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Momentos de Claridad - 03 y FINAL

La oscuridad del lago ocultaba la verdad que Luis temía escuchar. No era solo una traición; era una revelación de que su vida entera era una mentira construida sobre la insatisfacción de su esposa. Ahora, con los nudillos rotos y el corazón destrozado, debía decidir si perdonar o si la verdad era demasiado cruel para ser soportada.

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Momentos de Claridad

Capitulo 03

Me quedé en la oscuridad, por una de las orillas del lago del parque de casas rodantes, escuchando la música que venía del sitio de la fiesta, imaginando que todavía escuchaba risitas de la gente alrededor de Daiana y Marcos. No tenía que volver para saber que ella estaba bailando con él.

Podría haber regresado y así enfrentarme a Marcos. Me habían golpeado antes, en los días en que corría por las calles del partido de La Matanza como un niño salvaje sin padre. Me golpearon mucho cuando era un pequeño camarón que intentaba quedarse con jóvenes de 18 años antes de que mi madre finalmente se diera cuenta y nos mudara al barrio de Caballito en plena ciudad porteña y lejos de las bandas de criminales, cómo ella solía decirles.

No me importaba la golpiza, si llegaba a eso y probablemente lo haría porque no me engañé a mí mismo pensando que podía vencerlo en una pelea justa. Era más grande, más fuerte y, sin duda, más duro que un tipo que se ganaba la vida parado en un salón de clases y hablando con la boca.

Pero fue la mirada en los ojos de ella cuando me desafió a hacer algo con respecto a los insultos de Marcos, la forma en que dejó que él la abrazara y la frotara, la forma fácil y familiar en que sus manos la recorrieron…

Creo que siempre lo supe, pero ahora no podía obligarme a ignorar la verdad de que él se la estaba cogiendo. En algún momento, en algún lugar, otro hombre tenía el centro de mi vida para él solo y ella estaba compartiendo con él cosas que nunca compartiría conmigo. ¿Cómo podés tener una vida cuando está construida sobre una mentira?

Me apoyé contra un árbol y miré hacia el cielo nocturno nublado y me pregunté cómo le dabas la vuelta a una vida que se había desviado en algún momento de la misma, y la hacías bien de nuevo.

¿Cómo debes de perdonar a una mujer que es toda tu vida cuando está entregando su cuerpo y probablemente su amor a otro hombre? Me pregunté si se reirían de mí cuando estaban juntos. ¿Realmente me había llamado idiota? ¿Era yo tan pequeño o él era tan grande? No pensé que era pequeño lo que tenía allí abajo. Al menos nunca había recibido ninguna queja.

Estaba metido en mis pensamientos cuando escuché el tropezar de un cuerpo que se estrellaba contra los arbustos y rebotaba en los árboles, culminando en un tropiezo a orillas del lago. Se detuvo a unos tres metros de mí, frente al lago oscuro en dónde nos encontrábamos, ni siquiera me miró, sino que se bajó el cierre del pantalón y soltó un chorro de meo. Escuché su meo golpeando las hojas de los arbustos frente a él.

Incluso desde atrás sabía quién era. No tenía intención de hacerle nada. Según mi propia filosofía el golpear a la gente era la forma de arreglar las cosas entre idiotas. Realmente nunca se resolvía nada con la violencia.

Así que me sorprendió muchísimo cuando le dio una última sacudida a su pene y lo metió de vuelta, dándose la vuelta para retroceder, para encontrarme golpeándolo en un lado de la cara con toda la fuerza que pude reunir por la velocidad de la carrera que usé para que el mismo golpe tuviera aún más fuerza al estrellar mi puño sobre su rostro. Él giró y cayó sin una palabra, solo gimiendo de dolor cuando golpeó el suelo.

Antes de que pudiera ponerse de pie le di una patada tan fuerte como pude en el estómago, levantando todo su cuerpo. Esta vez gruñó con fuerza. Volví a intentar patearlo en los testículos, pero esta vez se volvió lo suficiente como para atrapar mi patada agarrándome el pie y tirándome hacia atrás y bien lejos de él. Desequilibrado, caí hacia atrás.

Cuando estuve sobre mis codos mirando a través de la noche oscura, él estaba sobre sus manos y rodillas. Se tocó la frente con un dedo y vió algo oscuro y brillante. Había desgarrado la carne con mi puñetazo, probablemente con el anillo universitario en mi mano derecha que tenía dos diamantes sostenidos con pequeñas puntas.

