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Miguel y Sonia, del trabajo al placer (1)

Miguel sabía que Sonia estaba sola en casa, trabajando en ropa interior. Decidió que el calor no era el único motivo para visitarla. Lo que comenzó como una sorpresa se convirtió en una lección de paciencia y placer, donde cada susurro y cada gota de sudor la acercaban al borde.

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Dedicado a JK

Hacía tiempo que pensaba en ella, no me malinterpretéis, mi amistad con ella era sincera… Pero no podía evitar desearla. Todo en ella me ponía muchísimo: su voz, dulce y cálida; su acento, marcado pero suavizado por sus años en España; sus ojos, tan expresivos y comunicativos; sus labios, tan apetitosos, pidiendo a gritos ser besados… y os mentiría si dijera que no me moría de ganas de hundirme entre sus grandes pechos.

Mi nombre es Miguel, tengo 41 años y soy del norte de España. Soy moreno, con barba, ojos rasgados y labios carnosos. Mido 1.75 de altura y tengo algún kilito de más.

Sonia era una compañera de trabajo que ni siquiera vivía en mi ciudad, nuestra relación comenzó siendo profesional por teléfono, pero desde el primer día conectamos muy bien y pronto empezamos a charlar privadamente. De vez en cuando la conversación derivaba hacia temática sexual, pero ella no terminaba de seguirme el rollo, aunque tampoco me cerraba la puerta nunca.

Pero todo cambió una tarde de Mayo… Yo estaba por su ciudad, aunque no le había comentado nada. Estábamos hablando un poco de todo, de trabajo, de problemas familiares, alguna tontería… Cuando me dijo que hacía mucho calor, que por suerte estaba trabajando desde casa y podía hacerlo en ropa interior… Solo imaginarla en ropa interior hizo que se me encogiera el pantalón. Llevaba un pantalón corto de deporte (efectivamente hacía mucho calor en su ciudad) y eso hizo que mi erección fuera evidente para toda persona que se cruzara conmigo. Aproveché para hacerle una broma sobre su pareja y si le dejaría trabajar tranquila viéndola así porque yo no podría evitar meterle mano, y me dijo que no tendría ese “problema”, ya que estaba fuera por unos días. Todo encajaba en mis pervertidos planes.

Sabía la zona en la que vivía porque alguna vez me lo había mencionado, así que empecé a dirigirme hacia allí. Por la camino encontré una tienda de productos latinoamericanos, allí me detuve y compré varios dulces de su país, sabía que ese detalle le iba a gustar. Cuando me estaba acercando le volví a escribir, y justo me dijo que iba a hacer una parada para tomar algo fresquito y darse una ducha… a lo que le respondí si me invitaba, tanto a la bebida como a la ducha. Riéndose me dijo que sí, así que le contesté que me dijera número de la calle y piso para timbrar. Se rió pensando que era una broma y me los dijo: número 46, 2ºB. Abrí la aplicación del mapa y estaba a tan solo 11 minutos andando, iba bien encaminado. Había un supermercado cerca de su casa, compré un par de botellas buenas de ron y dos bolsas de hielo… Y llamé a su telefonillo.

Cambié la voz y le dije que era un vecino que se había olvidado las llaves, si me podía abrir. Y eso hizo. Subí, llamé a su puerta… tenía un nudo en el estómago… y ese momento recordé lo evidente de mi erección, rápido me coloqué lo más disimuladamente posible y en ese momento una sombra tapó la mirilla de la puerta… ésta se abrió y tras ella apareció Sonia. Su cara mezclaba sorpresa e incredulidad. Ni se había dado cuenta de que su cuerpo de 1.65, con esos generosos pechos y sus no menos generosas caderas estaba cubierto tan solo por un sujetador y una braga. Era ropa interior deportiva, deduzco que por comodidad, y sus pezones se intuían sin problema. Tras darnos un abrazo y preguntarme qué hacía ahí, la miré de arriba a abajo y le dije “de momento alegrarme la vista”. Se puso colorada y me dijo “ay dios, no me mires q me da mucha pena”(es como ella dice vergüenza) Me reí, me llamó cabrón y me golpeó en el brazo…lo que hizo que me riera más. Me invitó a pasar y le dije que había ido a su ciudad por un evento que había habido esa mañana y que en lugar de volverme a casa al acabar, había decidido probar a ver si por casualidad podíamos vernos. Mientras hablábamos no podía evitar mirar esos labios carnosos… hasta que me percaté de que efectivamente el calor estaba teniendo efecto en ella, estaba sudando, y una gota de sudor descendía desde su cuello hacia su escote, perdiéndose entre sus pechos… me dijo “mis ojos están aquí “, señalando su cara, nos reímos y le comenté que efectivamente necesitaba esa ducha fría, a lo que ella señalando mi paquete replicó “no soy la única, tu amiguito parece que también” y ambos soltamos una carcajada.

