La fiesta que lo cambió todo 4. por fin vacaciones
Con el marido enfermo y los hijos lejos, Celeste se queda sola en el mar con Sergio. Lo que empieza como una excursión náutica se transforma en una exhibición desnuda y un juego de poder donde la traición se vuelve el motor del placer.
Y por fin llegó el viernes 1 de agosto, empezaban las vacaciones y un verano más llegábamos puntuales a nuestra cita con Benidorm. Quienes habéis leído mis relatos anteriores sabéis que le tengo un especial cariño a Benidorm, ja-ja-ja. Pero ahora no era este el caso, en los últimos años veníamos alquilando un apartamento todo el mes agosto en primera línea de playa que nos viene muy bien a todos, a nuestros hijos porque se divierten mucho con su grupo de amigos de verano, a Toni porque le permite desconectar de su trabajo, y a mí porque sencillamente me encanta Benidorm, su ambiente y tantas cosas que se pueden hacer allí. Parecía que iba a ser otro verano tranquilo y relajante, pero en absoluto lo fue.
Y antes de seguir aprovecho para describir físicamente a mi marido, que para mí está muy bueno. Tiene casi 55 años (como yo) y el tío se conserva de maravilla, nadie sabe cómo lo hace pero aparenta 12 años menos. Mide 1,88 y se machaca en el gimnasio para mantenerse en forma, pelo castaño sin canas (la gente no se lo explica) y con ojos marrón claro. Vamos a lo que tiene en medio de las piernas, una picha preciosa y descapullada de tamaño medio (14’5 de largo y 12,5 de contorno) que le basta y le sobra para darme placer y unos huevos bastante gordos. Le falta culo, estaría aún mejor con un poco más de culito.
Llegamos el viernes a media mañana, tomamos posesión del apartamento, deshicimos las bolsas de viaje, colocamos todo en su sitio y fuimos al súper a hacer la primera compra semanal. Después de comer nuestros dos hijos salieron enseguida para encontrarse con sus amigos y nos quedamos solos Toni y yo en el apartamento. Yo saqué los bikinis que iba a estrenar este verano y comencé a probármelos.
«Cariño, ven a la habitación. Me estoy probando los bikinis nuevos y quiero que me digas cómo me sientan» le pedí a mi marido.
Toni entró en la habitación y me iba dando su opinión, mirándome embelesado mientras yo me iba quitando y poniendo los bikinis.
«Fantástico… de categoría… qué bien te sienta ese… te hace las tetas todavía más grandes… mira qué culito… qué buena estás…»
Me iba diciendo Toni, hasta que me puse los dos bikinis que menos me tapaban
«¡¿Al final te los has traído?! A ver, cariño, ya te dijimos los chicos y yo que esos bikinis son demasiado atrevidos, se te ven las tetas un montón, y por abajo son tan estrechos que casi parecen un tanga. Y por delante no es que haya mucha más tela… se te van a salir los pelos por los lados…»
«Tranquilo, nene, que me he recortado los pelos antes de venir, y tengo aquí mi estuche de recorte y depilación por si hay alguna emergencia capilar, ja-ja-ja…»
«Ja-ja-ja. Me parece muy bien… pero ¿en serio te vas a poner esos dos bikinis»
«¡Claro que me los voy a poner! ¿Para qué crees que los he traído? Para tenerlos guardados todo el mes en un cajón seguro que no. Además, me han costado una pasta y tengo que amortizarlos»
«¿Una pasta? Ah, sí, será por la enorme cantidad tela que han usado en su confección, ja-ja-ja. Creo que a ti y a tu “personal shopper” Maribel os tomaron el pelo en esa tienda tan “fashion”, ja-ja-ja»
«Ja-ja-ja ¡Qué idiota eres a veces! No tienes ni puta idea, aquí lo que se paga es el diseño y la originalidad»
«Todo lo que tú quieras, pero lo cierto es que tapan muy poco y vas a tener a toda la playa mirándote y babeando»
«No me digas que te vas a poner celoso ahora por un bikini… todo un marido “liberal” como tú, ja-ja-ja, que fantaseas con que soy actriz porno o que me follan los tíos en grupo…» le dije a Toni mientras le bajaba sus pantalones cortos de un tirón y, como yo esperaba, su picha estaba tiesa y dura como un garrote.
