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Mía por despecho (Capítulo 4)

Eva sabe que el celos es el arma más afilada de Gonzalo, y esta noche decide empuñarla con la boca. Le ofrece libertad a cambio de placer, sabiendo que él no podrá resistir la tentación de verla con otros. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar para no perderla, o para perderse a sí mismo?

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Capítulo 4

El viernes me levanté temprano para desayunar y acudir a mi negocio, donde tenía que seguir tomando decisiones para que no se notara mi ausencia en los viajes, ya que de momento no pensaba realizar ninguno más hasta que no me aclarara en algunos temas que tenía pendientes.

El primero y principal sería aclarar con mi esposa lo que haríamos en un futuro inmediato e incluso a más largo plazo y en segundo lugar, quería dar con los dos delincuentes que agredieron a mi mujer, después de terminar de emborracharla y drogarla. No esperé mucho y en cuanto tomé las decisiones pendientes en mi negocio y calmé a alguna que otra moza por teléfono, cogí el coche y me dirigí a la parada del autobús donde el cabrón de Raúl abandonó mi mujer a su suerte.

Siguiendo el relato de Eva, me situé a la altura de la marquesina y avancé despacio buscando una salida a la derecha con bastantes árboles y no di con ningún desvío que se acercara a lo que me describió ella. Entonces repetí varias veces el recorrido y me fui saliendo uno por uno por todas las salidas a la derecha y a la tercera fue la vencida, esa salida tenía bastantes curvas, subidas y bajadas, hasta que pude contemplar el bosque que tenía casi delante de mí al salir de una de esas curvas. Luego seguí todo el trayecto hasta el final sin dejar de observar todo lo que se pudiera asemejar a un taller, pero tampoco veía nada que se le pareciese. Estaba claro que esa salida no era la que tomaron aquellos desalmados y lo tuve que dejar pendiente hasta el lunes en que volvería a investigar las siguientes salidas.

Me fui a comer a casa y allí me estaba esperando Eva que había preparado un puchero andaluz, con pringada y todo eso como a mí me gusta. Luego nos tomamos un cafelito ya sentados en el sofá del salón y una copa de brandy para completar la comida. Ahí fue cuando Eva volvió a las andadas dándome unos buenos besitos por el cuello y la oreja, terminando por darse un atracón con mi boca, mientras me sobaba el bulto que se marcaba en el pantalón.

-Vas a hacer que pierda el poco juicio que me queda, -le dije con una sonrisa.

Mientras seguíamos con el morreo, le iba dejando las tetas al aire y le subía esa minifalda para calentarme con el triángulito que se dejaba ver en su pubis, por ese tanga negro que se sostenía por unas cintas del mismo color y que eran una verdadera provocación para cualquier ser humano que se precie.

-¿Sigues pensando en que sería bueno que nos fuésemos de cena y de copas esta noche? -Me preguntó cuando ya tenía mi rabo bien cogido.

-Claro que sí, mi amor, ufff... que bien me pajeas guarrilla.

-Si quieres me voy de chicas con mi amiga Rocío y las otras. -Me dejó ojiplático con su oferta.

Iba a responderle, pero me tuve que contener al ser víctima de un buen chupetón en todo mi rabo.

-No hemos hablado todavía sobre lo que vamos a hacer de cara al futuro. -Le advertí, sonando muy seria esta advertencia.

Ahora se tragó más de la mitad de mi polla y me hizo unos círculos con la punta de su lengua en mi capullo, todo por dentro de su boca. Luego de profundizar algo más en su mamada, se la sacó para poder hablar.

-Raúl me ha enviado un mensaje para pedirme que vaya esta noche a la discoteca porque tiene algo que decirme. -Me aclaró.

Dicho esto, volvió a meterse el cipote en la boca, ahora subiendo y bajando la cabeza con mucha determinación, más bien diría yo que para ponerme a punto de explotar en una buena descarga.

-Deja de chuparme la polla, so puta, que como sigas así vas a hacer que me corra.

-¿Prefieres follarme? -Me ofreció el caramelo, pero siguió con la tarea que tanto le gustaba.

-Espera, joder, Eva que estoy que no aguanto... ufff...

-¿Me vas a dejar ir con Rocío? Dime que sí y te hago acabar en mi boca.

¿Pero qué coño me estaba proponiendo mi esposa? ¡Joder! Qué gusto... uhmmm... qué rica mamada me estaba haciendo...

-¿Es solo hablar con él? -Le pregunté en un esfuerzo porque ella estaba arreciando en el chupeteo.

