacer de todo esto.
Se fue casi cayendo de la cama y se quedó sentado en el suelo con la cara entre las manos.
_Bueno ahora somos tu y yo zorrita_ dijo Cesar
Era el momento de premiarlo por cómo se había comportado y vaya si lo hice.
Dejé que me follara a su completo antojo, me convertí en sumisa y esclava sexual de aquel paleto las siguientes dos horas.
Tragué su lefa, volvió a darme por el culo dos veces más, practicamos todas las posturas que se le ocurrieron, también lo disfruté claro, pero cada vez que veía a Alcacer, sentado en el suelo y luego derrumbado en el sillón, su hermoso rostro de mártir sacrificado por mí, el placer que me daba la polla de Cesar se duplicaba.
Las manos de Cesar en mis hombros, mientras me enculaba y la visión de Alcacer derruido y abatido, llenaban completamente mi oscuro y pervertido deseo de esa noche.
Luego al quedarme sola, dormí un par de horas, me desperté con el cuerpo magullado y cierta sensación de culpa y asco. ¿En qué o en quién me estaba convirtiendo? Volví a dormirme, incapaz de pensar o analizar nada.
En el viaje de regreso nos evitamos mutuamente con Alcacer.
Estar de vuelta con mi marido y mi hijo era un alivio, pero por momentos, miraba a mi esposo y otra vez la culpa me dominaba, no solo lo engañaba, sino que me estaba convirtiendo en otra persona totalmente distinta a la que él conocía.
Era propia de m naturaleza demasiado imaginativa pensar que me estaba convirtiendo en una especie de monstruo. Pero al fin y al cabo Alcacer había querido follarme y se había llevado una sorpresa, si a todos les gustaba jugar fuerte y poseerme yo también podía hacerlo.
En cambio en el trabajo en la empresa, esta nueva experiencia daba como resultado que me mostraba más eficiente y comprometida que nunca, era una verdadera zorra y no tenía piedad casi con nadie, ese episodio de ejercer poder y doblegar la voluntad de alguien como Alcacer, me volvía implacable como una navaja.
Comencé a darme cuenta que mucha gente me temía, aun cuando no interactuaban directamente conmigo, y la fascinación que sentía la mayoría con mi belleza se incrementaba en forma paralela.
Un día me horroricé de mi misma eligiendo y calculando una nueva víctima, había coincidido otra vez con Adrián, era tan guapo como Alcacer aunque quizás más varonil ¿Podría convertir a ese Adonis en sumiso de otros? Sabía que estaba a punto de casarse y ese detalle me seducía.
De pronto me vi otra vez como desde fuera de mí y sentí repulsión de mi propia persona.
Todavía quedaba en mi algo de lo que había sido antes de todo esto. Un resabio de moralidad y autoexamen de conciencia se interponía frente a más depravaciones.
Pasaron unos diez días y el subidón comenzó a decaer. Necesitaba vivir otras experiencias como las que había tenido en Bilbao, pensé en ir a un sitio y ligar con alguien pero sabía que ese simple acto no tenía para mí el morbo suficiente.
Cada tanto volvía a ponerme el collar de perlas y me masturbaba luciéndolo ante el espejo, pensé en llamar a Esteban, finalmente no lo hice.
David también me propuso encontrarnos, pero disfruté ignorándolo, era parte de mi nuevo poder.
El tiempo corría en mi contra sin embargo, necesitaba sentir la adrenalina de desnudarme ante un desconocido.
Alcacer entró en escena con una extraña propuesta.
Me llamó y quedamos luego del trabajo, esos bares llenos de gente que trabajaba en lo mismo que nosotros, intentando parecer relajados y sofisticados.
_ ¿Qué tal?_ me dijo, esquivando un poco la mirada, nuevamente parecía cohibido
_Bien ¿y tú? ¿Cómo lo llevas?_
Me miró intentando encontrar las palabras.
_Bastante revolucionado, creo_
_ ¿Si?_
_No dejo de pensar en lo que pasó_
_Estuvo bien ¿no?_
Asintió con la cabeza, bebimos los dos de nuestras copas
_De eso quería hablarte, si quieres repetir_
_Bueno, no lo sé, tú ya me has visto la verdad_
_Lo imaginaba, quería proponerte con alguien más_
Sentí un cierto escozor, miré en derredor como si la persona en la que había pensado Alcacer estuviera observándonos.
_Es un tío, un tío que me gustaría hacerlo con él_
-¿Si? Ya has asumido que te gustan los tíos, me sorprendes un poco_
Su rostro se volvió sufriente otra vez, en esa expresión que me gustaba de él.
_Bueno, tú has visto lo que has visto y yo la verdad es que he tenido muchas fantasías con lo que pasó_ dijo cohibiéndose, mostrándose culpable casi.
_Un tío que te gusta y quieres que me vea desnuda y luego montártelo con él_ dije
_Bueno no sé si aceptará, pero estando tú de por medio_
_Yo sería la carnada entonces_ dije
_Algo así_
_No sé si me apetece la verdad. ¿Quién es el maromo que te pone?_
_El securata del parking de la empresa, Emilio es su nombre_
_ ¿Cuál securata? Espera…. ¿El gorila aquel que estaba cuando tuvimos el lío?_
Alcacer asintió. Me quedé como en shock. ¿Le gustaba ese orangután? Por un momento los imaginé juntos, sentí un poco de repulsión pero por debajo comenzaba a brotar el morbo.
Pero no, era demasiado cercano a la empresa.
_No me parece, es demasiado cercano, puede abrir demasiado la boca_ dije
_Si nos lo montamos bien no, nadie quiere que se sepan ciertas cosas ¿no crees?_
_ ¿Qué quieres hacer con él? _
Me acerqué a su oído, le susurré.
_ ¿Quieres mamarle la polla? ¿O quieres que te folle?_
Asintió, tragó saliva.
_Bueno, tu puedes mirar o participar también_ dijo
_No lo sé ¿ya has hablado con él?_
_No…… esperaba hacerlo contigo antes_
La idea comenzaba a crecer en mí, Alcacer y ese gorila follándoselo y yo habría sido la propiciante de todo.
_En veinte minutos termina su turno, podemos ir a decirle_ dijo Alcacer
_ ¿Ahora? ¿Así como así?_
_Si lo pensamos demasiado no lo hacemos_
Miré mis hermosas y blancas manos jugar con el vaso, toqué el collar de perlas que llevaba puesto.
Si, tal vez por algo había llevado ese maldito collar en mi cartera toda la tarde y por algo lo tenía puesto en ese momento.
Continúa en
- Relato #204216— title-regex: contiguous parts (6 -> 7)
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