«Uy, don Celoso… una vez más tu picha te ha traicionado… dices una cosa pero en el fondo deseas la contraria, ji-ji-ji»
Le dije mientras me quitaba el bikini y me arrodillaba delante de él para empezar a chuparle la polla y a masajearle los huevos con una mano. Mis labios y mi lengua recorrían toda la polla y los huevos, besando, lamiendo y chupando sin descanso. Al final mi lengua se enroscó sobre el glande y en pocos segundos tenía a mi marido a punto de correrse en mi boca, así que me aparté y le dejé recuperarse sin dejar de pincharle.
«¿Te imaginas, cariño? Todos los tíos de la playa haciéndose pajas al verme con estos bikinis. Pero si no te gusta que los lleve, pues me los quito y me quedo desnudita en medio de los malotes…»
«¡Serás golfa!»
Gritó Toni, que me pilló desprevenida y se acercó con rapidez, metiéndome de golpe toda la polla dentro de la boca. Yo di un par de arcadas pero él me cogió la cabeza con las dos manos y empezó con el mete-saca como si se estuviera follando mi coño. Enseguida comencé a disfrutar de la follada de boca que me estaba dando mi marido y acoplé mi lengua y mis dientes lo mejor que pude para facilitarle la invasión de mi boca a la picha de Toni.
«¡Traga polla, puta, traga! ¡Te voy a dar malotes… y bikinis de zorra!»
Me decía mi marido, un marido totalmente desconocido para mí. Nunca me había llamado “puta” o “zorra” ni me había follado la boca a ese ritmo… y la verdad es que todo eso me estaba encantando, separé las piernas y empecé a masturbarme. Tenía la boca llena de babas, intentaba tragármelas todas pero la polla de Toni entrando y saliendo a toda mecha me sacaba gran cantidad de ellas, que me resbalaban por la barbilla y el cuello hasta el canalillo mientras mis tetazas rebotaban y chocaban entre ellas al ritmo que imponían las embestidas de Toni. Con el coño encharcado de flujos vaginales y la boca encharcada de babas y taladrada por la polla de Toni me pegué una gran corrida. Mis labios y mi lengua se apretaron sobre la picha de Toni y hasta tuve miedo de perder el control por culpa de mi orgasmo y darle algún mordisco.
Por fin Toni me soltó la cabeza y pude sacarme su picha de la boca y recuperar el ritmo de la respiración. Pero yo no estaba dispuesta a rebajar la tensión.
«Menuda follada de boca me has dado, nene. Te pone muy caliente pensar que soy una puta, ¿eh?... A mí también, y si yo soy una puta ya sabes lo que eres tú… un cabrón… ¡cómeme el coño, cabrón!» le dije tumbándome en la cama abierta de piernas, separándome los labios vaginales con las manos y con varios hilitos de flujo vaginal corriendo hacia abajo por mis muslos.
Pero Toni me levantó y me puso a cuatro patas sobre la cama, lista para ser follada como una perra.
«¡Que me comas el coño, cabronazo! ¡Te lo ordena tu ama!» le dije a Toni, que se había ido al cuarto de baño.
«El coño de mi ama hoy se queda sin lengua… y sin polla, ja-ja-ja» rio Toni, que había vuelto con uno de los botes de lubricante anal que estábamos usando las últimas semanas.
Me lubricó el agujero del culo, se puso lubricante en la polla y me la metió por el culo sin contemplaciones. Por suerte para mí durante estas dos semanas mi culo se había acostumbrado muy bien a ser penetrado por la polla de mi marido, así que no me dolió mucho. Y la situación me había puesto tan cachonda que realmente gozaba con ese pequeño dolor.
«¡Vamos, reviéntame el culo! ¡Es lo que me merezco por ser una puta! ¡Dame fuerte o me busco a un empotrador y te hago cornudo!» le gritaba a mi marido.
Mis palabras inflamaron a Toni que empezó a follarme el culo cada vez con más intensidad, por supuesto sin pasarse de los límites que yo le marcaba. Mis dedos se fueron hasta mi clítoris, pero él me apartó la mano y me la puso sobre una nalga, empujando hacia afuera para separarme las dos nalgas.
«¡Hoy te corres solo con mi polla dentro! ¡Ábrete bien ese culazo tragón!» me ordenó.
