El Club (4): El cornudo quiere serlo
Carmen creía ir a buscar un placer secreto, pero al abrir la puerta encontró a Adrián, el mejor amigo de su esposo, desnudo en la cama. Lo que siguió no fue una traición, sino una lección: su cuñada y el amigo de su marido decidieron desnudarla no solo de ropa, sino de sus mentiras, fotografiando cada gemido para que su esposo pudiera disfrutar de su verdadera naturaleza.
El Club (4): El cornudo quiere serlo
Caminando decidida a la 309, no muy lejos de nuestra habitación, pero casi desnuda, pues bajo mi fina bata de seda, me había puesto uno de mis conjuntos más sexys de lencería y claro, a hurtadillas las distancias son otras. Debajo de mi escaso atuendo mi cuerpo estaba en llamas, mi sexo esperaba otra sesión sorpresa de mi cuñada, pero hasta ese momento no caí. ¿En la 309 que nos esperaba? ¿Quién nos esperaba? Esa intriga, le daba todavía más morbo a la situación.
Estaba a punto de tocar a la puerta cuando esta se abrió.
- Carmen pasa, te estamos esperando. - dijo Eva, desnuda y sensual, sólo llevaba unas medias ajustadas a su muslo y unos taconazos vertiginosos.
Al acceder al interior de la habitación me encontré a un hombre desnudo en la cama, dispuesto a una noche loca con dos lobas, pero cuando quise fijar la vista no me lo podía creer... ¡Joder, era Adrián!, uno de los amigos de Pablo, mejor dicho, ¡su mejor amigo!. Estaba paralizada, allí plantada con mi uniforme de puta y sin creerme al hombre desnudo que tenía delante. Me quería morir. Antes de poder incluso pensar, el brazo de Eva me rodeo acercándome aún más a esa cama.
- Bienvenida al club. - dijo Adrián sonriendo como un león que se va a comer a una gacela.
En ese momento me tenía que haber ido, decir que todo era un lamentable error, pero no, no fue así, supongo que la intriga, mi lujuria y el morbo de ver a uno de los mejores amigos de Pablo desnudo, pudo más que mi buen juicio.
- ¿Adrián? - le pregunté allí plantada de pie, viendo su pene en descanso, pero seguramente después de haberse follado a mi cuñada.
- Hola preciosa. No te asustes. - apuntó él - supongo que esto es como una montaña rusa para ti, de sorpresa en sorpresa.
- Sí, desde luego. - dije cruzando mis brazos y con mis piernas temblando apenas sostenidas por mis finos tacones de aguja.
Carmen se acercó al minibar, desnuda como estaba, con total naturalidad y sirvió tres copas de whisky con hielo que nos fue entregando a cada uno. Yo sostuve mi vaso, aun inmóvil en medio de la habitación, si bien estaba cachonda perdida, eso no había bajado en absoluto, el tener ahí a Adrián y a mi cuñada resultaba, cuanto menos, chocante.
- Bebe, cielo... que la noche es larga. - dijo Eva, tumbándose de costado junto a Adrián.
Le di un sorbo a ese whishy y pensé otra vez en Pablo, en mi traición ahora rematada y aumentada, con uno de sus amigos. Si ya lo de su hermana había superado todas mis expectativas, ahora, hacerlo con Adrián, su compañero de facultad, con el que corrió unos cuantos maratones, ese que le consiguió un empleo y que fue padrino de nuestra boda... ¡su amigo del alma!
- Vamos, Carmen, déjanos ver que has traído. - me apremió él.
Con sus gestos indicaba que me despojara de la batita y tras mirar a Eva que sonreía cómplice, todo indicaba que debía acatar esa orden. Dudé unos instantes, pero una mirada de mi cuñada y su levantamiento indiscutible de cejas, me alentaba a zambullirme en esa piscina sin agua. Lentamente, dejé caer la batita a mi espalda.
- Ostras, muy bien. Tenías razón, Eva. - comentó nuestro amigo común que se recolocó su polla pues empezaba a despertarse de su letargo.
