Yo me lo busqué - (Capítulo 30)
Julián cree tener el control de su vida y su relación abierta, pero el traslado a Las Palmas y la llegada de una nueva secretaria ponen a prueba su confianza. Mientras Carmen acepta el cambio con una urgencia sospechosa, la línea entre la libertad sexual y la traición se vuelve más delgada que nunca.
Capítulo 30
-Pero el lunes tenemos cita con la pediatra. -Me decía Carmen cuando le explicaba que teníamos que marcharnos de inmediato.
-Carmen, cielo, tenemos que irnos el mismo domingo porque el lunes a primera hora tengo que estar en la delegación.
-Tendrás que tomar al final la primera opción que hemos hablado, mejor te vas tú primero y nos preparas el alojamiento para luego llegarnos nosotras, es muy precipitado hacerlo nosotras con esa urgencia, cariño.
-Pero es que tú quieres que yo venga a por vosotras y eso no lo podré hacer hasta el otro fin de semana, sí, sí ya sé que no quieres viajar sola, bueno, quizás sea mejor, a ver si tengo tiempo para buscar alguna casa por allí cerca que nos convenga más que estar en un hotel.
Otra cosa era el asunto que tanto nos preocupaba últimamente y que no era otro que el de cambiar los hábitos en nuestras relaciones sexuales con los demás. Richard y sus amigos ya lo dábamos por descartado y Carmen se lo había dejado bien clarito a su ex e incluso a Agustín también, con los que había hablado esta misma semana. Lo de Dani y Mari lo teníamos pendiente, aunque al final quedamos en que mejor sería que primero lo hablase yo con Dani y que luego les invitáramos el sábado a cenar, tal como hacíamos otras veces. Respecto a la velada del viernes teníamos dudas si acudir y tener una especie de despedida con ellos hasta que volviéramos a vernos más adelante. Carmen no se decantaba por esta solución, pero yo estaba seguro que esa era su preferida, a ella le encantaba que se la follaran nuestros amigos, Basti incluido y no iba a dejar pasar el próximo viernes sin procurarlo, teniendo en cuenta que luego nos llegaría una sequía de vete a saber de cuanto tiempo.
El jueves por la mañana acudió Dani a mi despacho para solventar asuntos propios de sus empresas y de camino hablar más a fondo sobre lo que ya habíamos empezado entre nosotros.
-Joder Julián, si es que todavía no sabemos qué os pasó el sábado pasado, no sabes las ganas que teníamos Mari y yo para seguir avanzando en nuestras relaciones de eso... de sexo, joder... y mi mujer estaba muy dispuesta a tener más prácticas... contigo, por supuesto tío.
No tuve reparos en explicarle lo que estábamos tratando de hacer Carmen y yo en cuanto a intentar parecernos lo más posible a una pareja normal, que últimamente habíamos abusado de tener demasiado sexo con otras personas y que era el momento de ir parando todo eso.
-¿Entonces lo nuestro queda en nada a partir de ahora? -Me cuestionaba.
-No lo sé a ciencia cierta Dani. Lo estamos hablando entre nosotros y no hemos tomado ninguna decisión definitiva, lo único que sí te pediría es que no te cabrees con nosotros si determinamos no seguir, te considero un buen amigo y quiero que eso prevalezca sobre todo lo demás, ¿Me entiendes?
-No mucho, Julián, pero bueno, quedamos en eso y a ver por donde sale la cosa el sábado que tendremos la última cena antes de tu viaje a Las Palmas. ¿Al final se van ellas contigo?
-No, hemos considerado que es muy precipitado que se tenga que marchar conmigo el domingo, así que posiblemente vuelva el siguiente fin de semana para acompañarlas a la isla. Todo depende de si encuentro un alojamiento apropiado para los tres.
-Procura que tenga capacidad para que nos invites a pasar una semana con vosotros ahora que estamos entrando en el verano. -Me respondió y unas risas acompañaron este último comentario.
Esa noche le conté a Carmen la conversación que había tenido con Dani y ella me dijo que también había hablado con Mari.
