Xtories

Jugárselo todo a una carta 2

Sabe que su padre no perdona, pero el deseo de proteger a su hermana lo empuja a firmar un pacto con el diablo. Mientras su amante espera respuestas en la oscuridad de un hotel, una luz extraña en la ventana le recuerda que la vigilancia ya ha comenzado. Esta noche es solo el preludio de una guerra donde la traición es la única moneda válida.

Apasionado 216K vistas9.5· 20 votos

Jugárselo todo a una carta 2

Mi padre aceptó encantado, le dije que lo quería por escrito, eso no le hizo gracia, pero llamo a su abogado para preparar el documento que firmaríamos los dos. Si alguien me pregunta, ¿si estaba seguro de que mi padre respetaría el acuerdo?, mi respuesta es un rotundo no. Por eso tenía un plan B, mi hermano me miraba con suma preocupación. Le hice un par de gestos para que mantuviera la actuación intacta, por mucho que fuera su hijo, si se enteraba de que Liam nos estaba ayudando, lo eliminaría sin dudarlo.

Nunca he entendido esa obsesión por el poder, es como el trono de juego de tronos. Una vez te sientas en él, todos a tu alrededor pasan a ser tus enemigos y todos envidian tu estatus, hasta el punto de eliminarte si con ellos ganan el trono de los siete reinos. Para mí la felicidad era pasar el resto de mi vida junto a Erin y si es con una hija mejor todavía. Si mi hijo fuera chico tampoco me importaría, pero prefería una niña.

Si alguien me pregunta, es por Lisa, de los dos, ella ha demostrado ser la más fuerte, ha aguantado un dolor inmenso siempre con una sonrisa en el rostro. Ella ha impedido que yo me hunda en más de una ocasión cuando era yo el que tenía que cuidar de ella, mi padre me dijo que me mandaría el documento cuando estuviera redactado y firmado por él. Mire a mi hermano y con una señal que solo los dos conocíamos le indique que nos veríamos al día siguiente en la habitación del hospital de mi hermana. Salí de la casa de mi padre, las cosas habían ido mejor de lo que me esperaba, lo único que lamentaba era haber tenido que matar a uno de sus hombres.

Ellos solo cumplían órdenes y daban sus vidas por una persona a la que no le importaba nada que no fuera el mismo. Antes de entrar en el coche, llamé a Erin, la invitaría a cenar en un restaurante fuera de la ciudad. Se quedó muy preocupada, me costó contactar con ella, no cogía las llamadas y los WhatsApp que le mande tenía las dos flechitas en azul, pero no tenía ninguna respuesta. Arranque el coche y me puse en marcha, cuando llevaba diez minutos al volante me llego una contestación de Erin aceptando mi invitación.

Para cuando llegue al restaurante, Erin ya se encontraba allí, lo sabía porque aparque el mío al lado de su coche. Entre en el restaurante y la vi, estaba preciosa, me fui acercando y pude notar el enfado que tenía. Fui a darla un beso y me aparto la cara, con un gesto me indico que me sentara, me había pedido un whisky, esto significaba que tenía que hablar conmigo, normalmente no estaría preocupado, pero ahora acababa de comprometerme con mi padre para entregarle todo el poder de la ciudad. Eso no era lo peor, Erin sabía perfectamente que era una misión suicida, entendía que lo hacía por Lisa, pero teníamos pocas posibilidades de conseguirlo

• ¿Qué te ha dicho?

• Ha aceptado.

• ¡Como no!

• Me puedes explicar, ¿cómo piensas derrotar a cuatro de las personas más poderosas del planeta?

• Tres.

• ¡Que pasa!, ¿se te ha olvidado sumar?

• Antonella, no cuenta.

• ¡Nos dijiste que era una empresaria honrada de día y una asesina de noche!

• Antonella tiene el mismo código de honor que usamos nosotros, ella es cruel con sus enemigos, pero cuida a sus amigos y jamás ha hecho daño a ningún inocente.

• ¿Cómo lo sabes?

• Porque desde hace tres años es mi aliada contra mi padre, además Isabella es muy amiga de Lisa.

• ¿Quién es Isabella?

• La hija de Antonella.

