La isla 11/24
La cabaña está lejos de la civilización, pero la tentación está más cerca que nunca. Cuando el aislamiento se rompe, las reglas de la fidelidad se desvanecen y cada noche promete más de lo que la imaginación permite.
Cuando José se despertó no había nadie en la cabaña, miró por la ventana y vio que el día se había despertado nublado, pero por lo menos no llovía. Tenía pinta de que había dormido más de lo que debería, aunque no podía ver el sol por culpa de las nubes parecía que había amanecido hacía un rato. Estaba desnudo, así que se puso rápidamente la ropa y salió corriendo de la cabaña, era importante aprovechar cada instante, estaba convencido que después de la tormenta del día anterior tanto Elena como Isabel se iban a subir a vivir con ellos.
En cuanto salió de la cabaña se encontró que todas estaban ya sentadas en la mesa dispuestas a comenzar el desayuno.
LORENA- ¡Hombre! Pero si ya se ha despertado nuestra bella durmiente.
JOSÉ- Joe, lo siento, me he quedado dormido.
FABIOLA- Venga, siéntate que todavía estás a tiempo de desayunar con nosotras.
JOSÉ- Voy un momentito al baño y desayuno super rápido, lo prometo.
BERTA- Yo creo que con esa manguera no hace falta ni que vayas, con un poco de puntería puedes acertar desde aquí, jajaja.
José se hizo consciente de que su erección mañanera era más que evidente y se sonrojo.
VIVIANA- No les hagas caso, vamos, ve que te esperamos.
JOSÉ- No me esperéis que luego desayuno en un plis plas.
José salió prácticamente corriendo hacia el baño y las mujeres volvieron a quedarse solas.
BERTA- Me parto, todavía le da vergüenza que le veamos empalmado.
LORENA- La que ya ha perdido toda la vergüenza es Vivi, ayer nos dio otro concierto de los buenos.
Viviana se sonrojo un poco pero decidió contratacar.
VIVIANA- Envidia que os da.
FABIOLA- Vosotras tampoco tenéis mucha vergüenza, que anoche os escuché gemir de lo lindo.
Berta y Lorena se miraron y se pusieron rojas como tomates, confiaban en que solo las hubieran escuchado gemir, porque como hubiesen escuchado lo suficiente para saber lo que hicieron si que se iban a morir de vergüenza.
CRISTINA- Joe, vamos que me perdí una buena ¿No?
FABIOLA- Yo diría que la mejor hasta la fecha, pero viendo como está la cosa puede que mañana se superen.
VIVIANA- Un segundo ¿Os tocáis escuchándome?
LORENA- Joe Vivi, es que es imposible no hacerlo, es casi como si lo hicieses delante nuestra y no todas tenemos la suerte de tener a José en nuestra cama, algo tenemos que hacer.
CRISTINA- Callaos que viene.
JOSÉ- Ya estoy, vamos a darnos prisa que con la tromba de anoche fijo que vuestras amigas suben hoy.
FABIOLA- No conoces a Elena, es la cosa más cabezona que conozco, creo que va a hacer falta mucha más agua para que cambie de opinión.
JOSÉ- Ahora mismo su campamento tiene que ser un barrizal, aquí están las plantas estas que nos hacen de césped, por eso no se nota tanto, pero eso se encharca de una forma... Vamos que si no vienen hoy alucino.
BERTA- Pues prepárate para alucinar, estoy segura de que ahora mismo está Elena convenciendo a Isa de que allí se está fenomenal.
JOSÉ- Como queráis, pero tenemos que estar listos por si vienen.
En un momentito habían desayunado, dejaron a Cristina recogiendo y cada grupo se fue a hacer su labor.
Fabiola no estaba segura del todo de como reaccionaria si volvía a notar la polla de José endureciéndose entre sus nalgas, notaba que cada vez le afectaba más todo, solo con ver como se había levantado por la mañana ya había sentido ganas de metérsela en la boca y su sexo había empezado a hormiguearle. Se propuso tratar de pescar sin ayuda ese día, era la única forma de evitar la tentación.
A José le hacía mucha ilusión poder pasar tiempo con Fabiola a solas, cada vez estaba más fascinado con esa mujer y quería conocerla mejor, esa mañana de pesca le parecía una oportunidad buenísima para ir estrechando lazos.
Según tiraron las cañas Fabiola se fijó en José para tratar de aprender todo lo que pudiera y le pareció que estaba un poco demacrado, seguramente el exceso de trabajo y de sexo le empezaban a pasar factura.
FABIOLA- José, tienes cara de cansado, igual deberías tomarte un respiro, no sé si vas a aguantar mucho a este ritmo.
