Una mala decisión. Parte 4
Solo cinco minutos. Ese era el límite que se había impuesto para perder el control. Pero cuando las puertas del ascensor se cerraron y la mirada de ese joven arrogante la devoró, la regla se desmoronó. Ahora, entre el miedo y el deseo, descubre que la verdadera transgresión no es ser vista, sino ser poseída.
Una mala decisión. Parte 4.
MI vida ahora estaba compartimentada, por un lado mi esposo a quien seguía amando y mi hijo. En otro compartimento David y mi trabajo íntimamente relacionados y luego ese oscuro deseo que solo satisfacía cuando me desnudaba frente a un extraño.
Ya habían pasado cuatro días desde nuestro segundo encuentro con Esteban, recordaba todos los detalles con precisión maníaca, el roce de las perlas en mi cuello, mis pechos desnudos, la mirada enloquecida de ese viejo que me erizaba con su deseo.
Luego su polla escupiendo un poco de semen sobre la moquette, yo casi a punto de correrme sin tocarme.
Llegar al piso de David, dejar que saciara mi calentura hasta la extenuación.
Sabía que yo era solo una especie de trofeo para él, un atributo de su cargo, una plaza conquistada y disfrutada con avaricia.
Mis pechos le encantaban y todavía sentía yo como se deslumbraba con ellos, al contrario de mi esposo a quien notaba más acostumbrado a mi belleza.
Necesitaba ser admirada, ese era uno de los condimentos que incidían también en los episodios de exhibicionismo.
Tal vez había reprimido por demasiado tiempo mi vanidad.
Una tarde al terminar el trabajo, al llegar al parking vi como un coche bloqueaba la salida del mío. Era algo que no solía suceder. Fui hasta la garita del guardia de seguridad y golpee con fuerza la ventanilla. Un hombre panzón y corpulento emergió del cubículo. Mediría 1,90 tenía una cara cuadrada y las cejas muy tupidas.
_ ¿Señora?_
_Un coche bloquea al mío_
_A verlo_ dijo y se metió en la garita, seguramente estaría mirando los monitores de seguridad.
_ Sí, no sé porque aparcó así, habrá que esperar que regrese_ dijo
_ ¿Pero usted no está aquí para controlar estas cosas?_ le dije ofuscada
Fue como si le hubiese dado un golpe, entrecerró los ojos
_No soy el cuida coches, señora, mi trabajo es garantizar la seguridad del personal y los bienes de esta empresa_
_Si deja aparcar de cualquier manera a quien se le antoje, no hace ni una cosa ni otra_
Me miró a punto de decir algo, se contuvo.
_Voy a ver de quien es el coche_
Caminamos juntos por el parking, era una especie de gorila, parecía pequeña a su lado.
Llevaba una planilla en su mano, observó la matrícula.
_Este coche pertenece a al señor Alcacer Garcia_ dijo
Sabía yo quien era, pertenecía a otra área de la empresa pero había coincidido alguna vez con él.
_ ¿Puede llamarlo?_ dije
_No tengo su número_ me dijo con mala ostia
_Tendrá una base de datos o algo _
_Señora esto no es de mi competencia, tendremos que esperar al señor Alcacer_
_Veo que usted no está entrenado para solucionar problemas inesperados_
Me miró como para golpearme.
_Señora ya le dije que…_
_Perdona…perdona……_ dijo Alcacer corriendo agitadamente.
_ ¿Tú haces lo que se te da la gana así por la cara?_ le dije
_Perdona joder, estaba saliendo y olvide el móvil arriba, fue solo un minuto_
Era un niño pijo, bastante joven y guapo, acostumbrado a hacer su voluntad sin respetar las reglas.
_Quita el coche ya de una vez_ le dije
Escuché una frase dicha entre dientes, me pareció que había dicho “Que te den”
_ ¿Has dicho algo?_ le dije
_ ¿Yo? No he dicho palabra, si has tenido un mal día no es mi culpa tía_
Vi que el gorila de seguridad se sonreía.
_ ¿Y tú de que te ríes?_ le dije
Se puso serio de repente y se marchó.
