Un despiste me condujo a mi sumisión (6)
Carmen y Merche no solo quieren tu servicio; quieren tu humillación. Desde el centro comercial hasta el suelo de su cocina, cada gesto tuyo está diseñado para recordarte quién manda. Y lo peor: no estás solo en esto.
Así de incómodo y humillado continué acoplando el equipaje de mis Amas.
¡Esclavo!, prepárate que tenemos que ir a comprar al centro comercial.
Pero, ¿me cambiare de ropa?.
¿Por qué te vas a cambiar de ropa?, así estás muy bien. Presumiremos de tener una criada tan bien ataviada con ese vestido.
Pero, ¿así mi Ama? Habíamos hablado que todo sería en privado.
Pues ya ves que he cambiado de opinión y tú lo vas a acatar y a obedecer. ¿Verdad?.
Como Usted mande mi Ama Carmen. El pañal, ¿me lo puedo cambiar?
No, creo que puedes hacer aún más tus necesidades en el pañal. Solo tiene un pipí.
Así, con el vestido de criada, los zapatos de tacón y el collar en mi cuello nos dispusimos a ir de compras.
Espera un momento perro, te voy a retocar el maquillaje, quien se te ha corrido. Carmen, ¿le pongo rímel en las pestañas? Creo que si se lo pongo estará mucho más guapa.
Subimos al coche y me miré en el espejo. Mi cara parecía decir “soy muy puta”. Los labios no estaban perfilados, el rímel de las pestañas era tanto lo que me había puesto Merche que a penas podía abrir los ojos y mis ojos estaban fatalmente pintados. Estaba totalmente ruborizado solo de pensar la de gente que me vería nada más bajarnos del coche.
Toma un carro esclavo y síguenos.
Tras Ellas entramos en el centro comercial y estuvieron haciendo la compra para pasar estos días. Cuando ya nos dirigíamos a las cajas ocurrió que una señora las reconoció y se puso a saludarlas y a hablar con Ellas. Me miraba de reojo esperando que me presentaran a ella.
Mira Lola, está es nuestra criada que nos la hemos traído estos días. ¡Salúdala como corresponde!.
Le tomé la mano y se la besé a la vez que inclinaba mi rodilla ante ella.
Es un placer, señora Lola. Encantada de conocerle.
El placer espero que sea mío, ja, ja, ja, pues espero me invitareis a casa, ¿no?
Por supuesto, pásate mañana a comer si quieres.
Bien, gracias me pasaré.
Nos fuimos a la caja, pagamos y mientras Ellas hablaban yo colocaba todo en las bolsas y nos dirigimos hacia el coche. Yo llevaba toda la compra y andaba tras ellas que se habían encendido un cigarrillo. Ya en el coche las escuché hablar.
-¿Recuerdas a Lola, Merche?. Ella vive aquí todo el año y no te acordarás pero el año pasado estuvimos cenando cn ella y nos llegó a confesar sus gustos especiales en cuanto a relaciones.
Ah, si claro. Ahora si la recuerdo. Deseaba encontrar a un hombre sumiso para relación estable.
Efectivamente por eso la he invitado mañana a comer y así le presento a nuestro esclavo.
Mientras lo escuchaba todo no daba crédito a lo que me estaba imaginando. Mi Ama Carmen me había compartido con su amiga Merche y pretendía hacerlo también con Lola.
Lola era la mayor de todas, tendría unos 70 años, Merche y mi Ama un poco más jóvenes pero de 65 años. Las tres poseían un cuerpo mas bien entrado en carnes, con unos kilos de más pero todas ellas muy sensuales, elegantes en el vestir y muy guapas.
¿Lo estás oyendo, esclavo?, he invitado a Lola a que venga a casa a almorzar. Te tendrás que esmerar para causarle una buena impresión.
No lo dude Usted. No le defraudaré en absoluto.
Nada más llegar a casa bajé las bolsas de la compra y coloqué todo en su sitio.
Si has terminado quiero que vengas aquí.
Me acerqué donde estaban cómodamente sentadas.
Mira como se me han puesto las botas. ¿Sabes lo que tienes que hacer?
Sin responder me arrodillé, tomé en mis manos sus piernas enfundadas en las botas y comencé a pasar mi lengua por toda ella dejándola limpia y brillante. Cuando terminé me pisó haciendo que me tumbara en el suelo.
Las suelas están aún sucias, tendré que limpiarlas.
Comenzó a pasar las suelas de sus botas por mi pecho arañándome y dejándolas como Ella deseaba.
Que bonito está tu pecho. ¿Vas a limpiar mis botas también?
