Jugárselo todo a una carta 3
Boris nunca miró al repartidor a los ojos. Duncan sabía que esa era su única oportunidad. Con el cuchillo de porcelana escondido entre las flores y el veneno en las manos, la misión era un suicidio calculado. Pero antes de entrar en la boca del lobo, tenía que asegurarse de que Erin no lo esperara sola.
Jugárselo todo a una carta 3
Me despedí de Antonella, la verdad es que me alegre por ella, como me dijo Boris sería un adversario temible. Boris tenía una un don, era capaz de oler la pólvora a metros de distancia. Era imposible llevar un arma de fuego sin que el fuera consciente de ello, además que tampoco podías llevar armas blancas de metal, porque sus gorilas te cacheaban con ayuda de un detector de metales. Pocos habían conseguido llegar hasta él y ninguno había conseguido matarle.
Boris había conseguido hacerse con el petróleo y el gas natural en Rusia, deshaciéndose de toda su competencia. Su forma de pensar era como la de Vlad Tepes, mataba a su enemigo y después mataba a toda su familia, para que en el futuro ninguno tomara venganza contra él. Muchos países habían intentado ponerlo en su sitio, pero este solo cerraba el grifo y se sentaba a esperar a que aquel país volviera con el rabo entre las piernas. Después negociaba un contrato nuevo, donde ese país tendría que pagar un precio mucho mayor, Boris estaba acostumbrado a salirse con la suya.
En Rusia estaba uno de los yacimientos de petróleo más grandes del mundo, nadie había podido explotarlo, lo primero porque estaba bajo uno de los glaciares más grandes del mundo, segundo, porque ese glacial era uno de los más antiguos y estaba protegido. Bueno todo eso cambio cuando Boris entro en escena, se rumorea que amenazo a las familias de las personas que podían concederle el permiso de explotación. Como digo eran rumores, porque nadie podía probarlo, la única realidad es que un día llego a ese glacial y no paro hasta hacerlo desaparecer con explosivos.
Muchos ecologistas se quejaron, e hicieron manifestaciones, pero de un día para otro los líderes de esos ecologistas desaparecieron de la faz de la tierra. Nadie hizo preguntas, Boris había estudiado el terreno y sabía que también había un yacimiento enorme de gas natural. Una vez que accedió a él se hizo inmensamente rico y su crueldad fue creciendo a la vez que crecía su cuenta corriente. Boris era el dueño del mejor restaurante de su territorio, en honor a la verdad tenía la reputación de servir una comida exquisita, eso el que pudiera permitírselo.
El abuelo siempre mi dijo que guardara las distancias con ese hombre, para el matar era un juego, era el mejor jugando ese juego, bueno pondría eso a prueba, veríamos si era tan bueno como el abuelo decía. Todos los jueves por la noche Boris le regalaba un ramo de flores a su mujer, era su forma de disculparse por serle infiel, a su manera retorcida la amaba. La verdad es que para que te amen así es mejor estar solo. Siempre contrataba a la misma floristería y el repartidor tenía que entrar en el restaurante y agacharse delante de Boris para demostrarle servidumbre.
Todos los repartidores lo hacían, si alguno se negaba ya sabia lo que ocurriría después, según me contó mi abuelo uno de ellos se negó y mando que lo despellejaran en medio del restaurante mientras él miraba y se reía. Como digo es una leyenda urbana, porque no hay pruebas de que eso ocurriera, pero jamás he dudado del abuelo y la forma en la que lo contaba, era suficiente para saber que él se lo creía, mi plan era suplantar a ese repartidor e ir en su lugar, Boris se creía superior y jamás miraba a los que creía inferiores a él al rostro. Eso jugaría en mi favor, si no sabía quién era, bajaría la guardia y le atacaría.
Gracias a la información que pude recabar, la mujer de Boris le odiaba a muerte, le obligaron a casarse con el bajo amenaza de matar a toda su familia. Esperaba que llegado el momento se convirtiera en mi aliada. Sabía que era jugármela mucho, pero teníamos eso en común, llegue a casa y lo primero que hice fue ducharme, después me prepare algo de cenar. Jamás veía la tele, antes de meterme a la cama, practicaba las catas de todas las artes marciales que había aprendido, si me preguntaban cuál era mi favorita, diría que no lo sabía.
Cuando combatía mezclaba en ataque y la defensa de las diferentes artes marciales, usaba una u otra según me convenía. Digamos que cree un arte marcial que solo podía utilizar yo, sonó un mensaje en el móvil, era de Erin, ella también subiría al día siguiente a ver a mi hermana. Después de ejercitarme, me preparé un whisky y salí al balcón. La luna estaba preciosa, tanto como Erin, no podía quitármela de la cabeza, viviría más tranquilo si me hubiera olvidado de ella, sé que mis abuelos así lo piensan aunque no lo digan nunca.
