Mía por despecho (Capítulo 6)
En medio de una noche de fiestas y acuerdos prohibidos, Gonzalo decide que no solo se conformará con ver a su esposa disfrutar con otro; mientras ella se va al coche con el amante, él busca su propia satisfacción en el lugar más inesperado, sabiendo que la noche apenas comienza y que hay viejas heridas que sanar.
Capítulo 6
Los tres nos quedamos mirándonos unos a otros sin saber como reaccionar ante la misiva que traía Martín de parte del cornudo Quique y no lo digo en forma despreciativa, sino más bien cariñosa, vamos, como si me lo dijera a mí mismo.
-Será cabrón, -reincidía en mi apreciación Rocío-, pero si es que ni lo hemos hablado nosotros primero y precisamente hoy que me había dicho que no sentía predisposición a jugar esta noche.
Martín se había sentado en la otra butaca que estaba al lado de nuestra amiga, pero también muy junto a mi esposa que le había cogido de la mano y le dio un pico en los labios.
-¿Tienes hecho los test que te pedimos? -Le preguntó como si nada para que lo oyéramos los cuatro.
-Sí, lo tengo aquí en el bolsillo de atrás del vaquero, -volvió la cara para decírselo y entonces se fijó en la delantera de mi mujer-, no veas, qué bonito escote preciosa, ¿Puedo?
En ese momento alargó el índice de su mano derecha para tirar del borde de la camiseta, al tiempo que se asomaba de forma descarada para disfrutar de lo que acababa de airear el muy cabrón.
-Estate quieto Martín, aquí no me hagas esas cosas, ya te lo he dicho muchas veces, ¿No ves que hay mucha gente?
¡Hombre! Es verdad que había un gentío, pero entre ellos me encontraba yo también, aunque al parecer mi esposa sabía pararle los pies y no quise intervenir para no estropear la noche. Luego vi como me miraba confundido y se lo quise aclarar.
-Yo soy Gonzalo, el marido de Eva y perdona, pero soy un poco más serio que ella, así que procura no pasarte con mi esposa en mi presencia si no tienes mi permiso.
-Ah, ya decía yo, te pido disculpas y también te pido permiso para gastarle unas bromillas de nada Gonzalo, que estamos aquí para disfrutar todos de todo.
Mi mujer fue la que inició sus risas al tiempo que le posó la mano encima de su muslo para darle un suave masaje en él, pero que le llegó hasta la bragueta, menuda puta.
-No le asustes, -me dijo sin dejar de mirarlo a él-, eres serio, pero también muy cariñoso con las personas que quieren a tu mujer.
Entonces lo atrajo hacia sí y le dio un pico más prolongado, aunque por lo menos no sacaron las lenguas a batallar y la mano seguía posada donde antes, mientras los dedos ejercían ya una clara presión en el incipiente bulto que se le estaba formando.
-¿Qué hacemos entonces? -Le preguntó Eva a su amiga-, mejor dejamos lo nuestro para otro día y vosotros os vais con Quique. No pasa nada ¿Verdad cielo? -Me preguntaba a mí.
-No, mujer, ¿Qué va a pasar? Por supuesto que la oferta sigue en pie y lo llevaremos a cabo otro día. -Les confirmé a las dos.
-De todos modos voy a salir fuera para hablar con mi marido, que aquí hay mucho ruido. -Decía Rocío y ya se incorporaba para ir a la mesa del grupo a coger su chaqueta y el móvil para irse a la calle.
-No me entero, preciosa, -le dijo Martín a mi esposa-, ¿He roto algo que habíais acordado?
-Tú no, cariño, lo ha hecho Quique al cambiar de opinión. Nosotros nos íbamos a nuestra casa a pasar la noche los tres, pero si Quique quiere estar con vosotros dos, lo nuestro debe esperar para otra mejor ocasión.
-Ya... joder, qué desastre, si lo llego a saber ni vengo esta noche por aquí. -Se disculpaba él dirigiéndose a nosotros dos.
-Mi mujer tiene razón, tú no sabías nada y la verdad es que Quique tampoco, así que a ver que nos dice ahora Rocío cuando vuelva y haremos lo que ella nos diga.
La mano de mi mujer ya agarraba claramente el tronco de la polla de Martín y sin quererlo la imaginé cogiéndosela en vivo y en directo, como los había visto también recientemente a los dos en las fotos y vídeos que me mostró Eva.
