Las vecinas beatas 6
Lurdes nunca había sentido placer, solo culpa. Pero esta noche, Julia y Chochín le enseñarán que su cuerpo no es un pecado, sino un territorio de placer. Y el narrador, testigo y protagonista, controla el ritmo de su despertar.
Las vecinas beatas 6
Sigo mi historia con las vecinas y la amiga de la infancia de Julia, que tuvo que irse del pueblo, y Julia se va a encargar de enseñarle “La gran ciudad” con la ayuda de Chochín.
Esa noche dormí como un bebé, el culo y la boca de concha me habían dejado manso y muy satisfecho. Merecía ser sometida “Algo” más rudamente, y a Concha le encantaba.
Toda la vida mandando y controlando, y ahora notaba como me deseaba desde su cama, acariciándose los pechos, pensando en los polvazos que le había pegado.
Lurdes, en cambio estaba sorprendida con el “cariño” que se mostraban su amiga Julia y Chochín, delante de ella mientras cocinaban y jugaban. No había mucho sitio donde esconderse en un piso tan pequeño, y las miraba algo turbada, como se tocaban los culos y se daban besos fugaces.
Para ella Julia, siempre había sido más recta y religiosa que ella, su madre la controlaba desde siempre y nunca salía a jugar fuera de su vista, allá en el pueblo. Y cuando la vio besarme en la terraza de la estación, y su ropa más “descocada”, no lo podía creer. En esencia era la misma, pero ahora tenía un brillo en los ojos diferente, y se la veía mucho más mujer que hace poco más de un año.
Lurdes caía sin darse cuenta en el juego de Julia, pero aún no lo sabía.
Me desperté, esta vez sin la ayuda de la dichosa alarma, y me apené, al darme cuenta de que era la tercera mañana que no me despertaba Julia con su boca y sus manos juguetonas. Me quedé mirando el techo, pensando en cómo había seducido a Chochín, que siempre me dijo que no le iban las tías. Sonreí y me fui a por mí cigarro y mi café.
La noche anterior, en la cena, julia le explicó claramente su situación conmigo, y la de ahora con Chochín, de que su madre al fin le abrió la jaula, y de como yo la ayudaba. No le contó que también me follaba a su madre, pero básicamente le contó todo.
-Pero eso es pecado, esa vida no es buen camino Julia- se atrevió a decirle la pobre Lurdes, sin poder asimilar lo que había oído.
-Hay muchas vidas Lurdes, y no se puede vivir tan recta, y entregada a orar e ir a misa. La vida pasa, y ya sabes cómo me tenía atada en corto mi madre. De no ser por Pender, no me hubiera dejado seguir mis estudios, y creo que tampoco pensaba que debía conocer hombre para casarme. Tú lo sabes. -le explico Julia también turbada, y a punto de llorar.
Hablándole, se volvía a dar cuenta de lo que le había cambiado la vida conmigo, y le dieron ganas de correr a mis brazos y darme las gracias otra vez. Chochín al verle la cara, también recordó de dónde la había sacado, y puso una mano encima de la de Julia comprendiéndola perfectamente.
Chochín se estaba “Rayando” con el mal rollo y le dijo a Lurdes:
-Mira, tu si te sientes incomoda nos lo dices. Puedes hablar y opinar, aquí no hay nadie más que nadie, y no hay malos rollos, todo se habla y todo se soluciona. Te vamos a ayudar y a aconsejar, pero tú eres tú dueña, ni tus padres, ni tu párroco. Si algo no te gusta lo dices.
¡Eres tú dueña Lurdes! – acabo alzando un poco la voz. Pero no enfadada.
Lurdes empezó a sentir vértigo, la entendió, y se dio cuenta en ese momento, que estaba volando libre desde que salió con la maleta de su casa a escondidas.
-¡Cielo santo, es verdad! Soy libre- dijo mirando al vació y asimilándolo.
