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Temperatura Extrema 2

El magma se acerca y el tiempo se agota. Dante sabe que la única solución está en las manos de Alba, la mujer a quien perdió hace años. Pero esta vez, no solo debe salvar el mundo, sino reconstruir lo que rompió en el fuego.

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Temperatura Extrema 2

El vuelo se pasó rápido, estuve echando un vistazo a los datos que Paolo me había dejado en un sobre en el avión, de momento el volcán que se había despertado era el Vesubio. No había indicios de que la erupción sería inminente, pero todos sabíamos de lo impredecibles que resultaban los volcanes, los datos que de verdad me preocuparon fueron los que indicaban que la caldera del Vesubio no estaba siendo alimentada por el manto, sino por la caldera del volcán de Los Campos Flégreos.

Ese si era un problema muy serio, Los Campos Flégreos era un volcán IEV7 (índice de explosividad volcánica). Se lo podía catalogar como un supervolcán, pero más pequeño que la caldera de Yellowstone. A diferencia de Yellowstone el volcán de Los Campos Flégreos, no podía causar un EEM (evento de extinción masiva) por si solo, pero si los dos volcanes erupcionaban a la vez, la escala subiría a un IEV8 y aquí sí que la humanidad estaría en un verdadero peligro.

No me lo quería ni imaginar, mire a mi lado y vi a Wolf dormido, en ocasiones sentía envidia de él. Por muy mal que estuvieran las cosas él no perdía el sueño, por fin llegamos al aeropuerto de Nápoles. Al bajar del avión un coche nos esperaba, era el encargado de recoger a los científicos, políticos o militares que solían venir al instituto.

Era un hombre de pocas palabras, pero hacía muy bien su trabajo.

Wolf entró en la parte de atrás del coche, yo ayudé al conductor a meter mi equipaje en el maletero, cogiendo la carpeta que Paolo me había dejado, subí al coche.

• Si no le importa, me gustaría pasar primero por la casa de mi abuela, me gustaría ducharme y cambiarme de ropa.

• Muy bien, señor.

Esas fueron las únicas palabras que intercambiamos hasta que llegamos a casa de mi abuela. Una vez que llegamos le dije que se marchara, yo cogería el coche que perteneció a mis padres para ir al instituto vulcanológico. El conductor se marchó y yo me dirigí hacia la casa, al llegar a la puerta de entrada vi una nota que mi abuela me había dejado pegada a la puerta.

“Querido nieto, me he marchado a hacer unos recados, te he dejado toallas limpias y ya sabes donde está la lleve de la entrada”

Sonreí, mi abuela siempre estaba en todo, la llave se encontraba detrás de una de las rocas que adornaban la pared del porche. Al quitar la roca detrás había un pequeño agujero, dentro de él se encontraba la llave. Una vez que volvías a colocar la roca, nadie sospecharía que ese era el escondite, al abrir la puerta vi unas cajas al lado de esta. Mi abuela, como gran vulcanóloga que era, tenía preparadas unas cajas con los objetos que ella consideraba más importantes.

De esa manera podría cargarlos en su todoterreno y marcharse sin mirar a tras. Eso era una ventaja cuando un volcán entraba en erupción de forma inesperada. Mis padres tenían la misma costumbre y yo también la había adquirido, de hecho icé lo mismo al recoger las cosas de la casa que yo y Ana compartíamos. Solo me llevé dos cajas de la casa, eran todos los recuerdos que conservaba de mis padres. Lo único que me lleve de Ana fue un colgante que le regale en nuestro primer aniversario, ese colgante perteneció a mi madre, los demás objetos y ropa que fuimos comprando mientras estuvimos juntos se quedaron allí. Metí las cajas y las puse al lado de las de mi abuela, Wolf se encontraba en la cocina comiendo la comida que mi abuela había dejado para él, así conquistabas a mi mejor amigo, por el estómago.

