Yo me lo busqué - (Capítulo 32)
Carmen llega a la suite con un ultimátum: casarse o perderlo todo, pero con una condición inaceptable. Julián ya no está dispuesto a negociar con el caos; esta vez, la puerta se cierra de golpe y el silencio es la única respuesta que ella recibirá.
Capítulo 32
-Dales tú misma la autorización para que la dejen entrar en la suite. Cancela todos mis compromisos, Mónica, me marcho al hotel y no volveré hasta mañana. Ajusta lo que puedas mi agenda y después lo hablamos.
No tenía más remedio que marcharme de inmediato a mi hotel y por raro que parezca no me sentía nervioso por lo que me pudiera encontrar, había llegado el momento pasado un tiempo prudente de reflexión, para que ambos pudiéramos hablarlo todo y por mi parte ver qué conclusiones sacaba de todo ello y qué era lo que mi intuición me dictaba.
Cuando llegué, en recepción me confirmaron que ya le habían facilitado una tarjeta y que también le habían subido las dos maletas que portaba. La chica era una preciosidad y encima de una amabilidad exquisita. Momentos después entraba en mi habitación viendo como Carmen trapicheaba en una de las maletas.
-Hola, cariño. -Me saludó sin atreverse a darme dos besos en la mejilla o un pico en los labios.
Pero yo lo solventé volviéndome hacia el carrito donde estaba Belén moviendo sus bracitos en mi dirección y no pude hacer otra cosa que no fuera tomarla en brazos para darle un puñado de besos en su suave carita. Los chillidos de contenta eran lo más bonito que había oído desde que me vine a Canarias. Luego la deposité en el centro de la cama y le puse dos cojines a los lados porque ya se movía bastante y tenía que asegurarla.
-Hola Carmen, -le respondí mientras me sentaba en una de los dos butacas que había en la habitación-, ¿Puedes dejar eso que estás haciendo y sentarte en esa otra butaca?
Ella terminó de colocar un paquete de pañales dentro del armario, antes de cumplir con lo que le pedía.
-Antes de nada quiero decirte que no he venido aquí para pedirte que me perdones otra vez, pues entiendo que tampoco he cometido ningún delito grave. -Arrancó ella la charla, dejándome un poco a cuadros por su primera exposición.
-¿No consideras grave acostarte con tu ex a los cuatro días de mi partida? Además que si no te parece tan grave, igual has seguido con él en un antes y un después de aquello que yo descubrí hace una semana.
Carmen no desviaba su mirada buscando continuamente la mía y era yo el que no quería ni verla. Tampoco parecía enfadarse por la última parrafada que le solté.
-Mira Julián, no pienso consentir que me sigas echando en cara todo lo mala que soy según tú, yo he venido aquí para saber qué es lo que piensas hacer con nuestra relación.
La verdad es que me desconcertaba esa actitud suya desafiante en extremo y me dio la impresión de que había algo extraño, más bien parecía como si tuviera un as guardado en la manga.
-Yo no he decidido nada todavía, ¿Acaso lo has hecho tú? -La desafié.
-Yo he tenido mucho tiempo para pensar en lo nuestro y estoy dispuesta a seguir contigo con una relación “normal” como la que teníamos hasta ahora.
-Osea que nada de monogamia. -Le quise aclarar.
-Al menos durante un tiempo no, luego más adelante ya veríamos, pero en estos momentos nada de monogamia, Julián.
-Presiento que ese jueves no fue nada exclusivo entonces, sino que ha habido algo más.
Ella no respondía a mi nueva afirmación, lo que significaba que no iba muy errado.
-Si quieres que sigamos juntos, primero quiero hacerlo con todas las de la ley y luego continuar con nuestras relaciones liberales, tal como tú lo deseabas cuando me metiste en este mundillo.
