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Mi esposa argentina 2 parte 10

La puerta suena y no es quien esperaban. El Marroquí entra con un tanga en la mano y órdenes que no pueden ser rechazadas. Mientras Carlos filma, la dignidad de su esposa se desmorona pie a pie, hasta que el placer forzado la traiciona.

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MI ESPOSA ARGENTINA 2 Parte 10

Al otro día mientras desayunábamos me dijo:

_Estoy más tranquila ahora que está arreglado ese lío de la denuncia ¿Hoy vas a ver a Álvaro?_

Álvaro era mi abogado y me llamaba la atención que yo estuviera bastante tenso por esta aparición de Edu mientras ella decía estar tranquila.

Le dio de mamar a la niña.

Aclaro una vez más que nuestras vidas corrían en paralelo, por un lado la felicidad de estar con nuestra hija, haciendo lo que todos los padres hacen y por otro este juego erótico con sus ramificaciones y peligros. En este relato me centro en el segundo de esos mundos paralelos, el de la felicidad de la paternidad lo dejo un poco de lado aquí.

El hecho de que Sol fuera una niña tan tranquila y durmiera tanto y se hubiera acostumbrado al biberón, nos dejaba tiempo para nosotros como lo habíamos pensado en un principio aunque no en el sentido que estaba tomando todo.

Antes de irme al hospital, mientras Fernanda esperaba a Amaia para irse a la consulta vi que ella salía del cuarto con una minifalda que dejaba al descubierto sus hermosas piernas. Ella era más de usar pantalones en la consulta y me llamó la atención.

_Que raro tú en minifalda_ le dije muy cándido

_ ¿No te imaginas por qué?_

_No ¿Por qué?_

_Es un pedido o una orden de Edu _ y me miro con una expresión indefinida entre la resignación y el desgano.

Me fui al hospital con un nudo de nervios en el estómago. Después del mediodía recibí un video de Edu.

Se veía que una mano apoyaba el móvil en una mesa, luego veo primer plano de Fernanda de pie con las manos en alto apoyadas en la pared, se le veía un poco de perfil la cara, pero estaba mirando a la pared, me doy cuenta que es en la consulta de ella.

Luego primer plano de un hombre vestido de negro y ¡Ostias! tiene puesto un uniforme de policía pero en plan militar con el arma en el cinto y botas estilo borceguíes, se aproxima a ella lentamente, le levanta la minifalda y plass, azote en el culo, ella pega un gritito contenido_ Ay _

Luego otro azote y otro seis o siete por lo menos, con toda la mano, el culo de Fernanda queda rojo, ella solloza un poco_ Basta… basta_

Un nuevo azote _Ay_ dice ella siempre con las manos apoyadas en el muro, el culo en pompa y levantado por los tacones, sus piernas así lucen espectaculares.

Luego él se baja el pantalón y la penetra por detrás, cuando ella gime demasiado fuerte le tapa la boca con la mano, mientras lo hace Edu mira a la cámara del móvil y sonríe simiesco y brutal.

Se corre dentro de ella y lentamente se sale, le acaricia la cara y el pelo a Fernanda quien sigue con los ojos cerrados.

Así con los pantalones por las rodillas y el pene colgando llega hasta el móvil y corta el video.

Evidentemente Edu quería cobrarse rápidamente nuestra deuda. Cuando llegué a casa Fernanda estaba en chándal y pantuflas, con gafas revisando unas notas.

Fui a ver a la niña que dormía, en ese momento se despertó, la cogí en brazos, la llevé con su madre.

_Hermosa como su madre_ dije

Fernanda sonrió. Parecía increíble fuera la misma que había visto en el video de esa tarde.

_ Edu está como loco ¿Lo has visto?_

_Si ¿y tú? ¿Lo disfrutaste?_

_El acto en si no, fue muy bruto, simplemente me la metió y acabó_

_Yo ni siquiera me excité viendo ese puto video_

_Pero Carlos toma con pinzas esto que te voy a decir la verdad es que…_

_Joder amor ¿Qué me vas a decir ahora?_

_Me excita un poco que me dé órdenes, me excitó que me ordenara llevar esa minifalda_

La miré sin decir nada como cambiaba a nuestra hija, pensé que todo se nos desbordaba otra vez, estábamos abriendo demasiadas puertas al mismo tiempo.

