Xtories

Una mala decisión. Parte 5

Rodrigo no es un amante cualquiera; es quien conoce cada grieta de su moralidad. Cuando él la llama, la resistencia se desvanece. Esta vez, no solo busca placer, busca confirmación: ¿quién la posee realmente?

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Una mala decisión, parte 5

Volví en mí del orgasmo como desde un lugar muy lejano, ahora todo me molestaba un poco, el peso de su cuerpo en mis caderas, por suerte no era muy corpulento sino más bien pequeño, sus besos en mi oreja que me babeaban.

También su polla en el culo me escocía un poco.

_Córrete ya Esteban, me duele_ dije

Se salió lentamente de mí, dejándome esa sensación de vacío y de alivio al mismo tiempo.

Se dejó caer a mi lado en el sofá, sentándose agotado, tenía la camisa blanca totalmente abierta, su pecho era lampiño y moreno, su vientre arrugado.

_No sé si podré correrme_ dijo con un suspiro

_ ¿Es por el viagra?_ le pregunté

Asintió con la cabeza, su polla seguía estando tan erecta como al principio de todo.

Me puse de rodillas entre sus piernas, la moquette era bastante mullida.

Le di un beso suave sobre la punta de la polla. El me acarició la cabeza agradecido.

Luego comencé a mamársela con esmero, él comenzó a resoplar como un animal que va al sacrificio.

Al cabo de unos minutos perdí conciencia de quien era el hombre de esa polla, solo era un pene, una verga a la que devoraba con fruición. Volví a sentirme humedecida.

Sentí su miembro palpitar en mi boca.

_ Avísame antes de correrte_ le dije

_Ya estoy!! Ya estoy!!!_ casi aulló

Hice que su pene golpeara en mis labios y le di uno o dos tirones fuertes, coloqué su polla sobre mis tetas, soltó un gran alarido y unos pocos chorros de semen, casi transparente sobre mis pechos.

Sus piernas dieron un último temblor y se quedó quieto, cerró los ojos.

Otra vez ese estado de quietud que me hacía pensar que había sufrido un ataque, tenía una de sus manos aferrada a la mía, me causó una cierta impresión su mano de hombre mayor, arrugada y con las uñas casi blancas. De pronto sentí cierta repugnancia al pensar en esas manos acariciando mi culo.

Abrió los ojos y me miró con ternura.

_Ha sido increíble, el mejor polvo de mi vida_

Se acercó para besarme, me hice un poco hacia atrás, igual su boca se encontró con la mía.

Ahora ya solo quería irme, toqué el collar de perlas mientras me besaba y tuve una sensación de voluptuosidad nueva para mí.

Luego me pidió que me quedara a dormir, casi que seguía implorándome mientras me vestía a toda prisa. Solamente me dejé besar en la boca antes de salir del elevador. Fue casi una huida, una fuga un poco culpable, un poco asqueada.

Ya en el coche me observé en el espejo como lucía el collar de perlas.

Arranqué el coche, cada tanto me observaba en el espejo y pasaba mis dedos por el collar.

De pronto pasé de cierta euforia a la depresión ¿En que se estaba convirtiendo mi vida?

Era una furcia cualquiera, había follado por una joya, en realidad era peor que eso, comprendí que todos los que jugaban ese jueguecillo de voyeurs, conmigo en el papel de exhibicionista, acababan follándome.

Es decir no tenía control de mis actos, el morbo me superaba por completo.

Comencé a recordar como si despertara de un sueño, los sucesos vividos recientemente, la boca de aquel viejo adentrándose en la mía, mientras me montaba obscenamente, con su polla en mi culo.

Llegué a casa, guarde el collar en su estuche de terciopelo, luego lo puse en mi cartera.

Rogué porque mi esposo estuviese dormido ya. Por suerte así fue, me duché en el baño de servicio. Me vestí con una bata de toalla

Me preparé un bocadillo en la cocina, en esa intima soledad de la casa dormida a mí alrededor, intenté reflexionar sobre lo que había pasado y no lo lograba, estaba demasiado cansada para ello y demasiado aturdida.