Esa misma tarde luego de follar con David le conté el episodio
_Conozco a Alcacer, es un idiota_
_Y el de seguridad es un insolente, mira que decirme que no es el cuida coches_
David se río con su risa torcida
_ Imagina que le cuento a Alcacer que te gusta mostrar las tetas, tus cinco minutos ¿qué harías?_
_Lo mandaría a paseo, tampoco creas que haría mi jueguecillo como dices tú, con cualquiera_
Pero no estaba tan segura de esto
A los pocos días me llamó Esteban.
_ ¿Cómo estás mi niña?_ me dijo con su voz un poco meliflua y libidinosa.
_Bien Esteban ¿y tú?_
_Yo estoy loco por mis cinco minutos contigo_
_Vale será la última vez_
_No hablemos de eso ahora, no quiero pensar en el mañana, pero con respecto al presente, esta vez te llevaras las perlas y yo quiero verte totalmente al natural_
_ ¿Al natural?_
_Solo el collar y tu piel de alabastro_
“Piel de alabastro” era una expresión que daba un poco de risa la verdad
_Completamente en pelotas, sin zapatos ni nada_ remató ahora si más explicito
_No lo sé Esteban, ya lo veremos_ le dije
Esa tarde coincidí con Alcacer en el elevador, el fingió no conocerme, pero en un momento nos quedamos solos y entonces me habló.
_Que nerviosa estabas el otro día ¿Más tranquila ahora?_
Era un pijo guapo con el cabello ondulado y bonitos rasgos delicados.
No le contesté. Él me miraba de arriba abajo comiéndome con los ojos
_ ¿Tu marido te tiene un poco olvidada o qué?_ me dijo
_Eres un querubín muy dulce, pero siempre te faltará algo_ le dije sonriendo
Iba a responderme pero las puertas del elevador se abrieron y salí, dejándole con la palabra en la boca
Nunca había disfrutado demasiado de comer una polla, lo hacía casi como una condescendencia a mis amantes.
Con Rodrigo fue el primero con el que realmente disfruté de besarla por los lados, de tratar de metérmela en la boca entera, de lamer sus bolas hasta dejarlas húmedas con mi saliva, el olor de su polla me volvía loca.
Esa noche en casa mientras me duchaba, imaginé que le comía la polla a Alcacer hasta que se corría en mi boca, su hermoso rostro joven y varonil deformado por el placer.
El martes era el día en que vería a Esteban y él me vería completamente desnuda solo con el collar de perlas, que sería mío. Poseer ese objeto se había vuelto casi una obsesión.
Sería como una materialización de la oscuridad de mi deseo. Podría tenerlo entre mis manos, ponérmelo solo para mí, de algún modo tenerlo sería tener un dominio sobre la locura que había estado haciendo.
Toqué en el piso de Esteban, escuché su voz deformada por el telefonillo, ansiosa e impersonal.
Me abrió la puerta con una gran sonrisa debajo de su bigotillo, algo ridículo y anticuado.
_Tienes un estilo tan clásico, me vuelves loco_ me dijo
_Gracias_ le respondí
_Ya no quedan mujeres como tú_ volvió a decirme mientras me abría la puerta del elevador
Por un momento pensé si mi estilo no sería un poco anticuado también. Claro es que de entrecasa no vestía como en la empresa, también podía usar tejanos o camisetas de colores.
Pasamos a su piso, tenía cierta ansiedad esta vez, deseaba terminar rápidamente e irme con el collar.
El estuche de terciopelo estaba sobre la mesa, aguardándome.
Cuando me quité el blazer escuché como Esteban suspiraba con esa respiración agitada de un hombre ya mayor, otra vez el temor de que le ocurriera algo, que se muriera de un infarto mientras yo me desnudaba. Tal vez era más una fantasía que un temor real.
Me senté en la silla, incliné mi cuello, me sometí a la ceremonia de ponerme el collar.
_Hoy te lo llevas, me alegra, tendrás siempre algo mío_ me dijo
_Gracias_ le dije
Estaba dispuesta a complacerle, cumplirle su deseo de verme totalmente desnuda.
