Xtories

Pedro el jubilado de nuevo en acción

Bajo la sombra del ciruelo, la joven vecina sabía que su vecino jubilado aún tenía fuego. Pero cuando los pasos se acercaron, no fue la policía lo que encontraron, sino a la madre de ella, desnuda y tocándose bajo las ramas. Ahora, el riesgo y la prohibición los consumen a todos.

perenquen28K vistas9.1· 16 votos

Tras lo ocurrido en la huerta, la joven quedó herida en su orgullo, aunque, en el fondo reconoció que no esperaba que el vecino tuviera una daga tan grande, ni que conservara el poder físico que demostró mientras se la follaba. La experiencia de aquella tarde nada tenía que ver con los anteriores encuentros con jóvenes de su edad. Tal es así que, al día siguiente, comprobó su vagina, verificando, vio sorprendida que, aún sus labios vaginales continuaban aún inflamados.

Por su parte, el vecino Pedro estaba asombrado por lo que había ocurrido. Nunca hubiera imaginado que pudiera acceder a tener un encuentro sexual con la joven vecina. Jamás había sido infiel, pero reconocía que había disfrutado de lo lindo con aquella jovencita. Solo pensar en la misma, notaba como se le volvía a endurecer el nabo. Aunque pensó que, una oportunidad como aquella no se le volvería a presentar.

Tras lo sucedido, transcurrió casi una semana en que la joven no salió a hacer gimnasia en el jardín. Según supo Pedro, aquella tuvo que acudir al centro de la ciudad para inscribirse en unas pruebas, y con temas burocráticos, pasó casi toda la semana fuera. Cuando había transcurrido unos diez días de aquel primer encuentro, el jubilado, se sorprendió agradablemente, al comprobar que la joven volvió a poner la música y hacer gimnasia en el jardín. Se acercó entusiasmado, comprobando como la joven, volvía aparecer portando aquellas mallas sumamente ajustadas, mostrando todo el relieve de su coñito, así como un pequeño sujetador o corpiño que, apenas le cubría sus pechos.

Al verlo acercarse, la joven comenzó a hacer movimientos con su cuerpo y posturas bastante sensuales, extremadamente eróticas con la finalidad de excitar al vecino. Tras dejar aquel disfrutara viéndola hacer gimnasia de aquella forma, se acercó hasta el borde del jardín y le pregunto al mismo: Hola ¿Qué?... ¿se le ha vuelto a poner dura viéndome?

Pedro la observó, y sonriendo, le contesto: ¡Veo que te has fijado en el bulto de mi pantalón! Llevaba días sin verte. ¿Qué te ha pasado?

-¿me echabas de menos viejo?.. le contesto mirándolo retadoramente. Luego, añadió: ¿Cuántas pajas te has echado pensando en mí?

-Unas cuantas preciosas. le contesto sonriendo Pedro. Viendo que la joven iba a retirarse le dijo: las ciruelas se van a echar a perder. ¡Creo que están en su punto! ¿no te apetece volver a cogerlas?

La joven lo miro, se sonrió, y tras pensarlo unos minutos, le contesto: ¿No me digas que quieres volver a montarme? ¿Es eso lo que deseas?,… ¿eh cabronazo?

Pedro sin poder evitarlo, se pasó la mano de forma descarada por el bulto de su bragueta, tocándose el bulto:: ¡tengo una buena ración de leche bien caliente y espesa! ¿No te apetece que vuelva a regar tu cuquita?

Pedro, comprobó como a la jovencita se le iluminaron los ojos ante su grosería. Pero era evidente que esa forma de hablar, excitaba a la jovenzuela. Aquella terminó contestándole: - ¡Ja ja… ¿eso quisieras tu viejo verde? Y, sonriendo continuó haciendo la gimnasia.

La joven comenzó a sentirse excitada con la proposición del vecino. Llevaba días sin follar, y la pretensión del vecino de volver a cogerla, la hizo mojar la malla. No pudo continuar haciendo gimnasia. Por ello decidió recoger los utensilios que utilizaba para la gimnasia, y acercándose al vecino le pregunto: ¿seguro que las ciruelas están en su punto? ¡A lo mejor me paso a la tarde a recoger unas cuantas! Y sonriendo se marchó para el interior de la casa. Aquella era una manifestación en toda regla. ¡La joven estaba invitando al vecino a volver a cogérsela!

