Enculada por un hombre de baja estatura
Siempre pensó que ella era la cazadora. Pero esa noche, el hombre más bajo de la fiesta la llevó a la cama y le demostró que su tamaño no importaba cuando se trataba de dominarla. Ahora, con el culo ardiendo y la verga de Javier aún dentro de ella, Gabi debe enfrentar la mirada de toda su familia.
Hola, ¿qué tal? Perdonen la demora en volver a subir otro relato pero han sido tiempos dificiles en este país donde vivo.
Esta vez vengo acontarles una experiencia que tuve con un chico que conocí en una fiesta familiar. Era amigo de mi hermano.
Mi cuñada Claudia, la esposa de mi hermano, organizó una fiesta en casa por su cumpleaños. Era algo sencillo, solo la familia y unos pocos amigos. Ese día decidí vestirme casual, cómoda. Me puse un pantalón y blusa de color negro, y zapatos de tacón no muy grandes, pero que sí me aumentaban un poquito más mi altura. Llevaba suelta mi larga cabellera negra y desabroché un par de botones de mi blusa para presumir un poco mis tetas. Todo eso y mi cara de qué niña buena hacían una sexy combinación. Me sentía bien perra, la verdad.
Entre los invitados conocí a Javier, amigo y compañero de trabajo de mi hermano. Nos presentaron e hicimos buenas migas, aunque, como muchas veces me pasa con los hombres, lo sentía cohibido. Supongo que por lo pinche grandota y monstruosa que estoy, jaja. Agregando a eso que Javier era muy bajo de estatura, apenas y me llegaba a los hombros. Charlamos bastante e incluso bailamos un par de canciones, pero la diferencia de estaturas era muy obvia, y mi hermano, como sus demás amigos que ya andaban pedos (borrachos), empezaron a hacerle burla a Javier.
—"¡A ver si puedes con la grandota!"
—"¡No te la vas a acabar!"
-"¡Grandotas pa' que te peguen!”
Eran unas de las cosas que nos gritaban. La verdad, a mí me hacía gracia todas las babosadas que nos gritaban, pero a Javier lo notaba incómodo y nervioso, cosa que también me causaba gracia. Hubo un momento en que me dijo que ya quería sentarse y lo reprendí diciéndole que no sea culo, que me sacó a bailar y ahora me cumplía. Incluso llegué a decirle que si era hombre o era cobarde. La verdad, sí fui un poco grosera con él, y no le quedó otra que seguir bailando conmigo a pesar de las burlas de sus amigos.
El punto es que yo andaba ovulando y esa noche me sentía muy caliente, con ganas de coger. Bueno, siempre ando así, pero esa noche recuerdo que me sentía más cachonda que de costumbre. La mayoría de los amigos de mi hermano iban con sus esposas o novias, así que mi única opción era Javier. Después de todo me había parecido agradable y no estaba feo, solo de baja estatura.
Ya habíamos terminado de bailar, y ya para entonces la mayoría de los invitados andaban ebrios, incluyéndome a mí. Después de un rato buscando a Javier, lo encontré afuera en su auto, hablando por teléfono. Le hice señas para que viniera hacia mí.
—"Te estaba buscando, pensé que ya te habías ido "—le dije.
—"Después de la burla que me hicieron todos, la verdad sí pensé en irme, pero aquí sigo" —me dijo Javier y lo noté aún cohibido.
—"Ven conmigo, vamos a mi recámara". No perdí tiempo, la calentura y el alcohol hablaron por mí.
- "¿Qué? No, estás loca. “Todos nos van a ver”.—"Claro que no, todos andan ya bien pedos y les vale madre. Vamos por la puerta de lado, por ahí nadie nos ve”.
—"Nos van a ver y se van a burlar de mí otra vez, Gabi" —contestó Javier y la verdad me impacientó.
—"Ah, chingada madre, ¿no quieres coger conmigo o qué? “No me hagas que me arrepienta haber venido a buscarte, pinche chaparro de mierda” - le contesté ya encabronada.