-Me ha llamado ella para saber más de lo del desplazamiento a Las Palmas y sobre la cena...
-¿Qué pasa con la cena? -Le pregunté al sentir ese tonillo especial con el que citó el evento.
-No, nada, -me aclaró con unas risas-, que quería saber si se ponía ropa seria o cachonda, así me lo preguntó con esas palabras y yo le dije que le respondería el mismo sábado por la mañana, pero no le expliqué que era porque nosotros lo estábamos estudiando, aunque ahora ya sabrá lo que hay después de tu conversación con su marido.
-Ya... al final todo esto se nos está convirtiendo en una pesadilla, porque encima tendremos que decidir si acudimos mañana con nuestros amigos. -Le dije.
-Nada de pesadilla, cielo, -respondió de inmediato-, si eso es lo que sientes será mejor que lo dejemos todo y pasemos a ser directamente una pareja normal.
-Verás, cariño, llevo dos días solucionando problemas para no dejárselos a los que me van a sustituir aquí, además de varias videoconferencias con el delegado que se va a jubilar en Las Palmas, que por lo poco que he hablado con él me parece que me voy a encontrar un ambiente enrarecido, por llamarlo de alguna manera, así que te juro que ahora mismo no tengo cabeza para discernir lo que debemos hacer mañana, ni el sábado y ni siquiera dentro de cinco minutos, cielo. ¿Sabes? Me pego una ducha y me acuesto, mañana te digo a qué conclusión he llegado antes de irme a trabajar.
Eso hice y mientras desayunaba conseguí debatir conmigo mismo para llegar a esa conclusión que tanto deseaba y en cuanto que terminé me dirigí al dormitorio para despedirme de mi novia como todos los días.
-Tranquila, mi amor. -Le dije mientras ella se incorporaba para sentarse contra el cabecero y poder prestarme mucha atención a lo que le iba a decir.
-¿Has pensado en lo que quieres que hagamos?
-Sí, mi vida, verás, posiblemente no vamos a tener un fin de semana como éste en un período de tiempo que puede ser largo y creo que nos evitamos muchos problemas si actuamos como siempre en esta ocasión y a partir del domingo, borrón y cuenta nueva, siempre claro que tú estés de acuerdo conmigo.
Ni tuvo que contestarme, pues lo único que hizo fue tirarse a mi cuello, haciéndome caer hacia atrás y me largó un morreo que tendré que archivar en el apartado de favoritos. Luego dejó que me pudiese incorporar para recomponer mi traje y poderme marchar.
-Cuando desayune llamaré a mi prima para contarle que asistiremos a la velada y a Mari también le diré que venga lo más cachonda que pueda. Dame otro piquito antes de irte. -Me pidió como desmereciendo el beso que nos acabábamos de dar, se lo di y me marché sin más, aunque con algunos gusanillos rondando por la boca de mi estómago.
Sospechaba que mi decisión le iba a gustar a mi novia, pero la verdad es que no calculé que sería para tanto. Ya tenía otra vez las dudas de si ese ímpetu que de ella emanaba cada vez que se acercaba unas buenas sesiones de sexo, no sería también el mismo que la llevó a ponerme los cuernos durante unos pocos meses, en fin, también tenía otras muchas preocupaciones por ser la última mañana que pasaría en mi puesto de trabajo antes de marcharme a Las Canarias.
Con el billete de ida para mí solo y para el domingo a las once de la mañana, llegué a casa todavía pensando en el ajetreo de esa mañana en mi puesto de trabajo, menudo día, bueno y ahora a intentar olvidarme de todo eso y pensar en los polvos que me iba a echar esa noche con la prima Marta y con Sonia que ninguna era poca cosa. A mi novia la dejaría más suelta para que se despidiera con unos buenos orgasmos provocados por los otros tres, sobre todo por Basti al que llevaba más de tres semanas sin tenerlo en su interior.