Me volvió a sorprender por lo claro que traía aprendido lo que me quería decir. Ella no quería dejar de follar con todos. Lo tenía clarísimo. Lo más curioso es que se comportaba como un tsunami de veinte metros, cuando creía que era yo el que tendría que decidir si la perdonaba o no, de acuerdo con lo que ella dijera y lo que me dictara esa intuición que tenía en alerta máxima desde antes de entrar a la suite, ella sin embargo me declaraba prácticamente el culpable de todo y encima me pedía que la permitiese seguir follando con todos los que a ella les apeteciera.
Nada de lo que habíamos acordado entre nosotros en las últimas semanas tenía ya validez alguna y la de veces que afirmaba que en cuanto yo le pidiera dejarlo, simplemente nos convertiríamos en una pareja normal, ya no tenía validez alguna.
-¿Qué quieres decir con lo de la ley? -No quería dejar ese cabo suelto.
-¡Casarnos! No voy a seguir contigo si no es como una mujer debidamente casada.
-¿Y qué harías si no sigues conmigo porque no quiera casarme? -La quise meter en un brete.
-No lo sé... -dudaba por primera vez y hasta pensé que se vendría abajo después de tantas exigencias-, yo prefiero casarme contigo y seguir con nuestra relación, cielo. Es a ti a quien más quiero en esa vida y no vayas a decir que has dejado de quererme, porque no es cierto.
¿Cómo que preferiría casarse conmigo? Ahí parecía estar la clave de la prepotencia con la que se estaba expresando conmigo, no cabía duda, la otra elección sería la de hacerlo con Richard, seguro que el cabrón ese le había vuelto a proponer algo que no pensaría cumplir.
-Carmen no consigo comprenderte, vienes aquí me imagino a tratar de buscar un entendimiento, pero no paras de proponerme una barbaridad tras otra y encima me dices que prefieres casarte conmigo, seguro que la otra opción sería hacerlo con Richard. ¿Es así, no?
-Él va a dejar a su novia y me ha pedido que me case con él... -me decía y a mí me daba hasta lástima ver en manos de quien podía caer-, pero ya te digo que yo prefiero casarme contigo.
Y la bomba estaba por estallar y lo hizo.
-Solo que él no quiere que Belén esté con nosotros, prefiere que te la quedes tú... -ahora sí que se desmoronaba y llevándose las manos a la cara soltó unos gemidos muy quedos-, no sé... no sé si podría separarme de Belén... él me ha pedido que te la trajera...
-¿Me estás diciendo que te volverías sin ella? Supongo que no lo he comprendido bien. -Le dije.
-Si rompes nuestro compromiso, no tendré más remedio, Julián. Él no la quiere con nosotros y mucho menos tener que mantenerla.
Notaba que en contra de mis miradas continuas a Belén, ella procuraba no hacerlo de forma intencionada. ¿Sería capaz de abandonar su hija a cambio de una vida promiscua? No me lo podía creer.
-Carmen, lo siento en el alma pero no acepto ninguna de tus condiciones para seguir con nuestra relación y más aún lo siento por ti viendo en el lío que te vas a meter volviendo a convivir con tu ex.
No sé qué esperaba Carmen de mí después de las continuas infidelidades y de las barbaridades que me exigía para seguir con ella, pero su reacción inmediata fue la de que no terminaba de creerse mi rechazo, vamos que encima pensaba que no tenía otra que la de echarme en sus brazos, pidiéndole perdón por haberle pedido mesura en los temas sexuales.
Pero no respondía nada a mi confirmación de que la dejaba, que nos separábamos esta vez para siempre, solo un par de minutos después de mi respuesta se dirigió al baño y cerró la puerta echando el pestillo. Poco después la podía oír llorar y limpiarse la nariz cada dos por tres.
Era la hora de comer y así se lo hice saber a través de la puerta, entonces cesó en su llanto y unos minutos después bajábamos los tres camino del restaurante del hotel. Ella se sirvió un plato variado, pero apenas probó nada de aquello y nos fuimos a la cafetería donde ella se pidió una infusión y yo un café cortado.
-Cogeré el primer vuelo que salga de regreso. -Fue lo único que dijo desde que salió del baño.