Las chicas la dejaron, y se fueron a la cocina con los platos y vasos sucios.
Fui cantando en mi moto a la oficina, volví, me tome mi carajillo en el bar del chino mirando a las gacelas, potras, jamelgas y jacas pasar, y me llegaron un par de fotos de Chochín con Julia comiéndole las tetas, y la otra foto, haciendo la tijera vistas desde arriba.
-Joder que bellezas- dije hablando solo.
Me dieron ganas de coger la moto e ir a por ellas. Pero recordé a Lurdes. Tenía su mensaje, con sus buenos días con muchos besos e incluso un emoticono de un café, sin ver en la bandeja de entrada. Se los devolví con la misma cantidad de besos y un ramo de flores, y volví a admirar a las chicas que pasaban.
El sofá de mi piso de estudiantes es de dos plazas, pero caben tres sin problemas. Me lo regalo un mando superior, al saber que compraba algunos muebles para mi nuevo piso, y era de buena calidad. Y daba fe, había aguantado muchos polvos y no se le oía quejarse después de tantos años.
Y esa noche tampoco se le oía cuando se frotaban los coñitos Julia y Chochín con fuerza, haciendo la tijera, mientras se turnaban para comerse las tetas. Lo hicieron en silencio, y Lurdes no las podía ver desde su cama. Seguía en “xoc”, pero estaba contenta de estar ay.
Las chicas se mordieron las tetas cada cual cuando se corría, y la otra reía mordiendo su hombro. Se quedaron en el sofá, desnudas y sudadas. Se acariciaron he hicieron planes para el día siguiente con Lurdes y su vestuario. Pero también conmigo y el deseo erótico de Julia.
Rieron en silencio y se durmieron.
Yo trabajaba cantando con mi música y pasé la mañana tranquilo. Las chicas me volvieron a enviar selfies e incluso alguna foto de Lurdes con su ropa más actual. Menudo cambio, se parecía mucho a Concha, toda una “Curbi” de vicio, pensé.
Lo dije en el grupo cerrado de mis chicas, y Chochín me dijo que era cierto, que estaba más “cañón”,pero Julia me puso un emoticono enfadada y un puño.
Julia tenía su “proyecto” con Lurdes, y no quería que me entrometiera. Lo entendía, su “Nuevo lado de ama” la llevaba a querer someter a alguien a su manera, ¿y quién mejor, que su dulce amiga? Pero a mí me ponía saber que ella no me quería cerca de Lurdes.
La primera vez que me paso algo parecido, debía tener 14 años, o poco más. Un verano, mi tía se dio cuenta de cómo miraba a mi prima, y de cómo me miraba ella. Intento que no estuviéramos juntos, mi prima le hizo caso. Pero no contó con que eso hizo que buscara la manera de estar con ella y su cuerpo de vicio, que me ponía el rabo tieso al verla en bikini cada día. Y acabó follada en alta mar. Agarrada a un flotador y gozando. Se suponía que la había salvado de la marea, e incluso mi tía me dio las gracias. Pero eso es otra historia.
Julia sabía que no comería solo, teniendo a su madre deseando que volviera a aparecer. Se lo explico a Chochín, y está, le dijo que me enfadaría si perdía más el tiempo, y no seguía con el master. Quedaron a la noche en mi casa, y Julia se fue abrazando a Lurdes y dándose dos grandes besos en las mejillas, dejándola en buenas manos. Beso a Chochín y esta le agarró con fuerza su culo de diosa. Lurdes estuvo a punto de santiguarse, pero se reprimió, pensó fríamente, y sonrió por el cariño que se tienen. Eso no era pecado, y su corazón lo sabía.
Julia tenía a su madre desatendida, no paraba en casa, y ya no hacían nada juntas, llevaba días sin aparecer, y con razón la pobre Concha, se lo recriminaba. No tuvo más remedio que claudicar. Me escribió, me lo contó, y le ofrecí ir a comer juntos a la Barceloneta, una buena mariscada. Y aceptó agradecida.
