Xtories

Miguel y Sonia, del trabajo al placer (2)

Sonia sabe que tiene el control total de Miguel. Mientras él espera, sudoroso y empalmado, ella decide que no será tan fácil: primero lo hará suplicar, primero lo hará temblar. ¿Podrá él resistirse a sus juegos antes de que ella lo tome por completo?

Pebete326.7K vistas9.2· 5 votos

Seguimos con la historia de Miguel y Sonia, dos amigos y compañeros de trabajo que acaban teniendo una aventura. La primera parte de esta historia nos la contó Miguel en primera persona, esta segunda parte del relato de ambos, con sus puntos de vista… Así que he decidido continuar en tercera persona, espero q os guste. Dedicado a JK.

Allí estaban, sudorosos en parte por el calor veraniego de aquella ciudad, en parte por la sesión de sexo que acababa de comenzar. Tras juguetear y calentar a Sonia mientras ella trabajaba, se habíamos trasladado a la cama y allí había hecho que ella se corriera tres veces. Entonces Sonia le dijo que era su turno.

Miguel hacía rato que estaba completamente desnudo, aunque su físico no le gustaba ya que se veía gordo, realmente era un hombre de brazos y piernas delgadas al que le sobraban unos kilitos en la barriga. Pero hacía tiempo que no tenía complejos. No estaba mal para sus 41 años, siempre le echaban menos edad. Su erección era indisimulable, no recordaba haber estado tan empalmado jamás. Una de sus parejas le había medido el pene en una ocasión y eran 15,5 centímetros, pero estaba seguro de que nunca se había visto la polla tan hinchada… ni a lo largo, ni a lo ancho. No estaba circuncidado, pero la erección era tal que ya estaba completamente descapullado, el glande brillaba, pues al abrazar a Sonia y besarla, su miembro se apoyó en su entrepierna impregnándose de sus fluidos.

Sonia todavía respiraba de manera entrecortada, a sus 25 años nunca la habían comido el coño así, hasta ese momento el placer oral si llegaba, lo hacía acompañado de múltiples indicaciones por su parte. A ver si iba a ser verdad eso de que la experiencia es un grado… Desde luego, este “señor mayor” había hecho que se corriera como hacía tiempo… y seguía muy cachonda. Tumbada sobre la cama, aún con el sujetador deportivo gris puesto, con la frente empapada en sudor y su sexo aún latiendo, Sonia observaba a Miguel. Le encantaba como la miraba. En sus ojos había una mezcla de deseo y ternura, lujuria y cariño… Podía notar que Miguel se moría de ganas de follarla fuerte… pero también de hacerle el amor suave… Y eso la ponía aún más cachonda.

Tras besarse compartiendo su sabor, casi bebiéndolo de la cara de Miguel, Sonia le había dicho “ahora te toca a ti, cariño”, y se moría de ganas de cumplir con su palabra… Pero al ver la polla de Miguel… no podía decidirse. Se moría de ganas de tenerla en la boca, pero necesitaba sentir su miembro dentro de ella de inmediato. Era una decisión complicada, así que decidió que le tocaba a Miguel elegir.

