Una mala decisión. Parte 6
Le dio cinco minutos para mirar, pero no para tocar. Ahora, bajo la mirada de un hotel de lujo, ella dicta las reglas y él, temblando, obedece. ¿Hasta dónde estará dispuesta a llevar su nuevo juego de poder?
Una mala decisión Parte 6
Unos días después David me pidió que vaya a su oficina. Noté cierta frialdad entre nosotros.
Nos besamos, le notaba enojado, con cierta rabia contenida. Me volcó sobre su escritorio, pegando las tetas sobre la madera, me levantó la falda hasta la cintura y me folló con dureza, primero el coño y luego el culo.
Realmente no estaba bien lubricada y me hacía daño, le pedí que parara pero no me hizo caso.
Puso una mano en mi espalda aplastándome y siguió enculándome a golpes secos de pelvis.
Se corrió dentro de mí. Luego él mismo me acomodó el tanga y la falda.
Me di cuenta que quería que me quedara así, pringada de su leche, era parte del castigo o lo que fuere
Me giré, nos miramos.
_No me gusta ser el segundo de nadie, guapa, que te siga follando Rodrigo ya que te gusta tanto_
Comprendí que Rodrigo le había enviado los videos, era una competencia entre machos.
_ ¿Hemos terminado entonces?_ le dije
_Podría decirse, a las golfas como tú se las folla uno hasta que se harta de ellas y punto_
_Vale, como tú quieras, espero que no haya represalias a nivel laboral_ le dije
Se sonrió con su risa de dientes torcidos.
_Descuida, a nivel laboral como le llamas tú, eres menos que nada para mi_
Me tragué su insulto, tampoco quería hacerlo enojar, me daba cuenta que estaba dolido en su ego de macho.
Sentía el semen esparcirse un poco humedeciendo mis bragas.
_Lo del traslado a la sucursal de……como encargada…_
_ Si…. no te preocupes, eso te lo prometí…te lo has ganado bien a fuerza de exprimirme el churro_
Dijo esto sin mirarme. Sus insultos me importaban nada. Casi que me daba pena. Era un idiota que estaba loco por mí, pero su orgullo era más fuerte que todo.
_Como quieras, pero luego no me vengas con arrepentimientos, no me gustan los llorones_
Le dije y levantó la cara como insultado.
_Sal de mi oficina zorra_ dijo con rabia
En parte me sentí aliviada al comienzo, pero luego noté la falta de David, me había acostumbrado a tener un amante. Esteban me escribió varias veces, pero no quería volver a follar con él.
Lo que había pasado, el morbo y toda esa situación no se volvería a repetir, estaba segura.
Tenía miedo de que muriera entre mis brazos follándome también.
No voy a decir que entré en un estado de depresión pero casi, era más una especie de apatía, una falta de interés en todo.
A veces si estaba sola en casa, me ponía el collar de perlas de Esteban y me desnudaba frente al espejo, contemplaba mis senos, blancos, llenos, opulentos, jugaba con ellos y luego terminaba masturbándome.
El sexo con mi esposo había llegado a su punto más bajo desde que estábamos casados, lo seguía amando pero me era muy difícil ya ni siquiera excitarme y menos tener sexo con él, daba excusas y demoraba lo más que podía el momento de hacerlo.
Finalmente lo hacíamos, como para sacarme el trámite de encima hasta la semana siguiente.
Me daba pena mi esposo, porque era una gran persona y lo seguía amando, claramente él se daba cuenta que algo andaba mal y las veces que intentó hablar del tema yo me evadí.
Me encerraba en mi misma cada vez más y repasaba lo que había pasado en el último año sin comprenderlo bien, tenía la fantasía recurrente de volver a desnudarme frente a un extraño pero era algo imposible, impensable.
Por momentos tenía el deseo de que Esteban o David le contaran a alguien de mi secreto y que ese alguien me abordara y me lo pidiera, los cinco minutos de observarme desnuda, sin tocarme, solo mirar.
También sabía que terminaría follando con el mirón de turno porque eso era lo que había sucedido hasta el momento.
Una tarde al salir del trabajo un tío me abordó por la calle, comenzó a hablarme, quería que fuera a tomar algo con él, era un tío de mi edad, muy guapo, de traje.
Se le veía con una gran confianza en sí mismo, sin ser grosero para nada.
