Una mala decisión. Parte 3
David le ofreció la llave de su propia perdición: cinco minutos desnuda ante un desconocido. Lo que empezó como un juego de adrenalina se convirtió en una necesidad insaciable, una caída libre hacia la humillación donde el tiempo se mide en minutos y el cuerpo, en moneda de cambio.
Una mala decisión. Parte 3
Sentía ahora que mi vida estaba en orden otra vez, tener un amante como David era una parte indispensable dentro de ese orden.
Era algo que necesitaba y me completaba.
Como amante David era excelente, al menos para mí.
Tal vez si tenía algún defecto es que era un poco rutinario, pero a mí no me importaba.
También era yo de apegarme a ciertas rutinas.
Follaba con el dos o tres veces por semana, en su piso, luego del trabajo.
Primero hacía que le mamara la polla, le comiera los huevos y a veces el culo también, esto último era algo que me hubiese dado asco hacerlo con mi esposo, pero con él hasta lo disfrutaba.
Se corría siempre en mi boca y me pedía que tragará todo el semen.
Luego mientras él se reponía de su orgasmo, me comía el coño hasta que yo me corría también.
Luego casi siempre en posición perrito me penetraba por el coño y luego por el culo.
Después hacía que me montara encima de él con su polla en el culo, así podía jugar con mis pechos a gusto, me daba azotes en el culo y en los pechos, yo volvía acorrerme así, jugando con mi clítoris.
Por último volvía a correrse dentro de mi boca.
A veces también me hacía ir a su oficina a media mañana y que le mamara la polla.
En el trabajo me motivaba bastante dándome cada vez más responsabilidades e impulsándome a que fuera más agresiva, me gustaba complacerle en todo, en la cama y en la empresa.
Me sentía una especie de geisha rubia y de pelo rizado.
Ahora bien ¿De dónde había salido esta nueva personalidad mía? Si alguien me hubiese dicho un año atrás que iba a estar en semejante situación le hubiese dicho que estaba loco.
Sabía yo sin que nadie me lo dijera que la clave de todo estaba en los episodios de exhibicionismo con Rodrigo y luego con David, esos cinco minutos que lo cambiaban todo, que activaban en mi mente algo muy oscuro que no sabía de donde me venía.
El deseo de ser dominada, controlada y usada.
Seguía reviviendo en mi mente a veces despierta, a veces en sueños, el instante ese en que dejaba caer mi sujetador y mis pechos quedaban desnudos ante la mirada de un extraño.
Ese instante en que veía caer la prenda que me cubría hacia un abismo, en realidad era como que anunciaba mi propia caída, la perdida de mi voluntad, el deseo de ser dominada comenzaba ahí, en ese momento.
Fantaseaba con ese recuerdo y me preguntaba cuándo podría volver a vivir esa adrenalina, tampoco era cuestión de que yo se lo propusiera a cualquiera, oye ¿Quieres ver mis tetas durante cinco minutos?
No…… debería tener las mismas condiciones, alguien que me lo propusiera, que me incitara, alguien que se saltara descaradamente todas las formas del decoro y urbanidad establecidas.
Que se saltara las normas de respeto e igualdad hacía mí como mujer y desde una óptica patriarcal o machista que dejara de lado toda caballerosidad.
No hablábamos mucho de cosas personales con David, mucho menos de lo que sentíamos, solo follábamos.
Pero a veces luego de follar salía a la luz algún pensamiento íntimo, los de él siempre tenían que ver con sus ambiciones con respecto al trabajo, me comentó que no quería casarse por ejemplo, pero que tarde o temprano tendría que hacerlo si quería seguir ascendiendo en la empresa.
Una de esas veces yo le comenté que extrañaba un poco la adrenalina de esos cinco minutos de exhibirme desnuda.
_Como te pone ese jueguecito, si lo supiera más gente estarías en problemas_ dijo
_Pero no es que quiera follar con otros_ dije yo un poco asustada por el tono de sus palabras
_Solo el jueguecito dices, pero el que te vea desnuda difícil que no quiera follarte_
En eso llevaba razón.
Tal no debí haberle confesado esto.
Don Esteban era un viejo cliente, alguna vez su empresa había sido importante y su cuenta la más grande de nuestra empresa, pero eso había sido hacía más de treinta años, antes de que yo naciera.