-¿Hasta cuando vas a estar en nuestra casa? -Quise conocer.
-Si todo va como espero, el lunes me quedaré ya en el apartamento de Richard, cerraré todo bien y le daré las llaves a mi prima Marta. En cuanto a Belén, quisiera tenerla cada dos fines de semana.
-Carmen, eso no podría ser una obligación, en todo caso tú también podrías venir a verla, sería cada vez que quisieras hacerlo y si tienes problemas para pagar los billetes, te los gestionaría yo mismo por la página Web de la compañía, lógicamente para ti sola pues al Richard ese no lo quiero volver a ver en mi vida.
Yo mismo le gestioné el vuelo de regreso para el sábado a las ocho de la mañana, pues quería que el viernes ella me asesorara sobre los cuidados a Belén antes de que se marchara. Al parecer llevaba varios días sin darle el pecho, habiéndolo sustituido por biberones y esa misma tarde acudimos a un centro comercial donde había de todo para los bebés, pudiéndome aprovisionar bien de lo que me hacía falta, siguiendo las recomendaciones de mi... de Carmen.
Ya en el hotel me fui a la terraza para poder hablar con Mónica, a la que primero le resumí lo que aconteció con Carmen y que la niña se quedaba conmigo y que para el lunes necesitaba ya urgentemente una niñera para Belén, además que ya me acuciaba encontrar una casa para poderla atender adecuadamente. Ella me respondió que haría unas gestiones y que al día siguiente procuraría darme una solución a ese problema.
Carmen cuidó de Belén todo el viernes, pues ahora no se quería separar de ella ni un minuto y esa noche me pidió dormir conmigo y recordé la letra de Corazón Gitano de Nicola di Bari, justo en el párrafo que decía “Qué ganas de decirle que sí”, pero aquello no tenía ningún sentido y por supuesto que sin ninguna acritud y con algún que otro razonamiento, le dije que no.
Nos levantamos muy temprano y a las 6:30 ya estábamos en el aeropuerto, luego le dejé un poco de espacio a Carmen para que se despidiera debidamente de Belén, hasta que la tuvo que dejar en la sillita que le compramos la tarde de ayer. Por fin salimos los dos del coche, ella esperó a que pagara el ticket del parking y después de darme un fuerte abrazo, se marchó tirando de su maleta mientras soltaba un torrente de lágrimas y yo no pude dejar de imitarla mientras desaparecía en las entrañas del aeropuerto. Tardé unos minutos en serenarme y poner el vehículo en marcha para volver a la tranquilidad del hotel, pero llevando conmigo a la persona que más quería en este mundo y con la imagen de su madre desapareciendo por esa puerta portando su maleta. El nudo que tenía en la garganta no se me quitó en mucho rato, aunque no sabría cuanto.
Pero la realidad de lo que estaba ocurriendo esa mañana no tardó en hacerse patente al verme en la suite a solas con mi bebé y mientras la cambiaba por primera vez sin la cercanía y los consejos de Carmen, no pude evitar volver a llorar como una Magdalena y hasta me parecía que Belén buscaba con su mirada inquieta, el calor y el cariño de su madre. Dios mío, qué locura.
Ver llegar a Mónica acompañada de una mujer de unos cuarenta años, bajita, un poquito entrada en carnes y con cara de buena persona, fue para mí como si un náufrago comprobara que el barco al que hacía señas, navegara en su dirección para salvarle la vida. Era Yurena, una viuda joven con mucho tiempo para hacer cosas y qué mejor que cuidar de una pequeña princesita como se declaraba mi hija Belén. Apenas le expliqué lo que me había enseñado Carmen para su alimentación, cuando ya me daba diez vueltas a mí con su destreza en preparar el bibi, cambiarle los pañales y mecerla mientras le hablaba quedamente o le susurraba canciones canarias que a ella conseguían amodorrarla.