Dudé realmente, pero la situación no me ponía para nada.
Una vergüenza y un cierto amor propio me impedían hacer nada y lo rechacé.
Una vez más comprobé que lo de mi primera infidelidad con Rodrigo había sido un accidente, provocado por la situación de exhibicionismo.
Ya había pasado un mes desde ese último encuentro con Rodrigo y entonces fue que salió lo del coaching de liderazgo en Bilbao.
Esas cosas me aburrían soberanamente, básicamente me parecían una estupidez, pero fui seleccionada para asistir. Acepté por el tedio que sentía en mi actual situación.
Grande fue mi sorpresa al llegar al hotel y ver que otro de los asistentes era Alcacer.
Se acercó para saludarme, me mostré lo más distante e indiferente que pude con él.
Pero por dentro estaba nerviosa.
Ese primer día todo transcurrió dentro de lo normal, es decir tuve que hacer un gran esfuerzo para disimular mi falta de interés por todo lo que se hablaba allí.
La cena se me hizo interminable, conversé bastante con una chica muy guapa, creo que era de Mallorca, pero en realidad me moría de sueño, estaba cansada y no veía el momento de irme a la cama.
Al llegar a la habitación me tiré vestida sobre la cama, me dormí rápidamente, luego me desperté y vi que solo habían pasado quince minutos. Me sentía ansiosa, desosegada y el cansancio parecía haberse ido de mi cuerpo.
Llevaba puesto el mismo traje de falda corta y blazer que había llevado todo el día. Me sentía pesada, pesados mis senos dentro del sostén de encaje blanco.
Decidí bajar y tomar una copa en el bar y luego hacer el intento de dormir.
En el lugar había poca gente, un pianista parecía aburrirse tocando, casi tanto como el resto de nosotros. Me senté en la barra, el barman me examinó de arriba, abajo, una mujer como yo de
1,75, más los tacones, el pelo rubio rizado, algo revuelto.
Habrá pensado que era una buscona del hotel que no estaba en su lista.
Entonces vi que en una mesa apartada estaba Alcacer y otros dos, uno del perfil suyo, guapo y un poco pijo y el otro desentonaba un tanto, gordo, calvo y unos años mayor, un cuarentón disfrutando de la escapada de su mujer y los niños.
Alcacer estaba un poco de costado a mí y no me había visto, uno de sus compañeros debe haberle advertido de mi presencia, entonces se giró y me saludó levantando su copa, como haciendo un brindis a la distancia.
Fingí no verlo, el barman me puso el gintonic que había pedido.
El pianista estaba tocando una canción de Roberta Flack que me gusta, me giré para verle mientras tocaba, seguía tocando con ese aire ausente propio de los músicos de los hoteles.
_Hola Patricia ¿Tratando de relajar un poquillo para dormir?_
Era la voz de Alcacer a mi espalda, no tuve más remedio que girarme.
_Hola, sí, me gusta esa canción_
_Es maja. Si, Killing me softly se llama_ dijo
_Bien por ti, pero con tu canción_
_ ¿Mi canción?_ hizo el gesto de no entender, realmente era un chico guapo
_Killing me softly whit is song_ dije sonriendo un poco por primera vez
_Ah el título de la canción, ya entiendo, matándome suavemente con tu canción, ¿Eso es?_
_ Claro, no esperaba que la conocieras_
_ Tú me estás matando con la guapa que estás Patricia_
_No conozco esa canción ¿Qué es? ¿Un reaggeton?_
Él se rio, cuando lo hacía se le formaban hoyuelos en las mejillas, guapo, pero demasiado niño bonito para mi gusto.
_Te invitaría a bailar, pediríamos tu canción favorita al pianista ¿Qué te parece?_
_Tentador ciertamente, pero es demasiado temprano para hacer el ridículo_ dije
_Joder niña, no hay por donde entrarte_
_Tú lo has dicho, pero vas bien, no te desanimes_ no sé por qué dije eso, pero las palabras salieron de mi boca sin pensar. Era una invitación a que siguiera flirteando.
De pronto me sentía más animada que en los días anteriores, más liviana.
_Oye hemos empezado con mal pie, mi nombre es Diego_ y me tendió su mano
Toqué levemente sus dedos.
_Bueno tú ya sabes mi nombre_ le dije, el gin tonic entraba cálidamente en mi garganta.
