Un despiste me condujo a mi sumisión (19)
No es solo obediencia lo que buscan; es tu dolor, tu humillación y tu silencio. Mientras ellas fuman y charlan, tú aprendes que tu único propósito es servir, incluso cuando el dolor te consume.
Ellas fumaban sus cigarrillos echadas en la cama y charlando e ignorándome. Yo permanecía a los pies de la cama acercándome a Ellas y vigilando sus brazos cuando los estiraban para echar la ceniza en mi boca. Dado que eran dos mujeres algo obesas el sudor les cubría por completo.
Ya que estás ahí desnúdate y dedícate a refrescarnos. El calor es sofocante y el sudor es algo que no soporto.
Tal como me había ordenado me desnudé quedando solo con mi rabo en mi culo, el collar y la correa. Me coloqué a los pies de la cama.
Puedes empezar por nuestros pies. Descalzamos y límpianos.
Lo primero que hice fue descalzarlas. Conforme tuve sus zapatos en mis manos pude notar el sudor que ls envolvía y antes de dejarlos en el suelo los llevé junto a mi nariz para olerlos y después lamerlos y saborear con mi lengua todo su interior.
¡Que cerdo estás hecho, me encanta que cada día lo seas más!
Ahora tomé cada uno de sus pies pasando mi lengua por las plantas notando en mi lengua restos de suciedad que saboreé y tragué para a continuación ir cogiendo cada uno de sus dedos y chupándolos con lentitud y mucha lujuria. Por último me dediqué a los espacios de entre sus dedos. Sabían exquisitos con un sabor mezcla de salado por su sudor y amargo por su suciedad de todo el día. No me veía harto de lamerlos hasta que un golpe de sus pies me echó al suelo.
¡Tráenos los cigarrillos, perro!
A cuatro patas me desplace hasta el sillón donde estaban sus bolsos y los paquetes que habían comprado. Tomé el paqueteg de cigarrillos ofreciéndoselo para que tomaran uno y se los encendí.
Bueno, creo que es el momento de probar lo que hemos comprado.
Mi Ama Carmen se levantó y llevó los paquetes a la cama.
Primero vamos a colocarle el bocado. Acércate perro.
Rodeó mi cabeza con la cinta que partía de los extremos del bocado y lo ajustó a mi boca atándolo fuerte tras de mi cabeza. Mi boca quedó semi abierta haciendo imposible que pudiera articular palabra. Ahora mi Ama Merche sujetó la correa al collar ordenándome permanecer a su lado y a cuatro patas.
Vamos a peinarlo. ¿Te parece Carmen?
Siiiii. ¿Quieres que lo moje para que lo peines mejor?
Claro, mojado se peina mejor. Ja, ja, ja.
Mi Ama Carmen se colocó sobre mi sentándose sobre mi espalda. Al estar desnuda el contacto de su coño depilado y caliente sobre la piel de mi espalda me provocó una excitación brutal que no pude disimular por la posición en que me encontraba.
¿Carmen, te has dado cuenta como se ha puesto el perro de excitado? Tendremos que corregirle.
Merche tomó unas pinzas dentadas que colocó en la piel de mi polla. Después les fue colgando unas pesas haciendo que los dientes de las pinzas se clavaran mucho más en la piel.
Creo que aprenderá pronto a controlarse.
Con una de sus manos golpeaba las pinzas haciendo que oscilaran una y otra vez. Con su otra mano acercó el cigarrillo a uno de mis pezones. El dolor que provocaban las pinzas y la quemazón del cigarrillo acercándose poco a poco al pezón hacían que me moviera como un caballo desbocado mientras Carmen permanecía sentada sobre mi espalda.
No creo que pueda aguantar mucho más, Merche.
Está bien, ya puedes cariño.
Las manos de mi Ama Carmen tiraron de la correa que tiraba del bocado provocando que la abriera mucho más. Así estaba cuando un líquido caliente comenzó a resbalar por mi espalda. Estaba orinando sobre mi. A pesar del tratamiento que Merche ejercía sobre mi polla, ésta no perdía su excitación, lo cual la cabreó mucho. La forma de aliviar su cabreo fue aplastar el cigarrillo sobre mi pezón para una vez apagado depositarlo en mi boca. Lo salado de la orina hizo que al impregnar mi pezón quemado el escozor y el dolor se incrementaran.
