Sintiendo por primera vez
Llevaba años guardando el secreto más peligroso: amar a la mejor amiga de su vida. Pero cuando la traición de su hermana la deja hecha añicos, Pablo decide que ya es hora de dejar de soñar y empezar a vivir. Esta vez, no la dejará ir.
Sintiendo por primera vez
Mi nombre es Pablo y me encuentro en un turno de treinta y seis horas en urgencias de un hospital, me acabo de tomar un descanso y pretendo dormir un par de horas. No soy capaz de dormirme, tengo la mente demasiado ocupada por el exceso de trabajo que estamos teniendo últimamente.
Cojo mi móvil de mi taquilla, siempre lo guardo ahí. En el hospital llevo el móvil para el trabajo, cuando lo enciendo me llegan mensajes de WHATSAPP de Silvia. Quien es Silvia os preguntaréis, ella es mi única familia y mi mejor amiga. Sinceramente, me gustaría que fuera algo más, yo llevo enamorado de ella toda la vida. Ella me quiere con locura, pero no de la forma en la que a mí me gustaría.
He llegado a la conclusión que Silvia es demasiado importante en mi vida para echarlo todo por la borda, enterré hacía muchos años esos sentimientos en lo más hondo de mí, teniendo la esperanza de que se irían extinguiendo, pero la verdad es que cada día brillan con más intensidad.
Cuando digo que ella es mi única familia es porque mis padres murieron en un accidente de coche, mi ilusión era estudiar medicina. Mis padres lo sacrificaron todo para que pudiera entrar en la facultad, lo consiguieron, pero la noche en la que íbamos a celebrarlo. Se salieron de la calzada, llovía mucho y el coche resbalo, murieron en el acto.
Mi madre era sirvienta en la casa de los padres de Silvia, por insistencia de ella. Sus padres decidieron hacerse cargo de mí, jamás me sentí bien venido en esa casa, solo Silvia se alegraba cada vez que cruzaba el umbral. Silvia tenía una hermana un año más pequeña que ella, se llamaba Lidia y no me podía ver ni en pintura. Me consideraba un parásito, ella decía que mi estatus de pobretón, degradaba el estatus de su familia.
Sus padres no lo decían, pero por sus gestos y forma de tratarme. Pensaban, de manera similar, a Silvia le paso factura el querer ser mi amiga en contra de los consejos de su familia. Mientras que a Lidia se lo consentían todo, a Silvia no le pasaban ni una. Tuvo que ver como le compraban un coche nuevo a Lidia, mientras ella tuvo que ponerse a trabajar y hacerlo muy duro, para poder comprarse su primer coche.
Pero ahí estaba lo que me enamoro perdidamente de Silvia, jamás perdía esa preciosa sonrisa, su optimismo y ganas de conseguir lo que se proponía. Los padres de Silvia tenían una pequeña casa de invitados, ahí era donde yo vivía. Lidia siempre se reía de mí, porque decía que su cuarto era más grande que mi casa. Lo que ella no comprendía era que a mí con un techo me bastaba.
Silvia quería con locura a su hermana, jamás le importo que sus padres le concedieran todos los caprichos en detrimento de ella. Eso no cambio ni un ápice los sentimientos de Silvia por su hermana. Silvia también entró en medicina como yo, su intención era especializarse en pediatría. Yo terminé encontrando un trabajo que me permitía compaginarlo con mis estudios, así fueron pasando los años.
Tenía éxito con las mujeres, pero ninguna despertaba en mí el sentimiento que tenía por Silvia. Tampoco penséis que me aprovechaba de ellas, era claro desde el principio y si alguna se enamoraba de mí, lo hablábamos y terminábamos en buenos términos. Tengo que decir que he conocido mujeres excelentes y una parte de mí siempre lamentara no haber podido enamorarme de ellas, pero mi corazón ya tenía dueña y esa era Silvia. El ambiente en casa de Silvia cada vez era más duro y decidí mudarme a un piso de estudiantes cerca de la facultad, eso entristeció a Silvia, pero era lo mejor para los dos. A mí cada día me costaba más mantener escondido lo que sentía por ella, sabía que de salir a la luz, Silvia no cambiaria su comportamiento hacia mí, pero yo no podía evitar tener ese miedo.