Yo intentaba mirar a otro lado, aun nerviosa, mostrando a mis espectadores aquel conjunto de tanga y sostén, de color lila de florecitas blancas y esas medias con liguero, esas prendas que había comprado para nuestro último aniversario con Pablo. Venía convencida de que ese conjunto iba a arrasar, lo que menos me imaginaba era que el sorprendido fuese ese hombre.
Adrián se levantó y cogió una cámara con zoom de la mesita de noche para empezar a dispararme fotografías a mi alrededor.
- Espera, ¿qué haces? - pregunté inquieta.
- Tranquila, cuñadita, está todo controlado. - sentenció Eva a mi espalda acariciando mis hombros.
Me asusté, pues el hecho de salir en fotos con esa minúscula ropa me avergonzaba aún más, teniendo en cuenta que no sabía a manos o mejor dicho ojos, iban a caer y por un momento vi la imagen de mi marido descubriendo esas fotos.
- Listo. - dijo Adrián. - el siguiente.
No entendí a qué se refería y Eva me sacó de dudas cuando se acercó a una maleta que esperaba abierta sobre el diván y sacó un conjunto parecido al que llevaba, pero más transparente, de color negro, compuesto por un pequeño tanga y otro reducido sostén.
- Ponte este. - dijo ella, acariciando mi trasero con suavidad y entregándome las prendas – seguro que estás preciosa, cuñadita.
Giré mi cabeza en busca del baño, pero Eva sostuvo mis hombros, sin decirme nada, solo con un gesto de sus ojos, me indició que el pase estaba pagado en vivo y debía desnudarme allí mismo, delante de ella y.… de Adrián.
De siempre me ha gustado Adrián, está muy bueno, la verdad y no puedo negar que muchas veces fantaseé con ese hombre que ahora esperaba expectante sobre la cama acariciando su polla. Realmente tiene un cuerpo cuidado, además de ser muy guapo, un tío muy interesante y con el que había soñado en tenerle entre mis piernas, aunque claro, sólo habían sido fantasías hasta ese momento. Pero bueno, yo venía dispuesta a atender a un socio de ese extraño club y qué mejor que alguien que me gustase, ¿no? Ni yo misma me creía los argumentos con los que quería autoconvencerme.
Me solté el sostén mientras ambos me observaban detenidamente y al sacar mi tanga, pude ver como un hilo de flujo aún se separaba de mi sexo, pero lejos de avergonzarme, aquello me gustó y notaba un cosquilleo raro cuando noté la polla de Adrián tomando forma. Me puse la lencería y ese hombre, con el que tantas veces compartimos cenas, momentos playeros o excursiones por la montaña, me fotografiaba completamente desnudo.
No dejé de pensar en las fotos, qué harían ellos con esas imágenes.
- Esas fotos... ¿para qué son?... ¿para quién son? - pregunté con la voz temblorosa, mientras Adrián detrás de mí, sacaba un primer plano de la tira del tanga colándose entre mis glúteos, mientras Eva sonreía desde la cama sentada desnuda como un indio Cherokee.
- Jajaja... guarrilla, ¿para quién van a ser? Es la primera sesión para tu marido. Le van a encantar.
- ¿Qué? - dije asustada sin entender nada.
Yo veía a Adrián dando vueltas a mi alrededor y mi cuñada me iba poniendo en situación, cuando yo le imploraba que esas fotos no podían llegar a Pablo, que era una locura, que iba a pensar que era una puta:
- Carmen, piensa por qué te tiraste al tío ese en Tenerife - dijo mi cuñada.
Me puse roja, estaba contando mis intimidades inconfesables delante de Adrián, no sabía dónde mirar y él se limitaba a reír y a seguir fotografiándome, desde todos los ángulos, desde lejos, desde cerca, primeros planos de mis pezones o mi sexo transparentado bajo ese tanga.
- Pero allí no paraste - siguió Eva - Te follaste al del Sevilla. No veas lo zorra que está hecha. - añadió esta vez mirando a Adrián.