Una vez terminado el whisky me metí en la cama, pronto empezaría la misión y tenía que estar lo más descansado posible. La noche paso volando, pero me desperté antes de que el despertador sonara. Me pegué una ducha y después me afeite, iba a ver a mi hermanita y tenía que ir bien aseado, más tarde elegí unos vaqueros, con una camisa fina y una americana, le dije a Erin para pasar a recogerle, pero me dijo que tenía cosas que hacer y subiera después. Llegue el primero a la habitación de mi hermana, esta vez no tenía una sonrisa como en otras ocasiones.
• ¿Ocurre algo Lisa?
• Estás a punto de arriesgar tu vida por mí, no quiero perderte.
• No vas a perderme, tengo un buen plan.
• Los planes fallan Duncan y te vas a enfrentar a las personas más peligrosas del mundo.
• Yo también soy peligroso, hermanita.
• ¡Déjate de bromas quieres!
• Si no conseguimos esa medicación morirás y no estoy dispuesto a cruzarme de brazos, pudiendo hacer algo.
Lisa fue a decir algo, pero la puerta de la habitación se abrió y detrás de ella aparecieron mis abuelos, Lisa decidió callarse. Después seguiríamos con la conversación, nuestros abuelos le dieron un beso, posteriormente me lo dieron a mí, pero mientras a ella eran todo sonrisas, a mí me mostraban unas caras de perro que daban miedo. No les culpaba, estaba a punto de embarcarme en una misión suicida, no pasó mucho rato hasta que entraron Liam y Erin. Ya estábamos todos, entonces después de que saludaron a mi hermana y entre ellos, todos me miraron a mí.
• ¿Quién será el primero Duncan? – pregunto Erin.
• Boris – respondí.
• ¿Tenía que ser él, el primero Duncan? – pregunto mi abuelo.
• Boris es el más peligroso, además tengo un plan contra él.
Saque un frasco del bolsillo, ese frasco contenía el veneno más letal del mundo, mi plan era sencillo, interceptaríamos al repartidor sin hacerle daño y después me haría pasar por él. Tiempo atrás confeccioné un uniforme de esa misma floristería, pero con pliegues donde podría meter shurikens de porcelana. Estos no serían localizados por el detector de metales, no eran tan resistentes como los de metal, pero tenían un buen filo, además ese filo iría embadurnando con el veneno, dentro del ramo llevaría un cuchillo también de porcelana que clavaría en su corazón. Durante el desconcierto que se crearía con la muerte de su jefe, aprovecharía para lanzar los surikens a todos los esbirros de Boris.
Ese restaurante tenía una puerta de atrás donde me esperaría Erin con un coche para escapar, Liam hackearía todas las cámaras a un kilómetro de la redonda, de esa manera no habría imágenes de ninguno de nosotros. El plan parecía sencillo, después veríamos si lo era tanto cuando lo pondría en práctica. Les enseñé el uniforme y este traía unos adornos en plástico que se asemejaban a flores, yo los había utilizado para camuflar los shurikens.
Parece que todos se quedaron bastante de acuerdo, pero mi hermana seguía teniendo un rostro muy preocupado, le cogí la mano y le dije que todo saldría bien, después de eso estuvimos toda la mañana hablando distendidamente, Lisa se fue animando poco a poco y a su rostro volvió esa preciosa sonrisa otra vez. Llego la hora de irnos, nos llamaron la atención por estar tantas visitas en la habitación, de aquí en adelante tendríamos que turnarnos. El rostro de Erin me indico que estaba tan caliente como yo, volvimos a ir a aquel destartalado Hotel, pero esta vez cogimos una habitación que daba a la montaña a la que ese hotel estaba pegado.
Los dos nos cercioramos que nadie nos seguía, pero por si acaso cambiamos el itinerario y fuimos por carreteras distintas. Una vez en la habitación Erin se quitó el tanga y me lo restregó por la cara para que pudiera oler su esencia. El tanga estaba empapado, además el olor que desprendía me puso como una moto. Esta vez después de desnudarse se metió en el baño, la verdad es que el baño estaba muy limpio, cosa de agradecer, viendo el hotel por fuera podías esperarte lo peor. Erin se metió en la ducha y empezó a meterse tres dedos en su encharcado coño, desde la distancia se podía ver lo húmedo que estaba, me desnude y me acerque relamiéndome.
Después de aspirar su aroma, me dispuse a degustarlo, en cuando mi lengua hizo contacto con su coñito, Erin empezó a suspirar, empezó a mover la cadera restregando su coñito contra mi cara. No tardo en correrse, tuve que sujetarla, pues estuvo a punto de resbalarse. Cuando recupero el aliento llego mi turno, me empujo contra la fría pared de azulejos, me beso en la boca y me fue pasando la lengua por todo mi cuerpo mientras se iba agachando. Cuando llego a mi polla, lamió desde el final hasta la punta proporcionándome un gran placer, pero lo mejor fue cuando mi polla desapareció en su boca.