JOSÉ- Buff, la verdad es que sí, me noto que flojeo, ya no me levanto con la misma energía de siempre.
FABIOLA- Pues viéndote salir de la cabaña nadie lo diría, jajaja.
José se puso rojo de nuevo, en realidad a esas alturas ya solo le daba vergüenza que le viese empalmado ella.
JOSÉ- Muy graciosa, para tú información eso es normal en los hombres.
FABIOLA- Eso no es normal, es superlativo, jajaja.
José volvió a sentir vergüenza, era más rápida que él con las bromas, pensó que si la respondía iba a llevarse una detrás de otra, así que prefirió callarse un poquito. Tuvo la suerte de que justo en ese momento notó que algo había picado en su caña y no pudo contenerse de devolverle la bromita.
JOSÉ- ¡Ha picado uno! A ver si te fijas más en la pesca y menos en otras cosas, que ya te voy ganando.
En ese momento fue Fabiola la que se avergonzó, por mucho que le vacilase, a ella también seguía dándole mucha cosa que él supiera que se fijaba en su entrepierna. Pensó que por lo menos no sabía lo que hacía cuando le escuchaba por las noches con Viviana, preferiría que se la tragase la tierra.
Según dejó José su pescado en la cesta, Fabiola sintió que algo tiraba de su caña.
FABIOLA- ¡Tomaaaa! En la mía también han picado, por bocas.
JOSÉ- Joe, muy bien, ya eres toda una profesional.
FABIOLA- Dios como tira, es de los grandes.
JOSÉ- ¿Te ayudo?
FABIOLA- No, quiero intentarlo sola.
JOSÉ- Muy bien, yo sé que tú puedes.
Fabiola trató de luchar durante un rato contra ese pez, pero era imposible, ese animal tenía más fuerza que ella. A José le encantó ver como ponía todo su empeño en sacarlo del agua, estaba claro que era toda una luchadora.
FABIOLA- ¡Joder! Puede conmigo, porfa ayúdame, sino se me va a escapar.
José se puso tras ella y la abrazó para ayudarla.
JOSÉ- Ostras, si que tiene que ser grande, nos va a costar sacarlo.
La lucha entre ese pez y ellos dos se prolongó bastante. A pesar de que ambos estaban concentrados en sacar ese animal del agua, Fabiola sintió cierto placer al estar entre los brazos de José y a él le encantaba notar la suavidad de su piel y su aroma. Sin pedir permiso la polla de José comenzó a crecer, lo peor es que no podía evitar frotarse contra el cuerpo de Fabiola, la lucha con el pez era titánica y era imposible no rozarse contra ella si quería ayudarla con todas sus energías.
Fabiola notó que algo crecía entre sus glúteos, a pesar de tener todas sus energías enfocadas en la lucha, sintió que su sexo se alegraba de sentirla tan cerca, pero continuó tratando de sacar aquel pez del agua con todas sus fuerzas e ignorar lo que le pedía el cuerpo.
Finalmente consiguieron arrastrarlo hasta la superficie, cuando lo vieron no se lo podían creer, era enorme, suficiente para darles de comer a todos y que todavía sobrase bastante como para no tener que preocuparse por la cena.
JOSÉ- Dios mío, jamás había visto uno tan grande, yo tampoco hubiera podido sacarlo solo.
FABIOLA- Buff, yo creo que con esto podemos dar por terminado el día de pesca ¿No?
A José le apenó que hubiese sido tan corto, pero Fabiola tenía razón, tenían pescado más que suficiente. A ella en cambio le supuso cierto alivio que se terminara ahí la pesca, los ojos se le iban hacia el bulto de José y ya se le estaban pasando ideas locas por la cabeza. Pensó que algo iba a tener que hacer, de seguir así, cualquier día le iba a agarrar la polla y se la iba clavar hasta el útero sin pedir permiso siquiera.
Cuando volvieron al campamento a Cristina apenas le había dado tiempo a cortar las cañas a medida para hacer la estantería y se alegró mucho de que ambos volviesen tan pronto, no estaba segura de poder montarla sola. José se quedó ayudándola y Fabiola se fue a limpiar el tremendo pez que había capturado, estaba muy orgullosa de su logro, cada vez se sentía más independiente.
En cuanto se puso a ayudar a Cristina, José se dio cuenta de que no iba a ser fácil. Ese día Cristina había optado por un precioso vestido blanco, había pensado que no era muy corto así que no corría mucho peligro de mostrarle las bragas a José, eso ayudaría a que fuese más complicado caer en la tentación y volver a ser infiel a su marido. De todas formas ya no se fiaba demasiado de sí misma, así que por si finalmente no conseguía ser fuerte se había puesto unas bragas blancas, a juego con el vestido, que le quedaban estupendas y solo se transparentaban por la parte superior. De lo que no se había dado cuenta Cristina, es que al ir sin sujetador y según se iba clareando el cielo dejando que la luz del sol pasase, sus pechos se iban transparentando cada vez más a través de la tela del vestido, por supuesto José sí se percató de ese detalle y en poco rato le era imposible dejar de mirar como le colgaban sus tetitas cada vez que se agachaba o como se le veían perfectamente los pezones al estirarse y aplastar la fina tela contra ellos.