“- Maldita sea, Luis. No pensé que los tuvieras bien puestos, marica. Por supuesto, tuviste que acercarte sigilosamente hacia mí, pero al menos tuviste las pelotas para tratar de golpearme. Pero ahora te voy a lastimar mucho, y muy mal, chico. Y estaré en lo correcto porque les diré a todos, incluida a Daiana, cómo me golpeaste”.

Estaba tratando de levantarme cuando se lanzó hacia mí. Caí debajo de su cuerpo que era más grande y más pesado, tratando de liberarme. Levantándose un poco, levantó el puño. Ni siquiera lo vi golpearme, pero me dolió como el infierno. Sentí como si alguien me hubiera golpeado un lado de la cabeza con un gong de metal. Hubo un zumbido en mis oídos y la visión en ese ojo se volvió negra por un instante.

Entonces algo se estrelló contra mi nariz y la sangre estaba por todas partes y no pude respirar por un instante. Antes de que pudiera recuperarme de eso, el mundo explotó de nuevo y no pude ver nada. Me pregunté si me había cegado, pero empujándolo por un segundo me di cuenta de que solo era un flujo de sangre en ambos ojos que me cegó por un momento.

Pude mover mi cabeza lo suficiente y nunca estuve realmente seguro de cómo supe moverla para que su próximo golpe me pasara y perdiera el equilibrio y se tropezara. Me puse de pie y cuando él se arrodilló le aplasté la cara con la suela de mi zapato y me deleité al ver el chorro de sangre cuando sentí que su nariz y su cartílago crujían bajo mi talón.

Cayó hacia atrás gruñendo y emitiendo sonidos que no eran palabras. Traté de patearlo de nuevo, pero de alguna manera evitó el empujón y enterró su gran puño profundamente en mi estómago y luego me empujó y me apartó. Caí hacia atrás jadeando bocanadas de aire. Cada vez que respiraba, sentía como si algo afilado intentara salirse de mi pecho. El bastardo me había roto las costillas.

Rodó hacia atrás y se levantó sobre sus manos y rodillas. En la oscuridad, su nariz destrozada y sus gruñidos me recordaron a un peligroso jabalí que había ido a cazar con Ricardo Vidal un día antes de casarme; una especie de experiencia de unión, supongo. La mirada en sus ojos no era humana. Y ahora empecé a asustarme. Él no solo iba a lastimarme. Creo que se había vuelto loco y me mataría si pudiera.

Tuve que levantarme porque no podía dejar que me derribara de nuevo. Sabía que si me derribaba esta vez, me mataría a golpes usando su peso y fuerza superiores.

No sabía si podría hacerlo, pero cuando se abalanzó sobre mí logré levantarme y salir de su camino. Cayó de nuevo sobre sus manos y rodillas, apoyándose en la mano izquierda, con el brazo derecho tratando de recuperar el equilibrio. En ese momento no pensé, solo reaccioné. Creo que debo haber visto el movimiento en algún combate de artes marciales o UFC en algún momento de mi vida. Agarré su brazo derecho, lo sostuve y bajé sobre su codo trasero y la parte superior de sus brazos con ambas rodillas y usé todo mi peso.

Escuché y sentí algo, cómo que algo se hubiese roto y entonces, él gritó. Rodó de un lado al otro tratando de quitarme de encima, pero me aferré como un bull terrier, tirando y sacudiendo el maldito brazo una y otra vez. Finalmente se tumbó de espaldas y antes de que tratara de patearme, bajé con ambas rodillas sobre su codo y la parte superior del brazo del otro lado esta vez.

Intentó gritar pero fue un grito ahogado como si no pudiera respirar. Pateé el codo otra vez, y luego otra vez, y luego simplemente me apoyé en él con todo mi peso y lo mantuve allí mientras él se retorcía como un pez tratando de salir del anzuelo.

Finalmente lo solté y caí hacia atrás. Ya no le tenía miedo. Sostuvo el brazo contra sí mismo y simplemente rodó de un lado a otro sobre su espalda en la hierba. Estaba jadeando y llorando.

Probablemente debería haberme sentido peor por lo que le había hecho, pero el bastardo me había robado a mi esposa y probablemente había destruido mi matrimonio y me había costado a mis dos hijos. Así que me costó mucho sentirme muy mal.

