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Mi esposa argentina 5 parte 3

Fernanda sabe que está cruzando una línea que no debería, pero la mirada de Luis y el riesgo de ser vista la vuelven loca. Mientras su marido la masturba recordando cada humillación, la frontera entre el dolor y el placer se desvanece en la oscuridad de la noche.

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MI ESPOSA ARGENTINA 5 Parte 3

A ver, es difícil de explicar, porque a pesar de que muchas veces había visto a mi esposa follar con distintos hombres, cada vez tenía algo especial, algo distinto.

Y esta vez había un nuevo ingrediente que lo hacía especialmente doloroso para mí, pero a la vez más morboso aún.

Ahora no sabría decir cuál era ese nuevo ingrediente o tal vez era una mezcla de varias cosas.

Había hecho que mi esposa cruzara un límite, un límite ético en cuanto a lo profesional pero también moral, un quiebre de su moralidad, pues Luis no solo era un mal sujeto, sino el esposo de una paciente y además estaba una pobre mujer a quien Luis había quebrado su voluntad y hundido en la depresión.

Hasta el punto de estar ella internada en un psiquiátrico.

Y por otro lado había una cuestión física, a ella la volvían loca las manos de aquel hombre, me lo había confesado esa noche.

Se había vuelto loca cuando él la penetró y la masturbó con sus dedos, esos dedos cortos y gruesos como salchichas, esas manos toscas como todo el cuerpo de aquel hombre que solo evidenciaba egoísmo y glotonería, algo de esa nariz ganchuda se reflejaba en su personalidad de ave rapaz y carroñera al mismo tiempo.

Como otros hombres antes, había ejercido un dominio psicológico sobre ella que luego se trasladaba a lo físico

También estaba la diferencia de edad, era evidente que Luis tenía edad suficiente para ser su padre y allí había algo también, un poco de esa sumisión ella había experimentado con Alfonso (Mi esposa argentina 2) y con Cuevas el falso Vargas Llosa(Mi esposa argentina 1), pero aquellos no tenían una contraparte femenina.

Es decir en ese doble juego de identificar a Luis como figura paterna poderosa y abusiva, Amelia ocupaba un rol maternal débil y vulnerable, justamente a la inversa de lo que le sucedía a Fernanda con sus verdaderos padres.

Cuando le expuse todo a mi esposa el lunes por la noche, esta me dijo que podía ser pero que no lo analizara tanto desde su lado o mejor me preguntara en realidad que me pasaba a mí con todo eso y no a ella.

_Pero es que mi dolor morboso tiene mucho que ver con cómo te vi con él, entregada, sometida_ le dije

_No se Carlos, ya me has visto así antes_ me daba cuenta que mi esposa trataba de negar lo especial de la situación.

_ ¿Cuándo supiste que ibas a follar con él?_

_Creo que ya te lo he dicho, cuando íbamos en el coche, entonces hice la llamada, para que escucharas lo que estaba pasando_

_Te ponía esa situación de que él condujera, que te trajera, de estar en sus manos_

_Si, ya lo sabes, viví alguna vez esa situación cuando era muy chica, de adolescente, algo de eso te conté cuando fue lo de Ramón_

Miré a mi esposa, con una de esas camisetas que usaba para dormir, esta vez solo con unas braguitas blancas. Parecía tan adorable y un poco ingenua, su rostro de perfección aniñada ayudaba a esa sensación.

_ ¿Y tú por qué no quieres que él sepa que estabas mirando, por qué no quieres que sepa de nuestro secreto?_ dijo ella acariciándome la cara

_No lo sé, tal vez es que no quiero humillarme más ante él_

_Prefieres que Luis crea que eres solo un cornudo y no un cornudo consentidor_

_Si…….ya te digo que no sé bien por qué………pero lo prefiero así_

_Será que tú también lo identificas con una figura paterna y no quieres defraudarlo más aún_

_Joder amor ¿no será mucho análisis? Falta que lo llamemos papá la próxima vez que lo veamos_

Nos reímos juntos, por momento recuperábamos nuestra complicidad de siempre.

