Xtories

El marido de la vecina

Silvia lleva años soñando con el joven que vive enfrente. Esta vez, la excusa del traje olvidado y la toalla mal anudada no son accidentes: es la trampa perfecta para perder la virginidad sexual de un vecino que nunca ha sido infiel.

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Silvia se encontraba excitada, y bastante agitada. Llegó a su habitación, se echó sobre la cama, y comenzó a tocarse pensando en el marido de la vecina. Mientras se masturbaba pensaba en aquel vecino que la tenía trastornada, y con el que ansiaba tener algún encuentro amoroso. Jamás había sido infiel a su marido en los diez años que llevaban de casados, pero sentía tal atracción por Ayose, su vecino, que estaba dispuesta a romper ese récord de fidelidad.

Tras contraer matrimonio con Berto su marido, adquirieron una casa en una urbanización en las afueras de la ciudad. Durante los primeros años, los vecinos de la casa que tenían enfrente eran unas personas mayores, con las que mantuvo buena amistad. Tras el fallecimiento del marido de la vecina, ésta decidió marcharse a vivir con uno de sus hijos y vendió la casa. Al poco tiempo se encontró con una mujer bastante joven, que se presentó como la nueva vecina. Silvia observó que la mujer no pasaba de los treinta y tantos años, pero no llegó a conocer al marido hasta unos días después, en que aquel hizo su aparición.

Cuando Sheila la vecina le presentó a su marido, la mujer se quedó algo desconcertada, ya que el joven parecía mucho más joven que la vecina. Tenía el aspecto físico de todo un jovencito, el cual aparentaba bastante tímido, notado como se sonrojó ante su penetrante mirada. Tras las presentaciones, se retiraron hacia el interior de la casa.

Con el tiempo, Silvia fue observando al vecino, comprobando que era un joven bastante apuesto, con carita de autentico ángel, con bastante, el cual bajaba la mirada cuando ella lo miraba fijamente. Pero tenía ojos que le cautivaron desde el primer momento. Pero además, comprobó que aquel joven disponía de una estatura superior a la de ella, sobrepasando los 1.80, y, pese a su delgadez aparente, percibió que disponía de unos brazos bien fornidos, curtidos seguramente por bastante actividad deportiva o de gimnasia. De hecho, a los pocos días lo vio regresando a la casa después de haber estado corriendo por los alrededores.

Silvia era una mujer que pasaba el día en su casa, cocinando y limpiando como una atentica ama de casa. Era bastante culta, pero había decidido dejar de trabajar para dedicarse de lleno al cuidado de su hija, la cual tenía en aquellos momentos cinco años, y que ya acudía al colegio. Su marido, Berto trabajaba como ejecutivo en una entidad bancaria, del cual era apoderado y disponía de una buena remuneración económica que le resultaba suficiente para los dos. Con el paso de los años, Silvia había visto disminuir las atenciones que le propiciaba su esposo, y sus encuentros sexuales se habían ido distanciando. Ella desde joven había sido una mujer bastante activa sexualmente. De hecho, antes de casarse estuvo con dos novios, con los que mantuvo relaciones sexuales plenas. Sin embargo, al casarse decidió ser una mujer fiel y de su casa. Su marido, por su trabajo viajaba mucho y eran pocas las veces que comía en casa, ya que siempre estaba almorzando con clientes.

Mientras observaba a los vecinos, se dio cuenta que ella se mostraba bastante amorosa con el mismo, y se abalanzaba sobre el en el propio jardín, ante el aturdimiento del joven, que denotaba su extrema timidez. En varias ocasiones, los pudo comprobar desde una de las ventanas de su casa. Sheila no paraba de toquetear a su marido, lo besaba y le metía mano ante la timidez de aquel, que miraba para todos lados por su los estaban observando. Esas escenas la comenzaron a poner algo celosa.

Pronto llegó a tener bastante confianza con la vecina, e incluso en algunas ocasiones llegó a visitar la casa de ellos, y al inverso. La mujer, que trabajaba de administrativa, le comentaba con frecuencia, que su marido era muy bueno, y que le era totalmente fiel. Que ella ponía su mano en el fuego por él: Mi esposo me quiere con locura. Y sé que me es completamente fiel.

-Ay Sheila. ¿Como puedes estar tan segura con los tiempos que corren? Hay muchas mujeres que vuelven locos a los hombres. ¡No te fíes demasiado! Le decía ella entre algunas risas.

- Ayose. Estoy seguro de que nunca me sería infiel. Pongo la mano en el fuego por el. – le decía aquella con total seguridad.

Ello contrastaba con la poco seguridad que ella tenía sobre la fidelidad de su marido. Mantenía muchas reuniones y comidas fuera de casa, y no podía estar tan segura de que aquel no hubiera “echado alguna cana al aire”.