Pedro quedó con una excitación de caballo. Había quedado con unos amigos para salir esa misma tarde. Pero se la ingenió para disculpar su ausencia, y esperó ansioso ver salir a la vecinita camino de los frutales. Cuando pensaba que aquella no iba aparecer, por fin la vio dirigirse hacia la huerta de su padre, perdiéndose en la misma. Al momento, ni corto un perezoso Pedro se dirigió a su huerto, llegando al fondo del mismo, donde se ubicaba el ciruelo. A través del maizal, atravesó el mismo hasta alcanzar la base del árbol. En ese momento observó que también hacia su aparición la joven. Se percató de que la vecinita solo llevaba puesto una faldita muy corta y un sujetador donde sobresalían claramente sus pechos. ¡Era evidente que aquella nena iba pidiendo guerra!

¿qué hace por aquí? ¿Ha venido a vigilarme? Le comenta la joven. ¡Recuerde que me dio permiso para coger las ciruelas! ¿Puedo hacerlo sin que me denuncie?

-¡pues claro preciosa!. Uy.. pero ¿te vas a subir al árbol con esa faldita? ¿Sabes que te voy a ver toda otra vez? le comento Pedro, quien mostraba una manifiesta empalmadura a la altura de la bragueta de su pantalón. La visión de aquella joven lo había envarado.

La joven echó un vistazo al bulto del pantalón, y se sonrió. En el fondo le agrado ver como excitaba al vecino. Luego, comenzó a trepar por el ciruelo. Mientras ascendía le dijo: ¿porque crees que me he puesto esta faldita? ¡¡Sabía que vendría!!.... ¡Es un viejo verde que disfruta con verme así!

Comenzó a subir por el árbol, comprobando el vecino que la joven solo llevaba una tanga tan minúscula, que se le metía por entre las nalgas del culito. Tanto que dejaba totalmente a la vista parte de su entrepierna. Mas sorprendido se quedó cuando la joven abrió las piernas para sostenerse entre dos ramas, con lo que quedó a plena vista, la entrepierna de la joven. La tela de la tanga que llevaba apenas podía cubrir su vagina, ya que aquella se metía totalmente dentro de su raja, dejando fuera todos los labios vaginales. La verga de Pedro se volvió a poner de nuevo en forma ante aquella visión. Ver los labios vaginales de la joven le hizo alcanzar una erección casi total. Aquella joven se iba a llevar una buena follada esa tarde, pensó. Lo estaba poniendo como una moto.

-¿me está viendo bien? le dijo la joven desde el árbol. ¿Ha visto mi coñito?

Con clara morbosidad se abre un poco más, a fin de excitar totalmente al hombre. Mas osada, le pregunta: ¿No lo ve bien?, ¿quiere que me quite las braguitas?... Y acto seguido, sin esperar respuesta, haciendo unas posturas raras en el árbol, terminó por retirarse su tanga. Se quedó con el coñito al aire subida en aquel árbol. Luego, más lasciva, comenzó abrirse de piernas, utilizando dos ramas, dejando al aire la totalidad de la raja de su coño. El vecino tuvo entonces una visión inmejorable del coñito de la joven. ¿Así me ve mejor? ¿verdad? Le dijo, al tiempo que le tiró la tanga dejándola caer, siendo recogida por el hombre que la tomo en vuelo.

Pedro, con la braga en su mano, acercó su nariz al lugar de la tela en que dedujo que había estado en contacto con la cuquita de la joven, y aspiró profundamente el olor que desprendía la prenda. Al instante su nariz se impregnó del olor a hembra en celo. Aquella nena tenía que estar bien caliente, se dijo. Además, comprobó que ya se había mojado, ya que la prenda estaba húmeda.

