Me encontré con una gata
Madrid llueve sobre ellos, pero el calor es otro. Ella, una argentina de mirada felina; él, un hombre que no se rinde. En la habitación del octavo piso, la lluvia se convierte en testigo de un deseo que no pide permiso.
Me encontré con una gata.
Estuve unos días en Madrid por motivos laborales. Había tenido una reunión y ¡¡¡¡ oh suerte!!!! Habíamos terminado antes de lo previsto. Me dijeron de ir a comer, pero decliné la invitación, no tenía ganas de más trabajo. Me fui a dar una vuelta y tomar un vermucito antes de comer. Estaba por la zona de ventas y me acerque a un bar que estaba a tope. Me puse en la barra y pedí un vermucito bien frío con una ración de calamares. Al volverme en una mesa vi una linda hembra que me estaba mirando. Yo soy muy de saludar y le salude con la mano. Ella me devolvió el saludo con una sonrisa. Me quedé pensando, de que podía conocer a esa linda mujer. Por más vueltas que le daba no caía. Soy muy despistado y a raíz de una operación que tuve hace unos años donde pasé muchas horas en el quirófano, perdí una parte de mis recuerdos. Estaba yo en mis ensoñaciones y volví a mirar a la mesa y ahí estaba ella fija con esos preciosos ojos mirando de nuevo. Page cogí mis calamares y el vermut y me acerqué a su mesa.
- Perdona, puedo sentarme contigo. ¿nos conocemos de algo?
- Si, puede sentarse y no, no nos conocemos.
- Pues ahora sí, yo soy pablo encantado.
- Mariela igualmente.
Nos dimos la mano y noté la suavidad de su piel sobre la mía y esa mirada felina. La recorrí con la vista. Es una mujer elegante, vestía una blusa color lila y una falda blanca, con unos zapatos con algo de tacón. Al recorrer su cuerpo me fijé en sus generosos pechos y en sus pezones que querían atravesar la tela. Luego supe por qué. Mariela tendría poco más de cuarenta y yo ya estaba cerca de los sesenta, aunque he de decir que me conservo bien. La vi nerviosa por mis miradas y noté como sus labios se abultaban ante mi atenta mirada. Se estaba excitando.
- Me encanta tu acento y esa parsimonia al hablar empujando lentamente las palabras.
- Jajajaj gracias, ustedes son muy secos hablando jajajaj.
- Si tienes razón, además cuanto más al norte el idioma es más seco, pierde la música. Por el sur es diferente.
- Si, tienes razón, pero algunas veces se hace difícil de entender.
- Puede ser sí, pero ahí la vida es más alegre, el sol es vida. ¿de dónde eres?
- De Buenos Aires, ¿lo conoces?
- Lamentablemente no, pero tengo entendido que es una ciudad muy especial.
- Si lo es, sí. ¿Y vos?
- Yo soy del norte, seco y austero como buen castellano, conservado en el frío de Burgos.
- Oh que bonita ciudad estuve con mi marido no hace mucho tiempo.
- Si una ciudad preciosa pequeñita y recogida. Jajaja
- ¿Y qué hace una mujer tan elegante sola por estas calles del viejo Madrid?
- Mi marido está trabajando y hasta las seis no sale, así que me dedico a ver Madrid y su historia.
- Pues si te apetece te enseño la gastronomía de Madrid y te invito a comer.
- Será un placer para mí. ¿ Qué te apetece comer?
- ¿Qué crees vos, soy argentina? Jajajaj
- Pues no se hable más. Iremos a comer un buen entrecot a la Hacienda de las Ventas.
Nos encaminamos hacia el restaurante que no estaba muy lejos. Mariela es más bien bajita, con un precioso y torneado cuerpo. Ella se agarró de mi brazo y conversamos tranquilamente hasta llegar al restaurante. Mariela es una mujer culta y la conversación fue muy amena y divertida. Entramos al restaurante, nos situaron en una mesita al fondo un tanto recogida pero perfecta para nosotros, así podíamos hablar. Estuvimos hablando de todo un poco hasta que a los postres salieron los temas personales.
- ¿Mariela, te aburres mucho tu sola en Madrid? Pareces una mujer caliente, ahora mismo estás excitada, te lo noto.
- Pues la verdad es que si, esa seguridad tuya me pone. No, no me aburro mucho, voy al gimnasio, de compras, no sé,me entretengo.
- ¿Pero te gustaría tener con quien compartir el tiempo?
- Mira eso sí, no te lo niego. Mi marido y yo tenemos una relación liberal, siempre que le cuente todo, puedo hacer lo que quiera.
- Muy interesante ¿qué te apetecería ahora?
- Pues un buen postre.
- Muy sugerente, mi hotel está aquí cerca, ¿te apetece una copa en él?
- Estaré encantada.
Después de saldar la deuda de la comida, salimos a la calle. A esas horas en Madrid hacía ya un calor insoportable. Mariela se agarró nuevamente de mi brazo y así accedimos al hotel. Subimos en el ascensor hasta la octava planta. Sujetando firme su cadera, atraje a Mariela hacia mí. Nos besamos lento jugando con nuestras lenguas en un beso apasionado. Note que Mariela estaba como un volcán y sus pezones se me clavaban en el pecho. Accedimos a la habitación.