Cristina no entendía nada, se daba cuenta de que José la miraba y también de que le estaba creciendo el bulto del pantalón, pero estaba absolutamente segura de que había sido muy cuidadosa con su falda y no se le había visto nada. No sabía que hacer, sus ojos se iban una y otra vez hacia la entrepierna de José y ya estaba notando como crecía el hormigueo en su interior, si eso seguía así en poco tiempo estaría imaginándose lo que deseaba que le hiciera aquella polla y sabía que de eso a empezar a provocarle había un paso.
Cuando Fabiola terminó de preparar el pescado para meterlo en el horno y de salar el resto, lo dejó todo listo y se fue a ayudar a montar los muebles. No tardó en descubrir la erección de José y pensó que era curioso que por muy cansado que estuviese su polla no le daba tregua, cualquier pequeño estímulo era suficiente para que se pusiera en pie de guerra, ojalá su exmarido hubiese sido así.
A Fabiola también le costó concentrarse en el trabajo, después de la pesca no había conseguido tranquilizarse del todo y el bulto de José le resultaba magnético. Le era tan difícil apartar su atención de aquella cosa que no reparó en que al sentarse para ir atando cañas había dejado una buena parte de sus bragas a la vista. El que sí se dio cuenta fue José, era la primera vez que Fabiola tenía un descuido semejante y a pesar de que su lencería era bastante discreta, verde clarito y lisa, sin más, pudo observar como se le marcaban los labios a través de la tela.
Eso fue totalmente destructivo para su autocontrol, sintió que la polla le crecía hasta amenazar con salirse por la pernera de sus pantalones cortos, hizo lo posible por impedir que se le marcase demasiado pero era un esfuerzo vano, aquello no había forma de ocultarlo. Y todavía fue peor cuando vio que empezaba a aparecer una mancha de humedad en la zona de la vagina de Fabiola hasta alcanzar un tamaño considerable, incluso le pareció poder distinguir el abultamiento de su clítoris, no sabía que le podía estar pasando pero estaba claro que algo la turbaba. José sentía un picor tremendo en su polla, le estaba pidiendo a gritos lanzarse sobre aquella hembra que tanto le atraía en todos los sentidos.
Cristina seguía muy atentamente la evolución del bulto de José y sintió su sexo humedecerse hasta convertirse en una fuente mientras observaba. Todo indicaba que ese rabo estaba a punto de aparecer por el final de sus pantalones, incluso alguna vez hizo como que se le caían un poco lejos las hebras con las que ataba las cañas para pegar su cuerpo al suelo intentando alcanzarlas sin levantarse y así poder echar un ojo por dentro de la pernera de José para encontrarse con su glande completamente hinchado pidiendo que le dejasen escapar de su prisión. Llegó a tal punto el hormigueo de su sexo que, mientras estaba sentada, tuvo que rozarse discretamente contra el suelo en un inútil intento de acallarlo.
En esas estaban cuando apareció Viviana volviendo sola del monte.
FABIOLA- Holaaaa ¿Y Berta y Lore? ¿Por qué vuelves sola?
VIVIANA- Por nada.
FABIOLA- ¿Te pasa algo?
VIVIANA- No me pasa nada.
Fabiola intuyó que su amiga no estaba de muy buen humor y que algo la debía haber alterado, así que se levantó y se fue con ella a colocar lo que había traído para poder hablar con un poco de intimidad.
FABIOLA- A mí no me engañas, a ti te pasa algo.
VIVIANA- No me pasa nada es solo que estas dos arpías dicen que tengo mucho morro por dormir todas las noches con José y ahora quieren que nos turnemos.
Fabiola se quedó pensativa, a bote pronto no le pareció una mala idea para nada, solo de pensar lo que podía ocurrir la noche en que le tocase a ella dormir con José sintió que su sexo chapoteaba de alegría. Pero entendió perfectamente que aquello podía ser el principio de una guerra salvaje en el grupo de amigas, sabía como estaban de desatadas, así que se imaginaba la que se podía formar por meterse en la cama con José. Si a ella le había parecido una idea muy buena, a Berta y Lorena les tenía que dar la impresión de que estaban en todo su derecho de exigirlo, por otro lado también entendía que Viviana no tuviera ninguna intención de renunciar a semejante privilegio, no solo era la que había abierto el camino para que todas acabasen en ese campamento, es que gracias a que ella no había puesto ningún impedimento las demás podían disfrutar de la polla de José sin problema. Vamos que estaba claro que ninguna iba a ceder y aquello podía ser el final del grupo de amigas.