La joven se limitó a observar desde arriba la acción morbosa del hombre y eso la incitó a tocarse como puedo su conejito. Bajo un poco y cuando estaba más cerca del mismo, se apoyó en una rama, abriéndose bien de piernas, para que el hombre pudiera contemplar bien su coño. Luego utilizando sus dedos se fue se va ensanchando la vagina. Le mostró su coño abierto al hombre. Más morbosa, paso unos dedos por toda la raja.

Pedro estaba enloquecido. Parecía un toro embravecido. Su envaramiento aumentó, cuando presenció como la joven tomo una ciruela, y tras darle una mordida, se la pasó por todo el coño, y desde arriba, y luego de la tiró al vecino. Este, totalmente excitado logró atrapar aquella fruta, la olió, y comenzó a comérsela con autentico sabor. Aquello excitó a la joven que decidió bajar del árbol. Se notaba con una calentura de mil demonios.

Cuando estaba terminando de bajar, a media altura, aún agarrada al tronco del árbol, mientras descendía, sintió como el hombre la toma por sus desnudas nalgas y comenzó a lamerla, desde el trasero, hasta alcanzar la raja de su coño.

Oh no…oh me voy a caer. Oh ¡se está aprovechando! oooo

Tras unos momentos lamiendo la panochita de la joven, el vecino la ayudó a descender. Acto seguido, tremendamente enardecido, colocó a la joven contra al árbol. Se agachó tras ella, y le abrió las piernas. Al contemplar el chochito de la joven, no pudo reprimirse hasta acercar su boca para comenzar a lamer aquel suculento manjar: oh sii siga o joder que bueno…. oh si..cómamelo ooo

La joven llevaba varios días sin correrse, por lo que, los tremendos lengüetazos que el vecino le propinó a su maltrecho coñito, la pusieron como una hembra necesitada de macho. Mientras el viejo no paraba de lamer su coñito, la joven se vino, corriéndose entre gemidos y suspiros que fueron escuchados en toda la parte baja de la huerta.

Cuando terminó, se giró, observó la cara del jubilado, y sonriendo le dijo: ¡me he corrido en toda tu boca! “Que gusto me has dado cabronazo”. ¿Para la edad que tienes conoces muchas cosas? ¿No me digas que aún le haces esto a tu mujer?

El hombre se incorporó, y le respondió: ja ja. mi esposa ya poco purula en esto. Tras la menopausia poco entusiasmo tiene. Pero yo sigo teniendo bastante.

Ella le comenta: ya lo veo. “Joder como se te ha puesto la polla”.

Sin poder contenerse paso la mano por el paquete del hombre, a la altura de la bragueta del pantalón. Y tras unos momentos de incertidumbre, le desabrochó el cinto y le dejó caer los pantalones al suelo. Miró el bulto del slip, se sonrió, mordiéndose el labio. Luego le dijo: Uy..¿cómo la tiene?. ¡Pobrecito se le va a romper!

Y, sin más, tiró del slip hacia abajo del slip, dejando al aire el tremendo cipote del vecino. Este blandía una empalmadura singular. Tras el manoseo de la joven, su verga se había puesto como un misil. Oh joder…. ¡Le sigue creciendo!… ¡que bárbaro!

La joven morbosamente, tomó aquella daga en su manita, la manoseó, masajeando la misma a lo largo y ancho de aquel manubrio, recreándose con el tacto y la vista de la misma. Se percató como su coñito se hacía agua. Era consciente de que pronto, aquel cipote iba a estar dentro de su caverna. Tantos días sin un polvo, ver aquella tremenda verga, la joven percibió la necesidad irresistible y apremiante de clavársela de inmediato. Por ello, observó miro a su alrededor. Observó un trozo de tronco de árbol seco junto al lado del tronco del ciruelo, y que se utilizaba para poder acceder mejor al citado frutal. Se percató que podía servir de asiento. Por ello, tomó al vecino y lo obligo a sentarse sobre el citado tronco, pegando aquel su espalda contra el tronco del árbol.

La joven contempló como el vecino quedó desnudo de cintura para abajo y con toda su herramienta en vertical, allí sentado a su merced. Excitada se echó mano al coñito y le dijo: -Uf como se le ha puesto. Me has mojado el coño cabronazo. ¿Te has dado cuenta como lo tengo?