Mi supuesta amiga estaba dándole la vuelta a todas mis cartas, y dejando todas mis infidelidades al aire, incluido su masaje traicionero, y aunque todavía llevase ese conjunto de lencería negra me sentía más desnuda que esta mañana sin bragas en el desayuno.
- Lo único que quieres en realidad es poder ser la guarrilla que eres, y eso incluye a mi hermano, ¿verdad?
Por un momento me pareció que Eva leía mi pensamiento o sabía hasta qué punto me había convertido en esa zorra de la que hablaba, incluso con mi esposo, al que le había entregado mi culo por primera vez, apenas unos minutos antes.
En medio de esa habitación me vi confesando sin control mis bajezas, no sé cómo, pero Eva me planteaba mi desnudez en ese cuarto como una solución infalible a la mejora de mi matrimonio, y lo peor de todo yo misma lo pensaba. Ella incidía con gran presteza, dando en mi talón de Aquiles con sus frases medidas y acertadas, pero no me importaba sacar por mi boca todo lo que sentía, incluso delante de Adrián. Y no solo confesé mis pecados, los de su hermano también. No tenía claro si era pecado o fantasía, pero los ojos de Pablo me dejaron muy claro que verme siendo poseída por otro hombre estaba en su menú sexual.
Eva y Adrián se miraron durante unos instantes, que se me hicieron eternos...
- Déjame que te explique cómo lo harás. - me dijo Eva dando una palmada sobre la cama para que me sentase junto a ella.
Su voz, tal y como hizo con sus manos en el masaje, me fue confundiendo y excitando, sus palabras iban recorriendo mi cuerpo dejando claros signos a su paso. Sin apenas rozarme, había conseguido que mi sexo estuviese dispuesto, que mis pezones quisieran salir a guerrear, estaba más turbada que al cambiarme de conjunto de ropa interior, palabra a palabra me fue desmontando. Sin apenas darme cuenta pase de sentada a recostada, las caricias de sus palabras me cegaban. Y estaba excitada, muy excitada, me gustaba exhibirme por dentro y por fuera, como una auténtica guarra.
- ¿Ves cómo eres una zorrita? - dijo mientras su mano jugaba por encima de mis braguitas acariciando mi sexo.
Sentí un terrible escalofrió, durante el masaje no era consciente de que era ella, pero ahora sí, y no hice ni la más mínimo por retirar esa mano. Mientras sus palabras seguían creando imágenes obscenas sobre mí, sus dedos se abrían camino echando mis braguitas a un lado. Tampoco me importó que Adrián observara mi coño de cerca y disparase con su cámara sin cesar, de hecho, me gustaba demasiado y cerré los ojos, dejándome llevar.
Entonces unas manos tomaban mis pies, y sabía que no eran las suyas, no quería mirar, pero tenía la certeza de que era nuestro amigo. Mientras que Eva se aventuraba más y más, las otras manos llegaban desde abajo, subiendo lentamente.
- Carmen, ahora Adrián, subirá tus piernas, bajará tus bragas, pero no del todo, para hacerte unas buenas fotos de tu sexo. - la seguridad de Eva asustaba y según lo narraba, ocurría. Tan sólo retiró su mano de mi sexo para no salir en plano.
Mientras Adrián inmortalizaba el momento, Eva me susurraba que fuese una buena chica y separa bien mis labios para tener un buen primer plano, yo obedecía como autómata y era inevitable no sentir un gusto intenso con esos dedos jugando ahí abajo y que los ojos de nuestro amigo estuviesen clavados ahí.
- Vaya con Carmen, tiene el culito bien rojo, ¿se lo diste a Pablo hoy? - dijo de pronto Adrián haciendo que ese color rojo se trasladara a mis mejillas.
- Ábrete bien ese ojete para la foto, - ordenó Eva pellizcándome un pezón.