Imágenes de lo vivido llegaban a mí como flashes, también las sensaciones tan intensas, ese perder la conciencia en el momento previo al orgasmo. ¿Qué diablo había sido todo eso? No tenía respuesta

Busqué mi cartera, otra vez sentir el contacto de las perlas, rozarlas con mis dedos.

¿Cómo mierda podía ser tan puta? Yo no era así, nunca lo había sido.

No podía pensar, estaba agotada. Me acosté al lado de mi esposo y me dormí profundamente.

_ ¿Hoy no vas al trabajo?_ decía mi marido

Casi que no comprendí lo que estaba diciendo. Si, tal vez sería buena idea faltar al trabajo, nunca lo hacía, podía permitírmelo.

_ ¿Le puedes dar tú el desayuno al niño?_ le dije

_ ¿Estás bien Patricia?_

_Si estoy bien_ dije y volví a dormirme.

Me desperté a las once, me sentía como con cierta resaca, a pesar de que no había bebido la noche anterior, pero completamente relajada.

La casa estaba vacía, recordé que la asistenta no venía hoy. Era una sensación rara estar en mi propia casa en día de semana a esa hora.

Me preparé café, miré el móvil, tenía un mensaje de David.

_ ¿Te sientes bien? ¿Estás enferma?_ decía

_Creo que es algo del estómago, pero nada grave_ contesté.

Guardé el collar en mi armario, en un sitio seguro, volví a tocarlo con fruición, era la prueba de que todo había sido real.

Pensé seriamente en la posibilidad de hacerme cargo de ese puesto de jefa de sucursal en otra ciudad, irme lejos, retomar el control de las cosas.

Tomé una ducha caliente en el baño de mi habitación, el agua corriendo por mi cuerpo, sentía aún el calor del sexo cuando me tocaba al enjabonarme, los redondos y pesados senos, las nalgas rotundas que ese viejo había amasado hasta el hartazgo.

Que gusto se había dado, el gusto de su vida.

Me miré en el espejo de cuerpo entero del vestidor completamente desnuda, me sequé el pelo mojado, por dios que guapa era, siempre había sabido que era hermosa, pero ahora era como que mi propia belleza me sorprendía y me cautivaba.

La mirada de los otros me había descubierto a mí misma.

Yo me desnudaba ante esos hombres ávidos de mí cuerpo, pero su hambrienta mirada descorría un velo ante mis propios ojos.

El velo de la educación y de las buenas costumbres, de lo aprendido de toda la vida.

Detrás de ese velo estaba yo, ya no la niña perfecta de mis padres y de mi marido, la escultura perfecta e intocable, sino solo la hembra procaz y recipiente, lista para ser tomada y poseída por quien se atreviera. Por quien se atreviera a darle vida a la esfinge, por quien se animara a correr el velo de falsa moralidad que me cubría.

Salí a la calle, quería desayunar en algún sitio, era un día gris y frío, el primer día de mi nueva vida tal vez.

Tenía un vestido de lana, a rayas ceñido al cuerpo, con un grueso cinto con hebilla en mi cintura y botines marrones con tacón. La calidez del panty rejilla de color mate cubriendo mis piernas.

Mi abrigo color crudo, un poco más arriba de la rodilla.

Unos operarios me miraron con admiración, no dijeron nada, aparenté indiferencia. Mi secreto estaba bien guardado dentro de mí, por lo menos.

Me senté en un bar cerca de casa, junto a la ventana, pedí café y un croissant.

De pronto me sentí dueña de la situación, por el momento.

¿Y si renunciara a mi trabajo? Tendríamos que ajustarnos pero probablemente saldríamos adelante, mi esposo tenía un buen trabajo, el piso era nuestro.

Era una estupidez claro, no iba a renunciar a mi trabajo, las ideas llegaban a mí desordenadamente, todavía muy por dentro seguía nerviosa y agitada, por más que adoptara poses lánguidas junto a la ventana, bebiendo mi café.

De pronto un mensaje en el móvil

_Pero Patri justo hoy no has venido a trabajar_

Era de Rodrigo.

No sabía que Rodrigo estuviera aquí, lo hacía en Roma. Sentí un gran nerviosismo.

La pequeña sensación de bienestar de un momento antes se evaporó por completo.