Al parecer le gustó mucho mi hija y enseguida se ofreció para atenderla todo el tiempo que hiciera falta, incluyendo los fines de semana. No tardamos en ponernos de acuerdo en sus emolumentos y se puso muy contenta cuando le dije que en poco tiempo nos mudaríamos a una casa propia en alguna de las urbanizaciones cercanas a la ciudad y ella se ofreció para quedarse todo el día al cuidado de Belén. Luego se llevó a la pequeña para darle una vuelta por los estupendos jardines del hotel, dejándonos solos en la suite.
-Gracias Mónica, no sé que hubiera hecho si no fuera por tu ayuda. -Le agradecí por la forma magistral con la que solucionó mi problema.
-¿Recuerdas? Soy tu empleada, -me dijo con unas risas que esta vez no fueron reprimidas por ninguno de los dos-, y ahora cuando bajemos, vamos a intentar mejorar vuestra estancia en el hotel. Ya se lo he comentado a la recepcionista y seguro que ya tienen la mejor solución.
-¿Pero qué es lo que les has pedido? -Casi me alarmé.
-Necesitamos que tengáis habitaciones pareadas y si es con puerta interior, mejor, así Yurena se podrá encargar de Belén sin estar violenta por tu presencia, que ya has visto lo introvertida que es.
-Estás en todo, preciosa. -Le dije con un gran sentido interior de agradecimiento.
-¡Hombre! La primera vez que me dedicas un apelativo que me cae bien, -me dijo con más risas-, pues mira te voy a compensar, ¿Sabes que eres muy alto, guapo y atractivo?
Las risas se volvieron a reproducir entre los dos, pero en medio de ellas me vinieron imágenes de Carmen desesperada por la ausencia de su hija en nuestra casa y yo mismo me contagié de esa desesperación.
-¿Qué te pasa Julian? -Me decía Mónica con un gesto de preocupación, mientras acercaba su mano para depositarla en mi rostro y acariciarme la mejilla.
No le respondí en esos momentos, estaba como aterrado viendo como una ansiedad me embargaba y nadie sabría entenderme y digo nadie, porque ni yo mismo entendía qué me pasaba. Le conté a Mónica lo que se me había venido a la cabeza y ella se acercó a darme un beso en la mejilla y yo me abracé a ella allí sentados como estábamos uno al lado del otro y ella terminó acurrucando mi cabeza en su pecho, mientras no dejaba de chistarme y acariciarme el cabello.
-Chist... Chist... te entiendo Julián, de verdad que te entiendo... venga, ya está... tú no has hecho nada de lo que te tengas que sentir culpable, a la que no entiendo es a ella, Julián, ¿Cómo ha podido dejarte a ti? Es que es increíble.
-Yo... también tengo mucha culpa en lo que ha llegado a ser ella, Mónica, hasta me lo dijo su prima...
-Sí, ya me lo dijiste, ¿Marta no? Pues tampoco tiene razón Julián, tú eres un hombre de los que ya no quedan... Chist... Chist... -Terminó por decirme dándome otro beso en la mejilla.
De pronto se incorporó y me tendió la mano.
-Venga, anda vámonos a comer por ahí que hace un día muy bueno, pero tú me invitas que soy...
No tuve más remedio que volver a sonreír de mala gana cuando terminé su frase con un “tu empleada”. Luego acepté su mano y ella llamó a Yurena para que nos esperara en la puerta del hotel. Yo seguí bajando hacia el parking y en unos minutos recogía a las tres damas y partíamos al nuevo restaurante, un poco bullicioso pero muy familiar, con buena comida más casera por supuesto que en el hotel y conseguimos echar una buena tarde dando un paseo cerca del mar, con Yurena llevando a Belén en su carrito, unas veces delante de nosotros dos y otras detrás.
