Mensajera
La actriz que dominó sus fantasías adolescentes ahora está a su alcance, pero la realidad de su vida actual es muy distinta al glamour que él recuerda. Entre el alcohol y la nostalgia, la línea entre el deseo y la compasión se difumina en la oscuridad de un piso de extrarradio.
MENSAJERA
Desde el primer momento en que crucé una mirada con ella me sonó su cara. No sabía de qué ni de donde pero era una cara tremendamente familiar para mí. Todo encajó en mi mente cuando me la presentaron y oí su nombre. Quedé con la sonrisa congelada y cara de gilipollas durante unos segundos hasta que la mujer, con una sonrisa de cartel de cine, asintió con su cabeza confirmando que era quien yo no lograba recordar.
Había cambiado mucho, su belleza morbosa y su imagen transgresora habían mutado hacia algo más conservador. Ya no lucía su melena dorada y su pelo tenía una tonalidad caoba con un corte por encima de los hombros. Había ganado algo de peso y sus tetas empezaban a perder la batalla.
Muchos años atrás (fácilmente un cuarto de siglo) las fotos de aquella mujer que me acababan de presentar nos alegraron la juventud a muchos. Y es que había sido la protagonista más solicitada para las series televisivas de nuestra juventud antes de dar el salto al cine donde exhibió un cuerpo de escándalo provocando que nuestra testosterona corriese por nuestro torrente sanguíneo sin control.
Su pecho desnudo había provocado más erecciones que cualquier video porno de Internet. Llegó a aparecer en varias portadas de la conocida revista que todos sabemos bajo el titular de “los mejores pechos del cine español”. Y era rigurosamente cierto. Unas preciosas tetas de tamaño perfecto con un conjunto de pezón y aureola provocador. De un color marrón claro los pezones apuntaban hacia arriba haciendo que todos quisiéramos mamarlos.
Desde el primer momento, entre nosotros, surgió una buena química. Aunque compartíamos velada en un bar de copas con un grupo amplio de gentes (amigos de uno y otra) comenzamos una animada charla en la que me enteré que lo del cine no es tan bonito como parece. Que la fama es bastante efímera, sobre todo si no hay buenos padrinos. La mujer había dejado de aparecer en las pantallas, sustituida por otras, y poco a poco su declive cinematográfico se convirtió en una realidad. Pasado unos años en los que nadie le cogía el teléfono ni llegaban guiones a su correo, le surgió una propuesta de colaboración en uno de esos programas de prensa rosa para desembuchar secretos contra alguien. La mujer optó por su dignidad y decidió que el mundo del espectáculo había acabado para ella.
Con un hijo adolescente, separada del padre de este y con las facturas llegando cada mes no tuvo más remedio que buscárselas como pudo. Ahora trabajaba como repartidora de una empresa de mensajería. Pasaba diez horas al volante recorriendo Madrid y provincia para que los pedidos llegaran a tiempo:
-Por extraño que te parezca, muchas actrices “famosas” acabamos trabajando de cosas impensable…sobre todo si no aceptamos ciertas cosas…
Alcé mi copa y la hice chocar con la suya a modo de brindis por la mujer que era. Por mi parte, era un separado a punto de entrar en la cincuentena (tres años menos que ella) al que le había costado mucho superar la ruptura y encontrar un sitio de nuevo en el mundo. Desde hacía menos de un año había comenzado a volver a salir de fiesta y mis contactos con mujeres eran escasos. Mi última “relación” había sido de un mes con Taiko, la mujer china, hija de los propietarios del bazar bajo mi piso.
De repente, y antes de que la conversación degenerar en una situación insalvable, comenzó a sonar Chiquilla, de Seguridad Social, lo que nos sirvió para cambiar de tercio. Fue ella la que me sacó a bailar. Aunque soy totalmente arítmico la invitación no permitía un no por respuesta así que como pude la acompañé en su contoneo. Mi extraña forma de seguir la música sirvió para provocarles unas risas. Ya saben eso de que si haces reír a una mujer tienes mucho ganado.
Durante el resto de horas seguimos bebiendo, riendo y bailando. Sin duda habíamos conectado y aquello solo parecía tener una única salida. Así que todo se precipitó alrededor de las 3 de la madrugada. Ella comentó que se marchaba y yo me ofrecí a llevarla a su casa. Dentro del coche nos miramos, ella me comentó que hacía tiempo que no lo pasaba tan bien con un desconocido (por típico y tópico que suene). Nuestros labios se buscaron hasta encontrarse en un maravilloso beso:
-¿Y ahora qué…? –Preguntó ella.
-Vamos a mi casa. –Contesté yo.
Conduje hasta el bloque de extrarradio. Logré aparcar frente al bazar chino de Taiko y subimos por las escaleras hasta la primera planta. Con ella abrazada a mi, logré abrir la puerta de la vivienda. Nos besamos antes incluso de cerrar la puerta. Enganchados nos fuimos hasta mi dormitorio donde desatamos nuestra pasión.
Mi cabeza no terminaba de procesar la situación. Después de un largo matrimonio acabado, muchos meses sin sexo por no saber superar la ruptura y un par de relaciones que no tenían ningún futuro desde su inicio, me encontraba a punto de hacérselo a una actriz, musa de mis pajas de juventud. Si alguien me hubiese dicho, a mis veintitantos años, que me follaría a la actriz de moda, nunca me lo hubiese creído. Pero, vueltas de la vida, ahora la tenía completamente desnuda sobre mi cama a punto de cumplir una de mis fantasías adolescentes.
Y es que recuerdo que una imagen recurrente para masturbarme era la de practicarle sexo oral a cualquier famosa. Era algo que siempre me había resultado tremendamente morboso. Tener a una mujer conocida y deseada por todos abierta de piernas mientras yo le daba placer oral. Las imaginaba gimiendo, gritando, llorando de gusto, entregadas a las habilidades de mi lengua. Y ahora todo eso se acercaba mucho.