-¿Tú no confías en tu marido? le pregunto Sheila en una ocasión.

-El nunca me ha dado muestras para sospechar de él. Pero, no se… los hombres están fuera de casa mucho tiempo, muchas reuniones… ¿quién sabe con las mujeres que trata?

-Pues yo estoy segura de que mi esposo siempre me será fiel.

El que la vecina presumiera de la fidelidad de su marido, en el fondo le enfadaba. Viendo no obstante la extrema timidez del mismo pensó que quizás fuera cierto, y que aquel hombre jamás se atreviera a serle infiel a su esposa.

En más de una ocasión pensó en seducir al joven únicamente por fastidiar a la vecina y quitarle aquel ego que mostraba sobre la fidelidad del su maridito.

Silvia era una mujer bien parecida, bastante bella de rostro, y con un cuerpo, que, si bien no era delgado, tampoco se podía decir que fuera gruesa. Poseía una figura bastante definida, con muchas curvas, un trasero bien puesto, con unas nalgas redondas y aun sumamente firmes. Igualmente poseía una busto bien desarrollado, con pechos casi redondos, grandes, bien firmes pese haber sido madre, y rematado con unos pezones sumamente gruesos que destacaban claramente bajo su sostén.

Silvia pensó en volver a cultivar mejor su cuerpo, y por ello se decidió acudir al gimnasio durante las mañanas, en que su hija estaba en el colegio y su marido en el trabajo. Durante los primeros días acudió con un chándal deportivo, pero al ver a las otras mujeres con aquellos pantalones malla, decidió adquirir uno. Esa mañana se colocó el pantalón malla que había adquirido en la tarde del día anterior, observando que aquella prenda se ceñía bastante a sus muslos, y dejaba entrever su anatomía. En principio le pareció bastante provocativo, y pensó que si su esposo la viera seguro que se opondría. Pero ni corta ni perezosa, decidió acudir ese día con aquella prenda al gimnasio. Evidentemente se dio cuenta de las miradas que le echaban los hombres a su paso.

Al regresar del gimnasio esa misma mañana, se encontró en la calle, al joven vecino, que parecía regresar igualmente de haber ido a correr por los alrededores. Hola Ayose. ¿Haciendo deporte? - le dijo ella para romper el fuego.

-Ah hola, Silvia. Pues sí, intento hacer un poco de deporte. Le contestó aquel, observando Silvia como de pronto aquel se sonrojaba al hablar con la misma, aflorando el intenso color rojo en su chaquetes. Notó que se puso algo nervioso, constatando que el joven miraba detenidamente su entrepierna. Se dio cuenta que aquella malla había dejado impresionado al joven, quien nervioso y casi gesticulando, la dejó con la palabra en la boca y se metió rápidamente en la casa.

La mujer algo extrañada se dirigió al espejo de la habitación e intentó constatar que había puesto tan nervioso al vecino. Cuando se dio cuenta, se percató de que la malla pantalón que llevaba, le marcaba claramente los labios de su coño. Tenía unos labios vaginales algo abultados. Era evidente, que el joven vecino se había puesto nervioso al contemplar el relieve que formaban los labios vaginales en aquella prenda deportiva.

Eso la puso bastante excitada. Había comprobado que aquel joven era bastante tímido, y eso más cachonda la ponía. Comenzó a conocer perfectamente las horas de salida y llegada de cada uno de los vecinos. Por ello, buscó la manera de poder volver a encontrarse con el joven. Una mañana se colocó un falda bastante corta, que dejaba a la vista sus pantorrillas, y se colocó una blusa donde dejó algunos botones sueltos, y buscó la forma de tropezarse con el vecino. Ella había observado como le brillaban los ojos con la visión de sus pechos y sus piernas.

Cada vez se fue vistiendo un poco más provocativa, hasta que otra mañana, decidió no colocarse el sostén. Se colocó una camiseta bastante ajustada, donde claramente se marcaban sus grandes y redondos pechos, y sus pezones algo empitonados. Ese día, Sheila, la vecina le había solicitado que le comprara unos artículos de alimentación, ya que ella tenía más tiempo, y aprovechó para acercarse a la puerta de a casa y tocarle al joven para entregárselos:

Hola Ayose. Te venía a dejar unos productos que tu mujer me había solicitado que le adquiriera en el super. – le comentó ella, portando, la bolsa que sujetaba contra su pecho.