Además, quería perder de vista a Lidia y a los padres de Silvia. El día que me vieron partir, solo les falto montar una fiesta. Durante la carrera, únicamente salíamos un sábado al mes, entre el trabajo, la facultad y todo lo que había que estudiar, no teníamos tiempo para nada. Eso no impedía que Silvia pasara tiempo conmigo, al principio me dio miedo, pero el haberme ido de esa casa me hizo bien y pude mantener esos sentimientos a raya.
En el último curso, Silvia me dijo que se marcharía la estudiar su especialidad a otro país, el país elegido seria Italia. Según me dijo allí tenían familia, para mí fue un jarro de agua fría, pero no hay mal que por bien no venga. Aprovecharía ese tiempo para convertir esos sentimientos de amor en amistad, además tal vez el amor de mi vida estaba esperándome y la encontraba en el momento más insospechado.
Termine la carrera con unas notas altísimas y enseguida entre en el hospital, el MIR fue durísimo, pero como me centre en ello, lo saque y me convertí en médico. Tengo que decir que fueron cuatro años durísimos, de casa a trabajar y de allí a casa. Al final conseguí un pequeño piso al lado del hospital, para mí era suficiente, durante esos cuatro años, me dediqué a cuidar mi cuerpo y mi aspecto y según todas mis compañeras decían que era muy atractivo.
Yo la verdad que no lo hacía por eso, en aquellos tiempos mi alimentación no era la mejor y si no quemaba toda esa comida iba a terminar, no pudiendo entrar por la puerta de mi casa, una mañana que estaba atendiendo un traumatismo en un brazo, me indicaron que alguien había venido a verme. Cuando llegue a la entrada del hospital, allí había una mujer esperando, era Silvia, la reconocería en cualquier lugar y circunstancia.
Me miro y su sonrisa seguía intacta, tenía una sonrisa resucitadora de gatitos y a mí me entro una emoción que apenas pude contener. Cuando nos abrazamos mis diques fallaron y termine llorando.
• Veo que me echabas de menos, tanto como yo a ti – dijo una emocionada Silvia.
• No te haces una idea – dije emocionado.
Entonces nos separamos y un hombre que estaba a su lado carraspeo, era un hombre de unos cuarenta años, diez más de los que teníamos Silvia y yo. Para mí fue un jarro de agua fría, para que engañarnos, pero al mal tiempo buena cara y decidí que nada me amargaría la vuelta de la persona que más quería de mi vida.
Mucha gente pensará que Silvia se aprovechaba de mí, pero cuando mis padres murieron y yo me estaba deshaciendo en mil pedazos, fue ella la que los recogió y con una paciencia infinita los fue pegando hasta que volví a ser yo mismo. Silvia estuvo a mi lado día y noche y no me dejo en ningún momento, con la agravante que eso le trajo muchas discusiones con su familia, pero a ella le dio igual. Volviendo al tema que me disperso, aquel hombre era uno de los médicos que instruyo a Silvia y su actual novio. Era un hombre muy guapo, él lo sabía y se creía superior. No pudo evitar alardear delante de mí, gesto que disgusto mucho a Silvia. Yo miré a Silvia pensando que con lo buena persona que era, como podía tener tan mal gusto para los hombres.
Esa noche me dijo, si podía librar, estaba invitado a cenar con ellos en casa de sus padres. La verdad que hubiera preferido la tortura de los mil cortes antes de cenar otra vez en esa casa, pero me lo había pedido Silvia y no podía negarme. La cena fue mejor de lo esperado, mi nuevo estatus de médico, hacía que los padres de Silvia me miraran de otra manera. Su actitud hacia mi cambio, poquito, pero cambio. Otra que cambio de actitud conmigo fue Lidia, de repente pasó de no poder verme a demostrar un interés que me estaba haciendo sentirme incómodo.
Habían pasado años, pero yo seguía siendo el mismo. Cuando vio que yo no tenía ningún interés en ella, se molestó y dirigió toda su atención al novio de Silvia. Cosa que yo agradecí, el novio de Silvia se llamaba Carlo. Los padres de Silvia estaban encantados con él, ese hombre tenía un ego que necesitaría un planeta más grande para que pudiera entrar en él. Lidia empezó a coquetear con él y este le siguió el juego entre las risas de todos, menos la mía y la de Silvia.