Cuando volvimos al hotel, ya nos tenían reservadas dos habitaciones que eran precisamente lo que nosotros necesitábamos para que Yurena pudiera cuidar tranquilamente de mi hija. Una de las chicas que hacían las habitaciones fue la que nos ayudó a trasladarlo todo a mi nueva habitación. En la de Belén quedaron todas las cosas que ella necesitaría, más un microondas y una cuna que el propio hotel aportó sin que siquiera tuviésemos que pedirlo, o quizás lo acordó Mónica que no me aclaraba nada de tal contribución.
Yurena se quería quedar con mi hija ya esa primera noche, así que acompañada de Mónica se marcharon a su casa donde recogería lo que necesitara para pasar unos días en el hotel y en una hora estaban de vuelta. La mujer traía también algo de cena para ella, haciendo que Mónica y yo nos fuésemos a cenar por nuestra cuenta a un wok cercano, sin necesidad de ir en coche por lo cerca que quedaba y luego nos estuvimos charlando en la cafetería hasta bastante tarde, después de hablar con Yurena que nos dijo que la bebé ya dormía y que ella lo iba a hacer en un rato.
-Envíale un mensaje a Carmen, diciéndole que todo está bien y que Belén ya está atendida por una niñera excepcional. Seguro que eso la va a tranquilizar.
No tuve ningún problema en hacerlo y enseguida pudimos observar que ella escribía y dejaba de hacerlo una y otra vez, hasta que al final me llegó un “Gracias, te quiero”.
Sabía que aquel apelativo cariñoso lo hacía con la confianza que le daba el no tenerse que justificar ante mí, tan lejos ya en todos los sentidos. Seguro que ahora estaría con su ¿Futuro marido? Se me pusieron los pelos como escarpias solo de pensarlo y mi tez pálida la interpretó Mónica como una alteración en mi cuerpo por ese “te quiero” que me envió Carmen.
Cuando ella se marchó, salí un momento al jardín, me senté en un banco y volví a establecer una llamada a tres con mis dos amigos. Les debía ponerles al tanto de mi ruptura definitiva con Carmen, después de las condiciones que me quiso imponer, pero cuando se impresionaron de verdad fue cuando les conté que se marchó dejándome al cuidado sin retorno de Belén.
-Espera, -me dijo Félix dirigiéndose a mí-, ¡Marta, Marta! Acércate por favor. Espera que pongo ésto en manos libres, repite eso último Julián.
No tuve más remedio que obedecerle, mientras Marta daba un grito de sorpresa cuando terminó de oírme.
-No me puedo creer eso que dices Julián, ¿De verdad que ha dejado a Belén ahí contigo?
-Sí Marta, además que al parecer se va a casar con Richard, -eso iba para los tres que no sabían ese detalle-, y él le ha dicho que la niña no la quiere en su casa.
-Menudo cabrón. -Espetó Marcelo que llevaba unos minutos callado.
-Pero si me dijo que iba a proponerte un arreglo para seguir con vuestra relación. -Volvía a intervenir la prima de Carmen.
-Sí, el acuerdo era que me casara con ella y que la dejara seguir follando con todos. -Le aclaré.
-Qué raro Julián, si su ex sigue viviendo con la novia... -Insistía Marta.
-Ya, pero le ha prometido que la va a dejar en unos días y ella se podrá mudar con él y Agustín. -Le aclaré.
-¡Dios mío! Qué insensata es mi prima, si las promesas de ese cabrón nunca las cumple y qué va a hacer en ese apartamento, ¿Es que se va a casar con los dos? Voy a hablar con ella ahora mismo. -Terminó por decir.
¡Espera cielo! -Intervino Félix al momento-, no la llames esta noche, espera a mañana o al lunes que las dos estéis más relajadas.
Desde luego que mi amigo Félix volvía a demostrar que era la persona más sosegada del planeta. Ningún problema le ponía de los nervios.
Cuando me levanté el domingo para arreglarme y ponerme en contacto con Yurena con la intención de desayunar los dos, observé que Carmen me había enviado un mensaje.