Al final el encuentro me resultó un poco rutinario, tal como lo notaba últimamente y no tuve más remedio que disimular esta sensación, pues no era el caso de los demás que se les veía más contentos que a Ronaldo metiendo goles, solo estaban serios cuando se les avecinaba un clímax que los iba a reventar de gusto, menudos cabrones. El colmo fueron los tres puntazos que me largó el cabrón de Basti que se ve que me sigue teniendo ganas, muchas risas, sí, pero casi me mete media polla el mamonazo.
El último polvo lo reservé para mi novia que rebosaba semen por todo su cuerpo, pero ni la dejé que se aseara y así mismo la estuve follando a conciencia más de media hora, hasta el punto que los demás ya exhaustos nos dejaron solos. Sabía que de la forma que le empecé a dar no tardaría en llegarle el primer orgasmo conmigo y así fue, pero luego le siguieron uno tras otro, pidiéndome ella que me corriera ya de una vez porque no podía más y la obedecí como en tantas ocasiones dejándome ir coincidiendo con el último que tuvo esa noche. Jadeando debajo de mí me abrazaba por el cuello no queriendo que me moviera ni un milímetro y que tampoco se la sacara hasta que por motu propio mi maltrecha polla se salió sola.
No es que le quisiera mostrar la clase de macho que era su novio, no, solo actué de esa manera porque estaba un poco harto de que los otros tres se jactaran de lo bien que follaban con Carmen, bueno, no sé, pero ambos terminamos derrengados yéndonos para la ducha. ¿Tendría bastante como para renunciar al día siguiente a follarse a Dani? Estaría por ver, pero tampoco es que dudara mucho de las capacidades de ella.
En contra de nuestro proceder habitual, la mañana del sábado todos estuvieron muy cariñosos con nosotros dos y creo que faltó muy poco para que volviéramos a tener sexo, pero fui yo mismo el que abortó el intento sabiendo lo que nos esperaba esa noche y como ellos lo sabían no tuve ningún reparo en justificarme con ese razonamiento. Entre abrazos, risas y algunas lagrimitas, nos despedimos hasta no sabíamos cuando y nos fuimos a casa.
-No sé si podré estar en forma a la noche, -me confesó mi novia en el coche-, ayer me dejaste para el arrastre y tengo toda la vagina escocida.
-Pero tienes tu crema, ¿No? -Le pregunté.
-Sí, en cuanto que llegue a casa me la pongo. ¿Qué te pasó? -Sabía que más pronto que tarde me sacaría el tema.
-¿Pasarme? Nada, mi amor, solo que tenía muchas ganas de ti, te quiero mucho Carmen y quise demostrártelo como venía a cuento en ese contexto. Lo siento cielo si te hice daño, no era mi intención.
Poco antes de que nuestro matrimonio amigo llegara, mi novia me confesaba que ya se encontraba bien de sus intimidades, que la pomada esa obraba milagros.
A la hora acordada llegaron Dani y Mari, que venía con un chaleco largo pues le llegaba casi a las rodillas, pero en cuanto entró al salón se lo quitó para colocarlo en el respaldo de una de las sillas, dejándome alucinado con la camisa de seda celeste que no tapaba casi nada de un mínimo sujetador negro, que por supuesto tendría que ser también transparente porque los pezones se podían apreciar con bastante claridad. Abajo llevaba una faldita ajustada a su culazo y con algo de vuelo a partir de ahí. Desde luego que estaba para follársela en ese mismo momento, pero no me dio tiempo a alimentar mi lujuria debidamente porque enseguida se marchó con Carmen a ver a Belén.
-Parece que tu esposa viene pidiendo guerra, -le dije al mamón de Dani que no dejaba de observarme con una sonrisilla ladina-, y ya se me está poniendo dura.
-Pues nosotros no venimos para salir corriendo, -aprovechó para recriminarme nuestra escapada del sábado anterior-, aquí estamos para lo que salga.
-Lo que salga es follar, déjate de subterfugios para nombrar debidamente esa palabreja, cabronazo. ¿De verdad que vienes dispuesto a todo?
