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Yo me lo busqué - (Capítulo 21)

Carmen volvió a su casa, pero también volvió el eco de sus amantes. Cada llamada de Richard es un disparo directo a la libido del narrador, quien descubre que la traición, cuando se escucha en primera persona, se convierte en el mejor afrodisíaco. Ahora, mientras folla con su esposa, ella susurra los nombres de quienes intentaron robarle el cuerpo, y él no puede dejar de escuchar.

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Capítulo 21

Curiosamente ese viernes no dormimos juntos debido a nuestros últimos encuentros con otras parejas, ella lo hizo con Félix y yo con Sonia y Basti, de nuevo en casa de Marta tal como habíamos convenido entre todos sin el conocimiento de Carmen, por supuesto, solo se trataba de hacerle más fácil la mudanza. También le tocó participar sin poder darlo todo, pues se encontraba en esos días de menstruación que tanto coraje le daba cuando le caía en uno de nuestros viernes, pero así eran las cosas en su devenir propio de la naturaleza. De todas formas su culito y su boca hicieron que los demás apenas notáramos esa incomodidad.

Me encontraba muy nervioso dándole vueltas a la proposición que le iba a hacer. Mi temor era que volviera a ponerme los cuernos nuevamente con sus amigos. Por otra parte lo veía como un imposible después de las orgías que disfrutábamos cada viernes, pero es que eran las mismas que teníamos cuando me puso todos esos cuernos con Richard y los otros tres, pareciendo que esas veladas no eran suficientes para calmar sus ansias de follar con otros.

Cuando me desperté me dirigí al dormitorio donde Carmen dormía abrazada por Félix desde atrás y me la llevé con cierta protesta de mi amigo que se abrazó a la almohada para seguir durmiendo, no era igual que antes, pero a falta de pan buenas son tortas. Nosotros nos adentramos en el baño principal para darnos una ducha y allí aproveché para abordarla con mis intenciones de que se viniera esa misma mañana a nuestra casa junto con nuestra hija.

-No soporto verme solo en la casa día tras día, Carmen, -le dije mientras nos secábamos después de la ducha-, espero que esta vez todo salga bien, debemos intentarlo por nosotros y por nuestra hija.

Ella no mostraba ninguna extrañeza por la petición que le hacía y se abrazó a mí con una fuerza tremenda como si quisiera fundir nuestros cuerpos en uno solo. Yo no le puse ninguna condición a pesar de que no se me iba de la cabeza la posibilidad de que volviera a caer en sus infidelidades y ella tampoco me hizo ninguna promesa de enmienda, así que ambos nos dedicamos esa mañana a prepararlo todo, luego, después de comer y con la ayuda de nuestros amigos, pudimos quedar instalados los tres en nuestra casa.

Cuando nos quedamos solos actuamos como si no hubiese habido ninguna separación entre nosotros. La verdad es que cuando acabamos de colocar todas sus pertenencias y de acondicionar de la mejor manera posible la habitación de nuestro bebé, nos preparamos algo de cena y nos fuimos a la cama a descansar, porque estábamos literalmente fundidos.

El domingo nos levantamos con el ánimo ya recuperado y con ganas de hablar y vaya si hablamos. Mucho de ello se lo llevó el problema que se nos avecinaba de momento, pues su permiso de maternidad se acababa y tendría que volver al trabajo, viéndonos obligados a dejar a Belén en una guardería, situación que no nos agradaba a ninguno de los dos, por lo que acordamos que ella pediría una excedencia por un año. Hablamos además de muchas otras cosas, hasta que por fin me decidí a confesarle las dudas que todavía hacechaban alrededor de mis pensamientos.

-Carmen, ¿Sigues en contacto con Richard y los otros? -Le espeté sin más miramientos, aunque con un elevado grado de nerviosismo esperando su respuesta.

Ella se quedó un poco cortada ante aquella pregunta, hasta que pudo reaccionar contestándome con mucha convicción.