_Que coñazo estos encuentros ¿No crees?_ dijo él
_Si son de muerte_
_Oye me encantas tía, no solo eres guapa, tienes un aire así como distinguido, muy chic_
_ ¿Chic?_ me hizo gracia la palabra, algo vintage
_Bueno me he animado a usar esa palabra contigo, imagina que las chicas de mi edad no la conocen ni en figurillas_
_ ¿Estás diciéndome vieja o me parece a mí?_
_Que va, eres una mujer increíble, una mujer hecha y derecha, muy bien hecha diría yo_
Me hacía gracia su torpeza y me halagaban los requiebros algo infantiles
_ ¿Qué edad tienes tú?_
_ Veinticuatro ¿y tú?_
_ ¿No sabes que no se le pregunta la edad a una dama?_
_ ¿Veintisiete?_
_ Que pelota eres, treinta y dos_
_ ¿Treinta y dos tacos? No me jodas Patricia, muchas de veinte quisieran tener el cuerpazo que tienes tú_
Luego pasamos a al tema de cuantos años de casada llevaba, me contó que había terminado con su novia hacía poco tiempo, que no pensaba casarse ni tener niños, me preguntó si alguna vez le había sido infiel a mi marido.
Pidió otro gin tonic para mí. Me dijo que en la empresa todos pensaban que yo era una mujer bellísima y un poco misteriosa. Que estaba muy buena también.
_Si claro, una Mata Hari_ dije yo
_ ¿Esa era una espía no?_ dijo él, la verdad que me sentía agradablemente envuelta en esa charla llena de chorradas que suele ser un intento de ligue.
Agradecí que no fuera tan torpe como para intentar besarme o tocar mis piernas, aunque los ojos se le fueran un poco con mi escote, hacia mis tetas.
Supongo que esas miradas sobre mis pechos activaron mi parte más oscura.
Ofreció invitarme otro trago, dije que ya era muy tarde. Se ofreció a acompañarme al elevador.
Le dije que hiciera lo que le viniera en gana.
Sentí cierta vergüenza al levantarme de ese taburete y marcharme de allí acompañada por él, daba toda la impresión de que habíamos ligado.
Alcacer en cambio estaba orgulloso e hizo una leve seña a sus compañeros de mesa que sonreían intentando ser discretos pero sin lograrlo.
En el elevador no hablamos mucho, otra vez me miró de arriba abajo.
_Que guapa eres, no se puede creer como estás_
No dije nada, ni sonreí tampoco.
_Oye ¿Vas a acompañarme hasta la habitación?_ dije
_Un caballero va con su dama hasta el final_ dijo él
Llegamos hasta la puerta de la habitación, la tensión entre nosotros iba aumentando.
Me gustaba de él que no quisiera avanzar físicamente, ni besarme ni tocarme, supongo que eso me decidió.
_Bueno la he pasado bien, me has hecho reír_ dije
_ ¿No vas a invitarme a pasar?_ dijo y se apoyó en la pared del pasillo al lado de la puerta, con cara de niño bueno, cara de niño bonito, pijo y consentido.
Estaba un poco achispada por la bebida pero no fue eso, era mi oscuro deseo que se había despertado.
_Podría dejarte pasar…si prometes no tocarme pase lo que pase, haga lo que haga yo_ dije
_ ¿No tocarte? ¿Cómo sería eso?_ dijo él entusiasmado.
_Eso, voy a dejar que me veas, cinco minutos, pero no podrás tocarme, si lo intentas, voy a gritar y denunciarte por acoso _ dije esto muy seria
_Joder, me da un poco de miedo como lo dices pero sigo sin entender ¿Cómo que te vea?_
_Bueno voy a dejar que veas bien, lo que has intentado ver toda la noche_
_Joder Patricia, no entiendo ni jota, pero puedes estar tranquila, prometo no tocarte a menos que me lo pidas claro_
Abrí la puerta, una luz tenue de una de las lámparas estaba encendida.
Sentí una mano de Alcacer en mi cintura.
_Oye ¿Qué hemos hablado? Sin tocar, hazlo una vez más y te marchas_
_Vale, perdona_ dijo
_ Siéntate allí al borde de la cama_
Frente a la cama había una larga mesa donde estaba la TV y detrás colgado en la pared un espejo.