-Si no nos cortas el buen rollo, claro que sí. Tu novia está hoy radiante, joder qué tetas y qué culo. Mira, también se me está poniendo dura como a ti.
-Anda vamos a ver a mi hija, so guarro.
Los dos nos fuimos con nuestras mujeres y mientras ellas estaban inclinadas haciéndole carantoñas a Belén, nosotros desde atrás les dimos unos buenos pollazos en medio de sus nalgas, por supuesto que cada uno a la más deseada.
-Pues sí que vienen bien puestos estos dos, -manifestaba Mari mientras presionaba más mi pollón con su culo-, primero era cenar, ¿No? -Se dirigía ahora a mi novia.
-Tampoco es que fuese tan importante guardar el orden, esta no es una cena de protocolo. -Respondía Dani contrayendo su bonito culo por el achuchón que le dio al culazo de Carmen que tanto le ponía.
-Mejor os vais al salón, que lo primero de verdad es darle su toma a Belén a ver si después ya se duerme como suele hacer, pero con vosotros aquí metiéndonos mano va a ser imposible.
Ambos les dimos unos cuantos apretones a esas nalgas y tomamos las de Villadiego diligentemente camino del salón. Cuando se recibía una orden tan tajante de Carmen, lo mejor era hacerle caso sin dilación.
Al final cumplimos el protocolo y haciendo un gran esfuerzo de contención, primero cenamos y después... después follamos, que era a lo que habían venido nuestros amigos esa noche. Todo se desarrolló de la forma más morbosa que podría imaginarme, pues sabiendo mi novia y yo que lo de los dos venían dispuestos a todo, parecía que sin habernos dicho nada, ambos nos hicimos los estrechos y sin detener nada o renunciar a algo, nos fuimos dejando querer poco a poco hasta que le dimos lo que querían y mucho más de lo que se podían imaginar.
La verdad es que ese coño majestuoso que se gastaba la buena de Mari, me tenía obnubilado y erecto a más no poder todo el tiempo. ¿Me habría hecho un obseso de ese coño de medio metro de raja? Sí, ya sé que soy un poco exagerado, pero me gustaría saber qué opinarían mis allegados si lo vieran, lo acariciaran, lo saborearan y por fin se lo follaran, encima parecía que a ella le daba vergüenza disponer de tan enorme chochete. Pues todo eso fue para mí esa noche, bueno y para su marido que también se la llegó a follar en esos momentos en que los cuatro nos reencontramos con nuestras parejas.
Antes de marcharse nos insistieron en que procurásemos quedar de nuevo cada vez que volviéramos a la ciudad y aunque yo tenía muy claro que aquello no pretendía que se volviera a repetir, tampoco le negué nada después de lo que acabábamos de hacer.
Me levanté con tiempo suficiente para asearme y desayunar tranquilamente con Carmen, antes de marchar al aeropuerto.
-Carmen, cielo, me voy un poco preocupado por dejarte aquí sola con Belén, -le decía y ella fue a interrumpirme pero le pedí con un gesto que me dejara seguir-, voy a intentar solventar en esta semana lo de nuestro alojamiento, con la idea de volver a por vosotras el próximo fin de semana, te voy a echar mucho de menos, cariño, a ti y a Belén, pero estaremos en contacto y de camino te contaré como va todo, lo del trabajo y también lo del alojamiento.
-Vete tranquilo, que sé que te espera mucho trabajo allí, nosotras vamos a estar bien y si hay cualquier cosa, te llamo, mi amor.
-Carmen, por otra parte no quiero que haya nada de sexo con nadie, ni con nuestros amigos, ni con los tuyos y tampoco con Dani, que también lo veo muy ansioso por seguir con lo de anoche.
-Julián, mi vida, no hacía ninguna falta que me hicieras esa advertencia, ¿Cómo crees que me voy a acostar con nadie en tu ausencia? Debes confiar en mí, yo solo quiero estar contigo para toda la vida... -me dijo con las lágrimas saltadas, sabiendo además que ya me tenía que marchar-, cuídate, mi amor.
