Mis vacaciones de verano 10
Eugenio no es solo un vecino más; es el perro de sus amas. Desde los pies hasta el suelo, su sumisión no tiene límites, y esta noche, el paseo por el barrio promete ser la más humillante de todas.
EN CASA DE MIS AMAS LETICIA Y VANESA
Esa noche, Carmen estuvo hablando con sus hijas el tiempo necesario para contarles todo lo que había hecho conmigo.
–Veréis, resulta que vi a Eugenio, de rodillas, besando los pies de una vecina, me excitó verlo, y me besó los pies. –dijo Carmen.
–Entré a su casa, porque fui a verlo, y cómo me lo presentó la vecina como un esclavo y perro, al abrir la puerta, lo tenía de rodillas y haciéndome una reverencia para besar mis pies. –dijo Carmen.
–Vale, o sea que lo viste paseando por el pasillo, y te cruzaste con una vecina. –dijo Janet.
–Sí, no recuerdo si fue con Natalia o con Maribel. –respondió Carmen.
–¿Maribel la del segundo está metida en esto y lo sabe? –preguntó Noemí.
–Si, esa. –dijo Carmen, mientras la amiga que se llamaba Lucy, escuchaba la conversación en silencio, porque era la primera vez que venía con Janet.
–Madre mía, la que ha armado Eugenio, por confesarle sus fantasías sexuales a Leticia. –dijo Noemí.
–¿Y qué es lo que sucedió? –preguntó Noemí.
–Pues, en ese momento, salían Anika, Maika y Natasha, que son unas vecinas que han venido hace unos cinco meses. –dijo Carmen.
–Y a la misma vez que me besaba los pies el perro, pues se lo presenté a ellas, y se los besó a ellas, también. –respondió Carmen.
–Así que, decidí que entramos en su casa, y fue donde, me lamió y me limpió las bailarinas, los pies, y estuvo un rato oliéndome los pies. –dijo Carmen.
–Joer,…mamá que cosas nos estás contando. –dijo Janet.
–El caso era que, también jugué con él, tirándome una pelota, escupiéndole dentro de la boca y se corrió, así que pisé el semen del suelo, y me lo limpió con la lengua, el muy cerdo asqueroso que es. –dijo Carmen.
–¿Y qué pasó más? –preguntó Noemí, excitada y cachonda perdida al escuchar esas cosas tan sucias y pervertidas.
–Pues, durante un buen rato estuve dándole con la correa doblada en el culo y en la espalda, haciendo que gimiese de dolor, pero el tío es masoquista, y se excitaba. –respondió Carmen.
–En ese momento, me llamó vuestro padre al móvil y tuve que venirme, así que se quedó con sus vecinas jugando, supongo. –dijo Carmen.
–Y eso es todo, es un chico que le gusta ser sumiso fetichista de pies, y parece que varias vecinas amigas suyas, han decidido cumplir sus fantasías, porque les gusta, y a mí, me apeteció probar y lo disfruto. –dijo Carmen.
–¿Eres Ama dominante, mamá? –preguntó Janet.
En ese momento, llegaba Shana, que era otra de las hijas, que escuchó parte del tema de la conversación.
–No fastidies, mamá, que te gusta el BDSM. –dijo Shana.
–Es Ama dominante. –soltó Noemí.
–¿En serio? ¿Qué me he perdido? –preguntó Shana.
–Mira ha sucedido esto. –dijo Noemí, mientras todas seguían hablando.
En ese momento, apareció su padre, y ella dijo que ni una palabra de eso, a él, ni a nadie, manteniendo el secreto todas, pero todas se habían excitado y puesto cachondas perdidas.
En cambio, en casa de Leticia y de Vanesa, yo estaba a sus pies, besándoselos, mientras me los iban restregando por la cara.
–Saca la lengua y déjala fuera, perro. –ordenó Leticia, viendo como la obedecía, tanto ella como las demás, se excitaban al verse obedecerlas, pero, también, viéndome arrodillado a sus pies desnudo como un perro con las anillas en mis pezones y la jaula de castidad, que les causaba morbo y excitación a todas.
