Las refugiadas 2 - Olha
Olha siempre supo que su primera vez sería pública y humillante. Pero esta noche, Pedro le ofrece algo prohibido: intimidad, ternura y un sexo 'vainilla' a solas. ¿Podrá ella resistirse a la suavidad de su Amo antes de que el mundo la reclame?
Esta historia va por la segunda parte. Si no has leído la primera es mejor que empieces por leerla cuyo índice puedes encontrar en:
Las Refugiadas 1: https://www.todorelatos.com/relato/195640/
Y en cuanto a los capítulos de esta parte:
Mayoría de edad…: https://www.todorelatos.com/relato/197196/
Pasaporte: https://www.todorelatos.com/relato/198156/
Desvirgada: https://www.todorelatos.com/relato/198950/
La «enfermera»: https://www.todorelatos.com/relato/199823/
La «doctora»: https://www.todorelatos.com/relato/200191/
Nochevieja de horror: https://www.todorelatos.com/relato/200311/
Nochevieja de horror (final): https://www.todorelatos.com/relato/200525/
Mayordomo y chacha: https://www.todorelatos.com/relato/200556/
De compras: https://www.todorelatos.com/relato/200605/
Minerva: https://www.todorelatos.com/relato/200673/
La vela: https://www.todorelatos.com/relato/200916/
Supongo que siguiendo con los fallos habituales este relato volverá a calificarlo como «Hetero General» pese a que al igual que los otros lo voy a subir en la categoría de «Hetero: primera vez».
Y ahora os dejo con la historia:
Como eran vacaciones, Olha, pasó toda la semana viviendo en casa de Pedro, durmiendo con él en la cama y ejerciendo como Ama, salvo las dos horas de su sesión con Susana del domingo que tuvo en la propia casa mientras este llevaba a Minerva al aeropuerto y después del paseo. Fueron unos días en los que su nuevo castigo quedaba lejos, ya que Rosa se instaló en el piso para hacer papeleo. Controlaba a distancia a las demás y en persona a los que visión en casa de Pedro: su madre, Svetlana, Anastasia, Vanessa y Cristian. Era todo un nuevo desafío.
Con Svetlana alguna vez habían jugado a Amas y esclavas alternándose en el papel. Ella era mayor, lo que en casa de Alexander le daba cierta preeminencia, pero Svetlana era la hija predilecta de Alexander y eso pesaba. Había quien incluso la asociaba ya como futura mujer de Svyatoslav.
Sin embargo, aunque Olha había disfrutado en ambas partes del juego Svetlana le confesó que no gozaba cuando tenía que jugar como Ama, por lo que últimamente solo jugaban en su actual posición. Respecto a su madre y las demás mujeres del piso estaba acostumbrada a dirigirlas desde que volvieron del burdel. Se tomaron el control financiero como algo más y la obedecían ciegamente, pero aún se le hacía raro ser el Ama de Anastasia, que siempre fue la esposa de Alexander y por lo tanto la hembra alfa, aunque no ejerciera como tal y más aún de Cristian, un varón, aunque él parecía aceptar sus órdenes sin problemas. De hecho, parecía que era Vanessa la que peor llevase que Cristian cumpliera sus órdenes.
—Acércate mayordomo —ordenó Olha a Cristian mientras Vanesa estaba fregando el suelo arrodillada y Cristian limpiaba la cubertería a sus espaldas—. Tengo ganas de mear.
Cristian dejó la cubertería y se arrodilló ente las piernas de Olha.
—Sí Ama Iris. Gracias por darme de beber.
Pedro entró en ese momento, pero se quedó callado esperando que Olha acabase de orinar. Los tres sabían que el pequeño placer que iba a obtener Cristian era limpiar el coño de Olha después de la meada.
—Si has acabado de abusar del servicio tenemos que hablar —le dijo sorpresivamente Pedro lo que provocó una sonrisa de Vanessa, porque apenas dejó que Cristian lamiese unos segundos el coño de la chica.
—Yo… yo… —se disculpó sorprendida Olha mientras se giraba—. Me diste mando sobre ellos.
—Mando sí, pero eso no quiere decir que lo puedas usar de retrete sin mi permiso. —Olha avanzo hacia Pedro—. Al menos déjale que acabe y limpie tu coño sucio de meado. Lo menos que puedes hacer por él después de ser usado es dejarle que goce pasando su lengua sobre ti.
