Un despiste me condujo a mi sumisión (21)
Sus Amas deciden que su cuerpo debe llevar siempre sus marcas. Entre la humillación del collar y la obediencia en cuatro patas, él descubre que su felicidad reside en ser tratado como un animal.
Mi Ama Carmen se me acercó y se dispuso a ir soltando una a una las pinzas de mi cuerpo.
¡Que bien te has portado, mi perro!, nos has satisfecho muy bien. Después de esto creo que realmente ya no existen límites para tu entrega y sumisión a nosotras. ¿Te sientes bien?
Si mi Ama, soy muy feliz desde que ustedes me aceptaron para ser su esclavo y perro.
Ahora fue quitando el film que rodeaba mi cuerpo y lo inmovilizaba. Conforme lo iba quitando el sudor resbalaba por mi cuerpo dejando al aire las zonas de mi cuerpo que mis Amas habían tratado con tanto cariño.
Merche, ¿que te parece como ha quedado su cuerpo?.
Me encanta, deberíamos de procurar mantenerlo así siempre. ¿No te parece?
Por mi si, me encantaría que siempre mantuviera esas marcas nuestras en su cuerpo.
¡Prepáranos un café, esclavo!
Ya libre y moviendo todo mi cuerpo para aliviar el dolor de mi cuerpo me dispuse a prepararles el café.
Acércate para ponerte tu rabito de perro.
Me coloqué de espaldas a Ellas y con mis manos separé mis glúteos ofreciendo mi culo a mis Amas.
Muy bien, así me gusta, que te ofrezcas a nosotras para satisfacer nuestros deseos.
Fue Merche la que colocó el plug de rabito de perro en mi orificio anal. Lo fue girando despacio para que fuera penetrando en mi culo. Sentía como iba llenándome. Cuando estuvo todo dentro de mi lo giró para que el rabito estuviera hacia arriba.
¡Ya está!. Ahora y mientras se hace el café limpia ese suelo que has puesto perdido de sudor, cerdo.
Me arrodillé en el suelo y con mi lengua fui lamiendo y limpiando el suelo.
Me gusta que seas tan cerdo. Acércanos los cigarrillos, perro.
Podríamos establecer una sesión diaria con el fin de que esas marcas no desaparezcan o se vuelvan de un color poco digno de un esclavo.
Me parece una buena idea. Si te parece todos los días, después de desayunar podemos dedicarnos a ello.
¡Estupendo, muy buena idea! Así pasará el día recordando lo que es.
Mientras limpiaba el suelo y cuando me iba a levantar mis Amas echaban la ceniza por lo que continué limpiándolo mientras desde mi posición las miraba fumar y reírse de mi.
¿No te importa que echemos la ceniza al suelo, verdad?
No, mis Amas estoy aquí para limpiar el suelo de la ceniza de sus cigarrillos. Gracias.
El café estaba listo así es que me levanté no sin antes presentarme ante Ellas arrodillado y con la boca abierta. Así, mi Ama Merche escupió un salivazo en mi boca para apagar en ella su cigarro. Mi Ama Carmen hizo lo mismo. El sabor de su saliva mezclado con el del humo de sus cigarrillos me excitaba mientras lo saboreaba en mi boca antes de tragarlo. Me levanté y les serví el café.
Mientras lo tomaban me dediqué a fregar unos platos. Así de espaldas a Ellas un palmetazo con su mano sentí en mi culo.
Vamos a procurar que esas marcas sean permanentes. ¿Te parece bien esclavo?. No se para que te pregunto. Lo que puedas opinar es algo que no nos importa en absoluto.
Me sentiré muy orgulloso de llevar en mi cuerpo sus marcas de forma permanente. Les estoy muy agradecido.
Ya has oído, todos los días tras el desayuno nos dedicaremos a repasar esas bonitas marcas en tu cuerpo. Para ello y nada más terminar te ofrecerás para que llevemos a cabo dicho tratamiento.
- Así será mis Amas.
Arrodillado frente a Ellas las contemplaba como tomaban su desayuno. Mientras lo hacían escupían restos del mismo a mi cara y al suelo. Para mi suponía una inmensa alegría el recoger sus sobras masticadas y escupidas de mi cara y del suelo y saborearlas. Además de los restos sólidos tiraban de vez en cuando de mi correa para que me acercara a Ellas y abriera la boca. Entonces escupían en mi boca alguno de sus sorbos del café con leche que estaban tomando. Esta forma de desayunar respondía a lo que siempre había soñado y me reforzaba en mi deseo de seguir siendo su esclavo de por vida.
Ya puedes recogerlo todo. Nosotras vamos al porche para fumarnos un cigarrillo. Por cierto cuando termines te presentas allí para que te llevemos a hacer tus necesidades antes de arreglarnos para salir.
Ellas se marcharon quedándome yo fregando el desayuno y el suelo. Después me dirigí al porche. Allí estaban fumándose un cigarrillo. Les ofrecí la correa de mi collar. Fue mi Ama Carmen la que la tomó tirando de ella llevándome a cuatro patas por el jardín hasta llegar a un árbol donde me ordenó orinar.
Ya puedes mear perro. Recuerda que eres un perro y como tal harás tus necesidades.
Levanté una pierna y me puse a orinar sobre el árbol. Era a la vez humillante y muy satisfactorio el ser tratado como un auténtico perro.
¿Tienes ganas de hacer tu caquita?
Me acerqué a Ella y le lamí sus pies como respuesta.
Muy bien, perrito. Vamos a que hagas tu caquita.
Tiró de mi correa llevándome a un extremo del jardín donde habitualmente lo hacía.
Ya puedes, pero no tardes. No me gusta estar mucho tiempo esperando.
Me puse en cuclillas dejando mi culo a la altura del lugar marcado para mis necesidades. Al terminar le miré. Me mandó limpiarme restregando mi culo en la hierba. Al volver junto a mi Ama Merche, esta me acarició con su mano la cabeza.
Me encanta ver como cada día que pasa eres más perro y más cerdo. ¡Abre la boca, cerdo!
Al hacerlo dejaron caer sus colillas en mi boca. Entonces uno de los pies de Carmen presionó mi cuello.
¡Limpia bien el suelo!, como ves está bastante sucio de ceniza.
Obediente mi lengua comenzó a limpiar el suelo recogiendo la ceniza de sus cigarrillos. Cuando terminé fueron tan amables que cogiendo mi cara con sus manos escupieron sendos salivazos en mi boca.
Enjuágate bien la boca, cerdo. Nos gusta que la tengas bien limpia para lo que podamos necesitar.
Su saliva espesa hizo las funciones del agua, enjuagándome la boca. Mientras lo hacía Ellas se marcharon a vestirse para salir. Al pasar por mi habitación me dejaron preparada mi vestimenta.
Al terminar y dirigirme a mi habitación mi Ama Merche me llamó.
Perro, ven aquí, te necesito. Antes de que te prepares para salir quiero que me atiendas.
Inmediatamente me presenté en su dormitorio.
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