Me agradeció los dulces, metió todo lo q traía en la nevera y me dijo q me pusiera cómodo, que ella se iba a dar esa ducha y luego tenía que terminar el turno de trabajo, le faltaban dos horas, y después “seré toda tuya”. No sé si iba con segundas, pero el corazón se me salía por la boca… y no era lo único que quería salirse de su sitio.

Sabéis ese olor de recién salido de la ducha en verano? Ese olor inundó la habitación en cuanto salió del baño y mis ojos la recorrían de arriba a abajo disfrutando de cada centímetro de su piel morena, esa piel que tengas ganas tenía de ver… Salió de la ducha con un nuevo conjunto, este en lugar de negro como el anterior, era gris. Sonia al ver mi mirada se encogió de hombros y me dijo que total ya la había visto así, no tenía sentido que pasara calor porque sí.

“Termino el turno y tomamos algo, pero puedes servirte si quieres”. Asentí y me levanté para ir a la cocina, me quité la camiseta, ella me miró y yo imité su gesto anterior y le dije que yo también tenía calor. Sus ojos me decían “serás cabrón” en el buen sentido, pero su boca ya no dijo nada, le entró una llamada de trabajo y se puso a atenderla. Fui a la cocina, me iba a poner un refresco, pero al ir a por el hielo al congelador, la que me miraba era esa botella de ron puesta estratégicamente ahí para que las copas posteriores estuvieran bien frías… así que decidí ponerme una copa, suave, pero una copa. Le puse otra a ella también poco cargada y fui hacia su habitación. De camino vi el baño con la puerta abierta y el cesto de la ropa sucia abierto. Me pudo la curiosidad y me asomé… el cesto estaba vacío… salvo por el sujetador y las bragas que se acaba de quitar Sonia. Dejándome llevar por el morbo, me fijé en esas bragas… y estaban mojadas. Siempre he tenido debilidad por el flujo de las mujeres, salofilia se llama… así que tuve que olerlas… qué maravilla de aroma… y lo que significaba, porque si se había mojado, era porque la había puesto cachonda. Necesitaba beber ese manjar, esa tarde Sonia tenía que ser mía.

Me puse a ver mis redes sociales, bebiendo mi copa y dejando que Sonia trabajara, el teléfono no paraba de sonar, y al cabo de un rato sus gestos delataban que le molestaba el cuello. Así que decidí aprovechar eso y en silencio me puse detrás de ella, aparté su larga melena morena y comencé a darle un pequeño masaje en el cuello. Al principio traté esa pequeña contractura, pero después el masaje pasó a ser algo más suave, más sensual. Dejé de apretar ese nudo y empecé a deslizar las yemas de mis dedos con suavidad por su cuello, desde la nuca hasta los hombros, siendo más sutil conforme descendía… mis actos no pasaron desapercibidos, la piel de Sonia se había erizado y ella se movió instintivamente hacia el borde de asiento y apretando las piernas.

El respaldo de su silla se interponía entre nosotros… así que busqué por la habitación y en una esquina, con ropa encima vi un banquito sin respaldo. Lógicamente no era lo más ergonómico para trabajar durante ocho horas, pero para dejarme acceso libre a la espalda de Sonia mientras trabajaba, era lo ideal.

Fui a por él y con un gesto le indiqué a Sonia que se levantara y cambiamos su silla por el banquito… todo esto mientras ella seguía atendiendo una llamada.

Ya tenía su espalda para mí… apuré mi copa, y los hielos que quedaban en el fondo me dieron una idea… introduje uno de ellos en mi boca, y al tiempo que acariciaba su espalda desde los hombros a su cintura, con el hielo entre los labios fui bajando por su columna lentamente hasta llegar a sus bragas. A Sonia le costaba concentrarse, su respiración se entrecortaba por momentos y entre el calor y la excitación, el sudor recorría ya su espalda… espalda que sin miramientos había empezado a besar y lamer muy despacio, pero sin descanso. Cogí otro hielo, esta vez en mi mano y empecé a escribirle con él en la espalda “T”, “E”, “D”, “E”, “S”, “E”, “O”… y fui en dirección a su trasero, para introducirlo en sus bragas… y en ese momento Sonia terminó la llamada, me agarró el brazo y me dijo “Quieto, que ahí abajo ya hay suficiente humedad”, se giró hacia mí y separó sus piernas. Su pequeña pieza de ropa interior gris mostraba una zona gris oscura sobre su pubis… Casi me corro solo al ver esa imagen…

No aguanté más y me lancé a besarla. Sus labios eran como los había imaginado, carnosos y jugosos, joder qué bien besaba!