Olha se giró y volvió a abrir las piernas para permitir que Cristian pusiera su cabeza entere ellas. El gesto de Vanessa pasó de regocijo a enfado mientras Cristian pasaba su lengua por el coño hasta dejarlo completamente limpio de orina pero lleno de su saliva y de los jugos de Olha. Pedro lo dejó hasta que ella empezó a mostrar síntomas de orgasmo.
—Es suficiente —ordenó—. Vamos.
»Te recuerdo que estas castigada —prosiguió Pedro en voz baja para que solo lo oyese ella—. No te puedes correr.
Subieron al despacho. Olha se arrodilló.
—Os pido perdón Amo si me he extralimitado en mis funciones y os pido que me apliquéis un severo castigo.
—Servirás a Rosa hasta final de curso —replicó Pedro—, ese va a ser tu único castigo por ahora, junto con la prohibición de correrte hasta que seas desvirgada. Incluso aunque esta noche te vuelva a acariciar durante horas. Tenemos otras cosas que tratar. Porque supongo que la escena que he visto no obedecía a algún fallo de Cristian, ¿verdad?
»Recuerda que delante de ellos te he dicho que solo puedes ordenárselo de forma justificada, aunque entre nosotros tienes carta blanca con ellos.
—No. No era ningún fallo, solo tenía ganas de orinar y me apetecía que me comiese el coño delante de ella. Más por molestarla que por lo que pudiera obtener de su cunnilingus. Pero ya sé cómo podéis conseguir castigarlo: por mentir.
—Bien. Eso lo veremos luego. Ahora queda lo de mañana. No me has dicho como quieres que sea.
—Como el Amo disponga estará bien.
—No. Eres tú quien va a ser desvirgada y quiero que me digas como te gustaría. Como le dije a Svetlana será como vosotras queráis. Dentro de lo que autorice la doctora, claro.
—Me da lo mismo. Lo que yo quería no puede ser.
—¿También quieres que te lo machaque a golpes antes como quería Svetlana?
—No. Lo querré… pero más adelante. Sé que en Hryhorivka todas las primeras veces han sido auténticas violaciones públicas. Y de algunas chicas múltiples, pues Amo Alexander a algunas las entregaba luego a los hombres, aunque a ninguna de sus hijas reservadas como yo.
—¿Hijas reservadas?
—Sí, las que habíamos sido engendradas sabiendo que éramos hijas de él, porque se había reservado a nuestras madres hasta preñarlas.
»A las demás las violaba y luego las entregaba a sus hombres, pero las que eran hijas suyas que llegaban a la edad, yo no lo hice antes de partir, las violaba solo él. Y se las quedaba hasta que tenían la siguiente menstruación.
»A Svetlana incluso la anunció que una vez desvirgada seria solo suya hasta que quedase preñada, así con esas palabras. Delante de las demás jóvenes de la escuela.
—¿Y tú estabas celosa?
—Solo porque no iba a poder estar con ella, pensaba. Pero eso ya no importa.
—No.
—Aunque… todas esperan que sea igual. Y que sea público.
—¿Y tú? ¿Qué quieres?
—Me habría gustado una romántica y vainilla noche. Suave y tierno… a solas.
»Pero lo que no puede ser no puede ser. —Tocó el botón del interfaz de voz—. Muestra el vídeo de ayer en la cocina a las dieciocho cero seis. Cámara de la puerta.
El ordenador pasó a mostrar un vídeo en el que Cristian y Vanessa estaban de espaldas haciendo algo en el fregadero. Olha se acercó y le pegó una palmada en el culo a Cristian a la vez que acercaba su cara a la de él. Cristian y Vanessa dieron un respingo.
Olha volvió a pulsar el receptor de voz.
—Misma imagen en cámara de banco —pronunció—, con sonido.
El ordenador paró el vídeo y cambió la imagen a la parte frontal de los personajes, sacados de lado. Vanessa ocupaba el primer plano. Ella fregaba los vasos de wiski en ese momento y tras enjuagarlos se los pasaba a Cristian que los secaba. Olha no lo sabía, pero le estaba mostrando un incumplimiento de Cristian, puesto que Pedro únicamente lo había autorizado a limpiar la cubertería y algunos adornos de plata del óxido. Y eso con los objetos ya limpios. Una tarea tediosa, pero que podía hacer sentado, digna de un mayordomo. El resto de la limpieza era exclusivo de las mujeres. De Vanessa por obligación y de las demás si querían hacerlas.
Olha se acercó por el fondo. Se oyó una palmada.
—¡Qué culo más atizable! —pronunció Olha—. Y que orejita más mordíble.
