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Dominaciónene 2023

Un despiste me condujo a mi sumisión (7)

No es solo obediencia lo que buscan; quieren marcas, quieren gritos ahogados y quieren ver cómo su cuerpo responde al dolor. Esta vez, el castigo no será un juego, sino una lección de fuego y hierro.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

La visión de mis Amas acariciándose con tanta lujuria y deseo me hacían muy feliz. Al fin y al cabo era consciente que yo solo era un objeto para contribuir a su felicidad y a hacerles su vida sencilla y plácida.

Mientras terminaba de dejarlo todo limpio oía gritos, gemidos y risas que provenían del dormitorio. Puse atención e intentar escuchar lo que hablaban.

Cariño estoy deseando de que llegue el momento de probar tus cositas en su cuerpo. ¿Te importa si le dejo marcas?

No, que va para eso lo tenemos. Él está y vive solo para complacernos y obedecer. ¿Como piensas marcarlo?, recuerdo que lo que más te gustaba era la fusta.

Si, me encanta el silbido en el aire que produce antes de golpear la piel del esclavo. Me excita mucho.

A mi me sigue entusiasmando el látigo corto de colas. Hoy voy a estrenar uno que he comprado y tiene trenzadas las tiras con unas pequeñas bolitas metálicas en las puntas.

Guau Carmen, me vas a tener que dejar que lo pruebe. Seguro que las marcas que deja son mucho mayores que las de mi fusta. Mira como me has puesto Carmen, pon tu mano aquí.

Cuando llegué al dormitorio pude ver como la mano de Merche cogía la de mi Ama Carmen y la llevaba hasta su coño para después moverla con movimientos circulares. Mi Ama Merche se dejó caer hacia atrás a la vez que presionaba con su mano la de Carmen.

Si, sigue así. Más fuerte, como tú sabes que me gusta. Más, más, más Carmen.

La cara de Merche se transformó, sus gemidos aumentaron hasta llegar a gritar a la vez que se fundían en un abrazo muy fuerte.

¡Guau!,Carmen hacía tiempo que no alcanzaba un orgasmo tan fuerte. Eres única. Y mira nuestro pobre esclavo, me parece que está esperando y deseando que le prestemos atención.

Pronto nos ocuparemos de él. Ahora vamos a descansar un poco, mi cielo.

Ambas se acostaron abrazadas mientras yo trataba de descansar a la espera de que se despertaran de la siesta y saber lo que deseaban. Al cabo de unas horas noté que se movían en la cama.

-Esclavo, ¿estas ahí?

Si mi Ama, aquí estoy. ¿Que desea?

Pues échate en el suelo y prepárate que me va a reventar la vejiga.

Me eché en el suelo boca arriba y coloqué mis brazos de manera que pudiera sentarse sobre ellos mientras orinaba de forma cómoda, como si estuviera sentada en el wc.

Muy bien, así me gusta. ¿Estas preparado?

Si, mi Ama Carmen.

¡Bébetelo todo cerdo!, deseo que lo disfrutes mucho. Es un regalo que te hago con todo mi amor. Ja, ja, ja. Está bien, ahora límpiame con tu lengua, sabes que me gusta estar bien aseada.

El sabor de su orina fuerte y concentrada me gustaba cada día más. No era porque me gustará beberla sino por lo de humillante que suponía el saberme usado para tal fin debiendo obedecer a mi Ama. Ahora pasaba mi lengua alrededor de mi boca para recoger cualquier gota de su orina que hubiera quedado.

¿Nos levantamos ya, amor mío? Estoy deseando probar tu juguetito.

Vale, vamos allá. Esclavo levanta y vete a la habitación. Ahora vamos nosotras.

Me levanté y me dirigí a la habitación donde estaba la cruz y todos los juguetes de mi Ama.

Solo con mirarla ya temblaba de no saber lo que me esperaba. Al cabo de un rato escuché los tacones de mis Amas que se habían calzado unas botas por encima de la rodilla. Iban impresionantemente vestidas. Carmen con un top de cuero que de tan ajustado realzaba su pecho que ya de por sí era muy voluminoso y con la falda a juego estaba muy excitante. En cuanto a Merche optó por medias y liguero además de un sujetador con aberturas para sus pezones. Ambas muy maquilladas. Realmente estaban muy sensuales. Tanto que mi excitación se hizo patente.

¿Te has dado cuenta como se le ha puesto la polla al perro? Se la vamos a bajar enseguida.

Ponte en la cruz, cerdo.

