La mujer de bandera 1
Luis creía que sus ojos eran invisibles, hasta que sus manos fueron inmovilizadas por una mujer más fuerte que él. Ahora, atrapado en el sótano de hierro de un gimnasio, debe demostrar su valor o convertirse en el juguete de mujeres que no piden permiso.
Aviso: Este capítulo no contiene muchas escenas sexuales, es más un intro a la historia, pero vale la pena leerlo, se los recomiendo, se divertirán un poco y... ¿quién quita que se exciten también, jejeje?
Montado en una gavera de refrescos vacía, espío por una pequeña ventanita hacia los vestuarios de un nuevo gimnasio que abrió cerca de mi casa.
Esa es ahora parte de mi rutina, sobre todo cuando, unos meses antes, sentado fuera con mi grupo de amigos, curioseábamos sobre el lugar mientras veíamos a los albañiles e ingenieros trabajar, mientras pasaba el tiempo y las miles de conjeturas sobre lo que sería la nueva edificación variaron desde un restaurante, una tienda de ropa, supermercados, y hasta un concesionario, pero no fué hasta el día que un par de albañiles colocaban el logo sobre la enorme pared blanca que daba al frente, que se acabaron las adivinanzas sobre el lugar, y terminar aumentando mucho más el interés cuando por la calle unas chicas esbeltas, de vientre plano y culonas entalladas en finas telas deportivas de lycra aparecieron repartiendo volantes sobre la apertura del local.
Y ahí estaba yo, embobado, mirando con unos binoculares al montón de cuerpos femeninos formando aquel desfile desde las duchas hacia los casilleros, algunos íntegros y secos, y otros fibrosos y brillantes, confomados por algunas que venían directo de su rutina de ejercicios, y otras que llegaban a cambiarse primero antes de ir a las máquinas,
— ¡Así te quería agarrar cabrón! — me sorprende de pronto la hija de puta mi prima que me empuja de las cajas, y yo trastabillo tambaleándome, golpeo el cristal de la ventana con los binoculares clavándose estos es mis órbitas, reboto hacia atrás y caigo de culo sobre el asfalto del estacionamiento.
— ¡Ayyyy! ¡EL COÑOESUMADRE! — grito del dolor en el cóccix
— ¡Otra vez espiando maldito pervertido! — me decía enojada — ya lo sabía yo, ¡maricón!, me lo habían dicho las otras... ¡Pajero!
— Ehhh, Ssshhh. cállate, no grites — le dije desde el suelo tratando de calmarla antes que se armara un escándalo en la calle — perdón por esto Paty... shhh, no lo vuelvo a ahacer pero por favor... no digas nada...
— ¡Claro que sí digo, cabrón! — gritó, y con razón: ella también entrenaba ahí. Me gritaba y yo sufría intentando levantarme del suelo por el dolor, arqueando la espalda y sobándome el culo con una mano y señalando con la otra
— ¡Epa muchachas, asómense por la ventana! ¡ Miren a quien agarré aquí!...
Con las manos en la cintura y una cara que no sé si es de asco o de odio, me mira mi prima que da dos pasos hacia atrás esperando que respondan a su llamado, yo intento huir pero el dolor de culo es insoportable, apenas doy dos pasos y caigo en posicion fetal, quejándome y tocándome la zona lumbar. Al instante aparecen dos rostros conocidos por la ventana.
— ¡Ahí está el abusador ese, mírenlo.... Basura! — oigo a una de ellas decir. Son dos chicas, una rubia y una morena, a las cuales reconocí de vista también por espiarlas, unos monumentos de mujeres, la otra grita también —!déjenlo, ya debe tener el pene quemado y gastado de tantas pajas!