En ese momento no lo pensé mucho, pero ahora que lo recuerdo, sí fui poco grosera con Javier, pero la verdad, entre la calentura, el alcohol y sentir que me estaba rechazando, me puso de malas. Estaba por darme la vuelta de regreso a la casa cuando el chaparro dijo que sí, que fuéramos a mi recámara. No perdí tiempo alguno y rápido lo llevé por el pequeño pasillo lateral que da a la puerta del lado de la casa. Todos estaban en el patio trasero y, por fortuna, nadie nos vio, aunque en ese momento no me importaba si nos veían. Yo quería coger esa noche y no iba a perder la oportunidad solo por uno o dos mirones.
Subimos al segundo piso, que es donde se encuentra mi recámara, puse el seguro en la puerta y, sin perder tiempo, me empecé a quitar la ropa. Primero fue mi blusa, de la que incluso arranqué un par de botones del estirón que le di. De un par de patadas arrojé lejos mis zapatos y enseguida bajé mi pantalón para quedarme solo en mi pequeña tanga y mi brassier de media copa, también de color negro. Voltee a mirar a Javier y él seguía aun con su ropa puesta, solo mirándome.
- “Queee? ¡Encuerate, pinche chaparro! “¡No mames!” -le grité sin poder creer que ni siquiera se hubiera quitado alguna prenda.
—"Perdón, me quedé enbobado viéndote. Estás hermosa, Gabi”.
Cuando oí eso se me hizo bien tierno que casi hasta me arrepiento de haberle gritado, pero yo quería coger y el chaparro me la estaba haciendo difícil.
-“Entonces, chingame, cabrón, y hazme sentir que tú eres mi dueño esta noche".
De forma rápida, Javier se empezó a quitar la ropa y, al llegar a su pantalón y su calzón, me llevé una sorpresa. Lo que tenía de chaparro lo tenía de vergón. No que fuera la verga más enorme que haya visto, pero sí era de un tamaño más grande del promedio. Aunque no estaba erecta, la forma en como le colgaba para abajo me hizo agua la boca. Se veía gruesa y llena de venas, con una cabeza grande como un ciruelo y unos huevos igual de pesados que colgaban seguramente llenos de leche.
—"Ven, chingame, chaparro de mierda, ven, métamela por el hoyo que quieras" —le dije para luego acostarme en la cama con las piernas abiertas.
El cabrón chaparro no perdió tiempo y, tomando con su mano su ahora sí bien erecta verga, se acomodó entre mis piernas y apenas y la apuntó en mi panocha; me la dejó ir completa de un solo empujón. No soy para nada estrecha de mi vagina (ya una vez me metieron la mano entera), pero la fuerza con la que me penetró me hizo soltar un pujido.
—"Ahhh, ¡qué rico! “¡Te me fuiste hasta el fondo, cabrón!”
-"Es que estás bien mojada y abierta, te entró bien fácil".
-¡La tienes bien gruesa! ¡Me estás abriendo un chingo!”
Y sí, la verdad, en esa primera metida de verga, sentí que me estaba redimensionando mi cavidad vaginal. Pocas veces había sentido algo así.
Me la sacó un poco y, volviendo a tomar impulso, de un trancazo volvió a hundir su verga en mi panocha. Sentí dolor de cómo ese falo me estiraba mi agujero de chingazo. No solo era la profundidad, sino también la anchura.
Me considero todavía joven; pero he sido sexualmente muy activa. O, en otras palabras, muy puta. Y a mi edad ya estoy lo bastante abierta de mi cueva. A pesar de eso, esa verga me estaba dando sensaciones que pocas veces había sentido.
Javier se quedó quieto dentro de mí por un momento, no sé si por piedad o para que me acostumbrara a su barra de carne. Pero solo fue un leve instante porque empezó un furioso mete y saca como queriendo destriparme. Volví a sentir dolor, pero también un repentino placer.
-“Ahhhhhh Diooooos, ¿qué es estooo??” -chillé sintiendo el primer orgasmo. Una explosión proveniente del fondo de mis entrañas, en una combinación de temblores y líquidos expulsados de mi panochita. O mejor dicho, panochota. Después de esta cogida no volvería a ser la misma.
-“Chúpalas. Mámate tú solita tus tetas. Chúpate las ubres, pendeja”, me dijo Javier al mismo tiempo que con sus manos juntaba mis tetas y las acercaba a mi rostro. No pude negarme y, empinando mi cabeza hacia abajo, empecé a meterme uno de mis propios pezones en la boca para luego hacer lo mismo con el otro, mientras lo escuchaba decir: “Ahora vas a ver quién es tu dueño”.