Se subieron al coche como dos damas que son. Muy bien vestidas y oliendo a magnolias, lirios y flores del bosque sin germinar. Las piropee sin miramientos y reían todo el camino.
Julia llevaba un vestido ceñido color verde, sabía que mi color preferido es el verde, y cada vez llevaba más prendas de ese color. Con un escote de “tirarse de cabeza”, y zapatos de medio tacón. Su madre no se quedaba atrás, con una blusa con encajes y medio escote, que ya dejaba adivinar sus pechotes, y una falda de tubo sobre las rodillas, que definía sus curvas de “Milf”.
Los camareros se peleaban en cocina por servir nuestra mesa, y varios hombres de las mesas cercanas no les quitaban ojo. Julia ya se había acostumbrado, había salido más por Barcelona, y ya estaba acostumbrada a sentirse observada y muy deseada, pero Concha tenía una sonrisa permanente notándose igual que la hija.
Julia me miraba sabiéndome orgulloso de ellas y charlábamos sin prestar atención. Pero Concha le empezó a hacer “tilín” el peor pieza que comía en el restaurante,y ya llevaba rato mirandola descarado.
El típico cincuentón con pasta, con una chica tonta de veinte años, con vestido embutido y pechos casi al aire, que comía golosa, sin fijarse en nada más. Ella le daba lo que quería, y él la colmaba a regalos y buenas comilonas.
Julia y yo nos dimos cuenta, y Concha se levantó, diciendo que iba al baño. Rápidamente Julia me dio un codazo. Sabía lo que pasaba. Pero no lo que iba a pasar, su madre iba a ser castigada, pero lo prefería, a ser follada por el baboso que la seguía.
Concha fue hasta los baños, y se detuvo mirando como el cincuentón se levantaba también mirándola. Quería una aventura y le resultó muy fácil. Ya hacía planes para salir sola, y follarse al que le gustara.
Pero el pobre cincuentón, no contaba conmigo protegiendo a una de mis sumisas, él creía que Julia y yo seguiríamos a lo nuestro.
Noto un dolor en su hombro apretado, y giró la cabeza, alzó la vista y le dije:
-¿Dónde vas galán? Esta puta es mía, vuelve con la tuya de pago.
-Sí, sí. Perdona, perdona. No sabía.- acertó a decir volviendo a su mesa tocándose el hombro dolorido.
La veinteañera que le acompañaba, sabía lo que le iba a pasar, en cuanto me vio levantarme detrás de ellos. Y se alegró de que el viejo baboso pudiera recibir una buena reprimenda. No parecía pareja de la joven, ni hijo de la mayor, y lo confirmo, comiendo sus langostinos, al levantarme e ir tras ellos. La pobre pensó que era su chulo.
Concha esperaba impaciente la aparición del galán, pero cuando me vio se puso blanca. La había cagado, y mucho.
-Vaya cola hay. Al final me orino encima- dijo disimulando.
Abrí la puerta de los hombres, y la llevé del brazo. Se sabía pillada y temía por el castigo.
Julia furiosa por la desfachatez de su madre, ya rechazaba a los hombres que se le acercaban solo con la mirada. Los camareros ahora se peleaban por no ir a su mesa. Su magnetismo sexual, parece que se podía convertir en odio, que repelía con solo mirarte.
Entre con Concha en un baño, con un par de tíos felicitándome con la mirada, y cerré la puerta. Me senté en el baño y me froté la cara pensando.
-Perdona, es que me miraba mucho, y me ha parecido muy atractivo. ¿ no puedo conocer a otros hombres? No lo sabía, perdona.- me decía casi temblando.
En otra ocasión, y siendo otra. Y no la madre de “Mi julia”.