-Seguro que sí, ¿Qué si no? -Me respondió con nada que la comprometiera.

-Lo mismo se va con una de tus amigas, parece que la Reme le gusta mucho... afloja un poco que ya no aguanto más... ufff...

-Qué cabrón eres, sé lo que hablaste con Raúl el otro día, también me ha dicho esta mañana que estuvisteis a punto de pelearos. ¿Me dejas ir y hago que acabes en mi boca? -Volvió a proponerme y yo ya no aguantaba más.

-Si me prometes que no vas a ser mala, te dejaré que vayas, prométemelo. -La acucié porque ya estaba a punto de estallar.

-Claro que sí. -Me dijo arreciando en la masturbación al tiempo que volvía a chuparme con casi toda la polla metida en su boca.

-Uhmmm... joderrr... qué gozada... toma putaaa... traga cabronaaa... uhmmm...

Esta vez le solté medio litro de leche sabiendo que me había manipulado para que la dejara irse con su ex-novio y actual amante, con el que seguro que se iba a echar unos buenos polvos esa noche. No había que hablar nada más sobre nuestro futuro y la próxima semana me iría de viaje para veinte días por lo menos, a tomar por culo nuestro posible acuerdo de mayor prudencia en nuestras relaciones.

Cuando me recuperé de la corrida, le dije que me iba a arreglar para echar la tarde con mi amigo Carlos, pues todavía no nos habíamos tomado ni una cerveza desde el día de marras.

-¿Te ha molestado que te pidiera ir con Rocío esta noche? -Me preguntó algo confusa por mi reacción.

-Sabes que no vas con Rocío, -le respondí-, y seguro que vas a volver menos decente de lo que te vas. Tú sabrás lo que haces, cielo. -Le respondí subiendo a nuestro dormitorio para arreglarme y largarme de mi casa y sobre todo del lado de mi mujer.

Tal como había planificado, quedé con Carlos para tomar unas cervezas, cenar y luego irnos a un garito en un municipio cercano, pero en el que estaríamos seguros de que nadie conocido nos iba a importunar y si me encontraba con alguno, me daba exactamente igual. Reconozco que me sentía un poco cabreado por el encuentro de mi mujer con el hijo de perra ese.

A Carlos casi estuve a punto de mandarle a la mierda cuando insistió en que mi mujer seguía estando buenísima y hasta me dijo, entre risas, pero me lo dijo, que la próxima vez que coincidiera con ella le iba a tirar los tejos.

Al final terminamos echándole unos polvos a dos chicas que habían salido esa noche a lo mismo que nosotros. Pero terminamos pronto, porque yo quería saber cuando y en qué estado regresaría mi esposa a casa.

Llegué a las dos de la madrugada y Eva no había vuelto aún. Me quedé esperándola en el salón tratando de no dormirme y pude comprobar que eran las tres y media cuando llegaba a casa. Lo hacía además con los tacones en la mano derecha y el bolso en la izquierda. Cuando entraba al salón encendí la luz y se quedó pasmada al verme allí sentado con cara de pocos amigos. Encima sus movimientos eran torpes, dejando bien claro que venía algo borracha, despeinada, el sujetador asomando por el bolso y la camisa mal colocada.

-Está claro que al final sí que habéis hablado y al parecer acabando por hacer las paces después de la bronca de aquella noche.

Ella dejó caer las sandalias y el bolso en el butacón y vino a sentarse a mi lado intentando echarme los brazos al cuello, pero yo me retiré lo suficiente para que no lo lograra.

-¿Qué te pasa conmigo, cielo? -Solo hemos hablado y hemos bebido unas copas. No ha pasado nada, mi amor. Dame un beso, anda.

-¿Y el sujetador te lo has quitado por el calor que hacía en la discoteca? -Le repliqué.

-Bueno, me lo he quitado hace un rato porque me daba picor y encima no me he abrochado bien la camisa. Oye que Raúl se fue después de hablar menos de media hora conmigo. El cabrón se largó con Lola, otra puta de la pandilla.

-Entonces ¿Porqué has regresado tan tarde? -Quise saber.

-He estado hablando con Rocío hasta hace un rato, de verdad que no ha pasado nada. Ella va ahora camino de su casa en el taxi que me ha traído aquí. Espera que la llamo.

Cogió su móvil y la llamó con el manos libre activado y pude comprobar que todavía iba en el taxi que la llevaba a su casa.