— No lo creo, apuesto a que al virgen este ni siquiera se le para por completo mientras se la jala, — hizo una pausa y me pateé un pie para moverlo — ¡mírenle el pantalón, todo manchado! Lo vine cazando desde que llegó, y no tiene ni cinco minutos desde que se subió ahí
— "Ay..., el sinverguenza es eyaculador precoz" — dicen las dos burlándose jocosamente desde la ventana
Yo todo humillado, apenado y queriendo morirme, sabía que con eso todas mis aspiraciones (aunque lejanas) de llegar a pensar en un noviazgo con alguna de esas mujeres se esfumaban por completo, ahora ni siquiera un "Buenos días" me llevaría de alguna. Estoy por incorporarme lentamente pero mi prima se acerca y me empuja de nuevo con el pie.
— No te muevas mucho, cabrón, se te van a terminar de caer las bolas que no tienes — me dice. Yo me enojo por el empujón y le respondo:
— ¡Bueno... ya vale, déjame ir! — le ruego en voz baja.
— ¿Eh, quieres huir ahora cobarde? — me dice la morena — ¡Daniela, aguante a ese mamaguevo ahí, que no se vaya!
En seguida mi prima se abalanza sobre mí y yo lucho con ella en el suelo. Aún me duele la espalda baja cuando intento moverme, temo haberme lesionado ahí por la caída
— ¡Daniela ya, déjame ir coñodetumadre! — le digo entre dientes mientras ella se pno a horacajadas sobre mí y trata de agarrar mis manos. Al parecer el ejercicio no sólo ha estilizado su figura, está más fuerte y la lucha es a la par, así estoy boca arriba teniendo a mi prima de frente cuando de pronto escucho unos pasos acercarse de detrás de ella y detenerse..
— Ya Daniela, suéltalo un momento — oigo una voz.
— Aquí te lo man...tengo agarrado — dice entre dientes — ¡Uyygg Asqueroso! ¡Ahí lo tienes! — se levanta dejándome en el suelo.
Apereció ante mí una chica de aspecto muy rudo, todas vestidas con licra y top gris manchado de sudor ciñéndose a su cuerpo fibroso. Su mirada estaba fija en mí, con una expresión mezcla de enojo, seriedad, odio... lo que sea que fuera, ya que era una expresión que dejaba un rasgo no muy común en una mujer.
— Así que eras tú el sádico mirón que se asomaba por la ventana — dijo escupiendo al suelo. Meneó suavemente la cabeza estirando su cuello y meneando sus largas clinejas, en su vientre se notaban los abdominales marcados por el ejercicio y su postura era totalmente erguida e imponente. Entonces la recordé, era una de las que practicaban boxeo y artes marciales.
Nunca me había llamado la atención ella ni ninguna otra mujer que practicaban esa disciplina. En contraste con las otras chicas cuyo cuerpo se estilizaba, adquirían piernas torneadas, glúteos paraditos y demás, éstas mujeres se desarrollbana al contrario: más músculo y menos atributos llamativos, siendo que eran muy delgadas, altas, pecho y culo algo`planos y hombros anchos, pero lo que más me daba miedo de ella era su mirada fría.
— Si.... si era yo, pe, pero...
— "Pe, pero...." — se mofó — ¿ahora no eres tan hombrecito no? ¡Párate del suelo! Debería entregarte a la policía y denunciarte, o darte una paliza
— ¡No! ¡No por favor! — grité asustado — no lo vuelvo a hacer por favor, pero no me entregues.
— ¿Estás asustado? Claro que sí te voy a entregar pendejo, para que aprendas a respetar, imbécil, porque lo que haces es de imbécil, arriesgarte de esa forma para un coño, debería humillarte en público... ¡Aquí hay un maldito voyeur! — gritó a viva voz
— SHHH, no por favor, no grites, mira.... discúlpame de verdad, soy un abusador mira si quieres me... me pongo de rodillas, pero deja que me vaya y no vengo más, ni me acerco ni nada. ¿Qué quieres? Te lavo el carro, te... te doy mi celular, pero por favor no me denuncies — le rogué.