Por supuesto obedecí, estaba encantada con el rol dominante que había cogido mi marido y de cómo me estaba tratando. Puse mi otra mano en la otra nalga y con las dos manos me separé ambas nalgas todo lo que pude para abrir al máximo el agujero del culo y que Toni me enculara a su antojo. Yo estaba con el culo en pompa, abriéndome las nalgas, apoyando la frente sobre la almohada y las tetas aplastadas contra la cama, y Toni por detrás me daba por el culo sin compasión. Las embestidas se hicieron tan fuertes que me desplazaron hacia adelante y mi cabeza golpeaba contra el cabecero de madera de la cama, que estaba un poco suelto y a su vez golpeaba contra la pared.
«Oooohhh, sí, sí, cabronazo… me estás rompiendo el culo como nunca… sigue, sigue… me enculas de puta madre… asiiiiiii… me voy a cagar de gustooooo…» gritaba yo completamente desatada con mi cabeza golpeando una y otra vez contra el cabecero de la cama.
Entonces desde el apartamento de al lado empezaron a golpear con fuerza la pared donde estaba colgado el cabecero de nuestra cama.
«¡Ya está bien, que es la hora de la siesta! ¡Un poquito de educación, que menudo escándalo estáis armando!» nos gritó una voz de mujer muy enfadada
Eso me cortó el rollo porque nunca nos había pasado algo así. Pero a Toni le dio igual porque me cogió de las caderas y, sin sacarme la polla del culo, me arrastró hacia atrás junto con él y siguió con el mete-saca. Yo volví a abrirme el culo a dos manos y enseguida recuperamos el ritmo para seguir gozando de aquella frenética enculada, pero esta vez en modo silencioso, ji-ji-ji. A los pocos minutos tuve un grandioso orgasmo anal y silencié mis gritos de placer mordiendo la almohada. Mi marido se contagió y rápidamente me sacó la polla del ojete y se corrió resoplando sobre mi culo, frotándome y esparciéndome el semen por todo el culo con la punta de la picha y dándome fuertes palmadas en las nalgas. Primera vez que Toni hacía algo así, estaba totalmente desatado.
Yo tuve que levantarme de urgencia y pasar por el baño, la enculada había sido tan intensa y ardiente que me había revolucionado las tripas, ja-ja-ja.
«¡Joder nena, vaya manera de empezar las vacaciones! Nunca habíamos follado nada más llegar a Benidorm» me dijo mi marido.
«¡Siiii… mejor no se puede empezar! ¡Estoy cagando de puro gusto! No estaría mal mantener este nivel todo el mes, pero sin molestar a los vecinos, ja-ja-ja»
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A mí me gusta cada año probar una actividad acuática de las que organizan en Benidorm y el verano pasado ya solo me quedaban dos por probar, una era subir a una lancha que va a toda cebolla por el mar, y la otra era alquilar un barquito y navegar tranquilamente cerca de la costa, haciéndome mucha ilusión lo del barquito. Esa misma tarde fuimos al puerto de Benidorm a preguntar a las agencias que organizan actividades y, tras tantear las diferentes opciones, nos apuntamos a la lancha rápida del domingo.
El domingo por la mañana acudimos al puerto y nos dirigimos a la actividad de la lancha rápida. Antes de embarcar había una chica que se encargaba de repartir los chalecos salvavidas y de explicarnos las normas de la actividad.
«Aquí tienes el chaleco que hay que llevar puesto durante toda la actividad y, si le tienes cariño al vestido y a los zapatos, mejor será que lleves solo bañador o bikini y chanclas porque va a estar todo el rato entrando agua en la lancha y vas a terminar calada» me dijo
«Ningún problema, llevo el bikini debajo del vestido…» dije mientras me quitaba mis zapatos de cuña de esparto y mi bonito vestido de rayas y me quedaba solo con las chanclas y el bikini puesto, uno de los que menos me tapaba.