-Ya veo preciosa. Necesitas una buena polla.

-Si. Una como la tuya. Pero me vas a terminar de reventar. ¡Joder que enorme la tienes! - le comentó, mientras se abría de piernas dispuesta a sentarse sobre el cipote del jubilado.

Ni corta ni perezosa, acercó su coñito hasta la cabeza del nabo del hombre. Una vez a su altura, le dio como unos brochazos por toda su rajita, embadurnando el pene con sus fluidos vaginales. Luego apoyó las manos en los hombros de Pedro, y comenzó a descender flexionando sus piernas, engullendo poco a poco aquella hermosa tranca. Oh.. me va a romper oooo siiii……o joder…. Me abres mucho ooo

Pedro, observaba atónito sin decir palabra, como la jovencita se iba clavando ella misma, todo su cipote. La joven descendía poco a poco, deteniéndose para tomar respiro. Se le notaba ansiosa, pero temerosa. Luego continuó descendiendo, hasta que, por fin, se la terminó de clavar hasta la misma empuñadura. Oh siii… exclamó con cara de triunfo y de dolor al mismo tiempo. Se sentía satisfecha al comprobar que había sido capaz de clavársela totalmente.

Se quedó quieta, con síntomas de dolor en su rostro. La presión que ejercían las paredes de su vagina al dilatarse al máximo para permitir la instrucción de semejante herramienta, fue un proceso doloroso. Excitada, viéndose empalada por el vecino, le dijo: ¿así me querías tener? Oh cabroncete…”me tienes toda abierta”. Luego miro hacia su entrepierna, y le dijo: ¡Me le ha clavado totalmente!

-Uf nenita. Tienes un coñito perfecto. Y bien calentito. Oh si nenita…¡eres una campeona”. Vamos comienza a moverte. ¡Se que gusta mi polla!... ¿verdad que te gusta tenerla bien adentro? Le comenzó a decir el vecino, ante la emoción de sentir que tenía clavada totalmente a la joven vecina. Su polla estaba dura como un risco, y notaba la estrechez de las paredes de la vagina apretando su falo, concediéndole una sensación de autentico placer.

-¡Oh si.. joder.. la tiene buenísima!… Uf…- le comentó la joven, mientras comenzaba a subir y bajar, flexionando sus piernas, subiendo y bajando, teniendo siempre como eje aquel enorme falo. Pronto sus jugos fueron tan abundantes, que comenzaron a descender por todo el nabo del hombre hasta bañar los propios testículos del jubilado. La joven resoplaba, tomaba aire, y continuaba cabalgado la polla del hombre. Gemía y gritaba durante los movimientos de sube y baja. Parecía una autentica joven amazona.

-Oh si nenita… sigue así… que jineta….

El hombre se encontraba alucinado viendo como aquella muchachita cabalgaba su enorme nabo. Vio que pronto la joven tomo carrerilla y comenzó a cabalgarlo a una velocidad trepidante. Gemía alocadamente, percatándose que estaba a punto de alcanzar el orgasmo. De hecho, tras unos minutos más de autentico galope, la joven se quedó sentada, apretando al máximo la polla del vecino con las paredes de su vagina, como si tratará de triturarla, para terminar, convulsionando de su pequeño cuerpo, con movimientos que la extenuaron, teniendo que apoyarse en el torso del hombre, completamente agotada.

Tras la intensa corrida de la joven, se quedó abrazada al hombre durante unos instantes, en la misma posición, el hombre sentado y recostado sobre el tronco del árbol, y la joven sentada sobre los muslos del varón, con todo el cipote de éste, introducido en su vagina.

Una vez recuperada miró al hombre con cara de auténtica satisfacción. ¡me has hecho correr de lo lindo! ¡jamás me había corrido de esta manera!