La agarré de la mano y la llevé a la cama, la tumbé boca arriba y volví a besarla dejándome caer sobre ella, de modo que pudiera sentir mi erección. No la tengo muy grande, son 15 centímetros, pero es gordita y al apoyarla sobre su entrepierna mientras la besaba, Sonia no pudo evitar soltar un gemido, lo aproveché para morder su labio inferior mirándola a los ojos y empujar mi pubis contra el suyo, consiguiendo un suspiro por su parte y sus uñas clavadas en mi culo. Sonia quería llevar la voz cantante, se notaba que le gustaba mandar… me apretaba contra ella, abría aún más sus piernas… pero aún no era su turno. Mientras me seguía frotando haciendo círculos sobre ella, empecé a besar su cuello, intercalando besos, mordiscos y juegos con mi lengua bajando hacia su escote… Supongo que ella imaginaba que le quitaría el sujetador deportivo y me detuviera en sus pechos, pero yo tenía otros planes… seguí bajando hacia su ombligo, y al separar nuestras entrepiernas, un quejido salió de su boca, la miré a los ojos y sonreí… agarré el elástico de las bragas, estaban empapadas… y empecé a quitárselas muy despacio… La visión que tenía ante mí me maravilló. El olor de su sexo era exquisito, se me hizo la boca agua de inmediato… Era un coño magnífico, Sonia estaba completamente depilada, sus labios brillaban empapados en flujo y su clítoris estaba hinchado fruto de la excitación… como sí fuera un acto reflejo, me desnudé. Mis manos se perdían por sus piernas y comencé a besarla desde los tobillos, subiendo por sus muslos… Y antes de hundirme entre sus piernas me quedé quieto, la miré a los ojos y suavemente soplé para hacer que pegara un respingo, lo hizo, me miró, sonreí y cuando me iba a decir algo besé los labios de su coño como si la estuviera besando en los labios. Mi lengua recorría cada milímetro de su sexo como si quisiera aprendérselo de memoria, su sabor era delicioso… quería más así que me dediqué a lamer su clítoris, puse mi lengua ancha y un poco dura para que una mayor superficie lo estimulándolo y parecía que lo hacía bien, pues la respiración de Sonia se aceleraba y no paraba de decirme que siguiera y que le encantaba. Entonces hundí mi lengua entre sus labios y empecé a follarla con la lengua y a frotar mi nariz con su clítoris. Esa combinación fue demasiado para ella y llegó su primer orgasmo, Sonia me agarró la cabeza con las dos manos, tirando de mí hacia ella y gritó de placer… Yo no me moví, seguía con mi cara enterrada en su coño, empapado en su sabor… Sonia se empezaba a tranquilizar en ese momento postorgásmico… Pero yo no iba a permitir que la cosa terminara tan rápido. Volví a acelerar el movimiento de mi lengua, la cambié por mi dedo gordo para preguntarle “Aguantas otro?” Y ella contestó “Aguanto muchos más”, sonreí y le dije “te vas a enterar”

Sin dejar de frotar su clítoris con el dedo gordo de mi mano izquierda, puse la derecha tb en circulación (hasta ahora estaba en mi polla, soy incapaz de comerme un coño sin tocarme salvo que la situación requiera de mis dos manos) y le introduje primero el dedo medio lentamente, luego el índice… y así estuve un rato, masturbándola a dos manos, acelerando cada vez más… Sonia se empezó a retorcer y no tardó en volver a correrse… volví a aplicar mi boca a su sexo y ahora con tres dedos entrando y saliendo… y con mi mano izquierda decidí tantear su culito, no sabía si le iba a gustar… pero el gemido de Sonia y su manera de abrirse pidiendo más me sacó de dudas. Hundí mi pulgar en ese ano que pedía guerra, me separé un poco y le dije “córrete en mi boca, Sonia” y no tardó en obedecer y tras un “me corro, cariño” estalló en mi boca.

Subí a besarla para compartir su sabor y al abrazarla me susurró “joder, cabrón, nunca me habían comido el coño así”. Eso me excitó muchísimo, ya que ella nunca utilizaba un lenguaje tan explícito… quería más de eso, quería que perdiera el control… Aunque antes de que pudiera ponerme a ello Sonia me agarró la cara con sus manos y muy dulcemente me besó y me dijo “ahora te toca a ti, cariño…”

Pero eso os lo contaré la próxima vez