Que bien me estaba sentando la ducha, el agua caliente me ayudaba a relajarme, teníamos que cortar ese flujo de magma que había entre los dos volcanes. Uno de los científicos expuso su teoría, esta se trataba de verter millones de litros de nitrógeno líquido al volcán para enfriar el magma. Esa idea no funcionaria, mucho de ese nitrógeno se evaporaría por el calor producido por el volcán, el nitrógeno que no se evaporara podría producir una violenta explosión al contacto con el magma del interior del volcán. Estaba claro que no se podía descartar del todo, pero tendríamos que estar muy desesperados para poner en marcha esa teoría, otro expuso agujerear la caldera para hacer salir el magma y de esa manera aliviar la presión dentro de la caldera.

Esa idea si era inviable, la salida del magma si aliviaría la presión, pero la caldera podría desestabilizarse y provocar una gran explosión. Yo me decantaría por la evacuación, pero cuanta gente tendríamos que evacuar, los tres millones de personas que vivían alrededor del Vesubio, por descontado. Ninguno habíamos presencia la devastación de un supervolcán, teníamos datos de erupciones de miles de años atrás, entonces no había ni una parte de la gente que vivía en estos momentos en el planeta tierra.

Salí de la ducha cogiendo una de las toallas y empecé a secarme, solo veía una solución, sabía que Paolo no pondría ninguna objeción, pero los demás científicos pondrían el grito en el cielo. Me puse ropa limpia y me dispuse a presentarme en el instituto vulcanológico, Wolf se quedó en casa esperando a la abuela. Era un lobo de unos cuarenta y cinco kilos, todo el mundo le tenía miedo, no sé por qué era un precioso animal y muy adorable.

Arranque el coche y me puse en marcha con una sonrisa. No tarde mucho en llegar, la casa de mi abuela se encontraba cerca del instituto. Al llegar aparqué en el aparcamiento que estaba asignado para mí y utilizando la tarjeta de entrada, una vez dentro, lo primero que hice fue saludar al segurata. Era muy educado y con una sonrisa y eso que tenía que aguantar a cada pedante, no sé si yo lo hubiera soportado, me monte en el ascensor y por fin llegue a la sala de reuniones.

Allí estaban reunidos todos, por sus caras sabía que la cosa había empeorado mucho, Paolo me miro y espero a que llegara a él.

• ¿Qué tal el viaje Dante?

• Muy bien gracias Paolo, ¿qué ocurre?

• Nuestros peores escenarios se están haciendo realidad.

Eso no me hizo ninguna gracia, el panorama era dantesco, mire a Paolo y le dije.

• He leído tu informe y solo veo un plan para parar la erupción.

• Ya veo, ¿estamos pensando en lo mismo verdad Dante?

• Sí.

El plan se llamaba Cero absoluto y solo había una persona que podría llevar este plan a buen puerto. Su nombre era Alba y ahora mismo no nos quería ver ni en pintura, ella creó una máquina que conseguía alcanzar una temperatura cercana a los, −273,15 ◦C, de esa manera podía congelar millones de toneladas de agua consiguiendo que los glaciares dejaran de descongelarse.

Alba era un genio, después de demostrar que su máquina funcionaba, los militares empezaron a verle posibilidades como arma contra otros países. Alba se negó, pero nadie les dice a los militares, no por mucho tiempo. Estos la obligaron a entregar toda la documentación y el prototipo y después cerraron su investigación, eso hundió mucho a Alba, pero nada comparado a la muerte de su madre, lo único que me alegre fue que ella no estuviera presente y no pudo ver como murió.

Yo no tuve tanta suerte, su madre y yo trabajábamos juntos estudiando volcanes activos. Nos enviaron a Hawái, en él teníamos que tomar muestras del volcán de Kilauea. Cuando llegamos nos encontramos una ladera de lava que se había enfriado, tendríamos que andar con mucho cuidado. Muchos volcanes generan lo que llamamos tubos de lava, el techo de este parece roca sólida, pero suele ser delgado y quebradizo.

Empezamos a caminar pisando con sumo cuidado, el suelo parecía solidó, cuando casi habíamos llegado a donde teníamos que tomar las muestras. El suelo empezó a ceder y nos caímos en un agujero, este agujero estaba lleno de lava. Este la mantenía fluida y muy caliente, conseguimos agarrarnos a unas rocas que sobresalían de la pared. Por suerte llevábamos los guantes puestos, esto nos permitiría soportar la temperatura cada vez más elevada que estaba alcanzando ese agujero.