Puesto en la cruz me sujetaron a ella dejándome inmóvil y en sus manos. Merche se acercó y comenzó a amarrar mis testículos y mi polla dejando un extremo de la cuerda para tirar de ella. Mientras, mi Ama Carmen colocó unas pinzas dentadas en mis pezones acercando su boca y mordiéndolas antes de separarse de mí y susurrándome muy bajo unas palabras de cariño.

Solo deseamos que disfrutes tanto como vamos a hacerlo nosotras, mi perro.

Diciendo esto sentí un tirón de la cuerda de mis genitales y un golpe de fusta en ella.

Creo que tendremos que aplicarle un correctivo mayor. Mira como tiene su polla.

No podía bajar la erección ya que el amarre era muy fuerte e impedía hacerlo. Ellas lo sabían pero gustaban de justificar los correctivos.

Si, claro que si. No podemos consentir esta desobediencia.

Mi Ama Carmen se acercó y enganchó una cadenita a cada una de las pinzas de mis pezones.

Merche, voy a encenderme un cigarro, ¿tu quieres?

Si, por favor enciéndeme uno.

Ver a las dos con sus cigarrillos encendidos me hacían presagiar lo que me podía esperar.

Merche, mira sus pezones.

No hizo falta que mi Ama Carmen le dijera nada.

Tira tu de la cadenita, vamos a ver lo que aguanta.

Mi Ama Carmen tiró nuevamente de la cadena estirando mis pezones. El dolor fue intenso escapándose un pequeño quejido.

No me apetece escuchar sus quejidos. ¿Tienes una mordaza de bola, Carmen?

Si, toma.

Merche encajo la bola en mi boca para después ajustar la correa alrededor de mi cara. No podía decir nada. Merche entonces le pidió a Carmen que volviera a estirar la cadenita. Volvió a tirar dejando muy estirados mis pezones. Aprovechando esto, Merche dio una calada @ su cigarro echándome la bocanada de humo a mi cara y mostrándome el cigarrillo lo colocó bajo uno de los pezones y acercándolo sentí como la quemazón hacia su efecto. Me hubiera gustado poder gritar pero la mordaza me lo impedía.

Creo que está marca le va a quedar preciosa. ¿Le marco yo el otro o prefieres hacerlo tú?

Me gustaría hacerlo a mi. Puedes sentarte que me basto yo sola.

Merche se sentó en un sillón frente a mi y continuó fumándose el cigarrillo a la vez que esbozaba una sonrisa de satisfacción. Mientras Carmen acercó su cara a la mía para hablarme muy bajo enseñándome su cigarrillo y dejando escapar el humo de su boca.

Como comprenderás tu verdadera Ama y Dueña soy yo, por encima de Merche y eso hace que la marca que mejor adorne tu cuerpo ha de ser la mía. Esto lo entiendes, ¿verdad, mi esclavo?

Claro mi Ama, así ha de ser.

Bien, voy a quitarte las pinzas de solo uno de tus pezones. No quiero que Merche crea que soy débil contigo quitándotelas las dos.

Gracias mi Ama. Se lo agradezco, casi no podía soportarlas.

Soy buena contigo siempre. Ahora voy a tirar de la cadenita.

Mi Ama Carmen tiró de la cadena que estaba unida a la pinza de mi pezón. El dolor volvió a ser muy agudo pero al menos me había liberado del otro. No cesó el dolor cuando de pronto vi como le daba una fuerte calada al cigarrillo dejando la punta muy a la vista de encendida. A continuación y sin titubear aplastó el cigarrillo sobre el pezón libre. No pude gritar pero mi saliva comenzó a caer por entre la comisura de mi boca provocado por el terrible dolor que estaba infringiéndome. Me había pillado desprevenido al creer en sus palabras. Y ahora retirando la colilla del pezón se la llevó a la boca para darle una fuerte chupada y encenderla otra vez. La miré fijamente a la cara babeando y con lágrimas en mis mejillas implorando su perdón.

Nunca olvides que vives para cumplir mis deseos por muy dolorosos que te puedan suponer.

,Guau, Carmen!, ha sido tan brutal que creo me he excitado hasta el punto de mojar mis bragas.

Pues si te has excitado mirando que te va a ocurrir ahora cuando te ofrezca hacerlo tú en el otro pezón..

¿De verdad, Carmen?

Vi como Merche se levantaba abrazando y besando a mi Ama Carmen.

Tenemos todo el tiempo, toma un cigarrillo. No pretenderás hacerlo con lo que te queda de ese.

Gracias cariño, estás en todo y sabes lo que disfruto con todo esto.

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