Coloque mis manos en mi barbilla y empecé a contarle, como se fraguó esta alianza. Tres años atrás recibí el encargo de matar a Antonella. El abuelo no quiso decirme quien hizo el encargo, eso me mosqueo, hice mis deberes y había algo que me escamaba, Antonella no cuadraba con la persona que me habían vendido, si era despiadada, pero con sus enemigos. Me dirigí hacia su mansión, para cuando llegue muchos de sus hombres ya habían caído. Me adentré a la mansión por un antiguo pasadizo, este había sido tapiado, pero gracias al ruido del exterior, nadie escucharía el explosivo que utilizaría para derribar el muro.

Ese pasadizo daba a la lavandería de la mansión, abrí la puerta de esta y me adentré por un pasillo, lo único que tuve que hacer fue seguir el ruido. Mientras seguía adelante por el pasillo vi a hombres muertos, unos con pasamontañas y otros sin pasamontañas, pero el denominador común era que todas las armas llevaban grabado el escudo familiar. Fue un familiar de Antonella quien nos contrató para matarla. Por lo que pude deducir, el noventa por ciento de los hombres de Antonella habían caído, llegue al final del pasillo y en el siguiente había dos hombres encapuchados, saque dos shuriken de mi cinturón, los lance acertándoles en el cuello, murieron en el acto.

No me pare, seguí adelante, seguí hasta el final de ese pasillo y me encontré con otro hombre encapuchado de frente. Fue a gritar mientras levantaba su arma contra mí, de un movimiento rápido agarre su arma con una mano y le disloque la articulación del brazo con la otra. Me puse a su espalda y pasando uno de mis brazos por su cuello, apreté hasta que este se rompió. Con todos los disparos que se estaban produciendo en toda la estancia, nadie pudo oír su grito, entonces escuche la voz de una mujer.

Me acerqué con sigilo y pude comprobar que era Antonella, estaba guardando una puerta, saque el plano de la casa y me di cuenta de que ese era el cuarto de su hija. Antonella no estaba protegiendo la sala de la caja fuerte, ni los ordenadores donde guardaba toda su información, estaba protegiendo la puerta del cuarto de su hija, entonces vi como se quedó sin balas, dos hombres encapuchados se acercaron a ella con intención de acabar con su vida, cogí dos kunai y sé los lance clavándoles uno en cada cuello. Los dos hombres cayeron al suelo fulminados, me moví hasta quedar al frente de Antonella, era una mujer fuerte, pero se le veía asustada, pero podía percibir que no era por ella, entonces la puerta se abrió y detrás de ella se encontraba una niña.

Antonella se puso blanca, entonces cogí a la madre y a la hija y nos metimos dentro del cuarto, antes de que nos vieran, atranque la puerta con un mueble pesado, mire a Antonella y esta me dijo.

• Sé que has venido a matarme, pero delante de mi hija no – tirando su arma.

• No tengo intención de matarte, más después de lo que he visto.

• ¿Por qué? – pregunto Antonella.

• En esta mansión hay una habitación donde está la caja fuerte con el dinero y otra habitación con los ordenadores que guardan toda la información que podría hundirte y tú has decidido proteger la habitación de tu hija, eso me indica que tienes un código y que no eres un monstruo.

No solo estaba la hija de Antonella, todos los empleados de Antonella se encontraban allí y su jefa los estaba protegiendo con su vida, mire a Antonella y le dije.

• Te ayudaré a sacar a tu hija y empleados de aquí, bien Antonella, esta es tu casa, guíame.

• Te lo agradezco – mientras cogía a su hija en brazos.

Había recogido las armas de fuego de todos los hombres que habían muerto, Antonella iría por delante y yo cubriría la parte de atrás. Isabella iría en brazos de la ama de llaves en medio de todos nosotros, Antonella apretó un botón, detrás de uno de los armarios apareció una puerta, según ella nos llevaría a una alcantarilla a unos dos kilómetros de la mansión, esa salida no aparecía en los planos que conseguí, sería reciente. Con cuidado fuimos andando por aquel angosto pasadizo hasta que llegamos a la salida, sobre nosotros se escuchaba a personas gritando intentando encontrar a Antonella, solo esperaba que no encontraran el pasadizo hasta que nos encontráramos lejos.