Erin agarrando mis manos las llevo hacia sí cabeza y después puso las suyas contra su espalda, tenía vía libre para follarme su boca, la verdad que nos gustaba a los dos, podía ver como mi polla se marcaba en su cuello, el placer que estaba sintiendo era indescriptible, pero también paraba para que ella pudiera respirar. En cuanto estuve a punto de correrme le avise, Erin puso sus manos en mi culo y encajo mi polla en su garganta. El placer fue tal que me corrí en cuanto note como traspasaba su garganta.
La tendí la mano para que se levantara, entonces Erin dio un salto y enrosco sus piernas en mi cintura y de un salto se empaló con mi polla. Mi espalda chocó contra las baldosas, entonces empecé a penetrar a Erin mirándole a los ojos, sus ojos me decían lo mucho que me amaba, tanto o más de lo que la amaba yo a ella. Seguimos amándonos mientras el agua recorría nuestro cuerpo, el cabello rojo de Erin se movía en todas direcciones hasta que llegamos los dos a la vez a los orgasmos, Erin hecho su cuerpo para atrás mientras lo gritaba. La atraje hacia mí, entonces paso sus brazos por mi cuello y me beso apasionadamente. En unos días tendríamos que interceptar al repartidor de la floristería, después me haría pasar por un repartidor. Erin se encargaría de dejarle fuera de juego, posteriormente yo cogería el encargo y me iría directo a la boca del lobo.
• ¿Estás seguro Duncan?
• ¿Seguro?, ¡no!, pero no nos quedan más opciones, a Lisa no le queda mucho tiempo.
Erin me abrazo, lágrimas empezaron a caer por mi rostro, solo esperaba que no fuera demasiado tarde. Estuvimos sentados en el roído sofá que tenía la habitación mientras fumábamos un cigarro, no podía dejar de repasar el plan una y otra vez, me había metido en la boca del lobo en muchas ocasiones, pero en esta ocasión estaba nervioso, la misión era casi imposible, en otras ocasiones atacaba en el terreno que me era más favorable a mí, pero ahora tendría que hacerlo en su territorio.
Era consciente de la gravedad del asunto, pero no quedaba otra. Podría habérselo pedido a Antonella, ella me lo habría dado encantada, pero le debería un favor muy grande a su padre. Lo que me preocupaba de esto era lo que me pediría como compensación, jugaría esa carta si no me quedaba más remedio, de momento el plan que había trazado era el mejor, acabar con las peores personas de la ciudad y curar a mi hermana, en el futuro ya me encargaría de mi padre. Estaba tan metido en mis pensamientos que no me fije que Erin me miraba con un semblante muy preocupado.
• Erin tranquila, todo saldrá bien.
• Eso lo dices tú, yo veo problemas por todas partes.
• Si todo sale como lo he planteado, no abra problemas.
• ¿Cómo estás tan seguro?
• Porque hasta ahora ninguno de mis planes a salido mal.
Erin miro al reloj, tenía que volver, mi padre era muy paranoico y después de lo del otro día con ese supuesto fotógrafo, lo mejor era no arriesgar. Erin se duchó y se vistió delante de mí, una vez vestida me dio un beso en los labios despidiéndose. Me quedé solo en la habitación, esperaría un tiempo prudencial para salir, sabía que era una estupidez, Erin había estado en un hotel de mala muerte, daba igual que fuera yo u otro, pero creo que tendría más posibilidades de sobrevivir si mi padre no se enteraba de que el amante de su mujer era yo.
Pasada una hora me duché y me vestí, pasaría la noche con Lisa en el hospital, ahora necesitaba estar lo más tranquilo posible, mi hermana era la única persona que conseguía darme esa paz. Cuando llegue me beso con esa alegría que la caracterizaba y preparo el tablero de ajedrez, esta vez no tenía ninguna estrategia, lo había probado todo y siempre perdía. Después de dos aplastantes derrotas le dije a mi hermana que iría a tomar un café, me pidió que le trajera una botella de agua bien fría.
La verdad que en el hospital hacía mucho calor, el agua se le calentaría enseguida, pero por lo menos los primeros tragos los disfrutaría. Estuvimos hablando durante horas, notaba que quería preguntarme algo. Deje que fuera ella quien preguntara, pero viendo que no se atrevía le di un pequeño empujón.
• Hermana suelta eso que te tiene tan preocupada.
• Hermano, creo que deberías dejar las cosas como están y aprovechar el poco tiempo que me queda para estar a mi lado.
• Hermanita, tengo la forma de curarte al alcance de la mano, no me pidas que no lo intente.