-Perdona Gonzalo, -me dijo Martín señalando con su dedo índice el empalme que mostraba en su vaquero-, pero es que tu mujer me está poniendo a cien. Te pido permiso para darnos otro pico.
En cuanto lo dijo Eva se giró para mirarme a la cara con una expresión jocosa, como si me hubiese puesto el cabrón ese en un gran apuro y no había dudas de que esperaba mi respuesta para proceder en consecuencia.
-Solo un pico y lo hacéis con disimulo.
Desde luego que lo hicieron con un mísero disimulo. Al principio sí que pusieron algo de precaución, pero aquello no paraba y en cuanto entraron en contacto sus lenguas ambos se desbordaron y tuve que darle unos toquecitos en el brazo que tenía libre y que ya se alzaba para rodear el cuello de Martín, entonces abortó el gesto y por fin lograron separarse y echar sus cuerpos hacia los respaldos.
-Perdona, mi amor, es que se nos ha ido un poco la olla. Joder Martín, que solo era un pico tío. -Terminó por echarle la culpa a él, pero de la paja que le seguía haciendo no decía ni mu.
-¿Te has traído tu coche? -Le preguntó Eva.
-Sí, claro, ¿Quieres que vayamos a fumarnos un cigarrillo? Bueno yo, que ya sé que tú no fumas.
-¿Me esperas aquí, cielo? En diez minutos estamos de vuelta.
-Eva, creo que deberíamos esperar a Rocío que estará al volver, a ver qué propone. Tampoco estaría bien que te vayas con Martín estando yo aquí.
-Es que... como se ha hecho los análisis... estaba pensando en una breve penetración y nos venimos rápidamente, solo es eso, mi vida.
-No, cielo, si quieres ir a que te de el aire no me importa, pero nada de meterte con él en el coche, tenemos que volver a hablar de todo esto, Eva.
Mi esposa sin aclararme nada se fue cogiéndose al brazo de Martín, dejándome solo. Era increíble su manera de comportarse y si no me iba de allí era porque tampoco quería montarle un número a mi mujer.
Efectivamente, tres o cuatro minutos después llegaba Rocío, que no se alarmó para nada cuando vio los otros asientos vacíos.
-Los acabo de ver cuando han salido. -Me advirtió para que no buscara otras excusas.
-Me lo ha pedido y no ha habido forma de pararla. -Le respondí.
-Está un poco desatada desde que le ocurrió lo de la violación, pero no se lo tomes muy en cuenta, ya se le irá pasando, estoy segura de ello. ¿Ha sido ella la que te ha propuesto nuestro trío?
-Sí y la que me ha enseñado un vídeo de vosotros con Martín. Es cierto que últimamente solo piensa en follar y en todo lo que tenga que ver con el sexo. En fin... ¿Qué te ha dicho Quique?
-Que haga lo que yo quiera, que lo de hacerlo contigo sería la primera vez y que eso es más morboso que repetir un trío con Martín. El pobre más bueno y cariñoso no puede ser conmigo.
-¿Has llegado a hablar de eso con Eva? -Le pregunté.
-Sí, pero estaba muy ansiosa por meterse en el coche de Martín y me ha dicho que ahora cuando vuelva lo hablamos entre todos.
-Yo creo que te tendrás que ir con tu marido y dejar lo nuestro para otro día, no pasa nada Rocío, pero siéntate aquí a mi lado mientras vuelve Eva y Martín.
Así lo hizo con una leve sonrisa en su cara, que al parecer superaba a la preocupación por no saber que hacer esa noche. No tardé en acariciarle los muslos tan perfectos que siempre me habían llamado la atención, luego cogí su mano y la coloqué por dentro de la cremallera del pantalón que me acababa de bajar. Después le cogí el mentón y lo giré hacia mí y ahí fue cuando por primera vez en nuestra vida, nuestros labios se juntaron para fundirse en un suave pero intenso beso, entrelazando nuestras lenguas mientras le apretaba una nalga con el brazo izquierdo y una teta con el derecho, total apenas nadie podía ver nada de lo que estábamos haciendo.