Más tarde luego de cenar, con la niña ya dormida. Estaba en yo en el sofá mirando el móvil cuando veo que se sienta a mi lado con la minifalda que llevara a la tarde, con zapatos de tacón y una camisa como de ejecutiva.

_Ahora viene Edu_ me dice

_Vamos de prisa eh_

_ ¿Sabes que hizo hoy después de follarme? se llevó el tanga que tenía puesto, tuve que atender a los pacientes de la mañana sin bragas, que vergüenza_

La besé, metí la mano bajo la minifalda y noté que estaba desnuda.

_ ¿Y ahora te ha pedido que lo recibas así?_

_Si, será cabron, típico llevarse como trofeo las bragas de la tía_

En eso llamaron, bajé a abrir la puerta y ante mi sorpresa no era Edu quien estaba en el portal sino el Marroqui.

_Me ha mandado Edu, a cumplir un encargo_ me dijo

_Vale_ le dije yo resignado a todo

Cuando entramos a la sala de estar, Fernanda se levantó del sofá como un resorte.

_ ¿Y esto?_ dijo con la cara roja de vergüenza

_ Él es un amigo de Alfonso y de Edu, estaba en el juego de cartas la otra noche, es el…marroquí_

Hice esa presentación ridícula y ni yo me lo podía creer

_Buenas noches señora, no me quedaré mucho, no quiero molestar, me llamo Paco, pero si…. me dicen el marroquí, porque estuve mucho en ese sitio, es la verdad_

Fernanda lo miraba azorada, el marroquí estaba vestido con un traje de sport, sin corbata, era muy moreno haciendo honor a su apodo, con el bigotillo finito como de película antigua y el pelo reluciente y brilloso por el fijador.

_ ¿Cuál es ese encargo?_ pregunte porque Fernanda se había quedado sin palabras

Entonces el marroquí introdujo la mano en el bolsillo del saco y sacó algo hecho un bollo, se lo mostró a Fernanda, abriendo un poco la mano.

Era el tanga de ella que Edu se había llevado por la mañana.

_Tu Carlos, toma mi móvil y filma, eso es lo que me han dicho que hagas_

Me pasó su móvil y comencé a filmar.

El marroquí era bastante más bajo que ella quien con sus tacones quedaba imponente a su lado.

_Y usted señora si me lo permite debe alzar un poco un pie_ dijo el marroquí y se arrodillo a los pies de ella.

Comprendí lo que estaba a punto de pasar y por un momento creí que mi esposa no lo aceptaría.

_ ¿Esto es lo que Edu quiere?_

_Así es señora tengo entendido que esta prenda le pertenece_

Mi esposa alzó un pie del suelo y el marroquí paso el tanga por su pie, la prenda se enredó un poco con el zapato de tacón, al hacerlo mi esposa apoyó una de sus delicadas manos en el hombro de el quien permanecía arrodillado. Luego ella alzo el otro pie y lo pasó por el tanga que el marroquí le ofrecía.

Yo tenía una erección como en mis mejores momentos de morbo, la cara de mi esposa era un poema de excitación.

El marroquí tomando el tanga negro por sus extremos lo fue subiendo por las piernas de mi esposa, sus manos morenas y toscas contrastaban con la fina piel de ella.

Siguió subiendo hasta encajarlo en el pubis de mi esposa, todavía tiró un poco hacia arriba para acomodarlo bien.

Se quedaron mirando mi esposa y el a los ojos

_Se me ha pedido que haga una cosa más señora y luego me marcharé_

_Está bien_ dijo mi esposa en un susurro

_Debe usted darse vuelta y levantarse la falda_

Mi esposa le miró fijamente como sopesando todo, yo ya no tenía duda que haría lo que le pedía.

Se dio la vuelta lentamente y levantándose la falda, dejó su culo formidable al descubierto.