“Creo que no lo he hecho bien, no consigo tranquilizarme. Te hecho de menos y te sigo queriendo”
No decía nada más y aquel mensaje era de poco después de las cinco de la mañana. Estaba claro que no pudo dormir esa noche. Estaba seguro que su ex seguía prometiéndole que iba a romper con Julia, su novia, pero que le habría dado ya las primeras largas al asunto. Marta no intervenía mucho en los enfrentamientos verbales de los demás, pero cuando lo hacía... ¡Joder! Te dejaba marcado para un mes y cuando en la conferencia de a tres mencionó la falta de credibilidad del cabrón de Richard, creo que volvió a acertar de pleno y lo peor fue la referencia a que Carmen se iba a casar con los dos, ahí me dejó más tocado que una multa por estacionar en doble fila.
Todo seguía su curso y Mónica cada día más eficiente me estaba buscando casa, siempre sabiendo que la pagaría la empresa y que si me mantenía en el puesto diez años, el inmueble sería mío. Al fin, a mediados de la semana me llevó a una urbanización muy bonita y cerca de la capital, bien comunicada, según me dijo y que yo mismo pude comprobar por lo pronto que llegamos. Allí nos esperaba una chica con el pelo corto, no diría que negro pero al menos muy oscuro, un pantalón de lino blanco atado por un cordón en la cintura y una camiseta negra de tirantes con una gran abertura en el escote, que dejaba ver la parte central de sus tetas, desde luego que llamativa era la puñetera y solo me faltaba que se girase para comprobar que su culo era tan redondo como parecía así de frente. Mientras nos bajábamos de mi coche, ella se iba acercando a nosotros y enseguida Mónica se fue con sus grandes zancadas hacia ella para darse un fuerte abrazo, moviendo sus cuerpos a un lado y al otro sin dejar de reír ambas como si celebraran el premio gordo de Navidad.
-Esta es Fayna, la mejor vendedora de toda canarias y también mi mejor amiga. -Me dijo y ella me echó los brazos al cuello para darse un buen apretón contra mí, al tiempo que me turbaba con un beso en la mejilla izquierda-, ¡Eh, tía! No te pases con mi jefe.
Ella no dejaba de reír y antes de retirarse me largó un cachete en todo mi culo.
-Ya sé que se mira y no se toca, pero llevabas razón, tu jefe está cañón y tampoco me he pasado mucho, ya sabes que te respeto a tope... -Le respondió girándose para acercarse a la puerta del chalet que ya estaba entornada y así pude confirmar mi intuición de que su culo era redondito y perfecto también.
Un pellizco en mi cadera me hizo reaccionar para que avanzara tras aquella diva, ninguna de las dos se cortaba para nada conmigo, así que con una mueca socarrona al estilo de los pistoleros de las películas del Oeste, me dejé llevar por la mano en mi espalda hasta adentrarnos en esa bonita casa.
Estaba prácticamente nueva pues tenía solo dos años y el dueño solo la había habitado el primero de ellos. La verdad es que la buena impresión continuaba en mis sensaciones desde que la vi desde fuera, sí, a pesar de que le dediqué más atención a Fayna que al inmueble. Todo perfecto, con cuatro habitaciones en la planta de arriba que prácticamente era todo de dormitorios y vestidores, y otra más en la planta baja, habilitada como sala de estar, un aseo espacioso, un salón enorme con un gran ventanal que dejaba ver un pequeño espacio de césped y una piscina de tamaño medio en pleno funcionamiento. A la entrada quedaba el recibidor, una amplia cocina totalmente equipada y el nacimiento de las escaleras que daban acceso a los dormitorios.
-¿Qué te ha parecido? -Me preguntó Fayna muy convencida de que la pregunta casi sobraba-, también está equipada con una moderna alarma y cámaras en los sitios más estratégicos que se activan ante cualquier movimiento. Las imágenes se pueden transmitir a los dispositivos que quieras en cada momento.
Falta me hubiera hecho haber instalado en mi casa toda esa tecnología, aunque seguro que me hubiera llevado más de un berrinche.
