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Dominaciónene 2023

Un despiste me condujo a mi sumisión (5)

El esclavo se prepara para ser presentado a la amiga de su Ama, una mujer que ya ha marcado su destino. Durante el viaje, las humillaciones se intensifican: orina, quemaduras y castigos físicos. Al llegar a la casa de playa, el pañal y las tareas domésticas marcan el inicio de una nueva etapa de sumisión total.

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Cuando terminé de vestirme me miré en el espejo y casi me muero de vergüenza. Iba a mostrarme de esta guisa ante dos mujeres. Mis secretos dejarían de serlos y ya no habría marcha atrás. Con el sonido de mis tacones me dirigí al comedor donde mi Ama y su amiga me esperaban.

Creo que ya viene. El ruido de sus tacones lo delatan.

Muy despacio, como queriendo que la distancia hasta el comedor se hiciera infinita, seguí avanzando hasta una vez allí me asomé y las vi sentadas fumándose sus cigarrillos.

¡Que guapa está mi puta!, ¿no te parece?

Realmente está preciosa. Acércate.

Carmen, ¿no nos vas a presentar?

Claro que si, este es mi esclavo que a partir de ahora será nuestro y no mío sola. Esclavo, está es mi amiga y a partir de ahora tu Ama y Dueña, Merche.

Arrodillándome ante Ella, besé sus pies y le manifesté mi alegría de pertenecerle a Ella también.

La Presentación y su disposición me han gustado. ¡Levántate y mírame a la cara!

Por fin iba a ver el rostro de mi nueva Ama. Al quitarse el antifaz y levantarse pude comprobar que era una mujer algo mayor que mi Ama, con unas manos grandes de uñas pintadas perfectas, algo más obesa y con la voz muy grave al igual que mi Ama.

Té llamaré perro y acudirás a mí de inmediato para satisfacer mi orden, mi gusto o mi deseo de ese momento. Has de saber que me encanta tu dolor ya que produce en mí un placer y una excitación que podrás comprobar. Me ha dicho tu Ama Carmen que eres un cerdo total y eso me gusta ya que soy alérgica a la celulosa y hasta ahora he de usar solo agua para mi aseo íntimo. A partir de ahora no tendré necesidad de mojarme ya que espero que tu boca, tu lengua y tu saliva la sustituya. Bueno, Carmen cuando quieras nos vamos. ¿Dónde tienes un cenicero?

Lo tienes frente a ti Merche.

Es verdad, me lo dijiste cuando hablamos. ¡Perro, abre bien tu boca!

Abrí mi boca para recibir un escupitajo en ella y después apagar en él la colilla. Sin darme tiempo a tragarlo se acercó mi Ama Carmen dejando caer otro salivajo, pero de los suyos, verde, y apagó la colilla ordenándome tragarlo todo. Mientras mis Amas se abrazaban y se daban un beso mastiqué todo para poder tragarlo.

¡Vamos!, tenemos ganas de llegar a la casa de la playa.

Ellas dos se subieron en la parte de atrás del coche y yo me dispuse a conducir para llevarlas a la casa. El trayecto duró unas dos horas y a la mitad del camino me mandaron parar en una área de servicio. Mi pensamiento era que esperaba no me hicieran salir y acompañarlas tal y como iba vestido y maquillado. Menos mal, me dirigí a un apartado donde había unas mesas de picnic. Allí se bajaron y me mandaron poner una toalla grande en el suelo para tumbarme y no mancharme.

Carmen, tu primero que creo que no puedes aguantar mucho más.

Esclavo, abre bien la boca y procura no derramar ni una sola gota.

Mi Ama Carmen se puso en cuclillas con sus piernas a cada lado de mi cuerpo y comenzó a orinar tal cantidad que casi me ahogo. Era una orina muy salada y espesa pero para mi exquisita. Me estaba acostumbrando a ella.

Bien, ahora me toca a mi. Vas a probar el sabor de mi orina por vez primera. Espero que te guste pues aprenderás a diferenciarla de la de Carmen por su olor y su sabor.

De la misma forma, Merche se colocó sobre mí dejando escapar unas gotas primero que al saborearlas noté que su orina tenía un sabor muy fuerte comparado con la de mi Ama Carmen. Sin más espera sus labios se abrieron para dejar paso a ese chorro de orina que inundó mi boca. Cuando terminó se vistió y de la mano de Carmen se sentaron en uno de los bancos para fumarse un cigarrillo.

Recógelo todo, perro y ven aquí con nosotras.

Guarde la toalla, me compuse y me fui hasta donde estaban ellas fumando.

¿Que orina te ha sabido mejor, mi perro?

