Xtories

La mujer de bandera 2

Creyó que espiarlas sería un juego fácil, pero el precio fue demasiado alto. Ahora, desnudo y atado a su propia vergüenza, debe soportar el peso de sus discos y la crueldad de sus captoras. ¿Qué pasará cuando decidan que el castigo no ha sido suficiente?

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En el capítulo anterior, fui capturado por unas mujeres que entrenaban en un gimnasio por haberlas espiado en los vestuarios, a me han puesto un reto a superar, si lo hago, no me entregarán a la polcía...

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—Eres como una "mamita", debilucho — se burlaba Titán al verme ejercitarme

No creí que fuera tan difícil, me sentía como la peor mierda del mundo ante todas esas mujeres. Mi hombría se fué al suelo en este entrenamiento.

— Ya está todo mamado, me provoca patearlo... ¡Idiota, mira lo que tengo que hacer por tu culpa! — me gritó mi prima, quien de pie a mi derecha, estaba desnuda de cintura para arriba competíendo contra mí completando una rutina de levantamiento para los brazos. Según la jefa, era un código "no escrito que las mujeres cumplían en esa sala del gimnasio.

Momentos antes:

— Diabla, por favor — pidió —, esta alimaña no podrá contra ninguna de nosotras, nunca se ha ejercitado. Déjame vestirme, me siento incómoda así, y más frente a él

— Que dejes la pena niña tonta — intervino Titán — no sé cuál es tu verguenza, nuestros pechos son nuestras tetas... ¿Por qué ellos ´sí pueden andar sin camisa?

— Pero es que... no estoy cómoda — dijo jadeando.

— Igual ya veas a terminar, mira a tu primito, babeando y muriéndose, con sólo una barra de un kilo en las manos... Mira idiota — se dirigió a mí — tu prima levanta sin porblemas cinco kilos en cada mano

Y era cierto. Pensé que se habíana piada do de mí, cuando la Diabla llegó con algunas mancuernas, discos y barras en las manos sin ningún problema. Yo nunca había levantado ni una piedra, y celebré en mi interior cuando me entregaron una barra sola, sin ningún disco en ella, en cambio a mi prima le dieron dos, cada una con dos discos de 2,5 kilos.

Temblando, me había colocado a la izquierda de mi prima Daniela que observaba algo incómoda a la Diabla, quien la miraba fijamente, estaba cohibida por su desnudez casi obligatoria a la que la habían sometido, y de pronto se giró y nos encontramos:

— ¿Qué miras, cabrón? — me gritó y giré rápido mi cabeza. La Diaba habló:

— ¿Qué mas va estar mirando tonta? Obvio que tus tetas, yo también te las estoy viendo — esas últimas palabras movieron algo extraño en mí.

— ¡Bueno ya, empiezen! — la voz de Titán retumbó — Van a comenzar con cuatro series de veinte levantamientos cada una, y yo vigilaré que lo hagan bien. Cada vez que te canses, te vamos a quitar una prenda de ropa, pero, para ser justas contigo, vamos a dejar que tu prima haga lo mismo. Así tienes la oportunidad de demostrar que por lo menos, te mereces ver mujeres desnudas, o de ser mostrado como una piltrafa y expuesto tu inútil cuerpo escuálido — esto último lo dijo con asco — ¿Qué te parece?

Yo en mi mente aplaudía: —"Estas mujeres ignorantes jejeje, me quieren dejar ganar" — pensé cuando la Diabla me enttrega dos barras metálicas con una espiral en cada extremo — Ehhh, sí, entiendo, veinte levantamientos — dije.

— OK, empiezen....

Y aquí volvemos al principìo de este capítulo

Estaba emocionadísimo, al ver la facilidad con la que subía y bajaba mis brazos mientras mi prima parecía esforzarse un poco. Reía dentro de mí, tratando de no demostrar que estaba totalmente cómodo con la situación, con este ritmo ganaría fácil, así que intento acelerar un poco la velocidad, tratando de completar dos pesadas por cada una de Daniela, pero al parecer Tit´sn se dió cuenta y me frenó con sus palabras

— ¡Hey, bájale dos! Recuerda que está haciendo ejercicio. Más lento — me guió — cuando subas lows brazos no te toque s el pecho, y al bajar procura que tus antebrazos queden horizontales, como en letra "L". Cuenta uno, dos, tres... cada vez que completes una con cada brazo...