El puto chaparro seguía bombeándome sin piedad alguna mientras yo seguía amamantándome a mí misma con mis grandes tetas como si pudiera sacarles leche. Me empezó a dar tan duro que solté mis tetas y me puse a gritar fuerte, con riesgo de que me escucharan las personas que estaban en el patio. Mis pechos subían y bajaban y se movían para todos lados por las embestidas que me daba Javier. Son las desventajas de tener tetas grandes, aunque sé que a los hombres es algo que les fascina mirar.
Literalmente podía sentir a ese cabrón destrozando mi cuello uterino con cada embestida. Con una de sus manos me daba leves bofetadas y su otra mano en mi garganta me asfixiaba.
-“Volteate, ponte en 4 patas. Quiero darte por el culo" -me dijo sacando su verga de mí.
-“No, ni madre. La tienes muy gruesa, me vas a partir" -le respondí, temerosa entre gemidos.
-“¡Que te voltees, hija de puta!” -me gritó el cabrón chaparro. Ahora era mi turno de recibir maltratos.
Obediente, me acomodé en la cama dándole la espalda a Javier y, de forma sumisa, yo misma me abrí las nalgas con mis manos. Me coloco una almohada doblada por debajo de mi abdomen y quedo con el culo en alto y con las nalgas separadas… mostrándole mi palpitante ojete.
Aproxima sus labios a mi esfínter y siento como me besa delicadamente. Tiemblo al sentir su contacto. Continúa besándome y siento su húmeda lengua, esparciendo su saliva. Me lame con intensidad, me succiona el ano sin asco como si quisiera sacar mi mierda para después sentir cómo introduce su lengua hasta donde puede.
Retira su lengua y la vuelve a meter. Siento que penetra un poco más. A pesar de mi calentura y embriaguez, siento cada cosa que hace a mi culo.
Se retiró un poco y siento ahora su dedo índice humedecido con saliva; presiona un poco en mi esfínter. Un poco más de presión y entra en mí y al poco tiempo tengo tres dedos dentro.Siento que mi ano ya tiene una buena dilatación y ya es momento de sentir su verga. La deseo. La necesito.
—"Por favor... yaaa, métamela. La necesitooo" -me escuché a mí misma rogar por ser cogida.
Empieza a llegar esa parte que tanto les gusta a los hombres, donde se dan cuenta de que la mujer grandota, pedante y altanera que imaginaban no es más que un objeto sexual y que basta que la calienten un poco para empezar a suplicar por verga. Que a pesar de mi altura, mi corpulencia, mis enormes tetas y mi gordo culo, no soy más que una puta sumisa que se deja dominar por cualquiera. Y cuando digo cualquiera es cualquiera
Siento su glande acariciar mi entrada trasera y, con un empujón de cadera, empieza a acceder a mi ya dilatado ano. La saliva facilita la operación y entra fácilmente toda la cabeza. Dejo escapar un leve grito; tiemblo al sentirla dentro.
Retira su ñonga y siento como escupe en ella y mi dilatado ano. Vuelve a colocar su verga donde estaba y mete la cabeza y unos pocos centímetros de verga todavía faltan muchos centímetros mas.
Se detiene un poco, dándome tiempo a que me acostumbre a sentir su pedazo de carne dentro de mí… y la vuelve a retirar. Me dice que ahora es el momento de enterármela toda.
Me toma de las caderas y volteo a verlo con mi cara de perrito asustado, con mis ojitos vidriosos, sin decir palabra pero dandole permiso silencioso de que me rompa el culo.
No hacen falta palabras. Empuja su miembro y siento como poco a poco mis paredes anales se ensanchan comforme va ganando terreno dentro de mi cuerpo.Entran dos centímetros… tres centímetros… cuatro centímetros… y sigue.
- "¿Ya entró toda…?"
-No ¿Quieres que te la saque?"
-"¡Noo!… está bien… siento mis tripas llenas de ti. Se siente raro pero bien rico. Como si me estoy cagando pero en reversa, para dentro"
-"Si quieres, la saco".