Toni se quedó guardando la cola para embarcar y yo fui a consigna a guardar nuestras toallas, ropa y zapatos. Mientras volvía a la cola me di cuenta de que la mayoría de los tíos que había por allí no paraban de mirarme, algunos lo hacían descaradamente, y la mayoría centraban sus miradas en mi par de domingas… como siempre, ja-ja-ja. Mi marido también se dio cuenta…
«¿Te acuerdas de lo que te dije que pasaría si te ponías esos bikinis?... pues aquí lo tienes… todos los tíos del puerto mirándote y babeando»
«Sí, ji-ji-ji… la verdad, no esperaba ser el centro de atención» dije un poco sorprendida
«¿Y qué esperabas? Con lo maciza que estás y vas y te pones para subir a la lancha ese bikini que lo enseñas casi todo… menuda ocurrencia…»
«Cariño, no me vengas con sermones, que ahora sé de sobra que a ti en el fondo esto te pone caliente, ji-ji-ji»
«Shhhh… que nos van a oír…»
Me sentí muy orgullosa de que todos aquellos tíos, empezando por mi marido, se me comieran con los ojos. Y no solo orgullo, también empecé a sentir un cosquilleo en el chocho, que aumentó cuando pude oír la conversación de dos chavales que estaban en la cola de al lado esperando empezar otra actividad.
«Ostias, qué buena está la rubia madura esa. Deberá tener la edad de nuestras madres o hasta más años que ellas, pero ni punto de comparación. Vaya hembra. Y debe ser bastante zorra porque, con todas las curvas que tiene, lleva un bikini que le tapa lo justo… A esta me la follaba aquí mismo» dijo uno
«Joder, tiene unas tetas inmensas, parece que se le vayan a salir del bikini. Yo también le daba polla joven a esta madura sin pensármelo. Desde luego que esta les da todo un repaso a nuestras madres y a sus amigas. Da igual que se ponga un bikini más grande, no hay bikini que pueda tapar del todo unas peras tan enormes ni un culazo así. Qué suerte tiene el hijoputa del marido de follársela» dijo el otro
¡Vaya subidón me entró… y no solo de auto estima!
Me puse el chaleco para desilusión de mi público y embarcamos junto con el resto de la gente. La actividad fue muy divertida y acabé calada de agua hasta el último pelo.
Volvimos a puerto y fuimos desembarcando y devolviendo los chalecos. Al quitarme mi chaleco no sé qué narices había pasado que los tirantes del sujetador del bikini se habían deslizado desde su sitio en los hombros hasta casi los codos, yo en ese momento estaba doblando la cintura para colocarme bien las chanclas y entonces se me salieron las tetas de las copas del sujetador. Al perder la sujeción que hacían los tirantes y empujadas por el peso de mis tetazas, las copas se habían escurrido hacia abajo, y al doblar la cintura ya no podían sujétame las domingas y allá que se me salieron todas.
Enseguida levanté el cuerpo y me di cuenta de que estaba en mitad de la zona de embarque con mis voluminosas tetas al aire, captando las miradas de la gente alrededor, que no era poca a esas horas. «¡Tierra, trágame!» pensé mientras me quitaba el sujetador del bikini para colocar las copas y tirantes en su sitio y volver a ponérmelo lo antes posible.
«Eso es el karma que te castiga por ponerte ese bikini tan golfo, ja-ja-ja» me dijo el gracioso de Toni.
«¡Serás idiota! ja-ja-ja. A que me quedo aquí en medio con las domingas al aire»
Me sentía muy orgullosa de captar tantas miradas, sentirme deseada con casi 55 años en pleno puerto de Benidorm fue todo un puntazo. Volví a sentir ese cosquilleo en el chochito que ya había sentido antes de embarcar, pero esta vez más fuerte y me lo noté un poco mojadito, y no por el agua del mar.
Puse los tirantes y las copas en su sitio y comencé a ponerme el sujetador, pero lo hice con parsimonia, acomodándome las tetas una y otra vez, como si mi subconsciente no quisiera que me las tapara.
Toni volvió de consigna, nos secamos, vestimos y salimos del puerto. Cuando pasamos por el tenderete donde alquilaban embarcaciones sin patrón, me paré a curiosear.
«Cariño, podríamos alquilar un barquito de estos y pasar la mañana navegando, ¿preguntamos aquí?» le dije a Toni
«No sé, creo que se nos va de presupuesto, solo somos tú y yo» puntualizó Toni.
«Jo, con la ilusión que me hace navegar»
«Acuérdate de lo que nos dijo Sergio el verano pasado. ¿Quieres que lo llame a ver si este verano también viene?»