No es que ahora fuera un pringado y su empresa no valiera nada, pero estaba en decadencia y cuando venía una vez por año lo recibía uno de nuestros gerentes más antiguos y le convidaba una copita de jerez.
Estaría más cerca de los ochenta que de los setenta años, era rubio, o habían sido rubios sus cabellos raleados, aunque peinados estratégicamente para cubrirle la calva, llevaba un bigote anticuado y tenía unos ojos celestes muy claros, casi transparentes.
Esa tarde el viejo gerente no estaba y lo recibió David más por curiosidad que por otra cosa.
Yo debí interrumpir la reunión para llevarle unos papeles a David.
_ ¿Cómo vas guapa?_ me dijo galante Don Esteban
_Bien ¿Y usted? Se le ve estupendo_
_No mi niña, cada vez peor, pero le echo ganas eso si_
_Que va, que va, está usted mejor que nosotros _ dije yo que llevaba puesto un traje a cuadros, con el blazer abierto, para que se viera bien el canalito de mis pechos y la falda bien corta luciendo mis piernas.
_No sabía que permitían que los ángeles trabajaran en esta empresa_
Siempre que venía me hacía un requiebro de ese estilo.
_Ya no quedan caballeros como usted_ le dije
Salí de allí y ya no pensé más en él.
Pero una hora después tenía un mensaje de él en mi móvil.
_Soy Esteban me gustaría tomar una copa contigo luego de la oficina, me gustaría conversar sobre algo que te puede interesar_
Estúpidamente pensé ¿Querrá proponerme trabajo en su empresa? Y de pronto lo entendí, David le había contado.
¿Pero habría sido capaz de hacerlo? ¿Y Don Esteban me llamaba para eso?
Por qué no, también el viejo sentiría deseos de estar conmigo como todos.
El corazón comenzó a latirme muy fuerte, fui hasta la oficina de David pero ya se había marchado, intenté llamarlo pero no me respondió.
Tal vez Esteban no quería hablarme de eso, pero que otra cosa podía querer.
Fui al sitio donde me había citado. El pub era tan fuera de moda como él. Sofás de cuero, mucha madera bruñida, muchos accesorios de bronce.
Don Esteban al verme, casi se cae del taburete donde estaba sentado, de pronto toda la situación me parecía ridícula y un poco patética, mis nervios fueron en aumento.
_Has venido niña, que alegría_ me dijo
Yo le llevaba una cabeza de altura, los pocos vejetes como él que había en el pub me miraban deslumbrados. Me senté cruzada de piernas al lado del anciano, me sentía una especie de puta de lujo de alguna película barata.
_ ¿Qué quieres tomar?_
_Un gin con vodka_ dije
_Alfonso, un gin con vodka para la dama_ le dijo al barman
_Me ha sorprendido usted con su invitación_ le dije
_Es que te he visto tan guapa hoy que no he podido contenerme, conversar un poquillo no hace daño, digo yo_
_Gracias_ dije yo nerviosa sin saber que decir
_ Además que bien podría ser tu padre o tu abuelo vamos, ja, ja ¿Qué edad tienes tú encanto? yo 78 no tengo problemas en decirlo_
_ Tengo treinta y dos y usted no parece de 78_
_Eres una niña todavía, una criatura y sí que parezco pero no me quejo, lo vivido bien vivido está_
_ Y como va…….._ dije el nombre de su empresa
_Va…va que ya es decir mucho, estoy casi retirado, la manejan mis hijos en verdad_
Hubo un silencio incomodo, bebí un sorbo de mi trago, me dio un poco de pena por él.
O quería ligar conmigo o bien había hablado con David de mi secreto, aunque su actitud me generaba dudas.
_Yo tengo el piso justo aquí arriba, me gustaría que lo conocieras_
_Bueno Don Esteban, soy una mujer casada, no suelo subir a los pisos de los caballeros que me invitan a una copa_ me odié por decir eso, pero las palabras salieron de mi boca, estaba nerviosa, no sabía que pensar.
_No, claro que no, lo entiendo…..pero esto es algo muy inocente, quero que veas algo que perteneció a mi esposa, un collar de perlas que luciría de maravillas en tu cuello, tu cuello de cisne vamos_
_Su esposa…. Es decir…._
_Falleció hace tres años ya……_
_Lo siento mucho_ le dije tocando levemente su brazo
_Es la vida cariño, es así, nacemos para morir eso es todo_
_ ¿La extraña usted mucho?_
_Lo normal creo, casi cincuenta años de casados_
Me conmovió un poco, comencé a desechar la idea de que David le hubiese contado mi secreto.