_Carlos te voy a contar dos cosas que no te he dicho todavía_

_A ver, suéltalo_

_Cuando me pegó esa cachetada al comienzo, cuando dijo eso de que ninguna zorra lo insultaba ¿recuerdas?_

_Si, menuda ostia te encajó_

_Eso me excitó mucho, muchísimo y pensé en Amelia en ese momento, casi que me sentí bien de estar siendo maltratada igual que ella y por supuesto me dio vergüenza de mi misma tambien_

_Joder como una suerte de solidaridad en el maltrato…pero a la vez…estabas poniéndole cuernos…es decir que tu tambien la jodías a ella_

_Si…..sí…..es así…es verdad_ dijo ella mordiéndose el labio

_ ¿Y por qué no te planteas no volver a estar con él, dejarlo así, algo de una sola vez?_

_Esa es la otra cosa que quería contarte, no me ha llamado ni escrito desde esa última vez y hoy realmente esperé que lo hiciera, es decir estuve durante todo el día ansiosa esperando un mensaje suyo_

Quedé atónito, era realmente sorprendente, nunca había visto a mi esposa así de enganchada con alguien.

_ ¿Te has masturbado pensando en él?_

_No….. pero….me he tocado un par de veces y me he mojado recordando lo de esa noche_

_ ¿Así que se te mojado el chocho pensando en ese viejo?_ dije y metí las manos bajo sus bragas.

Ella me miró implorante.

_ ¿Se te ha mojado el chochete zorrita? Estás que te mueres por qué te folle de nuevo ¿No es verdad?_

_Si….._

Le había metido ya dos dedos dentro de su coño, estaba empapada.

_Anda córrete pensando en él y mírame…no dejes de mirarme_

Estábamos de costado en la cama, uno en frente del otro.

Ella me miraba suplicante y cachonda, mientras yo penetraba su coño ensopado ya con tres dedos.

_Es que amor….me encantan sus…manos….me vuelven loca_

Le estrujé una tetaza por sobre la camiseta

_Ya eres su puta, te va a follar cuantas veces quiera o a lo mejor ya se cansó de ti ¿Quién sabe? Tal ver eres demasiado puta y guarra hasta para él_ le dije enardecido

_Ay Carlos…Carlos…_ dijo ella y cerró sus piernazas sobre mi mano, puse un par de dedos en su boca, mientras la seguía masturbando y entonces se corrió cerrando los ojos.

Luego ella me hizo una mamada y me corrí en su boca.

En el baño pensaba que había sido tremendo tenerla así de entregada y dominada, siendo como una especie de médium de Luis, es decir había sido él a través de mis manos quien lo había hecho.

Nos dormimos abrazados y felices, hasta cierto punto.

El martes nada pasó, pero el miércoles al regresar del hospital me encontré que Amaia, nuestra canguro, estaba con la niña. Fernanda la había llamado durante la tarde.

Luego de un rato recibí un mensaje de mi esposa.

Había ido a visitar a Amelia a la clínica.

Pero pasaron dos horas más, sin noticias de ella.

Me asusté por si le había sucedido algo, pero era obvio que solo podía estar follando con Luis.

Otra vez esa punzada dolorosa y placentera al mismo tiempo.

Por suerte, jugar con la niña, prepararle y la cena y acostarla me distrajo de todo eso, en la medida en que fue posible.

Dejé la cena preparada para comer juntos y me serví una copa.

En esa soledad tranquila pude relajarme y dejar volar la imaginación.

Cada escena que pasaba por mi mente me provocaba ese dolor que sentimos al tocar con la lengua un diente que duele o una llaga dentro de la boca, no podemos dejar de hacerlo, una y otra vez.

Hasta que escuché la llave en la puerta.

Fernanda tenía un traje con falda por encima de la rodilla y blazer, zapatos de tacón y medias.

Dejó caer la cartera pesadamente en el sofá.