Mientras se lo decía, comenzó a realizar movimientos nuevamente de subir y bajar. Pedro comprobó que la joven quería continuar. Esta vez, quiso participar de otra manera. Le abrió la blusa a la joven dejando su pequeño sostén al aire, que apenas podía albergar una pequeña porción de sus grandes senos. Sus ojos se iluminaron cuando destrabó el sostén, quedando aquellos fabulosos pechos a la altura de su boca. Sin previo aviso, comenzó a devorar aquellos, introduciendo gran parte de los mismos dentro de su ávida y voraz boca. Comenzó a lamer, chupar y succionar, levantando auténticos gemidos de pasión a la jovencita. ¡Oh! ¿qué me haces? ¡Oh si cómetelos oooo!

Luego, los mantuvo asidos a sus dos manos, mientras la joven comenzaba de nuevo a cabalgar. Luego comenzó alternar las manos con la boca del hombre en los pechos de la joven. Eso hizo alcanzar a la joven un nuevo orgasmo. Tras este segundo orgasmo, aquella quedó bastante agotada, por lo que se recostó totalmente en el torso del hombre.

Tras volver a recuperarse, le miró a los ojos y le dijo: ¿veo que aún sigues con la polla dura? ¿no pretenderás correrte dentro de mi otra vez? ¡eres un cabronazo!

-¡Nenita tengo que descargar. ¡Llevo días sin hacerlo! ¿acaso no quieres volver a sentir mi lechita calentita dentro de tu coñito?... ¡seguro que quieres recibirla! ¡te prometo que te lo dejaré bien regadito! - le contestó el hombre, que deseaba eyacular cuanto antes, y hacerlo dentro de la joven, aunque volviera a ser una temeridad.

La chica, excitada le respondió: - ¡que cabronazo eres! ¿Acaso pretendes embarazar a la hija de tu vecino? Ya vi cómo te corriste la vez anterior.

Sin embargo, la joven se incorporó descabalgando al varón, y observando como la mandarria del mismo continuaba en vertical y con una erección pronunciada, sintió la imperiosa necesidad de volver a ser clavada por aquella verga. Observó la misma, totalmente descapullada, y embadurnaba por los fluidos de su vagina, y con algunas manchas blanquecinas reveladoras de las dos corridas que la joven había tenido.

En ese momento contempla como el vecino se incorpora, y la joven se coloca a cuatro patas sosteniéndose en la banqueta que había servido de soporta el jubilado, abriéndose de piernas, y mostrándole todo el trasero al varón, colocándose en disposición para ser penetrada.

Pedro, al comprobar la receptividad de la vecinita, se deleitó observando aquel trasero completamente desnudo, con la raja del coño abierta y asomando gran parte de su pelambrera, lo que le llevó a que su verga creciera aún más. Se colocó detrás de ella, y tomándola en su mano, la fue introduciendo hasta situarse a la entrada de la vagina. Luego despacio presionó viendo cómo se deslizaba sin problemas dentro del coñito de la joven, que estaba bastante lubricado por sus propios fluidos. Oh… despacio oo sii….me llenas de nuevo… -exclamo la joven al sentir como la tranca se alojaba íntegramente dentro de su cuquita.

El vecino, comenzó a bombear a la joven, haciendo entrar y salir su falo dentro del coñito de la misma, aumentando cada vez más la intensidad de sus penetraciones, abriendo totalmente a la joven, con arremetidas que hacían estremecer todo el cuerpo de la joven. Es más, Pedro al ver como colgaban los pechos de la chica, alargó sus manos y sin dejar de penetrarla, comenzó a manosear aquellos pechos, amasándolos entre sus manos, haciendo suspirar a la joven. El espectáculo era digo de la mayor morosidad y erotismo: en medio de una huerta de maíz, debajo de un ciruelo, se encontraba aquella pareja compuesta por un hombre bastante alto y fornido, montando a cuatro patas a una jovencita de pequeña estatura, que soportaba estoicamente las tremendas arremetidas del pene del varón, mientras éste, masajeaba sin para los pechos de la joven que colgaban libres del torso de aquella.