-Sí, el que más lo hace es Richard, luego Agustín y muy pocas veces Manuel. Unai estuvo a ver a Belén, pero él no me ha llamado nunca.

-Y siguen pidiéndote... eso... bueno, ya sabes, ¿No? -Quise ser más explícito, pero no tuve valor para llevarlo a cabo.

-¿Para tener sexo con ellos? -Aclaró Carmen, que siguió hablando para responderse ella misma-, Richard sí lo hace, ya sabes como es y Agustín es más disimulado diría yo y apenas me lo insinúa, pero cuando lo hace me deja claro lo que le gustaría volver a follar conmigo... y Manuel me lo pide cada vez que me llama, primero pregunta por Belén y luego me invita a ir a su pub, ¿Sabes? Dice que han mejorado el almacén donde tuvimos nuestros encuentros y que hasta han puesto una cama nueva.

Temía que me respondiera de esa manera porque no podía esperar otra cosa de ellos, pero me extrañaba que después de tantas negativas por parte de ella, siguieran insistiendo en sus propuestas de sexo.

-¿Y tú que les responde? -Le pregunté.

Ella me cogió la mano para darme un apretón con la suya, luego me miró a los ojos con algo de picardía en ellos antes de contestarme.

-Mira cielo, yo lo que quiero es mantenerme fiel a ti de por vida, de ahora en adelante solo tendré sexo contigo por supuesto y con lo que tenemos establecido, o bien tú me propongas si es que tienes otras cosas en la cabeza.

-¿Qué otras cosas te voy a proponer yo? No estarás pensando que voy a consentir que vuelvas a tener sexo con ellos, -le respondí un poco enfadado-, ¿O es que te gustaría que te diera ese permiso?

-¡No! -Respondió inmediatamente-, no quiero caer de nuevo en todas esas infidelidades, solo te digo que si alguna vez deseas volver a experimentar con ellos o con otras personas que a tí te agraden, sabes que siempre cumpliré esos deseos tuyos, nada más. Mientras tanto que llamen lo que quieran, que yo nunca aceptaré volver a estar con ellos.

-Eso espero, Carmen, -le respondí-, además ahora no quiero cambiar lo que hacemos, aunque también puedes disfrutar de nuestros amigos si algún día entre semana deseas tener sexo, ya sabes que yo lo practico algunas veces cuando acudo a tomarme unas cervezas con ellos.

-Pero ahora ya no estás solo, cariño, ahora me tienes a mí aquí de nuevo contigo.

Yo asentí y dimos esa conversación por acabada, ya estaba bien con todo lo que aclaramos entre los dos, no había que continuar con más razonamientos, propuestas, negaciones o permisos, así que nos arreglamos y fuimos a pasear con nuestra hija que para eso hacía una mañana de domingo tan buena. Después acabamos comiendo en el Luciano que se quedó sorprendido de verme otra vez con mi novia y con mi hija, que hasta su jefe se acercó a saludarnos, lo que nunca hacía el muy cabrito.

Carmen no estaba acostumbrada a darle el pecho a Belén en público, pero es que muchas madres lo hacían y yo quería que ella también se desinhibiera y lo hiciera con soltura. Para mí era una gran satisfacción ver cómo alimentaba a nuestro bebé, me parecía una de las cosas más bonitas de este mundo y al final con muchos razonamientos y ánimos por mi parte, conseguí convencerla. Es cierto que los pechos de Carmen son muy atractivos y podría ser que a algunas personas les diera algo de morbo por ver una de sus tetas en pleno, pero a los dos nos daba igual lo que llegaran a pensar esos pervertidos.

Otra cosa era lo que hacíamos luego en la cama y es que a la cabrona le encantaba bañar mi polla con la leche que me lanzaba apretando sus pezones. Tampoco era nada que no hicieran las otras dos, pero eso sí que tenía morbo del bueno.