—¡Noooo…! ¡No lo vayas a sacar!… Déjalo donde está… Por favor".
- "¿Le sigo?"
- "Dale… sigue… pero despacito que me empieza a doler".
No responde, solo empieza a empujar su miembro dentro de mí y yo misma inicio movimientos de mis caderas hacia los costados.
—"¿Quieres que te la saque?" —lo escuchó decir y sabe que no me la piensa sacar, solo me lo dice para escuchar mis ruegos.
- "No, no. Sigue, por favor… Es que la estoy acomodando adentro. No la vayas a sacar… me está gustando sentirte adentro".
Sigue metiéndola hasta que por fin siento sus huevos chocar con mis nalgas. Está completamente dentro de mi intestino. De mis ojos brotan lágrimas, pero trato de sonreír. Es dolor con placer.
- "¿Está toda adentro?" -le pregunto.
- "Si… "Todo está adentro".
-"Diosss...que rico"
—"¿No sientes mis huevos chocando en tus muslos?"
—"¡Sí!... Siento como si me reacomodas las tripas".
—"Y apenas vamos empezando, putona. "¿Qué más sientes?"
—"Siento todas las venas de tu verga… siento mi tripa llena. Siento mi estómago en la boca, siento unas tremendas ganas de cagar. ¡Se siente bien rico!... Por favor, no lo saques… por favor".
No me la saca, pero lentamente empieza un movimiento de caderas, sacándola un centímetro y metiéndola igual. Empieza a tomar velocidad.
Escuchó como su cuerpo choca descaradamente contra mis nalgas ¡plop!, ¡plop!, ¡plop! Se empieza a escuchar el clásico sonido como si estuviéramos aplaudiendo.
- "Asiiii…si… sigue… siiiii…. sigue… ¡Que rico!... sigue más fuerte… dame más verga... ¡¡Maasssss!!" -empecé a gritar, ya no me importó nada mas que ser cogida por el puto chaparro.
Fué imposible que en el patio no escucharan mis gritos. Escuché como se desataban las risas y las rechiflas. Todos los que estaban en el patio incluyendo a mi hermano sabian que me estaban cogiendo.
Me dio verga por el culo estando de perrito con mis tetas colgando y balanceandose de forma obscena. Yo me empujaba hacía atrás y solita me enculaba. Javier no se hizo del rogar y de un solo envión se colocó toda mi verga hasta el fondo, haciendome soltar un fuerte alarido al que le siguieron más burlas y rechiflas de los invitados a la fiesta. Entre gemidos escuchaba como todos los cabrones le echaban porras al pinche chaparro.
Su mano me sostenía por el cabello, jalándolo con furia como si quisiera arrancármelo. Su otra mano apretaba una de mis gordas ubres. Yo iba por el tercer o cuarto orgasmo; ya había perdido la cuenta.
Sentía su verga bien adentro de mi ano, batiéndome los frijoles, como decimos en México. Movía mis caderas en forma de círculos y de adelante para atrás, me separaba unos centímetros y me dejaba caer introduciéndomela hasta el fondo. Yo sola me sodomizaba con su verga bien metida en mi recto.
- "¡DIOOSSSS, AHHHHGGG! ¡¡¡SIGUEEEE…!!! NO PARES… "¡AHHHGGG… MÁSSS FUERTE!", le gritaba desaforada mientras él cada vez hacía más violentos y rápidos sus movimientos, para que sus penetraciones fueran más profundas.
-"¡DIOSSS... RÓMPEME EL CULO… EMPUJA, HIJO DE PUTA… "AAHHHGGG!"
A pesar de haber tenido vergas más grandes y más gruesas en mi interior, el ritmo de su cogida me estaba llevando al cielo.
Los orgasmos se desencadenaron de nuevo.El dolor, el placer, el alcohol y la sensación de estar empalada estaban empezando a provocarme náuseas; ya había tenido varios orgasmos en ese momento. Dios mío, eso fue demasiado.
No estoy segura, pero creo que comencé a gemir y, por la fuerza con la que él me penetró tan profundamente, vomité. Solo un poquito. No como un fuerte vómito en forma de proyectil ni nada parecido, pero sí escupí un poco.