—¡Poco hombre! por qué te arrpdillas cobarde, basura. Pórtate como un hombre estúpido, aprenede a aceptar las consecuencias. Tú no exiges nada, cabrón — me encaró, y la rubia de la ventana gritó:
— ¡Métele un coñazo, pa' que respete! Instintivamente me eché hacia atrás cubriéndome pero ella ni se movió, todas se partieron de risa.
— Si quieres yo le pego, es mi primo. Tengo derecho a joderlo — dijo la cabrona de mi prima
— No, aquí no. "Titán" dijo que quería verlo así que llevémoslo adentro.
"¿Qué carajo dijo? ¿Pegarme? " — pensé — "¿Quien coño es ese tal Titán? De seguro debe ser el dueño del gimnasio... ¡Me van a joder!"
— No no, chica... por favor, este... — trataba de convencerla — no me lleves allá, yo me voy. No le, no le dije a nadie lo que ví aquí, y yo... este... ¡Daniela ayúdame coño!
— ¡A mí no me pidas ayuda maricón, si las vistes a ellas también me viste a mí desnuda maldito!
— ¿Cuál es el miedo pendejo? Ven acá dentro. ¿No te gusta espiar pues?... ¿No eres curioso? Entra para que veas todo lo que no se te ha perdido — gritó la morena desde la ventana, y yo, al ver que la tipa que llegó se acercaba a mí eché un paso atrás, pero ella llegó primero y me tomó de la camisa.
— Mejor te callas y vienes conmigo — me amenazó
— No, por favor no... no me entregue. Deje que me vaya, yo no sé quién es ese tal"Titán", y no se vale...
— ¿Ese Titán? ¡Jajajaja! — su carcajada fué atronadora, quíen hubiera pensado que una chica podía jurar como camionero — Además de imbécil, iluso. Muévete, y no te resistas — dijo.
Empezó a jalarme por el cuello de la camisa, tenía la intención de llevarme la parte delantera del local para hacerme pasar por la entrada y así todo el mundo me vería desde la calle. Yo luchaba tirándo en dirección contraria, ralentizando un poco el paso, pensé que mi camisa se rompería, pero la puta de mi prima me empujó, y con el impulso tropecé con fuerza a la mujer por la espalda estrellándome, quien se detuvo en seco y se giró.
— ¿Te has atrevido a pegarme? — preguntó. Pude ver cómo empezó a respìrar con fuerza
— No, ha sido un accidente — dije asustado
— ¡Mentira! Si he visto cómo trató de tumbarte para salir corriendo — mintió Daniela
— ¡Eso es mentira hija de puta! — me giré rápidamente y le grité a mi prima antes de dirigirme de nuevo a la chica — Señora, yo no fui..
— ¿SEÑORA? — su voz fué incisiva.
—Uuuuyyy.... — dijo mi prima tras de mí.
— ¿Qué? ¿Qué dije? — pregunté y veo venir como bestia a la tipa. Debido al pánico aoenas puedo reaccionar a subir los brazos para cubrirme cuando la tipa se abalanza sobre mí diciendo:
— Te vas a enterar quién es "señora"...
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Instantes después, entraba de espaldas y contra mi voluntad por la puerta principal, cargado por aquella mujer que con sus brazos me hizo una especie de "abrazo de oso". Mis antebrazos estaban pegados a los costados, presionados por los suyos, muy fuertes, y mis pies se movian en el aire... atrás nos seguía mi prima, que me miraba con una sonrisa maliciosa ante mis pedidos de auxilio.
Al entrar me asusté, pues a mi izquierda, detrás de una pared de vidrio, podía ver al montón de hombres haciendo todo tipo de rutina, y ya mi mi mente se hacía la imaginaria de cómo sería asesinado por alguno de ellos en cuanto me entregaran. Algunos me veían y cuchicheaban entre ellos, señalándome y riendo, obviamente burlándose de mí, pero contra todo lo que esperaba la mujer no se detuvo. Siguió caminando y pasamos frente a otra pared de cristal en donde esta vez eran mujeres las que se ejercitaban, mi prima veía a través del ventanal y se comunicaba con ellas por mímica, entre las que entendí que decían que me iban a partir a coñazos, y ellas chocaban puños contra sus palmas, como si fuera mi cara la que recibiera el golpe simbólico.