Llego un momento en que ya no aguante más y me levante, me excuse diciendo que al día siguiente tenía que madrugar y me dirigí a la salida. Necesitaba respirar y en esa casa me estaba ahogando, cuando ya estaba fuera, tome una bocanada y entonces note una presencia a mi espalda.
• Lo siento – dijo Silvia.
• Silvia, estoy enamorado de ti, y ya no puedo ocultarlo más – dije con una profunda tristeza.
• Lo sé Pablo, por eso me fui a terminar mi carrera a Italia, sabía que sin pretenderlo te hacía daño día a día y era algo que no pretendía – dijo Silvia.
• Lo sé Silvia, no es culpa de nadie, a veces estas cosas pasan – dije con una fingida sonrisa.
• Ojalá me hubiera enamorado de ti, sería mucho más feliz – dijo Silvia mientras derramaba lágrimas.
• Silvia, tengo que tomar distancia, mientras estuviste fuera, pude llevarlo, pero ha sido verte y todos los sentimientos han brotado otra vez – dije desgarrándome por dentro.
• Lo sé – dijo llorando Silvia.
Nos abrazamos y esa fue la última vez que nos vimos en mucho tiempo, no perdimos el contacto y nos mensajeábamos todos los días por WHATSAPP, llego el día en que nos volvimos a ver en persona otra vez. Como he dicho al principio, Silvia me solía mandar videos graciosos cuando tenía guardias, me senté en el sofá de la sala de descanso y abrí el video que me mando.
Cuando termine de ver el video, se me cayó el móvil al suelo, las imágenes que vi me dejaron helado. En el video se veía a Lidia atada al cabecero de la cama, mientras Carlo la embestía con tanta dureza que parecía que terminarían por traspasar la pared de detrás. A Lidia solo se le escuchaba aullar mientras pedía más y se reía de la cornuda de su hermana y también se escuchaba el llanto de Silvia que acababa de encontrarse con el percal, los últimos instantes del video solo eran gritos entre las dos hermanas, después se ve como Silvia suelta el móvil que cae al suelo y se escuchan unos golpes. Cogí mi móvil y la llamé, no recibí respuesta, volví a llamar y entonces entro un mensaje que me decía que se encontraba en un hotel.
Me puso la dirección, yo hablé con uno de mis jefes y le conté que tenía un problema familiar, como ya había terminado mi turno no me puso pegas. Salí del hospital quemando rueda, ahora me pongo a pensar y podía haberme matado. Silvia me necesitaba y no tenía nada más en mente, cuando llegué a su habitación, esta estaba a oscuras y se podía adivinar una figura sentada sobre la cama.
Cuando encendí la luz, Silvia estaba con la mirada perdida, su cara estaba ensangrentada y no podía dejar de llorar, solo decía que como podía haberle hecho eso. Con lo mucho que la había querido. Yo tampoco entendía como Lidia pudo hacerle eso a Silvia, cuando esta se había desvivido por ella durante toda su vida. Agarre de las manos a Silvia y esta me miro con una mirada llena de dolor y con el semblante más triste que hubiera visto en ella jamás, la abrace contra mí y le dije.
• Vamos Silvia, llora y desahógate, ya estoy aquí y no pienso moverme de tu lado.
Silvia estalló en un llanto, era la primera vez en mi vida que la veía tan desecha, no pude contener mis lágrimas. No la solté hasta que consiguió calmarse, entonces fui a por mi maletín y me dispuse a curar sus heridas.
• ¿Qué a ocurrida Silvia? – pregunte.
• Lidia y yo nos hemos peleado – dijo Silvia.
• Silvia, esta herida del pómulo no tiene buena pinta, deberíamos ir a que te saquen unas placas.
• Vale – dijo una abatida Silvia.
Cuando llegamos al hospital, pedí que le sacaran unas placas, yo de mientras espere fuera de rayos x. Cuando la sacaron en una silla de ruedas me asuste, me dijeron que se había mareado. Decidí que le sacaran un TAC, era mejor descartar cosas peores. Por fortuna todo estaba bien, le cosieron la herida del pómulo. Le quedaría una ligera cicatriz, decidimos que pasaría la noche en observación, por si acaso.
