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El precio del alquiler (1)

Juan lleva todo el día ardiendo por la provocación de Elena y no se conforma con esperar a llegar a casa. La compra de un pequeño dispositivo en una tienda de sexo se convierte en la llave para desbloquear fantasías prohibidas y cambiar las reglas de su juego sexual.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Buenas a todos de nuevo, actualmente me encuentro escribiendo esta nueva serie de relatos pero me apetecía publicar un adelanto así que aquí tenéis el primer capítulo de esta nueva saga. Espero que lo disfrutéis tanto como lo estoy haciendo yo escribiéndola aunque he de advertir que esta saga va a tener un poco de todo, tríos, intercambios, juegos sexuales, voyerismo y una parte de consentimiento por parte de ambos personajes, es decir, no es un relato de cornudos pero en ciertas partes sí que los personajes disfrutarán de su pareja con otras personas. Por esa razón he incluido el relato en grandes series, para que abarque un poco varias categorías.

Esta historia comienza en el año 2013 en la ciudad de Madrid y tiene como protagonistas a Elena y Juan. Elena proviene de la zona de Granada, concretamente de un pueblo pequeñito de la Alpujarra, aunque no especificaré cuál, donde viven sus padres, mientras que Juan pertenece a un pueblo cercano a la ciudad de Zamora donde también viven sus padres. Ambos tienen dos hermanos más pequeños, 6 y 8 años respectivamente.

Ellos son una pareja de 30 años él y 29 ella, viven en un piso de alquiler en el norte de Madrid pasada la M30 y, aunque se trata de un piso de apenas 90 m2 y está bastante lejos del centro, la pareja vive feliz en él ya que pagan 800 euros por el piso y no se pueden permitir algo más caro.

Es un piso de tres habitaciones, aunque a la pareja les gusta mucho ya que tiene dos habitaciones grandes con camas de matrimonio y una pequeña convertida en un despacho, además, cocina y salón son de un tamaño adecuado. También tienen una terraza – balcón bastante amplia y resguardada con paredes a ambos lados que da hacia una zona común de todos los bloques de alrededor donde hay una piscina grande y dos pistas de pádel.

En cuanto a la descripción de los personajes, Elena es una chica podríamos decir alta, mide 1,70, es esbelta y delgada, aunque tiene curvas, ya que su culo está bien trabajado en el gimnasio y es redondo y firme, destacando bastante cada vez que se pone unos pantalones ajustados, un vestido o una falda. En lo que respecta a sus tetas, no son grandes, pero tienen el suficiente tamaño para ser agarradas y tener un volumen aceptable en la ropa, además, son bastante redondas dándole un aspecto bastante sexy a su cuerpo. Complementado a este, Elena tiene una cara bastante guapa con unos ojazos verdes que te hacen derretirte y un pelo castaño y liso que la convierten en una mujer a la que la mayoría de hombres se quiere follar.

Por su parte, Juan es moreno, mide 1,80 y es lo que podríamos denominar un fofisano. Debido a que no es un chicho bajo, no está gordo, pero tampoco en forma ya que tiene una ligera barriga, al igual que le pasa a la mayoría de treintañeros, pero sí que es un chico guapo ya que tiene barba y una cierta gracia que compensa su no estado de forma, al menos no lo que se entiende en forma comparado con un hombre que va mucho al gimnasio.

Elena es licenciada en periodismo, trabaja a media jornada desde casa para un periódico online pero también como camarera 4 días a la semana en una cafetería junto a las torres KIO ubicadas en la Castellana. Dependiendo de las horas que trabaje como camarera, Elena está ganando unos 900 o 1000 euros al mes.

No mucho mejor está Juan, él es licenciado en ingeniería informática y trabaja para una empresa ubicada en plena Castellana dedicada a la supervisión de sistemas de seguridad informáticos de empresas. Solo gana 1200 euros al mes y gracias a que está con Elena puede vivir un poco más desahogado, pero no pueden ahorrar nada al final de mes porque vivir en Madrid es muy caro.

De esta forma, esta historia comienza en mayo de 2013, viven en el piso de alquiler desde hace tres años, pero sufren los efectos de la crisis económica ya que esta está en su punto álgido y la situación del país es dramática.

La historia será narrada por Juan y veremos cómo la situación económica de una pareja puede cambiar a esta para siempre.

Miércoles 1 de mayo de 2013:

Estaba tumbado en la cama junto a Elena, eran las 8 de la mañana y hoy era muy buen día, hoy no trabajaba por ser festivo, aunque lo malo era que había pillado en miércoles y mañana tendría que volver a la rutina, pero no me importaba, en ese momento de mi vida era feliz, muy feliz.

A mi lado, Elena aún dormía, pero me quedé mirándola. Estaba muy sexy, llevaba puesta una camiseta de manga larga negra y unas bragas verdosas tirando a gris con puntos granates que le hacían un culo espectacular, tenía una suerte tremenda de estar con ella.

Seguí mirándola un rato hasta que ella abrió los ojos y me dedicó una gran sonrisa:

- Buenos días guapo, ¿cuánto rato llevas ahí mirándome?

- Solo un rato, estás guapísima

- Para ti siempre estoy guapa bobo

- Levántate y vete a mirar al espejo, me darás la razón

Y dedicándome otra gran sonrisa, se levantó y se fue hasta el baño, ocasión que aproveché para deleitarme en mirar ese culo tan bien trabajado que tanto me gustaba y que tan loco me volvía. De hecho, entre que siempre me levanto un poco morcillote y que pude tener aquella visión, se me puso bastante dura.

A los 3 minutos volvió y, según entró en la habitación, se empezó a reír bastante porque vio a través del calzoncillo que yo llevaba puesto lo dura que la tenía.

- ¿Ya estás así Juan?, todas las mañanas igual eh

- Yo no tengo la culpa guapa, no puedes ponerte esas bragas y esa camiseta donde marcas los pezones sin el sujetador y pretender que no se me ponga dura

- Jaja, ¿y qué quieres hacer?, ¿follar?

- Puf, lo estoy deseando Elena

- Pues, ¿sabes qué?, que a mí me apetece también follar, pero no ahora, quiero que te jodas un poco así que vamos a ducharnos y a vestirnos, que hoy quiero ir por la zona de La Latina y ya comemos por allí.

- Elena, no puedes estar hablando en serio, voy a explotar

- Ay pobrecito mi niño, que quiere follar y no puede. No te preocupes, si te portas bien, esta tarde lo pasaremos muy bien tú y yo

Elena tenía esas cosas, era una chica segura de sí misma, muy risueña y casi siempre tenía una sonrisa en la boca. Además, era bastante pícara a pesar de que en público se comportaba como una niña buena, pero en casa…se podría decir que disfrutaba del sexo como nadie, le gustaba experimentar y era una auténtica fiera en la cama.

Era parte de ella aquella actitud, parecía que siempre lo sabía todo y que nunca dudaba de sus decisiones, cosa que a mí me encantaba. Y más que me encantó cuando, tras haber desayunado y haberse duchado, salió del baño con un outfit que hizo que se me pusiera dura otra vez.

Había elegido unos pantalones vaqueros claros muy ajustados que le hacían un culo espectacular, unos tacones negros de 3 o 4 cm y una camisa verde oscura que le quedaba bastante ajustada y le hacía las tetas más grandes de lo que realmente las tenía. Además, la camisa era muy corta y dejaba ver un poco de piel entre el pantalón y la propia camisa, por lo que estaba divina con todo lo que llevaba, aunque le faltaba el toque final, unas gafas de sol bastante grandes con la montura marrón.

- ¿Voy guapa Juan?, ¿te gusta la ropa que he elegido?

- ¿Qué puedo decir?, me vas a tener sufriendo todo el día porque no voy a estar pensando en otra cosa que no sea llegar a casa y follarte

- Jajaja, ese es mi niño, vámonos anda, que tenemos que ir a coger el metro y llegar hasta allí.

Tenía razón, cualquiera que conozca Madrid sabe que, si vives al norte y quieres ir al sur de la ciudad en metro, tienes que salir con mucho tiempo de casa. Nosotros en ese aspecto teníamos relativamente suerte al vivir bastante cerca de la parada de metro de Begoña, aunque tardábamos unos 10 minutos hasta que llegábamos.

Así, tras una hora y un intercambio de metro, llegamos a la zona de La Latina. Al ser un día festivo, había un montón de gente a pesar de que no serían más de las 11 de la mañana aunque a nosotros no nos importaba demasiado ya que íbamos a ir un poco de tiendas y luego a tomar y comer algo.

Empezamos a dar vueltas por el barrio, mirábamos los escaparates de las tiendas en general e incluso nos paramos en una tienda de productos naturales a comprar café molido procedente de Sudamérica, en términos generales, estaba siendo una mañana estupenda.

Al salir de la tienda de productos naturales seguimos andando hasta que nos fijamos en otra tienda de ropa vintage que a Elena le gusta mucho, pero cuál fue nuestra sorpresa cuando en su interior vimos a Sofía, amiga de Elena desde hacía ya un tiempo.

Sofía era una chica de 35 años amiga de Elena desde que nos vinimos a vivir a Madrid, además, era fotógrafa y se ganaba la vida únicamente con ello, aunque no se trataba de una fotógrafa tradicional, no al menos siempre. Y es que, Sofía te podía hacer un reportaje de una comunión, pero también reportajes privados e individuales a personas, le gustaban especialmente los reportajes de desnudos y de temática bdsm. En definitiva, era una chica extravagante, pero de un gran corazón, aunque estaba un poco loca.

Era una chica alta, sobre 1,75, y tenía el pelo de un color entre rubio y castaño llevándolo normalmente bastante corto. Al ser alta, estaba delgada y tenía un culo bastante sexy, sobre todo cuando se ponía pantalones ajustados, sin embargo, tenía poco pecho, pero no importaba porque Sofía era una chica segura de sí misma que ganaba a cualquiera con la labia que tenía.

- ¡Juan!, ¡Juan!, está ahí Sofía

- ¡Cierto!, vete a saludarla anda, que hace mucho que no os veis

Era verdad aquella afirmación, con los horarios que lleva Elena normalmente, sumado a que nos gustaba salir mucho a los dos los fines de semana, llevaban bastante tiempo sin verse y sin quedar para tomar algo

- Hola guapa, ¿qué haces aquí?

- ¡Elena!, aquí estoy a ver si cojo algo, que hace mucho que no me compro ropa y ya sabes lo que me gusta este estilo. ¡Hola Juan!, ¿cómo estás?

- Hola Sofía, estoy bien, ha sido toda una sorpresa encontrarnos contigo

- La verdad es que sí, ¿queréis tomar algo y nos ponemos un poco al día?

- Genial, así podéis hablar Elena y tú de cómo os va la vida jaja

Y eso hicimos, fuimos en busca de un bar para disfrutar del sol y el ambiente. Elegimos uno que estaba en los bajos de un edificio con una buena terraza que daba justo al teatro de La Latina.

- Bueno, entonces, ¿cómo os va todo?, espero que muy bien porque hace mucho que nos veo el pelo, sobre todo a ti Elena

- Ya me conoces Sofía, entre semana estoy muy atareada con los dos trabajos y el fin de semana Juan y yo siempre hacemos algún plan

- Lo sé, lo sé, pero bueno, no hace falta que me tengas tan abandonada

- Lo sé Sofía, tienes razón, pero últimamente ha sido un poco difícil

- Bueno, no pasa nada, podemos quedar un día y me dejáis haceros una sesión a los dos o a ti sola guapa, que ya te he dicho muchas veces que tienes un potencial enorme y encima podríamos ganar dinero con ello las dos.