_Me sentía un tanto indispuesta, pero ya estoy mejor_ le respondí

_Oye quiero verte, ven a mi hotel, luego almorzamos juntos si quieres_ me puso

No podía creer el descaro que tenía, meses sin dar señales de vida y de pronto así como así “Pásate por mi hotel”

Miré la hora eran las 12,30.

Otro mensaje de Rodrigo con la dirección del hotel y el número de habitación.

El móvil casi me temblaba en las manos, pedí la cuenta.

_Está bien, voy pero solo un momento, no me quedo a almorzar_ puse.

Joder como si a él le importara el almuerzo, solo quería follarme.

Salí del bar como sin voluntad propia, hice señas a un taxi, subí, di la dirección.

El taxista quiso sacarme conversación, le respondí con monosílabos.

Pensé en Rodrigo follándome, en la polla de Rodrigo, en su corpulencia, en su chulería.

Y de pronto estaba mojada, no me lo podía creer, me había convertido en una perra en celo.

Bajé del taxi, ingresé al hotel, había un cierto ajetreo a esa hora del mediodía.

Nadie me hizo caso, tomé el ascensor como una autómata.

Caminé por un pasillo alfombrado, la moquette era espesa y suave y se hundía bajo mis botines.

De pronto estaba frente a la puerta de la habitación.

Toqué a la puerta, los segundos que Rodrigo, tardó en abrir se me hicieron interminables.

_Hola guapa, pasa_ me dijo

De pronto me sentí estúpidamente contenta de verle, me pareció terriblemente atractivo, más que antes incluso.

Nos dimos un pico suave en los labios y luego un beso en la mejilla.

_ ¿Estabas enferma o que, que no has ido a currar?_ me dijo

_Solo un poco indispuesta, no es nada_

_ ¿Estás en uno de esos días?_

Me causó gracia la expresión tan anticuada.

_No…no es eso_ le dije

La habitación tenía una pequeña sala de estar con unos sillones de pana muy elegantes.

Me senté con las piernas cruzadas.

_ ¿Bebes algo?_ me dijo, mientras se servía una copa

_No…gracias_ le dije

_ Así que estás liada con David ahora_

_Si_ le dije, me sentía muy cohibida en su presencia

Él sonreía con indolencia mientras echaba hielo en su vaso.

_ ¿Tu esposo y el niño bien?_

_Si, ellos están bien, gracias_

_ ¿Y tú no?_

_ ¿Por qué le dijiste a David lo de…mi secreto…? Lo de exhibirme_ le dije con repentino reproche

_Bueno imaginé que necesitarías un nuevo amante, uno que esté a tu altura ¿Es buen amante?_

_Si…pero no debiste contarle_ dije mirándolo fijamente a los ojos, que seguro de sí mismo se veía, le odiaba por ello.

_ ¿Tan buen amante como yo?_

_Que creído te lo tienes hijo_ le dije

_Vamos dímelo Patricia ¿te folla tan bien como yo?_

En eso sonó su teléfono, estaba en la habitación que estaba separada de la sala por una puerta corrediza.

_Discúlpame un segundo_ dijo, fue hasta la habitación, desde el sillón, veía su cuerpo pesado y grande coger el teléfono.

Todavía tenía el abrigo puesto, me lo quité, estaba caldeado allí.

Tal vez fue el hecho de quitarme esa prenda, tal ver el hecho de estar con Rodrigo sola en su habitación del hotel.

Sin que pudiera pensármelo, ya estaba quitándome el cinturón y luego me bajaba el cierre de mi espalda del vestido de lana.

Rodrigo hablaba por teléfono sentado en la cama, escribía algo en un anotador de espaldas a mí.

Me quité el vestido y luego el sujetador, lo vi caer lentamente hasta mis pies, hacía el abismo, todavía tenía puesto el pantimedias y los botines acordonados.

Tuve una sensación de frío en los pechos, se me erizaron rápidamente.

Fui caminando hasta la habitación. Terminé de abrir la puerta corredera, me apoyé con una mano en el marco de la puerta.

Rodrigo se giró para verme, no parecía sorprendido.

_Bueno esta tarde lo hablamos, debo dejarte ahora_ dijo

Finalmente cortó la comunicación.