Pero, lo que más les excitaba era mi collar, del que tiraban para hacerme caminar hasta sus pies. Iba lamiendo los pies de Natalia como al rato lamía los pies de Nagore, y la siguiente a Vanesa para terminar a los pies de Leticia.
–¿Mañana, vienen vuestros novios al final? –preguntó Nagore.
–Si, parecía que no podían, pero al final van a venir. –respondió Vanesa.
–¿Y qué vais hacer con el esclavo? –preguntó Nagore.
–Es una buena pregunta, por eso está aquí, para hablarlo seriamente. –dijo Leticia.
–Una opción es que se lo digamos y que sepan que Eugenio es nuestro esclavo y perro hasta final de mes. –dijo Vanesa.
–Y lógicamente, participen en los juegos eróticos y en las fantasías con nosotras y con él. –dijo Vanesa.
–Pero, ¿Habéis hecho algún juego similar alguna vez de BDSM con ellos? –preguntó Natalia.
–La verdad que no, salvo que algunas veces, me azota el culo con la mano, llamándome puta y zorra. –dijo Leticia.
–A mí, mi ex, me daba pollazos en la cara, y me follaba la boca como hemos estado follando al esclavo. –respondió Nagore.
–¿Y qué es lo que sucedió? ¿Por qué rompisteis? –preguntó Vanesa.
–Lo pillé con otra en su casa, así que rompimos. –respondió Nagore.
–Mucho no me quería, desde luego. –dijo Nagore.
–Si, eso es verdad. –dijo Vanesa.
–¿Y tú que piensas Leticia? –preguntó Vanesa.
–Si, eso, ¿Qué piensas tú? –preguntó Nagore.
–En definitiva, Eugenio es tu esclavo, te lo confesó y tú lo sometiste primero, y le pusiste la jaula de castidad, y tienes la llave colgada en el tobillo. –dijo Natalia.
–Pues, si os soy sincera, me excitaría ver como tres hombres hacen sexo, es una de mis fantasías junto con la de liarme con muchos tíos. –respondió Leticia.
–Pero, soy consciente que, hasta ahora, hemos sido mujer hombre, hombre mujer, y estos juegos han sido heterosexuales, independientemente que hagamos sexo anal, estimulando el ano de Eugenio, y aunque él, sienta mucho placer, creo que sería forzarlo a hacer algo que no quería antes de esto y que ahora tampoco. –dijo Leticia.
–Si, eso es cierto. –respondió Natalia.
–Luego, cuando acabe el mes, cada uno se irá a su casa, y las consecuencias vendrán para él, sobre todo muy fuerte. –dijo Nagore.
–Lo siento, Vanesa, pero no me agrada lo que has dicho. –dijo Leticia.
–Vale, lo entiendo. –respondió Vanesa.
–Además, eres psicóloga, deberías de saber muy bien, las consecuencias de forzar a una persona hacer sexo con su mismo género, si es heterosexual, el daño que le causaría. –dijo Leticia.
–Es verdad, lo sé, y no sé por qué lo he dicho así de manera tan inconsciente. –respondió Vanesa.
–Ha sido, porque es una fantasía que tenemos todas, pero claro sólo vale con hombres que sean bisexuales o con gais, al igual ellos, tienen la fantasía de ver a varias tías con un hombre. –dijo Nagore.
–Es verdad. –dijo Natalia.
–Mira, se le puede decir, y pueden saberlo, no creo que haya nada de malo en ello, pero ellos, no intervienen con el esclavo. –dijo Leticia.
–¿Esto no lo creo que lo admitirán? Es muy fuerte, chicas, o se es Ama o esclavo o Amo y esclava, no hay término medio. –dijo Natalia.
–Bueno, he leído el otro día una palabra que define a una persona que puede ser ambas cosas. –dijo Leticia.
–Explica eso, ¿En qué consiste eso? –preguntó Natalia.
–Es Switch, se es Ama y esclava a la vez o Amo y esclavo a la vez, pero con diferentes personas. –respondió Leticia.
–Es decir, que se es Ama para una persona o personas, y esclava para otras depende del lugar o del contexto. –dijo Leticia.