Le hubiera metido por el culo la escobilla del váter, y le hubiera follado la boca sin compasión, hasta que pareciera una payasa, con el rímel y los labios corridos. Le hubiera dejado la escobilla en el culo hasta llegar al coche, y que todos la vieran.
En otra vida lo había hecho, y más de una vez.
Pero me levanté, no le dije nada, y volvimos a la mesa.
Por el camino se seguía disculpando, pero no la oía, solo quería ver la sonrisa de Julia, al vernos llegar.
Y así fue. Me miró a los ojos, me sonrió agradecida, y arrimo más su silla a la mía, cogiéndome la mano al sentarme.
-Madre, no volvemos a salir hasta que no aprendas, no puedes pasar de beata, a puta desbocada, por favor, qué vergüenza. -le dijo enfadada.
Le iba a contestar, no tenía derecho a recriminarle con las noches que pasaba fuera de casa, sin contarle dónde, ni con quién estaba. Pero estaba tan aliviada de que no la hubiera castigado en el baño, que sólo acertó a decir:
-Sí, perdona hija. No sé qué me ha pasado. Ya no bebo más- se excusó apartando la copa de vino.
Julia apretaba mi mano, ya no se quería esconder, me quería besar y darme las gracias. Pero me gustaba saber que su madre no sabía de lo nuestro, y dándole la vuelta a su mano, se la apreté, le guiñé un ojo y ella me sonrió apartando su mano y volviendo al papel.
La cuenta la pagó el cincuentón galán, y volvimos a casa charlando Julia y yo de Chochín y su master casi acabado.
Concha al conocer a Chochín, cuando se la presento su hija, y verla hablar tan bien español, se sorprendió. Al final le pregunto porque hablaba tan bien español y Chochín le explico que nació aquí y que, de china, sólo tenía el saber hablarlo. Concha lo entendió y le pareció muy buena chica. Si estaba en su casa estudiando, como le explico Julia, estaba tranquila. No sabía la pobre concha de donde provenía Chochín, ni en qué barrio estaba mi piso de estudiante, y cómo “estudiaban”.
Estuvo todo el camino callada, tampoco podía hablar, por no cagarla más, nos miraba charlando y le fastidiaba que yo tuviera pareja. Notaba lo bien que nos llevábamos, como nos hacíamos reír, y le parecíamos una pareja de “diez”, la envidia en cualquier evento.
Lleguemos a casa, y nos dimos la buenas noches antes de entrar en nuestros pisos. Julia me había metido mano en el ascenso, y yo a ella, con su madre deseando salir de mi radar.
Me puse cómodo, y me hice un descafeinado para fumarme un cigarro en la cocina. Charle con Chochín, que me había mandado selfies de su culo y sus tetitas, diciéndome que eran míos, y preguntándome si quería que le diera puerta a Julia, que solo era mía y si se lo pedía pasaba de ella, pero que Julia le ponía mucho.
Le dije que ya lo sabía, y que disfrutarán juntas, pero que también mandara, que Julia, era en el fondo una chica pija, y ella una guerrera como yo. Me mando otra foto lanzándome un beso con sus tetitas al aire, con los pezones de punta, y nos dimos las buenas noches.
Me quedaba dormido en el sofá por culpa del dichoso vino blanco. No sé quién “dictaminó” que el vino blanco era para mariscos, pero a mí, no me gusta mucho, y encima me daba sueño, prefiero el tinto.
Julia me miraba medio roncando, y cogió una sábana y me tapó. Quería amarme y gozar de mí, pero solo me tapo, se sentó en la mesa frente a mí, soltando lágrimas de agradecimiento, amor y alegría.
Yo la escuché entrar y me hice el dormido, esperando sus manos expertas y su boca. Pero cuando me tapo y se sentó mirándome, y llorando en silencio, ya no estaba asustado de que quisiera un hijo mío al acabar su carrera, ahora sabía lo que sentía por mí, y yo me alegré de lo que no le hice a su madre, y que no se lo hice por ella.