Se vio como a Vanessa se le resbalaba el vaso que estaba enjabonando y se oyó ruido de cristales rotos.
Se paró la reproducción.
—Seguro que si les pregunta por quien rompió el vaso Cristian se autoinculpa, Amo. Me aportaría cien latigazos.
—Bueno eso ya veremos. ¿Y quién los recibiría si pierdes?
—Yo.
—¿Y si ganas?
—Yo también.
—Entonces no es una apuesta. —Le dio una palmada en la nalga derecha—. Ves a mi habitación y dúchate. Enjabónate y enjuágate bien ya sabes dónde que no me gusta el sabor a jabón ni a babas de otro hombre.
Olha lo miró sorprendida. La había acariciado llevándola hasta el límite de su resistencia, pero si le lamía el coño no aguantaría.
—¿No quieres que tu primera vez sea romántica y vainilla?
—Sí, pero…
—No podemos cambiar lo de mañana —le replicó él—, tiene que ser público. Pero hasta la cena disponemos de cinco horas. Como le dije a Minerva: no soy vuestro novio, no os amo románticamente, aunque por ti tengo más aprecio que por las demás, salvo quizás mi hija Susana, pero puedo ser suave y delicado… por una vez.
Olha se dirigió a la habitación de Pedro.
Pedro seleccionó los vídeos y los extrajo a un nuevo archivo, para que además se mostrasen en paralelo. Luego llamó por el interfono a Cristian.
—¿Sí Amo? —contestó este al primer timbrazo.
—Avisa a Anastasia y Svetlana que he decidido que se queden en la piscina hasta que vaya por ellas.
—Sí, Amo.
Pedro cortó la comunicación. Pese a ser invierno estaba siendo un invierno cálido. De hecho, estaría a cerca de veinte grados y hacía sol. Quizá cuando oscureciera tendrían frío, pero no le remordía nada la conciencia por hacerlas sufrir un poco. No quería interrupciones. Se conectó al programa de domótica y cambió la programación de la caldera.
Entró en su habitación. Abrió la puerta del baño, que estaba incorporado a la misma. Se oía el ruido de la ducha. Abrió el agua caliente en el lavabo. Salía fría. Se fue desnudando mientras la cañería se vaciaba. Cuando notó que el agua empezaba a salir tibia cerró el grifo y abrió la mampara de la ducha. Olha estaba apoyada con un pie en el suelo y el talón del otro sobre el grifo abriendo las piernas algo más de noventa grados. Se estaba enjabonando el coño con la esponja. Pedro abrió el grifo levantando la palanca del monomando. El chorro de agua fría cayó sobre Olha que no se inmuto. Giró el grifo hasta la mitad y tanteó con la mano hasta que salió tibia. Tomó el rociador y lo soltó del enganche para mojarse todo.
—¿Sabías que moviendo la palanca en lateral gradúas la temperatura? —preguntó Pedro mientras se mojaba.
—Sí. Pero en Hryhorivka rara vez nos dejaban ducharnos con algo que no fuese agua fría —replicó ella—. Y, créame Amo, al lado de aquella esta agua fría está templada.
»Estoy acostumbrada. No me molesta el agua fría.
—Por ahora… hasta que salgamos para cenar —contestó él—, no soy Amo. Solamente Pedro. Y trátame de tú, no de usted.
—Pero…
Él le puso el dedo en los labios.
—Hasta que salgamos. Querías una velada vainilla y será vainilla completamente. —Graduó la palanca en caliente y acercó el grifó a su coño—. A menos que cambies de idea.
Ella abrió sus labios con las manos para que el agua penetrase bien. Pese a que estaba al máximo de caliente tampoco la iba dañar, pues Pedro había graduado la caldera a cincuenta grados. Puso su mano y se aseguró que el agua llegase hasta el último rincón. Después se enjabonaron mutuamente y se aclararon tras volver el mando a posición media, lo que les daba agua templada.
Se secaron uno a otra mientras se morreaban. Empezó Pedro lo que provocó protestas de Olha, que acalló recordándole que era su noche vainilla. Cuando ya estaban secos él calzó sus zapatillas y la tomó en brazos. Como si fuese una novia, pero desnuda, la llevó del baño a la cama.
Se tumbó junto a ella. Empezó besarla en los labios, para extenderse por toda la cara: ojos, mejillas, frente, barbilla, volver a los labios donde entablaron un combate de lenguas cada vez que se encontraban. Tras varios recorridos empezó a extenderse por el cuello, para bajar hacia los pechos, donde dedicó minutos a succionar y chupar los pezones hasta ponerlos más duros de lo que ya estaban. Entonces retomó el camino descendente por el abdomen hasta llega a su pbuis.