El joven estaba únicamente con un pantalón corto y una camiseta recortada. La hizo pasar, diciendo que podía colocarlo en la cocina. La mujer entró y dejó los productos sobre la mesa. Luego salió, pero esta vez con todo su pecho desafiante, que casi rompía la camiseta que portaba. El vecino al verla se quedó mirando fijamente los pechos. Silvia, estaba disfrutando, contemplando la cara de enrojecimiento del joven. Gracias Grac…

La mujer al verlo casi palidecer le pregunto morbosamente: ¿Ayose, te ocurre algo? ¿te encuentras mal?

-No.. no.. claro… - le contestó el joven intentando reponerse. No obstante, Silvia se percató de algo que la dejó más excitada. Se fijo en el pantalón de deporte que llevaba el joven, comprobando que se había formado un bulto bastante apreciable. Era evidente que el vecino se había excitado con su atuendo. La mujer se sonrió y luego se marchó. Al llegar a casa de masturbó con ferocidad.

En los próximos días, ella volvió a tener algunos encuentros rebuscados, para tropezar con el vecino. Se sonría para sus adentros, cada vez que la vecina le manifestaba lo mucho que la quería su esposo, lo bueno que era, y que no tenía ojos para otra mujer más que para ella.

La confianza con la vecina hizo que aquella le solicitara con frecuencia la adquisición de algún producto que necesitaba en el super. A Silvia, lejos de importarle, le agradaba, ya que con ello tenía la oportunidad de ver al vecino. Sheila, tomo más confianza y un día le solicitó a Silvia si podía acercarse de vuelta del super y recoger en el centro comercial, en la tintorería, un traje que había llevado de su marido. Según le señaló su marido lo necesitaba para un acto oficial esa mañana.

En cuanto llegó, lejos de llevárselo, sabiendo que Ayose lo necesitaba, espero que aquel fuera a su casa a buscarlo. Tanto espero, que al rato observó por la ventaba como el joven se dirigía hacia su casa. Ella inmediatamente se desnudó y se metió en la ducha. Al escuchar el timbre, le contesto abriéndole el portero automático desde la misma ducha, y diciéndole que entrara en la casa, que al momento lo atendía.

El joven, que no estaba acostumbrado a entrar en casas ajenas, y menos estando una mujer dentro, abrió la puerta y entró en la casa, esperando a la mujer de pie en la sala. Al momento hizo su aparición Silvia, portando únicamente una toalla anudada a su pecho, que dejaba ver claramente gran parte de sus desnudos muslos.

-Lo siento Ayose. He llegado del super tan sudada que me tuve que meter en el bañera. Le comentó para justificar su atuendo. Notaba la cara de aturdimiento y timidez del joven. Creo que aquel hombre no daba crédito a lo que estaba viendo. No esperaba que la vecina lo recibiera en dicha lid.

-Mi mujer me dijo que me traería un traje de la tintorería. Por eso he venido. Le manifestó el joven, intentando mostrar una tranquilidad que no tenía.

Lo tengo colgado en mi dormitorio para que no se arrugue. ¡Puedes entrar tú mismo a cogerlo! Yo, mientras te buscare la bolsa de las otras cosas que compre en el super.

-pero… ¡no quiero ser descortés! - le comentó el joven ante el ofrecimiento a que entrara en su dormitorio. Era algo que le causaba congoja.

-Tenemos confianza Ayose. Puedes entrar sin problema.

El joven, ante la insistencia de la vecina, bastante nervioso paso al dormitorio, comprobando que su traje estaba colgando en una percha en uno de los colgantes exteriores en el armario. Mientras se acercaba observó sobre tendida sobre la cama, unas bragas y un sostén, así como el vestido de la mujer que supuestamente se había quitado. Observó que se trataba de una especie de tanga, y que estaba girada hacia arriba la parte que había estado en contacto con la vagina de la mujer. Noto claramente una mancha de humedad en la misma. Pese a ser un joven bastante tímido, disponía de una pene bastante dimensionado y grueso, y la visión de aquella prendas femeninas hizo que su pene se revolucionara y mostrara una erección bastante notoria. Rápidamente tomó el traje y salió de la habitación con suma agitación ante la visión de aquella prendas. Si hubiera estado solo seguramente se hubiera acercado a olerlas. En el fondo, pese a su timidez, llevaba tiempo excitado con la vecina, quien constantemente le incitaba con sus modelitos.

Silvia había llegado hasta la cocina, y notaba como se humedecía su vagina recién lavada. No tendría otra oportunidad mejor, y decidió jugársela. Por ello, dejó un poco suelta el nudo de la toalla, con la finalidad de que, ante el más mínimo movimiento brusco, aquella se soltara. Era consciente de que estaba completamente desnuda bajo aquella única prenda.

Con agitación, salió fuera, con la bolsa de los productos en la mano, esperando que el vecino saliera de la habitación. Hizo lo necesario para aparentar que iba a su encuentro a la habitación, tropezando abiertamente con el mismo en la misma entrada del dormitorio.