Se acomodo pegada a mí, y se tapó también con la sábana, oliéndome y pegándose más a mí.
Pero la mañana siguiente si me despertó su boca experta, me la chupaba y lamía sin prisas. Abrí los ojos y le dije:
-¡Mmmh! ya era hora, tres días joder ¡Mmmh!
Me miraba sonriente y me la empezó a mojar bastante, bajaba saliva por mis pelotas y adivine que me iba a hacer. Se abrió la bata, y me atrapó la polla con sus pechos calientes, empezando a pajearme con ellos.
-¡Mmmh! que tetas más calentitas ¡Aaaaah! ¿hay más sorpresas? ¡Mmmmh!
-Calla parlanchín, ¿Qué más quieres? -me dijo riendo, chupando con fuerza mi capullo.
-¡Aaaj! ¡Mmmmh! ¡Aaaaj! ¡joder que gustazo cariño! ¡mmmmh! -le decía
Siguió y aumentó el ritmo con sus pezones duros rozándome la barriga, arriba y abajo. Me volvía loco con sus tetas de piedra y su boca experta.
-¡Aaaaj! ¡Así cariño! ¡Mmmmh! ¡ya casi estoy! ¡Aaaajj! Como sabes cabrona ¡Aaaajj! ¡me corro, me corro puta! ¡Aaaajj! ¡joder! ¡Aaaaj! ¡sí, así joder! ¡Aaaaaghh!- le conseguí decir gozando y corriéndome.
Me la dejo seca y limpia, mirándome viciosa. Subió besando mi cuerpo, y jugando con mis pezones hasta mi boca. Se sentó encima y frotando sus pezones con mi pecho me besaba con pasión.
-Gracias -me dijo volviendo a besarme.
-Muchas gracias mi amo- y me volvía a besar sin dejarme hablar.
-Gracias- me repitió con una lágrima bajando por su mejilla- y me volvió a besar.
Lo repitió veinte veces, y cuando iba por la décima, mi polla ya entraba por su culo, y ella seguía besándome y dándome las gracias, metiéndose la polla poco a poco.
Yo la deje hacer, y le limpiaba sus lágrimas con mi lengua. Ella reía y seguía con su juego.
-¡Aaaah! Gracias mi amo ¡Aaaah! ¡Aaaah! ¡Mmmmh! ¡Aaaaah! – me seguía diciendo, follándose sola.
Se levantaba con las piernas, sacándola casi toda, me ofrecía sus pechos y volvía a bajar lentamente gimiendo.
-¡Mmmmh! ¡Aaaaaj! Ya te tocaba ¡Aaaah! ¡Buuuf! ¡Mmmmh! ¡Mmmmmh!- gemía gozando de su culo entrenado.
Empezó, ya más cachonda, a botar más rápido, y le dejaba la lengua esperando su pezón cuando bajaban y subían sus tetas botando alegres. Reía y le lanzaba mordiscos, me intentaba esquivar y gozaba con mi polla entrando torcida. Resoplaba y volvíamos al juego.
-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Mmmmh! ¡Aaaaah! Me llenas mi amo ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Mmmmh! -me decía botando desbocada.
Me canse de no pillarlé las tetas al vuelo, y se las atrape con las manos, apretándolas y mordiéndolas por todas partes.
-¡Mmmmh! Tramposo ¡Aaaajj! ¡Mmmmh! ¡Ya casi estoy mi amo! ¡Aaaaj! ¡Buuuf! ¡me partes! ¡Aaaajj! ¡Malo! ¡Aaajj! ¡me corro mi amo! ¡Aaaaajj! – me decía corriéndose con mi mano ahora sobando su clítoris con rabia.
Botaba más lentamente, y me agarraba la cabeza contra su pecho, con mi mano en su coñito palpitante. Se corría gozando, y poco a poco se la saco empujándome hacia atrás y volviendo a besarme con pasión.
-¿Estas mejor? – le pregunté entre beso y beso.