Mientras gemía, me di cuenta de que todavía podía escuchar el débil sonido de la fiesta en la Estancia Familiar desde la tierra. No hubo gritos, nadie llamó. Nadie había oído nada.

Rodé hacia él y agarré su brazo derecho herido. Intentó golpearme, pero el apartarlo un par de veces le provocó gritos y el fin de su resistencia.

“- Idiota. Ya me rompiste el brazo. Ésta te la doy como valida, maldito seas. Tú ganas. Voy a necesitar ayuda, necesito ir al hospital”.

“- En un rato, Marcos. Ocupémonos de otros asuntos, primero.”

“- Vete a la mierda. Yo mismo pediré ayuda, entonces.”

Después de que le di un puñetazo en el codo ya hinchado un par de veces, se lo pensó mejor.

Agarré su mano derecha y la aparté de su cuerpo. No tenía la fuerza para detenerme. Tomé su dedo meñique y lo sostuve en mi mano derecha, con mi izquierda inclinada hacia abajo para inmovilizar su brazo.

“- Te voy a hacer algunas preguntas, Marcos, y me dirás la verdad”.

“- Vete a la mierda, vete a la mierda. Cómeme la pija, idiota citadino.”

Agarré el dedo meñique con firmeza y tiré de él hacia atrás hasta que escuché el chasquido de su dedo y quedó colgando al final de su mano. Sus ojos se abrieron de par en par y habría gritado si no lo hubiera golpeado tan fuerte como pude en su plexo solar, dejándolo sin aire. Tosió, jadeó por aire y gimió. Esperé hasta que pensé que me estaba escuchando de nuevo.

“- Cada vez que me mientas, o no me guste tu respuesta, te voy a romper otro dedo, Marcos, y cuando me quede sin dedos, voy a empezar con los dedos de los pies y luego buscaré otros huesos para trabajar. ¿Me entendés?”

Finalmente asintió y luego dijo en voz baja: “- Estás en la cima, Luis, así que te diré lo que quieras. Pero llegará un día en que yo esté en la cima. Y cuando lo haga, creo que simplemente vas a desaparecer. Tu cuerpo terminará en algún pantano o ciénaga a 20 millas y nadie sabrá nunca lo que te pasó”.

“- Tal vez, pero por ahora, quiero saber cuánto tiempo has estado cogiendo con Daiana”.

Se quedó en silencio por un momento.

“- ¿Esta vez, o antes?”

“- Ya sé que te la estabas cogiendo cuando la conocí. Quiero decir, desde que estamos casados.”

Él sonrió. Tuve la tentación de romperle otro dedo, pero quería guardarlos en caso de que realmente los necesitara.

“- Alrededor de cuatro años”.

“- ¡Cuatro años!”

“- Sí.”

“- ¿Cómo… cómo sucedió? ¿Con qué frecuencia?”

Había una sonrisa de regodeo pero se desvaneció y por su tono creí sus palabras.

“- Yo estaba detrás de ella desde el día después de que te casaras con ella. Intenté de todo, me presenté en su trabajo, me detuve en la casa, me puse triste, traté de hacerla reír. Le canté canciones con acompañamiento musical… pero ella nunca te engañaría. Y eso me volvía loco. Entonces, un día, hace unos cuatro o cuatro años y medio, se me acercó cuando salía de un 7-11. No sonreía ni coqueteaba, pero me preguntó si me gustaría ir a algún lugar a tomar un café. No hicimos nada ese día, ni durante otros seis meses, pero ella me persiguió. Y luego, un día, terminamos en mi casa y ella se volvió loca conmigo. Ella me la chupó, me cogió, me hizo tomar su culo, me cogió las tetas, hizo todo lo que una mujer podía por ti. Ella actuó como si estuviera hambrienta por eso. Prácticamente me violó. Dios, fue genial. Traté de tener cuatro años de sexo en un día y casi lo logramos”.

Intentó reírse, pero se atragantó y tuvo que inclinar la cabeza y escupir sangre y lo que parecía la astilla blanca de un diente.

Respiró lentamente y luego dijo: “- Pensé que la había recuperado. Pensé que ella te dejaría. Pasé por tu casa al día siguiente y me golpeó cuando traté de agarrarle la teta. Me gritó y juró que llamaría a la policía y me arrestarían por violación. Quería matarla, estaba tan enojado. Ella era solo una puta mentirosa que engañaba. Así que me fui. Y no la vi durante tres largos meses. Traté de mantenerme alejado de ella. Hombre, nunca estuve tan enojado en mi vida con alguien. Y entonces un día-“

Volvió a escupir y apoyó la cabeza en la hierba.