—Ho ahí no Am…, digo Pedro —protestó ella mientras le abría las piernas—. Debería ser yo quien…
—Calla… recuerda que esto es vainilla. No me sirves a mí, sino que lo hacemos mutuamente. Y como es vainilla no existe la obligación de resistirte al orgasmo.
—Pues si es mutuo —reclamó mientras él aspiraba su clítoris estirándolo dentro de la boca—, yo también quiero llenar mi boca.
—Vale —aceptó soltándola.
—¿Vale? —repitió ella sorprendida por lo rápido que había cedido mientras Pedro se incorporaba y se tumbaba boca arriba en la cama.
—Sí. Ponte sobre mí.
—¿Tan rápido? —murmuró para sí mientras se acuclillaba sobre la cadera de él.
—No. Ahí no —la paró él—. Sobre mi cara. Mejor de rodillas —añadió cuando ella se iba a acuclillar.
Ella apoyó las rodillas a ambos lados de la cabeza y se dejó bajar sentándose sobre su boca. Cuando él la asió, a la vez que su lengua empezaba a devastar de nuevo su coherencia apoyó las manos sobre sus pechos.
—Ahora inclínate y ve bajando sobre mí —le dijo separando levente la boca de su sexo.
—Pe…pero…
—Confía en mí. Tengo más experiencia.
Se dejó bajar hasta quedar tumbada sobre él. No iba a ser su primera polla. Pero sí la más grande, al menos de carne, ya que también había practicado con los gruesos consoladores de su madre y las otras mujeres. Abriendo la boca devoró su verga mientras él la hacía llegar al primer orgasmo con su lengua.
Antes de llegar al segundo, tanto por lamer el glande como por introducirla hasta la garganta, y más allá, apretándola con esta, Olha consiguió que la verga de Pedro se pusiera tiesa como un palo. Con una palmada en el culo Pedro la ordenó que se incorporase después del segundo orgasmo. Soltó su verga con desgana pensando que podría haber logrado que se corriese antes de desvirgarla. Siguiendo sus indicaciones quedó tumbada boca arriba con su culo en el borde de la cama. Pedro elevó sus piernas apoyando los talones sobre sus hombros. Introdujo el pulgar en su vagina para recoger algo del flujo y llevarlo sobre su clítoris. Lo acarició con pulgar buscando un nuevo orgasmo. Cuando ella se estremeció se acercó y apoyó la punta de su pene en los labios mayores. Los estiró, pellizcándolos con los dedos, para favorecer que se abriese el agujero de su coño. Empujó. Olha gimió al sentir la presión. Introdujo parcialmente el glande y ya notó resistencia. Procurando no salirse se inclinó sobre Olha haciéndola doblar las piernas sobre sí misma hasta llegar a besar sus labios. Tras unir sus bocas empujó a fondo, rompiendo el himen y tragándose el repullo que dio la chica. Olha se corrió de nuevo. Pedro empezó a moverse primero delicadamente y posteriormente con más fuerza y velocidad hasta que provocó un nuevo orgasmo, el segundo penetrándola y el quinto desde que estaban en la cama. Las contracciones y la apretura de la chica le llevaron a él a su propio orgasmo, vaciándose a la vez que Olha salía del suyo. Pedro salió de la vagina y se tumbó a su lado. Tras unos segundos para recuperar la respiración se giró hacia ella y se unieron en un largo beso francés.
—¿Hemos acabado? —preguntó ella cuando terminaron el beso.
—No —respondió Pedro—. Pero déjame descansar un poco. Aún me queda tu otro agujero para tomarme. Y luego, si no estás muy dolorida podemos repetir.
—¡Y si lo estoy también! —protestó ella.
—Creo que habías dicho vainilla…
Ambos se rieron.
—Queda tu otra virginidad —comentó Pedro cuando su polla volvía a estar erecta bajo los cuidados de Olha.
—¿Cómo lo hacemos?
—Ponte culo en pompa, en el borde de la cama. como si te fuese a dar de latigazos.
—No es una descripción muy vainilla —se rio ella.
—Pero es más rápido que describírtela detalladamente.
—Sí, sí —Rio de nuevo—. ¿Las parejas heterosexuales follan por el culo?
—Algunas sí —replicó pedro tomando el bote de lubricante y mostrándoselo—, pero lo suavizan.
