Viaje a Colonia (1)
El viaje a Colonia estaba planeado para ser una escapada tranquila, pero cuando el marido de Isa falla, Alex se encuentra solo con ella y su hermana María. Lo que empieza como una visita cultural se convierte rápidamente en un juego de miradas, masajes prohibidos y límites que se borran bajo la toalla.
Ahí estaba Luisa, mi mujer, con sus amigas, Isa y Susana y Nuria, con las que había compartido el piso de estudiantes hace ya más de 20 años. Cada una luego hizo su vida, pero siempre mantuvieron contacto reuniéndose siempre que podían. Mientras lo hacían, los maridos nos quedábamos juntos hablando también de nuestras cosas. Éramos amigos, pero más por haber coincidido como parejas de ellas que por afinidades.
Yo me llevaba muy bien con las amigas de mi esposa ya que las conocía desde que estudiábamos y nos guardaban el secreto de que me acostara con ella sin decírselo a sus padres. Ellas no tenían novios y si se enrollaron con alguno no fue en el piso compartido, por lo que durante unos años era un poco el chico de todas, me cuidaban y nos hacíamos bromas porque siempre querían que Luisa me compartiera con ellas.
En esos 20 años que habían pasado estaba claro que las que mejor estaban eran Luisa e Isa. Las dos eran delgadas, con unas buenas tetas, que seguían firmes y que las hacían muy atractivas. Al principio de salir con Luisa, Isa también me gustaba mucho ya que tenía unas caderas más pronunciadas, que le hacían un culo mucho más apetecible que el de mi mujer, aunque a cambio era más bajita, sobre 1,55, y eso la hacía destacar menos y que incluso ella pensara que no era tan hermosa como realmente era.
El marido de Isa era Toni, con el que me llevaba muy bien porque las dos parejas habíamos hecho varios viajes juntos. Tenían una hija, Clara, que ahora estaba de Erasmus en Colonia y a la que Luisa y yo queríamos mucho porque nosotros no tenemos niños y siempre que coincidíamos la tratábamos como una hija nuestra ya que la habíamos visto crecer.
Mientras hablaban empezó a haber alboroto y risas, Luisa se giró hacia mí para comentarme algo,
Alex, ¡que vamos en diciembre a hacer un trozo del camino de Santiago, lo acabamos de decidir!
Puse cara de poco convencimiento, por lo que no dije que sí a la primera.
A ver Luisa, ¿tiene que ser en diciembre? Yo para diciembre prefiero ir a alguna ciudad. Estaría mejor ver los mercadillos de navidad de Europa que irse a hacer el camino.
Lo dije por quejarme, pero sabiendo que si mi mujer decide algo es difícil convencerla de lo contrario y además, en este caso, las amigas estaban de acuerdo.
Cuál no fue mi sorpresa cuando escuché a Isa apoyarme. Isa suele dejar hacer, es muy tímida y acepta las ideas que propone Luisa, pero estaba claro que tampoco le apetecía hacer el camino y vio una oportunidad de negarse.
Pues para mercadillos bonitos dice Clara que los de Colonia, nos ha invitado si queremos ir.
Toni también apoyó en la idea,
Eso, mejor nos vamos a Colonia, hemos de aprovechar que tenemos el piso de Clara y que ella se viene esos días a casa. De esa forma nos lo deja libre.
Se generó mucha discusión sobre si un sitio, si el otro, pero todos menos Isa y Toni, querían hacer la ruta del camino por lo que puse cara de circunstancias asumiendo que era mi destino y, otra vez, me llevé una sorpresa, porque Isa salió en mi defensa.
Alex, vente con nosotros a Colonia y deja a éstos con su viaje, ¡el nuestro es mucho mejor!
Me quedé en duda ya que me apetecía más, aunque no era normal que mi esposa se fuera por un lado y yo por el otro. A Luisa en cambio le pareció una idea perfecta.
Sí, eso llevároslo, que seguro que me da el viaje, prefiero que esté con vosotros y así yo también estoy más libre.
Todos se rieron e hicieron bromas de porqué quería estar más libre y al final acordamos que sí, que me iba con Isa y Toni a Colonia.
Luisa, con sus amigas y maridos se fueron días antes ya al camino de Santiago porque eran más días que los que habíamos cogido nosotros para el viaje a Colonia. Mientras, yo me iba a encargar de comprar los billetes de avión y poco más porque Clara nos iba a preparar la ruta de cada día con los sitios que visitar. En ello estaba cuando sonó el teléfono, era Isa,
Alex, que Toni no puede venir, un compañero ha cogido el Covid y puede que él también se haya infectado. Prefiere quedarse por si acaso.
Entonces, ¿qué? ¿anulamos el viaje no? La verdad que ya me había hecho la ilusión.
¡No qué va! Nos vamos nosotros. He hablado con María y se viene ella en vez de Toni. Ya sabes que desde que se separó necesita animarse un poco y este viaje le vendrá muy bien. Por favor, ven, cuantos más seamos más divertido será el viaje.