• ¡Podrías morir!
• Claro que podría, pero ese riesgo lo corro todos los días, muchas veces trabajando para personas terribles, ahora trabajo para salvarte a ti hermanita.
Lisa me conocía bien y sabía que no daría mi brazo a torcer, después de eso se tumbó alegando estar cansada y no tardo en dormirse. Mi hermana había sufrido mucho y se merecía que arriesgara mi vida por ella, yo también procure dormir un poco, a la mañana mis abuelos vendrían a relevarme. Los días pasaron y llego el día de la verdad, Erin y yo esperábamos escondidos en un callejón a que el repartido de la floristería saliera a coger la furgoneta. Cuando este se disponía a meter la llave para abrir la puerta trasera, Erin lo dejo inconsciente de un certero golpe en la nuca.
Cogí al repartido, antes de que se cayera al suelo, cogí su gorra y las flotes. Me senté en el asiento del conductor y deje las flores en el asiento del copiloto, de una forma que no se estropearan, en medio del ramo, coloque el cuchillo de porcelana, la hoja era fina, pero con un buen filo. Entraría en su pecho sin dificultad, al final en la hoja del cuchillo no pondría veneno, este era tan potente que podía marchitar las flores y todo el plan se iría al traste. Yo me tomé el antídoto, para poder manipular mis armas sin miedo a envenenarme.
Llegue al restaurante y toque el timbre, dos armarios empotrados me abrieron la puerta, todavía estaban poniendo las mesas para las cenas y no había muchos clientes. Los dos gorilas pasaron el detector de metales por todo mi cuerpo, como pensaba no me cachearon con las manos, de esta manera no descubrirían mis shurikens. Una vez satisfechos me acompañaron a donde su jefe, Boris estaba en la mesa que más cerca estaba de la salida trasera, era perro viejo y de esa manera podría escapar si las cosas se ponían feas, para mí mejor, pues Erin me estaría esperando al final del callejón que daba a la puerta trasera del restaurante.
Al llegar hasta a él, hinque la rodilla como él había pedido, para el era una cucaracha y no me miro al rostro, de todas formas la gorra me tapaba bien el rostro. Boris me indico que le diera el ramo. Boris tenía los brazos abiertos y estaba mirando a su mujer sonriente, ella no estaba para nada contenta. Me puse de pies y de un rápido movimiento clave el cuchillo en su mismísimo corazón, Boris murió en el acto. Todos sus hombres se quedaron paralizados y yo aproveché ese instante para colocar los shurikens en mi mano derecha. Una vez que supe perfectamente donde estaban los hombres de Boris empecé a lanzar los shuirkens, este instante fue como si el tiempo fuera muy despacio.
Uno estaba guardando la puerta trasera, el shuriken se le clavó en la arteria carótida, no solo sería el veneno, se desangraría antes de un minuto. El segundo estaba en la barra del restaurante, este hizo el ademán de coger su arma, pero mi shuriken fue más rápido clavándose entre las cejas. Una de las propiedades del veneno era que te paralizaba al instante, no podías moverte, no podías hablar y poco a poco dejabas de respirar hasta morir, el tercero se encontraba saliendo del servicio, era un hombre muy grande y le clave un shuriken a cada lado del cuello, seccionándole las dos arterias carótidas. Los últimos dos, eran los hombres de la entrada, tenían las armas en la mano, pero duraron a la hora de disparar, tenían miedo de darle a su jefe, todavía no se habían dado cuenta de que estaba muerto.
Me acerqué a ellos con movimientos rápidos, desarme el arma de uno de ellos y clave la corredera del arma en su clavícula, hecho el cuerpo hacia atrás por el dolor y aproveche para golpearle con el puño en la boca del estómago, de esta manera le corte el suministro de oxígeno durante noventa segundos. De un rodillazo en la nariz lo dejé inconsciente, el último vino corriendo con la intención de darme un puñetazo. Aproveche la fuerza que imprimió al golpe contra el. De un movimiento de muñeca derribe su cuerpo, después coloque una de mis piernas contra su cabeza y le rompí el brazo por tres sitios distintos, grito de dolor hasta que perdió el conocimiento.
La mujer de Boris temblaba de miedo, mirándome aterrada pregunto.
• ¿Vas a matarme?
• No, sé que odiabas a tu marido, pero la última palabra la tienes tú.
• Puedes estar tranquilo, no diré nada, todo ha sido tan rápido, casi no he podido ver nada.
Ella se apartó para que pudiera salir por la puerta trasera, una vez fuera fui corriendo hasta llegar al coche, donde me esperaba Erin para salir de esa parte de la ciudad. El primero ya había caído y las cosas habían salido mejor de lo que había planeado, el siguiente sería Gunnar.
Continuará.
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