_ ¿Todo bien con Sol?_ preguntó

_Si, ya la he acostado ¿Has cenado?_

_No…… me muero de hambre ¿Qué hay de comer?_

_Hice arroz con setas y ensaladilla de bonito y tomate_

_Que bueno, voy a ver a Sol_

Preparé los platos sobre la barra del desayuno, aquella de tantas veces con Aitor.

Escuché voces, seguramente la niña se había despertado al escuchar a su madre.

Me asomé a la habitación.

Fernanda estaba sentada al borde de la camita de la niña, imponente con su falda corta y sus tacones, le hablaba en voz baja a nuestra hija quien la miraba arrebolada y adormilada, tenía sus pequeñas manitas en las manos de mi esposa.

Fernanda sonrió y le toco la punta de su naricita con un dedo.

Volví a la cocina y saqué el vino blanco del frigorífico y puse un plato en el micro hondas

Fernanda regresó, se había quitado el blazer. Le ofrecí una copa de vino

_ ¿Brindamos?_ le dije

Ella me miró muy serena, en su rostro había huellas de fatiga.

_ ¿Estás bien amor?_ dijo

_Claro ¿tú estás bien?_

_Supongo que si ¿Por qué brindamos?_

_Por habernos quitado este peso de encima, ya eres la amante oficial de Luis ¿O me equivoco?_

_Ven aquí_ me dijo con la copa en la mano

Fui hasta ella, otra vez su boca estaba tibia, suave y blanda, su perfume era exquisito, el canalito de sus tetones bajo la camisa de seda era exquisito, el vino estaba exquisito también.

“Me llamó a la tarde, ya sabes lo ansiosa que estaba esperando esa llamada, me preguntó si quería ir a ver a Amelia, se ofreció a llevarme.

Me pasó a buscar en el coche, es una cochazo, un coche imponente, típico de estos tipos, su esquema corporal continúa en su coche.

Nos dimos un pico suave en los labios, todo muy natural, él estaba de traje, un poco desaliñado, la ropa le queda mal a pesar de ser costosa, como si se la hubiese probado a la apuradas.

Hablamos muy normal, sobre cómo me había ido en la consulta, él me contó algo acerca de un contrato importante que estaba firmando.

_No te quedes mucho, niña, quince minutos, no puede prestar mucha atención y se cansa la pobre, te espero aquí_

Ya sabes cómo son esos lugares, era un lugar caro pero aun así son tan tristes, tan tétricos, últimos depósitos donde van a parar los que se han desenganchado del tren de la vida.

Me condujeron por un largo pasillo alfombrado, por lo que vi estaba en una habitación individual, ella estaba sentada en un sillón mirando televisión, un programa de preguntas y respuestas.

Su cara totalmente inexpresiva. Estuve a punto de llorar, hacía dos años que no la veía.

La recordaba como una mujer bella, elegante, siempre impecable.

Estaba vestida con un camisón de encaje y una bata cerrada, chinelas en los pies. El rostro ajado sin maquillaje, el pelo mal teñido de rubio, con muchas canas emergiendo.

Me miró sin verme, de pronto pareció notar mi presencia.

_ ¿Que buscas niña?_ dijo

Me chocó que me llamara “niña” como lo había hecho Luis.

_Hola Amelia, soy Fernanda tu terapeuta_

Se giró un poco más para verme mejor, noté que estaba muy flaca.

_Fernanda ¿teníamos sesión?_ exclamó y una cierta sonrisa apareció en su rostro.

_No, vine a verte, para ver cómo estás, como amiga_

_Oh que buena eres, ven_ dijo, acerqué una silla, me senté a su lado, me cogió una mano y me la sostuvo sobre su regazo, su mano estaba fría.

Continuó mirando televisión sin hablarme, a veces giraba la cara y me sonreía. Con una sonrisa que era más una mueca que otra cosa.

_ ¿Estás bien aquí?_ le dije

_Si…son muy buenos aquí_ dijo sin mirarme

No sabía que decir, tenía un nudo en la garganta.