Sin mediar palabra, se fue incorporando despacio, agarró suavemente a Miguel por los hombros con sus manos y con un leve movimiento le indicó que quería que se girara y se tumbara él ahora boca arriba sobre la cama. Miguel obedeció y se dejó caer sobre su espalda, Sonia fue bajando sus manos despacio por los brazos de él hasta llegar a sus manos, las agarró y las llevó hasta su boca, inclinándose para q Miguel no tuviera que moverse. Esos dedos apenas hacía un rato que habían estado entrando y saliendo de ella hasta hacerla estallar… Notaba su aroma intenso en ellos, a Sonia le encantaba su sabor y sabía que a los tíos hay ciertas cosas que les encantan… Miguel no iba a ser menos y lo iba a aprovechar. Quería darle tanto placer como le había proporcionado, pero no iba a ser sin hacerle rabiar… Le besó el dorso de la mano, muy lentamente, muy sensual… Todo este tiempo Miguel había mantenido contacto visual con ella, mirándola siempre a los ojos, pero soltando un suspiro, echó hacia atrás la cabeza y movió instintivamente las caderas… Sonia supo que le tenía donde quería. Esperó a que volviera a mirarla, y en ese instante cogió sus dedos índice y medio y los recorrrió con la punta de la lengua desde los nudillos hasta la última falange… Y entonces empezó a chuparlos. No tenía prisa, quería hacer rabiar a Miguel y quería disfrutar el momento… sentía su polla golpeando contra su sujetador y disfrutaba viendo a Miguel retorcerse de gusto… su respiración se aceleraba y su pecho subía y bajaba. Miguel no tenía demasiado pelo en el pecho, eso le gustaba, y de cintura para abajo estaba completamente depilado… y eso también le gustaba. Gozaba haciéndole rabiar, chupándole los dedos como si fuera su polla, mientras le observaba… y todavía tenía que hacerle elegir…

Dejó sus dedos, y se agachó un poco más, empezó a besarle los muslos, subiendo poco a poco… Miguel debió de imaginar que el “ahora te toca a ti” unido a los besos en esa zona implicaba placer oral… Pero se equivocaba. Justo al llegar a la ingle, Sonia se detuvo. Veía esa polla saltando a cada contacto de sus labios en la suave piel, se empapaba al sentir ese deseo por parte de Miguel… le dió un pequeño mordisco en el tendón de la ingle, pasó su mano por el perineo… y en lugar de subir a sus testiculos, bajó hacia su ano… quería ponerle a prueba, hay demasiados tíos con prejuicios… Miguel superó esa prueba, abrió aún más las piernas, separó sus nalgas con las manos y le susurró “es tuyo, hazme lo que quieras”… “Claro que lo haré, pero no ahora”, pensó ella… prosiguió su camino ascendente besando y lamiendo el torso de Miguel, se detuvo en un pezón. Los tenía pequeños, pero muy duros… No pudo reprimirse y le mordió, fue aumentando poco a poco la fuerza, para ver cuánto aguantaba Miguel, y al tiempo agarró su polla por primera vez… En ese instante Sonia se planteó si hacer rabiar a Miguel no estaría siendo contraproducente, porque ella estaba rabiando lo suyo también…

“Joder, Sonia… Me encanta!” La voz susurrante y entrecortada de Miguel provocó una sonrisa en ella… Porque lo que hizo de inmediato fue parar y seguir hacia el cuello. “Cabrona…” musitó él… Sonia lamió su cuello y le mordió el lóbulo de la oreja, para decirle al oído después: “Migui, qué quieres qué te haga? Quieres que te la chupe? O quieres que te folle?” Antes de que Miguel contestara, le interrumpió “Ten en cuenta que haga lo haga, no voy a parar hasta que te corras…”

Miguel no sabía qué contestar… Sonia le tenía absolutamente fuera de sí, de hecho hasta temía correrse al primer contacto y quedar como un idiota que no aguanta nada en la cama… Estaba excitadísimo… lo quería todo… que Sonia hubiera vuelto a agarrar su polla no le ayudaba a pensar. Con su pequeña mano, Sonia había agarrado la polla de Miguel desde la base, no desde la punta, y la apretaba hacia arriba como si le estuviera ordeñando, eso hacía que su glande se escondiera en su prepucio y volviera a emerger cuando ella bajaba su mano… Un pensamiento fugaz le hizo decidirse, si follaban, podría hacer que se corrieran juntos, y esa era una de la cosas que más le gustaban…

“Sonia, fóllame por favor…”