Me dije a mí mismo:"Ya esta hecho, lo saben. Les dijeron quién era el mirón y ya me vieron... me carga una mujer como a un muñeco y de paso me lleva a que un matón musculitos me vaya a reventar a golpes. Lo único que espero es que si me joden aquí, luego no me rayen por fuera llamando a la policía..."
Intento girar el cuello para ver la entrada a esa parte del edificio, donde está el gimnasio femenil, veo la puerta abierta y cómo nos vamos acercando poco a poco, espero a que la tipa gire... pero pasa de largo.
— ¡Hey! ¿Para dónde vas? Las chicas están aquí — dice mi prima que se detiene señalando la entrada.
— No vamos para el gimnasio. Titán está arriba — dice sin detenerse hasta que llega a unas escaleras, me suelta y vuelvo a caer de culo, aunque esta vez el golpe no es tan fuerte, y ella sigue: — Camina. No voy a subir las escaleras contigo. Y ni se te ocurra volver a decirme señora
— Está bien, no lo haré, pero no me entregues por favor — supliqué
— Sube esas escaleras, no lo repetiré otra vez — su tono selló la conversación.
Asustado, trataba de mirar un resquicio para esquivarla y huir, algo que además parecía imposible, y si por casulidad tuviera éxito en el primer escollo luego estaría mi prima, y después la entrada del gimnasio de mujeres y más allá el de los hombres, que seguro tendrían tiempo de bloquear la salida si se armaba un escándalo.
— ¡MUÉVETE! — su grito me sacó el alma del cuerpo
— Ok, ok, ya ya.... — dije brincando y comenzando a subir.
Al pasar las escaleras, llegamos a un pequeño pasillo separado por varias puertas, en donde se escuchaba una música estridente y de cadencia repetitiva. Era como música electrónica, trance, techno...
— Nunca había subido a esta parte del gimnasio — dice Daniela extrañada
— Menos mal no lo has hecho, serías la burla ante las demás — le responde la tipa que me llevaba.
— ¿Por qué te burlas, qué te pasa?
— Shhh, cuando entres entenderás
A medida que nos acercábamos, la música se escuchaba más fuerte aún y podía distinguir extraños sonidos metálicos, como cuando chocan hierro entre sí. El aire estaba un poco más pesado y caliente y de pronto siento que su mano me detiene frente a una de las puertas.
— Abre y entra — me dice.
Dudo en hacerlo. Me siento como un chico al que la profesora lleva a dirección por una falta grave, empujo la puerta pcoc a poco y el sonido golpea mis tímpanos, la música sale a borbotones y no se oye más nada, me marea un poco, y siento que ella se pone detrás de mí de forma que no tengo más remedio que entrar, y al hacerlo me espanto.
Ahí estoy, frente a mí un monton de tipos musculosos enormes que... Un momento... ¿Tipos?
Me fijo mejor:
— ¡Son mujeres! — exclamó mi prima.
— Sí ¿qué esperabas? — preguntó la mujer que me llevó.
— Pe... pero... además están... — tartamudeaba la tonta
— Están cómodas. Entrenan como se sientan mejor — le completó la frase.
Yo estoy mudo. "Mujeres"... las veo y no puedo creerlo. "Son mujeres, y algunas están... ¡están desnudas! Esos cuerpos totalmente masculinizados, enormes, llenos de testosterona y fibra, ejercitándose, levantando treinta, cincuenta... ¡Sesenta kilos en cada brazo!. Los enormes discos de acero se mueven de arriba a abajo, y las enormes masas musculares se inflan tensándose por el esfuerzo. Unas hacen topless, otras no tienen nada debajo... sudan, a chorros... huele a sudor puro, rostros y caras dóciles y hermosas en cuerpos que pareciera no les corresponden, aquellas miradas de ninfas en un cuerpo que bien podría ser el de un luchador de lucha libre de más de 100 kilos...