Ella había quedado más abajo que yo, con gran esfuerzo conseguí llegar arriba y me dispuse a ayudarla a subir. El calor era tan intenso que creí que la piel de la cara se empezaría a derretir, el brillo de la roca fundida nos hacía daño en los ojos. Entonces pasó lo que más temíamos, la roca de la que la madre de Alba estaba sujeta empezó a desprenderse.

De un rápido movimiento conseguí sujetarla de su brazo, aquella mujer estaba tan asustada como lo estaba yo. Lloraba sabiendo cuál iba a ser su final, yo no tenía ninguna intención de soltarla, ella me miro y me dijo.

• Prométeme que cuidaras de Alba.

• No digas eso, saldremos los dos de aquí.

• ¡Prométemelo!

• ¡Te lo prometo, pero no te rindas!

• Tienes que soltarme, el suelo a tus pies está a punto de ceder, no tenemos por qué morir los dos.

Colocando los dos pies en la pared, hizo fuerza, consiguió soltarse de mi mano y cayó a ese lago ardiente. Jamás en mi vida olvidaré sus gritos, no tardo mucho en morir, pero se me quedaron grabados en mi mente y muchas noches no me dejan dormir, no puedo evitar pensar que pude hacer algo más. Alba jamás me culpo de la muerte de su madre, pero mi presencia le recordaba constantemente su muerte y decidió poner tierra de por medio.

La última noticia que tuve de ella, es que trabajaba en la clínica veterinaria de su padre al lado de su madrastra, a la que no podía ni ver. Alba salía con un chico al que yo le caía como una patada, jamás le hice nada, pero creo que se sintió amenazado y no paro hasta que mi relación con Alba terminara enfriándose definitivamente.

Deje esos pensamientos a un lado y mire a Paolo.

• Yo me encargaré de convencer a Alba.

• El problema no es Alba, muchos de los científicos de ahí a dentro no la tragan

• Eso es porque no admiten que Alba es una mujer, además más lista que ellos y mucho más guapa – no pude evitar reírme.

Paolo me dio un golpe en la espalda y entramos a la reunión, como me temía, los científicos que trabajaban para la rama militar no estaban nada de acuerdo con el plan.

• No podemos dejar millones de vidas en manos de una chiquilla – dijo uno de los científicos.

• Una chiquilla que es más lista que vosotros – dije.

• ¡Que insinúas! – dijo otro científico.

• Desde que ha empezado la reunión, solo he escuchado la palabra, no, ¿alguno tiene otra idea mejor que la nuestra?

Ninguno dijo nada, todos alegaron de que construir esa máquina sería muy caro, menudos hipócritas, cuando pensaban en convertir la máquina de Alba en un arma no les parecía tan cara. El problema vino de que ninguno fue capaz de crear la máquina y que funcionara, campo dije Alba, era mucho más lista que ellos. Paolo empezó a perder la paciencia, me miro y después se dirigió a los demás.

• Hemos estudiado las distintas propuestas que nos han entregado y ninguna es plausible.

• ¿Y usted me va a decir que es más plausible una máquina concebida para congelar agua? – dijo el científico que le quito el proyecto a Alba.

• Esa máquina consigue rozar la temperatura de, −273,15 ◦C, a esa temperatura todos los átomos dejan de moverse – dije yo.

• ¿Cómo piensan hacerlo? - dijo otro científico.

La máquina tendría que ir protegía con un escudo resistente a calores extremos, ese escudo tendría que aguantar una temperatura superior a los 1200 ◦C, durante el tiempo que durara la cuenta atrás. Nadie dijo que sería fácil, mi idea era tomar muestras de los dos volcanes, el Vesubio y Los Campos Flégreos, con esos datos Alba podría calibrar bien la máquina, después tendríamos que calcular bien el punto donde colocaríamos la máquina para que conseguir parar la erupción.