_Perdón madame por lo que voy a hacer, solo cumplo lo que se me ordenó, como usted lo hace_

Me causaba gracia esa formalidad teatral del marroquí, pensaba si sería una idea de él o también se lo habían ordenado así.

Cuando de pronto le soltó un azote en el culo a mi esposa de forma abrupta. El plass!! Sonó como un latigazo en el silencio de la noche.

_Debo aplicarle cuatro de estos señora ¿Esta lista para el siguiente?_

_Si, hágalo marroqui_ dijo mi esposa

Él me sonrió sin que Fernanda pudiera verlo, puso una mano en la espalda de ella y le soltó el azote en la otra nalga, a mano abierta, luego sobó un poco el cachete del culo que había sido castigado primero y dio el tercer azote Plass! Respondido por un Ay! De mi esposa

_Perdón madame, ya terminamos_ y le soltó el último de los azotes.

_Puede darse vuelto ahora_ le dijo el marroquí

Ella se giró, muy digna acomodándose la falda.

Él le tomó una mano y se la llevo a los labios, posó un beso suave sobre la fina mano de ella.

Todo era tan bizarro que debiera darme risa y sin embargo mi polla estaba a punto de reventar.

_Que tenga buenas noches señora_

_Buenas noches_ dijo ella

Cuando bajábamos en el elevador me dijo:

_Que suerte tienes Carlos, con lo buena que está y con lo puta que es_

_Aja_ dije yo

_Bellísima además, una autentica belleza_

Cuando regresé mi esposa ya no estaba en la sala de estar, sino en la habitación completamente desnuda, boca abajo en la cama, la redondez de sus nalgas, la raya que dividía su espalda curva y perfecta.

_Desvestite amor y vení a cogerme_ me dijo

Le hice caso, claro.

A la mañana siguiente me dijo:

_Fue intenso lo de anoche ¿no amor?_

_Si, todo ese teatro del marroqui hizo lo suyo_

_Demasiado sutil para venir de parte de Edu ¿no te parece?_

_Si… definitivamente no es su estilo_

_A ver que se le ocurre hoy_

En esta situación ya naturalizamos lo extraño, a ver que se le ocurre hoy como si tal cosa, si enviaba a alguien más a jugar con nosotros, porque en el fondo todo era un juego eso ya lo tenía claro. Un juego que podía volverse peligroso.

A media mañana me llega un mensaje de Fernanda

_Ya tengo chofer particular, tu primo Ignacio_

En realidad Ignacio era primo de mi madre, siempre me lo había presentado como un tío más o menos lejano. Claro… era el que faltaba de aquel juego de cartas donde Fernanda hizo su show.

“Recibo un mensaje de Edu que me dice que alguien me va a llevar al trabajo, era un taxi, era tu primo o tu tío Ignacio. El hombre se presenta muy correcto, muy formal. Yo me esperaba cualquier cosa de un momento a otro, Pero no… todo muy normal. Me cuenta un poco de los veranos que pasaban con tu madre cuando ambos eran niños, todo en plan muy familiar, que te conoce a ti de pequeño bueno, lo normal. Luego me pregunta a qué hora tiene que pasar a recogerme y que a partir de ahora él iba a ser mi chofer. Imagina mi sorpresa, se baja del coche para abrirme la puerta y todo.

A la hora convenida me pasa a buscar, otra vez me abre la puerta con toda la formalidad del chofer de una gran señora, seguimos con el teatro ya ves. Bueno que le digo que tengo que hacer unas compras, el me espera, cuando estoy llegando, toma las bolsas de la compra, me vuelve a abrir la puerta del coche. Me pregunta adónde vamos. A casa Ignacio le digo siguiéndole el juego, en el trayecto charlamos amigablemente, me cuenta de la enfermedad de su esposa, me pregunta por la niña, cuando nos despedimos me pregunta a qué hora viene a recogerme mañana. ¿te lo puedes creer?”