_Bueno ¿subes conmigo o qué? estás con un caballero, mujer, no te preocupes_
_Vale, solo un momento_ dije
_Alfonso, pon esto en mi cuenta_ le dijo al barman
El edificio era muy señorial, esos pisos antiguos muy elegantes y refinados, aunque un poco decadentes.
Subimos en el elevador
_Eres alta eh ¿Cuánto mides?_
_1, 75_ le dije
_Una modelo, de alta costura, verdaderamente_ dijo
Subimos al piso, ese aire de museo y un poco deshabitado que tiene el piso de un hombre de esa edad que vive solo, los sofás Chesterfield de color verde, la moquette color beige.
_Espérame aquí que ya lo traigo_ dijo
Se metió presuroso por un pasillo, yo miré a mi alrededor con extrañeza, incomoda y nerviosa.
Regresó con un estuche de terciopelo negro, lo abrió_
Era un collar de perlas bellísimo, tenían un color gris mate que se destacaban sobre el negro de la tela.
_ Déjame que te lo ponga, deber lucir increíble en tu cuello_
Me incliné, sentí sus dedos rozando mi cuello, el suave contacto de las perlas en mi garganta.
Levanté la vista, frente a mi había un gran espejo con una marco de madera labrado.
_Has nacido para lucirlo_
_Gracias_ dije, lo toqué con mis dedos, era una maravilla de delicadeza y buen gusto.
Me quedaba realmente bien. Por un momento logré abstraerme, solo pensaba en el collar, en cómo se veían mi rostro y mi cuello reflejados en el espejo. Era como si mi belleza se hubiese realzado más aún.
Por eso me tomó de sorpresa la voz de Don Esteban
_Ahora me gustaría ver esas tetitas tuyas_
Me di la vuelta
_ ¿Cómo?_ le dije con sorpresa
_ Cinco minutos ya sé y sin tocar claro_
De pronto lo veía de otra manera, un viejo crápula y decadente, con cierto temor en su ajado rostro todavía, pero decidido.
_ ¿Se lo ha dicho David?_
Asintió con la cabeza
Nos miramos en silencio
_ Desnúdate vamos, quiero ver esas tetas_ dijo imperativo
Eso me activó o puso en marcha el mecanismo perverso de mi mente.
Lentamente me quite el blazer, me desabroché la camisa.
_Los cinco minutos empiezan a correr cuando te desnudas ¿Verdad?_
No contesté.
Lo miré fijamente, comencé a desprenderme el sujetador ¿terminaría siendo la amante de este viejo también?
En el momento en que quedara desnuda frente a él, ya seríamos distintos el uno para el otro.
Dejé que el sostén de encaje resbalara por mi cuerpo.
_La madre que lo pario_ dijo él, su rostro estaba rojo furioso, temí que sufriera un infarto.
Recordé que aún tenía el collar de perlas, me giré para ver cómo me quedaba en el espejo.
Estaba de muerte, el collar de perlas sobre mi cuello y mis pechos desnudos, blancos, erectos, opulentos, eran increíbles, no era extraño que enloquecieran por mí.
_Tócate guarrilla, anda, me han dicho que lo haces también_
Don Esteban tenía la vista fija en el espejo también, ahora yo estaba completamente de espaldas a él.
Me toqué los pechos levemente, con delicadeza, vi cómo se tocó la polla sobre el pantalón, tendría una erección me pregunté.
_Súbete la falda y muéstrame el culito_
Lo hice, subí mi falda y miré el reloj, ya habían pasado tres minutos
_Niña tienes un culo, unas tetas, una carita, todo en ti es una maravilla_ dijo
Ahora si estaba excitada, sentía mi sangre correr alocada por mis cuerpo
_Gracias_ dije quedamente, seguí tocando mis pechos con una mano, con la otra me sostenía la falda.
_ ¿Puedo tocar un poquillo?_ dijo desfalleciente
_No viejo degenerado, ni se te ocurra_ le dije
Ya estaban los cinco minutos.
Puso una cara extraña, pensé otra vez si no se estaría infartando.
