Un despiste me condujo a mi sumisión (8)
No es solo dolor lo que busca, es pertenencia. Cuando las mujeres deciden que tu piel es su lienzo, cada quemadura se convierte en una firma y cada latigazo en una promesa de entrega total.
Carmen tomó el paquete, sacó un cigarrillo, lo encendió y dándole una calada se acercó a Merche besándole la boca y compartiendo el humo que llenando sus bocas rebosaba dejándolo es escapar de una forma lenta y muy sensual. Se lo entregó y la invitó.
Aquí lo tienes, disfrútalo mi amor.
Carmen le dio la mano a Merche acercándose ambas a la cruz donde me encontraba. Mi Ama Carmen lo primero que hizo fue dar un tirón de la cadena y liberar mi pezón de la pinza. El dolor al quitarla es brutal pero con la mordaza, solo podía mirarle y gesticular.
Merche voy a atarlo con unas correas a la cruz para que lo marques a tu gusto sin que se pueda mover y entorpecerte.
Mi Ama Carmen tomó unas correas que pasándolas por mi pecho y abdomen me dejaron totalmente inmóvil. Después me comenzó a pasar una vuelta tras otra un plástico, al igual que se hace con las maletas.
Pero así como lo voy a marcar, Carmen.
Espera, aún no he terminado. Mira lo que voy a hacer.
Tomó unas tijeras recortando un círculo alrededor de mis pezones que quedaron a la vista de Ellas.
Puedo hacer lo mismo con sus partes bajas si lo deseas,
Si, por favor me gusta tener a la vista solo donde lo voy a marcar.
Hizo la misma operación con mis genitales dejando colgando mis testículos y mi polla.
Creo que ya está bien preparado. Cuando lo desees puedes empezar.
No te vayas quiero que compartas este momento conmigo. Toma mi cigarro y me lo vas preparando y me lo pasas.
Merche le pasó su cigarrillo y Carme le fue dando chupadas para mantenerlo bien encendido. Cuando se lo devolvía procuraba que no tuviera ceniza en la punta. Para ello tomaba mi polla y separando la piel que la cubría dejaba caer la ceniza. Mi polla era su cenicero.
¡Que buena idea has tenido usando su polla como cenicero!
La ceniza no siempre la dejaba caer apagada provocando una pequeña quemazón. Cada vez que daba una calada al cigarro se acercaba y me echaba todo el humo de su boca en mi cara para después pasárselo a Merche.
Cerdo mío, a partir de ahora vas a estar marcado por mi también. Serás nuestro cerdo y llevarás nuestra marca.
Diciendo esto procedió a ir acercando el cigarro a mi pezón varías veces hasta que dejaba de estar suficientemente encendido y se lo volvía a pasar a Carmen. No sabía que me dolía más, si el pezón marcado por mi Ama Carmen o el que estaba siéndolo por Merche. Cuando creía parar un poco era mi polla la que sufría la marca.
Creo que la marca perdurará en el tiempo. Vamos a realizar una marca más duradera.
Merche cogió mi polla con su mano, estiró la piel hacia atrás dejando mi glande al descubierto.
Pásame el cigarro Carmen.
Vi como le daba una chupada fuerte al cigarrillo procurando que quedara la punta incandescente y se lo pasaba a Merche. En ese momento se acercó a mi besándome.
Me gusta que estes marcado. Como esclavo mío que eres debes estarlo y eso lo entiendes, ¿no?
Moví mi cabeza en señal de afirmación cuando noté el cigarro realizar su función al quedar atrapado entre mi polla y la piel que la cubría. Mi Ama Merche se encargó que la marca fuera suficientemente a su gusto apretando con sus dedos la piel para que la colilla permaneciera dentro y realizara la marca deseada.
Carmen, creo que ha quedado muy bien. Vamos a darle la vuelta al cerdo estoy deseando probar tu juguetito. Ja, ja, ja.
Si yo también estoy deseándolo.
Me soltaron las piernas y los brazos para a continuación tirar de la correa y llevarme hasta los sillones donde se sentaron cómodamente y a mi me echaron al suelo.
¿Como te encuentras perro? Te diré que te has portado muy bien, no nos has defraudado y has hecho que me sienta muy orgullosa de poseerte como mi esclavo, además de como me has hecho sentir al compartirte con mi amiga Merche. Te quiero mucho y es por eso que te cuidaré y te marcaré para que todo el mundo sepa a quien perteneces.