— ¿Y este? — pregunta una negra monstruosamente enorme, que está sentada en un banco y aprieta una nudillera entre sus manos
— Es un cabrón que andaba mirando a los vestuarios de las chicas, lo atrapamos hace un rato — dice la flaca que camina detrás de mí. Ante su respuesta la negra me mira de arriba a abajo tal cual el "Mr. T "Clubber Lang" que pelea con Balboa en "Rocki 3", la tipa gruñe con fuerza y veo cómo su mano se tensa hasta que escucho romperse el resorte de la nudillera y la deja caer al suelo.
Decir que sentí hielo en el culo al ver eso sería poco, tragué saliva y me alejé rápido, la otra ni se inmutó y mi prima miraba asombrada alrededor. Pósters y afiches de mujeres practicantes de fisicoculturismo y halterofilia, con resultados sorprendentes, adornaban las paredes, algunas estaban moldeadas de tal forma que era difícil distinguir entre si tenían senos o pectorales de hombre.
Seguimos andando hasta que llegamos a una especie de plataforma, que era una salita de pesas más pequeña, en la que habían dos mujeres, guiando una a la otra en una rutina de ejercicios. Una de ellas, aquella que parecía la entrenadora y estaba desnuda de cintura para abajo y alzó la voz al vernos llegar:
—¿Qué quieren... y qué coño hace este carajito aquí? — preguntó sin voltear
— Vine a ver a Titán, aquí está el mirón que tanto jodía por la ventana de los baños — dijo la tipa que me trajo con fuerza debido a la música.
Al instanta aquella entrenadora levantó la vista y abandonó el ejercicio, comenzó a caminar lentamente hacia nosotros mirándome fijo, yo estaba que me cagaba encima del miedo, la tipa estaba tan cerca que fácilmente me habiera mandado a volar de un solo trancazo, pero sólo pasó a mi lado y siguió, no sin antes decirme en voz baja: "Mamaguevo" y perderse de vista.
La otra tipa siguió ejercitándose por unos segundos en los que ni aquella mujer que nos trajo se movió. Al terminar se levantó y dejó caer la pèsa que tenía en la mano y retumbó en el suelo cimbrándolo. Mi prima y yo nos revolvimos nerviosos, la otra ni se movió y luego de estirarse el cuello haciéndolo sonar como ramas al romperse, habló al fin:
— Entonces este es el abusador — dijo — ¿Dónde lo agarraron?
— Allá abajo en el estacionamiento de atrás, montado en las gaveras vacías, Trini y Karelys lo vieron y le avisaron a Daniela, y después a mí —respondió la mujer.
— OK "Diabla" — al fin supe cómo se referían a ella — ¿Se puso payaso cuando lo trajiste?
— Ni siquiera eso jajaja. Se puso como un cobarde, quería que lo dejara ir y casi llora. Además... me dijo "señora" ¡Tengo 18 años, marico! — gritó.
— Shhh, no grites tanto Diabla — hizo una pausa y una seña a otra mujer que estaba algo lejos, al rato la música bajó un poco de volumen — si sigues así de ruda puede que te quedes "señorita" para siempre. Entonces carajito — se dirigió a mí — di tu nombre
— ¿Ah?
— ¿Tienes mierda en las orejas? Que me digas cómo te llamas, coño
— Pe... Pedro — dije.
— Primer error, aparte de cobarde, mentiroso. Ya sabemos tu nombre, Daniela nos lo dijo, e incluso ella ya te debe haber dicho que te estábamos cazando desde hace un tiempo, "Luisito"
Yo tragué en seco al oír mi nombre. Era obvio, y yo que pensaba que me estaba saliendo con la mía todas esas veces. Aunque para mí era raro que, mujeres como ella no las había visto a ninguna en el vestuario, y yo que creía que la "Diabla" era el caso excepcional del gimnasio.