Se me quedó mirando con admiración.

_Que bien hecha que estás, que bien te hicieron ¿Lo sabes verdad?_ dijo

_Si…lo se_ le contesté orgullosa

_Ven aquí_ dijo palmeando la cama.

El hecho de follar con una antiguo amante que te conoce a la perfección es muy reconfortante y cálida. Como volver a casa después de un largo viaje.

Comencé por sentarme sobre él, para besarlo, sus manos me recorrían el culo sobre el pantimedias, me besaba el cuello y los pechos con dulzura y con avidez.

Rompió el pantimedias con sus manos y corrió la tira del tanga con facilidad, su polla me invadió rápidamente. El seguía con el pantalón, puesto, su polla emergía lo suficiente para penetrarme.

Me dejé llevar, totalmente en sus brazos y no tardé en correrme.

Se quitó los zapatos y los tiró al suelo, también se quitó el pantalón sin sacar su polla de mi coño,

Seguía abrazada a él mientras hacía estas maniobras.

Me levantó como una pluma y me follo cargándome de pie al lado de la cama.

Que diferencia con Esteban y su fragilidad de hombre mayor y también con David.

Nos besamos, su boca poseía mi boca por completo, en cierto modo era una maldición comprobar otra vez lo bien que me follaba Rodrigo.

Me llevó hasta la pared, allí me bajó al suelo.

_Pon las manos contra la pared_ me dijo

Le obedecí, aún tenía puestos los botines acordonados y el pantimedias roto, el tanga corrido.

Tomó el móvil y me sacó varias fotos, giré mi cara pero él me ordenó que lo mirase. Estaba sorprendida con esto de las fotos.

Volví a obedecerle y miré a su móvil con cara de verdadero vicio como luego pude corroborar al ver las fotos que me envió. Mis pechos se veían espectaculares, llenos, con los pezones empitonados y erectos.

Luego dejó el móvil sobre la mesilla de noche, filmando.

Se quitó la camisa y ahora si completamente desnudo, se colocó detrás mío y volvió a hundirse en mí coño.

_Eres la mejor_ me dijo

Lo miré embelesada, entregada otra vez a este tío vulgar y sin escrúpulos, que me había corrompido y cambiado la vida.

Me folló por el culo, así en esa posición, los dos de pie, yo con las manos en la pared, así volví a correrme.

Casi avergonzada de haberme entregado con tanta facilidad.

También ese video estuvo luego en mi poder, la primera vez que alguien me filmaba follando.

Luego le mamé la polla, pensaba tragar su corrida pero prefirió acabar en mi cara, dejándome un estropicio de semen.

Fui al baño a limpiarme, luego me quité los botines, el panty medias destrozado y me metí completamente desnuda en la cama con él, nos abrazamos bajo las sábanas.

Su cuerpo desprendía un calor animal y viril que me envolvió por completo.

_ ¿Tienes frio? Estás helada_ me dijo

_No_ le dije, me pegué más a él, hundí mi cara en su pecho.

Me gustaba sentir su mano en mi nuca, acariciando mi pelo, de una manera muy protectora.

Luego de un buen rato de estar abrazados, sin hablar, sentí crecer su erección, comenzamos a besarnos y así de costado, uno frente al otro volvió a penetrarme, seguíamos tapados bajo las sabanas, era como un especie de nido tibio que formaban nuestros cuerpos.

Me sentía pequeña entre sus brazos, lo envolví con una de mis largas piernas.

Volví a correrme.

Me metí bajo las sabanas para mamarle la polla una vez más, recorrí sus huevos, lamí su culo y volví a meterme su miembro lo más profundo que pude, toda su polla me encantaba.

Rodrigo corrió las sabanas para verme bien.

Luego el clima del coito cambió, me hizo poner en cuatro patas mirando hacía la sala.

Podía ver mi vestido de lana y mi cartera sobre el sillón como restos de un naufragio ocurrido hacía mucho tiempo atrás.

Volvió a encularme y si antes había sido extremadamente dulce ahora se volvió violento y soez, me azotó el culo varias veces, sentía su mano pesada y caliente al mismo tiempo.

Se tomó de mis hombros con las dos manos y se tiró a fondo clavándome su verga bien profundo.

