Un despiste me condujo a mi sumisión (20)
No ves nada, no puedes moverte, solo sientes. El plástico negro te atrapa y la correa te mantiene a su merced. Mientras ellas hablan y se tocan, tú solo puedes esperar el siguiente golpe, el siguiente dolor, la siguiente prueba de tu entrega absoluta.
Mi comportamiento agradó mucho a mis Amas. Aunque el dolor era terrible solo mirándolas y ver sus caras de felicidad me hacían soportarlo e incluso desear más y más.
Vamos a la cocina, se me ha ocurrido algo muy interesante. Acércate que te ponga la correa.
No imaginaba lo que podía esperarme. Tirando de la correa y como un perro a cuatro patas las seguí tras de ellas. Al llegar a la cocina me ordenaron ponerme de pie dejándome sujeto con la correa que amarraron a una anilla que habían fijado a la pared.
Agáchate, perro. Voy a follarte.
Echado hacia adelante y con mi culo ofrecido mi Ama Merche me penetró introduciendo el plug de la cola de perro en mi ano.
Ya puedes ponerte erguido y pega tus brazos al cuerpo. Te voy a tapar los ojos para que solo sientas lo que voy a hacer sin saber lo que es.
Escuché abrir uno de los armarios de la cocina y sacar algo. Solo podía oír y sentir, sin ver nada.
Carmen ayúdame. Vamos a inmovilizarlo. Así podremos disfrutar de él más a nuestro gusto.
Sentí como un plástico envolvía mi cuerpo impidiéndome cualquier movimiento. Cuando terminaron me dejaron ver lo que habían hecho. Todo mi cuerpo estaba envuelto con plástico de cocina de color negro. Ahora procedieron a envolver mi cara con el mismo plástico dejando una abertura a la altura de mi boca en la que introdujeron un embudo por el que podía respirar. Nuevamente estaba sin poder ver nada.
¿Que te parece Carmen?
Me encanta verle así.
Ahora vamos a sacar su rabito. Acércame la tijera.
Sentí el frío de la tijera recortar a la altura de mi trasero el plástico y con un pequeño tirón extrajeron el rabo de mi plug moviéndolo en círculo y haciendo que me excitara. Mi Ama Merche pasó su mano por el plástico a la altura de mi polla mientras seguía jugando con mi rabo.
Ja, ja, ja. Mira Carmen, nuestro perro se está excitando. Lástima que no pueda su polla mostrarla.
Mi Ama Carmen llevó su mano junto a la de Merche apretando mi polla a través del plástico que la envolvía e impedía que mi excitación fuera manifiesta a pesar de que se iba poniendo cada vez más dura y grande. El calor del plástico me producía una excitación hasta ahora desconocida. Mi polla se endurecía al tacto de mi Ama como queriendo romperlo y respirar aire.
Se la dejaremos ahí escondida, me gusta más.
Está bien Carmen, ahora vamos a dejar libres sus pezones. Déjame la tijera Carmen.
El no poder ver añadía un morbo especial a mi condición de sumiso sintiéndome totalmente en sus manos. Mientras pensaba esto el frío de la tijera penetro por el plástico dejando mis pezones libres de la presión de este.
Bien ya solo nos queda esto.
No podía imaginar a que se estaba refiriendo. Pronto lo iba a saber. Nuevamente la tijera fue recortando unos círculos en cada uno de mis glúteos.
Bueno, creo que ya está preparado. Toma disfruta tu mientras me fumo un cigarrillo.
Solo las podía escuchar. Una de Ellas tomó mis manos y las esposó a la anilla en la que habían atado la correa de mi collar para a continuación hacerme separar las piernas con una barra cogida a mis tobillos. De esta forma la inmovilización era total, solo me quedaba esperar y desear sentir lo que tenían pensado. Mi mente dejó de pensar cuando un golpe de la fusta se dejó caer sobre uno de los círculos de mi culo.