FABIOLA- Antes de cabrearte como una mona, déjame que hable con ellas, seguro que podemos encontrar alguna manera de que todas estéis contentas.
VIVIANA- Lo dudo, están empeñadas en que cada día duerma con una.
FABIOLA- ¿Y tú qué les has dicho?
VIVIANA- De todo menos guapas, si querían dormir con José que hubiesen venido las primeras, yo me arriesgué a que fuese un asesino en serie y me descuartizase.
FABIOLA- Bueno, estoy segura de que podremos llegar a un acuerdo, no te preocupes que algo se me ocurrirá. Anda vete con estos a hacer los muebles que seguro que así te calmas un poco.
VIVIANA- Vale, porque me están entrando unas ganas de sacarle la leche a las bayas estas a puñetazos que no puedo más.
En cuanto Fabiola se había ido con Viviana la atención de José había vuelto a las tetitas de Cristina, si antes ya le producían cierta desazón al transparentarse a través de la tela del vestido, cuando vio que tenía los pezones completamente endurecidos y además de vérsele se le marcaban descaradamente, José pensó que se iba a volver loco, no podía pensar en nada más que no fuese en penetrar salvajemente a Fabiola o en comerse las pequeñas tetas de Cristina hasta desgastárselas.
Viviana llegó hecha una furia, pero en cuanto vio la tremenda erección que tenía José, su pensamiento cambió de sitio por completo, en un rato ya solo podía pensar en volver a dejar que esa maravilla de la naturaleza se metiera por todos sus agujeros.
Fabiola está terminando de guardar lo que había traído Viviana y de preparar la guarnición para el pescado cuando aparecieron Berta y Lorena cargadas de leña hasta arriba. Fabiola se preocupó de quedarse a hablar con ellas antes de que volviesen a juntarse con Viviana, tenía claro que no podía permitir que José se enterase del motivo de la discusión, se iba a sentir como una polla con patas y quien sabe lo que podría decidir entonces.
FABIOLA- Quedaos conmigo un rato que tenemos que hablar.
LORENA- ¿Qué pasa?
FABIOLA- Viviana me ha contado que queréis turnaros a José por las noches.
BERTA- Es lo más justo, no es ni medio normal que ella lo tenga para ella sola todas las noches y nosotras tengamos que andar buscándonos la vida para pasar un rato con él.
LORENA- Encima lo tiene en una cama, nosotras siempre acabamos en el duro suelo o peor aún, en el barro. No me parece nada del otro mundo pedir que podamos disfrutarlo en una cama como hace ella.
BERTA- Hasta le hemos ofrecido que sea una noche con ella y otra con nosotras, pero ni por esas, es una egoísta.
FABIOLA- Vale, vale, tranquilas, pensar que ella no ha puesto ningún impedimento a que hicieseis con José lo que os diese la gana, podría haberlo hecho perfectamente, de toda la vida hemos respetado la regla no escrita de que si un hombre está con cualquiera de nosotras, aunque sea solo sexo, es terreno vedado para el resto. Además ella fue la que vino primero cuando todas estábamos influidas por Elena y pensábamos que podía ser un sicópata, si ella no llega a plantar sus ovarios y subir, a lo mejor todavía estábamos todas pudriéndonos en la playa.
LORENA- Todo eso es verdad, pero me sigue pareciendo un privilegio desorbitado, por lo menos debería dejar que durmiese con nosotras alguna vez.
BERTA- Hemos sido súper generosas, somos dos y ella una y le hemos ofrecido que solo pase con nosotras una noche de cada dos, es un trato buenísimo y además yo creo que a José le va a gustar.
FABIOLA- Esa es otra, os estáis repartiendo a José como si fuera un vestido, igual él tendría que opinar ¿No creéis?
BERTA- Pues igual sí, pero a ver como le explicamos que queremos que nos folle como dios manda, en una buena cama, sin prisas y sin espectadores.
LORENA- Y que va a tener que encargarse de las dos a la vez porque Viviana no quiere soltarlo más tiempo.
BERTA- Mira que a veces le echo mucho morro, pero yo eso no se lo digo. Una vez metidas en la cama con él yo creo todo va a ser muy fácil pero planteárselo así en frío...
FABIOLA- Se me están ocurriendo dos cosas, la primera es empezar a obligar a José a que se eche la siesta, le veo agotado y un poco de descanso a medio día le vendrá fenomenal.