Veo que no eres capaz de obedecer. Sabes bien que solo te esta permitido excitarte cuando una de nosotras te de su permiso. Has provocado que me cabree y mucho. Por eso te he aplicado el castigo que espero te haga reflexionar para la próxima vez.
La orina resbaló por todo mi cuerpo dejando un charco en el suelo. Mi Ama Carmen me descabalgó para echarse sobre la cama.
Límpiame, cerdo. Ven que te quite el bocado.
Libre del bocado me dediqué a lamer sus piernas, sus ingles y todo su coño que estaba muy mojado de restos de su meada y sudor,
Bien, para ya y dedícate a limpiar el suelo. No ves como está de sucio. ¡Eres un cerdo y solo mereces hacer lo que hacen los cerdos. Ja, ja, ja.
A cuatro patas comencé a pasar mi lengua por el suelo encharcado de sus orines. Estaba caliente y con sabor muy concentrado. Al terminar les miré desde el suelo viendo como se besaban y exhalaban el humo de sus cigarrillos de una boca a la otra.
Creo que ahora podemos peinarle. Toma Merche el cepillo.
Merche se levantó y se sentó sobre el borde de la cama tirando de la correa de mi collar y colocando mi cabeza entre sus piernas. Sentí como el frío de los dientes del cepillo se posaba sobre mi espalda e iniciaba un recorrido por toda ella generando unos surcos en ella.
Que fabuloso es este cepillo. Mira Carmen como peina de bien.
La mano de Merche sostenía el cepillo de púas que habían comprado y lo comenzó a pasar por mi espalda. Al principio sentía un cosquilleo en mi espalda que fue transformándose en algo más conforme continuaba peinándome. La presión de su mano hacía que los dientes del cepillo se fueran clavando en mi piel dejando unos pequeños surcos que iban produciendo un escozor cada vez mayor.
¿Te gusta como está quedando nuestro perrito, Carmen?
Si, está precioso, después me dejarás a mí que termine de peinarlo. Ja, ja, ja.
El dolor se estaba incrementando cada vez más.
¿Quieres que lo moje un poco más, Merche?, aún me queda un poquito.
Si, claro. Mojado se le peina mejor.
Carmen se colocó sobre mi espalda separando sus piernas y dejando salir su orina que se deslizaba por los surcos de mi espalda.
Ya puedes seguir, Merche.
Ahora las púas del cepillo iban introduciendo la orina en las marcas de mi espalda haciendo que el dolor se hiciera casi insoportable.
¡Que bien le queda el cuerpo a nuestro perro! Ahora échate de espalda en el suelo.
La presión de mi cuerpo sobre la espalda acrecentó el escozor y el dolor. No imaginaba lo que me esperaba.
Toma Carmen, ahora péinalo por delante. Ha de estar muy guapo.
Gracias Merche. Le has dejado el pezón precioso con ese color rojizo.
Carmen tomó el cepillo y antes de comenzar a peinarme acercó su mano al pezón que mostraba el efecto del cigarrillo de su amiga Merche. Con dos de sus dedos lo tomó y comenzó a apretarlo. Mis ojos soltaron unas lágrimas de dolor a la vez que mi mirada se fijaba en Ella y le daba las gracias por su dedicación a este su perro.
Me gusta cuidarte, mi perro y lo que más me gusta son tu cara y tus palabras de agradecimiento.
Mientras seguía mirándola el sonido de un mechero me paralizó.
¿Que te ocurre, mi perro? Has tenido un gesto que quiero que me expliques a qué se debe.
Mi Ama, solo es que al escuchar el mechero he mirado como está ese pezón que está acariciándome con sus dedos.
Apretando sus uñas alrededor de m pezón me miró fijamente.
Ahora has de disfrutar con lo que Yo, tu Ama, te está haciendo con todo mi cariño.
Si, mi Ama.
Y si escuchas un mechero o ves que Merche o yo nos encendemos un cigarrillo no vuelvas a tener esa reacción sino todo lo contrario manifiesta alegría al vernos y disponte a ofrecerte, ¿lo tienes claro?.
Terminando de hablar sus uñas se clavaron por completo sobre mi pezón. Sabía como debía reaccionar ante tanto dolor.
¡Que placer, mi Ama! Gracias por su atención.
Así nos gusta, que seas muy agradecido y sepas valorar cualquiera de nuestras atenciones.
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