Ese por favor hizo que la entrepierna de Sonia se estremeciera… Le encantaba mandar, y se volvía loca haciendo a los tíos suplicar… y solo había empezado… Sonrió, besó a Miguel y le dijo “de acuerdo”… Y acto seguido bajó hacia su polla… Porque ese día esa polla era SUYA. La agarró de nuevo y le dió un beso en la punta, la estrujó un poco y una gotita de líquido preseminal asomó… recordó una conversación con Miguel, y la recogió con la lengua y subió a besarla para compartirla. Tras separarse Miguel volvió a suplicar “Sonia no me hagas rabiar, quiero que me folles…” Sonia chistó mientras negaba con la cabeza y sonreía… y volvió a bajar. Miguel tenía las piernas abiertas y Sonia estaba arrodillada entre ellas, cómodamente se inclinó y se introdujo su miembro en la boca poco a poco. Quería hacerle rabiar, sí, pero también quería degustar ese momento… Cada centímetro de piel, le llamó la atención que Miguel tenía una polla muy suave, cada vena, cada pliegue, cada latido pidiendo más… Y lo bueno de que no fuera muy grande era que se la podía tragar hasta el fondo. Siguió bajando hasta que su nariz se encontró con el pubis de Miguel… Y así se quedó un rato. Miguel suspiraba y le decía “Joder, mi niña… me encanta…” Abrió los ojos y vió que Miguel se había incorporado un poco para verla. Ese contacto visual hizo que su polla saltara dentro de su boca. Miguel acercó su mano derecha a su cabeza y le preguntó “puedo?”, pidiendo permiso para agarrarla. A él siempre le había excitado eso, pero nunca lo hacía sin permiso. Sonia se separó un poco y asintió con la cabeza, Miguel puso su mano en la nuca de ella y mientras la empujaba suavemente hacia abajo, empujaba con sus caderas clavándose hasta el fondo de nuevo… En este momento le dijo: “Tócate!” Normalmente Sonia le chincharía discutiendo, pero estaba tan excitada que no iba a llevarle la contraria. Llevó su mano izquierda a su entrepierna y empezó a acariciarse, estaba a punto de correrse otra vez… subió desde la base hasta la punta y recorrió todo el glande con la lengua, más líquido preseminal le indicaba que a Miguel no le faltaba mucho… En el fondo quería hacerle rabiar más, pero estaba demasiado cachonda… Le encantaba la polla de Miguel, rodeándola con los labios empezó a subir y bajar, acelerando el ritmo, acompañaba su movimiento con la mano derecha desde la base, y con su mano izquierda frotaba todo su coño, no llegaba el clítoris, había extendido los dedos y se frotaba todo su sexo. Cuando ya estaba a puntito, Miguel le dijo “Sonia, mi niña, me voy a correr”, se separó un poco para que sus chorros no fueran al fondo de la garganta, y con el glande apoyado en su lengua le dijo “córrete conmigo, me voy!” Un primer chorro calentito golpeó la lengua de Sonia, que al sentir la leche de Miguel efectivamente se corrió con él… a ese chorro le siguieron unos cuantos más, y cuando el orgasmo terminó y Sonia iba a tragar, Miguel la agarró suavemente con las manos la cabeza, la subió hacia él y comenzó a besarla muy dulce. Quería compartir su sabor como había hecho con el de ella.

Cuando el orgasmo de ambos había terminado, tras un rato besándose, se separaron y se miraron… Y Miguel soltó: “pues ni te he visto las tetas y esto no cuenta como follar!” Ambos rompieron en una carcajada, si algo tenía Miguel es que siempre sabía hacerla reír. Y a él le encantaba hacerlo.

Sonia le agarró su ahora flácida polla y le dijo: “Tranquilo, son las cinco de la tarde, tenemos muuuucho tiempo y yo no me quedo sin cabalgar esta… y las tetas… No te vas a duchar?” Bajó de la cama y saliendo de la habitación se quitó el sujetador deportivo, con su brazo izquierdo se tapó los pechos y desde la puerta se lo lanzó a Miguel a la cara. Rápidamente él salió corriendo tras ella.

Continuará...

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