En esos momentos ella abrió las piernas casi todo lo que le dejaba su estrecha falda y no tuve ningún problema para llegar con libertad a su entrepierna. Luego de estar acariciando su chocho todo el tiempo, le eché el tanga hacia un lado y le dejé ir dos dedos en su interior hasta los nudillos, al tiempo que con el pulgar le frotaba el clítoris. Sus gemidos enmudecían en mi boca y seguí dándole una y otra vez hasta que noté que se iba a correr. Su mano apretó entonces de una forma bestial mi prepucio y sus estremecimientos los tuve que amortizar para que no fuesen tan detectables por el personal que nos rodeaba, aunque también podría ser que alguno estuviera pendiente de lo que hacíamos.
Poco a poco Rocío se relajaba y terminó por separarse un poco de mí, pero sin dejar de mirarme a los ojos con algo de sorpresa aún en su rostro.
-Menudo orgasmo me has dado solo con un par de dedos, ¿Qué no serías tú capaz de hacer con ese pollón? -Me dijo dándome varios apretones en él para que supiera a qué se estaba refiriendo.
-Si al final decides venirte esta noche, te aseguro que no te van a quedar dudas de lo que soy capaz de hacerte. Te tengo ganas Rocío, muchas ganas, putita.
Nos estábamos besando de nuevo cuando llegaron mi esposa y el cabrón de martín, por no decir el corneador que me ponía los cuernos. ¡Joder! Qué noche y con qué impunidad disfrutaba Eva de los recientes acuerdos a los que habíamos llegado.
-Ya estamos aquí otra vez, -nos advertía Eva que con ese saludo no era capaz de separarnos-, venga dejarlo ya y hablamos.
-¿Habéis follado bien? -le pregunté a mi esposa.
Ella se llegó a ruborizar, cosa que hasta ya me extrañaba a estas alturas de nuestras infidelidades.
-Esto... no... bueno sí, eso sí... pero después lo hablamos, ahora habrá que ver qué hacemos esta noche.
-No pongas a tu mujer en un aprieto tío, luego te lo cuenta ella. ¿Qué hacemos entonces? -Nos cuestionaba Martín.
Todos nos mirábamos entre nosotros, sin que nadie propusiera nada.
-¿Tú que quieres? -Le pregunté a Eva.
-Irnos a nuestra casa con Rocío.
Desde luego lo tenía muy claro, ella quería seguir con la fiesta que ya había comenzado según sus conveniencias y la cuestión era seguir y seguir, en cuestión de sexo no se ponía ningún límite.
-Yo creo que ella debe irse a su casa con Martín, así se lo pidió Quique en un principio. ¿Pero qué decís vosotros dos? -Les pregunté a Rocío y a Martín.
-Yo quiero seguir en casa de Rocío. -Soltó Martín que tampoco se quería ir para su casa con el polvito de menos de quince minutos que echó con mi esposa.
-Quedas tú, bonita, -le dije a Rocío-, y tu opinión es la que vale.
-No sé, -se dirigió a los tres al tiempo que seguía acariciando suavemente mi polla-, no quisiera dejar solo a mi marido toda la noche, pero es que como él mismo me ha dicho, con vosotros sería mi primera vez y también tengo muchas ganas de que me penetres con todo esto que tengo en la mano. Nada, le envío un mensaje y me voy con vosotros. Lo siento también por ti Martín, pero lo nuestro ya sería repetitivo.
-No te preocupes, mi amor, hay más días o más noches para volver a estar juntos. Llevas razón con lo de hacerlo con Gonzalo, además hoy ya no me voy de vacío, ¿Verdad, cariño? -Se dirigió a mi esposa con una sonrisa y un apretón en el muslo.
-De vacío no, pero apenas hemos hecho nada, ¿Porqué no te vienes con nosotros? Si tú lo apruebas, claro, así pasamos la noche juntos. -Me dijo ahora a mí.
-Eva, cielo, que acabas de follar con él esta noche y sabes que jamás hubiese aprobado eso si no estuviésemos dentro de ese acuerdo al que llegamos, pero te juro que me causa bastante incomodidad todas tus salidas de tono.
-Venga Eva, cariño, ya nos veremos otro día, haced lo que teníais planeado y ya está. Ahora me voy con vuestras amigas, a ver si alguna se quiere apiadar de mí esta noche. -Nos dijo Martín con determinación y una gran sonrisa. Al final tenía que reconocer que era un buen chico.
Entonces se incorporó de su asiento y se inclinó para darle un pico a Rocío y otro a mi mujer a la que noté algo triste y cuando me fue a dar la mano a mí, sentí que le estaba haciendo una faena a Eva y claudiqué.