“- Ella apareció en mi casa otra vez. Ni una palabra, simplemente entró, se dejó caer de rodillas, me bajó el cierre y me chupó hasta que me corrí sobre ella. Entramos en el dormitorio y no salimos durante 48 horas. Me dijo que habías llevado a los niños a ver a tu mamá a la capital y que te ibas a ir por una semana. Cogimos durante cinco días y de vez en cuando”.

Sacudió la cabeza y me miró con lo que casi parecía una sonrisa amistosa, una sonrisa de chico en esa ruina de rostro.

“- Mierda, todos somos estúpidos como el infierno cuando nos agitan la concha en nuestras caras. Pensé que la tenía de nuevo, pero tan pronto como volviste, ella no me dio la hora del día. Cuando la visitaba mientras tú estabas allí, ella era amigable, pero eso era todo. Nada de tocarnos, nada de cogidas. Nada de nada”.

Trató de mover la mano que tenía inmovilizada, pero solo pudo hacer una mueca cuando puse la más mínima presión sobre ella.

“- Y así han sido los últimos cuatro años. Cada tres o cuatro meses viene y nos rompemos los sesos durante uno o dos días y luego vuelve contigo y es como si nunca hubiera pasado nada de nada.”

Traté de procesar lo que me había dicho. Esto no fue una aventura de una noche. ¡Cuatro años! ¡Cuatro malditos años me había estado apuñalando por la espalda! Disfrutando de una vida con un tipo que no tenía grasa debajo de las uñas y que le dio una buena vida y ella lo único que tenía que hacer era aguantar a su puta aburrida.

Marcos volvió a gritar y se levantó, pero pude sujetarlo hasta que dejó de temblar.

“- Lo lamento. Ni siquiera planeé romperte ese. Me perdí por un minuto”.

“- Te voy a matar, lento…”

No quería saberlo, pero era como sacar una costra de una llaga que me dolía. Tuve que hacerlo. Agarré otro dedo y él casi trató de golpearme torpemente antes de darse cuenta de que podía seguir lastimándolo y él no podía detenerme.

“- ¿Así que se quedó conmigo por el dinero? De lo contrario, ¿me habría dejado por tu gran pija? ¿Es asi?”

Gimió suavemente por lo bajo y luego me sorprendió riéndose.

“- Maldito idiota. No lo entiendes, ¿verdad?”

“¿Qué no entiendo?”

“- Ella nunca necesitó tu dinero, imbécil. Conduzco una retroexcavadora y gano casi tanto como tú, según me dijo una vez en la cama. Y sabes que Ricardo y Caro lo tienen todo preparado para dividir todo su dinero antes de morir. En unos años podrá comprarte y venderte a su antojo, imbécil. No eres un maldito premio en dinero.”

“- ¿Entonces por qué?”

“- Ella te ama, maldito imbécil. ¿Por qué? Nunca lo sabré.”

“- ¿Ella me ama, pero coge con vos?”

“- Jesucristo. No tienes ni puta idea, ¿verdad? Ella saca más provecho de su vibrador de lo que jamás haya obtenido de ti. Una vez me dijo que podía irse a dormir mientras la cogías. Así de emocionante eres TÚ. Ella trata de serte fiel, pero tarde o temprano se pone tan cachonda que podría gritar y viene a mí. Y la hago gritar. ¿Sabes una cosa, idiota? Nunca la he follado sin que ella gritara cuando me corría. Solía bromear con ella llamándola la gritona cuando salíamos. Era la mujer más salvaje con la que cogía. Y tú la pusiste a dormir.”

Entonces me miró y por primera vez en mi vida sentí la tentación de matar a un hombre. Probablemente podría haberlo matado.Me conformé con romperle otro dedo, presioné la parte superior de mi brazo en su garganta para ahogar su grito.

Cuando dejó de intentar gritar, me solté de él, agarré el cierre de sus pantalones y se lo desabroché. Trató de detenerme, pero saqué su pene flácido de sus pantalones y lo apreté con fuerza.

“- Por favor…” gimió.

“- ¿Por favor qué?” Dije apretando un poco más fuerte. No debe haber sido demasiado erótico porque no se puso duro, pero dolió como el demonio seguramente.