Silvia no quería, pero le convencí de que llamara a sus padres. Estos se presentaron en el hospital y enseguida preguntaron por su hija. Lo peor era que con ellos vino Carlo, este me miro con una mirada de odio y me dijo.
• He venido a llevarme a Silvia, ¿dónde está? – dijo un chulesco Carlo.
• Ingresada – dije muy serio.
• ¿A criterio de quien? – pregunto.
• De su doctor, o sea, yo – dije muy enfadado.
Los padres de Silvia me miraban muy preocupados.
• No sabes quién soy yo – dijo un chulesco Carlo.
• Aquí tú no eres nadie – le dije.
Entonces por mi espalda llego el director del hospital, le puse en antecedentes y le dijo a Carlo muy calmadamente que Silvia se quedaría en el hospital a mi cuidado y que no había nada más que hablar, Carlo se dio la media vuelta muy molesto, salió del hospital.
• ¿Pablo que ha ocurrido? – pregunto el padre de Silvia.
• Eso deberían preguntárselo a Lidia – conteste.
• La hemos encontrado muy nerviosa al llegar a casa, pero no le hemos podido sacar nada – dijo la madre de Silvia.
Yo no pensaba decirles nada, les acompañé a la habitación de Silvia, cuando esta los vio entrar, su semblante se endureció, solo al verme entrar en último lugar dulcifico su gesto. Los padres de Silvia querían pasar la noche, pero ella les dijo que no. Ella prefería que fuera yo quien se quedaría.
Al día siguiente Silvia decidió pasar por su casa y me pidió si se podía quedar en la mía durante unos días, yo le dije que podía quedarse todo el tiempo que necesitara. Cuando llegamos a su casa sus padres le estaban esperando muy preocupados.
• Que ha ocurrido hija, Lidia, no nos ha querido contar nada – dijo el padre de Silvia.
Silvia les puso el video que grabo, mira que me habían tratado con desprecio, pero ver las caras de los padres de Silvia despertaron él mi una lástima enorme por ellos, ellos habían dado alas a Lidia sobre Silvia durante toda su vida y esta llego a pensar que podía hacer lo que le pareciera sin recibir ninguna consecuencia.
La consecuencia era que había perdido a Silvia, seguramente la única persona de este mundo que la había querido de verdad, Silvia recogió sus cosas sin mirar atrás y las metió en el maletero de mi coche, después se metió en la parte del copiloto sin despedirse. Cuando llegamos a casa, le prepare una cena ligera y nos metimos en la cama.
Mi casa solo tenía una habitación, la cocina integrada en el salón y un baño. Únicamente había una cama y yo se la cedí a Silvia, pero esta se negó a que durmiera en el sofá. La verdad que el sofá no estaba en condiciones de dormir en él. La primera noche se la paso llorando, a mí se me partía el corazón al ver a Silvia en ese estado. No se lo merecía, siempre había sido muy buena con todo el mundo y mira como se lo habían pagado.
Los días fueron pasando y su ánimo fue mejorando poco a poco. Me dijo que se pondría a buscar trabajo en pediatría, ella pensaba trabajar con Carlo en Italia, pero después de lo ocurrido, no quería verlo ni en pintura. En mi hospital la médico de pediatría estaba a punto de coger la baja por maternidad y le comenté al director si podían coger a Silvia mientras duraba la baja.
Silvia entregó su currículo, el director se quedó impresionado y la contrato. Empezar a trabajar le vino muy bien a Silvia, también empezó a asistir a la consulta de la psicóloga que me trato a mí cuando murieron mis padres. Poco a poco empezó a salir del pozo, su forma de comportarse conmigo fue cambiando sutilmente, yo no quería hacerme ilusiones. Un día salimos a comer a un restaurante que había cerca del hospital, todo iba bien hasta que izo su aparición Carlo. Como yo estaba de espaldas no vi como se acercaba, pero ver como se iba transformando el rostro de Silvia me dio miedo de verdad. Cuando llego donde nosotros, a mí ni me saludo, exigió a Silvia que se fuera con él.
• ¡Tú quien te crees que eres! – dijo una furiosa Silvia.