«Sí, sí, porfa llámalo» dije ilusionada
Sergio es un madrileño divorciado de 42 años, propietario de un apartamento en nuestro mismo edificio. En los últimos años habíamos charlado bastante con él, pero fue en el verano de 2024 cuando hicimos amistad y nos comentó que un buen amigo suyo tiene un pequeño velero amarrado en el puerto de Benidorm y, que como Sergio tiene la licencia, a veces le deja el velero y sale a navegar. Y que nosotros podríamos navegar con él la próxima vez que se lo dejara. Lo que pasa es que el velero ya no estuvo disponible el resto de las vacaciones, pero Sergio nos dijo que al verano siguiente seguro que surgiría alguna oportunidad.
«Me ha dicho que ya está en el apartamento… llegó ayer a media tarde. Que lo avisemos cuando lleguemos y baja a saludarnos» me confirmó Toni.
Llegamos al apartamento y después de ducharnos y ponernos cómodas invitamos a comer a Sergio, que se presentó con una botella de buen vino. No había perdido nada de su encanto: un tío muy alto de 1,92 (incluso un poco más alto que Toni) y musculado, el pelo corto, arreglado y medio canoso, igual que la barba; ojos azules y una sonrisa preciosa. Vamos un tío muy bueno que físicamente no era un malote, aunque yo tenía el pálpito de que en el fondo sí que lo era.
La comida fue muy amena y divertida, Sergio también hace muy buenas migas con nuestros hijos. Y saqué el tema del barquito…
«Claro que me acuerdo, tú estabas súper ilusionada con navegar… ahora mismo llamo a mi amigo a ver cómo tiene el velero» dijo Sergio cogiendo su móvil.
«De puta madre… pasado mañana me lo puede dejar todo el día. Si os apetece podemos navegar por toda la costa de Alicante. Hay lugares preciosos, ya veréis qué chulada. ¿Os apuntáis?» dijo Sergio sonriendo
Por supuesto que Toni y yo dijimos enseguida que sí, nuestros hijos tenían otros planes con sus amigos, y quedamos con Sergio en el puerto para salir a navegar el martes temprano.
El martes me desperté pronto, nerviosa e ilusionada como una niña por mi primera experiencia de navegación. Desayuné, me puse uno de mis bikinis (esta vez el que más piel me tapaba) y encima una camisa larga playera. Estaba preparando la bolsa de playa cuando Toni se levantó con el estómago descompuesto, la noche del lunes habíamos cenado fuera y algo de lo que se pidió le había sentado mal.
«Cariño, me encuentro fatal, no estoy para navegar ni para nada. Pero no quiero que tú te quedes aquí por mi culpa… con la ilusión que te hace navegar.» me dijo Toni
«Amor… pero ¿cómo voy a irme yo sola? Ahora llamo a Sergio y le digo que lo dejemos para otro día»
«No, no. No lo llames, que igual otro día ya no puede ser. Hazme caso y sal a navegar. Y pásalo de maravilla»
«Pero tú no estás bien… y los nenes ya sabes que van a la suya…»
«No te preocupes por mí, aquí estaré bien. Además, vais a navegar cerca de la costa y habrá cobertura con el móvil. Podrás llamarme para darme mimitos y contarme cómo te va como grumete»
«Muchas gracias, cariño… es que me hace mucha ilusión. Eres un sol»
Me despedí de mi marido y salí hacia el puerto de Benidorm. Allí esperaba Sergio subido al velero, embarqué y le expliqué que venía sola. Sergio se preocupó por Toni, pero se le puso una sonrisa muy extraña.
Sergio soltó amarras y salimos del puerto, empezando la excursión por la costa alicantina. Pasamos primero por el islote de Benidorm, rodeándolo por completo, para luego visitar Altea, el peñón de Ifach en Calpe, Denia, Jávea… Yo disfrutaba como una niña de la excursión y a cada media hora llamaba a Toni para contarle lo que estaba viendo y preguntarle cómo iba su salud.
A media mañana la temperatura había subido, decidí que ya era hora de tomar el sol y me quité la camisa, quedándome solo con el bikini. Me tumbé en la plataforma de proa, me puse crema solar y empecé a tomar el sol.
«Te gusta tomar el sol, ¿eh?» me dijo Sergio
«Sí, me encanta… ¿tanto se nota?»