Oh…- exclamo ella, al tropezarse con el mismo, y que le hizo casi caerse el bolso que la compra que llevaba.

Ese movimiento fue suficiente para que la tolla que llevaba anudada a su pecho se soltase y cayera inmediatamente al piso, quedándose completamente desnuda ante el joven vecino.

El joven al verla, se quero perplejo, sin poder reaccionar, con su cara enrojecida… sin saber cómo pedir disculpas, pensando que el tropiezo había sido por su culpa: oh.. lo siento… de veras.. lo siento…

Sin embargo, pese a su timidez y nerviosismo, no quitó ojo del cuerpo desnudo de aquella mujer, sorprendiéndose del magnífico cuerpo de la misma, de sus hermosos pechos que colgaban, redondos y firmes, con aquella pezones negros desafiantes, que lo encandilaban. Llegó a ver igualmente el monte de venus y los vellos de su entrepierna.

La mujer, haciéndose igualmente la sorprendida, dejó la bolsa en el suelo, y se agachó de forma tal que, al hacerlo, se abrió completamente de piernas, a fin de que el joven pudiera tener una vista casi integra de su entrepierna. El joven, sin dar crédito a lo que veía, pudo contemplar con cierta nitidez el pubis bien recortado, y los enormes labios vaginales de la vecina, que se encontraban abiertos dejando a la vista el interior de la lubricada raja. Nuevamente palideció ante la visión de la vagina de la mujer.

Silvia desde el suelo le miro, observando el enorme bulto que se mostraba en pantalón del joven, diciéndole: - ¡Oh Ayose, se me ha caído la toalla! ¡Me has dejado completamente desnuda! ¿no lo habrás hecho a propósito?

-¡claro que no señora!. ¿Cómo pueden pensar eso? Le contestó el joven, nervioso y casi temblando ante la imputación de la mujer.

Aquella, inicialmente no le contestó, mientras procedió a incorporarse, sin mostrar mucho interés en colocarse la toalla, permaneciendo todo el tiempo posible desnuda ante el joven, para que aquel pudiera recrearse con el mismo. Luego mirándolo de forma lasciva le dice: Ya, pero…¿ahora iras por ahí contando que me has visto desnuda? ¿oh dios que dirá la gente?... ¿y mi esposo?

-claro que no Silvia… lo siento… todo ha sido por mi culpa… lo siento, decía nervioso. Pero, pese a su nerviosismo, la visión de aquella mujer desnuda había increpado inconscientemente a su vástago, mostrando ante la mujer una empalmadura de caballo, que destacaba en su pantalón sin que el mismo se percatara de ello.

Ella se colocó pausadamente la toalla nuevamente, haciéndolo con parsimonia, a fin de que el joven pudiera recrearse con la visión de sus pechos. Luego anudó la toalla de nuevo al pecho al tiempo que le manifiesta al joven: ¡Oh Ayose! ¡Me muero de vergüenza! Yo una mujer casada, desnuda ante mi joven vecino. ¡Nunca me había ocurrido nada semejante!.

De verdad que lo siento- le repetía sin cesar el joven, totalmente aturdido, nervioso, con los cachetes enrojecidos por la vergüenza y timidez.

Viéndolo de esa forma, totalmente indefenso, pálido, la mujer pensó en aprovechar la ocasión e intento seducir al vecino diciéndole: ¿seguro que ahora iras por ahí diciendo que tengo un cuerpo feo, y hablando de mis defectos? Seguro que irás a decírselo a tu mujer.

-Claro que no Silvia..… además, ¡vd. tiene un cuerpo muy hermoso!¡yo no he visto ningún defecto! Le respondió aquel como intentando tranquilizar a la mujer, pero metiéndose de lleno en la boca del lobo.

-Vaya… me alegro de que al menos pienses así de mi cuerpo. ¿pero, de verdad no te parezco muy gruesa?...

-No… claro que no….¡esta vd. muy bien!. terminó el joven por decirle, intentando agradar a la misma.

-entonces ¿cuento con tu palabra de que no vas a decir a nadie que has visto mis intimidades?

-Por supuesto… tranquilícese…nadie sabrá nada, por supuesto…

La mujer, entonces hace como que ve por primera vez el bulto del pantalón del joven, que permanecía increpado, y exclamó como sorprendida: ¡oh. que estoy viendo! ¡no pude ser!… pero… ¿Qué es ese bulto que tiene en sus pantalones? ¿No me diga que se ha empalmado al verme desnuda? ¡Oh dios mío…!.