-Cada día mejor mi amo- me contestó sonriendo.
Se acomodo y estuvimos así relajados y charlando un rato.
-Tengo hambre -le dije notando las tripas rugir.
-Como me comas el conejo, ya no salimos hoy. Te lo advierto- me dijo.
-¡Mmmh! no me tientes que te llevó a la cama.
-¡Mmmmh! No mi amo, nos esperan para ir de compras.
- ¡Buuuf! De compras con tres brujas,que planazo- le dije y reímos.
-Tranquilo que solo te queremos de chofer- me dijo con sorna.
-No me lo has mejorado mucho- volvimos a reír.
Chochín también quería jugar con la pobre Lurdes y le rasuraba el coño peludo en la ducha. Lurdes le hablaba para no pensar en las cosquillas tan ricas que le hacía con la máquina.
-Estate quieta que ya falta poco- le decía Chochín.
-Es que hace cosquillas -le decía Lurdes.
-Si, ya acabo y te la dejo- le dijo tranquilamente.
-No gracias, ya me compro una- le dijo inocente sin entenderla
-Que no, joder que acabo y te dejo a solas con la máquina, ya casi estoy. Estate quieta- le explico Chochín.
-¿ Y para qué quiero estar sola con la maquina mujer?- le preguntó sin entenderla.
-Para esto joder- le dijo chochín apretándola contra su clítoris con fuerza.
-¡Aaaay santo dios! ¡Mmmmh! ¡quítamela que da calambre! ¡Oooojj! ¡Santo cielo! ¡Aaaajj! ¡Mmmmh! -le consiguió decir.
Chochín se la dejo en la mano y le dijo:
-Ya está, te ha quedado precioso, venga te dejo sola.
Y salió cerrando la puerta, sonriendo picara.
Lurdes se la acercaba con miedo, notaba placer y la separaba asustada. La consiguió apagar y pensó en preguntarle a Julia porque le pasaba eso. La pobre ni se había masturbado en su vida. Y se sorprendió al verse los pezones de punta con el agua caliente, solo le pasaba con agua fría.
Cuando entremos al pequeño piso, Chochín estaba en el sofá con el móvil, y se puso de pie saltándome encima. Me beso y me dijo al oído:
-No sabe ni que tiene clítoris- y río maliciosa
-¡Joder! -exclamé sorprendido.
-¿Qué tramáis? -preguntó Julia, después de besarse con Chochín, y sobarle el culo.
-Le he podado el seto, y ha descubierto su clítoris- le dijo en voz baja.
Julia abrió los ojos y exclamó:
-¡Madre mía, está como yo, cuando conocí a este morenazo!- y reímos todos.
-Pero déjala que es mía- le dijo a Chochín pellizcando su culo.
-¡Mmmh! vale, vale -y volvimos a reír.
Me senté en el sofá, con Chochín encima, y nos volvimos a besar y abrazarnos con fuerza después de casi un mes sin nuestros "encuentros", mientras Julia iba a saludar a Lurdes.
-Hola, ¡buenos días! – le saludó dándole un abrazo y dos besos.
-Hola Julia, mira ven que te explique.- y cerró la puerta.
-¿Qué te pasa dime?- preguntó sabiéndolo.
-Que Chochín me ha arreglado el pelo de abajo, porque me dice siempre, que como lo tenía, no les gusta a los hombres, y bueno si, mucho mejor así. Pero me decía que cuando acabara, me dejaba con la máquina a solas. No la entendía, y me la apretó en mi sexo, ¡y madre de dios que calambres da la maquina!- le explico Lurdes inconsciente.
-No Lurdes, no da calambres, es placer. Hay un botoncito en nuestras partes que da mucho placer, y usamos la máquina para masturbarnos.- le explicó Julia empezando a calentarse, recordando cuando le pode el "gato" en su coñito.