-La casa está disponible desde ya y no tiene ningún tipo de cargas, así que si la quieres, en una semana es tuya. -Terminó su disertación sobre las bondades del chalet.
-A mí me ha parecido bien, -le indiqué a Mónica que esperaba cualquier tipo de manifestación por mi parte-, aunque me falta un pequeño detalle, me dirigía ahora a las dos.
Ellas se miraron sorprendidas y fue Fayna la que volviéndose de frente hacia mí, me echó un mal de ojos, ¡Pero qué digo! Lo que quiero decir es que me miró con mucho descaro la puñetera ladeando su cabeza sobre los hombros, a ver si de esa manera averiguaba ese pequeño detalle que tanto la intrigaba.
-El precio, -me dirigí a la mejor vendedora de Canarias-, no me has dicho cuanto vale.
Las risas afloraron en los tres, mientras Fayna se llevaba la palma de su mano derecha a la frente en un gesto rápido.
-¡Desde luego que vaya! Exclamó al momento y sin más me soltó la cantidad que me pareció algo excesiva y bastante redondeada.
-No sé, ¿Tú que dices? -Le pregunté a Mónica-, tendría que tener una reunión por vídeo con la central, a ver que les parece a ellos teniendo en cuenta las condiciones que me pusieron.
-Oye tía, me parece que te has pasado, si no lo rebajas a la mitad ni me hables en cinco años, ¡Capulla! -La recriminó Mónica.
-Está bien, negociaré con la propiedad a ver si le quitamos mil eurillos. -Le respondió la amiga con mucho cachondeo.
Entre risas nos despedimos de Fayna y nos volvimos a la delegación.
-Me parece una casa extraordinaria, -le dije a mi secretaria-, vamos que me ha encantado, a ver si de verdad Fayna nos saca un mejor precio antes de que pueda concertar una vídeo-reunión con el subdirector general.
-No vayas a pensar que el precio es caro, en esta urbanización también se paga por su prestigio y en este caso es mucho.
-¿No crees que debemos ver alguna casa más? -Le pregunté.
-Fayna me ha dicho que esta es la que mejor se adapta a tus necesidades, es la de más reciente construcción, la que menos han habitado y la que tiene todo su equipamiento en pleno funcionamiento.
-Sí, ya veo, también los muebles son perfectos y están como nuevos. Pues si tú lo ves apropiado, no voy a ser yo quien le ponga pegas. En cuanto lleguemos solicito esa reunión y que salga el sol por Antequera.
-¿Por Antequera? -Se extrañó.
-Sí, es un decir que se dice mucho por la península. Es igual a “que sea lo que Dios quiera”.
-¡Ah! Ya decía yo.
Con buen ánimo llegamos a la delegación a seguir con la tarea. Mientras tanto volví a pensar en esa bonita casa con Carmen rondando por allí con tres niños volviéndola loca y mi cuerpo dio un repullo de... ¿Incomodidad...? Aquello nunca podría ser, ya no.
El viernes por la tarde me llamó Marta con Sonia a su lado.
-Hola guapetón, te estamos echando de menos.
-Ya... -le respondí-, ¿Ya estáis todos?
-Nos faltas tú, -respondió Sonia-, ¿Cuando piensas llegarte?
-Quedé con Carmen en que le lleve a Belén cada dos fines de semana y eso será el próximo. Tengo muchas ganas de veros a vosotros y a los niños también.
-Acaba de llegar Basti, ¡Estate quiero cabronazo! -Le recriminaba Sonia que al parecer fue la que sufrió el primer ataque de nuestro amigo-, estamos hablando con Julián.
-Oye tío, prepárate para la próxima que ya no te me escapas, -me dijo muy claramente seguro que arrimando el móvil a su boca-, ven pronto que te echo mucho de menos.
Ya no le oí más por lo que supuse que se largó a darles la paliza a los otros dos.
-¿Llegaste a hablar con Carmen? -Sabéis algo más de ella, yo no sé nada desde que se fue de aquí.