Le di un achuchón a mi hija y un pico a mi novia y me marché a esa nueva aventura en nuestras vidas que iba a ser Las Palmas de Gran Canaria.
Tal como habíamos quedado, a mi llegada ya me estaba esperando la chica que iba a ser mi secretaria en la delegación. Se trataba de Mónica, una morena bellísima de 31 años según su expediente, de 173 centímetros de altura y seguramente rebasaba los 180 con los tacones que lucía, de cintura muy delgada que y un torso perfecto engalanado por sus pechitos, pequeños sí, pero bien puestos y llamando mucho mi atención, culito perfecto con glúteos alargados en consonancia con su estatura, solo sus perfectos muslos bien redondeados mostrados desde el borde de su falda corta, me dejaban muy claro que aquella mujer debería estar moviéndose permanentemente entre las mejores pasarelas de modas. Ni siquiera portaba un letrero con mi nombre, pues al parecer tenía muy claro quien era yo y nada más verme se vino hacia mí con esa sonrisa que dejaba ver una ristra de dientes blanquísimos y perfectamente alineados. La mía pretendió ser parecida y mi mano tendida fue estrechada por la suya, pero no le bastó con eso y terminó por darme dos besos en las mejillas.
Nos dirigimos al parking y cargamos en su coche las dos maletas y el bolso que completaba todo mi equipaje, aunque una de las maletas venía llena de cosas de Carmen y Belén.
-Don Julián, -me volvió a dar ese tratamiento ya por segunda vez-, le voy a llevar al hotel y luego tenemos reservada la comida en un restaurante del centro.
-Gracias señorita Mónica, -le dije con una sonrisa picaresca-, veo que se ha preocupado usted para que mi llegada a Las Palmas sea lo más grata posible.
-Bueno... usted me puede tutear, Don Segundo lo hace cuando habla conmigo.
-Mónica, me parece muy bien, pero entonces tú harás lo mismo cuando te dirijas a mí.
-No estaría bien, Don Julián...
-Vale Doña Mónica, vamos entonces al hotel a dejar las maletas. -Le corté su justificación con una sonrisa.
-Está bien, te tutearé en privado, -aceptaba por fin mi recomendación-, pero en la delegación no tengo más remedio que darte el tratamiento que te mereces.
Después del cheking en la recepción ella se ofreció a subir conmigo para ayudarme a deshacer las maletas, pero solo lo hicimos para echar un vistazo a la habitación que verdaderamente era espléndida, pues al final se trataba de una de las suites del hotel situada en la planta ocho que era además la última del inmueble. Quedé convencido de que Carmen y Belén se podrían venir el próximo fin de semana a vivir conmigo en este alojamiento y luego con más tranquilidad buscar una casa que nos viniese bien a los tres.
Durante la comida Mónica me estuvo aconsejando sobre las mejores zonas para alquilar una casa en los alrededores de la capital y que de todos modos me ayudaría a buscar algunas de ellas para que las pudiera ver in situ.
-Mónica, me imagino que hoy te hubiera gustado estar con tu pareja, perdóname porque solo sé que estás comprometida, pero ni idea si es con tu novio o si se trata de un marido. -Soltamos los dos unas risas ante mi desconcierto.
-Lo estaba con mi novio hasta que hace unos días me enteré que me ponía los cuernos, -me aclaró-, pero no creas que ando llorando por los rincones, lo he dejado y a otra cosa mariposa, que es lo que hay que hacer, ¿No?
-Sí, claro... ¿Qué si no?
-Pues eso.