Mentira.

Unos veinte minutos después quería llamar a un médico, me dolían los brazos una barbaridad, levantar los brazos era como tener dos témpanos de hielo dentro de mis delgados bíceps, al girar mi cabeza veo a Daniela seguir sin problemas, entonces algo capto mi atención, su cuerpo trabajando, sus brazos delgados, pero marcando unos buenos músculos, sus tetas hermosas, blancas y con marcas de bikini, moviéndose lentamente con cada braceada. El pezón casi violeta, apenas asomándose, cuando la

Titán habló de nuevo distrayéndome, o devolviéndome a la realidad

— ¿Por qué paraste? Tienes casi un minuto sin seguir — me dijo-

— ¿Qué...? Ah, perdón, ya sigo — o al menos creí seguir. Cuando hice fuerza, un calambre me recorrió por encima de los dos brazos, tomé aire y ahora las pequeñas barras parecian piedras enormes. Al ver esto, la Titán y la Diabla sonrieron maliciosamente.

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— ¡Ayyy, no por favor, no puedo más! — gritaba con mis brazos entumidos, luchando por seguir

—Pero si ni siquiera has terminado la tercera serie, y ya te has frenado varias veces — me dijo la Diabla, mostrándome en sus manos mi camisa, mis zapatos y mi pantalón.

Luego de una media hora de competencia, terminé completamente desnudo y pidiendo auxilio,rodeado de un montón de mujeres corpulentas, ante la incertidumbre de lo que me harían...

— ¿Le arrancamos los testículos? Porque no los necesita ya que al parecer el niño sólo es mirón — dijo una

— ¿Qué? ¡NOOO! — reaccioné tapándome, mientras mi prima preguntó con voz dudosa:

—¿Cómo que no los necesita? ¿En serio piensan... hacerle eso? — al parecer, también desconfiaba un poco de esas mujeres.

— Sería lo mejor. Así como es ahora, parece un árbol de navidad, porque tiene las bolas de adorno — remató un chiste.

Todas rieron a carcajadas, acercándose y encerrándonos a mi prima y a mí en un círculo de cuerpos femeninos súper desarrollados, pero no de la forma en que un hombre querría... o al menos la mayoría.

— Ya... ya. Se me ocurrió algo que podemos hacerle. Diabla, v e y traete varios discos de medio. Y tú quita tus manos de ahí.

— No se vale... claro que ustedes iban a ganar, yo nunca he hecho ejercicio de esta forma — dije casi llorando.

— Pero si tenías el físico para treparte y aguantar allá atrás mientras mirabas por la ventana ¿no? — dijo la Titán mientras se acercaba a mí.

Frente a frente, me sacaba más de dos cabezas de altura. Entre el nervisismo y el miedo, no quería quitar mis manos de mi pene porque sentía que se me iba a parar, sin saber cuál sería la reacción de ellas, pero la Titán levantó un brazo y haló con fuerza, y como a un muñeco que le quitas a un niño fuí zarandeado, descubriendo mi pene pre erecto.

— MIren al asqueroso este, se está excitando, ¡JAJAJAJA! — rió la Diabla al llegar.

— Le gusta el maltrato, es un pendejo. Mírenlo, asustadito y sumiso, su pene está como él, nervioso y mirando al suelo

— No, fíjense bien, intenta alzar la vista y encararnos — se burla aquella negra que vimos al entrar — o será que está así por tí, flaquita bella — le dice a mi prima guiñándole un ojo.

Y tenían razón en cierta parte. Ver a mi prima pudo haber contribuido que me excitara algo al principio, pero lo que terminó de pònerme tieso fué ver que por la puerta entraban aquellas dos chicas de la ventana, que se hebían burlado de mí en el estacionamiento. Con una sonrisa maliciosa, Titán siguió mi vista y se fijó en lo que mis ojos tenían la atención.