La tremendas clavadas del hombre a la joven, inconcebibles a la edad del mismo, llevaron a la jovencita a alcanzar un tercer orgasmo en aquella posición. Mientras la joven se convulsionaba con ese tercer orgasmo, Pedro, viendo que ya estaba a punto de eyacular, aprovechó la oportunidad y sin decirle nada a la joven comenzó a lanzar sus primeras lechadas de la tarde dentro de la caliente vagina. La chica al sentir el calor del semen del varón dentro de ella aceleró e hizo más extensa su venida, terminando completamente agotada. Fue tanto su agotamiento que, tuvo que ser sostenida por el hombre, quien la mantuvo bien sujeta por las caderas, mientras continuaba martilleando el coño de la joven, lanzando sin parar, cual autentico surtidor, su semilla dentro de ella.

Cuando por fin acabaron, el hombre se retiró de la joven, ayudándola a incorporarse. Verónica, aún agarrotada de tanto puyazo del hombre y de la intensidad de sus tres orgasmos se apoyó en el mismo, al tiempo que observaba su entrepierna, viendo el discurrir el semen saliendo de la abertura de su vagina, exclamando: que loco… te has vuelto a correr dentro. ¿mira cómo me ha dejado?... ¡vas a terminar preñándome!

Como estaba tan agotados el hombre se sentó sobre la banqueta de nuevo, y la joven, completamente desnuda, ya que la blusa estaba abierta y dejaba al aire sus pechos, igualmente se volvió a sentar sobre los muslos del hombre mirando hacia él. Su agotamiento la llevó a abrazarse a éste, y quedarse en esa posición durante varios minutos descansando y recuperándose. Tras pasar más de un cuarto de hora en esa posición, ella le miró y le dijo: ¡me has llenado bastante! Aún siento tu leche dentro de mi cuquita. ¿y si me has dejado embarazada?

Pedro la miro y le contesto: ¿estabas en época fértil?

-No ¿creo que no? Pero aun así es peligroso. Luego se mira hacia abajo, en la misma posición en que se encontraba, y observa toda su raja abierta muy cerca de la polla del hombre, y le dice: ¿te has fijado como me has dejado mi vaginita? Le tengo toda abierta… y llena de leche…. Le dijo, sonriéndose.

El hombre le observa la vagina, y se da cuenta de que los labios vaginales de la joven vuelven a estar inflamados y enrojecidos. Pero, ver la vagina de la misma, abierta, con restos de su semen, le excitó, viendo como su polla se comienza a endurecer de nuevo. Ella, mucha más sorprendida, al verlo, le comenta: ¿se te va a poner dura de nuevo?... pero… ¿de que este hecho? ¿No pretenderás volver a metérmela? Me tienes muy abierta, y me va a costar caminar. Además, tengo tana hambre que me voy a comer todas las ciruelas de este árbol.

Ja ja. claro preciosa. Acaba con todas, pero deja alguna para que puedas volver. Le contestó aquel.

Justo en ese momento, ambos se asustan al escuchar uno pasos cercanos, que se dirigían directamente al ciruelo. Asustados, rápidamente solo les da tiempo para recoger sus ropas, y aún desnudos, se retiraron hasta colocarse detrás unos matorrales algo tupidos que existían entre el maizal. Como había hierba algo seca se echaron sobre la misma, para esconderse la vista de la persona o personas que allí acudía. La joven le pregunta: ¿Quién puede ser? ¿tu mujer?

No lo se. Ella apenas acude a esta parte de la huerta.

Se quedan callados, y entre los matojos de hierbas, logran divisar a la persona que acababa de llegar debajo del ciruelo. Se trataba nada mas y nada menos, que la madre Verónica. Llevaba un vestido a media rodilla, y al tiempo que contemplan como la misma comienza a tirar algunas ciruelas con un palo. El hombre extrañado le dice a la hija: ¡vaya veo que la afición por las ciruelas viene de familia!

