Xtories

Juego peligroso en el tren (I)

El calor del vagón es sofocante, pero nada se compara con la mirada del desconocido que la observa desde el asiento de enfrente. Con su novio dormido a su lado, ella decide cruzar la línea del deseo, sabiendo que cada segundo cuenta antes de que la descubran.

Lau14K vistas9.3· 12 votos

Llegamos a la estación con algo de retraso y tuvimos que apremiar el paso pero, cargados de maletas y esquivando a mucha gente, pudimos llegar a tiempo hasta nuestro tren. Cuando nos sentamos finalmente en nuestros asientos, me sentía emocionada y bastante acalorada por las prisas previas.

Nuestro destino iba a ser un precioso hotel en un pueblecito en la costa, un regalo que me había preparado mi novio por nuestro aniversario y que me había pillado totalmente por sorpresa. En el momento en el que el tren se puso en marcha, un cosquilleo nervioso me recorrió todo el cuerpo, me sentía como una niña pequeña tremendamente ilusionada y, dedicándole la mejor de las sonrisas a mi chico, que estaba ya sentado a mi lado, le besé con mucho cariño.

Nuestro vagón estaba casi al completo y sentado justo enfrente mío había un chico, de una edad similar a la nuestra, que miraba absorto a través de la ventana el paisaje en movimiento. Yo hice lo propio y mirando el horizonte, con el traqueteo constante y las suaves vibraciones y sonidos típicos de los trenes, no tardé nada en quedarme completamente dormida.

Me desperté un rato después, no recuerdo cuánto había dormido, pero estaba tremendamente acalorada y me sentía empapada de sudor. Por lo visto el aire acondicionado no funcionaba y en esa época del año las temperaturas eran muy elevadas. Observé a mi alrededor y casi todo el mundo estaba dormido, apenas había movimiento dentro del vagón y vi a mi lado que mi novio también estaba dormidito plácidamente. Me puse a observar nuevamente por la ventana y vi en el reflejo del cristal como el chico que estaba sentado frente a mí me observaba fijamente y me sonreía.

Al principio no le di mucha importancia pero conforme pasaban los minutos sentía cada vez más como su mirada se clavaba sobre mí. Estaba consiguiendo incomodarme un poco con su descaro así que, finalmente, me envalentoné, le devolví la mirada y lo observé con detenimiento. Sin duda era un chico muy guapo y tenía algo que le daba un aire muy atractivo, quizás era el brillo de su mirada, o su sonrisa, la seguridad en sí mismo que aparentaba tener, no lo sé pero, sin duda, estaba consiguiendo ponerme algo nerviosa.

Me miraba con total descaro, al principio me mantenía la mirada, retándome a mantenerla pero luego me observaba los labios o el cuello. Era un desvergonzado y no dudó tampoco en mirarme los pechos, sabiendo que yo lo estaba viendo hacerlo. En ellos se quedó un buen rato observando, embobado, hasta que me percaté que los pezones se me marcaban sin disimulo a través de la blusa empapada de sudor. En otras circunstancias habría fruncido el ceño y le habría puesto cara de enfado o quizás habría despertado a mi novio para que se cortara un poco pero en ese momento algo dentro de mí estaba disfrutando de ese intercambio de miradas descaradas.

Pegué un fugaz vistazo a mi novio para cerciorarme de que seguía dormido y, sin pensarlo dos veces, desabroché dos botones de mi blusa, abriéndola sutilmente y poniendo en evidencia mi entrega en ese juego prohibido.

El chico recibió ese gesto con sorpresa y cierto nerviosismo, creo que no esperaba mi reacción, ni tampoco el hecho de que no llevara puesto un sujetador. Sin dejar de observarme ni un instante, sentía en su mirada excitación y deseo. A mí el juego también me estaba provocando algo de calentura, que se sumaba al tremendo calor que hacía allí dentro.