_Joder ¿que se tramaran estos? Ingenio no les falta por lo que se ve_ le dije a mi esposa

_Esta noche viene alguien por lo que veo_ me dice Fernanda mostrándome el móvil

_Bueno, espero que sea alguien conocido al menos_ le digo

El uniforme que Edu o quien sea le había ordenado eran tejanos bien ajustados y botas, una chica vaquera otra vez.

Allí estábamos ella y yo, sentados en el sofá esperando a quien sea esta vez.

_Disfrútalo amor, no podemos hacer otra cosa_ me dijo abrazándome

_ Álvaro me ha dicho que los papeles, están bien, que la investigación figura como cerrada y que no hay nada que temer_

_Hoy es la última vez que nos prestamos a sus jueguecitos entonces_

_ ¿Y tú lo estás disfrutando?_

_No…….. es solo que creo que es mejor seguirles la corriente_

Pero por el brillo de sus ojos me di cuenta que había algo más, que en el fondo el morbo la estaba ganando nuevamente.

Llamaron a la puerta, bajé a abrir, era el marroquí otra vez. El mismo traje de la noche anterior.

Saludó a Fernanda con un beso en la mano, todo muy teatral y ceremonioso como la vez anterior.

No sé si era idea mía pero veía a mi esposa como más rubia a su lado, ese corte carre o bob, la fina melena con las puntas enmarcando el rostro y de pie frente a ella el marroquí con su pelo negro y rizado brillante por el fijador.

Hizo que ella se sentara en el sofá, tomándola de la mano con la punta de los dedos.

Luego se arrodilló frente a ella.

_Extienda su pierna señora, voy a sacarle las botas_ le dijo

Ella me miró entre sorprendida y divertida y me di cuenta que Fernanda estaba disfrutando tanto como yo, revivía la excitación de esos primeros encuentros que habíamos tenido hacía ya tiempo.

Forcejeó un poco el marroquí con la bota marrón, luego de bajar la cremallera lateral que llevaba.

Era un cuadro increíble ver ese hombre de unos sesenta años, vestido de traje, hincado de rodillas, intentando sacarle la botita a mi esposa que extendía la pierna larga y esbelta enfundada en el tejano que se adhería a su piel.

Fernanda había repantigado su cuerpo en el sofá de una manera un poco desordenada.

Finalmente lo logró, salió la bota con un último tirón, tenía ella un calcetín blanco que el marroquí quitó con delicadeza dejando el pie desnudo de mi esposa en el suelo.

Se puso a la tarea de quitar la segunda bota. Miré a Fernanda y vi que ya tenía el rostro arrebolado por la excitación y pensé por un momento en si finalmente el marroquí acabaría follandosela esa misma noche.

Él tomó el pie perfecto de ella entre sus manos morenas y lo masajeo recorriendo con sus pulgares la planta del pie. Mi esposa gimió quedamente y entrecerró los ojos.

_Es lo mejor para terminar el día ¿No es verdad?_ le dijo el marroquí

_Si_ dijo ella

Entonces él apoyó el pie desnudo de ella en el suelo y se quitó el saco arrojándolo a un costado.

Luego se desprendió los botones y abrió la camisa, dejando ver un pecho muy peludo de tupidos y pequeños rizos.

Tomó entonces los dos pies de mi esposa y los apoyó en su pecho, entre esa mata de pelillos rizados. Luego mientras uno de los pies de ella continuaba apoyado en el pecho, tomo el otro y se lo llevó a la boca.

Fernanda tenía tobillos finos y bien formados, la única imperfección de sus pies si cabe, era una pequeña callosidad al costado derecho de cada pie y es que de niña había practicado ballet y esa marca de andar en puntas de pie quedaba por siempre según me explicó una vez. Por lo demás sus dedos eran pequeños y finos con las uñas barnizadas con una transparencia.

Esos dedos eran engullidos por la boca sensual y hambrienta del marroquí, quien se los metía en la boca con delectación, alternando un pie y otro, a veces dejando uno apoyado en su pecho a veces llevándose un pie a la boca y masajeando el otro.

Por momentos pasaba su lengua por toda la planta del pie, besando también el talón y el tobillo.