Una vez fuera, Antonella me comento que cerca de allí había un garaje con coches por si algún día les atacaban. Cuando llegamos el garaje estaba custodiado por tres hombres encapuchados, mis armas no eran válidas para largas distancias, entonces Antonella cogió uno de los rifles de asalto, a punto y de tres disparos abatió a los tres encapuchados. La miré pensando que era una mujer de armas tomar, llegamos al garaje y nos montamos en un todoterreno. Tenía un piso franco donde podrían esconderse, solo el abuelo y yo conocíamos su paradero.

Durante el viaje Antonella me contó que fue su hermano mayor quien me contrato para matarla, su padre la puso a ella al mando siendo la más pequeña, por el simple hecho que su primera opción siempre era la diplomacia y además que nunca quiso ostentar el poder. Sus hermanos estaban ávidos de poder y su padre sabía que de dejar a alguno de ellos en el poder, pronto la familia estaría en una guerra que no beneficiaria a nadie. Sus hermanos no lo entendieron así, sobre todo el mayor, él era el legítimo heredero y que su padre lo hubiese degradado, no le sentó bien.

Una vez en el piso franco, Antonella me pidió un favor, no confiaba en nadie de la familia, yo era el único en quien podía confiar, me pidió que cuidara de su hija mientras ella viajaba a Italia para poner las cosas en su sitio, acepte, aquella chiquilla era inocente. Una vez conseguí un vuelo a Italia con documentación falsa, lleve a Antonella a un aeropuerto abandonado que se utilizaban para el contrabando. Allí le esperaba su vuelo, estaría fuera una semana, durante esa semana estuve cuidando de Isabella, como no podía tener a la niña encerrada todo el día, la llevaba conmigo a visitar a Lisa y enseguida se hicieron amigas, Isabella empezó a demostrar cierto interés en el ajedrez y la verdad es que aprendió muy deprisa, termino siendo una rival más digna que yo para mi hermana.

Pasada la semana Antonella volvió, después de hablar con su hija quiso conocer a esa amiga de la que tanto hablaba su hija y subió conmigo al hospital, Lisa y ella hicieron buenas migas. Una vez fuera del hospital, Antonella me dijo que llegado el momento me ayudaría con mi hermana y sería una aliada contra mi padre.

• ¿Eso cuando fue? – pregunto una colérica Erin.

• Aquella semana de hace tres años que te dije que no podíamos quedar porque me habían encargado un trabajo complicado.

Erin me empezó a mirar de una manera que me empezó a asustar, enseguida entendí por donde iban los tiros, la mire y le dije.

• Entre Antonella y yo jamás paso nada, te lo prometo.

• ¿No te la follaste?

• No, además, en ningún momento percibí que estuviera interesada en mí en ese sentido.

• ¿Qué quieres decir?

• Que aunque Antonella sea madre, le gustan más las mujeres que los hombres.

Eso pareció tranquilizar a Erin, ella sabía que yo no mentía nunca, también sabia que de haberme acostado con Antonella no se lo hubiera ocultado. Por mucho que le doliera, ella follaba con mi padre y no tenía derecho a pedirme que no follara con otras mujeres. Era cierto que Erin no tenía más remedio que follar con él, mi padre Eligio a Erin por dos razones, porque sabía que yo estaba enamorado de ella y porque estaba muy buena, pero los dos sabíamos que si Erin se negaba a follar con él, este se hubiera deshecho de ella, además Erin sabía que yo no tenía ojos más que para ella.

Después, la cena fue sobre ruedas, volvimos a coger esa habitación en aquel destartalado hotel. A diferencia de la última vez aquella noche el cielo estaba despejado y hacía buena temperatura. Al entrar en ella, Erin se desnudó, anduvo hasta llegar a la ventana y apoyo sus manos sobre la repisa de esta. Miro hacia atrás y empezó a mover ese increíble culito que tenía, podía ver la humedad que destilaba su coñito, ese coñito pelirrojo que me volvía loco. No tarde en desnudarme y colocarme a su espalda, Erin jadeaba, empecé a pasar la punta de mi polla por toda su rajita.