Gracias mi Ama, es un orgullo saber que le hago sentir así. Gracias de nuevo.
Bien ahora ya sabes que vamos a continuar disfrutando de ti tanto Merche como yo y espero y deseo que tu comportamiento no solo sea id guay sino mejor.
No les defraudaré mis Amas.
Antes de llevarte nuevamente a la cruz limpia bien el suelo.
Desde la misma posición me moví lamiendo con mi lengua todo el suelo lleno de ceniza, las colillas y algún que otro escupitajo. Cualquiera que me viera no entendería que lo hiciera sin rechistar y con tanto gusto y placer. El secreto era siempre el mismo, era de forma voluntaria el esclavo de mi Ama y por Ella no solo todo me agradaba y me gustaba sino que deseaba que el trato y las humillaciones recibidas fueran cada vez mayores para así demostrarle mi entrega y mi servicio.
Ya está todo limpio mis Señoras.
Una patada de la Señora Merche hizo que me levantara para tirando de mi correa me llevaran de nuevo a la cruz.
Ahora colócate de espaldas, tienes una piel muy blanca y no nos gusta, ¿verdad Carmen?
Si cariño. Encárgate tú de los brazos, yo lo haré con sus piernas.
Ya atado de nuevo a la cruz ambas se colocaron tras de mi y pasando sus dedos por mis pezones me devolvieron el dolor/ placer deseado. Antes de separarse de mi, Merche me cogió la polla por detrás iniciando una masturbación lenta pero intensa que me provocó una erección brutal acompañada de un dolor que no pude aliviar estando inmovilizado en la cruz.
Merche, ¿le colocamos la mordaza o prefieres escucharle?
Como está habitación la tienes insonorizada por mi prefiero escucharle
Mi Ama Carmen cerró la puerta y solo pude escuchar unos tacones moverse a mi espalda para a continuación sentir la fusta en mi culo. Uno tras otro la fusta de Merche golpeaba mi culo hasta provocar en el un dolor permanente que hizo que cuando sentí el látigo trenzado de mi Señora Carmen en mi espalda soltara un grito de dolor. Toda mi espalda recibió las caricias de las bolitas del látigo trenzado que me había enseñado mi Ama.
¡Guau, Carmen, que bonitas marcas han dejado las bolitas en su espalda! Déjamelo, por favor.
Claro que si, tómalo mi amor.
Noté que se habían intercambiado los útiles usados para acariciarme, por su intensidad. A Merche le gustaba más provocar mucho más dolor, era muy sádica.
Si, así vas estar siempre. No olvidaras a quien perteneces nunca, te lo aseguro. Ahora, quiero escuchar como agradeces el mimo y el amor que te damos. ¡Vamos perro!
A cada latigazo debía agradecérselo.
Gracias, se lo suplico mi Ama Merche, mas, necesito más de sus caricias, por favor continúe. Gracias.
Desde luego Carmen que agradecido es, me encanta. Yo voy a descansar te lo dejo.
Fue muy poco tiempo pero lo agradecí mientras Merche se sentaba y ocupaba su lugar con la fusta silbando en el aire.
Merche, me has dejado poco espacio para marcarlo a mi gusto. Pero bueno aún veo que hay espacio sin marcar en su cuerpo.
Terminando de decir esto la fusta de mi Señora Carmen encontró espacios en mi cuerpo donde marcarme. Sin parar la fusta silbaba en el aire para golpear mi piel y dejar su huella. Nunca antes se había empleado de esta manera conmigo. Supuse que contagiada del sadismo de su amiga Merche.
¿Cuanto me amas mi perro?, quiero saber lo que sientes por mi.
Sin cesar en sus latigazos con la fusta intenté poder responderle como Ella deseaba y esperaba.
Pus Bien, me han gustado tus palabras. Bueno Merche vamos a deleitarnos con las marcas de su cuerpo. Sentémonos y fumemos un cigarrillo mientras.
Sentadas escuchaba como se regodeaban en las distintas marcas dejadas en mi cuerpo por cada una de Ellas. Mientras, yo seguía colgado en la cruz. Me mantenía en pie gracias a las abrazaderas que me sujetaban a la cruz. Temía que me soltaran pues no estaba seguro de poder mantenerme en pie.
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