Podía notar como mis flujos bajaban de mi sexo a mi esfínter, y así quedó reflejado en esas fotos. Antes de que dejara de apartar mis nalgas, los dedos de Eva volvieron a mi sexo, separando mis labios, deslizándose entre mis fluidos, buscando tan solo mi placer, mientras los “clicks” de la cámara sonaban incesantemente.
- Date la vuelta cuñadita, enséñale tu culo a Adrián - añadió Eva.
Sin pensarlo, sin dudarlo, exponía mi cuerpo, mi sexo, mis nalgas mientras que Eva tomaba mis manos, y así a cuatro patas frente a ella, podía notar como la lengua del mejor amigo de mi marido se abría paso entre mis labios varginales y mi esfínter, empujándome hacia mis más oscuros deseos.
- ¡Agghh! - salía fuerte de mi garganta.
- Así es como quieres que te vea mi hermano, zorrita. - Me dijo mi cuñada clavando sus ojos en mí.
Yo tan solo me dejaba devorar por esa voraz lengua de ese hombre, no podía ni hablar, tan solo conseguía asentir con mi cabeza entre hipidos y jadeos.
- Abre esa boquita, me dijo introduciendo uno de sus dedos en ella. Uno de los dedos que estuvo en mí. Su sabor llenó mi boca.
Adrián seguía ahí detrás, volviéndome loca.
- ¿Dime así es como quieres que te vea? - añadía ella.
- Si, así es como quiero que vea. Conseguí decir suspirando profundamente
- ¿Y que le harás cuando este así, zorrita?
- Le comeré la polla - afirmé.
- ¿Y a qué esperas? - dijo clavando sus ojos en mí.
Eva no estaba relatando un juego, sino proponiendo algo real, al menos su mirada indicaba eso. Se me heló la sangre, sentí todo mi cuerpo tensarse, sus piernas se abrieron, su sexo me miraba, la boca se me secaba, mi corazón cabalgaba a galope tendido hacia el caos.
La mano de Eva tomó mi nuca y me estrello contra esos labios, los de su brillante sexo, sin mesura, sin pudor, ahora sí que me sentía una zorra sin remedio. La falta de oxígeno con la lengua que me devoraba, me obligó a abrir mi boca. Mis labios no tardaron de empaparse de los suyos, de su sabor, de su lujuria. Su pelvis añadía el movimiento al que yo aún no me atrevía, inundando mi boca de ella, mojándome de su lujuria. Adrián estaba entregado en cuerpo y lengua, lo que me hizo perder el norte, abrí mi boca y le devolví a Eva cuanto Adrián me estaba dando, me comí a esa mujer como siempre había querido ser comida. No dejé nada por probar, ni siquiera cuando por los movimientos de su pelvis pasé de labios a esfínter. La devore entera, notaba cómo la hacía disfrutar y eso me excitaba aún más, su sexo se fundía ante mí, sus jugos me llenaban la boca como yo la de Adrián.
Por un momento me olvidé de mi placer y me centré solamente en el suyo, buscaba como poder llevarla un poco más allá en este torbellino, y lo hice, y tanto que lo hice, noté cómo su cuerpo se contraía para luego relajarse, como toda ella era invadida y abandonada, como disfrutaba sin vuelta atrás entre mis labios, maldiciendo mi nombre.
- ¡Ay cabrona, cómo chupas! - decía ella retorciéndose.
Según ella era poseída por ese orgasmo, en el preciso momento en el que yo esperaba mi compensación, era abandonada por Adrián, quedando olvidada y mojada como una prenda que cae al agua. Por un momento que ese trataba de una pausa, pero no fue así ni mucho menos, noté perfectamente que mis nalgas se habían impregnado de él, pero nada más.
Los dos habían disfrutado de mí y por mí. ¿Y yo que? Pensé. ¿Me iba a quedar así? Levante mi cara de entre esas piernas y miré a Eva, mi frustración era imposible de esconder y luego miré a Adrián que observaba sonriente mi ostensible excitación dibujada por todo mi cuerpo.
- Ya nos lo agradecerás mañana por la mañana y verás como Pablo te lo agradece. - añadió mi cuñada viendo mi cara de sorpresa.