El joven se observa el bulto y, al verlo tan abultado, se coloca la mano delante rapidamente, respondiendo: oh lo siento… lo siento… no se como ha podido ocurrir… de veras que…

-Oh Ayose. ¡se ha excitado así por verme desnuda!... ¿no me lo puede creer?... pero chico… ¿y porque aparece tan grande ese bulto?...

-lo siento señora… ¡no..es eso!…lo siento de verdad…- el joven no sabía donde meterse. Su timidez más excitaba a la mujer.

Pero Silvia no quería dejar escapar aquella oportunidad magnífica, y sin poder contenerse, le pregunta: No me lo acabo de creer. Vaya bulto se te ha formado. ¡Anda déjeme verlo…! le dice la misma, llevando su mano hasta la de él, para que apartara la suya del pantalón. Al ver de nuevo el bulto del mismo, le mira a la cara y le dice: Oh Ayose. ¿la debes tener bien grande, ¿verdad?...

-Oh… señora…

Más morbosa, se atreve a decirle, mirando a la cara con autentica morbosidad: Joder chico…¡ahora no me dejes en ascuas!. Vamos… ¡déjame verla!

-queee… señora. ¿Qué me esta pidiendo?... ¡esto no esta bien! le comenta el joven casado, viéndose atrapado y sin saber como salir de aquella morbosa situación. No es que no quisiera mostrare su tranca, pero era tan tímido, que pese a desearlo, no se atrevía a realizarlo.

-Ayose… ¿tú me has visto totalmente desnuda? Deja que al menos yo pueda contemplar lo llevas entre tus piernas. ¿es lo justo? ¿No crees? Le comentó morbosamente, con cara de autentica loba en celo, con los ojos brillantes por la excitación, y con la finalidad de tentarlo.

-Oh señora… ¡es una locura, puede venir su esposo! Creo que debo retirarme. - le dijo nervioso el joven, tratando de evitar enseñarle sus genitales a la mujer.

Pero la mujer no estaba dispuesta a dejarlo escapar. Por ello, algo enfadada, le dijo: ¿Has tropezado conmigo a propósito para que se me cayera la toalla y verme desnuda, y ahora, no quieres mostrarme lo que tienes ahí? ¡no lo voy a consentir!

El joven se quedó paralizado cuando la mujer, alargó su mano y palpó abiertamente el bulto del pantalón. La vecina tenía ahora en su mano su pene. Era algo que jamás se hubiera imaginado.

Al palpar aquel instrumento del joven, la mujer percibió un calambrazo que recorrió todo su cuerpo. Lo que tenía entre sus manos parecía ser un pene bastante dimensionado. Oh jodeer…. Si que la tienes grande…

-pero señora… exclamó el joven, viendo como la vecina palpaba abiertamente el bulto de su pantalón, atrapando su pene en su mano. Pero más, sorprendido se vio cuando aquella, ni corta ni perezosa, bajó el cierre del pantalón, y metiendo la mano, extrajo su tremendo falo.

-¡oh joder!… ¿pero chico?… ¿esto que es?.. ¡la tienes enorme! Oh…exclamó Silvia al tener entre su mano el pene del joven vecino, con aquella raviosa erección. La observó con detenimiento, comprobando que era una pene de unas dimensiones colosales. Nada que ver con la de su querido esposo. Superaba ampliamente las dimensiones de su mano, y era de un extremado grosor. Al manifestarse erecta, se notaba claramente las venas que bordeaban la misma. Le dio unas cuantas sacudidas, manoseándola, y pronto aquel cipote se abrió, quedando completamente descapullada, observando la mujer el enorme hongo que formaba la cabeza de aquel falo.

-oh señora… ooo esto no esta bien…

Pero Silvia, ahora no estaba dispuesta a dejar escapar aquel joven. Y más, tras ver el enorme cipote que portaba. Sin poder contenerse, decidió ser más osada, metiendo su mano hacia dentro de los pantalones, y logró palpar la base de aquella verga, para luego, alcanzar los testículos del mismo. Cuando la mujer palpó las bolas del joven, se quedó más excitada y sorprendida. No solo eran unos testículos bien desarrollados, sino que estaban bien cargados.

-¡Oh chico.! ¡Los tienes bien cargados!. ¿Cuánto hace que no te corres?

-Oh señora…oh…no siga.. oh…

-¿Que ocurre Ayose?. ¿Veo que se te está poniendo bien dura verdad? le manifiesta ella, casi pegando su cara a la del joven. Y poniendo su cara de loba en celo, le dice:. ¿seguro que ahora tienes ganas de volver a verme completamente desnuda?... pero ¿quiero que seas tu el que me retire la toalla?…Anda chaval… ¡se que desear ver como tengo el coñito de mojado!

