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Frente al espejo

Sabes que cruzar esa línea no tiene vuelta atrás. Frente al espejo, donde tu reflejo traiciona tu culpa, él aparece para recordarte quién eres realmente cuando nadie mira.

Rosa de los vientos14K vistas8.6· 14 votos

Frente al espejo

Estas frente al espejo, observas el reflejo de una mujer hermosa… lo haces con una sensualidad exquisita, al igual Nicole Kidman en la escena de Eyes Wide Shut. Estas a punto de probar la manzana prohibida, sabes que la infidelidad no tiene marcha atrás y en tu mente se acumulan muchas preguntas… ¿cómo has llegado ahí? ¿Por qué te dejas arrastrar por lo prohibido? ¿Acaso la razón no debería prevalecer sobre la locura?

Lo deseas, quieres que suceda y a pesar que te hiciste de rogar, llevas puesto lo que él quería: el vestido de cuero negro, las medias, el liguero, los tacones… el perfume impregna de tu aroma aquella habitación y el corazón te late con tanta fuerza, que piensas que puede escuchando.

Observas tu imagen, el espejo te descubre a alguien que desconoce su destino, una mujer nerviosa y expectante. Hay una segunda mujer que a la vez es la misma y su imagen refleja la excitación de quien ha sucumbido al pecado. Sabes que en cualquier instante aparecerá, en cualquier momento, el té abrigará con sus besos, serás suya y estarás perdida para siempre.

Aparece tras de ti en él espejo, te estremeces al percibir su tacto rodeando tu cintura, su mano se filtra entre tu pelo y lo aparta. El cuello queda expuesto a sus besos, y es entonces cuando sientes su boca hundiéndose… al instante, un tsunami en forma de escalofrío te recorre y, un gemido ahogado emana de lo más profundo. Abres los ojos y ves el reflejo de una mujer entregada, una mujer excitada que se deja llevar. Su mano tira de tu pelo y te arqueas. El cuello queda desnudo y como un vampiro a punto de saborear a una virgen, se cierne de nuevo sobre él.

Ahora es la respiración la que se agita, sientes su caricia recorrer tu muslo interno y colarse bajo la falda; las yemas de los dedos recorren la media, para continuar sobre el encaje y terminar su obsceno recorrido sobre la piel desnuda; cuando su tacto alcanza el centro de tu deseo, vuelves a gemir, esta vez, no eres capaz de ahogar el sonido y te deshaces de gusto; sientes el calor húmedo impregnado en tus braguitas, notas sus dedos ejerciendo presión y jadeas.

Abres las piernas y arqueas el trasero buscando el contacto de su cuerpo Te sujetas a la repisa; llevas tacones y te cuesta mantener el equilibrio. Él tira de delicadas braguitas y las arranca de un tirón seco, estas, se deslizan por los muslos hasta caer al suelo, al momento, sientes el frescor del aire resbalando contra tu humedad. Sus dedos se hunden ahora en ti para castigarte con sus movimientos.

Los fluidos se impregnan en sus dedos; te nota caliente, húmeda, receptiva… tu sexo palpita como si tuviera un corazón propio. Sus caricias te toman al asalto y jadeas con cada roce. Mueves las caderas en círculos buscando con desesperación aumentar el gozo, intentando saciar las ganas que te consumen.

La otra mano suelta varios corchetes del vestido y se cuela en ti; notas su roce lascivo acariciando nuevos rincones y vuelves a estremecerte. Extrae uno de los pequeños senos del sujetador y lo abriga con su caricia; el pezón esta hinchado y sensible, la piel tersa, la sangre se amotina en su interior… él presiona y te retuerces de gusto.

Escuchas sus palabras resbalar en tu oído…

—Vas a ser mía, quiero que seas mi perrita en celo…

—Quiero que me pidas que te folle, que supliques que te la meta aquí mismo, frente al espejo…

Tu no alcanzas a decir más que “hazlo por favor” “follame”

Pero insiste…

—Dilo más alto, no te oigo…

Entre jadeos suplicas que te folle…

Abres las piernas y arqueas el trasero ofreciéndote. Levanta la falda y al momento tu culo aparece frente a él. Acerca su erección y la encaja en la entrada de tu vagina. Tu deseas que te llene y esperas el momento con ansia. Él se relame con el instante, sabe que no hay marcha atrás, tiene la certeza de que vas a ser suya.

Te sujeta por las caderas y lanza una embestida seca que se clava en ti; su erección se hunde en la vagina, su cuerpo choca contra tu culo y el sonido se mezcla con el grito que emana de tu boca. Ese primer instante de penetración es de una sensualidad mágica, un encuentro único en el que las paredes de tu vagina se acoplan a su pene para cubrirlo y abrigarlo al mismo tiempo.

Mira al frente, hacia el espejo, te observa. Sus caderas comienzan a moverse en un vaivén continuo adelante y atrás, una, dos, tres, entra y sale despacio, te empala siguiendo un ritmo pausado, pero poco a poco, y llevado por la excitación, aumenta en su cadencia. Te sujeta por el pelo como si fuera la brida de un caballo, tira hacia atrás de ti y vuelve a hablarte al oído…

—Abre los ojos, quiero que observes —susurra con la respiración entrecortada.

Obedeces, abres los ojos y ves la imagen que se refleja en el espejo, sientes como se hunde en ti, notas la presión en tus entrañas y jadeas con cada acometida.

Una de sus manos termina de quitar los corchetes del vestido y libera tus pequeños pechos del sujetador, los acaricia y amasa con dulzura, la otra mano se desplaza hasta el clítoris para rozarlo con mimo. De nuevo te estremeces y gimes de gusto.

Sus caderas chocan contra tu culo cada vez que te penetra; se sumerge en tu interior y tú le recibes ansiosa, la vagina se contrae y las acometidas se vuelven cada vez más secas y posesivas. Tu cuerpo se mueve hacia delante y los senos se balancean como un péndulo cada vez que lo recibes.

Abres la boca buscando el aire, cierras los ojos, cada sacudida es un nuevo jadeo y cada jadeo es un paso hacia el abismo.

Está a punto de correrse y te lo dice… siente que va a llegar a un punto de no retorno y tú también. Le pides que no pare; también estas a punto y quieres llegar a la vez… pero él no puede más, sus manos se aferran con fuerza a tus caderas y se corre sin remedio; lanza una última sacudida y se sumerge en ti entre gruñidos; al momento, sientes su cálido semen inundando tus entrañas y resbalando por el muslo. Sentir su cálida leche llenándote provoca tu éxtasis y te corres sin remedio; durante unos segundos abandonas tu cuerpo, te derramas y te retuerces de placer mientras él te observa frente al espejo.

Un momento maravilloso en el que los dos tocáis el cielo con las manos, sale de ti y con la respiración todavía entrecortada, te cubre con sus manos y te besa… un beso íntimo, cálido y sensual; un beso de los que calan hasta los huesos; un beso con los labios del pecado; un beso frente al espejo.