No es que fuese la primera vez que me dejaban con las ganas, pero que tuvieran la desfachatez de decirme que era por mi bien, sí que fue toda una novedad. Me sentí más puta y utilizada que nunca volviendo a mi habitación a hurtadillas, mal follada y con más ganas que al entrar. Intentando no hacer ruido me volví a duchar para quitarme el profundo olor a sexo, lo que no me pude quitar fue el inmenso deseo que me dejaron grabado a fuego. Esta señora, la que estaba reflejada en el espejo, se había convertido en una puta de primera y mañana se desquitaba, sí o sí.
Tardé un buen rato en conciliar el sueño, teniendo a mi esposo ahí, dormido desnudo bajo las sábanas y yo con un calentón tremendo tras esa sesión inacabada. Llegué a pensar en despertarle y que me diera la dosis que mi cuerpo necesitaba, pero luego recordé que lo había dado todo en mi sesión previa, precisamente para dejarle dormido y bien dormido, pensando que quizás despertarle podría ser más frustrante todavía... así que tuve que recurrir a mis dedos. Claro que no es lo mismo, pero estaba tan caliente, rememorando cada uno de esos momentos que tardé poco en correrme y otro poco más en quedarme dormida. También me había ejercitado de lo lindo.
Me desperté por la mañana con un suave beso en los labios por parte de Pablo... que permanecía desnudo, sentado a mi lado en la cama.
- ¿Cómo ha dormido mi guarrilla? - fue la primera pregunta que me hizo, mientras se acariciaba su miembro que parecía ir tomando tamaño observando cómo dormía.
Nunca antes me había hablado Pablo de esa manera ni antes, ni durante.... ni mucho menos después de tener sexo la noche anterior... creo que esa palabra “guarrilla”, debía estar tatuada en mi frente por la forma en que mi marido me miraba.
- Pablo, lo de anoche... - intenté explicarme.
- Fue lo mejor que nos pasó en mucho tiempo. ¿No crees?
- Sí, pero... yo...
- Me has hecho tan feliz, nunca habíamos hecho cosas así, cariño, pero cuando creía que de algún modo todo era producto del alcohol o de una locura transitoria, veo que no, que eres otra Carmen.
- Yo soy como siempre, Pablo.
- Cariño, te aseguro que no. Lo de anoche fue tremendo, me dejaste K.O., como hacía tiempo que no ocurría y de una forma que nunca antes había ocurrido. No sé cómo lo has hecho, pero me encanta esa nueva Carmen. No quiero que desaparezca.
Pablo había destapado ligeramente la sábana, metiendo su mano por mis braguitas acariciando los labios de mi sexo, todavía aturdidos y sensibles, esperando su recompensa. No tardé en mojarme. Pablo me hablaba, con su polla creciendo por momentos y sus dedos acariciando mi rajita con dulzura.
- Cielo, tu transformación era lo que necesitábamos y has sido tú la que ha dado ese paso. Gracias, gracias, gracias... - dijo mirándome fijamente.
- Pero, Pablo, yo...
No me dejó terminar la frase, posando su boca en la mía, dándome un beso sentido, en un juego de labios, casi de cuando los robábamos tantos años atrás...
- Carmen, ahora sé que te quiero más que nunca. - añadió.
Sus palabras eran sinceras, como lo era su mirada frente a la mía... tan cerca de mis ojos que era imposible que me engañara y ¿en cambio yo? ¿Qué podía decir? esa mujer fiel, ¿en qué se había convertido? Intentaba poner juicio, pero su mano me daba tanto gusto, que yo me aferraba a su muñeca con las mías, sintiendo como esos dedos hacían maravillas...
- Tenemos que repetir lo de anoche, cielo. - me dijo sonriente.
- ¿Te gustó? - dije ampliando mi sonrisa, orgullosa de haber despertado a ese nuevo Pablo al mismo tiempo, el mismo que tenía en ese momento totalmente enamorado gracias a mi “transformación”.