BERTA- Igual no le dejamos descansar mucho pero no me parece mala idea, las noches para Viviana y las siestas para nosotras.
FABIOLA- A lo mejor esa no era una buena idea, José puede acabar peor de lo que está. A ver qué os parece la otra, José sigue durmiendo con Viviana pero de vez en cuando ella puede poner alguna excusa para irse a dormir a otra cama y así vosotras os podéis meter en la de José, la suya es un poquito más grande que las nuestras, no creo que vayáis a estar muy mal los tres.
BERTA- Mal no vamos a estar, no te preocupes por eso, jajaja.
FABIOLA- ¿Entonces esa opción os parece aceptable?
LORENA- Yo creo que lo aceptable es una mezcla de las dos ideas, algunos días podemos echarnos la siesta con José y otros que Viviana nos deje su cama. Así no le exprimimos demasiado y Viviana puede disfrutar de él muchas noches.
FABIOLA- Vale, pues a ver si la convenzo, lo único que me preocupa del plan es que acabéis agotando a José entre todas, ya le veo bastante hecho polvo.
BERTA- Por eso no te preocupes, seguro que se lo pasa muy bien, jajaja.
FABIOLA- Si eso no lo dudo, pero es un inconsciente, es capaz de caerse muerto antes de deciros que no puede más.
LORENA- Podemos hacer un trato, si una mañana no se levanta como un palo, ese día todas le dejamos descansar.
FABIOLA- No sé yo si eso es una buena forma de medir su estado físico, pero bueno, ya lo gestionaremos si le vemos empeorar, de momento tengo que convencer a Viviana.
Terminaron de organizar la comida que habían traído y se fueron todas a montar muebles. José y Cristina habían conseguido acabar la estantería a pesar de lo que les estaba costando concentrarse y ya estaban empezando con las mesillas.
FABIOLA- Vivi ¿Puedes venir un momento? Es que te necesito para una cosa.
VIVIANA- Sí claro ¿Qué es?
FABIOLA- Ven y te lo cuento.
En cuanto se quedaron solos los cuatro, Berta y Lorena se dieron cuenta de que José no dejaba de mirar las tetas de Cristina y ella no podía apartar la vista de la impresionante erección que lucía él. Las dos se miraron y comprendieron que estaban pensando lo mismo, era una ocasión inmejorable para que Cristina le fuera infiel a su marido de nuevo y de paso aprovechar ellas para terminar de descargarle después.
LORENA- Yo creo que nos van a faltar cañas.
BERTA- Sí, yo estoy segura, deberíamos ir a por más y así esta tarde lo terminamos todo sin interrupciones.
LORENA- Si vamos los cuatro podremos traer las necesarias para acabarlo todo.
JOSÉ- Yo creo que con que vayan dos es suficiente.
BERTA- ¿Tú no querías poner un par de sillas en cada habitación?
LORENA- Y hacer más filtros para el agua.
BERTA- Y otra mesa no nos vendría mal, así tendremos donde apoyar las cosas para servirnos.
JOSÉ- Pues sí, si nos ponemos las pilas esta tarde podemos hacer un montón de cosas entre todos.
LORENA- Perfecto, pues no se hable más, todos a por cañas.
Dejaron las mesillas sin terminar y se fueron los cuatro río arriba. En cuanto vieron un buen sitio para tumbarse Berta detuvo al grupo.
BERTA- Buff, hace un bochorno horrible, después de la tormenta se ha quedado una humedad insoportable y con este calor...
LORENA- Y el ritmo que llevamos, que no hemos parado desde que nos hemos despertado.
Cristina no es que estuviese agotada pero no le venía mal un descansito, era verdad que hacía mucho bochorno y además a José le habían entrado las prisas por hacerlo todo, así que las llevaba pendiente arriba a un ritmo muy exigente. Aprovechó el pequeño parón para sentarse en una roca bastante grande con la superficie lisa que podría haber servido perfectamente como mesa para los enanitos del bosque. En cuanto José la miró sintió que su polla, que afortunadamente ya había perdido parte de su dureza, volvía a crecer. Si antes se le transparentaban los pezones, en ese momento, con el sudor, se le podían ver claramente. Se quedó embobado por unos instantes mientras su polla se empeñaba en recuperar el tamaño perdido a base de pequeños saltitos.
BERTA- Ostras, como la tienes de dura ¿Tanto te pone Cristina? En cuanto la miras se te pone como un palo.
LORENA- No me extraña, después de la impresionante mamada que le hizo ayer tiene que empalmarse solo con recordarlo.
Las primas consiguieron sonrojar a los dos con sus comentarios.
BERTA- La verdad es que le hizo un favorcito de los buenos.