El joven, pese a su enorme timidez, se encontraba bastante agitado con todo lo ocurrido, y no ocultaba su tremenda excitación. ¡Su verga estaba como un misil! Al escuchar las palabras de la mujer para que le retirara la toalla, casi estuvo a punto de correrse. Era bastante cortado ante aquella situaciones, pero sin saber porque, su mano se dirigió a la zona donde estaba anudada la toalla, y tirando de la misma, la dejó caer al suelo. Al instante volvió a contemplar el cuerpo desnudo de la vecina. ¡Sus ojos se abrieron como platos!

-Vaya Ayose. Veo que te gusto. He notado como ha crecido tu polla al verme desnuda. ¡Veo como miras mis pechos! ¿te gustan verdad? ¡anda tócamelos!… ¿sé que deseas hacerlo?

Superando su timidez, el joven tomo confianza, y con cierta ansiedad, alargó sus manos y comenzó a manosear ambos pechos de la mujer. Eran unos pechos redondos, voluminosos, pero que se conservaban duros. Tras los primeros toqueteos, contempló como los pezones comenzaron a endurecerse, comenzando a tocarlos con el pulgar de sus manos.

-Oh chico… si… ¿te gustan mis pechos?... oh si….

Mientras, aquel joven casado le toqueteaba, bastante entretenido sus pechos, ella aprovechó para desabrochar la correa del pantalón y dejar que cayeran al suelo. Luego tiró con ansiedad del bóxer que portaba, quedando los genitales totalmente al aire. Al momento su mano comenzó a recorrer aquella polla y testículos de forma descarada.

-¡oh joder como la tienes!. ¿Qué polla?... ¿y que huevos?

El joven completamente lanzado, sin previo aviso ni autorización comenzó a lamer y chupar los pechos de aquella vecina. Eran mucho mayores que los de su esposa, y la dureza de los mismos, y especialmente los empitonados pezones, lo llenaban de autentica lujuria. Jamás había tocado a otra mujer que no fuera su esposa. Nunca había sido infiel, y su primera y única mujer hasta el momento era su esposa. Pero, en esos momentos, no pensaba en otra cosa más que en lamer y chupar aquellos hermosos melones.

Pero la ansiedad del joven fue mayor, y pronto su cuerpo se pegó al de la mujer, y comenzaron a tener contacto de la piel desnuda de la mujer con la suya. La mano del joven fue bajando por sus barriga, ombligo, hasta llegar al pubis de la mujer. Metió sus dedos por entre los vellos, para luego ir bajando hasta alcanzar con sus dedos, por primera vez los labios vaginales de aquella vecina.

-oh si… oh si…-exclamó Silvia, viendo como el joven vencía su timidez, y ahora palpaba ya su labios vaginales totalmente encharcados. Oh… si así… tócamelo… Y mirándolo a los ojos, le dice: ¿has visto como lo tengo de mojado? ¡lo tengo bien húmedo!

-Oh.. si señora…. Ya lo veo- exclamó enardecido al joven, al palpar el interior de la raja de aquella hembra.

Tras meterles varios dedos, pasándolos por toda la raja, levantando los suspiros de la mujer, el joven vio como la mujer comenzó a besarlo en la boca, mientras ambos toqueteaban y manoseaban los genitales del otro. La mujer no podías más, y le dice al oído: ¿has visto como lo tengo de caliente? ¡necesita con urgencia tu polla!

Sin poder contenerse más, la mujer tira de la mano del joven y lo hace entrar en su dormitorio, para luego obligarlo a sentarse al borde de la cama, la cual tenía una altura suficiente para el joven. Viendo la inhiesta polla del joven, en vertical, emergiendo como un misil entre las piernas del joven vecino, la vecina decidió que era hora de clavarse aquel cipote. No estaba aún en sus días fértiles, aunque sabía que hacerlo a pelo era todo un riesgo. Pero tampoco tenía condones, y ansiaba clavarse aquella daga de una vez.

Por ello, se fue acomodando a ambos lados de la piernas del joven, para luego ir bajando, acercando su abierto coño hasta situarlo a la altura justa de la verga del joven. Sin demora, fue descendiendo, viendo como su concha se iba tragando poco a poco aquel enorme cipote. Aunque había dado a luz a su primer hijo, notaba que su coño de había vuelto a cerrar y hasta la fecha solo había sentido dentro, la polla mucho más pequeña y de menor grosor de su esposo. ¡Ahora tenía un verdadero falo clavado en su coño!. Oh… joder que grande… oh como me abres… oh siiii me vas abrir muchacho…ooo

El joven no le decía nada. Simplemente de dejaba hacer, viendo como aquella casada se terminaba de clavar hasta la empuñadura su enorme pene. Notaba el calor y humedad del coño de aquella mujer. Pronto, instintivamente sus manos pasaron a acariciar las posaderas de aquella hembra, rodeando sus desnudas nalgas, para luego ayudar a la mujer a impulsarse hacia arriba, mientras comenzaba la maniobra de cabalgada de su polla.