- Me encantó y ahora con las fotos, veo que me dejas algunas pistas, cariño.
- ¿Fotos?, ¿Qué fotos? - pregunté sin entender.
- Vamos, nena, las que me enviaste anoche ¿también vamos a jugar a adivinar? Lástima que me quedase dormido y ahora hayamos quedado con estos para desayunar que luego tenemos Spa, ¿recuerdas? si no, te aseguro que nos quedábamos encerrados en la habitación hasta que anocheciese. - sentenció pellizcándome un pezón, haciéndome estremecer.
Iba a decir algo, pero Pablo se levantó a afeitarse, canturreando y sin tiempo a nada, pero dejándome muy caliente y al mismo tiempo confusa. ¿Fotos?
- Vamos, nena, dúchate y esta noche jugamos más. - me repetía Pablo.
Cogí mi móvil que estaba sobre la mesilla y empecé a buscar los mensajes que le había podido mandar, pero no recordaba haber estado tan borracha o ida como para no acordarme. Al abrir la aplicación, pude ver un montón de fotos en enviadas a Pablo, todas aquellas que me hizo Adrián en la 309, en lencería mayormente, con un tanga minúsculo, otras con un corsé, algunas con las piernas abiertas, con mi coño expuesto lascivamente, a cada cual más erótica o más porno. Una más que sugerente y contundente sesión fotográfica, con imágenes que a mí misma me sorprendían viéndolas una a una, sin casi reconocerme, comportándome de una forma increíble, algo que lógicamente debió dejar a Pablo, “a cuadros”, como lo estaba yo en ese momento. Sin duda, todo había sido obra de Eva... en plena confusión, había cogido mi móvil y le había enviado las fotos a mi marido. ¡Será cabrona! Por suerte, en ninguna aparecía nadie más y la habitación era una copia de la nuestra, algo que tampoco haría sospechar a mi esposo. ¿Y si por fin dejaba de engañarle y le confesaba todo de una vez? Pero entonces... ¿esa nueva vida entre los dos también se esfumaría?
Tras la ducha, en la que volví a comprobar cómo todo mi cuerpo reaccionaba a mis propias caricias al extenderme el gel, pues todo estaba sensible, cachondo y abierto a nuevas sensaciones, me puse el bikini, un vestido veraniego y nos bajamos al comedor, agarrados de la mano, oscilándolas como un péndulo al caminar, tal y como cuando éramos novios. Definitivamente ese fin de semana no era de confesiones, ni de desvelar verdades...
En el desayuno aún no había bajado nadie, aunque pedimos una mesa grande ya que se irían incorporando el resto seguramente, estábamos mano a mano.
- Poco hemos hablado de esas fotos. - me dijo Pablo con una cálida mirada, revolviendo su taza de café.
Me sonroje con tan solo pensarlo, y tampoco quería dar muchas explicaciones, estaba segura que no sería capaz de convencerle y me pillaría en algún renuncio. Aunque parezca extraño, lo de mentir siempre se me ha dado fatal.
- Como eres, Pablo que van a bajar – dije notando el calor en mis mejillas.
- Me encanta ese doble juego tuyo... ahora te haces la tímida, algo que me pone todavía más.
Era totalmente cierto, tenía una doble vida o casi multiplicada por diez, con mis secretos, mis comportamientos, pasando de ser una fiel y amada esposa a una puta con todas las letras y Pablo empezaba a darse cuenta.
- Ahora no te iras a hacer la remilgada. - añadió posando su mano sobre mi pierna.
- No estamos solos... - dije mirando a mi alrededor y aunque no había gente demasiado cerca, yo quería alertarle de un posible peligro, aunque era yo misma la que me veía en peligro.
- ¿No me digas que no te gustaría ver como se pone otro hombre al verlas? - me soltó a bocajarro.
Su pregunta, era mucho más que las palabras dichas, era un reto en forma de proposición, era lujuria en forma de conversación. Mi adorado marido, no sé muy bien si gracias a mí, o a él mismo, se estaba convirtiendo en pervertido delicioso pero temible y para colmo sus palabras me encendían, unas palabras que jamás había pronunciado.
