Mi amiga me atrae
Lleva años imaginándola. Ahora, a solas en la playa, la tentación ya no es solo mental. Cuando sus manos tocan su piel, la línea entre la amistad y el pecado se desdibuja para siempre.
CAPÍTULO 1 DE 4
Mi nombre es Juan. En mi vida no me ha ido mal, pero no soy ningún héroe. He sido afortunado en el trabajo y en el amor, pero no tengo ningún superpoder. Y eso, a veces, es justo lo que necesitaría.
No tengo segunda ni tercera residencia, no he hecho inversiones millonarias, pero sí casa con piscina, viaje anual en verano y otro en navidad, coche nuevo cada 5 años. Soy un tipo trabajador, pero no el más esforzado. Soy un hombre inteligente y bien formado, pero no tengo ideas revolucionarias. Nadie va a escribir una novela sobre mis obras y milagros, pero llevo una vida que casi todos envidiarían. Tanto el pasado como el futuro me sonreían, pero a veces ni siquiera eso sirve de defensa ante la tentación. No, nada nos protege de nuestra propia naturaleza, nada puede parar al demonio interior que nos agita. Uno intenta portarse bien toda su vida, y, aun así, el demonio espera su momento para hacerte cometer travesuras sin tomar nada más en consideración que las ganas de hacerlas. Y entonces, que pase lo que tenga que pasar. Alea jacta est.
Y es que soy un tío legal, intento hacer en todo momento las cosas bien, pero ¿de qué me ha servido eso? Soy buen padre, buen marido, buen hijo, amigo de mis amigos, y donante puntual del 5% de mis ingresos a ONG's de todo tipo. Con mi esposa Kate todo va bien. Nos queremos, nos reímos, nos entendemos muy bien. El sexo es bueno, incluso muy bueno. Pero los tópicos sobre la vida de pareja, y aún más los de la vida de padres, no lo son por casualidad. La paternidad también jodió bien jodida la vida social con amigos, pero es normal y no me lo tomo mal. Son épocas. No pasa nada. Solo que uno a veces se cansa de recoger juguetes y no hacer nada especial. Aunque sea feo decirlo, el cuerpo, o la mente, o todo el ser, tiene ganas de sentir. Sentir, hacer, vivir en primera persona. Aunque eso siempre conlleva un riesgo.
Empecemos, os cuento mi historia:
Este verano, como habitualmente, vamos a pasar unos días con la familia de Kate en Blackpool, tirando hacia el Norte de Inglaterra. Gracias a que me gano muy bien la vida, Kate se ha tomado dos años de excedencia para estar con el bebé así que se viajó a UK unos diez días antes que yo, que no podía pillar vacaciones hasta más adelante, de modo que así ella y Mike (mi hijo) podían escapar al tórrido calor del verano. Mientras, yo dediqué estos días a trabajar a tope, ya que en el sector de la ingeniería en el que me trabajo, justo antes de vacaciones siempre tenemos un pico de trabajo muy heavy, pero no todo es trabajar en esta vida, así que, aprovechando mis días sin niño ni mujer, pude con los amigos un par de veces más de lo previsto.
El jueves fuimos a cenar yo, Raúl, Andrés Cristina y Berta. Al acabar, y como la noche es joven en verano y en la costa, fuimos a tomar una copita. Allí, Andrés y Cristina no tardaron en empezar a flirtear descaradamente, mientras que Raúl se retiró pronto. Berta y yo quedamos casi por defecto solos, así que hablamos un montón, y eso es siempre un pequeño problema para mí.
Rebobinemos:
Berta y yo nos conocimos en un grupo de senderismo cuando yo era soltero y ella estaba en una relación. En una excursión, vi ese bomboncito y me pegué a ella toda la caminata. Congeniamos un montón, pero me enteré rápidamente de que ella tenía novio. Pues vaya, mala suerte, pero al menos nació una amistad. Inicialmente no intimamos tanto, pero al cabo de unos meses, su novio la dejó y yo fui una de las personas en quien se apoyó. Así es como intimamos. No pasó nada entre nosotros porque mira, porque Dios no quiso, pero en algún momento de borrachera o de conversación con salseo nos tiramos dos o tres indirectas y alguna que otra mirada disimulada. Por mi parte la miraba tanto como podía desde siempre, claro, porque me parece muy atractiva, pero siempre con respeto, que ya he dicho que soy un tío legal. Poco después de eso conocí a Kate, me prendé de ella, y el inicio de flirteo con Berta pasó a la historia, sin más. Ningún conflicto, excepto que en mi mente ya había quedado la idea de que Berta está muy buena y que sería "alcanzable" si la situación se diera. Pero nada, nada, ni pensar en ello, ¡hombre! Me enamoré de Kate, aposté por ella, y todo tiró adelante sin ningún problema, excepto de mi imaginación. Dentro de mi imaginación, problemas tampoco hubo, pero fantasías con Berta, unas cuantas,;).