La verdad es que me estaba divirtiendo con esta situación y tenía ganas de seguir jugando así que, con poca sutileza, de forma muy directa y evidente, subí mi falda y abrí mis piernas de una forma algo vulgar, enseñándole sin pudor mis muslos y mis braguitas. De haber sabido que me iba a encontrar en una peripecia así, habría llevado unas bragas de encaje sexys pero, en ese momento, llevaba unas bragas algo inapropiadas, muy sencillas, desgastadas y con estampado de ositos ciertamente infantil pero, aún así, no cabe duda que conseguí el objetivo deseado.

El chico apoyó una de sus manos en su paquete, sentía en su mirada la excitación que lo envolvía pero también cierto sentimiento de frustración por no poder dar rienda suelta a su deseo. Era divertido adivinar sus pensamientos y la impotencia que sentía. Se acariciaba sutilmente pero poco más podía hacer.

Yo no puedo dejar de reconocer que esa situación me ponía muy cachonda, pero sabía que la cosa no podía, ni debía avanzar mucho más. Estábamos en un lugar lleno de gente y con mi novio justo a mi lado, soñando dulcemente mientras su chica jugaba sin pudor a calentar a un desconocido, muy guapo, sí, pero un completo desconocido del que no sabía absolutamente nada. Aún así seguí jugando un poco, tensando un poco más la cuerda y aparte las bragas a un lado.

Mi actitud era tremendamente descarada, jugando al mismo juego que él había comenzado unos minutos antes con sus miradas atrevidas y desvergonzadas pero sin duda subiendo mucho más el listón.

Tampoco es que pudiera enseñarle demasiado, fugazmente pudo ver mis labios vaginales pero enseguida tuve que cerrar mis piernas al ver que un hombre caminaba por el pasillo en dirección al baño. Un hombre, recuerdo que con bigote frondoso, que se quedó perplejo al ver mi blusa abierta y mis pechos descubiertos y descarados.

Ese instante me sirvió para darme cuenta que debía frenarme un poco o sería cuestión de tiempo que mi novio acabara pillándome calentando a un completo desconocido. Me abroché algún botón de la blusa y bajé ligeramente mi falda sintiendo en la mirada del chico cierta decepción.

Y apenas un par de minutos después mi novio se despertó y me dió un beso al tiempo que me comentaba el tremendo calor que hacía, completamente ajeno a lo que había pasado unos minutos antes justo a su lado. Le pedí que fuera a comprar agua o alguna otra cosa para beber, diciéndole que estaba seca y él, diligentemente, se fue hacia el vagón restaurante.

En el momento que mi novio salió del vagón todo se aceleró. Nuevamente nos quedamos mirándonos, aquel desconocido y yo, con absoluto descaro.

Él comenzó a tocarse sin ninguna tibieza, mientras yo no podía evitar lamerme el labio inferior y mordérmelo sutilmente en un claro gesto de provocación.

El chico estaba ya muy encendido y sin pensárselo dos veces se levantó de su asiento y se lanzó a mis labios, sin titubear lo más mínimo. No le ofrecí la más mínima resistencia y su lengua jugueteó con la mía de una manera completamente impúdica. Pero eso no duró mucho, tuve que interrumpirlo con algo de firmeza porque aquello era demasiado peligroso. Estaba claro que él no quería terminar y por primera vez escuché su voz, masculina, muy viril, y me dejó perpleja retándome a ir al baño del último vagón.

Se levantó, me guiñó un ojo, me dedicó una preciosa y pícara sonrisa y salió del vagón. Yo estaba acelerada y tremendamente excitada pero esa situación me parecía una auténtica locura, una temeridad. Mi primer pensamiento fue declinar su proposición pero mi demonio sólo hacía que repetirme una vez tras otra que fuera tras él.

Cuando llegó mi novio me bebí de un tirón el tercio de cerveza que me había traído, realmente tenía la garganta seca y rápidamente me levanté con la excusa de ir al baño. Preferí no pensar y actuar, dejarme llevar por mis impulsos sin cuestionarme nada y fui caminando vagón tras vagón, sintiendo las miradas furtivas de algunos pasajeros en mi blusa, transparentada por el sudor, sin detenerme hasta llegar al último vagón. Nada más llegar a la puerta del baño vi como una mano me agarraba de la muñeca y con un tirón rápido, con firmeza, me introdujo dentro de ese escueto y algo sórdido escenario.