— Pero no te asustes chico... No te voy a hacer nada, mi entrenadora Marta y yo nos comimos a un niño hace rato, y lo bañamos en salasa de tomate. Mmmmm, pura proteína. Así que al menos estoy llena por ahora. Entonces, como estoy de buenas, te voy a dar la oportunidad de demostrar que si tuviste las bolas de asomarte y espiar a las mujeres del gimnasio, también tienes las bolas de atreverte a probar lo que hacemos aquí.
— ¿Qué quieres que haga, señorita...? — pregunté.
— Dime Titán, así me conocen aquí, como "La Titán". Harás Lo mismo que nosotras. Levantar pesas, un poco de ejercicio. Si por casualidad alguna vez pensaste o fantaseaste con alguna de estas mujeres, debiste pensar primero en que para teber una mujer así a tus pies debes poder con ellas, no aceptamos debiluchos. ¿Cómo pensabas dominar y poner a una de ellas en su sitio si son más fuertes que tú, pendejo? Serías su hembra, dándoles la espalda y llorando cuando alguna te botara los dientes de un solo golpe, o tal vez... te clavaran los dedos hasta el fondo del culo — dijo maliciosamente.
Al oír eso mi culo se cimbró. Lo apreté inconscientemente, y me sentí un estúpido. Ella debió haberlo notado, porque se cruzó de brazos y sonrió. Entonces me hizo seguirla hasta una estación en la que había un banco de pesas.
— Bueno pendejo, aquí está tu boleto de salida. Tu prima y tú van a competir a ver quién levanta más peso entre los dos. Deberías alegrarte, si ganas te vas y aquí no ha pasado nada, pero no te volveremos a ver por aquí, porque entonces ahí sí te joderemos — me dijo — tendrás un minuto para levantar al menos un número similar de repeticiones al de tu prima, voy a darte ese chance porque veo que eres nuevo en esto, ella levantará dos kilos más de lo que tú levantes.
Veía las pesas mientras la Diabla se encargaba de poner los discos en las barras. Traté de ir a pedirle a mi prima que me ayudara pero me ignoró por completo... " voy a joderte" fue lo que me dijo.
Cuando estuvimos listos, ella a mi izquierda, la Titán se fijó en Daniela:
— Mira tú, ¿tienes frío acaso o qué coño? — le dijo
— Eh, no nada. Estoy bien
— ¿Qué bien nada chica? En este lado del gimnasio hay códigos que se respetan, nos gusta la naturaleza del cuerpo, observarlo acumulando energía, mientras está en su máximo esfuerzo, así que esa ropa no va.
—¿Qué?
—Lo que escuchaste, fuera top... ¡Ah!, y se me olvidaba. Tendrás tu oportunidad de ganar, pero también habrán castigos si no puedes. Por eso te doy ventaja con tu prima.
— Pero... Titán, ehhh, yo no he dicho que me vaya a quitar la ropa y menos menos frente al cabrón de mi primo y...
— Y nada. Aquí las cosas se hacen de forma justa, así que te quitas el top y sacas las tetas y punto, porque a medida que tu primito pierda, va aflojar su ropa también.
— ¡Pero... coño! — se quejó Daniela.
— Pero nada — se acercó y con un ágil movimiento le arrancó el top, dejándola en tetas, las cuales botaron al verse libres, sobre todo la izquierda, que se había llevado un leve apretón con el agarre de la tela. Mi prima se tapó asustada.
—Deja la tontería chica, el pendejo este ya te vió varias veces, y nosotras somos mujeres ¿Verdad Diabla?
— Sí, aquí es un nivel más fuerte de... exigencia con los ejercicios, jejeje.
Total que nos acomodamos, y mi prima dudaba pero a final se agachó y tomó ambas pesas, comenzaba mi lucha por salvarme....
CONTINUARÁ
............................................................
Muchas gracias por leer, no olvides valorar y comentar.
En honor a uno de mis grupos favoritos de rock de antaño, "Los Hombres G"
Dedicado a Gatacolorada, Susy, Syntia, Y ahora a Lau... espero sea de su agrado.
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