Mientras seguimos desayunando, su tono y las ideas que salían de su boca seguían subiendo de tono, algunas como... ¿Qué quién me gustaría que se excitara con mis fotos?, que, al no verse mi cara, ¿algunas las podía colgar en una web de parejas liberales? ¿Qué si después de hacerlas me masturbara? Pablo estaba desatado, sonriendo con cada una de sus ocurrencias y la espiral de palabras no paraba, y cada nueva idea me calentaba un poco más, la mezcla de lo ya vivido con lo deseado por mi marido me tenía en ascuas, y no solo a mí, podía notar que Pablo tenía la herramienta lista y dispuesta bajo ese pantalón.
No sé si por suerte o por desgracia, empezaron a llegar los demás, si no nos hubieran echado del buffet del desayuno fijo y mientras nuestros amigos hablaban de temas banales, Pablo y yo intercambiábamos miradas cargadas de pasión.
Adrián llegó saludando con su simpatía de siempre, como si realmente no hubiera ocurrido nada, lo mismo que Eva, que sólo me miraba y sonreía, disfrutando de verme asustada y excitada. Al mismo tiempo, Pablo jugaba bajo la mesa con mi rodilla, pero avanzando entre mis muslos más allá de lo protocolario, atreviéndose delante del grupo a travesuras impensables, pues sus dedos dibujaron mi vulva sobre la braguita y ese juego me estaba poniendo por las nubes, cómo debía estarlo él.
Con semejante calentura subimos a lavarnos los dientes, y yo acabé con otra cosa en la boca y no precisamente con el cepillo de dientes. Él sentado en la cama, yo de rodillas entre sus piernas, iba alternando mi interrogatorio con los profundos movimientos de mi boca, consiguiendo dejarle sin aliento cada vez que me introducía su hombría en mi garganta.
- ¿Quién quieres que se folle a tu mujercita? - dije en un momento, sacándome la polla de la boca para que recuperara su aliento y pajeándole suavemente.
- No sé cualquiera. - conseguía decir el pobrecito, visiblemente excitado.
- Tú lo que quieres es que sea la puta de tus amigos, para poder presumir, ¿verdad? - apunté para darle otro chupón a la punta.
- ¿Presumir? - respondía agitado.
- ¡De lo puta que soy y de lo bien que lo hago! - añadí engulléndole sin piedad.
Mi boca le fue llevando paso a paso hacia los rincones más oscuros de su mente, confesando sus deseos más ocultos, dejando que sus fantasías más lujuriosas fueran la guía. Ya no era un juego de fantasía, esas palabras eran puro deseo por parte de ambos.
Las fotos que había mandado su hermana habían acabado por desatarlo, estaba disfrutando casi más que yo de lo puta que era, y eso que no sabía ni la mitad. Le chupaba mientras que él mismo rogaba que hubiese sido otro el que me hubiera hecho las fotos, que hubiese sido otro él hubiese entrado en nuestra habitación y me hubiese follado junto a él.
El mismo rogaba que ojalá ocurriese lo que ya había pasado, al menos en parte y aunque yo hablase de realidades, el disfrutaba solo pensando que eran fantasías... y yo me ocultaba en ese juego de mi secreto inconfesable.
No podía prolongar más su agonía, con una mano agarre su herramienta y con la otra jugaba con sus huevos, era infalible. Pude notar como buscaba aire en su interior para poder sacar cuanto tenía dentro, y para asegurarme su éxtasis mi lengua, entre lamida y lamida, le castigaba relatándole más imágenes mías siendo poseída por sus amigos, nombrándoles de forma inocente, hasta cuando llegué a Adrián. Noté cómo su polla se endurecía aún más, su respiración se aceleró, y mientras se corría en mis manos, su boca imploraba
- ¡Sí, quiero que sea Adrián quien te folle! - clamaba entre dientes corriéndose abundantemente, mientras yo me sentía más y más puta... la que era en realidad.