La jovencita estaba totalmente alucinada al ver a su madre igualmente bajo el ciruelo. Se dio cuenta que ahora se encontraba justo al lado del hombre, allí recostados uno junto al otro, echa su culito desnudo hacia atrás buscando el contacto con el cuerpo también desnudo del vecino. Al primer contacto se da cuenta que Pedro, pese a todo, vuelve a estar envarado. Era una situación rarita, pero excitante. A pocos metros tenía a su madre recogiendo ciruelas, y ella allí desnudita, en medio del maizal con aquel vecino igualmente en pelotas. Su morbosidad fue tal, que echó la mano para atrás y tomó la verga del hombre, viendo que estaba volviendo a crecer en su mano hasta alcanzar la potencia suficiente. Varios minutos después, aquel semental estaba nuevamente excitado y con su nabo preparado para penetrarla. Hacerlo, sabiendo la presencia de su madre, la animó la abrirse un poco de piernas, y mirándolo a la cara al vecino le dije: “móntame de nuevo”.

Pedro, ante aquella imprevista invitación, no tardó en colocarse adecuadamente para introducir en aquella posición lateral, y desde atrás, el coñito aún encharcado de la vecinita. La excitación al saberse que podían escucharlos, le hizo endurecer tanto su nabo al hombre que la joven sintió entrar aquel falo como si de una barrena se tratara. Su vecino estaba nuevamente envarado y la estaba penetranda al máximo.

Mientras follaban observaban lo que, hacia la madre de la joven, contemplando como al rato, tras haber tomado unas cuantas ciruelas, la mujer hacer algo inesperado y sorprendente: se mete las manos por debajo de su vestido, y se baja las bragas. Luego, hace algo que deja boquiabierto a los dos: la mujer toma sus dedos y comienza a pasarlos por su vagina, frotándose la misma, tocándose con otra mano los pechos. ¡La madre de la jovencita se estaba masturbando en pleno campo, bajo el ciruelo!.

Aquella escena, de ver a la propia madre de la joven masturbándose, aceleró la venida de los dos hasta el punto de que se corrieron al unísono, descargando el varón nuevamente toda su simiente dentro de la cuquita de la joven. Ambos quedaron quietos, aún la joven con la polla del hombre dentro del coñito, mientras terminan de contemplar como la mujer se agita y con pequeños gritos acaba su orgasmo masturbatorio. Luego, la madre de Verónica observa las ciruelas que Verónica tenía recogidas para llevarse a casa, y metiéndolas en una bolsa plástica, se decide a llevarlas con ella. Al ver que aquella se volvía por donde había venido, el hombre le comenta: ¿sabías que tu madre hacía esto?

La joven Verónica, completamente sorprendida le contesta: jamás. Pensé que mama era de esas mujeres conservadoras que no rompen un plato. Me ha dejado… ¡pero casi nos pesca!

Ya, pero gracias a eso hemos echado un polvo tremendamente excitante. ¿No te parece?

La jovencita, aún desnuda y echada al lado del joven, se gira hacia él, ahora cara a cara y le contesta: ¡Me has hecho correr cuatro veces! Jamás lo había hecho tantas veces. ¿Seguro que tardamos un poco más y me vuelves a coger?

-¿quién sabe?. Era una fierita. Me gusta montarte.

-pero debemos tener cuidado. Debemos hacerlo con condón o terminarás embarazándome. Aquello suponía que pensaba continuar follando con el mismo. Era algo que Pedro no se esperaba.

Tras arreglarse, se fueron bajo el ciruelo, y cuando la joven se iba a retirar, aquella se mira hacia atrás, y le pregunta a Pedro: ¿No te habrás follado también a mi mama?

El vecino se queda alucinado y le contesta: ¡claro que no! ¿qué te hace pensar eso? Además, como me has dicho siempre he pensado que tu madre era una conservadora.

Pedro, tras marcharse la joven, quedó pensando en todo lo ocurrido. No se lo podía creer. Pero, haber visto a la mujer del vecino, y madre de la joven, masturbándose bajo el ciruelo, le dejó igualmente excitado. Aquella mujer parecía una santita y conservadora, pero veía que era tan caliente como su hijita.

Dora, que así se llamaba la citada vecina, no tendría más de cuarenta años, ya que había tenido a su hija Verónica a muy temprana edad, por lo que era aún una mujer fértil y era de suponer con sus deseos sexuales casi intactos, como así lo había acreditado bajo el ciruelo.

CONTINUARA