_Ya han pasado los cinco minutos_ dije y me bajé la falda
_Ya vengo_ dijo él con cara descompuesta y se metió por un pasillo. ¿Se había corrido?
Me vestí lentamente, mi coño latía de calentura, sentía a la vez un inmenso alivio, una enorme gratitud hacia David y hacia este viejo libidinoso también.
Me quité el collar y lo coloqué en su estuche.
_Ha sido la ostia_ dijo
Miro el estuche cerrado.
_A la tercera vez que vengas, este collar será tuyo_ me dijo muy serio
_No… no Don Esteban no se trata de eso…._ le dije
_Te lo repito, a la tercera vez será tuyo, diez minutos más y lo tendrás para siempre_
_Pero…. es que perteneció a su esposa_ le dije y era sincera al decir esto
_Patricia mi niña, en cinco minutos me has regalado años de vida _
Lo miré con ternura ahora
_Años_ volvió a repetir, abriendo muy grandes los ojos celestes
Llamé a mi esposo y le dije que tenía una reunión inesperada.
Fui directamente al piso de David, sabía que él me estaría esperando.
Abrió la puerta sonriendo torvamente
_Cabrón_ le dije y nos besamos apasionadamente
_Has estado con él viejo ¿eh?_
_Si… eres un cabrón_
Más tarde cuando me enculaba por tercera vez esa noche, después de los orgasmos salvajes que había tenido, de haber tragado ya su leche dos veces, de haberle comido el culo y sus bolas, de haber tragado su polla hasta las lágrimas.
_Gracias David…. Gracias….._le dije mientras era sodomizada
_De nada zorrita….._ dijo él tomando mi melena rizada y hundiendo su mano en ella
Me sentía liberada y feliz, ahora entendía lo que debe sufrir un adicto con síndrome de abstinencia que vuelve a recibir su dosis, la adrenalina de ese momento todavía me duraba en el cuerpo, pero sabía que tarde o temprano se iba a acabar y necesitaría más.
No había quedado en nada con Esteban, no sabía si el me llamaría o lo haría yo.
Ese detalle de que me regalaría las perlas no me gustaba demasiado, significaba una especie de pago por mis servicios y me rebajaba al nivel de una prostituta.
Dos días más tarde volvimos a follar con David y yo seguía encendida
_Como te pone jueguecillo tuyo ese de mostrarte_
_Si…si me pone mucho_ me estaba comiendo el coño
_Cuando se acabe lo del viejo tendré que conseguirte otros yo creo_ me dijo y volvió a enterrar su lengua en mi vulva.
Más tarde recordé este dialogo y me pregunté si finalmente sucedería algo así.
David convertido en mi dealer, el que me proporcionaba la droga que mi mente necesitaba.
Pero seguramente me había enviado a Don Esteban porque en cierta manera lo consideraba inofensivo, sabía que no iba a terminar follando con él o al menos eso suponía.
Ya había pasado más de una semana, Esteban no me llamaba y decidí llamarlo yo.
Eso claramente delataba mis ganas y mi dependencia, pero no pude soportar más tiempo.
_ ¿Cómo estás Patricia mi niña?_
_Bien Esteban quería……._
_Si….. ¿Que querías mi ángel?_
_Quería verte……. otros cinco minutos_ dije mordiéndome el labio
Hubo un silencio del otro lado de la línea
_ ¿Esteban?_ dije
_Sabes Patricia a mí también me gustaría verte pero cinco minutos se me hace poco, se me escurre ese tiempo entre los dedos_
No había contado con eso. Tal vez había cometido un error al llamar primero.
_Bueno pueden ser unos minutos más_ dije por fin
_ ¿Cuantos minutos más me concederías?_
_No lo sé, siete u ocho_
_Yo había pensado en quince, para grabarme la imagen de tus pechos en la retina_ dijo
_No se tal vez sería mejor que lo dejásemos pasar esta vez_ dije ya un poco temerosa del cariz que tomaba el asunto
_Bueno no se mi niña, hazme tu una oferta_
Lo pensé un poco, realmente tenía ganas de estar con él, pero no quería salirme de mi esquema de cinco minutos.
_Te ofrezco otros cinco minutos y te enseño aquello que me faltó enseñar la última vez_
Hubo un silencio del otro lado, casi podía escuchar su respiración agitada.