• Tu novio y me debes respeto – Dijo Carlo.
Tengo que decir que estaba flipando con este maromo, le pone los cuernos con su hermana y encima se pone a exigir, por fortuna Silvia le demostró lo que pensaba de eso con sendos tortazos que hicieron tambalearse al Italiano.
• Mamarracho, ni se te ocurra acercarte a mí en tu vida, ahora tienes a mi hermana que estará encantada de follar contigo, a mí me dejas en paz si sabes lo que te conviene – dijo una Silvia cada vez más furiosa.
Antes de que me diera tiempo de moverme le cayeron otros dos tortazos más, abrace a Silvia, no la solté hasta que se calmó un poco, mire a Carlo y le dije.
• Más vale que te marches, si no quieres seguir cobrando.
Silvia se abrazó a mí con tanta fuerza, que pensé que rompería todos los huesos, entonces me miro y me dijo.
• Cojámonos unos días libres y vayamos al sur, allí mis padres tienen una casa.
• No sé si será una buena idea Silvia – le dije.
• Pablo, ahora mismo con la única persona que quiero estar es contigo – dijo Silvia.
Me puso la carita de pena y me convenció, pedimos unos días y nos fuimos al sur. Cuando llegamos, la casa era muy bonita, pero estábamos llegando al final de la primavera y el calor cada vez era más intenso. Por suerte la casa tenía aire acondicionado y una piscina, la primera noche cenamos algo ligero y después de ver una película nos metimos en la cama.
La segunda noche me llevo a un local al que solían ir su hermana y ella cuando solían veranear allí, la verdad es que no estaba nada mal, tendían seguridad en la puerta y era bastante grande. Mientras pedía unas bebidas vi como Silvia iba a la pista de baile y se ponía a bailar, sus movimientos eran hipnóticos. Me hubiera pasado toda la noche viéndola bailar, lo malo es que otros hombres vieron lo mismo que yo y ellos no tuvieron miedo como yo.
Uno de ellos se acercó y empezó a restregarse a Silvia, yo decidí dejar de mirar y me puse de espaldas a la pista de baile, al poco rato noté que alguien se abrazaba a mi espalda. Al darme la vuelta vi que era Silvia, me miraba muy sonriente, entonces el tío que bailo con ella se acercó un poco serio y le dijo a Silvia.
• Tú lo que necesitas es un hombre de verdad para pasar un buen rato.
• ¿Y ese hombre eres tú? – pregunto Silvia.
El tío se me quedo mirando y pregunto.
• ¿Quién es este?
• Mi novio, ¿te importa? – dijo Silvia.
• ¡Eres una calienta pollas! – espeto el tío muy cabreado.
Yo seguía en la gloria, pues después de decir que era su novio, me dio un beso que me dejo temblando, entonces el tío ya no se aguantó más y se arrancó a partirme la cara, yo me agache y el tío estampo su puño contra uno de los cristales que había en las paredes. Sangraba mucho y se asustó.
Yo le dije que estuviera tranquilo, que los dos éramos médicos y que el juramento hipocrático nos impedía no atender a imbéciles profundos, al revisar su mano, me di cuenta de que aparte de las heridas. Tenía varios huesos rotos, llamamos a una ambulancia y así termino nuestra salida nocturna.
Al regresar a casa, Silvia vio que estaba muy serio.
• ¿Qué ocurre Pablo? – pregunto Silvia.
• ¿Lo de que éramos novios lo has dicho en serio? – pregunte.
• Muy en serio, según pasaban las semanas después de la traición de Lidia, viendo como te preocupabas y me cuidabas, empecé a sentir algo que jamás había sentido – dijo Silvia.
• ¿Algo bueno o malo? – pregunté
• Bueno, pero no estaba preparada y me daba miedo – dijo Silvia.
• ¿Ya estar preparada? – pregunté.
Su respuesta fue otro beso que me volvió a dejar temblando, nos dimos prisa y volvimos a casa rápido, según entramos en casa nos fuimos desnudando. Silvia tenía un cuerpo que parecía cincelado por el mismísimo Miguel Ángel, mi cuerpo tampoco le paso desapercibido a Silvia que lo miraba y se relamía. Silvia se acercó a mí y cogiéndome la polla, di un respingo, cada vez se relamía más y no tardo en metérsela en la boca.