Las dos me han gustado mucho. Tienen un sabor exquisito. Cada una diferente pero sabrosas.

Te das cuenta que diplomático es este esclavo, Merche.

Pues no creas que me gusta mucho esa diplomacia suya. Prefiero mas la sinceridad.

Tras darle una calada a su cigarrillo Merche soltó su mano con fuerza sobre mi cara, propinándome un bofetón que me hizo tambalearme y casi caer al suelo.

Extiende tu mano perro. Quiero que me la ofrezcas.

No sabía porqué me había mandado estirar mi brazo con la mano abierta. Yo la miraba sin pestañear a la vez que miraba de reojo a mi Ama Carmen. Estaba seguro que mi Ama sabía lo que su amiga pretendía. La mano de Merche me cogió la muñeca. Seguí mirando a Carmen esperando alguna señal suya.

Sabes bien que te quiero mi esclavo y quiero hacértelo saber ahora.

Nada más terminar la palabra “ahora”, una fuerte quemazón se apoderó de mi mano que se había cerrado por la presión de la mano de Merche. No podía abrirla como era mi deseo. El cigarro encendido de Merche me estaba quemando el interior de mi mano. Volví a mirar a mi Ama Carmen y Ella con una sonrisa me mandó un beso.

Te quiero mucho mi esclavo. Muéstrame tu mano.

Acariciando mi cabeza escupió en mi mano para suavizar la quemadura del cigarro. Yo no dejaba de mirar a una y otra. Merche sonreía de una forma sádica, satisfecha por la marca que había dejado en mi mano; Carmen por su parte se mostraba cariñosa conmigo no dejando de decirme que se sentía muy orgullosa de mí por mi comportamiento.

Bueno, creo que deberíamos continuar el viaje. Vamos a tardar una eternidad.

Volvieron a subir en los asientos traseros y yo con la quemadura de la mano procuré conducir sin rozarla. Nada más arrancar miré por el retrovisor y pude ver como mis Amas se besaban de una forma sensual y amorosa. Sus manos se acariciaban entrelazándose y acariciándose sus cuerpos. Se hablaban muy bajo, intentando yo escuchar lo que se decían.

Carmen, mi amor, que feliz estoy de que hayas compartido a tu esclavo conmigo de una forma para siempre con todo lo que eso conlleva. Viviremos nuestro amor juntas y servidas por nuestro esclavo.

Claro que si cariño. Bien sabes cuánto te quiero, Merche. Tienes una cara preciosa y desde que lo has marcado ha recobrado ese brillo de felicidad que tanto me gusta en ti. ¿Te gusta el esclavo que te he ofrecido?

Mucho, mi amor, mucho. No te imaginas lo feliz que soy. ¡Que queda para llegar, perro!

Diez minutos mi Ama Merche.

Llegamos por un camino de tierra a la casa. Estaba delimitada por una valla y una cancela que tuve que abrir con la llave que me dio mi Ama. Una vez dentro pude ver que se trataba de una casa de una planta situada en una gran parcela con arbolado que le confería una belleza sin igual.

Nada más llegar bajamos del coche y como pude llevé a la casa el equipaje de mis amas.

Esclavo, ve abriendo las ventanas y lleva nuestro equipaje al dormitorio principal.

Mi Ama, tengo necesidad de ir al baño, ¿donde está?.

Merche intervino sin dejar contestar a mi Ama Carmen.

Espera Carmen, en mi bolso llevo un pañal que eché por si el perro pedía ir al baño. Perro ven, acércate que te lo ponga.

Me acerqué, me levanté el vestido y Merche me colocó el pañal. Después me mandó seguir aunque para más humillación me hizo desnudarme quedando solo con el pañal recogido por la faja, los zapatos de tacón, y el sujetador. Era muy humillante verme así pues el plug no me lo había quitado y andar por casa con él era bastante incómodo.

Ya puedes realizar tus necesidades sin dejar de hacer lo que se te ha ordenado. Lo primero es lo primero, ¿no te parece, perro?

Si mi Ama Merche.

Continué realizando las tareas que me habían encomendado mientras Ellas se acomodaban en unos sillones en el porche para fumarse un cigarrillo y realizar comentarios denigrantes y muy humillantes sobre mi.

¿Has hecho ya pipí, mi perro?, avísanos para cambiarte el pañal, ja, ja, ja.

No podía aguantar más y me refugié en uno de los baños para hacer pipí. Dudaba si quitarme el pañal ahora que no me estaban mirando pero pensé que si se ponían a comprobar si estaba el pañal mojado se darían cuenta y temía por el castigo que podrían idear por tal desobediencia. Así es que orine en el pañal quedando este totalmente empapado de orina.

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