Apoye mi culo en la mesa al lado de la TV, arrojé el blazer sobre una silla y comencé a desprender los botones superiores de la camisa.
La cara de Alcacer se transfiguró pues comprendió de qué iba la cosa.
Lo hice lentamente, botón por botón con mis largos y delicados dedos, cada tanto miraba a Alcacer que estaba atónito.
Llegué al último botón, abrí lentamente la camisa, mi vientre blanco y mis pechos llenos, apenas contenidos por el sujetador blanco de encaje se mostraron en todo su esplendor ante ese niñato torpe al que unas horas atrás detestaba con toda mi alma.
_No me lo puedo creer_ musitó, sentado muy tieso al borde de la cama
Me sentía plena, poderosa, sexy, profundamente sensual, era como hundir la cabeza en un perfume que me embriagaba, no podía pensar en las consecuencias de mi acción.
Nunca he sido adicta a ninguna droga, pero imagino que esa debe ser la sensación luego de un periodo de abstinencia, el placer y el bienestar me recorría todo el cuerpo, el alivio de algo reprimido, anhelado y finalmente liberado y concedido.
Me quité la camisa y se la arrojé a Alcacer, se le cayó al piso, la recogió y la tomó entre sus manos.
Luego llevé las manos a mi espalda y desabroché el sujetador.
Y luego lo vi deslizase por mi cuerpo hacia abajo, a mis pies, caer lentamente hacia el abismo.
_La madre que lo parió_ dijo él
Me mostré ante él, orgullosa y triunfante, mis pezones estaban empitonados, erguidos, la blanca piel erizada completamente.
_Tus tetas son mejores de lo que imaginaba, vamos, ni en sueños, son una pasada_
Apoye mis manos en la mesa y crucé mis piernas extendidas, una sobre otra juntando mis tobillos.
_Tienes cinco minutos a partir de ahora para mirar_
Puso cara de animal a punto de ser sacrificado.
_ ¿De verdad no quieres que te toque?_
Le sostuve la mirada y me toqué un pecho suavemente.
_Puedes tocarte si quieres, pero ni se te ocurra ponerme un dedo encima_ dije
Él se tocó la polla por sobre el pantalón, se le había hecho un bulto respetable, imaginé su polla prieta dentro del calzón.
Estuvimos así unos minutos, mirándonos, yo sobando suavemente mis tetas, dejándolas caer en todo su peso por momentos, las sentía imponentes y hermosas, perfectas.
Entonces Alcacer comenzó a desprenderse el cinturón y luego la cremallera del pantalón y su polla emergió, una buena polla, la polla límpida y bien cuidada de un niño pijo, la hermosa polla grande de un niño bonito.
Comenzó a masturbarse, ya estábamos en los cinco minutos pero quería ver como se corría, como se corría por y para mí. Como se deformaba su bonito rostro con el orgasmo.
Él lo notó tal vez, supo que tenía una buena carta en ese juego y se puso de pie, sus pantalones cayeron hasta los tobillos.
Se masturbó así de pie delante de mí, mi boca estaba pastosa y seca, me humedecí los labios.
_Mira que juegos de zorrita habías tenido_ me dijo
No contesté, me estruje un pezón.
_Joder esos tetones que tienes ¿De verdad no puedo tocar?_
_ Córrete de una vez, quiero ver cómo te corres niño bonito_ le dije lasciva
Alcacer bajó la vista y vio mi sujetador, se agachó y lo recogió del suelo.
Me acerco a la boca uno de los breteles.
_Anda muérdelo _ dijo
Tomé entre mis dientes una de las tiras elásticas del sujetador, él lo estiró y mordió a su vez el otro extremo, el sujetador quedó tirante entre nosotros, como dos perros luchando por un trapo.
Ahora él estaba más cerca, me iba a poner fina al correrse, sus dientes blancos y fuertes apretaban la tira del sujetador.
Su rostro iba a deformándose por la excitación, ahora en esa mueca grotesca me parecía realmente bello.
Metí una mano bajo mi falda y corriendo el tanga comencé a masturbarme también.
Eso lo volvió loco, aceleró el ritmo de su masturbación, escuchaba el acuoso ruido de su mano sobre el glande.
Nos mirábamos fijamente a los ojos, creo que tampoco él quería romper las reglas del juego, también él estaba sumergido en ese morbo.