El placer que estaba sintiendo no lo puedo explicar con palabras, tuve que sujetarme en la pared, mis piernas me temblaban. Estuve a punto de correrme, pero pare a Silvia justo a tiempo, entonces la ice colocarse en el sofá con las piernas abiertas, su coñito estaba brillante, tenía un coñito peludito, pero bien arreglado. Brillaba de lo mojado que lo tenía.
Cuando acerque mi lengua a su clítoris, Silvia empezó a gemir de lo sensible que lo tenía, estuve degustando ese rico coñito durante un buen rato. Silvia no pudo contenerse y se corrió abundantemente. Me separé de ella y fue cuando de un salto enrosco sus piernas en mi cintura y me beso degustando sus propios flujos.
• Te está gustando – pregunto.
• Mucho – conteste.
• Eres feliz – pregunté.
• Mucho – contesto Silvia.
La lleve como estábamos a la habitación y la tumbe en la cama, su coñito seguía tan mojado que mi polla entro sin ningún esfuerzo, los dos soltamos un gemido al sentir como mi polla entraba en su coñito. Nos cogimos de las manos y empecé un mete saca acompasado, todo eran besos, gemidos y declaraciones de amor. En un momento dado lágrimas empezaron a brotar de mis ojos, por fin la mujer que había amado toda mi vida me correspondía y eso me convirtió en el hombre más feliz del mundo.
La noche no acabo ahí, tuvimos varios orgasmos hasta que vimos como el sol iluminaba la habitación por el poco espacio que le dejaba la persiana, nos quedamos dormidos con Silvia apoyando su cabecita en mi pecho y desde ese día no nos volvimos a separar.
EPÍLOGO
Estoy en el altar de la iglesia temblando de lo nervioso que estoy, todos los nervios desaparecen cuando veo entrar a Silvia con su precioso vestido de novia. Silvia está tan preciosa que tengo que contener el impulso de saltar sobre ella y besarla con todo el amor que llevo dentro. Cuando llega a mi lado la noto nerviosa, pero en su mirada noto la felicidad absoluta.
Después del si quiero y después de besarnos, cuando salimos de la iglesia para la tradicional lluvia de arroz, le digo que no sé si podré esperar a la noche de bodas, pues mi deseo por ella es infinita. Silvia se sonroja y me dice que me haga acopio de fuerzas, pues va a ser una noche larga.
Y así fue, fue una noche larga y muy placentera y a los nueve meses nació el fruto de todo el amor que nos procesamos esa noche, ahora me encuentro cogiendo la mano de Silvia. Sintiendo como está a punto de traer una vida al mundo, una vida que nos va a hacer más felices de lo que ya somos.
A nuestra hija le pusimos el nombre de Isabella, en honor a la abuela de Silvia. Los padres de Silvia estaban encantados con la idea de ser abuelos, a mí ya me aceptan, aunque creo que es por no discutir con Silvia y quedarse sin ver a su nieta.
Lidia dejó de ser la niña mimada, sus padres le cortaron el grifo y tuvo que volverse una de esas personas corrientes a las que tanto aborrecía y despreciaba, decidió ir a trabajar al extranjero, no pudo superar la perdida de su hermana. No eres consciente de lo mucho que valoras algo hasta que lo pierdes y es eso lo que le paso a Lidia.
A Carlo no le fue mucho mejor, el padre de Silvia movió algunos hilos y Carlo no solo perdió su trabajo, pues salieron a la luz todos los líos que había tenido con las mujeres que trabajaban en el hospital de Italia y los rumores dicen que algunos novios y maridos cabreados fueron a hacerle una cara nueva, no volvimos a saber nada más de él y ni falta que nos hace.
Ahora nos encontramos en la playa e Isabella va cogida de la mano de su madre, va a entrar por primera vez en el mar y tiene miedo, pero con los ánimos de su madre mete uno de los piececitos y después ya va todo rodado, todo se convierte en risas y diversión. Yo me acerco mientras madre e hija me echan agua mientras se ríen.
Silvia, Isabella y yo somos felices y ese es el mejor regalo que nos podían haber hecho.
FIN.
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