-oh si Ayose.,. sii.. oh que bien. Oh que buena polla tienes….¡ así reviéntame el coño!…, vamos… ¡hazlo!… oooo

Silvia sentía como la polla del joven crecía aun más dentro de ella, y le llenaba toda su vagina. Su cuerpo subía y bajaba sin cesar sobre la polla del vecino, clavándose la misma profundamente. Percibía las manos del vecino en sus nalgas, que las apretaba y moldeaba, al tiempo que se retorcía cuando el cipote le llegaba hasta el fondo de su vagina. Excitada, le abrió la camisa al joven, terminando por retirársela, quedando ambos totalmente desnudos. Pronto comenzó a acariciar el pecho del joven, mientras se tumbaba un poco sobre el para poder besarlo en la boca. Sus lenguas se entremezclaban aumentado la excitación. Luego ceso en su cabalgada, para iniciar movimientos de atrás hacia delante, viendo como el joven incorporó su pelvis y empezó a empujar su enorme daga enterrándola totalmente contra su vagina con mucha rapidez. Aquellos movimientos aumentaron, adquiriendo gran velocidad, haciendo crujir los tornillos de la cama.

Silvia, instó a su joven vecino a recostarse completamente sobre la cama, permaneciendo con su pene dentro de ella. Luego, continuó esos movimientos de atrás hacia delante y viceversa, estrujando el falo del joven con las paredes de su vagina. En esos momento, el joven totalmente encabritado, la tomó fuertemente por sus posaderas, y elevando el trasero de la mujer en al aire, comenzó a penetrarla ferozmente, llevando a cabo una frenética penetración, bombeando sin parar el coño de Silvia.

La mujer, sorprendida y excitada por aquella muestra de poderío físico del joven, comenzó a gritar, a chillar como una loba, sintiendo como el joven taladraba como nunca su maltrecho coño. Sin poder evitarlo, sintió que se venía. Notaba los flujos de su vagina mientras se venía en un orgasmo tremendo, sin dejar un momento de ser penetrada por el taladro del joven macho. Sus muslos empezaron a temblar, notaba su cuerpo convulsionarse de tal forma, que su cuerpo casi se excitaba íntegramente, percibiendo que estaba a punto de perder la conciencia. ¡Nunca había sido follada de aquella manera!.

Oh para,…por favor… me vengo…. Oh si…siiiii

El joven tras darle un par de bombeos más se quedó quieto dentro de la misma, dejando que la mujer se recuperara, haciéndola descender de nuevo. Aquella mujer era mayor que él, y que su propia esposa, pero le había hecho sentir un placer inigualable. Había gozado enormemente penetrando ferozmente el coño de aquella.

Su polla aún permanecía dentro del coño de aquella vecina, totalmente envarado, esperando la recuperación de la mujer.

Cuando Silvia se recuperó, lo miró, lo beso en la boca y le dijo: Oh Ayose. Que polvo me has echado. Siento aún tu pene duro dentro de mi coño. Joder sigues aún en forma.

Luego le miró sonriendo y le pregunta: ¿quieres correrte verdad? al tiempo que le vuelve a preguntar morbosamente ¿no me digas que pretendes hacerlo dentro de mi coñito?

El joven que había perdido la timidez con la vecina, le miró e igualmente sonriendo le contesto: ¿acaso no quiere mi leche? ¡Ya vió que los tengo bien repletos!…¿no quiere ver cómo le riego por dentro?.. tiene el coño bien mojado y caliente. ¡necesita mi semen dentro!

Las palabras del joven dejaron más excitada a la mujer. Había comprobado como el vecino había perdido la timidez inicial, aunque la seguía tratando como señora.

El joven quería correrse dentro de ella. La sola imaginación de sentir fluir el semen del joven dentro de su cuquita, la volvió a excitar. Ante ello, comenzó a moverse nuevamente, pero el joven la tomó y la echó sobre la cama, teniendo que salir de su coño, colocándola boca arriba, para luego colocarse entre las piernas de aquella. Observó, en ese momento, la abierta vagina de la vecina, y sin demora dirigió hacia dicho orificio su enorme ariete, el cual volvió a enterrar nuevamente hasta la empuñadura.

-¡oh Ayose…joder sigues en forma…! oh… cabronazo la sigues teniendo bien dura… te siento dentro…

El joven comenzó a realizar una perforación cada vez más constante, levantando los quejidos y suspiros de la vecina, al tiempo que le decía: Oh señora…, ¡pero qué coño tiene! ¿le gusta mi polla?... uf que buena….