La cara de Fernanda estaba transfigurada por la excitación, totalmente roja y con los ojos entrecerrados.

_ ¿Le gusta señora?

_Mucho_ le dijo ella

_Puede tocarse si quiere, no se preocupe por mi_

Fernanda me miró no sé si pidiendo mi aprobación por lo que estaba a punto de pasar o diciéndome que era inevitable ya.

Se desprendió los primeros botones del tejano y coló su mano dentro del pantalón.

Ahora ella estaba completamente recostada sobre el sofá aunque con medio cuerpo en el aire, los pies desnudos apoyados en el pecho velludo del marroquí, mientras este seguía con lo suyo de besarlos, chuparlos y masajearlos. Su mano dentro del pantalón se movía frenéticamente masturbando su clítoris.

Me acerqué con el móvil para hacer un primer plano de su hermoso rostro y vi como los pezones se transparentaban en la camisa, queriendo liberarse ellos también de esa presión.

Entonces tomé la iniciativa y desabotoné su camisa dejando a la vista los pechos de mi esposa contenidos apenas por un sostén de encaje negro. Esto excitó más a mi esposa y al marroquí por supuesto que redobló sus esfuerzos en los pies de mi esposa.

_Que tetones joder_ dijo saliéndose de su papel de hombre respetuoso y reservado

Esto pareció excitar un poco más a Fernanda quien ya gemía fuerte y a punto de correrse.

_Que tetones que tienes zorra_ le dijo el marroquí

_Acabo…acabo….dios_ dijo ella y arqueó su cuerpo

Comenzó a correrse mientras el marroquí seguía lamiendo sus pies y tratando de sujetar sus piernas que comenzaron a enloquecer. Pero él era un hombre muy fuerte, un legionario según decía en otros tiempos y por último apoyó los dos pies de mi esposa en su pecho peludo y sujetó con sus fuertes brazos las piernas de ella que se contraían espasmódicamente.

Sobrevino el final del orgasmo, su cuerpo quedó laxo con un estertor agónico, se cubrió la cara con el dorso de la mano mientras intentaba recuperar la respiración.

El marroquí dejo los pies de mi esposa en el suelo y se puso de pie no sin cierta dificultad, es que había estado un buen rato de rodillas. Quedo parado frente a ella quien seguía despatarrada en el sofá. La contempló, con la camisa abierta, los tetones queriendo emerger sobre el sostén de encaje negro.

_Joder_ resopló. Tenía una erección que parecía a punto de reventar el pantalón.

Mi esposa se sentó en el sofá, su cara quedó a la altura de su polla.

Entonces besó su polla por encima del pantalón y el marroquí aferró la cabeza de mi esposa y la pegó a su pubis. Fernanda siguió besando por sobre el pantalón con más fuerza, besos cortos sobre su polla y el marroquí empezó a correrse con gemidos lastimeros.

Era como un animal brutal herido en una cacería, casi que me daba más pena que excitación. Seguramente hubiese querido aguantar para que ella le mamara la polla pero no pudo hacerlo, la calentura había sido más fuerte.

Sus piernas temblaban y seguía aferrando con sus manos a la rubia melena de mi esposa.

Esta se zafó de las manos de él, se puso de pie y se fue a nuestro cuarto.

El marroquí se dejó caer en el sofá, extenuado.

_Ya me marcho_ me dijo con los ojos desorbitados.

En el elevador, esta vez no me dijo palabra, casi que parecía avergonzado.

_ ¿Perdona Paco pero quien escribe los guiones de este teatro? ¿Quién te dice lo que debes hacer o te lo inventas tú?_ le dije

El marroquí me miró con cara de circunstancias, sacó su móvil y me hizo escuchar un mensaje de audio:

“Le quitas las botas, te abres la camisa y apoyas sus pies en tu pecho, la sigues tratando con mucho respeto siempre, señora de acá y señora de allá y le dices que se masturbe si quiere, seguro no va a tardar en correrse la zorrita, luego te vas, no se te ocurra follártela ni nada, la queremos bien cachonda a la niña”

Era una voz de mujer, era la voz de Lara.

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