Sofía se refería a todas las veces que nos había propuesto a los dos que hiciéramos una sesión de desnudos para ella y también le había propuesto a Elena que hiciera alguna sesión ella sola. Y no me extraña, porque Elena no era modelo, pero bien podría ejercer como modelo de fotos viendo su físico y su rostro con ese pelo y esos ojos verdes. Además, y no menos importante, Sofía era bisexual y siempre había tenido la sospecha de que le tiraba los tejos a Elena esperando montárselo con ella algún día. A mí, solo de pensarlo, se me ponía dura, pero Elena también lo sospechaba, aunque lo que más le tiraba para atrás para no realizar aquellas sesiones era que Sofía vendía las fotos online y no quería que se la reconociera porque cualquiera podría comprar aquellas fotos, aunque es cierto, que la modelo se llevaba el 30% del valor de cada foto vendida, lo cual era para pensárselo debido a lo fácil que era ganar aquel dinero.

- Mira que eres pesada eh, ya sabes que soy algo pudorosa y, además, cualquiera que me conozca podría comprar las fotos

- ¿Y cuál es el problema?, lo máximo que podría pasar sería que más de un hombre se haría unas buenas pajas con esas fotos

Los tres nos reímos ante aquel comentario, pero Sofía no tenía la intención de quedarse en esa simple frase.

- De todas formas, estoy pensando que si te propusiera hacer una sesión en la que estuvieras vestida, ¿qué me dirías?

- ¿No te das por vencida verdad?

- Nunca, ya lo sabes jaja

- ¿Y qué harías con las fotos?

- Pues verás, quiero hacer una exposición con rostros de mujeres y también quiero que la temática se centre en la ropa del siglo XXI de la mujer. ¿Qué me dirías a eso?

- A eso te diría que me lo pensaría

- Jajaja está claro que viniendo de ti Elena, eso ya es un paso. ¿Y tú qué opinas Juan?

- ¿Yo?, bueno, no te voy a mentir, me gustaría que hiciera alguna sesión contigo

- ¿Pero vestida o desnuda?

- ¿Este?, si por él fuera haría más de una sesión y siempre desnuda, eso no lo dudes

- Jajaja, no le culpo Elena, eres un bombón y si fueras de otra manera explotarías ese pedazo de físico que tienes

- Como no me habéis dejado responder chicas, os respondo ahora, me gustaría que Elena hiciera alguna sesión y si es desnuda, mejor

Elena me miró con una falsa mirada de reproche y los tres nos volvimos a reír, la verdad es que quedar con Sofía siempre era sinónimo de pasarlo bien y de que el tiempo se te hiciera corto. Y así seguimos charlando con ella hasta que llegó la hora de comer y nos fuimos a una terraza junto a la Plaza de los Carros, donde comimos durante otras dos horas en las que hablamos un poco de todo con Sofía y quedamos en que teníamos que quedar con ella más a menudo.

Sobre las 16 30 nos despedimos de ella y fuimos a dar una última vuelta por la zona. De hecho, fuimos a por un helado y seguimos mirando tiendas, aunque, al caminar por una zona un poco más alejada de lo que era la propia Latina, pasamos junto a un Sex – Shop que yo me quedé mirando desde fuera.

- ¿Se puede saber qué miras Juan?

- ¿Alguna vez hemos entrado tú y yo en un sex shop Elena?

- Mmm no que yo recuerde, ¿tienes curiosidad o qué?, ¿no has tenido bastante con las proposiciones de Sofía?

- Jajaja, pues sí que tengo curiosidad y no, no he tenido bastante

- Veenga, vamos a entrar, pero damos una vuelta y nos vamos eh, que mañana verás tú cuando suene la alarma

De esa manera, decidimos entrar a curiosear y a ver las depravaciones y juguetes sexuales que ofrecía aquella tienda. Además, al entrar, el dependiente, un hombre de unos 40 años bastante fuerte y tatuado y posiblemente gay, vino a atendernos.

- Buenas tardes, ¿estabais buscando algo en particular?

- Pues verás, es la primera vez que entramos en un sex shop y he sido yo el que la ha convencido a ella para entrar así que, ¿qué nos ofreces?

Justo en ese momento miré a Elena, estaba poniendo una cara de “Tierra, trágame” pero a la vez tenía una medio sonrisa en la cara que me dijo que no quería matarme, no al menos en ese momento.

- Jajaja, pues depende de lo que busquéis chicos, tengo de todo, aunque si os soy sincero, muchas parejas vienen últimamente a por un vibrador en particular

Creo que Elena no salía de su asombro inicial y me miró otra vez con una cara que no sabía descifrar, pero me adelanté a los acontecimientos.