-Déjalo Martín, si mi esposa quiere que vengas a casa, no me voy a oponer, te vienes y ya nos apañaremos allí, de todas formas tendremos trabajo para los dos.
En ese momento Eva se tiró a mis brazos y con su culo estuvo a punto de romperle la muñeca a Rocío que hasta dio un gritito al retirar su mano con la mayor rapidez que pudo.
-Gracias, mi amor, -me decía mi mujer sin dejar de darme besos en la mejilla, que hasta parecía un pájaro carpintero-, no te vas a arrepentir, ya verás.
Al final los cuatro nos fuimos a casa en el coche de Martín que era el único que se lo había llevado a la disco. Sin pretenderlo me fui atrás con Rocío que ya estaba allí dentro y Eva se fue al asiento delantero con Martín. Enseguida vi que nuestra amiga sacaba un par de pañuelos para limpiar una gran mancha que había justo al lado de donde ella estaba sentada.
-¿Eso es semen? -Le pregunté sorprendido por el tamaño de ese manchurrón.
-Sí, Martín se corre así y figúrate lo que le habrá dejado a Eva en su interior, qué guarra, ni lo ha limpiado.
-Me dijo Martín que no me preocupara, que luego él lo haría. Rocío, hija, es que no teníamos nada con que limpiar esa corrida. -Le respondió la aludida.
-Toma, cógelos tú, -dijo Rocío que le lanzaba los pañuelos a mi esposa por encima de los asientos-, y si quieres te doy uno seco para que te limpies la raja, cabrona.
Todos nos reíamos, pero Eva admitió el pañuelo seco y se limpio el coño delante de todos.
-Es que se corre casi como tú. -Se excusó cuando nuestras miradas se cruzaron.
-¿Tú también te has corrido? -Le preguntó nuestra amiga.
-Un poco, hemos tenido que hacerlo frotando el toto porque no teníamos más tiempo. -Ambas seguían riendo con las cosas que se decían, mientras Martín seguía atento a la conducción y yo mantenía mi gesto adusto, por supuesto.
Ya estábamos llegando a casa, pero sin tener muy claro porqué me encontraba así, el empalme no se me bajaba y lo que más me preocupaba era que me viera algún vecino o vecina en ese estado.
-Dame tu chaqueta que me tape, -le pedí a Rocío que era la más presentable de las dos sin algo que la cubriera-, mira como estoy.
Ella se echó a reír y se quitó la chaqueta para que tapara aquella indecencia y hizo bien porque cuando llegamos, andaba por el parking el presidente de la comunidad, que nos saludó con un gesto de su mano al ver que no teníamos intención de charlar con él.
Cuando entramos a nuestra casa, ellas se fueron deprisa a nuestro dormitorio, porque Rocío le iba a enviar un mensaje a su marido para contarle el rumbo que había tomado definitivamente y mi esposa tenía que preparar no se qué, aunque me pareció entender que se refiría al plató.
-Oye, que yo no hago nada homosexual, -me advertía Martín mientras hacíamos tiempo a la espera de que ellas volvieran a aparecer-, supongo que tu mujer te habrá enseñado algo de los tríos con Quique y Rocío y habrás podido observar que le dejo hacer algo si no se pasa, pero yo nada de nada ¡Eh!
-Lo mismo te digo, si me la quieres chupar o masturbarme, tú mismo, pero a mí que no me pregunten siquiera. -Le aclaré mientras servía dos copas.
-¿Qué estarán haciendo esas dos ahí arriba? -Me preguntaba el simpático Martín-, Más guapas no se pueden poner, sobre todo tu mujer, ¡Joder! Gonzalo, coño, cómo iba ella esta noche, si casi se le veían todas las tetas y qué cuerpazo tiene, tío. No me ha costado nada correrme con ella en el coche.
-Para ya, Martín, que estás hablando de mi esposa, coño.
-Bueno pero es que ella estaba deseando hacerlo a pelo en cuanto se enteró que me había hecho los análisis... -Seguía insistiendo.
-Déjalo ya, ahora tendrás tiempo de hacer lo que quieras con ella, pero no me des más detalles de como habéis follado en el puto coche.