María es la hermana de Isa con la que había coincidido alguna vez en alguna cena. Sé que estaba un poco deprimida porque había pillado a su marido con otra y hacía un año que se había separado. Era un poco más alta que su hermana, delgada, y menos exuberante que Isa, sin sus tetas, ni sus caderas, y con pelo corto a lo chico que hacía que no te fijaras tanto en ella. A cambio tenía la misma sonrisa encantadora, con un hablar muy dulce, que parecía que te acariciara con las palabras. La recordaba más lanzada que Isa, mucho más extrovertida.
Pensé que el viaje se había torcido y que iba a ser un aburrimiento ya que no sé qué hacía entre las dos hermanas pensando que una estaba deprimida. Por otro lado, me sabía mal decir que no, por lo que al final acepté.
Quedamos en el aeropuerto y ya allí puede observar que María venía con mucho ánimo.
Hola Alex, me saludó, mientras me daba dos besos. ¡Qué bien que hayas venido! Seguro que nos lo vamos a pasar muy bien. Cuando me dijo Isa que venías me animé porque ya sabes, si el viaje es solo con mi hermana menudo rollo.
¡Ya te vale! Si hubiera sido sola con tu hermana no vienes. ¡Lo que hay que oir!
Isa lo dijo toda seria mientras María y yo reímos en complicidad.
Isa siempre era la callada del grupo, más formal y un poco corta rollos, aunque yo la había conocido de fiesta y si toma alcohol, sé que se desinhibe bastante.
Una vez llegamos a Colonia fuimos al piso, era pequeño pero perfecto. Isa y María se quedarían en el sofá del comedor que tenía una cama grande y yo en la habitación de Clara que tenía una cama más pequeña.
Al día siguiente nos despertamos listos para recorrer Colonia. Yo me ofrecí a hacer el desayuno mientras pensábamos cómo iban a ser los turnos de la ducha. María lo tenía todo pensado e Isa, como no, no le importaba dejarse llevar, por lo que me dijo algo que me sorprendió.
Alex, si quieres vas preparando el desayuno mientras nosotras nos duchamos juntas.
¿Juntas? Respondí sorprendido.
Sí, es un termo eléctrico no muy grande y si nos duchamos en tres turnos uno se va a quedar sin ducharse. ¿Quieres ducharte con agua fría?
Puse cara de que sería lo último que iba a hacer, así que sonreí y dije que me parecía una idea perfecta.
Mientras se duchaban preparé el desayuno, tostadas, café, unos panecillos de crema que había por la cocina y un té para María. Dejé la mesa lo más decorada posible y esperé a que salieran.
Cuando salieron de la ducha no pude dejar de mirarlas. Iban cubiertas con una toalla, anudada al pecho, el pelo mojado, y con una sonrisa de oreja a oreja, como si hubiera sido la mejor ducha de su vida. Isa se dio cuenta.
Alex, deja de mirarnos, como si nunca me hubieras visto recién duchada.
Sí, muchas veces, pero es que habéis salido de la ducha y no sé, os veo como más relucientes, mucho más guapas. No sé que ha pasado ahí dentro, pero se ve que la ducha os ha sentado muy bien.
María se sonrió mientras que a Isa se le subieron los colores a las mejillas, lo que hizo que la viera todavía más guapa.
Mientras desayunábamos no hice más comentarios, aunque miraba a una y a la otra y notaba como sonreían y se miraban de forma cómplice, sabiendo que yo estaba sospechando algo y que iba a ser difícil que no lo descubriera.
El recorrido que nos había preparado Clara era intenso, muchas cosas que ver y muy poco tiempo. Decidimos que la comida sería rápida y que la cena la haríamos más fuerte porque de esa forma aprovecharíamos mejor el día. A eso de las 6, cuando se hizo de noche, notamos que era necesario parar y reponer fuerzas en un restaurante.
Nos pedimos salchichas que para eso estábamos en Alemania y cerveza, y como no entendíamos mucho elegimos la que nos recomendaron.
Cuando vinieron los platos empezamos a reír. Esperábamos unas salchichas como las que tenemos en España, pero las de Colonia son mucho más grandes, inmensas. La cerveza era un tanque de un litro para cada uno y de más graduación a la que estamos acostumbrados. En cuanto tomamos un poco de cerveza se nos fue subiendo a la cabeza y las chicas empezaron a mostrarse mucho más alegres, sobre todo Isa que de ser más seria pasó a estar totalmente suelta.
Mira Alex, ¡no me cabe en la boca! Me dijo mientras intentaba comerse la salchicha
¡Debe ser 3 veces de grande que la de Toni!
María riéndose me miró y me dijo
Y con respecto a la tuya, ¿qué? ¿cuántas veces es más grande?