Joder, si ella supiera la de cuernos que me pusieron a mí y lo presto que estaba siempre a perdonar... creo que hasta llegué a ponerme algo nervioso al considerar su firme decisión, en comparación con la tibieza de la mía. En fin y en resumen solo puedo decir que Mónica era una chica extraordinaria a primera vista, claro que luego hay que conocer más a fondo a la persona que se valora para emitir un juicio más certero. Curiosamente no llegué a pensar en actos lujuriosos con ella, como me ocurrió por ejemplo con Mari nada más conocerla, además que dado lo guapa que era y el cuerpazo que tenía, lo normal es que por lo menos hubiera intentado verle un poco más esos muslos maravillosos, o ese culito de nalgas más prolongadas que estaban para hacerle un favor de cinco horas, pero no y no quise darme más razones para entenderlo. En la puerta del hotel nos despedimos, quedando en que ella me recogería por la mañana para llevarme a las oficinas de la delegación.
Después de una ducha y dispuesto a meterme en la cama, llamé a Carmen para explicarle que todo estaba bien por aquí, de como me había ido el vuelo y que mi secretaria me había recogido en el aeropuerto, que parecía una buena chica y que seguro que haría buenas migas con ella. De los cuernos no le dije nada, no fuera a ser que se molestara por las alusiones a los que ella me puso.
-Carmen, cielo, yo creo que este hotel está genial para que os vengáis el próximo fin de semana y luego ya visitar varios alojamientos para ver si encontramos algo que nos guste. Ten en cuenta que aquí nos lo hacen todo y hasta el desayuno está incluido, ¿Qué te parece?
-Mándame fotos de la habitación y el enlace de la página del hotel, ah, y entérate también si nos ponen una cuna para belén.
-Ahora me encargo de eso, pero tú ve preparándolo todo para venirte conmigo el domingo que viene, de todos modos ya lo iremos hablando durante la semana.
Después de casi media hora de charla, nos despedimos con muchos besos cariñosos hasta el día siguiente.
Tal como quedamos Mónica me recogió en la puerta del hotel a la hora acordada y me condujo hasta la delegación que contaba de una parte donde se encontraban el que iba a ser mi despacho y el resto de oficinas para los jefes, el personal administrativo y los técnicos, la otra parte eran más bien unas salas dedicadas a la atención de nuestros clientes principalmente. Los almacenes con nuestros productos estaban en un polígono a las afueras de la ciudad.
Esa mañana no asistió al trabajo el anterior delegado y al parecer ya no volvería más teniendo en cuenta que esa semana era la última antes de jubilarse y debido a sus problemas de salud, debería guardar cama unos días, así que lo primero que hice fue pedirle a Mónica que me pusiera al tanto de los temas más importantes de mi agenda para esa semana y que convocara una reunión con los jefes de departamentos para esa misma mañana, pues lo primero que tenía que hacer era presentarme a ellos y conocerlos, además de ir tomando nota de algunas desavenencias de las que tenía noticias por boca del delegado que se marchaba.
Todo se hizo como le pedí a Mónica y la reunión fue muy oportuna y clarificante en cuanto a las desavenencias y la persona que las provocaba, pues fue el encargado de la reposición de nuestros productos en los almacenes, el único que me habló mal del delegado se que jubilaba y que esperaba que a partir de ahora y dada mi buena disposición para con ellos, los problemas se solucionarían. También tomé nota de los gestos de disconformidad que mostraron los demás, durante la exposición de los problemas que hizo este responsable.
Más tarde le pedí que me acompañara en la visita que pensaba hacer a los almacenes esa misma tarde, pues tendríamos que resolver unas quejas de los clientes que no recibían los productos a su debido tiempo. Ahí se rebeló contra mí diciéndome que no había ningún problema de importancia que resolver y que esos clientes eran unos gilipollas que no tenían ni idea y que últimamente solo sabían quejarse y que no teníamos que ir a ningún sitio porque aquello era de su única incumbencia.
Al final sin darle más explicaciones tuvo que acompañarme y lo que vi en aquellos almacenes era un caos horroroso y que al parecer cada vez iba a peor. Los pedidos se estaban sirviendo incompletos y los partes de incidencias ya ni los contestaban desde la central.
No me costó demasiado comprobar que el responsable había montado una estafa a la empresa, demorando los pedidos a los proveedores, mientras él administraba las transferencias que primero pasaban por cinco cuentas que había abierto para tal fin. Lógicamente fue despedido y reemplazado por una persona ajena a ese departamento y todo volvió a funcionar como era debido, además de se notó una gran mejoría en el ambiente de trabajo.