De pronto cerró los ojos con expresión sufriente, más hermoso me pareció en ese momento que en toda la noche, un bello mártir del sexo.
Soltó un chorro de leche sobre mi vientre, blanco sobre blanco y luego varios latigazos más, sobre mi falda y sobre mi mano que seguía en mi coño.
Que placer ver como se deshacía en su mano, entregando todo el resto de su virilidad y su energía Siempre con la tira del sujetador entre los dientes, hasta el último momento.
Abrí mi boca y el sujetador rebotó contra su pecho, quedó así con el sujetador entre los dientes, su polla flácida en la mano y sus pantalones por los tobillos.
Me hubiese encantado tirarle una foto.
Me escabullí y cogí una la camisa al pie de la cama, me la puse y crucé mis brazos sobre ella.
_Debes irte ya Alcacer_ dije imperativa
Se subió el pantalón, torpemente, intentó tomarme de la cintura. Me zafé.
_No lo arruines, si quieres repetir esto debes hacer lo que te digo ¿Lo entiendes?_
_Está bien Patricia, déjame besarte al menos_
No sé por qué tuve una inspiración.
_ ¿Quieres besarme? Bésame la punta del zapato y vete ya_
Entonces para mi sorpresa, Alcacer se arrodilló a mis pies y besó la punta de uno de mis zapatos de tacón y luego el otro pie, besaba la punta del zapato y también un poco de piel del empeine, sentí desfallecer de placer.
Si en algún momento pudo haberme follado fue en ese instante preciso pero él no lo advirtió.
Se levantó con los ojos casi llorosos, me gustaba ver su hermoso rostro en esa expresión sufriente que el placer le daba.
_Ahora vete_ le dije imperativa.
Quiso balbucear algo pero finalmente se marchó.
Me quité los zapatos, los besé allí en la punta donde había estado la boca de Alcacer.
Me despatarré en la cama y me masturbé hasta correrme como poseída.
Me desperté súbitamente, a las seis de la mañana. Abrí los ojos de golpe y tuve el deseo de que todo aquello hubiese sido un sueño. Pero no lo había sido.
Dios santo, justo con Alcacer, cual sería ahora su reacción, seguramente les habría contado a todos lo de mi jueguecillo, también habría mentido, seguramente diría que me había follado.
Y cual sería mi reacción ante él, terminaría follando con él, todos los que me habían visto desnuda esos dichosos cinco minutos terminaron follándome.
Nos cruzamos brevemente en el desayuno, esquivé su mirada. Entremos todos a una sala de conferencias donde iba a darse una de esas charlas, no estábamos lejos uno del otro. Él seguía con sus dos compañeros de la noche anterior, el pijo y el gordito calvo.
En medio de la conferencia, salí de la sala.
Me detuve en un hall al lado de un pasillo alfombrado. Alcacer no tardó en aparecer.
Llevaba yo esta vez un pantalón de mezclilla bien ajustado, marcando mi culo.
_Oye lo de anoche fue increíble_ intentó tocar mi cintura mientras me decía esto. Aparté su mano.
_Sabes que no debes tocarme, si no sabes seguir las reglas, esto termina ya ¿Lo entiendes?_ dije
_Vale, perdona, no volverá a pasar_ dijo y bajó la vista.
Entonces noté algo diferente a las veces anteriores con otros hombres, no me sentía cohibida ante él y en cambio lo notaba disminuido al propio Alcacer, como más tímido, más dispuesto a obedecer ¿sumiso?
_ ¿Qué les has dicho a tus amigos? Dime la verdad_
Miró para los costados, como apesadumbrado.
_Les dije que habíamos follado, tan lejos de la verdad no estuvo_
_No has estado ni cerca y lo sabes_
_Si, tienes razón ¿Quieres que vayamos a tu habitación ahora?_
_ ¿Eres idiota o que te pasa? No vamos ir a ningún sitio_ dije esto tan violento a propósito, para ver como reaccionaba.
_Vale perdona Patricia, no sé lo que digo_ dijo y levantó los ojos hacía mí, manso como un corderillo.
_Si quieres que te perdone, bésame la punta del zapato como ayer_ dije
_ ¿Aquí?_
_ ¿Dónde si no?_
Nos miramos fijamente, lo notaba débil y dócil.
Una mujer de la limpieza trajinaba cerca y dos hombres conversaban un poco más allá.