- ¿Qué quieres tomar?
- Una ginebra con tónica, ¿puede ser?
- Perfecto, que sean dos.
Mientras yo preparaba los combinados, Mariela se acercó a la terraza. Al ser el último piso, la terraza era enorme y disponía de un sofá grande y dos butacones, con una mesa en medio. Me acerqué a Mariela que miraba por la barandilla de la terraza, le di su combinado y atraje su cabeza hacia mí para volver a besarla. Un beso lento y húmedo, mientras con mi mano libre acariciaba su hermoso y duro culo. El cielo de repente se tornó oscuro, dejamos los combinados sobre la mesa y seguimos con el beso. La calentura de ambos era evidente, ella con sus pezones enhiestos y yo con la polla dura. Desabroche los botones de su blusa, sin quitar mis ojos de los suyos. Me gusta ver la excitación en las mujeres. Mariela tembló cuando la blusa cayó a sus pies. Un sujetador de encaje negro me dejó apreciar unos bonitos pechos coronados por unos grandes pezones. Desabroche su sujetador y lo deje caer junto a la blusa. Ante mí aparecieron unos pezones grandes y puntiagudos que me recordaron la tetina de un biberón. Los acaricie con la yema de mis dedos, que deslice por el contorno de su pecho, para volver a pellizcar su pezón. Un ahogado gemido salió de la boca de Mariela. Recorrí con mi boca su cuello para llegar a esos pezones que me habían subyugado. Acaricie uno con la punta de mi lengua a la vez que desabrochaba su falda. Mariela se ayudó de sus pies para sacarla. Mi mano bajo a su sexo, rodeo la braguita que aún tenía puesta, acariciando la piel que dejaba sin tapar. Mi boca incansable chupaba, lamía y mordía ese pezón que cada vez estaba más duro. Mariela está muy excitada, se sujetaba a mi nuca, apretándome contra sus pechos, a la vez que movía su pelvis buscando mis dedos. Mi mano recorría los bordes de la braga, pero no entraba en ella, acariciaba por encima de la tela ya empapada y notaba su ansiedad, su excitación.
- Vamos cabrón, vamos, méteme los dedos.
- Tranquila, perrita, tranquila.
- Prefiero gatita, me va mejor.
- Pues tranquila gatita, tranquila.
Una gota cayó sobre mi espalda, recogí su ropa y la tiré dentro. Acerque a la gatita al sofá y la tumbe en él. Las gotas iban aumentando la intensidad y se fundían sobre nuestros cuerpos calientes dejando una agradable impresión. Sin dejar su pezón, sujete los lados de la braguita y tire de ellos. Mariela alzó su culito ayudándome a sacar la prenda que deje sobre el sofá. La lluvia era cada vez más continua. Baje por el cuerpo de Mariela hasta llegar a su clítoris. El frescor de la lluvia hacía que las gotas, aún no muy numerosas se clavan como alfileres en la piel. No me entretuve y sujeté el clítoris con mis labios, con la punta de mi lengua lo recorría muy lento de arriba hacia abajo. Mariela sujeta a mi nuca se retorcía intentando que acelerase mi ritmo. Las gotas intensificaban su cadencia a la vez que mi lengua aceleraba muy lentamente su ritmo. Acerque la yema de mi dedo a su culito, baje mi boca hasta él y lo llene de saliva. Volví al clítoris, el agua cada vez caía con más fuerza, recorrí su clítoris con mis labios y lo absorbí, a la vez que mi dedo traspasaba el anillo de su culito. Mi lengua seguía inexorable sobre su clítoris. mi dedo entraba y salía muy lento
Siiii jodeeer siiii, no pareees, no pareees.
De repente se abrió el cielo y empezó a caer con fuerza. Sorbí su clítoris y aceleré mi lengua, a la vez que imprimiá más velocidad a mi dedo. mariela no aguanto mas, su espalda se tensó, sus uñas se clavaron en mi cabeza y su coño empapo mi cara.
- Siiii jodeeer que ricoooo que ricooo siiiii
La gatita quedó ronroneando sobre el sofá, la sujete en mis brazos y la entre al salón, la deposité sobre el sofá interior. La gatita me miraba con ojos agradecidos. Yo estaba totalmente empapado. Me quite la camisa mirando a la gatita, deje al descubierto mi pecho y mi barriguita. Baje mis pantalones, me quite los calcetines y me acerque al sofá. La gatita se sentó mirándome a los ojos. Baje mi calzoncillo y acaricie mi polla que ya lucía erecta. La meneaba muy lento ante la cara de la gatita que sacaba su lengua relamiéndose. Acercó su mano hacia mi polla, pero le negué con la cabeza.
- Pon tus manos sobre la nuca y ponte de rodillas frente a mí.
