Un despiste me condujo a mi sumisión (18)
Lleva un collar que le duele y un rabo que lo delata. Para ellas, no es un amante, es su perro. Y hoy, el paseo incluye comprar los accesorios para su obediencia.
Un nuevo día se presentaba y mi felicidad de ver a mis Amas contentas y dichosas de poseerme era inmensa. Saberme receptor de sus desechos en la forma que fuera me llenaba de orgullo y dicha.
Ve y ponte la ropa que te hemos preparado. Cuando estés listo vienes por si necesitamos de ti.
Soltaron mi correa y a cuatro patas con mi rabo introducido en mi culo me dirigí a mi cuarto para vestirme con la ropa que me habían preparado. El collar me lo cambié por uno de paseo, de color rosa y con una plaqueta que llevaba grabada mi nombre y el de mis Amas entre dos llaves para dejar ver que les pertenecía y que no estaba libre para otros u otras. En cuanto a la ropa, por supuesto que no me prepararon ropa interior pero si un liguero negro al que se unían unas medias caladas de rejilla. De vestimenta solo un abrigo abotonado para no dejar ver mi desnudez.
Ya estoy vestido, mis Amas.
Muy bien, desabróchate los botones de arriba para dejar descubierto tu pecho.
Lo desabotoné quedando expuesto mi pecho ante Ellas.
Voy a colocarte esto para que en todo momento tengas presente el porqué las llevas.
Mi Ama Carmen sacó de una bolsita unas pinzas dentadas unidas entre sí por una cadenita que pasaron a través de la anilla de mi collar. Una vez pinzados mis pezones intenté levantar mi cabeza que me fue imposible dada lo corta que era la cadena, obligándome a llevar mi cabeza mirando hacia el suelo si no quería sentir el dolor que me producían las pinzas.
Así es como debe estar un perro como tú ante sus Amas, con la cabeza agachada y la mirada fija en el suelo. ¿Lo has entendido?
Si mis Amas, así estaré.
Mientras mis Amas se vestían para salir permanecí arrodillado por si necesitaban de mis servicios.
¡Acércate perro! lámeme bien mis axilas, noto que he pasado calor esta noche y las tengo sudadas.
Me levanté y como pude, dada la tirantez de la cadena que unía las pinzas comencé a lamer sus axilas que efectivamente rezumaban sudor de toda la noche. Su sabor era acre y no tan sabroso como cuando me dedicaba a lamer su coño después de orinar.
Lame bien perro, no me siento bien con el sudor en mis axilas.
Cuando terminé volví a mi posición inicial, arrodillado. Así estaba cuando pensé que harían con mi rabo para salir a la calle. Sentarme en el coche iba a ser incómodo y al andar seguro que se notaría la protuberancia de llevarlo.
Bueno perro, vámonos ya.
Mis dudas se resolvieron pronto al llegar al coche y sentarme. Hube de moverme en el asiento con el fin de que tomara una posición en la que el rabo no me fuera incómodo.
¿Te sientes bien, perro?
Si mi Ama, muy bien.
Así me gusta, que te sientas bien y cómodo. Queremos que te hagas muy pronto con tu condición.
Arranqué el coche dirigiéndome a la dirección que me indicaron. Se trataba de un comercio dedicado a artículos para todo tipo de animales, incluidos los perros como yo. Nada más salir del coche mi Ama Carmen introdujo su mano por detrás de mi llegando a coger el rabo y girándolo con el fin de que no sobresaliera por mi ropa.
Vamos a aquella zona que es la de perros.
Las seguí mientras iban viendo y hablando sobre todo lo que había para perros.
¡Mira Carmen este cepillo! Es justo lo que necesitamos para peinarle.
Era un cepillo de púas que servía para peinar el pelo de los perros. Yo no tenía tanto pelo pero supuse que lo usarían para algo distinto.
¿Te gusta esta bola? Nos serviría para jugar con el. ¿Te gusta a ti perro?
Si mi Ama, mucho.
Seguimos viéndolo todo y echando lo que les gustaba en la cesta.
Veamos la zona de equitación, seguro que ahí encontramos cosas que nos gustan.
Allí había todo tipo de fustas y látigos. Eligieron una fusta larga que terminaba en un cordón con una bolita en su extremo. Mi Ama Merche lo cogió y lo uso al aire quedando prendada de su sonido.
Este me encanta Carmen. Mira este para ti que te gusta usarlo en distancias cortas.
Se trataba de un látigo de tiras de cuero trenzadas, corto y de color negro.
Bueno que más podemos elegir. Ah, este bocado no está mal. Veamos como le queda al perro.
Era un cilindro duro de cuero negro con dos anillas en sus extremos de las que salían unas correas.
Abre la boca. Veamos como te queda.
Lo colocaron en mi boca y ajustaron las correas alrededor de mi cabeza.
Es estupendo, y aún quedan más agujeros para ajustarlo mejor si lo necesitamos. Nos lo vamos a llevar también. Y, esta tapa ojeras me gustan.
Se trataba de unos círculos de cuero que se ajustaban a mi cara tapándome los ojos e impidiendo la visión.
Bueno, creo que ya lo tenemos todo. Vamos a pagar y nos vamos a casa. Estoy deseando llegar para probarlo todo. ¿Te parece bien, perro?
Si mis Amas yo también estoy deseando llegar a casa para que lo prueben todo y verlas así disfrutar.
Paga todo esto y lo llevas al coche, nosotras tomaremos una copa en la terraza del bar de enfrente.
Ellas se marcharon a tomar el refresco mientras yo pagaba y lo llevaba al coche. Cuando lo dejé todo me dirigí donde estaban ellas tomando un refresco y fumándose un cigarrillo. Estando a su lado mi Ama Merche me rodeó con su brazo acercándome a Ella.
Ven a mi lado. Quiero que te sientes con nosotras.
Hubiera sido todo un detalle por su parte si no hubiera metido por debajo de mi abrigo su mano para girar mi rabo y colocarlo derecho para hacerme sentar después. Me senté entre Ellas procurando que no me molestara mucho el rabo que sobresalía de mi ano. El camarero se acercó por si deseaba tomar algo.
El no tomará nada, le dijo mi Ama Carmen.
El camarero se marchó y mi Ama Carme puso su mano bajo mi barbilla y levantando mi cara.
Si tienes sed nos lo dices.
Al sujetar mi cara con su mano la cadena que unía las pinzas de mis pezones tiró de ellos produciéndome un dolor añadido.
Me gusta que nos mires. Toma, bebe un poco de aquí.
Me ofreció su copa no sin antes escupir en ella y apagar su cigarrillo. Bebí tragándolo todo y dándole las gracias.
Tenías mucha sed, ¿verdad?. Si quieres puedes tomar de mi copa también.
La copa de mi Ama Merche estaba igualmente condimentada por Ella. La tomé y bebí todo su contenido. En mi boca mantenía las colillas de sus cigarrillos que me permitieron echar sobre mi mano.
Bueno vámonos ya, estoy deseando llegar. Hace mucho calor y el sudor me agobia.
Al llegar al coche les abrí las puertas traseras para que subieran colocándome de rodillas y presentando mis manos para que apoyaran sus pies y así ayudarles a subir. Después subí yo y llegamos a casa. Me desnudé en mi habitación y marché rápido a su dormitorio. Aunque no podía levantar la cabeza del todo pude verlas echadas sobre la cama.
Acércanos un cigarrillo, perro vamos a descansar un rato.
Fui a por el paquete de cigarrillos, les ofrecí un cigarro a cada una y se los encendí quedando de rodillas junto a la cama.
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