En eso ellas se presentaban en el salón y seguro que mi esposa que venía la primera oyó algo de mi reproche, pero nada era suficiente como para borrarle la sonrisa que pintaba en su cara. Las muy zorras venían con una lencería de puta que no podían con ella, no es que fuese nada espectacular lleno de lentejuelas y todo eso, no, simplemente venían con un par de camisones oscuros y muy indecentes pues no tapaban ni la mitad de sus glúteos y nada de sujetadores y sí mucho de pezones transparentados en ellos, haciendo sus imágenes más interesantes por haber apagado las luces principales del techo.
Me extrañó que Eva se viniese directamente hacia mí, seguramente lo hacía para buscar mi mejor convencimiento después de haber oído ese último exabrupto mío, pero mi reacción fue todo lo contrario a lo que ella esperaba, porque después de corresponderle con un par de besos y un leve sobeo a sus nalgas, la dejé sola con la excusa de prepararles una copa a ellas también y después de hacerlo, fui yo el que se pegó a Rocío con mi brazo rodeando su cintura y mi mano descansando en su culo, tan soberbio como el de mi mujer, esa noche me las arreglé para tocarla lo menos posible. Eva quería que Martín se viniera con nosotros, pues que se encargara ella misma de distraerlo.
Allí en el salón nos fueron desnudando como el que no quiere la cosa, sin prisas de ninguna clase y sin dejar de besarnos, en mi caso intensamente con Rocío que la verdad me tuvo todo el tiempo empalmado. Martín también se afanaba con Eva y su erección también provocaba un enorme bulto en el bóxer, que ya era la única vestimenta que nos quedaba a los dos y así nos fuimos de mutuo acuerdo a nuestro dormitorio que ya tenía la cama preparada con solo la sábana bajera y la luz suficiente para poder filmar mi esposa los vídeos y hacer las fotos que parecía que le gustaban tanto como el propio acto de follar.
Lo peor fue que dado su interés por no dejar escapar los mejores momentos de mi follada con su amiga, al cabrón de Martín lo tenía casi a pan y agua desde que llegamos. No fue hasta que Rocío se corrió varias veces, que yo hice lo propio y además sin sacarla de su interior, tal como ella me pidió, que entonces quería que fuese su amiga la que se hiciera cargo del móvil para no perderse nada de su follada con Martín.
Fue un poco pesada de tanto intervenir en las tomas que hacía su amiga, pero tampoco era moco de pavo las acometidas con las que él se la follaba, haciendo que se corriera bastante pronto. La verdad es que yo no hacía nada y me estaba aburriendo, entonces les dije que bajaba a la cocina a por unas botellas de agua fresca, pero me entretuve lo suficiente como para que cuando volví arriba, ya habían terminado los dos y se lo pasaban bien oyendo los chistes y anécdotas que Martín no paraba de contarles.
-Cielo, te has perdido lo mejor, bueno pero no te preocupes porque cuando prepare bien los vídeos, lo podremos ver más tranquilos.
A los tres les vino bien el agua que les llevé y enseguida retomamos nuevamente la acción como diría mi esposa en plan de directora del evento, pero cuando iba a tomar nuevamente el móvil, le pedí que lo dejara ya y se centrara más en lo que nos traíamos entre manos.
-Bueno, pero nos hacéis una doble penetración a cada una y eso sí que lo grabaremos, será lo único, mi amor, te lo prometo.
No tuvimos problema en hacerlo, alternándonos en los dos de agujeros de ellas a petición de la directora y ambas se llevaron un par de orgasmos muy gritones y nosotros terminamos de corrernos en las tetas de ellas que para eso nos las ofrecían aupándolas con las palmas de sus manos. Por supuesto fue Martín el que se encargó de esa última escena.
Ellos querían seguir, pero Eva me conocía bastante bien y no era ajena a mi falta de interés por acompañarlos, de modo que decidimos dejarlo por esa noche y los dos se vistieron y se marcharon en el coche de él.
-Creí que íbamos a intercambiarnos más entre los cuatro, -me dijo mi esposa-, esperaba estar un tiempo con él y otro contigo, pero has estado todo el rato con Rocío y a mí casi no me has hecho caso.
-Eva, cariño, que nosotros follamos varias veces a la semana y con Rocío era la primera vez que lo hacía. Supongo que repetiremos de vez en cuando.
-¿Con Raúl? Te perdono lo de hoy si lo hacemos con Raúl. -Al ver mi cara de confusión quiso aclarar-, los dos con él.
Me imaginaba que eso era lo que me estaba proponiendo antes de su aclaración, pero quizás la confundí con mi gesto.