LORENA- Yo creo que se lo podía devolver.
Cristina miró una vez más como se le marcaba en los pantalones y pensó que tenía que esforzarse todo lo posible por no volver a poner los cuernos a su marido.
CRISTINA- Pero yo no quiero ser infiel otra vez.
BERTA- Hablando de tu marido ¿Ese gañan te lo come alguna vez?
Cristina recordó una vez cuando eran novios en la que él había metido la cabeza entre sus piernas pero no debió gustarle mucho porque no lo había vuelto a repetir, de todas formas no lo echaba de menos, por lo que recordaba no fue gran cosa.
CRISTINA- No, pero tampoco es que a mí me guste mucho.
LORENA- Pues tienes que probar como lo hace José, te va a encantar.
CRISTINA- Pero es que no quiero ponerle los cuernos otra vez.
BERTA- Tú no tienes que hacer nada, te tumbas aquí a descansar y ya está.
Mientras se lo decía la empujó suavemente por los hombros hasta que se quedó con la espalda apoyada en la roca. Según tocó con su nuca la piedra sintió que Lorena le subía el vestido hasta mostrarle sus bragas a José. Ella levantó ligeramente la cabeza para ver lo que estaba haciendo y se encontró a José con los ojos clavados en su entrepierna y la polla luchando por salirse de los pantalones.
BERTA- Observa como te mira, a mí me parece que estaría encantado de devolverte el favor que le hiciste.
Según dijo eso, Berta se colocó detrás de José, le pasó las manos por delante de su cuerpo, le bajó un poco los pantalones y le sacó la polla para empezar a masturbarle despacio.
A Cristina esa imagen le recordó a cuando su marido la tiraba en la cama, le obligaba a enseñarle las bragas y luego se ponía a pajearse mirándola, sintió un escalofrío recorrerla.
A José la situación le estaba resultando terriblemente excitante, ver a Cristina, semi tumbada, con las piernas entreabiertas, mostrándole esas preciosas bragas que dejaban ver la parte superior de sus pelitos rubios mientras Berta le pajeaba, estaba haciendo que solo pudiese pensar en devorar lo que estaba oculto a su vista.
LORENA- ¿Qué piensas de que su marido nunca se lo coma?
JOSÉ- Pues que efectivamente es un auténtico imbécil.
BERTA- Ves, si te lo decimos todas.
Cristina sintió que Lorena le apartaba las bragas para mostrarle su sexo a José.
CRISTINA- Yo no quiero ser una mujer infiel.
LORENA- Y no lo eres, tú solo túmbate aquí y descansa, no tienes que hacer nada.
José no podía apartar la vista de ese precioso coñito rubio, era la primera vez que lo veía sin ninguna tela de por medio y le estaba pareciendo súper apetecible, tal y como estaba, rebosante de fluidos, tenía pinta de ser un auténtico manjar.
BERTA- Venga José, demuéstrale lo que se está perdiendo por estar con su marido.
Cristina seguía mirando como Berta pajeaba a José mientras él mantenía la vista fija en su sexo, esa manera de mirarla la estaba llevando al punto de ebullición, deseaba que se corriese sobre ella y la llenase el cuerpo de semen, o que Berta le pajease hasta que no pudiese más y después la obligase a comerle esa enorme polla hasta hacerle eyacular en su garganta, o que se la clavase hasta el fondo sin contemplaciones y se la follase como un animal. Mientras la siguiese mirando de esa forma podía hacerle lo que quisiera, incluso darle la vuelta y metérsela por el culo de una sola estocada sin prepararla ni nada.
José se arrodilló entre sus piernas y aspiró su aroma, no podía creerse que por fin fuera a tener la oportunidad de probar ese maravilloso coñito rubio. Lo admiró por un momento y hundió la cabeza en él, le pasó la lengua por todo su sexo para beberse hasta la última gota de sus jugos, luego presionó con los labios alrededor de su inflamado clítoris para jugar con la lengua sobre él y después succionárselo.
CRISTINA- Ahhhh, no, no quiero ser infiel a mi marido otra vez.
LORENA- Tú no estás haciendo nada, solo descansando un poco, no te preocupes por eso.
Cristina sentía como su sexo le enviaba una ola de placer tras otra y no pudo resistirse más, apoyo de nuevo la cabeza en la roca y se autoconvenció de que ella solo se estaba limitando a descansar tal y como le había dicho Lorena. Su cuerpo era invadido por corrientes de auténtico gozo, hasta ese momento no tenía ni idea de lo que se podía disfrutar con el sexo oral, era incluso mejor que cuando su marido se la metía entera de un solo golpe sin avisar.