«Claro que se nota. Con cuatro días que llevas en Benidorm y ya estás cogiendo un buen tono de moreno… es una lástima el contraste tan grande que vas a tener con la piel blanca que tapa el bikini»
«Ya… todos los años me pasa lo mismo. Es un fastidio ponerme toda morena y luego tener las tetas y el culo súper blancos. No me gusta nada ese contraste tan marcado, no queda bien…»
«Y ¿por qué no haces topless? Así tendrías un moreno más igualado. En Benidorm lo hacen muchas mujeres de todas las edades sin ningún problema»
«Sí, ya las he visto, pero es que tengo el pecho muy grande y de siempre me ha dado apuro ponerme en topless»
«Bueno, pero aquí no te va a ver nadie. Solo estoy yo… que soy como de la familia, ja-ja-ja» dijo Sergio con descaro
Yo me reí y negué con la cabeza. Pero las palabras de Sergio me rondaban por la mente todo el rato. Tenía razón, nadie se iba a enterar si hacía topless en medio del mar y con él había mucha confianza. No me lo pensé más y me quité el sujetador, me unté las domingas con crema solar y me tumbé a seguir tomando el sol con los ojos cerrados.
Al cabo de un rato abrí los ojos y vi que Sergio rondaba por la proa mirándome las tetas sin ningún disimulo. En un primer momento me apuré, pero enseguida ese apuro fue vencido por ese cosquilleo morboso que sentía en el coño y seguí tomando el sol como si nada.
«Esas tetas ya te van cogiendo color» dijo Sergio mirándomelas fijamente
«Sí, parece que sí. La suerte que tengo es que me pongo morena rápido»
«Pues entonces deberías aprovechar hoy y poner ese culazo moreno también» dijo él con total descaro
«Claro, muy listo tú… y me quedo toda en bolas ¿no?»
«Pero que no te va a ver nadie, que aquí solo estoy yo y te prometo que me voy al timón y no te miro»
«Vaaaale… Pero quédate al timón y no mires hacia aquí»
«Palabra de marinero, ja-ja-ja»
Sergio se fue al timón y aproveché para quitarme la braguita del bikini. Completamente desnuda empecé a tostar mi cuerpo serrano al sol por delante y por detrás. Sabía que Sergio iba a hacer todo lo posible por verme desnuda y ese juego me excitaba cada vez más, tanto que algunos hilos de flujo salieron de mi chochito y mojaron la toalla.
Y no me faltaba razón porque desde el timón Sergio podía verme perfectamente. Le pillé mirándome muchas veces y, según me dijo después, le puse la polla muy dura, él no sabía qué lo ponía más cachondo, si mis enormes tetas desparramadas hacia las axilas cuando estaba boca arriba, o mis pezones tan gordos, o mi culazo redondo cuando me daba la vuelta, o mi mata de pelo oscuro en el pubis que contrastaba escandalosamente con mi melena rubia. Las ganas que tenía de follarme eran tremendas y a ratos se estuvo meneando la polla a mi salud, aunque no llegó a correrse.
Sergio viró el velero 180 grados y ahora nos dirigíamos al sur. Llegamos a la altura de Benidorm, pero no enfilamos hacia el puerto. Pasamos por Villajoyosa, Campello, Alicante y llegamos a la Isla de Tabarca.
Cada vez que había algo que valía la pena ver Sergio me avisaba desde el timón y yo me levantaba de la toalla y, completamente desnuda, recorría toda la proa para admirar las vistas. Por su parte, Sergio se dedicaba a admirar cómo me rebotaban las tetonas y el culazo a cada paso que yo daba y a acomodarse su picha dura dentro del bañador.
El día era radiante, las vistas preciosas y yo me encontraba súper a gusto. Sergio fondeó en la isla de Tabarca y me propuso comer en el velero y después seguir tomando el sol.
«Me parece una idea estupenda… el día está siendo fantástico. Primero voy a llamar a Toni a ver cómo se encuentra… igual tenemos que volver ya» dije
Me levanté de la toalla completamente desnuda delante de Sergio, exhibiéndome sin ninguna vergüenza, y me puse el bikini y la camisa delante de sus narices. Mientras me vestía, Sergio se dio cuenta de que tenía algunos hilillos de flujo vaginal recorriendo la cara interna de mis muslos y se rio con malicia.
Llamé a mi marido para preguntarle cómo estaba, y al decirme que mucho mejor ya me quedé más tranquila.