Alcacer sacó un pañuelo de su bolsillo, lo dejo caer al suelo y luego se inclinó a recogerlo.
Apenas sentí como un roce de su boca en el zapato y me estremecí.
_ Así está bien, levántate_
_ ¿Estás contenta ahora?_
_Si ¿te gustó lo de anoche?_ le dije
_ Fue una pasada, increíble_
_ ¿Quién es el gordito que está con vosotros?_
_ ¿Cesar? Es de Segovia, un pringao que se nos pegó como una lapa_
Una idea cruzó por mi cabeza morbosamente, pero ni siquiera era una idea sino más bien una sensación, de poder y cierto vértigo.
_Esta tarde luego de almorzar ven y preséntamelo, solo a él, tu amiguito pijo no me interesa_
_ ¿Qué pasa, quieres incluirlo en el juego?_
_Tu solo limítate a hacer lo que te ordeno_
_Está bien, lo haré_ dijo sumisamente
_Volvamos, yo voy primero, luego tú_
Regresamos, no podía pensar en nada de lo que se decía, estaba totalmente ausente, que raro había sido todo con Alcacer, no era mi reacción habitual luego de estos encuentros.
Luego de almorzar, me quedé sola un poco más en la mesa, esperando.
Finalmente Alcacer se acercó con el gordito, con Cesar, tenía las clásicas cejas pobladas e hirsutas del paleto de toda la vida.
_ Hola me ha dicho Diego que querías conocerme_ dijo con voz nasal, estaba acojonado, pero tal vez serviría, si entraba en confianza y se relajaba.
_Me han dicho que eres de Segovia_
_Bueno nacido en Jaén, pero de toda la vida en Segovia_
_ ¿Tienes hijos?_
_Joder que preguntilla, si, dos, niño y niña_
_ ¿Y tú esposa, qué hace?_
_Trabaja en inmobiliaria ¿Me estás haciendo un cuestionario o qué?_ sus ojillos eran pequeños y risueños, de pronto lo noté menos amedrentado.
_ ¿Te parezco guapa?_
_Joder tía estás más buena que comer con las manos_
_ ¿Sabes qué Cesar? a mí me gusta jugar a un juego que yo le llamo “Los cinco minutos”, dile a Alcacer que te lo explique, las reglas son muy estrictas_
_Uff cinco minutos es muy poquillo para mí, si juegas a eso conmigo vas a tener que cambiarle el nombre_ dijo, sus manos era toscas y cuadradas, me gustaba el contraste que hacía con Alcacer.
Sonreía estúpidamente, con confianza.
Serviría, tal vez, ya lo veríamos.
Continúa en
- Relato #203826— title-regex: contiguous parts (5 -> 6)
Relatos similares
- Hetero: General
La sevillana
Ella está a 800 kilómetros, pero su voz recorre cada centímetro de su cuerpo. Entre mensajes y audios, descubren que el deseo no necesita proximidad…
Comparte:Dominacion femeninaBdsm suaveVoyeurismo consentido
- Hetero: General
A medio camino
La cena se está enfriando, pero en esta habitación de hotel nadie tiene ganas de vestirse. Entre sábanas blancas y la oscuridad del monte, dos…
Comparte:Voyeurismo consentidoBdsm suaveDominacion femenina
- Hetero: General
El Fetiche
En el metro, sus manos se encuentran bajo la falda de ella mientras el mundo pasa indiferente.
Comparte:Voyeurismo consentidoExhibicionismo accidentalDominacion femenina
- Hetero: Infidelidad
LA CENA DEL IDIOTA. Cristian
Dani cree que solo está presenciando una traición, pero lo que ocurre detrás de esa puerta cerrada es mucho más oscuro.
Comparte:Voyeurismo consentidoDominacion femeninaBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
Mi jefe emputece a mi mujer (Parte 3)
Las imágenes en la pantalla no solo humillan, también encienden. Juan decide que si su mujer va a ser de otros, que sea bajo sus propias reglas.
Comparte:Exhibicionismo accidentalBdsm suavePoder y control
- Hetero: Infidelidad
En el cine sin buscarlo.
La oscuridad del cine es su mejor cómplice. Mientras la película avanza, una mano desconocida cruza el límite del respeto y ella no lo detiene.
Comparte:Exhibicionismo accidentalBdsm suaveDeseo reprimido