Nos besamos con muchísima pasión, intentando liberar toda la tensión del calentón que habíamos provocado con nuestros juegos. Mi corazón me iba a mil por hora y me estaba entregando por completo a ese desconocido. Yo le rodeé el cuello con mis brazos mientras nuestras lenguas se enroscaban sin darse tregua. Sus manos se lanzaron primero hacia los botones de mi blusa, desabrochándolos con gran habilidad y dejando al descubierto mis pechos firmes y desafiantes. Enseguida sus manos se dirigieron a sobar mi culo, levantándome con firmeza la falda, dejándomela como si fuera un cinturón, magreándome y dándome ligeros azotes en el culo sin esperar mi consentimiento.

Me sentía completamente entregada, no había ninguna voluntad de oponerle la más mínima resistencia y lo besaba con una pasión desmedida, abrazándome a él, lanzándome como una leona a devorarle el cuello, llegándole a morderselo como una vampiresa hambrienta. Ambos sabíamos que el tiempo jugaba en nuestra contra y que difícilmente podría darnos tiempo a consumar pero disfrutábamos de cada segundo con muchísima intensidad.

Tras un par de minutos de besos y tocamientos él tomó nuevamente la iniciativa, me sentó sobre la tapa del wc y comenzó a desabrocharse con mucho brío los botones de la bragueta de su pantalón y dejándome a mí la tarea de descubrir lo que escondía bajo su ropa interior.

Me quedé unos instantes paralizada, observando atónita como esa polla palpitante se presentaba a escasos centímetros de mi cara. Me costaba asimilar cómo podía haber llegado hasta esa situación de la que ya tenía muy complicado, por no decir imposible, poder escapar. Me agarró con firmeza pero con algo de ternura de la cabeza y tuve que rendirme ante lo inevitable. Comencé a chupársela con cierta celeridad, sabía que el tiempo pasaba rápidamente y no podíamos alargarlo mucho más. Tenía una polla vigorosa, de un tamaño y grosor óptimos y me follaba, literalmente, la boca sin ningún romanticismo.

Sentía una excitación brutal, mis manos se posaron con firmeza en su trasero y comencé una mamada sucia mientras escuchaba sus gemidos atenuados por el ruido de la maquinaria del tren. En un momento dado sacó su preciosa y ensalivada polla de mi boca y sentí en su mirada que ahora me quería follar. Yo estaba entregada a él y sin pestañear dejé que me quitara las braguitas de ositos y me abrí de piernas como pude sobre la taza del wc. No era la postura más cómoda del mundo pero poco me importaba en ese momento con lo caliente que estaba. Lo miraba con una cara lasciva, algo guarra, mientras con una mano me acariciaba enérgicamente mis labios vaginales, preparándolos para lo inevitable. Escupió sobre su mano y comenzó a masturbarse acercándola lentamente a la entrada de mi cuevita. No hizo ademán de ponerse condón pero yo estaba tan impaciente y tan cachonda que tampoco se lo pedí.

Pero una jarra de agua helada recorrió todo mi cuerpo cuando escuché que alguien tocaba a la puerta con bastante firmeza. Me incorporé, me abroché rápidamente la blusa, me bajé como pude la falda y sin mediar palabra abrí la puerta y salí corriendo de allí, roja como un tomate y tremendamente avergonzada.

Conforme iba caminando, vagón tras vagón, la cabeza me daba vueltas, estaba ciertamente aturdida, mareada y confundida. Unos segundos antes estaba semi desnuda, abierta de piernas y con una polla desconocida rozando desafiante la entrada de mi vagina y ahora estaba deambulando por el pasillo del tren, inundada por una explosión de sensaciones.

Entré en otro baño y me puse a orinar, fue en ese momento cuando me percaté de que las bragas se habían quedado en el otro baño. Me recoloqué la blusa y la falda, me rehice la maltrecha coleta, bebí muchísima agua y me puse crema de cacao en los labios. Me miré en el espejo e intenté disimular todo lo que pude el aura de culpabilidad que me envolvía y, sin más tiempo que perder, fuí nuevamente a reencontrarme con mi novio.

Continuará