—Sabes una cosa… Ahora no quiero que ahora sea demasiado vainilla. Tómame tal cual.
—Dolerá.
—Eso espero. Has sido suave con mi coño, ahora por favor Amo, rómpame el culo.
—Como quieras. —Dejó el bote de lubricante y dio sendos besos en los cachetes del culo—. Pero aunque te folle duro el culo seguimos siendo pareja de iguales y no Amo y esclava. Te follaré primero de nuevo el coño para lubricar un poco. Abre las piernas un palmo.
Se situó detrás de ella y metió su verga en el orificio recién abierto. Aun apretaba, pese a estar bastante húmedo. Se movió unos minutos hasta que vio que el flujo de ella era abundante y salió. Se elevó un poco para presionar en el orificio oscuro. Ofreció Resistencia, pero menos de la esperada en un agujero no usado en absoluto. Pedro notó como la presión era mayor que en el coño, pero no tanto mayor como era de esperar. Olha sintió una punzada de dolor mientras su esfínter se distendía. El pinchazo la situó al borde del orgasmo.
—Apuesto a que mi polla no es lo primero que te entra por el culo —pronunció Pedro dándole una fuerte palmada en la nalga que la llevó al orgasmo—. Puta.
—Sí Amo… digo sí Pedro… varias veces me he metido los dedos y en ocasiones el Vibralust de las chicas, alguno de los que quedan libres. Pero nunca algo tan gordo como tu polla.
—Bien. —Pedro empujó a fondo hasta que sus cojones tocaron la vulva de Olha—. Y seguro que no tan adentro.
—Noooooo ahhhhhhh —replicó Olha mientras se corría de nuevo con las punzadas de su intestino al sentir la invasión tan profunda.
Pedro se retiró cuando notó que Olha ya había finalizado su orgasmo. dándole una fuerte palmada en el culo dijo:
—Ahora date la vuelta. Como antes. Ya que tu culo me deja entrar sin romperse lo follaremos un poco más.
Olha se dio la vuelta y Pedro la tomó como antes de los tobillos elevando sus piernas hasta que los pies quedaron a la altura de su cara. En esta ocasión apoyó sus pantorrillas en los hombros para sujetarla de las nalgas y elevar su culo de la cama. Sin pensárselo puso el glande sobre el ano de Olha y apretó. Llegó a fondo, hasta que sus cojones tocaron las nalgas de la chica y sus pelos se hubieran enredado, si no fuese porque Olha iba completamente depilada. Metió su mano derecha entre sus piernas para acariciarla en el clítoris y los labios. Se inclinó sobre ella apoyado en la izquierda hasta que sus caras quedaron juntas.
—Esta postura te fuerza un poco más, pero me permite llegar aún más hondo en tus intestinos y además podemos besarnos, ya que lo querías vainilla.
Ella abrió su boca para dejarle que la avasallara completamente. Consigo hacerla llegar tes veces más al orgasmo antes de terminar él, en el mismo momento que ella apretaba más con su último orgasmo. Cuando lo hizo se quedó un poco de tiempo dentro y se salió cuando empezaba a ponérsele morcillona.
Pedro se quedó tendido boca arriba en la cama. Antes de un minuto Olha, ya recuperada de su orgasmo Se incorporaba y se acercaba a él a cuatro patas. Se inclinaba y se metía su polla en la boca para limpiarla de todos los restos y detritus que había arrastrado: algo de semen, mucho flujo vaginal, que había goteado sobre ella y algo de heces, ya que hasta la noche Olha no pensaba ser jodida por su culo y no se había puesto ninguna primera lavativa para preparar sus intestinos.
—Eso no es muy vainilla —indicó Pedro—, al menos ahora y en ese estado, pero sigue es agradable.
—Es mi función —replicó ella—: limpiar lo que ensucio. Además, quizás ya he tenido demasiado vainilla, Amo y ahora desearía un sabor más firme.
—Límpiala bien y si no te duele el coño de lo de antes te volveré a follar cuando me la pongas dura.
—Me duele, pero quiero que me vuelvas a follar de todos modos Pedro… aunque me gustaría que lo hicierais ya como Amo. No he sangrado demasiado, así que no creo que tenga daños.
—Ya que estas tan activa… tú misma: cuando sea el momento empalate.
Hacia un par de horas cuando Pedro y Olha salían de nuevo de la ducha tras secarse esta vez sí completamente. Bajaron al comedor, pero Pedro salió antes a la piscina para «recoger» a Anastasia y Svetlana.
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