— Con razón vale... — dijo — cómo no se va a poner así, con ese par de monumentos, dichosos los ojos que las vean mis amores — las saludó. De cerca, era como ver a dos diosas: Una rubia de piel lechosa, con una mirada seductora y un cuerpo de escándalo... que a mi mente, una puta actriz porno era lo que yo veía, y la otra no se quedaba atrás, una negra hermosa, una belleza piel de chocolate, y una cara que me hacía dudar de edad... ¿Tendría mi edad?

— ¿Y esto Titán? Yo pensé que iban pegarle y matarlo — dijo la rubia

— No chica, malvada loca. Claro que ganas no faltan, pero tengo una idea mejor. ¡Muchachas, agárrenle los brazos! — gritó. Al instante un muro de "machas" me apresó.

— Acuéstenlo boca arriba, ténganle los brazos y piernas agarradas. Vamos a ver, si tienes fuerza o eres hembrita — dijo Titán, agachándose a mi lado.

— ¿Qué me vas a hacer? — grité asustado.

— Evaluar tu capacidad física — dijo con obvio sarcasmo.

Pude ver que la Diabla se colocó al lado de la Titán sosteniendo los discos, y yo, aterrado, pensé que me los dejarían caer encima, por lo que empezé a luchar por liberarme.

— ¡Quédate quieto mariquita!

— ¡NO, Auxili..... MMMMM! — unas manos callosas taparon mi boca.

— MIren su verguita, chicas — se burlaban — está intentando ser hombre, pero se le voltea hacia el ombligo como a los transexuales — no puede evitar reparar en lo que dijeron, mi pene estaba intentado levantarse debido a la expectativa, ya que sabía que me harían daño, pero muy en el fondo, mi perverso subconciente me llevaba a pensar que a lo mejor tendría suerte y me manosearían.

Intenté despejar mi mente de esos pensamiento y ponerme alerta, pero fué inútil. El par de muñecas de chocolate blanco y negro se habían acercado ante una orden de la Titán:

— Susy — dijo a la rubia — y tú también Jenny, ¿no se les está olvidando algo?

Enseguida se miraron, sonrieron y luego voltaron haca mí, viéndome con odio. Lo siguiente que hicieron me puso a alucinar, las dos se quitaron la ropa deportiva y se quedaron en ropa interior. Al verlas así, mi pene se endureció por completo contra mi voluntad.

— Hacía falta ese estímulo, cabrón ¿cierto? Pues míralas, aprovecha, porque es lo único que harás. Tú Daniela — señaló a mi prima — ven acá y encárgate de tu primo.

— ¿Qué hago? — dijo dudosa.

— Vas a sotenerlo, la Diabla te va a pasar los discos uno por uno y tú se los vas a poner de forma que su mierda de pene pase a través de los huecos, trata de meter los más que puedas, porque lo vamos a levantar con ellas puestas

— ¿Qué? ¡NO!, ¿y por qué tengo que tocarle el pito a este cabrón?

— ¿No querías vengarte pues? Hazlo, como tú dijiste tienes derecho a joderlo al ser tu primo, pero lo harás como yo te diga...

Yo sólo pataleaba escuchándolas decidir mi destino, negando con la cabeza, de pronto sentí que me soltaron y le pedí ayuda a mi prima:

— ¡No lo hagas por favor, Paty... no lo hagas, anda! — le rogué. Las demás se miraron extrañadas

— ¿"Paty"? — preguntó Susy — ¿No te llamas Daniela pues?

— Este... No. No es así chicas, es...

— Jejejeje, ¿Por qué titubeas? — preguntó Jenny, la negrita — no le veo nada raro a ese nombre

— ¿Por qué tu prima oculta ese nombre? ¡Habla! — me ordenó la Diabla

— Este... ella se llama Daniela. Daniela Patricelia — dije el nombre y todas se quedaron mudas.

Al instante reventaron de risa.

— ¡Jajaja! Chica ¿por qué escondiste tu nombre? Nadie le hubiera prestado atención a eso... NO vale, mentira, ¡qué cagada de nombre tienes jajaja! ¿A quién se le ocurrió mezclar así esos dos nombres? Patricelia... — rió la TItán, haciendo que todas la siguieran ante la ocurrencia.