El director general me pidió una reunión por vídeo-conferencia en la que me mostró su preocupación por todo lo ocurrido, también me felicitó por como resolví el problema y por último me pidió que considerara la posibilidad de ser el nuevo delegado definitivo en las islas y que la empresa se haría cargo de todos los gastos de desplazamientos, de equiparar mi sueldo al del resto de los delegados y que se estudiaría la adjudicación de una vivienda si firmaba un compromiso de permanencia de diez años. Que estudiara la oferta todo el tiempo que yo quisiera mientras estuviese a cargo de la delegación y terminó animándome a aceptar la oferta.
Desde luego que lo que me ofrecía la empresa me dejó alucinado y más que confuso, pues ni siquiera tendría que dedicarle dos pensadas para saber la trascendencia que tendría eso en mi vida, en la de mi familia, en la de Carmen y mi hija y además en mis amigos de siempre, los que tanto me ayudaron de forma desinteresada para que yo no cayera en el desánimo, después que ocurrió todo aquello de mi esposa Sofía.
Es cierto que en dos horas de vuelo estaría de vuelta en mi ciudad para cualquier evento, pero también sabía que en estos casos las frecuencias para volver se suelen dilatar en el tiempo, hasta realizarlas solo cuando existen motivos muy justificados. Lo primero sería contarle todo a mi novia, pues ella tendría que estudiar también el problema para ver cual sería su decisión.
Esa noche sin más se lo conté todo y estuvimos hablando más de una hora, justo hasta que lo tuvimos que dejar porque ella tenía que atender a nuestra hija. Era miércoles y solo habían pasado tres días desde que estaba en Las Palmas cuando se desencadenó todo esto.
El jueves a media tarde no me pude aguantar más y decidí volverla a llamar, sentía una necesidad imperiosa por conocer su opinión sobre todo eso del traslado definitivo, pues ya no era un desplazamiento provisional.
-Holaaa, cielo. -Respondió al quinto o sexto tono de llamada, con la voz un poco rara, seguro que sorprendida por mi llamada a media tarde.
-¡Ah! Que te he pillado en mal momento, -le dije-, déjalo, si quieres te llamo luego como las otras veces.
-¿Quééé...? No... no importa mi amor, es que estaba cambiando a Belén para darle el pecho y no esperaba tu llamada. Pero ya he terminado con ella, qué me ibas a decir. -Me dijo mejorando su dicción conforme iba hablando.
-Belén está bien ¿No? -Era lo primero que le preguntaba siempre.
-Sí, sí, cada día más espabilada, pero muy bien. -Me respondió.
-No, no es nada importante, cariño, solo que no paro de darle vueltas a lo de la oferta de la empresa y quería saber si tú también lo has estado pensando. Me tiene muy preocupado. -Le añadí algo nervioso.
-Yaaa, claro, a mí también me preocupa, pero tendremos que tomárnoslo con más tranquilidad, como ellos te dijeron tenemos tiempo para pensarlo, mientras tú no decidas volver no nos van a meter prisas ¿Es así verdad?
-Sí, en fin... ¿Tú como lo ves? -Porque hablábamos pero no me aclaraba nada de lo que ella había pensado.
-Yooo... es que todavía no me lo he tomado muy en serio, es como si esto le estuviera pasando a unos vecinos, no a nosotros ¿Sabes? -Me respondió volviendo otra vez a utilizar un tono de voz raro.
-¿Donde estás ahora? -Le pregunté porque no sabía si es que llevaba en brazos a nuestra hija para trasladarse a otro sitio.
-No, bueno, aquí con Belén en el cambiador de su cuarto. -Sonó nuevamente recupereada.
Entonces ocurrió lo que menos me podía esperar y ni siquiera sabía cómo reaccionar, aunque desde luego que fue muy preocupante y doloroso para mí.
-¿Quien está contigo?
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