Las perlas y los dedos de aquel viejo me rozaron la piel una vez más, de pronto me sentí tremendamente excitada, más que las veces anteriores
Me quité la camisa lentamente, Don Esteban sudaba.
_Ponte de pie frente al sofá_ me dijo
Me situé cerca del gran sillón chesterfield de cuero marrón.
Me desprendí los botoncillos de la camisa lentamente, observé mis pechos desde arriba, eran muy hermosos, blancos y turgentes, miré a Don Esteban, se tocó la polla levemente sobre el pantalón.
_Quiero verte la polla, sácatela_ le ordené
Me asusté un poco de mi misma, esto no estaba en el libreto, pero no pude resistir la tentación de darle esa orden.
La polla de Don Esteban emergió de entre el pantalón, oscura y un poco deforme, no demasiado grande.
_ ¿Quieres tocarla también?_ me dijo
No contesté, en lugar de eso dejé caer la camisa al suelo.
_Dios bendito_ dijo el viejo dando un respingo
Me demoré en desprender el sostén negro de encaje que contrastaba con la palidez de mi piel.
Lo vi caer desde mis pechos hasta mis pies y sentí como una especie de vértigo.
_Como te gusta mostrarte zorra_ me dijo don Esteban
Ahora si necesitaba que me dijera algo ofensivo, lo estaba esperando y lo disfrutaba.
_ ¿Te pajeas mucho pensando en mis tetas? _ estiré un pezón hacia arriba, dejé caer el pecho pesadamente.
_Que tetones tienes, tetones de puta_ dijo el viejo
Me quité la falda.
_Metete el tanga en la raja_ me dijo
_Ya empezaron a correr tus cinco minutos_ le dije
El viejo casi comenzó a sollozar al escuchar eso, me dio pena.
Metí el tanga en mi raja como me ordenó, me sentía plena y poderosa y a la vez hubiese querido que David estuviera en la habitación de al lado para follar con él inmediatamente.
_Quítate los zapatos también_
Me incliné para quitarme los zapatos
_ Joder que hermosa eres, como un sueño_ dijo tocándose apenas la polla
_Tus pies son perfectos, me lo suponía_ dijo el viejo
Lo miré con una sonrisa, estaba cada vez más excitada, toqué el collar de perlas con una mano y me giré para verme en el espejo.
De espaldas a Esteban me quité el tanga lentamente, lo enganché con un pie y acabé de quitármelo.
Finalmente estaba en pelotas como el viejo quería, solo el collar de perlas.
_Ponte de rodillas sobre el sofá_ me ordeno
Seguí mirándome en el espejo mientras me arrodillaba en el sofá, mostrándole las nalgas a ese viejo degenerado.
_Ahora tócate el chocho puta, quiero que te corras para mi_
Escuchar esa frase fue como un disparador explotando dentro de mí, ya estaban los cinco minutos prontos a cumplirse, sabía que no debía cruzar ese límite.
Pero lo hice.
Metí mi mano por entre mis piernas y acaricié mi clítoris, no estaba dispuesta a correrme, pero la verdad es que ya estaba humedecida, sentí la viscosidad de mi propio flujo.
Sentí la acuosidad de mi vagina al tocarme, jugué con dos dedos e introduje uno de ellos, estaba completamente encharcada, solté un gemido.
Escuché la respiración agitada del viejo más cerca de mí, giré mi cabeza y lo vi, se había puesto de pie, escuche el sonido de su masturbación, el glande resbalando en su mano.
_Voy a soltar mi leche en tu culo_ me dijo
_Ni se te ocurra_ le dije, pero lo dije sin convicción. Estaba muy excitada y deseaba que lo hiciera.
Estuvimos así un rato, ya habían pasado los cinco minutos. Cerré los ojos solo sentía el placer de mis dedos que frotaban mi vagina de arriba abajo, metiéndome un dedo y punzando mi clítoris. Sabía que el viejo estaba justo detrás de mí y eso más me ponía, ahora ya quería sentir su leche sobre mi culo.
Entonces sentí su mano sobre mi nalga, se apoyó despacio sobre ella, me pareció cálida y aun así me estremeció.
_Que…qué haces……_ dije, noté como temblaba mi voz.