«Como hace un día estupendo hemos fondeado en Tabarca, comeremos aquí y pasaremos algunas horas más. Te lo digo porque llegaremos a Benidorm ya entrada la tarde»
«No hay problema, cariño… disfruta del viaje.»
Sergio preparó una deliciosa comida a base de marisco, pescado y vino blanco fresquito. Cayeron casi dos botellas de vino y yo acabé con una tajada considerable. Propuse echar una siesta para despejarme y Sergio me ayudó a bajar las escaleras y me acompañó al camarote. Yo llevaba puesto el bikini y la camisa larga de playa, Sergio llevaba su bañador.
«Quítate esto y podrás dormir más cómoda» me dijo mientras me desabrochaba por sorpresa la camisa, me la quitaba del todo y la tiraba al suelo, dejándome rayada y excitada a partes iguales.
Se puso detrás de mí y comenzó a acariciarme la espalda, haciéndome erizar toda la piel, luego me abrazó por la cintura, me acarició la barriguita y poco a poco sus manos fueron subiendo hasta llegar a mis tetas y empezar a magrearlas.
Yo, una vez más, era incapaz de decidirme, lo primero que me vino a la cabeza es que era una mujer madura, casada y madre, aunque después de estar toda la mañana excitada y mojada exhibiéndome completamente desnuda ante Sergio, no era muy coherente abrazarme a la moral y a los principios. Y todo el vino que había bebido aún me embotaba más la cabeza.
«Sergio, esto no está bien… somos vecinos, estoy casada, conoces a mi marido, a mis hijos…»
«Pues no parece que te hayan importado mucho tu marido y tus hijos cuando te has pasado casi toda la mañana en pelotas y sacando flujo por el coño delante de mí, ¿no?» me susurró Sergio.
Me quitó el sujetador del bikini, después se arrodilló y me bajó la braguita, sacándomela por los pies y dejándome completamente desnuda. Se levantó y comenzó a sobarme y magrearme todo el cuerpo.
Y ahí sí, ahí fue cuando comencé a reaccionar y me dejé llevar, levantando los brazos sobre mi cabeza para facilitar que Sergio me sobara a su antojo. Claro que pensé en mi marido, pero lo que me venía a la cabeza es que él se pondría caliente si pudiera verme… ¿o tal vez no? En ese momento eso ya me daba igual, había cruzado la línea roja y no estaba dispuesta a volver atrás.
Sergio seguía magreándome todo el cuerpo y se recreó sobándome el culazo, hay que ver con qué fuerza me amasaba y me palmeaba las dos nalgas. Luego me acarició la cintura por ambos lados y fue subiendo las manos hasta cogerme las tetazas por abajo, las levantó y las dejó caer pesadamente, hizo lo mismo varias veces antes de darles un magreo de antología, me las sobó y me las apretujó todo lo que quiso. Y no se olvidó de los pezones, apretándolos, dándoles pellizcos y tirones, se me pusieron tiesos y gordos a punto de reventar.
«¡Llevo años soñando con comerme ese par de melones!»
Gritó Sergio a la vez que se sentó en la cama y tiró de mis brazos para que yo quedara arrodillada sobre la cama frente a él y con mis tetas delante de su cara. Empezó a lamerme y chuparme las tetas y las aureolas como si lo fueran a prohibir, me las dejó con el traje de saliva puesto y yo estaba cada vez más caliente. Luego fue el turno de chuparme los pezones, estaba un rato succionando uno y luego cambiaba al otro y luego volvía a cambiar, pero cada vez con más ansia, como si esperara poder sacar leche de mis tetas. Los pezones se me pusieron enormes y duros como rocas.
El tremendo morbo que sentía al cometer mi primera infidelidad sumado al placer que la boca de Sergio me estaba dando en mis tetas y pezones tuvo enseguida su reflejo en mi coño, el clítoris se me hinchó provocándome continuas descargas de placer y me notaba el coño súper encharcado y mis muslos mojados.
Estuvimos varios minutos así hasta que Sergio desenganchó su boca de mis tetas y colocó su cabeza frente a la mía, sin pensármelo me lancé a besarlo. Del beso pasamos al morreo y del morreo a toda una comida de boca, cada vez más obscena y guarra, con lenguas que entraban y salían de nuestras bocas y se enredaban sin tregua y con copiosos intercambios de saliva. Mientras tanto Sergio no paraba de magrear y estrujar mis tetas y todo mi cuerpo sin descanso.