-¿Ves? Qué mal pensado eres, hijo. -Me acusó-, No te niego que he bailado un rato con Martín y que además quería que nos fuésemos a pasar la noche por ahí, pero solo he estado un rato con él en la calle mientras se fumaba un cigarrillo y me daba unos cuantos besos de nada, cielo.

Otra vez se acercó a mi lado con intención de meterme mano y esta vez la dejé, sabiendo que de esa manera me iba a contar algo más de lo ocurrido esa noche.

-¿Ahí fue donde te llegó a picar el sujetador? -Le pregunté.

Ella se pegó una carcajada y se tiró encima mía para apretarse contra mí.

-Qué gracioso eres, mi vida. En realidad me lo he quitado cuando estaba en la calle con Martín.

Ahora ya me estaba frotando la polla por encima del pantalón y en un esfuerzo logró colocarse a horcajadas sobre mí. Al momento me bajó la cremallera y ya me tenía la polla por fuera, restregándosela por la raja del chocho una y otra vez.

-¿Me follas, cielo? Estoy muy perra esta noche.

-¿Y para qué coño te citó Raúl? De qué te quería hablar esta noche.

-¿De qué va a ser? -Me respondió enseguida-, quería llevarme a un hotel y yo le he dicho que no, entonces se ha ido con la puta esa después de mucho insistir.

-¿Porqué se lo has negado? Supongo que sigues cabreada por lo de la otra noche.

-Claro que sigo cabreada, eso no estuvo bien, si va de pareja conmigo no tiene porqué morrearse con Reme, pero le he dicho que no porque nosotros tenemos que hablar primero sobre lo que vamos a hacer de aquí en adelante.

Acababa de decirme eso y ya se estaba empalando a sí misma con mi vergón que estaba que explotaba. Al momento se puso a cabalgarme tan torpe como llegó a casa por lo achispada que venía y no tuve más remedio que darle la vuelta y echarla en el sofá para ponerme encima de ella y volver a metérsela hasta los huevos.

-¿Sabes que Martín quería traerme primero a casa esta noche? Pensaba que tú estabas de viaje como siempre.

-¿Lo has traído aquí también a él? -Le pregunté arremetiendo con un fuerte pollazo.

-Aaaggg... ¿Qué me haces cabrón? A Martín no... bueno una vez me lo hizo en la entradita, pero de ahí no le dejé pasar después de correrse, cielo. Vamos que aquí en la casa ni llegó a entrar.

-Tú me dijiste que con los otros que no fueran Raúl o Vicente nunca ibas sola.

-Y no iba sola esa noche, pero él no pasó de la entradita, ya te lo he dicho y Rocío se volvió con él a su casa donde la esperaba su marido.

-¿Hicieron un trío? -Me sorprendí mientras le atizaba una nalgada porque se estaba quedando dormida.

-¡Eh...! Esto... sí, a Quique le gustan los tríos, pero de tarde en tarde, tampoco es que lo haga cada semana, aaaggg... qué manera de follarme, cielo, eres el mejor de todos...

-No me compares más con los demás que te has follado, joder Eva, que me cortas el rollo.

-¿Seguro? Pues parece que la tienes más dura desde que te he hablado de Martín. De todos modos que sepas que aunque se corre mucho, tampoco la tiene como tú, perdona, cariño, otra vez te he vuelto a comparar con otro, pero Martín no importa, ya sabes.

No, no sabía nada, pero me estaba enterando de algunas cosas que ni imaginaba. Mi mujer se había echado un polvo con Martín en nuestra casa, porque la entradita como decía ella, también pertenece a la vivienda y encima a Rocío y Quique también le iban los tríos. Me estaba distrayendo y Eva seguía quedándose dormida, así que después de un último cachete subí el ritmo de las penetraciones y nos corrimos los dos como cosacos. Después ya no se recuperó, porque directamente se quedó frita y la tuve que subir en brazos a nuestro dormitorio.

El domingo se despertó algo agobiada porque no recordaba muy bien lo que me había dicho la noche anterior y yo no tuve ningún problema en detallarle todo lo que me contó. No le gustó nada que yo supiera lo del polvo en casa de martín y los tríos de su amiga Rocío con su marido y Martín o cualquier otro, que vete tú a saber. Después del almuerzo quiso que hablásemos de cómo íbamos a proceder en el futuro inmediato, no sé si para aclararse antes de volver a follar con sus amigos más habituales.

Allí en el salón y nuevamente con unas copas de licor, iniciamos la conversación que teníamos pendiente.