Merche, me encanta el color que está tomando su piel en las aberturas que le has hecho en su culo.
Uno tras otro y cada vez con mayor intensidad su fusta iba enrojeciendo mi piel a la vez que sus palabras de satisfacción por lo que estaba haciendo llegaban a mis oídos excitándome cada vez más al sentirme plenamente de su propiedad.
Toma cariño, descansa un poco.
La fusta dejó de realizar su trabajo y unas uñas se apoderaron de mis pezones. Sentía su respiración en mi nuca.
Me vuelven loca tus pezones, perro. Saber que no puedes decir nada me excita mucho. Enciéndeme un cigarrillo Carmen.
El humo de su boca rodeaba mi cuello desde atrás pudiendo olerlo a través del embudo. Sus uñas no cesaban de cerrarse alrededor de mis pezones. De repente cesaron en su tortura y una quemazón invadió mis sentidos. Estaba pegando su cigarrillo a uno de mis pezones que me hizo estremecer.
Espero que no me defraudes y disfrutes igual que lo estoy haciendo yo. Me gustas mucho mi perro.
El cigarrillo fue sustituido por sus uñas. El dolor de su tortura se incrementó hasta un nivel desconocido hasta ahora por mi. Nuevamente una bocanada de humo se introdujo en mi boca. Sin embargo aún no se había terminado mi tortura ya que de nuevo sentí el cigarrillo pegado a mi otro pezón.
Carme, acércate, estoy súper excitada. Dame un beso.
Pude oír como sus lenguas se unían dejando un sonido muy conocido para mi. Sus salivas se estaban entremezclando. Un nuevo sonido acompañado de gemidos me hizo suponer que Carmen la estaba masturbando con sus dedos mientras Ella seguía disfrutando de mis pezones a través del cigarrillo. Podía escuchar el sonido de sus dedos entrando y saliendo de su coño totalmente mojado y chorreando de flujo.
¡Para, no puedo más! Necesito descansar Carmen. Esto ha sido muy fuerte el placer que he experimentado. Voy a sentarme y a fumarme un cigarrillo. Este perro es algo que jamas pude imaginar que existiera alguien así de entregado.
Pude disfrutar de un pequeño descanso. Ignoraba el tiempo que iba a durar.
No te preocupes cariño, ya me encargo yo de él.
Oír sus palabras me hizo saber que sería mi Ama Carmen la encargada de disfrutar de mi. Unas pinzas fueron colocadas en cada uno de mis pezones que al estar quemados con el cigarrillo tenían unas pústulas en ellos que se reventaron con la presión de las pinzas.
Estás precioso perrito mío.
Sentí como tomaba las tijeras y recortaba el plástico alrededor de mis huevos. Los masajeo con fuerza con sus manos y colocó en cada uno de ellos una pinza con una cadenita de la que paulatinamente iba colgando unas pesas hasta hacer que se estiraran en extremo.
Voy a hacer que se muevan un poco. Con la fusta comenzó a mover las pesas que estaban enganchadas a la cadenita.
Mientras estás se movían alegremente tirando hacia abajo de mis huevos, su fusta volvía a golpear mis glúteos con el fin, según me decía Ella, de que no perdieran el color rojizo que tenían y que tanto le gustaba. El dolor del que estaba gozando era incapaz de discernir de donde provenía, si de la fusta o de las pinzas en mis huevos o de las fijadas en mis pezones. Sin embargo y sin llegar a ser entendido por cualquier otra persona estaba deseando sentir más y más con sus torturas como forma de demostrarles a mis Amas lo feliz que era siendo de su propiedad.
¿ Como te encuentras Merche?
Muy bien creo que tengo fuerzas para volver a sentir otro orgasmo como el que he tenido. Ven a mi lado cariño, necesito de tu calor junto a mi.
Deduje que estaban sentadas tras de mi hablando de lo que cada una había sentido y alabando y exaltando mis cualidades como sumiso y perro suyo.
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