— Y... yo, yo. Estúpido bocón — gritó enojada, no sé ni cómo ae atrevió, pero mi prima se me lanzó encima, y no pude evitar jadear cuando agarró mi verga con violencia.

— ¡Ahhh... Ay...!

— MIren este cerdo, chilla como una perra! — dijo TItán. Mientras tanto mi prima me paretujaba el miembro tan fuerte que sentí que la erección disminuía, al soltarlo se dobló un poco, y una palmada de mi prima en él me hizo ver al demonio.

*PLAS*

— ¡AYYYY MALDITA! — grité una frase que salió desde lo más`profundo de mis bolas

— Te callas, y que no se te baje, nenita — me dijo.

Volteé a ver a las demás y todas nos miraban asombradas, no se esperaban que mi prima me hiciera eso, de pronto comenzó a darme leves bofetadas en el pene, moviéndolo como un péndulo, sentía que se me iba poniendo dura de nuevo.

— Toma — dijo la Titán entregándole un disco.

— ¿Cómo hago para ponerlo?

— Ven, pasa tu índice y pulgar por el hueco del disco, y ponlos como una tenaza. AHora acércate, y agarra su cuerito, duro y firme... Listo, ahora jálalo hacia arriba bien duro...

— ¡MIERDAAAA! — grité cuando al pellizcarme el prepucio, Daniela estiró mi pene dolorosamente y la Titán soltó un disco, cayendo con fuerza en mi pubis....

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— ¡Ay, duele! — me quejaba.

— ¡Quédate quieto! Todavía falta uno — dijo la Titán.

Mi prima Daniela, que me tenía agarrado por el cuero del prepucio estirándome el pene al máximo, me miraba como asesina. Al final, la Titán logró pasar mi pene a través de dos kilos de discos.

— ¿Pesa, no? — Jejejeje, Chicas, agárrenlo fuerte y levántenlo.

Las demás mujeres me tomaron de los brazos y con una facilidad enorme me pusieron de pie, mientras que la Titán, apartando a mi prima, sostenía mi pene. Sus gruesos dedos abarcaban una buena parte de éste, mientras que con la otra mano sostenía el peso de los discos, el martirio empezó cuando los soltó y quedaron guindando de mi verga.

El borde metálico de éstos se clavaba en mi piel. sentía como si el pene me fuera a explotar, estirándose y forzándose con el peso, perdiendo la erección e intentando ablandarse

— ¿Te gusta? Pendejo— dijo Titán que sostenía mi glande con firmeza, fueron diez segundos de dolor hasta que me soltó, liberando mi miembro, dejando caer todos los discos al suelo, apenas me soltaron sentí un latigazo en el pene que hizo caer arrodillado, sobándome. Las demás mujeres, incluyendo a las dos chicas nuevas aplaudieron el acto, Daniela también, pero a medias.

— Creo que ya está bien, con esto aprenderá a respetar — dijo mi prima.

— No señorita, apenas esto es un calentamiento, estuvo demasiado fácil. Ahora es que viene lo bueno. ¿Ya lo sabías no? — dijo Titán.

— Cierto — se acercó Jenny — incluso con lo que hizo queda debiendo, está teniendo incluso suerte, porque está viendo mujeres desnudas.

"Mujeres", pensé. "Ojalá estas personas pudieran llamarse mujeres a secas"

— Ya chicas, es que tal vez sus papás lo estén esperando y... —

— Peor para él. Si sus papás aparecen les cuento todo de lo que hizo, y además, tú no mandas aquí, "Paty" boca e' pato — se burló de ella.

— ¿Bueno pero no la agarren conmigo ahora no? El problema es con él.

— Mejor le bajas dos a tu tonito. MIra que también te tengo en la mira a tí — nos sorprendió a todos Tita´n con esto último.

— ¿Pero qué hice yo? — preguntó mi prima confundida

— Entregar a tu familia, pendeja. Entregaste a tu primo a nosotras, y no nos conoces. Así que es mejor aprovechar y mostrarte lo que pensamos aquí de eso...

CONTINUARÁ

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