-¿Masturbarnos como los hombres? Pero si no tenemos testículos- dijo haciéndose la sabia.
-Mira ven, acércate- le dijo Julia sentándose en la cama, deseando empezar a someterla.
-Yo te enseño, y ya tú en tu intimidad, te tocas y de exploras sin miedo. No te vas a hacer daño ni es pecado. Igual que lo hacen los hombres, lo hace toda mujer que lo sabe.- le explicó con sus pezones ya duros.
Le bajo las braguitas, le empezó a frotar el coñito, y cuando se mojó, le abrió los labios y busco su clítoris. Lurdes gozaba y se dejaba hacer confiando en su querida amiga.
-¡Mmmh! si ¡Aaaah! Si, hay un botón ¡mmmmh! Que rico Julia ¡Aaaah! Esto no puede ser pecado ¡Aaaah! cielo santo qué bien ¡aaaaah! ¡Si, así, por ahí! -le decía Lurdes, ya indicándole.
Julia la veía gozar, y vio como se le ponían los pezones de punta, y decidió seguir pajeándola.
-¿Ves que bien? y estos pequeñines también dan placer- le dijo pellizcándole un pezón con suavidad.
-¡Aaaah! ¡Ups! ¡Mmmmh! ¡¿también los pezones?! ¡Aaaaah! Sigue, sigue un poco más ¡Mmmmh! -le decía Lurdes más desatada.
-Bueno, te la acabo yo que tenemos prisa, y no quiero hacerles esperar- le dijo aumentando el ritmo y mordiéndole un pezón sobre su nuevo sujetador de encaje.
-¡Aaaaj! ¡hay por dios! Mucho mejor ¡Aaaaajj! ¡Mmmmh! ¡Mmmmh! Me meo, para que me parece que me meo ¡Aaaajj! ¡Aaaaajj! ¡No pares no! ¡Aaaajj! ¡Hay dios santo! ¡Aaaaajj! Que placer señor ¡Mmmmh! ¡Aaaajj! Ya está, para, para ¡Mmmmh! ¡Oooojj! – le pedía corriéndose con Julia mordiendo sus pezones.
Se dejó caer en la cama dando saltitos con sus caderas y resoplando. Julia seguía con sus pechos, sobándolos y Lurdes no podía ni hablar.
-¿Lo ves? Eso ha sido un orgasmo -le dijo Julia deseando sacarle las tetas y comérselas
-¡Madre de dios! ¿Y porque no enseñan esto? – le dijo, dejando a Julia que le sobara las tetas un poco más.
-Pues porque está montado así, fíjate los años que has perdido sin disfrutar de un orgasmo- le dijo Julia ya soltando sus pechos y levantándose. Si seguía, la acabaría violando.
Lurdes, se recuperaba poco a poco, y se dio cuenta de que le había mordido y sobado sus pechos. Sintió vergüenza, pero le había encantado. Empezaba entender el juego con Chochín.
-Venga, acaba de vestirte y nos vamos- le dijo saliendo de la habitación cachonda perdida.
Miro en el salón y oyó a Chochín gemir en el baño.
Sentado en el baño, con chochín boca abajo, le comía el coñito y me ella me la chupaba, guiada por mis brazos, que le ayudaban con su poco peso, y gozábamos.
-¡Vamos cariño, que veras que caravana! -nos gritó Julia algo celosa tras la puerta.
Aumentemos el rito y Chochín se corrió chupando con más fuerza mi polla y gozando. Le sorbí y lamí, dejándoselo seco notando llegar el mío. Chochín ya sabía cuándo estaba a punto, y se soltó de una mano, agarrando la base, pajéandome y follándole la boca a mi gusto.
-¡Traga, traga cariño! ¡Mmmmh! ¡Aaaajj! ¡Aaaajj! Asi, asi ¡Mmmmh! – le decía agradecido mordiéndole con cariño entre las piernas.