–Es bueno, saberlo, o sea que un día te apetece que te den latigazos y al otro los das, es interesante. –dijo Natalia.
–Lo pruebas todo, lógicamente. –dijo Vanesa.
–¿Qué vamos hacer al final? –preguntó Nagore.
–Creo que vamos a decírselo a los dos, y que lo sepan, porque al final, lo van a descubrir por alguna vecina o algo. –dijo Vanesa.
–Si, es verdad. –dijo Leticia.
–Lo único, es que no tenemos relación cuando estén ellos, y listo. –dijo Leticia.
–¿Te has enterado, esclavo? –preguntó Vanesa.
–Si, mi Ama Vanesa. –respondí, besando sus pies, y continuando lamiéndoselos, ya que estaba en ese momento a sus pies.
–Echaré de menos la adoración de mis pies, no sabes lo que es hasta que la pruebas. Sobre todo, tenerte a mis pies cuando lo desee. –dijo Vanesa.
–Si, es verdad. –dijo Nagore.
–Además, vienen mi novio y mis hermanas, también. –dijo Nagore.
–Vendrá mi novio y mi hermana. –dijo Natalia.
–No pasa nada, disfrutemos de nuestro esclavo esta noche breve, ya que mañana, tendremos que ser gente normal. –dijo Vanesa.
Se pusieron a cenar, mientras me escupían en la cara y en el suelo, tirándome los trozos de la comida masticada o los huesos para que comiese el resto de la comida que quedaba.
Muchas lo hacían aposta, dejar pollo en el hueso, para verme comerlo como un perro, mientras me dejaban un cuenco en el suelo con agua y con comida, que habían comprado en el Mercadona.
–Respóndeme, esclavo. –preguntó Leticia.
–¿Por qué tienes marcas rojas de la correa doblada en tu espalda y en tu culo, esclavo? –preguntó Leticia.
–Si, mi Ama Leticia. –respondí.
–Es porque mis vecinas Anika y Natasha, que son mis vecinas rusas, me vieron que me vieron en el balcón cuando tendía la ropa. –respondí.
–Y cuando vino Carmen, que es la vecina del primero de varias puertas más adelante, me vio de rodillas besando los pies de Maribel, y Maribel me vio besarla sus pies. –respondí.
–Pues, hace un rato me sacaron a pasear como un perro mis Amas Anika y Natasha, presentándome a un grupo de chicas con las que nos encontramos a las cuales lamí sus pies y me mearon en mi boca como en mi cara y cuerpo. –respondí.
–Si que has tenido movimiento, porque el otro día estaba con Gema, Marta y Belén, esclavo. –dijo Leticia.
–Además, de las Amas musulmanas a las que besaste sus pies en la piscina. –dijo Nagore.
–¡Vas muy deprisa, esclavo! –dijo Nagore.
–Luego, he conocido a una Ama sudamericana en la caja de Mercadona, a la que me ha ordenado que le de mi número de móvil, junto con la farmacéutica, que me folló el culo y me dio, de latigazos como un perro en celo. –dije yo.
–Joder,…Te va a conocer medio pueblo a este paso, esclavo. –dijo Vanesa.
–Es por el collar y las anillas, Vanesa. –dijo Natalia.
–Reconocen que es un esclavo sexual y quieren divertirse con él, como nosotras hicimos y hacemos ahora. –dijo Nagore.
–Es verdad, pero él, se ha acostumbrado a llevarlo en esa semana, y no se lo quitaría, aunque se lo quitásemos. –dijo Leticia.
–Además, está deseando que le sodomicemos su culo como a una puta zorra de mierda, porque le encanta que lo usen y lo tiren, tratándolo como un objeto. –dijo Vanesa.
–¿A qué sí, esclavo? –preguntó Vanesa.
–Si, mi Ama Vanesa, me gusta mucho que me sodomicen. –respondí, poniéndome con el culo en pompa.
–Ves, es como una perra en celo, deseosa que la follen. –dijo Vanesa, levantándose para coger el arnés y sacar el vibrador de mi ano, que estaba pringado de fluidos.