_ ¿Has visto a Luis?_ me dijo

_Si…._

_Es un hombre muy bueno…_ acotó

Quedé sorprendida, pero era claro que la conversación no tenía ilación ni sentido

_ ¿Te visitan tus hijos, tus nietos?_

Asintió con la cabeza, se llevó una mano escuálida a la frente

_ ¿Has visto a mi esposo?_ volvió a preguntarme

_ Sí.……le he visto hoy_ dije

_Se buena con el……es un hombre muy bueno_ me dijo casi susurrando, siempre mirando el televisor

Te imaginas que yo estaba destrozada, totalmente confundida y sentía culpa, angustia y deseos de irme de una vez y a la vez de quedarme horas con ella.

Se encerró en un mutismo y ya no hablamos, soltó mi mano suavemente.

Cuando se cumplieron los quince minutos, me levanté de la silla, le di un beso en la escuálida mejilla y me marché. Fui llorando por ese pasillo hasta la salida, antes de salir traté de arreglarme el maquillaje.

_ ¿Cómo la has encontrado?_ me dijo Luis, estaba muy serio, casi conmovido también.

_Bien, está bien_ mentí

_Vamos a tomar una copa ¿te apetece?_ dijo

Fuimos a la Castellana, cerca de Chamartín creo, a un bar muy pijo, lleno de ejecutivos tomando tragos y hablando fuerte. Era un contraste necesario y se lo agradecí por dentro a Luis.

Habíamos metido el coche en un parking y fuimos andando, tomados de la mano, como una pareja cualquiera.

Nos sentamos en unos pequeños sillones en forma de cubos, crucé mis piernas, él tocó suavemente mi rodilla, creo que me recuperé un poco recién cuando bebí el primer sorbo de gin tonic.

_ ¿Estás bien?_ dijo él

_Si…si_ asentí con la cabeza también, como reafirmando que estaba bien realmente.

En eso apareció ese tal Felipe que estaba en el restaurant la otra noche, se inclinó para darme dos besos en las mejillas, su mirada se perdió en mi escote.

Se sentó con nosotros, hablaba con Luis acerca de un negocio, creo y no paraba de mirarme las piernas.

Luis volvió a colocar una mano sobre mi rodilla, miré sus dedos cortos y gruesos hacer contacto con la tela oscura de la media, me estremecí, pero lo necesitaba.

Necesitaba aturdirme para dejar de pensar en Amelia.

Luego se pusieron a hablar de fútbol, así como lo oyes, yo pintada por supuesto, hablaban de un jugador argentino también, como un guiño cómplice hacia mí.

_Oye Fernanda ¿Cómo decís vosotros cuando alguien es muy chulo?_ dijo Felipe

_Canchero, cancherito _ dije

_Eso, este tío es un canchero de los cojones, no lo quiero en el Madrid ni en figurillas_ le dijo a Luis.

Luego se marchó.

_ ¿Vamos cariño?_ me dijo Luis

Salimos a la calle, él tomándome de la cintura, entonces me besó, ambos de pie, su boca tenía ese aliento a Whisky, pero en fin, sentía deseos y cierto nerviosismo también, estaba claro que íbamos a follar.

Quería no pensar en Amelia pero a la vez la sensación de haberla visto y la de Luis tomándome de la cintura, caminando por el parking se mezclaban como una misma cosa.

Mis tacones resonaron con ese eco tan característico de esos lugares.

Volvimos a besarnos de pie cerca de su coche, debí inclinarme para hacerlo, metió una mano bajo mi falda y estrujó mi culo con fuerza.

_Tienes un culazo y unas piernas cabrona_ dijo y entonces volví a encenderme como la noche del sábado.

Su mano tocó la raja del culo y siguió camino palpando mi coño, estaba humedecida en un santiamén.

Me giró hacia la pared, levantó mi falda, yo parada sobre mis tacones, mi falda quedó enrollada en mi cintura y el blazer sujeto por ella, llevaba puesto un liguero, como todos los días de esta semana, como esperando ese momento.

Puse las palmas de las manos sobre el muro.

Me bajó el tanga y se lo guardó en el bolsillo del saco.

_ Mírame _ me dijo.