-Primero dime tú qué es lo que prefieres, -le ofrecí-, hazlo sin ningún tipo de pudor, ya sabes que después de lo que hemos hecho los dos, eso no viene a cuento.

-No lo tengo muy claro, ojalá fuésemos capaces de dejarlo todo y dedicarnos a nosotros mismos de aquí en adelante.

-Si tú me lo pides, te juro que lo intentaría y si alguna vez cayera, te lo contaría ipso facto, pero al parecer y según tus propias palabras no lo tienes muy claro.

-La verdad es que no, anoche me costó mucho trabajo no irme primero con Raúl y luego con Martín, aparte de otros que también nos dieron la tabarra en la discoteca, ya sabes.

Esa coletilla de “ya sabes” me dejaba perplejo siempre que la usaba, porque casi nunca sabía de qué se trataba y en esta ocasión, tampoco.

-Osea que quieres tener libertad para follar con Raúl, Vicente y Martín, más otros que te vayan saliendo.

-No sé, mi amor, lo dices así de una manera que me dejas muchas dudas. Verás Raúl y yo siempre nos hemos tenido muchas ganas, por otro lado Vicente es muy cariñoso con todo el mundo y mucho más conmigo y Martín es un sol con el que nos gusta repetir tanto a Rocío como a mí. Esa es la verdad y me has dicho que no te la niegue.

-Pues nada, seguimos así y ya está. Yo con mis clientas y tú con tus amigos. Esta misma semana retomo mis funciones habituales y vuelvo a programar los viajes como siempre. No se hable más. Sin enfados y sabiendo los dos lo que hay, si algún día dejamos de estar de acuerdo, nos separamos y quedamos como dos buenos amigos. ¿Te parece bien?

-No sé Gonzalo, cielo, es que yo solo te quiero a ti, mi vida, lo otro solo es sexo y algo de empatía con ellos.

-De eso no tengo ninguna duda, mi amor. Por supuesto que yo también te quiero solo a ti, pero no te niego que follarme a las dos hermanas me da mucho morbo y tampoco quisiera prescindir de hacerlo con esas dos en una misma cama. ¿Sabes que cuando follo con Charlize el marido me chupa la polla? Sí, Sterling, el que luego nos hace los pedidos.

Eva soltó una risotada y buscó trabajarme la polla nuevamente y no le puse ninguna pega porque ambos estábamos muy calientes. Cuando ya nos encontrábamos desnudos en el sofá, fue cuando me lo dijo.

-¿Quieres ver un vídeo de Raúl y yo follando? Es muy breve, lo hicimos con mi móvil y solo lo tengo yo.

-No sé... ¿Es muy fuerte? A ver si me cabrea. -Le dije.

-No, cielo, bueno sí que es fuerte porque se ve claramente como me folla, pero no te preocupes que mientras lo ves, yo te voy calentando y en vez de darte un cabreo, te dará un morbo tremendo. Espera, -me dijo y se hizo con el móvil que estaba en la mesa del salón-, mira ya lo tengo, dale al play cuando yo te lo diga.

Entonces me cogió la polla con la mano derecha que era su mano buena y comenzó a masturbarme con mucha animación y cuando llevaba un minuto más o menos me dio el ok para darle al play. La obedecí y de inmediato pude ver como esos dos guarros se iban besando en nuestro dormitorio primeramente vestidos y poco después cambió la imagen y ya estaban haciendo lo mismo pero los dos desnudos y encima de nuestra cama.

-Fíjate en su polla, -me decía-, no es tan grande como la tuya, pero tampoco es que sea pequeña. ¿Te has fijado?

-Espera, afloja un poco, -le pedí porque con ese ritmo me iba a correr en menos de un minuto-, se te ve muy entregada en esos besos, bueno y a él también.

Otra vez cambió la imagen de repente y ahora ella le ofrecía su coño con las piernas muy abiertas y Raúl comenzó a comérselo con muchas ganas, pero el plano cambió nuevamente y ahora ella se estaba corriendo, aunque la imagen estaba un poco movida y no se percibía tan nítida como antes, totalmente justificado porque el móvil lo tenía ella en sus manos.

-Joder Eva, joder, menuda corrida te has pegado en ese momento. -Le comenté dejando el vídeo en pausa para no perderme el resto.

-¿Has visto? Siempre me lo comía muy bien y al cabrón no se le había olvidado después de esos años. Las sábanas son las mismas que tenemos hoy en nuestra cama. Vámonos arriba para que las puedas ver.

Cogiéndome de la mano me llevó hasta arriba donde quitó la colcha y echó la sábana de arriba hacia los pies.