_Quiere decir que me mostrarías todo, todito ese palmito tuyo_ dijo con voz entrecortada
_Si_ le dije.
Llegar hasta su piso sola, llamar al telefonillo, escuchar su voz deformada por el auricular, esperar allí de pie a que baje a abrirme, me sentía otra vez como una prostituta.
_ Qué alegría tu llamada, estás guapísima_
Llevaba yo la ropa del trabajo, el blazer y la falda corta, mis zapatos de tacón.
_ ¿Has pensado mucho en lo que pasó el otro día?_ me dijo
_Si…un poco_ dije y noté que al igual que con Rodrigo y con David, me sentía cohibida ante él, como una niña pequeña.
Me acaricio el mentón con el pulgar
_Eres una ricura_ me dijo
Entramos a su piso, ya tenía en la sala el estuche con las perlas.
_Ven siéntate aquí que te lo colocó_ dijo el viejo y me acercó una silla estilo inglés con una tapizado color lila
Me senté, otra vez sus dedos ajados rozando mi cuello al colocarme el collar, me encantaba el contacto de las perlas en mi garganta
Me puse de pie al lado de la silla y comencé a quitarme el blazer, luego la camisa.
Esteban acercó otra silla y se sentó con las piernas cruzadas, llevaba un saco de pana y de pronto me pareció que conservaba una suerte de elegancia viril a pesar del estilo algo demodé en general.
Me quité el sujetador. Mis pechos emergieron, el viejo dio un respingo.
Me los acaricie levemente. Él se tocó la polla sobre el pantalón.
_Que tetas tienes por dios, son perfectas, perfectas_ dijo
_ ¿Te corriste la última vez?_ le pregunté
_Si me corrí con la polla floja_ dijo él
Me giré,dándole la espalda y lentamente comencé a quitarme la falda. Cayó esta a mis pies y se enredó en mis tacones, la aparté con un movimiento del pie.
Mi culo solo cubierto por el tanga quedó expuesto a sus ojos.
_Eres una escultura de mármol antiguo_ me dijo
Me acaricie las nalgas lentamente, mi piel estaba completamente erizada, verlo así tan desesperado me ponía mucho.
_Que guarrilla eres criatura, una bella zorrita ¿Lo sabe tu marido?_
_No_ dije poniéndome de medio perfil para que viera mis pechos
_Siéntate en la silla y cumple con lo prometido_ me dijo
Me senté y abrí bien mis piernas apoyadas firmemente en los tacos, llevaba un tanga transparente por delante.
_Por dios niña muéstrame ese conejito que no doy más_ dijo y se liberó la polla del pantalón, tenía una verga no muy grande y de color oscuro.
Fue como si lo esperara, que mostrara su polla, lo deseaba casi, corrí el tanga hacia un costado para que pudiera ver mi vulva hinchada y húmeda.
_Joder, necesito pajearme ya_ dijo cogiendo su polla
_ Mastúrbate tranquilo_ le dije
_Que chochito más rico tienes_
Mojé un dedo con mi lengua, rocé unos de mis pezones y toqué mi clítoris, estaba ardiendo, sostuve la mirada de Don Esteban que se sacudía la polla como un mono, con mi otra mano sostenía la tira del tanga hacia un costado.
Don Esteban entrecerraba los ojos y se la sacudía sin piedad, se escuchaba el sonido acuoso de la masturbación.
_Lo estas disfrutando zorra ¿No es verdad?_
_ Sí, estoy disfrutando ver cómo te pajeas como un mandril, córrete ya de una vez viejo degenerado, han pasado tus cinco minutos_ le dije con un desprecio sobreactuado
Comenzó a correrse, salió un chorro sin demasiada fuerza que cayó sobre la moquette.
Lanzó un último gemido como un estertor de moribundo.
Cerró los ojos y quedó inmóvil, con su polla flácida en la mano.
Tuve otra vez el temor de que se hubiese muerto allí mismo
_Esteban_ le dije
_Si….si estoy bien……. ya vuelvo_ dijo levantándose de la silla
Comencé a vestirme, no veía la hora de follar con David, iría a su piso ahora mismo.
Me quité el collar, una vez más de mostrarme ante este viejo y sería mío.
Por dios, me asusté de mi misma, empezaba a pensar como una zorra vulgar.
Una vulgar zorra exhibicionista.
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