“- Se me ocurre, amante, que tal vez no pueda satisfacerla como tú, pero puedo asegurarme de que nunca vuelvas a complacerla a ella ni a ninguna otra mujer. Podría tirar muy fuerte o usar esa navaja que tengo en el bolsillo izquierdo del pantalón. ¿Recuerdas a ese tipo cuya esposa le cortó la pija hace años? Creo que se convirtió en una estrella del porno después de que se lo cosieran. Bueno, creo que voy a caminar alrededor del lago, tirarlo al agua y, con un poco de suerte, algúna alimaña que vive allí se tragará la maldita cosa. Sí, me gustaría eso. Convertirte en una mujer.”

Disfruté la mirada de miedo en su rostro. Por primera vez realmente había atravesado su caparazón. Él creía que tomaría su hombría. No pensé que él fuera el tipo de hombre que podría vivir con eso.

De repente quise hacerlo. Estaba pensando en mutilar a un hombre porque no podía complacer a mi puta esposa. Solo estaba haciendo lo que muchos harían. Pero él no fue el que me había traicionando. Daiana, en cambio, si lo había hecho.

Solté su pene y trató de alejarse de mí para proteger sus partes íntimas. Me puse de pie y dejé que su brazo y su mano arruinados cayeran al suelo. Me giré para alejarme de él cuando dijo: “- Crees que soy el malo. Soy el bastardo hijo de su madre que robó tu esposa y arruinó tu matrimonio perfecto.”

No miré hacia atrás, pero sonaba como si estuviera llorando.

“- ¿Pero sabes una cosa? Tú eres el que arruinó todo. Ella se iba a casar conmigo, ¿Lo sabías? Ella iba a… Esos dos hijos tuyos habrían sido míos. Ella me amaba, o lo habría hecho. Habíamos estado juntos desde la secundaria. Éramos dinamita en la cama. Éramos el mismo tipo de personas. Hubiésemos sido felices. Y luego apareciste con tu boca inteligente y buena apariencia y hablando de cosas que ella nunca había visto o imaginado antes. Y la engañaste haciéndole creer que eras el hombre para ella.”

Volví a mirarlo.

“- Estúpido bastardo. Soy lo mejor que le ha pasado. Simplemente nunca has podido soportar que te la haya quitado.”

“- Sí, supongo que tienes razón, chico inteligente. Y mira lo feliz que la ha hecho a ella y a todos los demás. Ella trató de amarte y vivir sin sexo y trató de permanecer en un matrimonio que la está matando. Perdí a la mujer que amaba y que debería haber tenido. Tengo que escabullirme para estar con ella y verla irse a casa contigo de estas fiestas. Y tú, pobre hijo de puta. Siempre serás un pobre segundo para mí en la cama. Cada vez que vayas a cogértela por el resto de tu vida, sabrás que está soñando conmigo. No creo que puedas soportar eso. Pero un marica como tú, incluso podrías llegar a disfrutarlo…”

Y eso fue lo último que dijo antes de quedar inconsciente por el dolor.

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- ¡Tú…! ¡Fuiste tú!”

Ella solo me miró.

“- Supongo que no quería admitir que un pene de lápiz podría arruinarlo tanto, así que se le ocurrió esa historia sobre los motociclistas malos”.

“- ¿Es esa la razón de…?”

“- Me lo contó todo, Daiana. Y yo le creo. La gente normalmente no miente cuando les rompes los dedos”.

“- Oh Dios.”

“Cuatro años. ¡CUATRO MALDITOS AÑOS! ¿Y te hizo gritar todo el tiempo? ¿Era mucho más grande que yo?”

Las lágrimas rodaron por su rostro sobre las manchas. No podía creer que una parte de mí la odiara y una gran parte todavía la amaba.

“- No bebé. Tal vez un poco, pero eso no es todo. Es… es difícil de explicar. Así fue desde la primera vez que lo hicimos. Ningún otro hombre me ha afectado de esa manera. Fue como… fue como si recibiera una descarga eléctrica cuando metió su pija dentro de mí. No es eso, pero es lo más cerca que puedo llegar a explicarlo. Y supongo que, tal vez, si te hubiera dicho eso…”

“- Que te aburría hasta las lágrimas…”

“- Que no me excitabas como él, tal vez podríamos haber probado algunas cosas diferentes, algunos juguetes o incluso drogas, pero… ¿cómo podría decirte a ti, al hombre que amaba, que otro hombre hizo que el sexo fuera maravilloso y que estuviera bien contigo. Sabía que nunca serías capaz de soportar eso. El ego de ningún hombre podría soportarlo”.