José estaba gozando comiéndose ese coñito, le succionaba el clítoris mientras le acariciaba sus pelitos rubios. Cada poco tiempo pasaba la lengua por todo su sexo para beberse los fluidos que mandaban sin parar de su vagina, le encantaba su sabor, se lo comería todos los días antes de desayunar.
Lorena y Berta vieron los gestos que ponía Cristina y la forma que tenía de mover las manos como si quisiera agarrarse a algo, pero solo encontraba la fría superficie lisa de la roca. Lorena cogió una mano de Cristina entre las suyas y ella se la apretó con fuerza.
LORENA- Ves como tenías que probarlo.
CRISTINA- Ufff, no me lo imaginaba así.
José estuvo un rato deleitándose con ese coñito, le encantaba, y además era muy agradecido, notaba como Cristina se retorcía de placer con cada cosa que le hacía.
BERTA- ¿Qué piensas ahora de que tu marido no quiera comértelo?
CRISTINA- Es un idiota, uffff, esto es increíble, ufff.
José se dio cuenta de que Cristina estaba completamente abandonada a las sensaciones que le estaba provocando con su lengua y pensó que era su oportunidad de tocarle las tetas, no lo había hecho nunca y se moría de ganas de sentir esos pezones puntiagudos clavarse en la palma de sus manos. Presionó con fuerza el clítoris entre las yemas de sus dedos índice y pulgar para mover a continuación la punta de su lengua contra el capuchón todo lo rápido que podía. José notó que Cristina tensaba todavía más los músculos y comenzaba a mover su pelvis como si estuviera follando, estaba claro que era su oportunidad, deslizó la mano que le quedaba libre por su vientre hasta alcanzar una de sus tetitas, la agarró con ganas y después se puso a amasarla mientras notaba el duro pezón restregándose contra su palma a través de la tela.
Lorena sintió como Cristina se aferraba con todas sus fuerzas a su mano y supo que estaba al borde del orgasmo.
CRISTINA- Uffff ¿Pero qué me está haciendo? No lo aguanto, me voy a correr.
BERTA- No te resistas, déjate llevar y disfrútalo.
CRISTINA- ¡Ahhhhh! Dios ¡Ahhhh!
José supo que Cristina había llegado al clímax cuando empezó a retorcerse de una forma tan salvaje que le estaba complicando mantener la cabeza entre sus piernas y además podía sentir los espasmos de sus músculos. Decidió hacerla gozar de verdad, soltó su clítoris y se lo succionó con todas sus fuerzas al tiempo que le metía de golpe los dedos y le pellizcaba su endurecido pezón.
Berta y Lorena vieron como Cristina abría muchísimo los ojos y la boca al tiempo que se incorporaba su cuerpo, parecía un vampiro al que le acabasen de clavar una estaca en el corazón.
CRISTINA- ¡Ahhhhhhh! ¡Ahhhhhhh!
José ya no notaba espasmos en los músculos de Cristina, lo que tenía en ese momento eran auténticas convulsiones, eso le confirmo que lo estaba haciendo bien y continuó clavándole los dedos con furia mientras hacía lo imposible para mantener la cabeza entre sus piernas. Le estaba costando pero conseguía seguir succionándola con fuerza al tiempo que le aplastaba una teta con su mano y le retorcía el pezón, el esfuerzo merecía la pena aunque solo fuera por ver como ese cuerpecito se retorcía.
Tras un orgasmo increíblemente largo, Cristina exhaló un potente gemido y se volvió a dejar caer sobre la roca jadeando. En el rostro tenía una expresión mezcla de éxtasis e incredulidad mientras mantenía los ojos y la boca muy abiertos tratando de recuperar el aliento. Berta se puso a acariciarle con ternura el pelo y comenzó a hablarla.
BERTA- Ya está mi niña, ya ha acabado, tranquila.
Cristina miró hacia el responsable del orgasmo más increíble de su vida y se encontró a José de pie, con la polla completamente empalmada apuntando hacia su entrada y con la mirada llena de pura lascivia clavada en su sexo. A pesar del tremendísimo orgasmo que acababa de vivir, sintió un deseo infinito de que la penetrase con su enorme polla, las piernas se le abrieron solas y de milagro consiguió contener el impulso de llevar la mano hasta sus bragas para apartarlas todo lo posible y ofrecer su sexo a ese falo palpitante.
José estaba completamente hipnotizado por ese coñito rubio, Cristina lo tenía completamente abierto y chorreante, deseaba clavársela con todas sus fuerzas y en el momento que vio como ella abría más las piernas pensó que su deseo se hacía realidad e iba a poder meterla en esa cueva que tanto le atraía, pero Berta estuvo muy atenta.