«¡Cómo te chorrea el coño! ¡Quiero probar ese caldo de gallina vieja, ja-ja-ja!» exclamó Sergio cuando sus manos tocaron mis muslos mojados de flujo vaginal.
«Vieja será tu puta madre, ja-ja-ja»
«Aquí la única puta que hay eres tú, Celeste, que te quede muy claro. ¡Una puta infiel que va a ponerle los cuernos a su marido! Vamos, túmbate en la cama con las piernas bien abiertas como la puta que eres» me dijo autoritariamente Sergio mientras me levantaba de encima de él y me tiraba sobre la cama como si fuera eso… una puta.
«Ya sabía yo que en el fondo eras un malote hijoputa, ji-ji-ji» dije muy feliz y excitada mientras me despatarraba en la cama y me separaba los labios vaginales con ambas manos.
«A ver si sabes comerme el coño como a mí me gusta. Ya te aviso que mi marido ha puesto el listón muy, muy alto» dije retándolo
«Vas a chillar de gusto como una perra cuando te folle con mi lengua, te la voy a meter hasta el útero»
Sergio metió su cabeza entre mis piernas y su lengua comenzó a recorrerme todo el coño, la movía desde el clítoris hasta el final de la raja una y otra vez, sorbiendo todo el flujo vaginal que encontraba. Me lamía el clítoris en círculos, combinando lamidas rápidas y lentas, y lo chupaba atrapándolo entre sus labios y tirando de él. Yo me deshacía de placer y mi pepitilla se hinchaba por momentos.
«¡Qué pedazo de clítoris! ¡Vaya canica que tienes ahí!» exclamaba Sergio con su barbita empapada de mis flujos vaginales.
Volvió a meter su cabeza entre mis piernas, sentí su larga y caliente lengua recorriendo todo el interior de mi coño, barriendo y tragando todo el flujo que había, intentando llegar lo más adentro posible, no sé si llegó a tocarme el útero, pero poco le faltaría. Me estaba retorciendo de placer y no aguanté mucho hasta que tuve un tremendo orgasmo. Grité de gusto todo lo que quise y mi chocho soltó más flujo vaginal de lo habitual, Sergio no le hizo ascos y se lo tragó todo, metiéndome varias veces su lengua dentro del coño como si fuera una pala para recoger todo el flujo que se había quedado ahí dentro.
«¿Qué?... ¿qué te ha parecido el caldo de esta gallina vieja?... ¿sabroso o soso?, ji-ji-ji» le pregunté a Sergio
«Joder, qué pasada… buenísimo, el flujo y el squirt… riquísimos»
«¿Squirt?... ¿el líquido ese que sale a chorros como si te estuvieras meando? Lo he visto en algún video, pero ahí tiene que haber truco, ¿no? Yo seguro que no tengo de eso… te habrás confundido con el flujo» le dije incrédula.
«He visto a mujeres en la vida real correrse a chorros y te aseguro que no hay truco. Y claro que tú también lo tienes, lo que pasa es que nunca te has parado a pensarlo, pero te juro que cuando te has corrido me has soltado chorritos de squirt en la boca, lo distingo porque el flujo sale por la vagina y el squirt por la uretra. Si te estimularas bien creo que podrías soltarlo a chorretones»
«¿Por la uretra? ¡Lo que me faltaba… mearme en la cama a mi edad! ja-ja-ja» dije cada vez más morbosa y cachonda
«Tu squirt quiere decir que has disfrutado mucho con mi comida de coño… ¿estoy a la altura de Toni?»
«Los dos me coméis el coño de fábula… pero en tu caso está el morbo extra de que no eres mi marido»
«Entonces… ¿estás sintiendo más placer porque le estás poniendo los cuernos a tu marido?»
«Está muy mal que lo diga… pero esa es la verdad… Y creo que Toni disfrutaría si pudiera vernos…» respondí sin dudarlo y sin ningún remordimiento.
Cuando dije esto las orejas le hacían palmas a Sergio… se le veía muy feliz
«Llevo años soñando con esto y por fin está pasando. ¿Sabes lo que es un corneador o un matrimonio corneado?» me dijo
«Pues no… aunque creo que me puedo hacer una idea…»
«Te comento…»
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