Quería complacerlo en todo, que me usara a su antojo y voluntad.

Su polla era un hierro al rojo vivo en mi culo.

A cada guarrada que me decía yo le correspondía como esperaba que a él le gustaría.

_Extrañabas mi polla eh…extrañabas ser mi putita_

_Si…si extrañaba tu polla…siempre voy a ser tu puta…siempre….siempre_

Y la verdad es que realmente lo creía en ese momento.

Cuando se cansó de darme por el culo, se sentó en el borde de la cama y yo en el suelo, de rodillas se la mamé hasta que se corrió otra vez en mi boca. Esto último también lo filmó con su móvil.

Luego pedimos de comer al servicio de habitación, comimos y charlamos como viejos amigos, me puse la camisa de él para completar el cliché y mis bragas.

Le conté de Adrián y de Esteban y también lo de Alcacer y el de seguridad.

_Buena cornamenta le estás sacando a tu marido_ me dijo.

Yo me sentí un poco avergonzada pero en cierto modo alegre a su lado.

Como si todo esto estuviera la mar de bien.

Él se mostró interesado y hasta divertido, me contó ciertos entretelones de la empresa y como marchaba la cuenta de Roma, le gustaba la vida allí.

_Bien ahora ponte el panty medias y ven aquí_ me dijo al terminar de comer.

Me quité las bragas, el panty medias estaba roto y dejaba mi coño y mi culo al desnudo, contrastaba lo oscuro de la tela con mi piel y la camisa de Rodrigo, blanca, abierta, con los botones desprendidos que todavía llevaba puesta.

Él estaba sentado en el sillón, me senté a horcajadas suyo, ya estaba mojada y su polla entró con facilidad. Nos besamos suavemente.

Levantó mis piernas y las apoyó en las suyas, el empeine de mis pies, embutidos en las medias quedaron sobre sus rodillas

Tomó su móvil y comenzó a filmarnos de costado con la mano extendida.

_Ahora ponte mi polla en el culo_ me ordenó

Cogí su polla con la mano y me la fui introduciendo en el culo, lentamente, me dolía un poco, era la tercera vez que me enculaba en la tarde.

_ ¿Dónde está mi polla Patricia? Anda dímelo cariño_ me dijo

_En mi culo…. Tu verga está en mi culo_ casi sollocé y pegué mi mejilla a la suya mirando de frente al móvil. Un gran primer plano de mi rostro desencajado y lloroso, pegado al suyo sonriente

_No me has contestado a lo que te pregunté hoy ¿Quién te folla mejor, David o yo?_

Su polla penetraba mi culo rítmicamente, me estaba matando de placer.

_Tu…tú me follas mejor que todos…cabrón_ le dije y lo besé

Fue un polvazo increíble, sentía su polla dentro mío por completo, tener su camisa puesta, que me tuviera abrazada así, besarlo en la boca hasta cansarme, hasta que los labios me doliesen y se uniera a ese dolor-placer de su verga taladrando mi culo al mismo tiempo.

Nos corrimos casi al unísono, está vez acabó dentro de mi ano, sentía los chorros de su semen impactando dentro de mi recto.

Nos quedamos así un buen rato, abrazados, recuperando el ritmo de la respiración, sentí su polla retraerse dentro mío y un pequeño reguero de semen caer por mi entrepierna.

Lo volví a besar con pasión y me levanté para ir al baño.

Me miré en el espejo del lavabo y no podía creérmelo. El maquillaje colapsado, el cabello alborotado, me duché sola mientras Rodrigo hablaba por teléfono con alguien.

Nos despedimos como amantes que pronto volverán a verse pero ya sabía que al día siguiente regresaba a Roma.

En la puerta del hotel me sentía tan extraña y lejana a la que había llegado allí unas horas antes.

Con el impecable vestido de lana y los botines acordonados, el panty medias roto que nadie podía ver, mi abrigo color crudo, caminé con las manos en los bolsillos.

¿Qué sucedería si Rodrigo me pidiese que dejara mi marido y me fuera a Roma con él?

Era solo una estupidez, una fantasía de niñata tonta. Entonces me di cuenta cabal de que hasta punto estaba encoñada con él.

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