- ¿Y qué tiene de especial ese vibrador?

- Pues tiene de especial que es remoto y es la chica la que se lo pone pero no la que lo maneja ya que es el chico o la persona que vosotros queráis la que maneja el vibrador desde una aplicación del móvil. Voy a ir a por él y os lo enseño, ¿de acuerdo?

- Está bien

El hombre se dio la vuelta y desapareció en dirección al almacén, momento que Elena se me acercó para hablar conmigo.

- ¿Se puede saber qué te pasa Juan?, ¿estás loco o qué?

- Jaja, tranquila Elena, llevo todo el día bastante caliente desde que me has dejado a dos velas esta mañana

- Y te he dicho que cuando llegáramos a casa íbamos a pasarlo muy bien tú y yo, pero no esperaba esto. ¿Qué pasa?, que quieres que me ponga un vibrador para que cuando a ti te dé la gana me pongas el coño a cien, ¿no?

- Más o menos jaja, además, reconozco que se me han ocurrido algunas ideas sucias. ¿Te imaginas que hoy hubieras llevado puesto un vibrador de esos mientras hemos estado por ahí o tomando algo con Sofía?, no me digas que no te daría morbo

- Estás loco Juan, vámonos anda, no quiero que compres ese vibrador eh

Tarde, en ese momento el dependiente aparecía con una caja negra que tenía pintado el vibrador por fuera en color rosa. Era una especie de huevo alargado con una especie de “cola” curva de manera que la chica se metía el huevo en la vagina mientras que la otra parte quedaba por fuera para que pudiera quedar encajado en su cuerpo.

- Os aseguro que este cacharro vuelve locas a todas las parejas y que, una vez que lo prueban, no quieren otro juguete

- ¿Y cuánto cuesta?

- Pues no es muy caro, solo son 30 euros

- Ah genial, nos lo quedamos entonces

- Jajaja, os aseguro que vais a disfrutar mucho y os lo vais a pasar muy bien

Elena no había dicho ni mu, pero conociéndola me iba a echar una bronca en cuanto estuviéramos los dos solos. Elena era una mujer a la que le gustaba innovar, pero no en ese aspecto, al menos eso pensaba yo en ese momento porque en cuanto salimos del sex – shop su primera frase me sorprendió:

- Juan…esto que has comprado, ¿es una fantasía tuya o algo así?, ¿de verdad quieres que me ponga ese vibrador?

- Elena, no me digas que no te da cierto morbo el vibrador por favor

- Jaja a ver Juan, dime una cosa, ¿todo esto viene por los vídeos que hemos estado viendo últimamente?

Esos vídeos a los que se refería Elena no eran ni más ni menos que vídeos porno. Sí, últimamente habíamos estado viendo vídeos con la idea de mejorar nuestra vida sexual en pareja que, aunque nunca había sido mala, había caído un poco últimamente, sobre todo por los tremendos horarios que llevábamos Elena y yo.

- Elena, no te voy a mentir, sí que tengo algunas fantasías que me gustaría que cumpliéramos los dos juntos, pero lo de comprar el vibrador es algo que creo que mejoraría nuestra vida sexual. He estado pensando y creo que entre semana deberíamos buscar alguna fórmula para que el sexo no se reduzca al fin de semana, ¿no te parece?

- A ver Juan, reconozco que a mí también me gustaría que folláramos más entre semana, pero ya sabes que ahora mismo con mis dos trabajos llego reventada y no tengo cuerpo para nada más que no sea dormir

- Lo sé Elena, por eso mismo creo que esto podría venirnos bien, tú déjame que te enseñe qué tengo pensado y luego me comentas a ver qué tal ha sido

- Miedo me das Juan, pero está bien, voy a darte un voto de confianza, aunque quiero decir una cosa, vámonos a casa y fóllame por favor, estoy muy cachonda con esta actitud tuya.

La cara y el cuerpo de Elena desprendían alegría, estaba claro que quería sexo así que yo no iba a desaprovecharlo y creedme, no lo hice.

Continuará