–Por eso, dije lo de decírselo a nuestros novios, porque este es una puta zorra a la que le encanta que se la follen. –dijo Vanesa, metiéndomela por el culo, haciéndome gemir de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor y de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor y de placer.
Vanesa, tiraba de mi cadena, haciéndome que se me arqueara la espalda, hincándomela más, hasta hacer más dolor y más placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor y de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor y de placer.
Habían comprado una polla vibratoria cada una de ellas, y se la pusieron, para metérmela por la boca. Primero, fue mi Ama Leticia, y luego fueron Nagore y Natalia sustituyendo a Vanesa. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor y de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor y de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor y de placer.
Ellas, se habían comprado unas pollas dobles, que estaban metidas dentro de sus coños, haciéndolas gemir de placer, mientras vibraban, mientras que ellas se corrían, sus fluidos vaginales, chorreaban hasta el interior de mi ano, y de mi boca, chupando y lamiendo todo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor y de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor y de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor y de placer.
Después de todo aquello, comencé a correrme de placer, soltando semen al suelo a través de mi jaula de castidad, y gimiendo todo el raro de placer y de dolor hasta que me fui acostumbrando a esa sensación hasta que exploté de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor y de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor y de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor y de placer.
Yo me dejaba llevar como me había dicho mi Ama Deyanira, el dolor había desaparecido y el placer salía por todos lados, mientras me follaban por el ano y por la boca, haciéndome ver las estrellas.
–Ves cómo le gusta, que se lo follen. –dijo Vanesa.
–Podemos decírselo a nuestros novios, pero luego si no les gusta o no les convence, no sucede nada. –dijo Leticia.
–Se queda apartado, y no sucede nada. –dijo Leticia.
–Voy a llamarlo y se lo contamos, y vemos que piensan si les gusta la idea o la rechazan. –dijo Vanesa.
–Nosotras, también vamos hablar con nuestros novios.
Primero, llamaron Vanesa y Leticia, mientras que Nagore y Natalia, me follaban sin parar, haciéndome gemir como una perra en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor y de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor y de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor y de placer.
Al rato, volvieron con malas caras, así que les preguntaron cómo había ido. A lo que, Vanesa y Leticia, dijeron.
–No les ha hecho mucha gracia, y nos han dicho que no lo quieren ver con nosotras ni besando nuestros pies y mucho menos jugando y dándole placer sexual al cerdo del vecino. –dijo Leticia.
–Qué es un puto guarro y cerdo y que se masturbe en casa y que no moleste a la gente. –dijo Leticia.
–Qué se busque a una puta como hacen todos los tíos y que le pague por sus servicios, que nosotras no somos sus clientes. –dijo Vanesa.
–Joder,…si, que son radicales y cortos de mentes los dos. –dijo Nagore.
–Espera, lo que dirán los nuestros. –dijo Natalia.
Las dos se fueron, mientras que mis Amas Leticia y Vanesa, me volvían a darme por el culo, pero antes con la inyección, recogieron semen para meterlo en el vibrador, y no tardando mucho, se corrieron dentro de mi boca como de mi culo, haciéndome gemir como una perra en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor y de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor y de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor y de placer.
Cuando vinieron las dos, estaba encima de la mesa, a cuatro patas con la mano de Leticia, metida en mi culo hasta su brazo, masajeándome la próstata y tozando mi zona erógena, haciéndome gemir de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–¿Qué os han dicho? –preguntaron Leticia y Vanesa.
–Lo mismo que los vuestros, que no les gusta nada la idea de meter a un tío en nuestras relaciones. –dijeron ellas.
–Pero, ¿A qué si fuese una chica, no se negarían ninguno? –preguntó Natalia.
–Pues, no. –dijo Nagore.
–¿Qué estáis haciéndole al esclavo? –preguntó Natalia.
–Es el masaje prostático que le ha vuelto loco de placer y por eso, le gusta que le follen el culo como a una puta zorra. –dijo Leticia.
–Ostras, yo quiero aprenderlo hacer. –dijo Nagore.
–Mira, mete la mano y ve palmándolo lo que está en la pared al lado de pene es por donde está la próstata. –dijo Leticia, enseñándole por donde tocar y estimular, haciéndome que gimiese de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Con nada que tocó, me volví a correr de placer, soltando semen de gusto.
–Ves, has hecho que se corra si tocarle el pene, sino estimulándole la zona erógena y la próstata. –dijo Leticia.
–¿Dónde has aprendido esto? –dijo Natalia.
–Viendo videos de estas cosas que me parecieron interesantes, pero me acabo de matricular a medicina, y lo he visto hacer en clase con un muñeco. –respondió Leticia.
–Ostia, vamos a probar todas. –dijeron ellas.
–La verdad que esto, se lo pierden, los tontos estos por tener la mente cerrada. –dijo Vanesa.
Estuvieron practicando hasta que lo hicieron todas muy bien, haciéndome gemir de placer a su voluntad. Mientras que, yo estaba excitado perdido y muy feliz de sentir esas sensaciones que nunca había sentido.
–Bueno, vete a tu casa y descansa, esclavo. –dijo Leticia.
–Ya sabes, si nos cruzamos por el pasillo o nos vemos, como siempre, pero cuando ellos no miren, haces una reverencia, esclavo. –ordeno Leticia.
–Si, mi Ama Leticia. –respondí yo, besando sus pies y los de las demás.
Yo salí de su casa como había entrado, para volver por las escaleras de rodillas, y no sabéis lo difícil que es. Durante mi regreso, me encontré con tres chicas que eran alquiladas, que al verme alucinaron, pero al acercarme y hacerles una reverencia para besar sus pies, supieron quién era.
–Es el vecino del primero, que le gusta ser un esclavo sexual. –dijo Teresa.
–Es verdad, lo vimos el otro día en la piscina como se arrodillaba ante esa chica morenita y le besaba sus pies, hasta se los lamió como un perro. –dijo Sandra.
–Si, además, le meo en la boca, y por su cara, y por todo el cuerpo. –dijo Ania.
–Pues no vamos a desaprovechar esta oportunidad de tener a un esclavo a nuestros pies, chicas. –dijo Sandra.
Cogió mi cadena para tirar de ella, y llevarme a su casa, porque estaban de alquiler las tres solas, por lo que, fui siguiéndolas como su perro a su casa del bajo.
–Míralo, nos sigue encantado, perro. –dijo Sandra.
–Claro que le gusta que le den caña. –dijo Ania.
Entré al salón detrás de mi Ama Sandra, que era la que había cogido mi cadena, tirándome del cuello. Ellas, se sentaron en el sofá y en una silla, mientras que yo me quedé mirando sus pies, agachado como un perro.
–Primero, vamos a examinarlo, porque nunca nos hemos encontrado con un esclavo sexual. –dijo Teresa, que era enfermera.
–Ponte abriéndote de piernas como una puta zorra, esclavo. –ordenó Ania, viéndome ponerme de esa manera.
Las chicas vieron la jaula de castidad y el vibrador anal que sobresalía de mi ano.
–No sé cómo narices has tenido el valor de ir así por los pisos, esclavo. –dijo Sandra.
–Se lo habrá ordenado su Ama, Sandra. –dijo Teresa.
–Claro es verdad. –dijo Sandra.
En ese momento, llegaron Sara y Sofía, que venían de la feria, y se encontraron con un chico desnudo abierto de piernas con anillos en los pezones y con una jaula de castidad en su pene.
–¿Qué es esto? ¿Es una broma o qué? –preguntó Sara.
–No, es un vecino que le gusta ser esclavo de las mujeres, y lo hemos pillado volviendo de una de las casas de sus Amas, así a cuatro patas como un perro. –dijo Sandra.
–Y a ésta, se le ha ocurrido la idea de pasárnoslo bien con él. –dijo Ania.
–Pues, la verdad llevamos una noche de aburrimiento, y esto, nos ha alegrado la noche. –dijo Sara.
–Este es el que viste lamiendo los pies de una mora del cuarto y creo que hasta se meo en su boca. –dijo Sara.
–Es un puto cerdo asqueroso y guarro. –dijo Sofía.
Sandra y las otras, se desnudaron y abrieron las piernas.