Me acostumbré a oír cómo llamaban a Carmen sus amigos cada dos por tres y cómo hablaba con ellos con el manos libre de su móvil, casi sin prestarles atención, incluso cuando le pedían tener sexo, por decirlo finamente, cuando la realidad es que le hablaban de follarla de tal o cual manera. Agustín le llegó a insinuar quedarse a dormir un día en nuestra casa, pero Carmen se negó en redondo aunque él le decía que me lo pidiera a mí, sin saber que yo estaba sentado a su lado en esos momentos.

Aunque lógicamente no estaba presente en todas esas llamadas porque me encontraba trabajando, nunca le pedí que les ordenara que no la llamaran más, o que les bloqueara los teléfonos, o que las cortara con cualquier exabrupto, no, nada de eso, en realidad no podía evitar que me dieran mucho morbo oírles pedirle que le dejaran follarla y si no era morbo, al menos me producían una gran excitación que al final me servían para cumplirle a Carmen unos polvos tremendos.

En una llamada de Richard, éste le confesó que su novia le quería abandonar porque se la follaba poco, o más bien, que era Agustín el que últimamente más se la follaba, pero que él a quien se quería follar de verdad era a ella, a Carmen quería decir. Mi novia se reía con lo que él le contaba sin sentirse ofendida por las obscenidades que le detallaba más tarde y no sé si por excitación o porque se le antojó sin más, echó mano de mi entrepierna pillándome con una empalmadura de cuidado, sin que yo pudiera reaccionar para evitarlo. Allí siguió metiéndome mano hasta que se despidió de su ex.

-¿Te has excitado con lo que me decía Richard? -Me preguntó con un aire sarcástico mientras me sacaba la polla del pijama.

-¡Nooo, qué dices! -Le respondí con ironía-, estaba recordando el polvo que echamos anoche.

Ella echó unas risas antes de inclinarse para darme un buen chupetón en el mismísimo capullo.

-Está bien, -me respondió en un receso bucal-, si tú lo dices te creo y ya está, pero fóllame ahora mismo cielo, yo sí me he puesto muy caliente con el cabrón de mi ex. ¿Será guarro el tío éste?

Allí mismo la tuve que complacer sacándole dos orgasmos, el primero vaginal y el otro anal donde obtuve mi clímax de medio litro de leche, al tiempo que rememoraba las guarradas que le dedicó el Richard de los cojones.

En mi trabajo me relacionaba bastante con Dani, un autónomo que tenía una mediana empresa de mantenimiento y que prestaba servicios a comunidades de propietarios, hoteles, todas las sucursales de una entidad bancaria de la zona... en fin que el hombre se ganaba muy bien la vida, con mucha dedicación y esfuerzo, pero desde luego que no le faltaba trabajo y uno de sus proveedores más importante era mi propia empresa, lo que significaba que teníamos mucha comunicación entre nosotros, hasta llegar a ser con el trato del día a día y de hacía ya varios años, otro de mis mejores amigos.

Estaba casado con Mari, una mujer que era una preciosidad sobre todo por ese par de ojos almendrados que eran para mí su mayor atractivo, además de un buen par de tetas y un culito respingón que tampoco pasaba inadvertido para todo ser viviente. El único “pero” que se le podía achacar era su vestuario demasiado clásico para los tiempos que vivimos.

Desde nuestra reconciliación fue muy habitual que quedásemos los sábados por la noche para cenar los cuatro, algunas veces en la casa de ellos, aunque eran más las que lo hacíamos en nuestra casa debido a que nos era más cómodo para atender a nuestra hija. Carmen y Mari congeniaron enseguida de modo que ya estaban fomentando una gran amistad entre ellas, cosa que me alegraba muchísimo por lo buena gente que eran.

Con el paso del tiempo, Carmen fue influenciando a Mari en actualizar su forma de vestir, produciéndose en ella una mejoría notable al quedar resaltada su figura e incluso yo diría que su atrevimiento, pues ahora solía mostrar hasta el canalillo de su pecho, cosa que hasta hacía unas semanas era algo impensable.