Me levanté y me puse al lado de mi Ama Carmen. Allí comencé a limpiar sus botas al igual que había hecho con las de su amiga Merche. Esta vez no esperé a que me enseñara las suelas sino que las tomé y con mi lengua las limpié.
Cerdo, ve y lávate bien esa boca tan sucia que tienes.
Me fui a lavar bien y me dispuse a prepararles el almuerzo. Cuando terminaron de almorzar me mandaron servirme un plato de comida para almorzar en su presencia.
Te vamos a permitir que almuerces con nosotras, esclavo. Acércate a la mesa aquí tienes el plato con tu comida.
Mi Ama Carmen tomó el plato para acercarlo donde yo estaba y aunque al principio creí que se le había caído al suelo cuando escuché las carcajadas de ambas supe que fue intencionado.
Ja, ja, ja, ja, ¿Creías que ibas a ser digno de comer en la mesa con nosotras? No olvides lo que eres, un perro. Y un perro no puede comer en la mesa sino en el suelo. Gírate y ponte de espaldas.
Estando de espaldas mi Ama Merche me ató las manos y tomando la correa de mi collar me ayudó a agacharme al suelo.
Ya puedes empezar a comer, cerdo. Mira como te estás poniendo, toda tu cara sucia.
El pie de Merche se posó sobre mi cuello presionando mi cabeza sobre la comida que a la misma vez era pisada por mi Ama Carmen. Mientras comía veía las botas como pisaban la comida y se ensuciaban. Un tirón de la correa me hizo parar de comer y mirarlas.
Eres un auténtico cerdo, cualquier perro sabe comer sin ensuciarse así. Tendremos que enseñarte a hacerlo.
Me sentía muy humillado pero a la vez feliz por complacerlas. Mi Ama Carmen comenzó a escupir salivajos verduscos, espesos y abundantes que con su bota se puso a mezclarlos bien con la comida.
Así estará más sabrosa tu comida.
Si, se la podrá tomar mejor. Voy a prepararle algo de beber.
Vi como tomaba una copa, se levantaba, se bajaba el pantalón y su braga para pegarla a su coño que comenzó a llenarla con un chorro de orina inmenso.
Toma, bebe. No queremos que te atragantes, perro.
Comía la mezcla de alimentos con sus escupitajos y de vez en cuando me colocaban la copa en mi boca para que bebiera su orina. Realmente para cualquier persona sería algo repugnante esa mezcla, con esa mucosidad verdusca envolviéndolo todo. Yo, a la vez que comía y bebía las miraba y les daba las gracias.
Cuando termines te aseas y te esperamos en el comedor.
Me terminé todo el almuerzo procurando no vomitarlo todo. Después me fui a cuatro patas hasta el comedor. Al llegar me quedé paralizado al verlas como se abrazaban y sus lenguas se intercambiaban saliva y besos. Merche le había desabrochado la camisa y los pantalones para morder sus pezones a la vez que su otra mano penetraba su coño masturbándola. Mi Ama Carmen gemía y gritaba de placer. Un grito ensordecedor me hizo saber que su orgasmo había llegado. Yo estaba parado sin saber que hacer.
Esclavo, enciéndeme un cigarro, no hay nada mejor que un cigarrillo después de obtener un o orgasmo tan brutal.
Le pasé un cigarrillo y me coloqué a su lado en el suelo con la boca abierta.
Me encanta ver como no es necesario que te diga nada para complacerme. Ya lo eres pero haré que lo seas mucho mejor. Luego más tarde nos va a apetecer conocerte un poco mejor. ¿Espero que no me defraudes y seas tal me lo dijiste por internet?
No les defraudaré, de verdad.
Bien vamos todos a descansar u poco, que creo que lo necesitamos. Termina de recogerlo todo y nos despiertas sobre las seis, seguramente nos echaremos la siesta.
¿Verdad que si mi amor?
Claro que si cariño. Tenemos que estar descansadas para disfrutar más tarde de todo lo que tanto deseamos. Te dejo esto, perro.
Merche escupió en el suelo mientras se iban cogidas de la mano al dormitorio. Antes de entrar miro hacia atrás para ver cuál había sido mi reacción ante su escupitajo. Pudo comprobar que a cuatro patas estaba recogiéndolo con mi lengua y sorbiéndolo para tomarlo y saborearlo.
Mas tarde te premiaré. Eres bueno, solo hay que depurarte un poco más.
De reojo mientras lo lamía del suelo las miré como las manos de Merche acariciaba el culo de mi Ama Carmen y esta a su vez le pasaba su brazo por debajo de su pecho y le agarraba su pecho que aunque un poco caído por la edad aún estaba hermoso y grande.
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