-"¡SIGUE, CABRÓN…! "¡LLÉNAME EL CULO DE LECHE!", le seguía gritando, pero ahora con hilos de saliva escurriendo de mi boca.
¡Y vaya si me lo llenó! Se detuvo en unos últimos movimientos más pausados, pero más profundos, y se vació dejándome su semen en el interior de mi culo. Sentí gran cantidad de leche invadiendo mi recto como si se tratase de un enema. Era tanta leche que empezó a escapar por las orillas de mi maltratado esfínter y resbaló por mis muslos.
Luego de terminar, se echó de espaldas sobre la cama y yo hice lo mismo. Sentía mi culo palpitar y expulsar leche a borbotones, haciendo pequeños ruidos.
Después de recuperar un poco el aliento, me di vuelta y empiezo a asearle la verga con mi lengua y labios. No me importa la sangre, semen y trazas de heces que tenía impregnada. Ya me había degradado bastante yo misma, ya que qué más daba. La lamí toda y se la dejé completamente limpia.
Duramos acostados unos 10 minutos aproximadamente, y luego en silencio nos levantamos y empezamos a vestirnos. Yo busqué entre mi ropa una playera y un short de mezclilla; ya no quise ponerme la misma ropa que usé para la fiesta. Vi como Javier, con una sonrisa, me mostraba mi tanga entre sus manos para luego guardarla como trofeo. Lo dejé hacer. Me puse mi ropa, pero sin brassier ni calzón por debajo.
Nos encaminamos de la mano al pasillo de salida, pero el muy cabrón, en vez de llevarme hacia la puerta que da a la calle, me jaló para el patio donde se encontraban los invitados de la fiesta. Ya para entonces la mayoría estaban borrachos y empezaron a gritar todos. Unos le echaban porras al chaparro y los más atrevidos decían groserías refiriéndose a mí y a la tremenda cogida que me habían dado, sin importarles que entre ellos estaba mi hermano y su esposa.
El desgraciado de Javier me había llevado al patio con toda la intención de exhibirme y lucirse ante todos. Ya para entonces se me había bajado la calentura y había vomitado un poco del alcohol ingerido, así que me encontraba más lucida y no pude evitar sentir vergüenza de pasar frente a todos ellos. Mi hermano solo movía la cabeza de lado a lado en desaprobación.
Javier me llevó con él hasta la puerta que da hacia la calle y no sé si acaso mi boca olía mal porque prefirió darme un beso en la mejilla y apretar una de mis nalgas como seña de despedida para luego subirse a su auto e irse del lugar dejándome ahí afuera de la casa.
Me regresé a mi recámara lo más rápido posible, evitando encontrarme con alguno de los invitados.
Al final del día, el cabrón chaparro me había cogido como quiso y la cazadora resultó cazada.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Profesora seducida por alumno
La profesora siempre creyó que el control estaba en sus manos, hasta que el alumno más aplicado decidió tomar lo que deseaba.
Comparte:Despertar sexualRelacion profesor alumnaDominacion masculina
- Dominación
Dominado sin darme cuenta (I)
Carmen siempre fue invisible, pero esa tarde en Cáceres decidió que su silencio era solo una invitación.
Comparte:Bdsm suaveExhibicionismo accidentalPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Me gustan los autobuses.
Madrid, viernes por la noche. Ella está perdida y él tiene la llave. En el calor asfixiante del autobús, una mirada se convierte en una promesa…
Comparte:Dominacion masculinaBdsm suaveDespertar sexual
- Hetero: General
Día del maestro (2)
Él siempre supo que ese día recibiría el mejor regalo posible. No era un libro ni una tarjeta, era ella.
Comparte:Relacion profesor alumnaExhibicionismo accidentalDominacion masculina
- Hetero: General
Las refugiadas 2 - Olha
Olha siempre supo que su primera vez sería pública y humillante. Pero esta noche, Pedro le ofrece algo prohibido: intimidad, ternura y un sexo…
Comparte:Bdsm suaveDominacion masculinaDespertar sexual
- Hetero: General
Me sorprendes
Siempre la miraba desde la distancia, pero esa tarde Laura no solo lo vio: lo invitó a entrar.
Comparte:Dominacion masculinaDespertar sexualBdsm suave