-Oye cabrón, -me acusaba Dani con unas risas durante una de sus visitas a mi despacho-, el otro día no le quitabas ojo a las tetas de Mari.

En principio me quedé algo cortado porque me lo dijera en esas circunstancias, pero seguro que llevaba razón y es que el sábado anterior su esposa presentaba un escote que era de infarto y me era imposible dejar de observarlo, sobre todo cuando ella se agachaba por cualquier motivo, haciendo que se le vieran gran parte de sus pechos.

-¡Joder Dani! -Exclamé-, perdona si fui un poco descarado pero es que nunca había visto a Mari con esa delantera tan descubierta, de todos modos te podrás quejar tú cabronazo, que vaya repaso que le pegas a las nalgas de Carmen y lo que te gusta verle las tetas cada vez que amamanta a Belén.

Ambos terminamos soltando unas carcajadas, reconociendo que los dos teníamos toda la razón.

-Bueno, sabes que ella podría evitar que se las viera, igual lo hace para que te quede claro lo que se gasta. -Le respondí con más carcajadas.

-Pues mira, la verdad es que también tiene un buen par, pero de veras que en esos momentos no las miro con nada de lujuria, tú lo sabes. -Se disculpaba él.

Y es que mi novia cuando de darle el pecho a Belén se trataba, siempre lo hacía dejando primero su pecho al aire, para después acercar a Belén a que embocara su pezón, seguro que lo hacía así y con cierta demora para que Dani pudiera recrearse en esa teta y yo a estas alturas no le iba a poner ninguna pega, ni decirle que fuese más recatada, por supuesto.

-No seas tonto, -le respondí-, mírala con la lujuria que te sea más propicia, ni a ella ni a mí nos importa que lo hagas y si después te haces una paja pensando en ella, pues tú mismo.

Esta vez solo hubo una sonrisa de su parte y una mirada de reojo hacia mí, para luego enfrentarme más descaradamente.

-Mari me ha dicho que vosotros tenéis una relación... abierta ¿No?

Estaba claro que mi novia se lo había contado ya aunque sin yo conocer cuanto le había dicho.

-Sí, con mis amigos de toda la vida y sus mujeres, -se lo confirmé-, pero con nadie más.

Esto último se lo hice saber para que no pensara que follábamos con el primero que se nos presentara, o que íbamos a clubes de intercambio o algo parecido. La verdad es que Carmen me tendría que haber dicho hasta donde le había contado a Mari y porqué lo había hecho, a ver si es que también le gustaba esta pareja para acostarse con ellos.

-Ah, ya... que sois fijos, claro.

-Sí, Dani, solo con ellos.

-Mari se escandalizó mucho cuando tu novia se lo dijo, ya sabes como es ella de clásica para estos asuntos, cualquiera le propone hacer algo así.

Solo hablaba de lo recatada que era ella para pensar siquiera en ese tipo de intercambios, pero de él no soltó prenda alguna.

-¿Y tú? De ti no dices nada, cabrón.

-No, hombre, Julián ¿Qué dices? Yo no dejaría que Mari se acostara con otros tíos. En eso los dos somos de la misma opinión.

Después nuestra charla se fue por otros derroteros y ninguno quiso ahondar más en lo que acabábamos de hablar de los intercambios.

Lo que sí cambió a partir de ese día es que cada vez que nos juntábamos para cenar, ninguno se preocupaba del otro cuando de darles un buen repaso a las partes más atrevidas de nuestras chicas se trataba, más bien, nos echábamos luego unas miradas de compadreo y sonrisas picantes, pero de ahí tampoco pasaba la cosa, solo que una noche se lo comenté a Carmen.

-¿Te gusta Dani? -Le espeté sin más.

-¡Quéééé...! ¿Porqué lo dices?

-Él mismo me ha dicho que le has contado a Mari lo de nuestros intercambios, o al menos que nosotros somos una pareja liberal y me pregunto si lo has hecho para ver si hay posibilidades de hacerlo también con ellos.