-Sí que hablé, -me dijo en un tono casi despreciativo su prima-, en realidad es Carmen la que me llama ahora casi todos los días, ¿Sabes? Lo que yo te dije, que se le fue la olla con el gilipollas ese de su ex y ahora está dándose cuenta de que todo lo que le dijo fue para eso... ¿Entiendes? Y ella se lo dio todo y encima fue a verte envalentonada por la oferta de matrimonio y todo lo que le contó y que no eran más que mentiras, aunque ella misma lo justifica diciendo que todavía es pronto y sigue esperando que él se libre de su novia para mudarse al apartamento.
-Espero que no esté convirtiendo mi casa en un lupanar, le respondí algo enfadado, bueno, mejor os dejo que se me acaba de ir el buen humor y vosotras lo que tenéis que hacer esta noche es pasarlo bien. Un beso muy guarro para las dos. -Les deseé y que ellas me devolvieron y colgamos.
Quise saber también de Dani, al que tenía súper-abandonado desde que me me vine aquí.
-Hombre Julián, ¿No me digas que estás aquí?
-No tío, sigo en Las Palmas, igual me acerco el fin de semana que viene. -Le informé.
-Sí, claro, sé por Mari que habla de vez en cuando con Carmen, que al final habéis roto ¿No?
-Así es Dani, esta vez es definitivo. Ella está ahora muy ilusionada con casarse con Richard, su ex, ya sabes y está en eso según parece. Por mi parte estoy estudiando la oferta que me ha hecho la empresa para quedarme aquí de forma permanente.
-¡Joder tío! -Volvía a repetir su expresión favorita-, vaya cambios, precisamente ahora que nos estábamos entendiendo tan bien.
-Ya ves Dani, espero que a ti te vaya mucho mejor. Supongo que es así. -Le quise confirmar.
-Sí, claro que sí, aunque te echo mucho de menos, no creas que es en la cama tío, me refiero a cuando voy a tu oficina y no te encuentro por allí, qué chungo Julián.
¿Y Mari como está? -No podía dejarla fuera de la charla.
-Pues mira, ella sí que te echa de menos pero de otra forma, ya sabes, sigue enamorada de tu polla y no deja de meterte en nuestra cama cuando estamos en plena faena, está claro que la dejaste muy impresionada. Espera un segundo que te quiere saludar.
-Hola Julián, qué pena que estés tan lejos, cielo. Imagínate que mañana es sábado y no vas a estar aquí con nosotros.
-Igual podemos cenar nosotros tres en cualquier restaurante el sábado que viene, depende de que pueda viajar ese día.
-Pues sí, sería fenomenal y más si luego subes a casa, ya sabes, tenemos que compensar lo de Dani.
-No sé quieres decir con eso. -Le contesté temiéndome lo peor.
-Pues nada, que el sábado pasado Carmen aceptó cenar con nosotros y al final nos liamos como hacemos últimamente. Menuda follada se pegó el guarro éste.
-Julián hombre, que no fue para tanto, que esta mujer lo exagera todo. Pero vamos que el próximo sábado estaría bien que nos viéramos y todo eso.
-Ya... bueno os tengo que dejar que me están llamando, un abrazo para los dos. -Me despedí y sin darles tiempo a que ellos lo hicieran, corté la llamada.
Osea, que mientras yo estaba preocupado ese sábado por el estado de ánimo de Carmen, ella se estaba follando a estos dos cabrones. Pues sí que estaba bien la cosa y conociendo a Dani, no me extrañaría que se hubiera dado una vuelta por mi casa, a ver como seguía de ánimo la buena de Carmen y de camino, otro casquete que te crió. Me cago en la leche puta... y yo enviándole un mensaje para tranquilizarla de que Belén estaba en muy buenas manos... y el mensaje que me envió casi al amanecer diciéndome que me seguía queriendo, seguro que después de echar otro polvo con Dani. ¡Joder! A la mierda todo ya, necesitaba dar un puñetazo en la mesa, ¡Coño!
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