Julia y Lurdes nos esperaban en el coche, me había cogido las llaves y se habían ido porque si no violaría a Lurdes, después de hacer el esfuerzo y dejarla en su habitación, lo que le faltaba era oírnos gozar en el baño.
-¡Ya estamos aquí! Este hombre no se decidía por un peinado- grito Chochín sentándose junto a Lurdes, que aún estaba en las nubes.
-Si, si, ya te explicare como le gusta “peinarse” – le dijo Julia con sorna.
Subí riendo al coche y le di un sonoro beso que la hizo reír.
-¡jajaja! Que burro- me dijo.
-Bueno, primer sitio chicas- les pregunte al arrancar.
Y me tuvieron de centro comercial, a tienda “chic”, y a otro centro comercial toda la mañana. Suerte que me lleve la Tablet, y me distraía mientras esperaba.
Una de las veces que volvían riendo como gallinas, vi a Chochín con una minifalda ajustada, unas mallas hasta medio muslo y un top que dejaba adivinar sus tetitas en todo detalle. Se plantó delante de mí ventanilla, se dio una vuelta y le dije:
-¡Madre mía! ¡menuda Lolita de vicio! – y rieron todas. Chochín se subió al estribo del coche y me beso.
-Pero así sola, no puedo ir por el barrio- dijo apenada.
-Es que…¡Buuff! – acerté a decirle.
Y volvieron a reír.
Chochín llevaba tiempo “dejándome caer”,que le gustaría vivir conmigo, y dejar su barrio de mala muerte. Lo sabía, pero no era buen momento para que se viniera y dejara a Lurdes sola.
-Muy bien Julia, cada vez estás más acertada con la ropa, ahora no poder bajar del coche en un buen rato, ¡Madre mía que bellezas!- les dije mirándolas de arriba abajo.
-Calla zalamero- me dijo Julia, mordiéndome un labio.
Esta vez comimos más tranquilos en una masía de Collserola. Nos pusimos las botas y no había casi nadie. Y sin planearlo celebraban la libertad y las buenas amigas. Yo no bebí, pero las tres se pusieron como cubas. El dueño aburrido, y sin apenas trabajo, nos puso la música más alta, y pasemos la tarde bailando y celebrando.
A la vuelta, cantaban y reían borrachas perdidas, y las tuve que llevar a mi casa. En el parking montaron tal escándalo, que tuvo que venir el vigilante a llamarnos la atención. Cuando vio a las tres chicas se ofreció a ayudarlas, pero desistió al verme la cara.
En el ascensor casi me violan con Lurdes apoyada a la pared con la cara, y tarareando alguna canción. Me desprendí de las manos de Julia y Chochín, y conseguí llevar a la pobre Lurdes al baño, a volver a vomitar.
Julia y Chochín, en el sofá se desnudaban y se decían cosas que solo ellas entendían. Lleve a Lurdes a la habitación de invitados y la deje en la cama aun cantando.
Las dos medio desnudas me vieron llegar al salón y me recibieron con los brazos abiertos.
-¡Pender! Ven mi amo, ven. Te quiero, te quiero muchísimo mi amo- me dijo Chochín.
-¡Calla puta que es mío! Ven mi amor, hazme un hijo -me dijo Julia también balbuceando.
-Si le haces un hijo, yo quiero otro. Verás que guapa nos sale la niña- dijo Chochín ya dejándose caer en el sofá y soltando la falda de julia.
-Madre mía que cogorza, ¡venga a la cama las dos! Y llevaros unos cubos por si vomitáis- les dije serio.
Se callaron, y se ayudaron a levantarse una a otra, cayendo un par de veces.
Yo me fui a por un descafeinado y salí a la terraza riendo por verlas asi. Se merecían celebrar su pequeña fiesta. Y me las podía haber follado, pero corta bastante el rollo que te vomiten mientras follas.
Mañana me tocaría hacerles de enfermero con la resaca que tendrían.
Continuará.
Continúa en
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