Entre el Vesubio y Los Campos Flégreos tenía que haber un punto caliente, estos eran punto donde la actividad volcánica era muy alta, cada volcán era un punto, pero entre los dos tendría que haber otro donde los dos volcanes se juntaban, solo tendríamos que encontrarlo. Termine de evadirme de la reunión, los científicos no daban su brazo a torcer y el tiempo se nos echaba encima. Fui a la sala de descanso y me saqué un café de la máquina, no había desayunado y tenía el estómago vació. Mientras el café se enfriaba, llame a un coronel del ejército que era amigo de Paolo y mío.

• Filippo soy Dante.

• ¿Cómo estás, Dante?, ¿qué necesitas?

• Tenemos una idea para parar esto, pero los científicos que trabajan para vosotros, no hacen más que poner pegas.

• Veré que puedo hacer.

Le expliqué lo de la máquina de Alba, era la única oportunidad que teníamos y el ejército tendría que ayudarnos, de no ser así jamás llegaríamos a construirla antes de que los dos volcanes entraran en erupción. Filippo fue consciente de la gravedad y me dijo que hablaría con su superior, en cuanto supiera algo se pondría en contacto nosotros.

Volví a la sala de reuniones, Paolo seguía discutiendo con los científicos, la discusión acabo cuando todos los móviles empezaron a sonar. Las órdenes eran claras, habían aceptado el plan y los científicos tendrían que cumplir las órdenes de Alba, a más de uno le salió una úlcera. Ahora quedaba lo más complicado, convencer a Alba, sabía que estando como estaba la cosa no se quedaría de brazos cruzados.

Otra cosa es la cara que pondría cuando supiera que tenía que trabajar con todos los científicos que la echaron a patadas en el pasado, mire a Paolo y los dos salimos de la sala. Yo me dispuse a coger el coche y volver a la casa de mi abuela y esperarle para ayudarle a hacer la comida. Para cuando llegue, ella se encontraba jugando con Wolf en el porche, me miro y vino a saludarme.

• Bienvenido, nieto, que bien te veo.

• Gracias Abuela, tu cada día más joven.

• No me hagas la pelota que nos conocemos.

Los dos empezamos a reírnos y nos abrazamos con fuerza, mientras preparábamos la comida, teníamos a Wolf atento por si se nos caía algo para comérselo. El pobre estaba frustrado, al final termino yéndose al sofá y esperar a que termináramos de preparar la comida. Aproveche ese tiempo para contarle todo a la abuela, esta me dijo que la idea era buena y que Alba nos ayudaría sin dudarlo.

• Tú crees abuela, no acabamos muy bien y llevo años sin hablar con ella.

• Alba y tú os conocéis desde que erais unos críos, además los dos teníais sentimientos por el otro que no quisisteis reconocer.

• No sé dé que me hablas.

• Ves a eso me refiero.

Se empezó a reír y de esa manera nos pusimos a comer, como esperaba el que más termino comiendo era Wolf, si no teníamos cuidado se iba a poner como un tonel, era como un agujero sin fondo. Fregué los platos mientras la abuela y Wolf veían la tele, me prepare un whisky y salí al porche para tomarlo. Tenía el móvil con el teléfono de Alba en la pantalla, pulse el botón verde y espera a que respondiera.

• Hola Dante, cuanto tiempo.

• Si demasiado.

• ¿Qué ocurre?

• Alba, las cosas aquí se están poniendo muy peligrosas, necesitamos tu ayuda.

Le conté por encima la que se nos venía encima, le dije que en cuanto llegara al aeropuerto de Barajas le contaría todo con detalle, prefería hablarlo con ella en persona, además que me apetecía volver a verla. En cuanto hablamos note que nuestra sintonía era igual que en los viejos tiempos, pero también note algo raro en su tono de voz, intentaba aparentar normalidad, pero algo me decía que tenía problemas.

• Alba que ocurre te noto rara.

Alba intentó contestar, pero no pudo porque empezó a llorar, le dije que en unas horas estaría a su lado y que todo se solucionaría. Según colgamos llame a Paolo y le pedí que preparara el avión privado, la única vez que vi llorar a Alba fue en el entierro y funeral de su madre, si ahora estaba llorando es que algo malo le sucedía.

Continuará.