–Venga ven, perro. –dijo Sandra, levantándome y besando sus haciendo una reverencia en señal de respeto, obediencia y sumisión, para comenzar a lamerle su vagina.
Sandra comenzó a gemir de placer, mientras que las demás observaban y se quitaban la ropa, tocándose y poniéndose calientes. La verdad que todas estaban muy calientes y cachondas perdidas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
No tardó en correrse, ya que, había aprendido a lamer vaginas muy bien con todas las que había lamido y chupado desde que me convertí en un esclavo y perro blanco, como me llamaría mi Ama Anisa. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Comenzó a correrse gimiendo de placer y de gusto, soltando sus flujos vaginales, mientras iba lamiéndolos con la lengua y chupándolos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Hasta que le limpié su vagina, y de repente, se levantó y me puso su vagina en la boca, y comenzó a mearse dentro de mi boca y por toda mi cara y sobre mi cuerpo, soltando unos gemidos de placer y de alivio. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Ahora, me toca a mí, ven aquí esclavo. –ordenó Ania, yendo y haciendo una reverencia para besar sus pies.
–Ahora, ven y lame y chupa, cerdo asqueroso. –ordenó Ania, cogiéndome de la cadena y tirando de mi collar, y comenzar a lamer su vagina, dándole placer y mucho gusto, comenzando a gemir como una perra en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–¡Qué bien, lame este puto perro! –soltó Ania, gimiendo de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
No tardando en correrse de placer y gimiendo como una loca. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Se quedó jadeando de los orgasmos que tuvo, mientras estaba lamiendo y chupando su vagina y gimiendo de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Sigue, lame más rápido, así, así….. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Termino hasta que se la dejé totalmente limpia, fue cuando se levantó y comenzó a agarrarme del pelo, y se meó en mi boca, mientras me la tragaba toda, hasta que al final se alejó para mearse en mi cara por mi pecho y por encima de la cabeza.
El caso era una detrás de otra estaba lamiéndoles sus vaginas y se meaban en mi boca. Madre mía, no sabía cuánto pis, había bebido en mi vida. Detrás se pusieron a pasarme las plantas de sus pies en mi cara, respirando su aroma y su olor hasta que se iban, limpiando las plantas de sus pies con mi lengua.
Todas descansaban y algunas se encendía un cigarro, y fumaban mientras les lamía sus pies, una detrás de otra, e incluso ya los tenían super limpios, pero es que me volvían locos sus pies.
–Hay que ver lo que le gustan le gustan los pies al esclavo. –dijo Sara.
–Se me ha ocurrido una idea, esclavo. –dijo Sara.
–Abres la boca, esclavo. –ordenó Sara, echándome la ceniza en la boca.
–Anda, es nuestro cenicero, y todas las que fumaban me echaban la ceniza en la boca hasta que una se atrevió a apagar la colilla en mi lengua. Mientras que, las demás repitieron haciendo lo mismo, mientras me decía.
–Cierra la boca y mastícala para tragártela, esclavo. –ordenó Sara.
–Si, mi Ama Sara. –respondí, mientras todas se quedaban sorprendidas, pero cachondas perdidas por eso.
–Bueno, ¿Y cómo sientes placer tú, esclavo? –preguntó Teresa.
–Teniendo esa jaula de castidad, esclavo. –dijo Sandra.
–Ya está, a este le dan por el culo, ¿Verdad perro? –preguntó Ania.
–Si, mi Ama Ania. –respondí, y me ordenaron ponerme a cuatro patas, mientras me sacaban el vibrador anal de un tamaño considerable, haciendo gemir de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Tráete el arnés que usas, Ania. –dijo Sara.
–¿Qué? –preguntó Ania.
–Si, ese que escondes para que te den por detrás sus líos o para dar tú. –dijo Teresa.
Ania fue al final y lo trajo, se lo pusieron a vibrador, y comenzó a follarme el culo, mientras me la metía y gemía de placer como una puta zorra, no tardando en correrme y soltar mi semen por el suelo mientras se quedaba todas sorprendidas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–¿Habéis visto? –preguntó Sara.
–Este puto esclavo le gusta que se lo follen, e incluso creo que le gusta otras cosas. –dijo Sandra, mirando el vibrador, viendo que venía una inyección.
En ese momento se le encendió la luz, y succionó el semen y lo inyectó en la polla vibratoria para continuar follándome Sandra, haciendo gemir nuevamente. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Nuevamente, me corría y esta vez el semen del pene, salió llenándome el ano de semen, sacándomela del culo, y goteando el semen.
–Date la vuelva, esclavo. –ordenó Sandra.
–Si, mi Ama Sandra. –respondí, follándome la boca hasta metérmela hasta el fondo, y haciéndome gemir de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Y no tardó mucho en correrse dentro de mi boca, mientras me la tragaba y me la sacaba para correrse en mi cara y en mis pechos, que parecían que había crecido un poco, pero no tanto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Ella comenzó a darme con la polla en la cara, restregándomela por la boca, jugando con ella, como lo habían hecho a ella, y a las demás, hasta que me ordenó, limpiarla con la lengua, como una puta zorra.
Me puse a lamer la polla como me habían ordenado mi Ama Naomi, lamiendo desde la base hasta la punta, y besando el glande en el centro, luego en la izquierda y luego, en la derecha, para terminar, lamiendo el falo y chupando el glande, y tragándome la polla con placer.
Todas, fliparon con la manera de limpiarle su polla hasta llegaron a excitarse y a ponerse cachondas perdidas.
–¿Dónde has aprendido a lamerla así, esclavo? ¿Quién te ha enseñado, esclavo? –preguntó Sara.
–De mi Ama Naomi, por videollamada. –respondí, besando sus pies y los pies de cada una de ellas.
–Este mundo es muy perverso, la verdad. –dijo Ania.
–Vamos a darle caña al esclavo, que he visto que les gusta que les den latigazos. –dijo Sandra.
–No tenemos látigos. –dijo Teresa, pero miraron a Ania.
–¿Tienes látigo? –preguntó Sofía.
Ania, no pudo resistirlo y dijo que sí.
–Está bien, sí tengo unos látigos. –dijo Ania.
–Y cómo tiene látigos esta? –preguntó Sofía.
–No lo sé, que lo explique cuando venga. –dijo Sandra.
Mientras tanto, Sara cogió una de las zapatillas de casa que tenía de toda la vida, y comenzó a azotarme el culo, haciendo que gimiese de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Comienza a contarlos, esclavo. –dijo Sara, me atizaba, haciéndome gemir de dolor.
–¡Zas, Zas! –¡Uno, dos, mi Ama Sara! –decía. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama sara! –decía.
–¡Zas, Zas! –¡Tres, cuatro, mi Ama Sara! –decía. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama sara! –decía.
–¡Zas, Zas! –¡Cinco, seis, mi Ama Sara! –decía. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama sara! –decía.
Estuvieron dándome azotes con sus zapatillas, dándome todas menos Ania, que venía con tres látigos, uno largo, otro corto y una fusta.
–Joder,…nena, ¿Cómo es que tienes todo eso? –preguntó Sandra.
–Confiesa anda. –dijo Sofía.
–Una vez estuve en una fiesta de BDSM, en un fin de semana que me invitaron y daban regalos, y estuve jugando con el BDSM. –dijo Ania.
–¿Y hasta ahora, no nos has comentado nada? –preguntó Teresa.
–No pensé que os gustara a ninguna, cuando ha salido varias veces el tema, pasabais de ello, e ignorabais el documental. –dijo Ania.
–Bueno, ahora como ves, no pasamos y que nos empieza a gustar. –dijo Sara.
Dejaron de darme con las zapatillas planas de casa, que cada una de ellas, tenía unas diferentes. Una tenía unas alpargatas grises de tela, otra unas zapatillas con suela de madera con tela roja, otras unas bailarinas o manoletinas de color verde o blancas, así que me estuvieron dándome en el culo, y estuve aullando como un perro hasta que me pusieron unos calcetines en la boca. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Trajo unas esposas largas para las piernas y las muñecas, que me pusieron, dejándome de pie colgado de la puerta del salón, y fue cuando comenzaron a darme latigazos, pero muy sádicas, se notaba que lo llevaban en la sangre y me daban con ganas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Cuenta los latigazos y danos las gracias, esclavo. –ordenó Sofía.
–¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis mis Amas! –decía. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mis Amas! –decía.
–¡Siete, ocho, nueve, diez, once, doce mis Amas! –decía. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mis Amas! –decía.
–¡Trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho mis Amas! –decía. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mis Amas! –decía.
Estuvieron, dándome por lo menos unos 50 latigazos rotándose los látigos hasta que me hicieron que me corriese de placer con todos esos latigazos, gimiendo como una puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Me soltaron detrás, para ponerme de nuevo de rodillas para besar los pies de todas.
–Lame y limpia con la lengua lo que has manchando, esclavo. –ordenó Sara.
–Si, mi Ama Sara. –respondí, lamiendo como una buena puta, limpiando el semen del suelo y la orina derramada en el suelo hasta que se los dejé limpio.
Detrás, que quedé de rodillas sentado sobre mis plantas de mis pies, y con la cabeza mirando al suelo. Ellas iban preparando la cena y de vez en cuando me llamaban.
–Ven, esclavo. –ordenó Sara, escupiéndome comida masticada en la boca, mientras me la iba comiendo.
Una detrás de otra, me iba dando de cenar y me echaron las sobras al suelo, y comencé comiéndolo todo, lamiendo el suelo, mientras ellas, disfrutaban viéndome y riéndose de risa.
–Mira, esto es una pasada. –dijo Sandra.
–Tener un esclavo y un perro así, es una pasada. –dijo Sara.
–¡Qué noche más divertida que estamos pasando! –dijo Sofía.
Detrás de comer todas, me abrieron la puerta, y Sara que era la más sádica, tiró de mi cadena para hacerme caminar detrás de ella.
Me iba dando latigazos con el látigo corto, haciéndome gemir de dolor y sintiendo placer, sin poder resistirlo, me corrí de placer de nuevo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Eres un puto cerdo de mierda, esclavo. –dijo Sara, que vio que venía la señora Matilde con su marido.
Sara sabía lo quisquillosa que era ella, por lo que piso el semen con sus zapatillas, y me la puso para que se la limpiase, sacando la lengua lamia su suela, mientras Matilde, me veía a los lejos, según venía.
–Así, muy bien, perro. –decía Sara, riéndose mientras la otra acercaba a ella.
–Muy buenas noches, Matilde. –dijo Sara con una sonrisa.
–Ya está el puto degenerado este de mierda, montando su numerito. –dijo Matilde a su marido, que lo tenía frito.
A su marido se le iban los ojos, mirando la escena, y quizás le molase algo el tema.
–¿Qué tal está usted? –preguntó Sara.
–Estoy sacando al perro a pasear, pasen ustedes que mi perro no muerde si yo no quiero, ¿Verdad esclavo? –preguntó Sara, atizándome con el látigo.
–¡Zas, Zas! –sonaba el sonido del látigo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Ellos pasaron, mirándome con una cara de asco, que Matilde no se podía contener.
–Deja de mirar, que pareces un payaso. –dijo Matilde, atizándole con unos tortazos.
–O es que te gusta que te peguen con a ese degenerado, que es un puto cerdo asqueroso de mierda. –dijo Matilde, quitándose la zapatilla y atizándole al marido en el culo.
–Déjame, no me pegues más, Matilde. –decía el hombre.
–Eres tú peor que ellos, pasa ya mujer. –decía él.
–¡Qué pase dices! –dijo Matilde.
–No haces más que mirarla, babeado como un perro, ¿Por qué me miras así a mí, maricón? –preguntaba Matilde, atizándole, mientras que metían en su casa y se escuchaban gritos de dolor y de discusiones.
–Mira, la que has armado, esclavo. –dijo Sara, poniéndome la suela, mientras lamía su zapatilla, y detrás me fue dando latigazos hasta mi casa. En la que, entró, y me dejó dentro para irse y cerrar la puerta, pero antes de irse, le besé sus pies y ella disfrutó muchísimo.
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