Casi me asusté de su reacción, de su excitación, de su fervor al pedirlo, podía notar como eso era lo que quería en realidad, no quería que cualquiera me follara, quería que su amigo del alma me empotrara como una vulgar ramera frente a él. Yo seguía como en una nube, sin creerme que todo el viento fuera a favor, que todos los astros se hubiesen alineado... desde que tuve la oportunidad de ver a Adrián desnudo, no tenía otra cosa en mente, más que saber que sería ser follada por él y para colmo, delante de mi esposo con su aprobación.
Cuando Pablo consiguió retomar el aliento, tras esa especial mamada con fantasías incluidas, quiso devolverme el favor, pero yo sabía que no era lo que tocaba, al margen de que nos estarían esperando el resto, y que yo estaba caliente como una plancha de vapor, yo no quería solo un quedar bien, quería lo que quería, y eso necesitaba de tiempo y trabajo.
- Anda, anda, luego ya nos ponemos en serio - le dije - O si prefieres le decimos a Adrián que suba.
Mis palabras iban con toda la intención y una cara de niña buena que decía lo contrario. A él se le iluminó la cara. Le di un beso, acompañado de una sonrisa, haciéndole entender que formaba parte de un sueño, pero quería estar segura de si él pensaba realmente en que pudiera ocurrir. A veces en la fogosidad del momento se dicen cosas que no se piensan realmente.
Al bajar, efectivamente estaban todos esperándonos en la piscina, y al llegar deje claro a mis captores con mis caderas que no venía de lavarme los dientes, de hecho, le pedí a mi cuñada que me pusiese un poco de crema en la espalda. Hasta la hora de la comida estuvimos de piscina, un poco de sol, un poco de baño, un poco de picoteo, pero sobretodo, un poco de tonteo. Yo no paraba de pensar en esa posibilidad de sentir a Adrián dentro de mí y después de que ayer me dejaran a medias, pensé la venganza es un plato que se sirve frio, y si te metes en una piscina de adultos con una pelotita la cosa siempre es divertida, y si le pones un poco más de sal se queda aún más sabroso.
El juego fue tomando forma y yo, debajo del agua, tengo mucho peligro. Desde fuera pudiera parecer un partido de waterpolo, pero desde dentro había clarísimamente, otro juego. A mi cuñada de buenas a primeras le baje la parte de abajo, por lo que pudiera pasar, y antes de los cinco primeros minutos los huevos de nuestro amigo Adrián ya habían pasado por mis manos varias veces. Eso sí, quien siembra tormentas recoge tempestades, como era de esperar ellos no se iban a quedar quietos, y la partida se fue intensificando por debajo. Disimuladas por aguadillas las manos de Adrián, de Eva y las mías, jugaban a un juego que ganábamos todos, logrando ponerme especialmente cachonda, todavía más de cómo me había quedado en la habitación. Hasta Pablo que no es normalmente de ese tipo de tonterías se unió, y no a mí, sino también contra mí. Al final me vi herida de muerte varias veces por el fuego cruzado.
Mi cuñada no era mi aliada o en este caso ¿debo decir que sí?, el caso es que ella hacía lo posible para que siempre fuera yo la arrinconada, la perdedora de la partida y la ganadora de todo tipo de manoseos. No sé si Pablo me empujaba hacia Adrián, o era al revés, pero cada vez que me llegaba la pelota queda bloqueada, noqueada y manoseada por ambos. Aunque sabía a ciencia cierta que a Pablo no le importaba ni lo más mínimo, sino que, todo lo contrario, eso no le restaba importancia, una cosa es fantasearlo mientras le comes la polla a tu marido, y otra cosa muy diferente es que te metan mano en mitad de la piscina junto a tu marido.
A mi pesar, tuve que poner freno, antes de escandalizar a las familias de alrededor y bien salía del agua o me ahogaba en mi propia lujuria, aunque por sus caras no pareció hacerles mucha gracia a ninguno cuando salí de esas aguas turbulentas.
© El Club. Darneb & Sylke 2022
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