-Sí, ya veo que son las mismas. -Le confirmé.

-Cuando terminamos siempre las pongo en la lavadora, ya verás como quedan al final del vídeo.

Ella me colocó ahora de espaldas al cabecero y pegando su espalda a mi pecho, se elevó sobre mi polla y se la metió de una sola sentada hasta los huevos y yo con el móvil delante de los dos, le volví a dar al play.

Eva estaba acabando su corrida y ahora las imágenes no se movían. Después volvió a cambiar el cuadro que mostraba el vídeo y era ella la que se afanaba en comerle la polla, también como no con muchas ganas de hacerlo bien y lo más profundo que podía, llegando casi a metérsela entera.

-Raúl no se corre ahora, lo hace luego cuando estamos follando. -Quiso avisarme para que no estuviera pendiente de unos lechazos en su boca.

Todavía siguió unos segundos más antes de cambiar de nuevo el plano donde se veía nítidamente la polla de él toda erecta, rozando la raja del coño de Eva una y otra vez hasta que por fin la colocó en su sitio y con un leve empujón, le coló primero el glande y luego de una parada, el resto de la polla hasta el final.

-Para, para, -me pidió mi esposa al tiempo que también paraba ella su cabalgada-, dale un poco hacia atrás, no veas como me encanta ver una y otra vez como me entra su polla. ¿Te gusta?

-No está mal, -le respondí jodido por tanto entusiasmo-, la de pajas que te habrás hecho mirando ese momento.

-Pues sí, no lo sabes tú bien, venga, repítelo otra vez y déjalo que siga hasta el final, ya le queda muy poco.

Lo repetí varias veces y tengo que reconocer que me daba mucho morbo ver como entraba esa polla en el coño de mi mujer. Luego le di al play y continuamos viéndolo tranquilamente mientras seguíamos con nuestra cabalgada particular.

Hubo un par de cambios más con nuevas posturas y un segundo orgasmo de ella, hasta que finalmente él se corrió pajeándose unas pocas de veces apuntando a la mejilla de mi mujer que se vio muy guarra con toda esa lefa en la cara y un cuajo en su ojo izquierdo, también dejaron las sábanas para el arrastre. El vídeo acabó inmediatamente y no tuve otra que dárselo a mi esposa que lo depositó en la mesita de noche.

-¿Te ha gustado verlo? -Me preguntó mientras arreciaba en sus elevaciones sobre mi rabo-, yo me he puesto a mil, qué gusto me dio el cabrón.

-No ha estado mal, a saber que más tienes guardado en tu móvil, putita.

Ella estaba a punto de correrse, pero tuvo el aplomo suficiente para soltar unas risillas cuando le mencioné esto último.

-Mañana otro, -me respondió como pudo-, uhmmm... qué rico, cielo... aaahhh... no puedo másss... me corrooo... aaaggg...

Pero es que yo estaba más caliente que ella y no tuve otra que dejarme ir al tiempo que mi bella y golfa esposa se estremecía sobre mí. Después del pedazo de corrida que solté, me dio el bajón típico que hizo que se me quitara todo el morbo vivido hacía unos instantes y a cambio me entraran ganas de borrarle todos los vídeos del móvil.

-No hace falta que me enseñes más, querida, -le dije con algo de sorna-, no te niego que me ha calentado verlo, pero no quiero ver nuevamente a ningún cabrón de esos follándote.

-Eso lo dices ahora porque te has quedado sin semen en el cuerpo, pero en cuanto pasen diez minutos me estarás suplicando que te enseñe fotos y vídeos de los muchos que tengo en el smartphone.

-Deberías pasarlos al ordenador y quitarlos del móvil, imagínate que esos dos hijos de mala madre se hubieran quedado con él, lo raro es que no lo hicieran.

-Pues cómprame uno, porque en el tuyo no los voy a copiar. -Me dijo dándome un cachete en el culo.

Ambos nos dirigimos al cuarto de baño y nos preparamos el jacuzzi para darnos un baño relajante y más con las sales que ella le agregaba.

-¿Cuando vas a reiniciar tus viajes? -Me preguntó.

-No sé, tengo que hablarlo con el que me ha sustituido y con mi secretaria que es la que me los planifica, pero no quiero hacerlo hasta después de esta semana.

-¡Ah... ya! -Exclamó sorprendida-, creí que te irías esta misma semana.

-¿Pensabas hacer planes para estos días? -Quise conocer que era lo que se le pasaba por la cabeza.