Berta es desinhibida en lo sexual, no tiene problemas para hablar de sexo, y de hecho le gusta ser picantona y hablar de posturas, fantasías, ideas, sensaciones, etc. A mí también me gusta y no con cualquiera se puede, el tema es que esas conversaciones siempre me ponen un poco cachondo, y reconozco que han sido muchas las veces que me he masturbado imaginando que era yo quien se la trajinaba, porque ser un buen marido no significa que no tenga sangre en las venas. Me desfogo con Kate siempre que es posible, y cuando no, pues me paso los ataques de calentura yo solito. El problema es que, como decía, desde hace ya un tiempo considerable, la proporción de veces en que me tengo que aliviar solito se ha descompensado. Demasiado.
A lo largo de los años, y a pesar de yo estar en una relación seria, las conversaciones "picantes" con Berta siguieron dándose de vez en cuando incluso cada vez más. No sobre nosotros, sino más bien ella poniéndome al día de sus "experiencias". Siendo soltera y de buen ver, no le faltan oportunidades. A ver, voy a concretar un poco: Berta es un bomboncito, ya lo he dicho, pero tampoco es una mujer de bandera. Se podría decir que tiene una figura bien proporcionada y esbelta, pero para nada es delgada. Tiene unas curvas muy pero que muy bien puestas que le hacen un culito en forma de pera que me hace babear, el vientre planito, los pechos tirando a bastante pequeñitos. Expresión dulce, ojos pequeños pero vivarachos, sonrisa eterna, muy morena de piel y pelo castaño oscuro a media melena. Suele vestir tejanos que marcan su espectacular trasero en invierno y vestidos vaporosos en verano. La mayoría de los hombres dirían que es una chica atractiva sin más. Llama la atención un poquitín, pero hay muchas tías más cañón.
Pero claro, si te gusta y encima la conoces, y si ya se ha establecido esa picardía entre tu y ella, si ella de vez en cuando me suelta comentarios en plan "que sexy estás hoy, cariñitoooo", o "Ufff, el tío con el que estuve la semana pasada, no veas como me dio caña. Lástima que energía mucha, pero talento poco", o si en varias ocasiones hemos tenido conversaciones del estilo "cuáles son las posturas que te dan más placer" o "qué es lo más atrevido que has hecho nunca", o "qué fantasía te gustaría hacer realidad esta misma noche si pudieras", pues... Que conste, estas conversaciones no solo han sido a solas; a veces con otros colegas, aunque sí, alguna vez también a solas, y aunque otros también se apunten al carro alguna vez, tanto para ella como para mi ha quedado claro que para este tipo de temas somos "socios preferentes", porque tenemos la química entre nosotros y la confianza y no tenemos muchos reparos en contarnos todo. En fin, que entre que la niña es monísima y esto... Valga decir que desde que em emparejé con Kate, Berta ha sido (a parte de mi esposa, claro), la protagonista más habitual de mis pajas.
Cerramos el paréntesis, volvemos al pub:
Berta me contó su frustración con su escarceo con el último malote de su lista, un tal Julio que no había estado a la altura. Imaginarme a Berta salida perdida no me ayudó en mi estado de celo permanente, precisamente, pero claro, ella no sabe que es la guest star recurrente de mis oníricas aventuras. Me contó que se imaginaba al tal Julio empotrándola por detrás (justo lo que yo quisiera hacer con ella por encima de todo, darle por detrás y ver rebotar ese culito), pero que últimamente, la conversación con el machote había sido tan decepcionante que ya no estaba segura de si tenía ganas. Yo no podía dejar de pensar: "hombres libres de la humanidad, vosotros que podéis; no malogréis la oportunidad de hacer milagros con esta mina si os es dada, o Dios os castigará en vida por zoquetes".
Eso fue el jueves. Quedamos también en ir a la playa juntos los cinco el mismo Domingo, pero el sábado por la mañana ya solo éramos tres, porque, efectivamente, Andrés y Cristina se habían liado y se les ocurrieron mejores maneras de pasar el fin de semana, y por la tarde Raúl, que era en realidad únicamente amigo íntimo de Andrés, también se borró.
Berta y yo íbamos a ir solos a la playa, el día entero. 8 horas viendo a esa mujercita en bikini. Con mi calentura acumulada. Con sus ganas de hablar de sexo. Lo iba a pasar mal. Mi propia frase volvía hacía mi como un boomerang y martilleaba mi mente: "hombres libres de la humanidad.... no malogréis la oportunidad si os es dada...". Ah, no, espera, que yo no soy un hombre libre, que yo tengo esposa. Pero ¡espera!, ¡quizás el significado de "hombre libre" fuera otro! (exégesis alert: interpretación tendenciosa a la vuelta de la esquina). Quizás "hombre libre" significara en el texto original "hombre que, en ese mismo instante, no tiene ningún impedimento para proceder y es, ergo, libre".
¡Imbécil! ¿De qué hablas? No hay ningún texto, ni original ni de broma. La dichosa frase era solamente una bromita producto de tu mente. Hazte una buena paja antes de ir a la playa que, recuerda, en unos días te reúnes de nuevo en Blackpool con tu mujer y familia política.
Buena idea, sí señor. El domingo llamé a Kate y charlamos un ratito antes de que me fuera. Luego me masturbé y eyaculé tanto como pude. Y luego cogí el coche y me fui a recoger a Berta, más tranquilo.
Recorrimos unos buenos 70 kilómetros en coche para buscar una de esas playas en estado casi virgen. Aparcamos en la playa principal y luego andamos aún unos 40 minutos para llega a una de esas calas realmente bonitas. Durante el camino hablamos de nuestras cosas, del trabajo, de los amigos, de los problemas del día a día. Cuando llegamos, los dos nos quedamos alucinados: Wow, había valido la pena el tute que nos dimos. Qué sitio tan precioso. Había bastante gente, claro, pero lejos de estar masificada. Allí no había ni chiringuitos ni patinetes de agua ni nada, era un entorno virgen típico de la Costa Brava. En el rincón más cercano de la playa se concentraba el sector de bañistas nudistas y, como era de esperar, Berta no se pudo resistir a hacer la broma:
BERTA: ¿Qué, nos quedamos aquí? - y me guiñó un ojo
JUAN: Eeeehhh.... no sé... si tú quieres.... - yo estaba cagado de miedo. No soy tan desinhibido para hacer nudismo, y menos al lado de una mujer que me pone tanto.
B: Hahahahaha, es broma, ¡tonto! Hahahaha! ¿No te atreverías?
J: Bueno, no sé... ¡nunca he hecho nudismo!
B: ¿Y qué? Para todo hay una primera vez, ¿no? Total, no ibas a ver nada que no hayas visto antes, coños y tetas, ya ves tú... - Todo eso me lo decía para picarme, no parecía ir en serio, pero ahora quizás debería mencionar que Berta siempre hacía top less. Le había visto las tetas al aire varias veces, pero claro, verla totalmente desnuda, eso sí que no había pasado jamás, y me daba mucho corte. No quería empalmarme simplemente por estar a su lado, sin incluso hablar de nada sexual, y quedar como un tonto ridículo. Le seguí la broma como pude:
J: Mira, hacemos una cosa: nos ponemos justo en el borde de la zona nudista, hacemos una línea entre tu toalla y la mía, tú te pones en la zona nudista, y yo me pongo en el borde de la zona "en transición hacia el nudismo", y quien sabe, quizás el próximo día me anime, o quizás en un rato.
B: Hahahahahaha, estás loco. Tranquilo, tranquilo, que solo era de broma. Vamos al otro lado y ya está. Eso sí, yo hago top less como siempre, eso no te traumatizará, ¿verdad? Que mis tetillas si que ya las tienes vistas, haha
La verdad es que los pechos son justamente el gran atributo de Kate. Son entre grandes y bastante grandes, pero quizás un poco caídos, pero a mí me gustan un montón. En cuanto a senos, no tengo queja alguna. Eso no me preocupaba mucho.
En fin. Montamos nuestras toallas y nos tumbamos a tomar el sol. Me dispuse a ponerme crema por toda la espalda, pero sin que yo dijera nada, Berta intervino:
B: Deja que te ayude, hombre, que, si no, no te vas a dar bien la crema - Me cogió el tubo de entre las manos, se sentó en cuclillas detrás mío y se puso a aplicármela sin ningún reparo. - ¿Ves? ¿No es mejor así?
J: Sí, claro, así va mejor, gracias, Berta. - Y para mis adentros añadí: no sabes cuánto mejor. Este era el contacto más erótico y sensual que había tenido en mucho tiempo. Y la verdad es que, conforme pasaban los segundos percibí que la chica se estaba esmerando. La esparció con paciencia por toda mi espalda, hombros y antebrazos, masajeó con fuerza. Empecé a notar una pequeñísima sensación de vida allí abajo y quise separarme y darlo por concluido, pero claro, ahora me tocaba devolverle el favor.
B: Bueno, ¿ahora me pondrás tu a mí, por favor?
J: ¡Por supuesto! Dame, gírate.
B: Espera, que me quito la parte de arriba del bikini.
J: Deja, ya te ayudo.
No sé cómo me dio por hacerlo, fue un arrebato. No me di ni cuenta, pero sin darle tiempo, me instalé a su espalda y fui yo quien le desabroché el sujetador del bikini. Hubo un breve segundo en que pareció que ambos nos quedamos congelados por la sorpresa, quietos y en silencio, y acto seguido, lentamente y con un poco de vergüenza, le bajé por los brazos las tiras del sujetador. Berta colaboró sin decir nada.
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