“- Entonces, ¿por qué no me dejaste si él era taaaan maravilloso?”

“- No, no lo era. Fue el sexo con él lo que era maravilloso. Pero a vos.... A vos te amo.”

Extendí la mano y toqué un lado de su cara, secándole una lágrima.

“- Sé que no estás enamorada de mí, pero creo que me amas a mí y a nuestro matrimonio. Pero..”

Dejé todo lo demás sin decir cuando la rodeé y comencé a mover el equipaje y la computadora portátil a nuestro Saturn familiar. La dejaría con el Ford Escort más grande para ella y los niños. Me tomó tres viajes pero finalmente terminé y regresé a la casa. Ella no parecía haberse movido.

Extendió las manos como para agarrarme, pero las dejó colgando en el aire.

“- No quiero esto, cariño. No sé cómo, pero tiene que haber alguna manera de arreglar todo esto”.

“- No. No la hay. Y no creo que la haya por mucho tiempo.”

Me incliné para besarla y probé sus lágrimas.

“- Nuestro matrimonio ha terminado. Quiero ver a nuestros hijos y permanecer en su vida, pero ya no hay un ‘nosotros’”.

“- Porque me odias, ¿No?”

Miré sus ojos brillantes.

“- No, estás muy equivocada. Es justo todo lo contrario. Por que te amo, Daiana. Por eso es tan difícil para mí el hacer esto. Pero no se puede dar vida a algo que ya está muerto hace tiempo.”

“- Podríamos ir a terapia, ver a un terapeuta sexual, Luis. Cualquier cosa.”

“- No lo haremos, Daiana. No lo haremos porque en el fondo ya no querés estar casada conmigo. No creo que alguna vez podamos hacer que funcione lo nuestro, otra vez. No, después de todo esto que se destapó.”

“- ¿Cómo podés decir eso?”

“- Recordá que te dije que el silencio es elocuente. A veces el silencio dice más que las palabras. Sé que realmente no querés salvar nuestro matrimonio porque desde que te avisé que me iba, nunca dijiste las dos cosas que me habrían demostrado que todavía me amabas como me decías. Son las primeras cosas que te hubiera dicho yo en tu lugar, pero nunca salieron de tu boca”.

Nos miramos el uno al otro y la pregunta era clara en sus ojos.

“- Nunca dijiste, ‘No te vayas, por favor no te vayas’”.

Y en ese preciso momento… me quite mi anillo de casados… agarré su mano… y le di el mismo anillo… para luego cerrar su mano.

Y fue justo cuando hice eso que finalmente se sintió derrotada. Se arrodilló y hundió la cara entre las manos. Y así sin más, dejé a Daiana, la mujer que amé por ocho largos años… y que aún sigo amando, llorando, cuando salí por la puerta de ‘nuestra’ casa por última vez, ahora como un hombre libre y soltero.

EL FIN.

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Nota del autor: Cómo ya les dije, este relato no es de mi autoría. Pero tuve el agrado de que el autor real me lo prestara, junto con otros, para traerselos a ustedes. Bajo autorización del mismo autor podía hacer con el lo que yo deseara. Opte por hacer una traducción del mismo y agregarle algunas cosas y sacarles otras, cómo así también cambiar los nombres a algunos protagonistas para hacerlos más acordé a nuestro idiomas y países de origen. Algunos nombres fueron cambiados y otros tan solo fueron traducidos. Solo debía de cumplir una cosa si o si. El relato debía mantener el mensaje original que el autor quiso dar a sus lectores. Espero haya podido cumplir con ese requisito. La razón por la que opte por hacer lo que hice se debió a que el mismo relato era muy bueno así como era y no merecía ser tocado demasiado hasta destruirlo.

Si quieren conocer al mismo autor y todas sus obras tan solo deben ir al foro Literotica y buscar a DanielleQSteele. Hubiera querido poder cumplir mi promesa de mantenerlo anónimo al autor, por decisión del mismo autor, pero alguien de este sitio sin saber la historia de trasfondo que había tras la publicación de este relato, generó una polémica y me acuso de algo que jamás en la vida haría yo.

Bueno, ahora solo queda una cosa. Acabar con mi historia de Gerardo y Cinthia y empezar con la nueva trilogía \"Tauro con Leo\".

Nos vemos en unas semanas. Espero hayan disfrutado de esta historia que les traje.

San.