-Planes no... no tengo nada preparado en estos momentos, además si tengo que verme con Rocío o con alguna de mis amigas, te lo diría y ya está.

-Igual te llama uno de tus amigos... -Le tiré el anzuelo.

-Los únicos que me pueden llamar son Raúl y Vicente, los demás nunca lo hacen, nos vemos en la discoteca o donde quedemos esa semana. Además el único con el que disfruto cuando viene es Martín.

-¿No os habéis intercambiado los teléfonos? Es un habitual tuyo según me dijiste.

-Sí, claro que tengo su teléfono, pero nunca nos llamamos, solo lo hizo una vez porque íbamos en dos taxis distintos y quería emparejarse con... bueno, que esa vez fue la única que me llamó.

-Y consiguió lo que quería me ibas a decir. No te cortes ahora después de lo que hemos acordado. ¿Tienes una foto suya? -Terminé por preguntarle porque era al único de los tres que no conocía.

Eva alargó la mano y cogió su móvil que estaba en el suelo al lado de ella y se puso a buscar, pero al parecer cuando encontraba lo que perseguía, lo desechaba porque no era lo que quería enseñarme.

-Espera, ufff... -dijo para no prolongar el silencio-, es que lo que encuentro son vídeos o fotos poco presentables, tener claro que tengo, un montón. Mira aquí tengo una, espera un poco, ya está.

Estaba claro que había manipulado la pantalla para que se viera solo la cara del Martín de los cojones y simpático también, pero no me daba el móvil, solo me lo presentaba desde su mano.

-Es muy majo el chaval, es verdad que se ve muy joven, vamos un yogurín para ti y tu amiga Rocío. ¿Puedo ver el resto de la foto? -Le pregunté.

-Salgo yo con él y estamos los dos desnudos sentados en ese sofá. Me has dicho hace un rato que no quieres ver más grabaciones de esas, por eso no la he puesto entera. -Me respondió.

-Follando no creo que estéis. -Se lo dije porque la verdad es que la sonrisa relajada de ese chico no presuponía que lo estuvieran haciendo.

-No, que va, cielo, en ésta todavía estábamos en los preliminares. Toma, verla si quieres. Terminó por alargarme el móvil que al tomarlo en mi mano se cambió a la foto siguiente y ahí sí que estaban practicando sexo, la polla de Martín dentro de su coño a medio meter, con Eva encima de su regazo y la espalda pegada al torso de él que además disfrutaba amasando sus tetas.

-Se ha cambiado al cogerlo, -le dije mostrándole la pantalla-, aquí sí que estáis follando.

Ella se llevó la mano a la boca intentando ocultar sus risas y después alargó la mano para que le devolviera el móvil.

-Ha sido por las prisas, sé que tengo varias fotos con él y algunas de mis amigas, pero es que hay tantas que no las encontraba, por lo menos te has podido hacer una idea de como es. -Terminó diciéndome al tiempo que se descojonaba de risa.

-Sí, mujer, ya solo falta que me enseñes la polla de Vicente. Las otras dos ya me las has presentado. -Ahora reímos los dos.

-Si quieres te la busco, mi amor. -Me dijo y yo le negué con la cabeza.

Pero ya la estaba buscando y en un momento me presentó otra imagen, con la polla del susodicho muy erecta y una mano de ella apoyada en su muslo a punto de cogerla.

-Pasa las siguientes si quieres, -me ofreció-, también son de la carpeta de él.

-Otro día, -le dije y le devolví el móvil- por hoy ya he tenido bastante.

El lunes por la mañana me llamó Eva al despacho para decirme que Raúl le había pedido verla esa tarde y me pedía permiso para poder hacerlo.

-¿Regresas tarde? -Quise saber.

-Bueno... él se refería a verme aquí en casa, estaríamos más tranquilos que por ahí, vete tú a saber donde.

-Oye que yo no pienso estar haciendo tiempo para volver más tarde a casa por estar el capullo ese ahí.

-No, cielo, es un rato después de comer, a las cuatro de la tarde ya se habrá ido.

-Joder, cariño, ahora estoy muy liado, de acuerdo, pero a las cuatro a la calle, ¿Vale?

-Sííí... gracias cielo, grabaré algo para que luego lo puedas ver, un beso mi vida. -Me respondió y me colgó antes de que yo pudiera devolverle otro.

De todos modos, por la tarde tenía previsto seguir buscando ese esquivo camino, el que seguro me llevaría a dar con los dos desalmados que agredieron a mi mujer.