Giré mi cara y me sacó una foto con el móvil

Luego me envió esa foto así que la podrás ver. Parezco una auténtica puta, marcando culo con esos tacones, las piernas separadas con esas medias oscuras y el liguero, el chocho esperando su verga, mi concha mojada, transpirada y excitada”

_Joder amor, me cago en su puta madre_ dije

Fernanda me besó y me masturbó furiosamente.

Estábamos en la cama, desnudos.

_ ¿Te folló entonces?_ dije

_” No, no me folló, me reventó la concha, me destrozó el coño, hizo que me inclinara y me cogió a lo bestia. Con las manos sobre esa pared mugrienta

Esta vez, no si por la posición o qué pero sentía su verga enorme y dura como una estaca, comencé a gritar tan fuerte que me tapó la boca con la mano mientras me follaba.

Entonces fue peor porque el contacto de la palma de su mano amordazándome, me volvió loca y acabé como una yegua en nada.

Escuchamos unas voces de gente que se aproximaba, él mismo me bajó la falda, así en forma desprolija y fuimos al coche.

Nos volvimos a besar dentro del coche, yo miraba su nariz ganchuda, sus ojeras, su calva sebosa y pensaba ¿Por qué me calienta tanto este tipo?

Y si, son sus manos y su chulería, pero me di cuenta que lo que me calienta es lo prohibido de todo esto, lo que está mal, de que sea el marido de Amelia.

De que estuviéramos garchando después de haberla visitado en la clínica

Se la chupé como una desesperada en el coche, él con una mano en el volante y la otra acariciándome el pelo y la nuca, levantándome la falda y dándome un chirlo en el culo también de vez en cuando.

Acabé con su pija en la boca, me corrí otra vez con su polla en la garganta”

_Joder amor, no puedo más_ dije

Fernanda aceleró la paja que me estaba haciendo y me desintegré en su mano.

Volví del baño, ella sonreía, cansada y con cierta tristeza

_Creo que todo esto no da para más, lo voy a dejar, es doloroso para mí, no es justo con Amelia, es mancillar la humanidad de una persona, lo que queda de ella al menos_

_ Sí, es verdad, debes dejarlo_ dije yo con cierto alivio

_ ¿Quieres ver la foto?_ dijo Fernanda

Allí estaba con cierta cara de temor, la poca luz, como una gacela sorprendida en mitad del bosque, de noche, enceguecida y paralizada por la luz de las linternas.

El hermoso y portentoso culo, la blancura de sus nalgas contrastando con las medias oscuras, el liguero que le daba ese aire de puta barata. Las delicadas y largas manos sobre el muro grasiento y el tanga mojado en el bolsillo del traje de Luis.

_Se corrió en tu boca ¿no es verdad?_

_Si, fue una acabada abundante, hizo que se la muestre en mi lengua, antes de tragarla_

_ ¿Qué gusto tiene su semen?_

_Asqueroso, agrio y amargo, casi ácido te diría_

_ ¿De verdad vas a dejarlo?_

_Si al menos eso espero, antes de que todo se vuelva más sórdido de lo que es_

_ ¿No estás completamente segura?_

_ ¿Tienes miedo de que me enganche con él?_

_Si….._

_Que boludo que sos amor…como te conozco…..primero haces los quilombos y después te asustas de lo que vos mismo provocas_

_Bueno…pensé que podía ser morboso, el perfil psicológico del tío, pero después resultó una máquina de follar el hijo de puta_ dije

_Que bien te los elegís turrito, bueno ahora no te quejes_

_ ¿Y después? porque me parece que el tiempo no me da, después pasó algo más_

_Después fuimos a un hotel, ¿Querés que te cuente?_

_ La madre que me parió_ dije

_Después me recontracogió, me volvió loca en la habitación de un hotel de ahí cerca ¿Querés que te cuente o no? cornudo, pajero de mierda_ dijo ella entrecerrando los ojos, súbitamente cruel.

Sentí su lengua serpentear en el lóbulo de mi oreja

Miré con desesperación a mi esposa, su mano envolvía mi polla, erecta ya otra vez.

Continúa en