-Ni de coña, cielo, con ese cabrón no voy ni a coger billetes de quinientos euros. ¿Es que se te ha olvidado que te abandonó en aquella marquesina a las tres de la madrugada?
-Lo hizo porque yo me puse muy furiosa con él y si no me deja, hubiera sido capaz de tirarme del coche.
-Eva, hasta estoy de acuerdo con que te dejara bajar del coche, pero él se tendría que haber quedado a tu lado hasta que llegara un taxi, un autobús nocturno o yo que sé, ¡Coño! Pero no irse como un cobarde hijo de puta, dejándote en ese descampado, me cago en la leche.
Ninguno quiso seguir con lo que estaba derivando en una clara discusión, pues nosotros jamás habíamos tenido una. Poco después nos estábamos duchando los dos juntos y dándonos un montón de besos y caricias, que hasta parecía que nos habíamos reconciliado después de tres días de enfado.
El domingo nos levantamos muy tarde y apenas desayunamos, porque se nos iba a juntar con la comida, que la hicimos poco después, había que retomar nuestros horarios normales.
-¿Has hablado con Rocío? -Le pregunté.
-Sí, hace un rato, llegaron bien según me ha dicho, pero Martín se subió con ella y terminaron por acostarse con Quique, la verdad es que no era muy tarde y con lo chistoso que es, no me extraña que hasta despertara él mismo a nuestro amigo.
-¿Se queda con ellos a dormir? -Me interesé.
-Sí, creo que lo hacen siempre. -Me respondió categórica.
-Pues sí que tuvo aguante, teniendo en cuenta que ya se corrió contigo en su coche.
-Es que con ellos se lo pasa muy bien, él dice que no se siente a gusto cuando le toca Quique, pero yo creo que es todo lo contrario, vamos que le encanta que le de una buena mamada, mientras él se pega el lote con Rocío. -Me dijo.
Yo solo asentí a lo que me decía, pero no hice ningún comentario hasta después de un largo silencio.
-Anoche tampoco os tocasteis vosotras, yo creía que lo hacíais en momentos como ese. -Le transmití mi extrañeza.
-Estábamos con las fotos y los vídeos, pero sí nos tocamos, aunque te lo perdiste por dejarnos solos cuando fuiste por el agua. -Pues vaya faena me hice a mí mismo.
Terminamos hablando de nuestras cosas un rato más en el salón, mientras yo me tomaba un cortado y ella una infusión. Luego le dije que tenía que preparar unos asuntos del trabajo y ella me dijo que quería editar las fotos y los vídeos para meterlos en una carpeta y que luego me los enseñaría.
Yo me fui a mi estudio y allí pasé también todas las fotos que hice la mañana del jueves y luego me dispuse a analizarlas una por una, sobre todo las de los posibles violadores de mi mujer, según entendía yo por las descripciones que me hizo Eva.
Trabajé bastante con las fotos que más los podrían identificar e incluso hice recortes y ampliaciones de sus caras, sin perder por supuesto los originales. Cuando consideré que de ahí no podía sacar más provecho, pasé las fotos más significativas al móvil y me fui a ver a mi esposa, que por cierto ya había terminado con la manipulación de las imágenes de la noche pasada.
-Tenía que contarte algo que no te había dicho hasta ahora, -le dije, mientras me sentaba a su lado en el sofá de nuestro salón-, es sobre los dos canallas que te agredieron la otra noche.
-¿Quééé...? No será verdad, te dije que no hicieras nada, podrían ser dos personas muy peligrosas.
-Ya lo sé, cielo, pero comprenderás que no me iba a quedar con los brazos cruzados sin hacer nada, después de todo lo que te hicieron esos malnacidos.
Eva se puso muy nerviosa retorciendo las manos porque sabía que si yo le confesé lo que había hecho, era porque sabría donde encontrarlos.
-Mira cielo, supongo que Raúl te diría que me acompañó junto a Vicente a mostrarme el sitio donde te dejó abandonada.
-Lo de que fue con Vicente no me lo comentó. -Me quiso aclarar ese punto.
-Pues sí lo hizo, pero bueno, desde entonces estuve buscando el camino que seguirían para que terminara en una carretera con árboles y un taller en algún lugar de la misma. Eso me llevó varios días, pero al final tuve suerte y localicé el camino, el posible taller y también alguien muy parecido a ese Gabi que me describiste.