Él no contestó, su mano seguía inmóvil apoyada con toda la palma sobre mi nalga.
_Quita……. la mano_ dije entre gemidos y sin dejar de masturbarme.
La movió muy despacio, como si fuera un ciego que está tanteando en su propia penumbra, la mano bajó un poco y apretó mi nalga desde abajo.
_Que cachetes tan duritos tienes_ dijo
Yo solo gemía y era evidente para mí que quería sentir su mano sobre mi culo, que me estaba volviendo loca.
Entonces sentí su otra mano sobre la otra nalga. Gemí descaradamente
Ahora sus dos manos me acariciaban morosamente, palpando cada centímetro lentamente, esas manos ajadas y llenas de arrugas se estaban dando el banquete de su vida sobre mi culo.
Su tacto era blando y muy cálido, como si se hubiese calentado las manos en una estufa, pero la que estaba caliente era yo claro.
Sus manos se movían en círculos concéntricos sobre mis nalgas, sentía que estaba a punto de correrme de esa manera, algo que jamás me hubiera imaginado quince minutos antes.
Entonces un pulgar rozó el anillo de mi ano, no pude evitar gemir más estridente.
Él lo noto y volvió a hacerlo, rozó con su pulgar el agujero de mi culo, una, dos tres veces, con una mano y luego con la otra, hasta que dejó uno de sus pulgares apoyado en mi ojete.
_Qui…quita tu……dedo……de ahí_ le dije casi sollozando ahora
En lugar de eso presionó su pulgar sobre el anillo de mi culo y comenzó a hundirlo dentro de mí.
Sentía su dedo apretado por mi culo, más adentro y luego un poco más, todo su pulgar dentro de mi culo. Lo movió un poco, balanceando mi culo atrás y adelante.
_Vas a correrte con mi dedo en el culito, zorra_ dijo presionando y penetrando
Yo solo gemía, había perdido el control de la situación. Me tranquilizaba también que el plan parecía claro, que solo me corriera con su dedo en mi culo.
_Córrete…sobre mi culo_ dije entre gemidos
_ ¿Si? ¿Quieres sentir mi leche en tus cachetes de puta?_ dijo el más envalentonado
Sentir su mano apoyada en mi culo y su dedo dentro me estaba volviendo loca, también ese suave vaivén al que me sometía. Mis pechos se golpeaban suavemente entre sí.
_Si……si la quiero sentir_
Escuché un ruido y lo reconocí como la hebilla de su cinturón al desabrocharse.
Se estaba desnudando con la otra mano, me giré y vi que bajaba su pantalón.
Volví a cerrar los ojos y seguí masturbándome, ya todo me daba igual, estaba dispuesta a follar con él. Lo deseaba.
Perdió entonces Esteban un poco de ritmo en la penetración con el dedo, al terminar de sacarse los zapatos y el pantalón a los trompicones.
Luego retomó ese vaivén marcado por su pulgar en mi ojete y sentí su otra mano acariciar una de mis tetas por el costado.
_No…no lo hagas…no puedes…_ dije tratando de recordarle las reglas, que ya eran un absurdo, porque estaba completamente encharcada y gimiendo como una perra.
Estiró el pezón hacia abajo y me provocó dolor, placer y humillación al mismo tiempo.
_Estás para ordeñarte mamona_
Yo gemí más fuerte al escuchar esa guarrada
Sentí ahora sus dedos en mi coño que se solapaban con los míos, recogía la humedad de allí y la esparcía por mi culo y volvió a penetrarme con un dedo, pero esta vez con el índice.
Se atrevió entonces a tironearme del pelo y a todo yo le decía que si con mis gemidos.
Volvío a recoger de mis fluidos vaginales hasta mi culo y ahora me penetró con los dedos índice y mayor.
Sentí que me moría, no podía creer que estaba pasando todo aquello.
¿De verdad este viejo ridículo de don Esteban me estaba follando el culo con dos dedos?
Me giré para comprobar si era cierto, todavía tenía puesta su camisa blanca y su cara estaba completamente congestionada, roja por la excitación y el esfuerzo.
Sus ojos se encontraron con los míos.
_Te gusta eh…que puta eres… que bueno_ me dijo
Volví a girar la cabeza y cerré los ojos. Sentí otra vez su mano en mis tetas, el estiramiento de mi pezón, el ordeñe como había dicho él.
Quitó de golpe los dedos y se pegó a mí, sentí sus huevos y su polla en mis nalgas.
_ Acaríciame los huevos, anda, se buena chica_ me dijo
Yo estaba muy cachonda y deje caer mi cara sobre el sofá. En esa posición pude estirar mi brazo y acaricié sus bolas, me parecieron flácidas, ajadas, colgantes.
_Que bueno…así…así…sigue_ me dijo
Esperaba de un momento a otro ser penetrada por aquel viejo decrepito.
Puso cada una de sus manos en mis nalgas, abriéndome el culo, mientras le continuaba sobando los huevos con una mano y con la otra seguía masturbándome el coño.
_Te voy a follar_ dijo con un susurro
_Hazlo…follame……. Follame de una vez _ le dije porque ya no podía más de la excitación
Se volvió a pegar más a mí, apoyó su polla entre mis nalgas, sus manos volvieron a abrirme el culo y comenzó a deslizar su verga hacia abajo.
No sé si fue su primera intención o fue que su altura y la de mis pernas y la altura del sofá coincidieron de la manera correcta, pero al frotar el glande sobre mi culo, casi sin esfuerzo, con toda naturalidad, la cabeza de su polla se deslizó con suavidad dentro de mi ano.
Solo pude soltar un largo gemido, un largo e incrédulo gemido de placer y de sorpresa.
Supongo que todo habrá conspirado, su polla no era muy grande, estaba empapada de mis propios flujos, el trabajo manual que había hecho.
Solo tuvo que empujar levemente y se hundió un poco más en mí.
De las cuatro veces en que había sido sodomizada hasta el momento, por Rodrigo, por mi esposo, por Mikel y por David, con ninguno de ellos había resultado así de sencillo y natural.
No sentía dolor, solo puro placer y sorpresa y morbo. Mi vista se nubló por un momento, dejé de masturbarme para retrasar mi orgasmo, estaba en un estado de éxtasis que nunca había sentido, muy próximo al orgasmo. Era como estar al borde, muy al borde de caer pero ahí, en un extraño punto de equilibrio.
Sentía como su polla seguía entrando en mí, deslizándose muy suavemente, produciendo la presión exacta contra las paredes de mi ano, escuchaba su voz que me decía algo, pero desde un lugar muy lejano.
Ese suave vaivén atrás y adelante era como estar mecida por un mar muy tibio.
Sentía sin sentir sus huevos acariciados por mi mano
Escuché otra vez su voz que decía algo, no pude entender qué, de pronto un instante de silencio total, ni siquiera escuchaba mis propios gemidos. Pensé que estaba a punto de desmayarme.
Entonces sentí un leve roce en mi clítoris y exploté.
Todos los sonidos volvieron a mí con una extraña violencia.
_Hasta los huevos, joder_ gritó Esteban eufórico y ahora el suave vaivén se convirtió en un mete y saca furioso y me vi aturdida por todos los sonidos a la vez.
El PLASS! PLAASS! De su pelvis chocando con mis nalgas y mis propios aullidos de placer
Aahhhh!! Aahhhh!! Dioss…siiii…si
Mis piernas temblaban como una hoja
_Joder como te estoy dando por el culo, como te estoy dando el culito_ repetía eufórico Esteban.
Entonces se mezclaba todo, los ruidos de su pelvis al chocar con mis nalgas, mis propios gemidos y los de él, los espasmos siguientes al orgasmo. Fueron momentos de un placer intenso como pocas veces había sentido antes
Creí que estaba el viejo a punto de correrse, pero no lo hacía, comencé a sentir un poco de molestia y dolor.
_Pará…para joder que me duele_ dije y estiré una mano hacía atrás pero no llegué a tocarlo
El cogió mi mano y frenó sus embestidas, mi brazo quedo extendido y giré mi cabeza, nuestras miradas volvieron a encontrarse.
El apenas se movía ahora
_Joder Patricia como te has corrido ¿te ha gustado?_
No sabía si mandarlo a la mierda o que.
Creo que recién en ese instante solté sus huevos
_ ¿Vas a correrte o qué?_ le dije
Y volví a colocar mi mejilla sobre el sofá, su polla seguía dentro de mi culo, ahora la sentía como si fuera una súper polla, hinchada dentro de mi ano.
_ ¿Quieres que me corra en tu culo?_
_Si hazlo de una vez_ dije muy queda
_ ¿Tan guarra eres que quieres mi leche dentro de tu culo de putita fina?_
La frase volvió a excitarme, mi brazo había quedado doblado sobre mi espalda, él todavía seguía apretando mi muñeca.
Entonces Esteban tomó mi otro brazo y juntó mis muñecas sobre mi espalda como si estuviera esposada. Las aprisionó con una sola de sus manos y con la otra me jaló del cabello.
_Ayyy!!_ me quejé
_ ¿Quieres mi lechita en tu culito entonces?_
_Si siii!!! Córrete de una puta vez_ grité
El aceleró un poco el vaivén de su penetración, pero todavía seguía siendo muy lento.
Sentí que otra vez se me humedecía el coño, me encantaba ese ritmo lento de la penetración.
Seguía sosteniéndome del pelo con una mano y con la otra me aprisionaba las muñecas.
_ ¿Te gusta así Patricia dímelo?_
Otra vez volvía sentirme mecida en ese suave vaivén, sentí también mi ano más lubricado nuevamente. Me di cuenta que todo mi cuerpo estaba sudado como nunca
No tuve más remedio que arriar todas las banderas y confesar.
_Si me encanta…sigue así…suave_ le dije ya volviendo a gemir otra vez
_ ¿Te encanta mi polla en tu culito mi niña?_
Sus chorradas me desconcentraban un poco.
_Si, me encanta como me follas pero cállate_
Creo que comprendió, porque dejó de hablar y se concentró en follarme el culo suavemente.
Ni siquiera con Rodrigo había sentido así.
Su mano me tenía sujeta del pelo y la otra sobre mis muñecas, comencé a sentirme otra vez suspendida de un hilo, dominada y sostenida, en sus manos literalmente.
Volví a entrar en ese trance profundo, no tanto como la primera vez, pero casi, por momentos sentía que perdía la conciencia otra vez, a punto del orgasmo. Mi mente volvió a nublarse.
Su polla me llenaba sin dolor.
Entonces soltó mis brazos y me colocó las manos sobre el respaldo del sofá.
Acto seguido sentí que empujaba mi cuerpo hacia adelante, todo el peso de su cuerpo se tensó sobre el mío.
Me había montado. Me había montado como a una maldita yegua.
Me giré y ya tenía su rostro muy próximo al mío.
Había subido sus piernas al sofá, su pecho pegado a mi espalda.
Creo que todo era una cuestión de la altura de sus piernas, de las mías, del tamaño de su polla, todo fluía.
Comenzó a besar el lóbulo de mi oreja y luego mi mejilla y luego cerca de mis labios y ya sabía que finalmente iba a suceder, su boca encontró la mía y nos dimos un pico suave y luego abrí mi boca y mi lengua y lo recibí a ese viejo desgraciado en mi boca y en mi culo al mismo tiempo.
Después de todo se lo merecía, me estaba follando de una manera increíble.
Como ni siquiera lo había hecho mi esposo nunca, el hombre al que amaba y con quien compartía mi vida.
Me daba cuenta que ese viejo estaba en toda la gloria bendita, posiblemente el polvo de su vida.
Montándome y besándome en éxtasis total, ahogando mis gemidos con sus besos, una de sus manos estrujándome los pechos.
Entonces sí, mientras me besaba el cuello, el collar de perlas ahora sonaba a música, las perlas golpeándose suavemente entre sí, volví a sumergirme en ese vaivén del comienzo y perdí el sentido y mis piernas comenzaron a temblar y me corrí estrepitosamente con ese viejo afirmado en mis caderas. Convertida en la yegua de ese inesperado jinete.
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- Relato #202563— title-regex: contiguous parts (3 -> 4)
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