La gatita no rechiste, lo hizo mirándome a los ojos. Yo seguía con mi polla en la mano, meciéndola lentamente. La gatita miraba el movimiento y se relamía, abría su boca y sacaba su lengua. Sus ojos cada vez estaban más brillantes y sus labios más hinchados. Estaba muy excitada. Acerque mi polla a su boca, la deje entre sus labios. Ella sacó su lengua, con las manos en la nuca era yo quien movía mi polla. Ella abría la boca al extremo y engullía mi polla. La labor no era fácil, ya que mi polla es gorda. Pero ella presa de su propia excitación abría bien la boca hasta que llegue a su garganta. A pesar de la arcada, abrazo mi polla con los labios y empezó un lento vaivén sobre mi polla. Le encantaba poder darme placer su excitación iba en aumento. Con su lengua recorría mi gorda vena para terminar relamiendo el capullo y volver a meterla en su boca. El calor de su boca y la lentitud me tenían loco.
Te voy a follar gatita, te voy a follar.
Ella solo hizo un pequeño ruido. La senté sobre el sofá y me puse de rodillas ante ella. Así su coñito me llegaba justo a mi polla. Me acerqué a ella, puse la punta de mi polla en la entrada de su caliente coñito y metí mi capullo en él. Un gemido largo salió de su boca. Empecé un lento mete y saca con mi polla en su coñito, solamente metía mi capullo y rozaba con él las paredes de su coño. Notaba el abrazo de su piel, la humedad de su coño y la excitación creciente.
Vamos, métela entera, metala yaaaa.
Yo seguí aun con la lenta cadencia.
Ahhhhh cabroooon siiiiii asiiii hasta dentroooo jodeeer.
Cuando mi polla llegó hasta lo más hondo, me abrazó con sus piernas y me miró a la cara. Aceleré un poco mi ritmo, mientras sentía el roce de su coño sobre mi polla. Acelere un poco más. La gatita me clavó las uñas en los brazos, abrió su boca y arqueo su espalda.
Siiiiii hummmm siiiii dame maaas, maaas, maaaas.
La puse de rodillas sobre el sofá, metí mi polla hasta el fondo, la saqué y la volví a meter de golpe.
Cuenta.
Unoooo
Dooooos
Treeeeees.............
Cuando llegó al veinte sujete con mis manos sus codos, tire de ella con fuerza, clave mi polla y empecé un rapidísimo mete y saca que terminó con mi polla bañada en sus jugos y su coño lleno de mi leche.
- Toma gatita, toooomaaa tomaaaa, todo para tiiii, tomaaaa.
- Siiii dameeeloooo, damelooooo, dame looooo
Después de un rato apretado contra su cuerpo, saqué mi flácida polla y me senté a su lado. Acaricie su pezón y lo apreté.
- ¿Hace una ducha????
- Déjame respirar un poco y abrázame.
La abracé sintiendo el latir de nuestros corazones, yo también estaba exhausto. Estuvimos así un rato entre besos, caricias y arrumacos.
- Vamos por esa ducha. - dijo Mariela.
A mi ese descanso me vino de perlas, ya que pude recuperarme un poco y ya estaba con ganas otra vez.
Entramos en la ducha y le fui dando jabón por todo su cuerpo, acaricié sus pechos, sus pezones. Mariela subió sus manos y guió las mías en el frotar, se apretaba los pechos y pellizcaba sus pezones. Baje mi mano a su vientre y le aprete con fuerza contra mi sexo a la vez que apretaba su pezón.
- Gatita me tienes loco
- Miaaauuuu
Seguía apretándole con fuerza a la vez que buscaba meterme dentro de ella. Con mi mano sujeté fuerte mi polla la apunte a su coñito y la metí de una. Mariela se puso de puntillas y así la tuve fuertemente agarrada durante un buen rato mientras besaba su cuello e introducía lento mi polla. Notaba su excitación como se movía buscando una penetración más profunda. Note su coño encharcarse.
- Hummmm que ricoooooo, que ricoooooo.
La apoyé contra la pared de la ducha y me puse de rodillas para comerle el coño. Introducía mi dedo en su culito a la vez que lamía y sorbía su clítoris. La follaba con mi lengua. La gatita se desató y empezó a subir y bajar su cuerpo al ritmo de mi lengua y mi dedo. Se metió todo el dedo dentro, aguanto los movimientos de mi lengua y se arqueo flexionando sus rodillas hasta que tocó el suelo con ellas.
- Hummm que rico cabrón, que ricoooooo. Ahora pajeate sobre mí.
Me levanté, sujeté mi polla con fuerza y empecé a menear mi polla cerca de su cara. Mariela me miraba con los ojos vidriosos por su orgasmo, se relamía y lamía mis huevos. Yo seguía con mi mano sobre mi polla, ella lamía mi frenillo, el tallo de mi polla, se introducía levente mi capullo y volvía a lamer mis huevos. Yo ya estaba a punto, cada vez resoplaba más fuerte y termine sobre sus tetas.
Dámelo, dámelooo, baña mis tetas, bañalas hummm que rico sabes.
Terminamos de ducharnos entre caricias. Fuera ya había escampado y salía de nuevo el sol.
¿Querrás comer conmigo mañana?
Si el postre es más fuerte, sí. Me gusta jugar.
Jugaremos.
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