Las dos hermanas se rieron de la ocurrencia mientras me miraban expectantes así que no quise hacerme el fanfarrón
¡Pues en mi caso debe ser 5 veces más grande! Yo es que la tengo muy pequeña.
A lo que Isa me respondió
Así me gusta, no le des pistas a mi hermana que ella enseguida suelta la imaginación y no sabes entonces como pararla. Es mejor que no se haga ni idea de cómo de grande la tienes.
¡Eso no vale! Protestó María.
Mirándola fijamente y con una sonrisa en mi boca jugué al juego que acababa de empezar
Yo no te he preguntado como de grandes las tienes tú María, así que estamos en paz.
Isa empezó a reírse,
¡Claro porque sabes que tiene las tetas pequeñas!
Nos reímos los dos mientras María ponía cara de enfadada, daba un sorbo a la cerveza y más animada contestaba a su hermana
Ya sabes que lo que tengo grande es otra cosa, que además te gusta mucho.
Yo, no acaba de comprender nada, pero Isa se volvió a poner roja, mientras le daba un pellizco a su hermana que soltó un grito de dolor.
Así transcurrió la cena y ya a la salida las dos hermanas me cogieron del brazo. Estaban cansadas, la cerveza las había mareado un poco y tenían frío por lo que se apretaron contra mi cuerpo. Yo a cambio me sentía feliz por la buena compañía en la que estaba.
No llegamos muy tarde para las horas españolas, eran las 8 y no teníamos sueño, pero sí que estábamos cansados. Nos sentamos en el sofá como si no fuéramos a levantarnos nunca más, y entonces descubrí una faceta de María que desconocía, y es que tenía conocimientos de masajista y además estaba dispuesta a que lo comprobáramos.
Venga el que quiera un masaje que lo diga, que yo se lo doy. ¿Isa quieres uno?
Pero si no tenemos crema ni nada.
Seguro que Clara tiene por ahí. Alex por favor busca a ver si hay alguna crema.
Vale. Me pongo el pijama y de paso miro a ver si tiene alguna crema
Me puse el pantalón corto del pijama y una camiseta y empecé a buscar en el cuarto de Clara. No estaba bien mirar en sus pertenencias, pero tampoco esperaba encontrar nada raro. En el fondo del armario hallé una bolsa con varios botes, todos en alemán que no entendía, así que con lo que había encontrado regresé al comedor.
Cuando entré, vi que María e Isa no habían perdido el tiempo, se habían desnudado y estaban cubiertas con una toalla, la misma que habían utilizado por la mañana para salir de la ducha. Lo que no sabía es si llevarían ropa interior o no. Decidí considerar la situación normal y disimular.
Mirad, Clara tiene varios botes, aunque no sé cuál es para la piel.
María me agarró la bolsa y empezó a sacarlos.
Vaya, con mi sobrina sí que tiene botes sí. Mira las cosas que tiene tu hija, se ve que el erasmus le ha venido bien
María los iban sacando y poniendo sobre la mesa.
Este sabe a fresa, como el que a mi me gusta y mira Isa, éste, creo que es para el ‘culete’.
Isa los iba mirando y poniendo ojos de asombro mientras María cada vez sonría más. Estaba claro que María los conocía y yo también deduje que el del ‘culete’ lo utilizaba Clara para el sexo anal. Yo estaba sorprendido así que no me extraña que su madre lo estuviera más.
Venga Isa tiéndete y te doy el masaje.
Isa hizo caso a su hermana y se tendió de espaldas, cubierta con la toalla. Mientras, María se llenó las manos de crema y empezó un masaje relajante. Se ve que esos masajes se los había dado muchas veces por lo que su hermana cerró los ojos y se dejó hacer.
Me senté al lado, viendo como María iba subiendo sus manos por los los muslos, hasta llegar al borde de la toalla y bajar de nuevo hasta sus pies. Esta acción la realizó varias veces, aunque en cada ocasión sus manos subían más arriba, mostrándome un poco más de los muslos de su hermana. María me miraba mientras lo hacía y notó como mi polla marcaba el pantalón de mi pijama sin que yo pudiera evitarlo.
Alex,¿te gusta lo que ves?
Intenté disimular, aunque era evidente lo que estaba pasando.
Das los masajes muy bien, no sabía que eras masajista.
Si quieres te puedo enseñar, seguro que Luisa te lo agradecerá.
María me hizo una seña para que no hablara, me cogió las manos, me echó crema en ellas y me las llevó a los pies de Isa. Mientras Isa seguía boca abajo, con los ojos cerrados y muy relajada.
Guiadas por María, mis manos empezaron a recorrer los pies, los tobillos, los muslos, hasta llegar al borde de la toalla. Hice el ademán de bajar mis manos, pero María me las cogió fuerte e hizo que siguiera subiendo, hasta llegar a la parte interior de los muslos de Isa que en ese momento cerró instintivamente las piernas impidiendo que avanzara más.
Continuará....
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