Erin me suplicaba que la penetrara, no le hice caso, me agache y metí mi lengua entre sus labios húmedos y calientes, pude notar como todo el cuerpo de Erin tembló. Un atronador orgasmo le vino, al no esperármelo casi me atraganto. Mire a Erin y esta me miro con el rostro ruborizado, sonreí y apuntando mi polla a su coñito la penetre de golpe, Erin volvió a gritar, las embestidas eran fuertes y profundas, Erin no podía ni hablar, lo único que decía era que quería más. Llego un momento que nuestros cuerpos se acompasaron, entonces paso algo que hizo que me parara, unos metros delante del hotel pude ver una luz, como el de un flash de una cámara.

Eso hizo que me parara entre las protestas de Erin, pero mi instinto me decía que algo no iba bien, me puse los pantalones y salí corriendo fuera del hotel al sitio donde había visto esa luz, al llegar no había nadie, pero encontré colillas, mala señal. Al volver a la habitación, Erin pudo ver mi rostro preocupado.

• ¿Qué has visto Duncan?

• He visto una luz y del sitio donde provenía he podido encontrar colillas, Erin es posible que mi padre ya sepa que le estás siendo infiel conmigo.

• ¡Yo esto no lo considero infidelidad, yo no lo amo y él me obligo a casarme con él!

• No creo que mi padre lo vea así.

De uno de los armarios saqué una mochila y de esta un sobre, se lo di a Erin, en él había las coordenadas de un piso franco que nadie conocía, Liam creo un programa que se encargaba de comprar casas al azar y después borraba los datos para que nadie supiera su paradero.

• Erin, si las cosas se ponen feas, prométeme que abrirás este sobre e iras a las coordenadas que están escritas dentro.

• Y tú, ¿cómo me encontrarás?

• Siempre te encontraré, estamos destinados el uno al otro.

Erin no pudo evitar sonreír, decidimos volver, le dije a Erin que pasara la noche en nuestro piso franco, pero ella me dijo que sabía cuidar de sí misma, además de que no teníamos pruebas de que mi padre supiera lo de nuestra aventura, me dijo que lo mejor era hacer vida normal para no levantar sospechas. No estaba nada convencido, pero cuando se le metía algo en la cabeza, no había forma de hacerla cambiar de opinión. Yo no estaba convencido, pero decidí que discutir con ella no me llevaría a ninguna parte.

Era hora de reunirme con Antonella, por la tarde le había dejado un mensaje de que iría a visitarle y me contesto, que estaría en el restaurante que regentaba su familia en la ciudad. Me monté en el coche y me puse en marcha, al llegar al restaurante aparqué en el aparcamiento y me dirigí a la entrada de este. En la puerta había dos armarios empotrados, con una cara de mala leche que echaba de espaldas, uno de ellos al reconocerme me dijo que la jefa me estaba esperando y después me dio las gracias por ayudar a su jefa, a proteger a su mujer, era una de las empleadas en la mansión.

Antonella se encontraba sentada en una de las mesas, mirando un portátil, me senté frente a ella y le dije.

• Hola Antonella, te veo entretenida.

• Sí, estoy a punto de comprarme una casa cerca del Vesubio, para ir a vivir con Isabella.

• Sabes que esa casa se encuentra en una de las zonas más peligrosas del planeta, ¿verdad?

• Sí, pero yo me críe allí y tengo buenos recuerdos, además es un buen sitio para retirarme

• Me alegro.

• ¿Qué puedo hacer por ti?

• He negociado con mi padre.

• Le has prometido que eliminaras la competencia a cambio de que este pague la medicación de Lisa, ¿me equivoco?

• No, ¡mi padre es un bocazas!

• Veo que yo soy la primera.

• No, no he venido a destruirte, sino a pedirte ayuda, no sé cómo acabara esto y si me pasara algo, quiero que cuides de los míos.

• Eso no tienes ni que pedirlo.

• Gracias.

Después de eso, Antonella hizo que me sirvieran el mejor whisky que tenían y me enseño la casa en la que pensaba retirarse con su hija. La verdad es que la casa era preciosa y las vistas no podían ser mejores, desde las ventanas se podía ver la majestuosidad del Vesubio. Fue una charla agradable, sabia que con los otros tres las cosas no serían tan fáciles. El siguiente sería Boris, era un enemigo terrible, pero tenía su punto débil a mi favor, el exceso de confianza.

Continuará.