-Ese fue el que se sentó a mi lado en el coche y mientras me metía mano, me obligaba a beber el vodka y tomarme las pastillas.
-Sí, ese mismo. La cuestión es que pude seguir a los tres que habían ido a ese taller medio abandonado y se metieron en otro taller de coches que sí tenía mucha actividad y que se encontraba a la entrada de la ciudad. Allí pude ver al más alto, posiblemente a Joaquín, el que te dio los dos puñetazos en la cara.
-¿Y ahora que hacemos? -me preguntó ella que seguía alterada por los nervios.
-Lo primero es comprobar que son ellos los que sospecho que te agredieron, mira, aquí tengo las fotos que tomé del taller del campo, que posiblemente ni lo puedas recordar y las muchas de esos dos tipos, de los que he seleccionado unas pocas para que las veas. -Le dije y le di el móvil con la primera foto en la pantalla.
Ella vio la primera que era de la parte del desvío donde había más árboles y asintió con la cabeza, la segunda era ya del taller cerrado y varias ya abierto donde se veía claramente el cuadro de madera colgado en la pared y lleno de diversas herramientas de menor tamaño.
-Ese cuadro con las herramientas lo recuerdo perfectamente porque quedó muy iluminado por los faros del coche cuando llegamos a ese taller y también me es familiar el resto del local a pesar que no lo vi ni diez segundos, que fue lo que duré medio despierta hasta que ese cabrón me dio los dos sopapos.
-Sigue que después de varias más del taller, aparecen esos cabrones. -Le pedí.
Cuando llegó a la primera donde se veían aquellos tres tipos que entraron en ese taller, a ella se le cambió la cara.
-¿Las tienes más nítidas? -Me decía Eva.
-Sí, sí, tú ve pasando las imágenes, las últimas son primeros planos de ellos. -Le respondí.
Pero al ver al llamado Gabi de frente y a la derecha de los otros dos, lo señaló de inmediato.
-Éste es Gabi, el que se sentó atrás conmigo para darme los tragos de vodka y las pastillas que me hicieron estar en una nube, además de no dejar de meterme mano el muy guarro.
-Sigue, cielo, hay muchas más, pero si ves que te agobias, lo dejas y mañana seguimos viéndolas.
-No, Gonzalo, lo que pasa es que me están dando ganas de patearle las pelotas hasta dejarlas echas un pellejo. Menudo cabrón. -Esa respuesta iba más acorde con su temperamento.
Ella siguió ya pasando más y más fotos mientras asentía con la cabeza confirmando la identificación de ese primer malhechor. Luego se paró de golpe cuando vio al que podría ser Joaquín.
-Éste es el alto, al que llamaba Juaqui su compinche. Son ellos Gonzalo, son los dos que me agredieron y violaron esa noche.
Después siguió hasta que aparecieron las ampliaciones de los rostros de ellos y ahí ya no le quedó la más mínima duda. Después volvió a repasar las últimas y se paró en una de ellas para ampliarla, pero no era su rostro, sino una mano y me la mostró.
-Mira su dedo anular, ¿Ves como está en ángulo recto? -Pues era verdad y no me había fijado en ese detalle.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Entregada a un haitiano por mi marido
Pedro siempre fue tímido en la cama, pero esta noche no estará presente. Lucía se prepara para ser poseída por un hombre que no es su esposo,…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoCuckold
- Hetero: Infidelidad
Cómo supe que mi esposa era la puta de otro.
Eric creía conocer a su esposa, hasta que el virus en su ordenador le reveló la verdad: Rosa no solo lo engaña, sino que el amante está jugando con…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Mía por despecho (Capítulo 5)
Eva no solo le permite acostarse con otros, sino que le graba todo para que lo vea. Esta vez, las imágenes son tan explícitas que el marido no puede…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Su venganza
Él siempre soñó con verla con otro, pero nunca imaginó que ella tomaría las riendas de la fantasía.
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoCuckold
- Hetero: Infidelidad
Mi nueva vida con Amanda [05]
Milton no solo le robó la erección, sino también a su mujer. Ahora, el hombre que lo dejó inválido le sugiere usar un juguete sexual para no…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmCuckold
- Hetero: Infidelidad
Mi jefe emputece a mi mujer (Parte 9)
Juan Carlos siempre pidió permiso, pero hoy la oficina está llena de gente y el riesgo es parte del juego.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmCuckold