Cuba 2025 (IV)
El calor del probador y el aroma de las axilas de Yaneris encendieron una chispa prohibida. Pero esa noche, en la azotea, la realidad superó la fantasía: su esposa quería ser montada por él mientras su esposo se arrastraba a sus pies. ¿Hasta dónde estaba dispuesto a llegar para mantener el secreto?
Esa misma tarde, cuando Yaneris llegó a casa del preuniversitario, yo ya me había duchado y descansado de la comilona bestial en la azotea.
Le dije que si quería ducharse, la esperaba, pero dijo que no, que había quedado con dos amigas y se hacía tarde.
Fuimos a un centro comercial en Miramar. Sus amigas, a las que me presentó, ya nos estaban esperando en la puerta mirando sus móviles. Habían muchas tiendas pero parecían desabastecidas muchas de ellas. Les pregunté y me dijeron que era habitual, que hace años no era así, pero las cosas estaban empeorando.
Además, acostumbrado a los centros comerciales españoles, me llamó la atención que no hubiese aire acondicionado. Hacía más calor dentro que en la calle, que ya era decir.
Entramos en una tienda de ropa de mujer. Ellas no paraban de enseñarse cosas. Yaneris cogió dos vestidos y me dijo que fuese con ella, que se los iba a probar. Yo le dije que saliese con ellos puestos y le diría mi opinión, pero me cogió la mano y me dijo "ay, ya deja de ser así, siempre tan correcto".
Dentro del probador, comenzó a desnudarse, quedándose sólo con las braguitas. Tenía un cuerpo increíble, tetas medianas, algo más grandes que su madre o quizá más en su sitio. Cuando se quitó la camiseta, el lugar se llenó del aroma de sus axilas. Sí, debió ducharse en casa, pero no era un olor repugnante. Parecía más bien un perfume que hizo su efecto en mí. Entre el aroma y los pelillos rizados de sus axilas, me puse como una moto. Su cuerpo brillaba por el sudor. Hasta yo comenzaba a sudar por la frente. Hacía mucho calor en el centro comercial, pero lo de aquel "probador", si podía llamarse así, era infrahumano.
Ella se probó uno y luego el otro. Le di mi opinión y salí un poco azorado de aquel cuchitril.
Finalmente eligió uno de los vestidos, que pagué como regalo de cumpleaños.
Al salir le dije que si no había allí alguna zapatería para comprarle también algo a juego con el vestido. Yaneris se abalanzó sobre mi cuello, dándome un abrazo que pareció durar demasiado. Sus amigas comentaron que vaya suerte tener en casa un yuma así, tan bueno.
Se probó varios zapatos y eligió finalmente unas sandalias con un poco de cuña de las que se ataban por la pierna tipo romana.
Desde luego, Yaneris sabía lo que quería y tenía buen ojo para elegir. Sus amigas intentaron que se quedase otro vestido y otro calzado pero ella tenía claras las cosas y mucha personalidad, que a esa edad es complicado.
Realmente no me costó mucho el regalo y les dije que las invitaba a tomar algo.
Me llevaron a un bar en el malecón. Yo pedí cerveza cristal y ellas lo mismo, salvo Yaneris que quiso un mojito.
Les pregunté si podían beber por su edad o estaba prohibido.
Ellas rieron y me contaron que ya tomaban desde hace años, pero que tampoco se pasaban. Los viernes quedaban en el malecón con gente de universidad y pre y montaban la fiesta con bebida y bailes. Me invitaron a ir la próxima vez con ellas. Yo les contesté qué pintaba un viejito como yo allí y una de las amigas me contestó que si yo estaba viejito, ella quería uno como yo para siempre. Consiguió que me ruborizase y ella sonrió con malicia, mientras empleaba mayor volumen de labios en beber de su cerveza.
Me contaron muchas cosas de su vida y les pregunté sobre cosas que me interesaban, hasta que llegamos a la conversación del dinero fácil.
Yo les pregunté si era cierto que muchas chicas de su edad, hacían cosas con extranjeros a cambio de dinero, a lo que me contestaron que sí, que era mucho dinero por poco tiempo y que si las trataban bien, era normal querer mejorar.
Me contaron las tres que ya habían tenido sexo con compañeros de instituto y pre.
Las dos amigas de Yaneris me revelaron que habían estado varias veces con yumas para conseguir dinero, que si no era imposible tener móvil, ni ropa buena ni siquiera pintalabios.
Eso sí, me dejaron claro que a las tres las desvirgaron compañeros cubanos porque eso no se podía vender a un yuma.
Yaneris estaba muy callada y le pregunté si ella también. Me dijo que no, pero una amiga suya dijo "cómo que no? Y el italiano?". Ella contestó que eso no era lo mismo porque ella no hizo nada. Su amiga le dijo que había ganado 250 dólares en apenas una hora, hiciese lo que hiciese y que le habían pagado.
Yaneris me contó que fue un hombre de unos 50 años y tras invitarlas a unas copas, se encaprichó de ella. Como no seguía, una de sus amigas me dijo que el italiano era un guarro y no quería chingarla, sino lamerle los pies y el culo.
Me impresionó y se me notó en la cara. Ellas rieron y me dijeron que había hombres así. Yo dije que no entendía que teniendo una mujer tan guapa, le pusiese eso en vez de otras cosas.
Yaneris, un poco ruborizada, me dijo que el italiano la subió a la habitación de su hotel, previa comisión al muchacho, que les abrió la puerta trasera.
Una vez en la habitación, le quitó las zapatillas y olió, besó y lamió sus pies. Luego, se tumbó en la cama y Yaneris se sentó en su cara. El tipo quería oler y lamer su culo. Después le dijo que si se tiraba pedos, le pagaría 50$ más y Yaneris lo hizo y el italiano no paraba de olerlos.
Yo comenté que eso era algún tipo de enfermedad y una amiga me dijo que eso no era todo, que el italiano le pagó 100$ más si le metía la "mielda" en la boca. Miré a Yaneris y encogiéndose de hombros dijo "qué más da, se la iba a dar gratis al baño al llegar a casa. En total, 250$ y yo no hice nada".
Yo le pregunté si le dió morbo algo de eso y ella contestó que no, que le dió mucho asco y más cuando vio al tipo comiéndose su "mielda".
Tras esto, fuimos a una hamburguesería donde querían cenar. Yo me excusé diciendo que no podía comer nada, que se me había revuelto el estómago con lo que me habían contado. No obstante, les dejé el dinero que costarían las hamburguesas y una bebida.
Se despidieron de mí, diciendo que nos veíamos al día siguiente en el cumpleaños.
Cuando llegué a casa, sólo tenía ganas de echarme a dormir. Sin embargo, Ana María y Lucho estaban en la azotea, poniendo luces y algún adorno, que me pareció más de Navidad que de cumpleaños.
Lucho había seguido bebiendo por la tarde y ya había empezado otra botella de ron.
Les conté cómo había ido la tarde y les dije que si no necesitaban nada, me iba a descansar.
Ana María me dijo que la subiese hasta alcanzar un farolillo que se había fundido y tenía que cambiar la bombilla. La subí sin apenas esfuerzo y cuando acabó, me pidió que la cogiese en brazos, que hacía mucho tiempo nadie lo hacía. Lo hice y ella no paraba de sobar mis hombros, mis brazos, diciendo que era bien fuerte.
La dejé en el suelo y dijo que los chicos aún tardarían en regresar y que tras lo de la tarde, ella tenía ganas de más.
Nos sentamos en el sofá, mientras Ana María bajaba a por unas cervezas. Le dije a Lucho que si seguía con ese ritmo, no tendríamos bastante ron para el día siguiente. El contestó que a veces necesitaba beber para no ver las cosas que sucedían y me dió mucha pena.
Al subir con las cervezas, las bebimos y Ana María me quitó la camisa, me beso los hombros, haciendo un masaje que me sentó fenomenal, pero que paró enseguida porque decía que si seguía me quedaría durmiendo. Besó mis bíceps, besó y lamió mis axilas, poniendose cada vez más berraca, bajó a mi polla y comenzó a manejarla con una mano mientras se llevaba la otra a su sexo.
Yo le dije que mejor si se sentaba en la cara de Lucho y la lamía. En ese momento recordé lo que Yaneris había contado de que se sentó en la cara del italiano y mi polla alcanzó todo su esplendor. Ana María, ajena a mis pensamientos, dijo "buaaaaa" pensando que su faena con la mano había hecho eso. Entonces le dijo a Lucho que se tumbase en el suelo y la comiese mientras ella se tragaba mi pinga.
El pobre Lucho, apenas sin fuerza ni personalidad tras tanto trago, se tumbó, ella se subió en su cara y comenzó a mover su sexo, mientras me comía la polla. Yo tenía la cabeza sobre el respaldo y los ojos cerrados. Me interesaba más imaginar la escena de Yaneris sentándose en la cara de un tipo y recordar el perfume de sus axilas que ver lo que Ana María hacía con su marido.
Me corrí bastante rápido, lo que no gustó a Ana María, que esperaba poder chingal, aunque se tragó toda la corrida.
Bajé a por tres cervezas más y un poco que queso que encontré en el frigorífico.
Bebimos y Ana María dijo que le hacía ilusión una cosa pero no sabía si decirla o no.
Ni Lucho ni yo parecíamos interesados porque ella misma siguió diciendo que ella siempre había soñado con chingal encima de un caballo pero nunca lo había hecho y probablemente nunca lo haría.
Yo le dije que a esas horas y con el sueño que tenía no iba a ir a por un caballo. Ella rió y dijo que ya lo sabía pero le quería proponer a Lucho si no le importaría hacer de caballo para que ella disfrutase de su sueño.
Yo ya estaba medio dormido y con poco interés, pero Lucho contestó que por hacerla feliz, lo haría. Ella aplaudió, le dió un beso a su marido y le dijo que tenía el mejor marido del mundo.
A mí me pareció excesivo y se lo dije, que no me parecía bien follar encima de su marido.
El pobre Lucho decía que a él no le importaba, mientras Ana María ya me estaba pajeando de nuevo.
Lucho se puso a cuatro patas y le dije que se pusiese mi camisa, pero su mujer dijo que no, que ella prefería sentir la piel del caballo.
Ana María se subió a espaldas de su marido y me hizo subir a mí detrás de ella. Se acomodó con su coño encima de mi polla y comenzó a cabalgar. No contenta con eso, le dijo a Lucho que se moviese como un caballo. Lucho hacía lo que podía porque ya bastante tenía con aguantarnos encima de él.
Ana María estaba desatada, se corrió dos veces como una desquiciada. Luego cambió de posición y se puso cara con cara conmigo, subiendo a horcajadas en mi polla. Volvió a correrse y ya no podía seguir de lo agotada que estaba.
Yo volví al sofá, cerré los ojos y noté la mano de Ana María de nuevo pajeando mi polla, mientras me decía "no creerías que te iba a dejar sin correr". Tuvo que emplearse a fondo con huevos y polla para conseguir mi néctar.
El día fue demasiado largo y ya necesitaba descansar, por lo que me despedí de ellos hasta el día siguiente, el del cumpleaños de Yaneris.
Continuará...
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