Ella me miraba tumbada en mi cama y fue abriendo lentamente sus piernas ofreciéndome una visión espectacular de sus labios vaginales rasurados, brillantes por la lubricación del flujo. No lo dudé y me incliné para hundir mi cabeza en su entrepierna y comenzar a recorrer cada pliegue de su cueva. Su olor, su sabor, todo en ella me resultaba morboso. Estuve lamiendo su raja desde abajo hasta el clítoris para terminar trillando este con los labios y succionarlo al tiempo que le introducía los dedos. Sus jadeos y sus manos sobre mi cabeza me invitaban a seguir. De repente su cuerpo comenzó a tensarse. Sus manos presionaron mi cabeza contra su pubis, Su cadera se movía en círculos en mi boca y sus piernas se cerraron en torno a mi cabeza atrapándome e impidiendo que me moviera de allí. Su grito de placer anunció un tremendo orgasmo que hizo que quedara casi inconsciente.
Lentamente fui ascendiendo por su cuerpo. Besando y lamiendo cada centímetro de su piel. Descubrí el tatuaje de una pequeña mariposa justo por encima de su cadera derecha. Continué ascendiendo hasta sus preciosas tetas. Aquellas que habían levantado…pasiones en mi juventud. Esas que algún actor famoso se las había comido en un primer plano de alguna de sus películas. Esas que habían sido portada varias veces de la ya extinta revista,
Lamí cada uno de sus pezones, los rodeé con la lengua antes de atraparlos entre mis labios y mamárselos. Sus suspiros me resultaban caca vez más excitantes y en mi mente no se termina de concretar de si lo que estaba vivienda era realidad o uno de esos sueños húmedos de adolescente. Seguí subiendo hasta comernos la boca.
Con mi cuerpo desnudo sobre el suyo, mi polla encontró rápido el camino hasta su jugoso coño. La penetré de un golpe de cadera. Ella sonrió y antes de que pudiera decir algo, la volví a penetrar. Así comencé un movimiento constante de percusión que fue llevándonos al éxtasis. La mujer me rodeó con sus piernas y me abrazó con sus brazos mientras gemía. Aceleré el movimiento de cadera haciendo que la follada fuera más profunda.
De repente, la mujer me hizo rodar para quedar ella arriba. Yo estaba tumbado boca arriba mientras ella me miraba con media sonrisa provocadora. Mi cabeza seguía dando vueltas al ver cumplida esta fantasía. Llevé mis manos hasta sus tetas y agarré sus pezones. La mujer suspiró, luego colocó una mano en mi pecho y comenzó a mover su cadera en círculos haciendo que mi polla llegase a todos los recovecos de su vagina. Yo sentía como apretaba sus músculos vaginales sobre mi polla haciéndome estremecer. Comenzó a botar marcándose una espectacular cabalga. Se agarró las tetas y comenzó a gritar. Yo me incorporé hasta abrazarla y besarle los labios. Vi el reflejo de su espalda en un espejo. Se le marcaban unos hoyuelos en la zona baja de su espalda de manera sensual. El orgasmo de los dos era inminente y así sucedió un segundo después.
Caímos, ella sobre mí. El sudor de nuestros cuerpos no lograba enfriar nuestra temperatura, Estuvimos besándonos hasta que quedamos uno junto a la otra. Relajados, en silencio. En ese momento fui consciente de que lo habíamos hecho sin protección. Me había corrido dentro de actriz. No me atreví a preguntar y supuse que o tomaba píldora o que a sus 52 años no era fértil. No me preocupé por nada más.
Pasaron unos minutos que no supe calcular. Cuando la mujer comenzó a reflexionar…:
-Parece mentira, hace 25 años estaba en una habitación de hotel de Nueva York, acosada por un productor de cine, intentando fingir un orgasmo para quitarme al tipo de encima y ahora, ya ves, en un piso de extrarradio, con un completo desconocido disfrutando del mejor sexo en años…
Aquella afirmación me llamó la atención. También sentí algo de orgullo, claro. La miré con cara de incredulidad.
-Sí, el mundo del cine no es todo lo bonito que parece. Tuve que hacer cosas que no me gustó. Aceptar que hay auténticos depredadores sexuales con muchísimo poder en la industria. Tuve que arrodillarme alguna vez si quería mantenerme en el mercado y alguna vez puse el culo… Hasta que me harté de todo y decidí que aquello no era para mí.
La mujer me volvió a besar y comenzó a lamerme el pecho. Fue descendiendo por mi barriga hasta colocarse de rodillas entre mis piernas. Me agarró la polla, que ya estaba dura como un mástil y comenzó a chupármela lentamente, con mucha saliva. Me deleité viendo como se la introducía entera antes de volver a sacarla sin dejar de mirarme a los ojos. Yo sentía como se me derretía entre sus labios. A mi cabeza vino una secuencia de una de sus películas en las que, sin que se viera en pantalla, se insinuaba que se la chupaba a un conocido actor (aun en activo). Aquello hizo que se acelerase todo y mi orgasmo fuera inminente.
La avisé de que me iba a correr y ella se la sacó y me pajeó hasta que mis chorros impactaron en su cara y sus tetas. Yo me convulsionaba mientras ella apretaba mi polla terminando de ordeñarme. Fue la mejor corrida de mi vida. Nos quedamos dormidos en mi cama. A la mañana siguiente, ya sin los efectos desinhibidores del alcohol la situación era un poco más embarazosa. Nos despedimos y quedamos en llamarnos en otra ocasión. Aún no lo hemos hecho.
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