Ella echó mano a mi polla que estaba despertándose en esos momentos y me estuvo distrayendo unos segundos, dedicándole mayores atenciones mientras se pensaba la respuesta.

-Le pedí que no se lo dijera a su marido, pero su sorpresa fue mayúscula y yo sabía que al final se lo diría. La verdad es que se lo conté para ver como reaccionaba, después de que ella me estuviese criticando sobre las parejas que van a los locales de intercambio y otros antros de esos. En cuanto a Dani... la verdad es que es muy atractivo para cualquier mujer y para mí... pues también, aunque de ahí a pensar en acostarme con él... la verdad es que no.

-¿Te parece muy atractivo?

Ella le dio unos cuantos meneos al pene que tenía en sus manos y luego me respondió.

-Sabes que lo es, casi tanto como tú, es que tiene una figura perfecta, es el más perfecto de todos nuestros amigos y tiene un culito... uhmmm... qué buen culo, seguro que a ti también te gustaría follárselo. -Terminó de decir esto último a lo que le siguió una buena carcajada.

-Serás puta, -le dije-, a la que sí me follaría es a Mari, esa sí que está buena.

-Ya lo sé, o es que te crees que no nos damos cuenta de vuestras miradas. La verdad es que no me importaría que me propusieras acostarnos con ellos.

Al final me contagió las risas y acabamos echando el polvo que se nos hizo inevitable esa noche.

Las llamadas de sus amigos tampoco se cortaban y hasta pude constatar que últimamente solo lo hacían cuando sabían que yo estaba en casa de vuelta del trabajo.

-¿Te ha llamado alguno de tus amigos? -Le pregunté cuando estábamos ya en la cama.

-No, hoy no, además es raro porque ninguno me ha llamado en los tres últimos días.

-Menos mal, qué descanso, joder. -Le respondí.

-Pero a ti no te importa que lo hagan, ¿Verdad cielo?

-No me importaría si al final no insistieran en tener sexo contigo, pero es que en todas las llamadas te lo vuelven a proponer.

-Sí, es verdad, lo único bueno de todo esto es que tú te excitas y luego echamos esos polvos que tanto nos gustan.

No sabía qué argumentos podría exponerle para convencerla de lo contrario, así que me hice el distraído para no tener que responderle a algo que era tan evidente y además la muy puta me estaba incrementando el ritmo del vaivén en la polla.

-Espera, cielo, espera que así no voy a aguantar mucho más, -le dije al tiempo que me giraba hacia ella para darle un buen muerdo-, quiero follarte como a la zorra que eres.

-También les podría hablar tú un poco a ellos, aunque sea para regañarles por las propuestas que me hacen, sabiendo que tú también las estás escuchando.

-Ellos no lo saben y no quiero que vuelvan a coger confianza conmigo, que mira lo que pasó la otra vez. ¿No será que los estás echando de menos? -Casi la acusé.

-Eso da igual, cariño, te hice una promesa de no volverte a ser infiel y pienso cumplirla el resto de mi vida.

En ese momento le estaba introduciendo mi miembro con algo de parsimonia, pero viendo por donde se dirigías sus elucubraciones, opté por atizarle con muchas ganas, buscando que se centrara en lo que estábamos haciendo, pero al parecer ella seguía a lo suyo.

-¿Te acuerdas lo curvada que era la polla de Agustín? Y esos huevos tan descolgados y tan llenos de leche, ¡Joder! Cómo nos ponía de guarros cuando nos la soltaba.

-Sobre todo a ti. -Le respondí algo enfadado y un poco más excitado, que también tengo que admitirlo.

-Fóllame cielo, fóllame más fuerte, aaaggg... qué cabrones... uhmmm...

¡Cómo que qué cabrones! Aquí y en esos momentos el que se la follaba era yo, ¡Coño! ¿En qué estaría pensando ella?