La mujer mientras se retorcía de gusto con cada penetración del joven, lo miro y le contesto: ¡oh si cabronazo!. Me gusta… la tienes bien grande… uf como te siento… sigue así… anda… reviéntamelo…

El joven la tomó por las caderas, y comenzó a atraerla hacia él al tiempo que le clavaba su cipote, realizando aquella acción cada vez con mayor energía e ímpetu. Silvia se dio cuenta que el potente nabo del joven le llegaba bastante adentro, seguro que estaba tocando con su útero. Mientras la clavaba de esa manera, comenzó a vociferar, lanzando alaridos y casi gritos, mientras terminaba nuevamente por venirse, sin que el joven macho dejara de perforarla.

En ese momento, el joven, viendo que la vecina estaba alcanzando el orgasmo, se echó mejor sorbe el cuerpo de la misma, y tomando el cuerpo de aquella por sus hombros, la comenzó a penetrar más frenéticamente, besándola una y otra vez, mientras su pene se inflaba totalmente dentro de la vagina de la mujer. Sin pérdida de tiempo, mientras la mujer se convulsionaba, aprovechó para comenzar a lanzar las primeras lechadas de su caliente y esposo semen dentro de su cueva. ¡se estaba corriendo dentro de la vecina!

Cuando Silvia sintió como se venía el joven dentro de ella, su excitación aumentó, y su orgasmo se prolongó aún más, mientras sentía como aquel joven semental se venía una y otra vez dentro de su vagina. La mujer estaba sorprendida, no solo por la forma en que sentía brotar la leche del joven contra las paredes de su vagina, sino por la gran profundidad de su venida. Pensaba que con toda seguridad, aquel joven semental estaba regando su útero.

-¡oh te estas viniendo dentro!… oh… me vas a llenar… oh si papito oooo te siento…. Oh…no paras ooo

El joven por fin terminó de correrse. Se encontraba con su cara al lado de la de ella, recostado sobre la misma, y aún con toda su verga dentro de la vagina. La miró a la cara, y aquella, le dijo: oh Ayose. ¡Te has venido dentro!. ¿acaso pretendes dejarme embarazada?

El joven en ese momento se asustó un poco y le preguntó: ¿esta ovulando?

-creo que no. Pero, aun así es peligroso. Oh, chico, sí que tenías ganas… siento que has llenado el coño. ¿Cuánto llevas sin correrte?

-Casi una semana. Mi esposa tiene la regla y...

El joven se sentía a gusto dentro del coño de la mujer, que no tenía intención de salirse. La mujer le miró y le dijo: ¿es que no vas a salirte? joder chico…¡me tienes toda abierta!

El joven entonces se salió de ella, observando la vagina de la mujer, quien se quedó unos momentos abierta de piernas mostrándole toda su panocha. Ella misma se miró y observó la gran abertura del mismo, y la inflamación de sus labios vaginales, al tiempo que comprobó la salida de una pequeña hilera de semen que descendía hasta su culo y calaba la propia manta de la cama.

-Oh ¿te has fijado como me has dejado el coño? ¡Mi marido seguro que se dará cuenta! Y viendo el fluido de los restos de semen del joven, añadió:.. ¿y qué forma de correrse? ¡Casi me llenas!

En ese momento el joven mira el reloj, y se da cuenta de lo tarde que era, y tenía que llegar a la reunión. Por ello le comenta: oh… me tengo que ir. ¡No voy a llegar a tiempo a la reunión!.

Ambos se vistieron, y ella le entregó el bolso y el traje, y, antes de salir por la puerta lo beso en la boca y le dijo: ¡de esto ni una palabra a nadie!, al tiempo que le pasaba la mano donde sabía que se localizaban los genitales del mismo.

El joven se sonrió. Y marchó.

Silvia se quedó pensativa en todo lo ocurrido. Era manifiesto que había cometido una infidelidad contra su esposo, pero estaba convencida que iba a tardar en olvidar los dos tremendos polvos que le acababa de echar el joven vecino. Aún sentía su semen dentro de su vagina. Pensó: ¡si ese semental me coge en mis días fértiles me deja preñada de todas…. todas!

Pensó en ducharse, pero luego morbosamente, se imaginó ver a su esposo penetrarla con leche de otro dentro de su vagina. Excitada, y con una morbosidad casi desconocida, solo se lavó el coño y se aseo, pero intentó retener el semen del joven dentro. Se tuvo que echar un poco de gel hidratante en sus labios vaginales para que su marido no pudiera detectar la inflamación de los mismos, y se decidió a esperarle. Preparó la comida, sabiendo que llegaría a medio día.

¿CONTINUARA?