En cuanto Berta se dio cuenta de como estaba mirando José la entrepierna de Cristina, dejó de acariciarle el pelo y se fue directa a colocarse detrás de José para agarrarle la polla, tenía muy claro que si no hacía nada esos dos iban a acabar follando y la idea era que José se las follase a ellas, Cristina ya había tenido suficientes emociones.
Justo cuando José se disponía a moverse para enterrar por completo su polla dentro de la vagina de Cristina, sintió que Berta se la agarraba desde atrás, pegaba el cuerpo a su espalda y comenzaba a susurrarle al oído.
BERTA- Lo has hecho muy bien, ahora mi prima está dispuesta a darte tu premio.
Empujó un poquito a José para girarlo ligeramente y que su polla apuntase hacia Lorena mientras le pajeaba lentamente. Lorena se dio cuenta de lo que pretendía su prima con esa maniobra y se quedó de pie frente a José.
BERTA- Venga prima, enséñale cuál es su premio.
Lorena se subió despacio la falda de su vestido y tranquilamente apartó sus bragas a un lado para mostrarle a José su vello púbico mientras le miraba lascivamente a los ojos. Él no sabía que hacer, giró la cabeza para volver a ver el coñito abierto de Cristina, era una visión irresistible, pero Berta se la volvió a girar hacia su prima con un suave movimiento de la mano. Lorena comprendió que era el momento de poner toda la carne en el asador o se le podría escapar la presa, abrió sus labios con la mano enseñándole a José lo empapado que tenía el coño mientras en su cara se reflejaba la mirada más lujuriosa que era capaz de poner. Él no pudo resistirse ante semejante invitación, dio un par de pasos hacia ella y se arrodilló para beberse todos sus jugos.
LORENA- Ummm, tú sí que sabes darle una alegría a una mujer.
Le encantó la forma que tuvo Lorena de hacerle saber cuanto le gustaba lo que le estaba haciendo, ella balanceó la cadera para ofrecerle su sexo y le apretó la cabeza contra él con su mano mientras que con la otra mantenía levantado su vestido. Después de saciarse con su sabor sintió la necesidad de darle a su polla lo que ansiaba. Se puso de pie, miró a la cara de Lorena y empujándola ligeramente le indicó que apoyase las manos sobre la misma piedra donde todavía se encontraba Cristina tirada procesando todo lo que había sentido. Lorena siguió mansamente las indicaciones de José, dejando su culo en pompa. Él se colocó detrás de ella, le subió la falda del vestido dejando su trasero únicamente tapado por sus bragas. Le fascinaba ese culo y no pudo resistirse a amasarlo un poco antes de retirar la última prenda que se interponía entre su miembro y el placer. A partir de ese momento tuvo a su completa disposición esas maravillosas nalgas, le encantaba ver la diferencia en el color de su piel marcando el límite de lo prohibido. Se apoderó de los glúteos de Lorena con sus manos, los amasó, los abrió y acercó la polla a su vagina hasta comenzar a introducirla lentamente.
JOSÉ- Ummm, me encanta tu culo, podría estar jugando con él todo el día.
Lorena sintió como la polla de José se introducía en su interior y su gesto cambió completamente. Cristina tenía la cabeza apenas medio metro debajo de la de Lorena y pudo ver como el rostro de su amiga se alteraba para reflejar el placer que sentía. Le dio una envidia tremenda, deseó como nunca disfrutar lo que estaba sintiendo ella en esos momentos. Según José se la iba clavando más profundamente y a mayor velocidad, Lorena comenzó a gemir. Momentos más tarde, cuando José descubrió que desde su posición podía seguir viendo la entrepierna de Cristina y que todavía sus bragas no habían vuelto por completo a su posición original dejando ver parte de sus pelitos rubios, no pudo evitar ponerse a embestir con violencia a Lorena y enterrársela hasta el fondo. Ella tuvo que apoyarse sobre los codos para poder aguantar las arremetidas de José, en ese momento la cara de Lorena se quedó a apenas unos cuantos centímetros de la de Cristina y ella contempló, muerta de envidia, en primer plano, como gozaba su amiga.
José estaba desatado, cuando Lorena se apoyó sobre los codos sacó aún más su trasero y él se aferró con fuerza a sus caderas para embestirla con mayor violencia. De vez en cuando miraba hacia el sexo de Cristina que seguía mostrándose completamente abierto con las bragas todavía ligeramente apartadas a un lado y se imaginaba que esa era la vagina que estaba abriendo con su polla. Cristina veía el rostro de su amiga descomponerse de placer mientras escuchaba como gemía cada vez a mayor volumen, su sexo le iba hormigueando más y más según observaba como Lorena se acercaba al orgasmo hasta que vio como estallaba con un tremendo alarido. Continuó contemplando como su amiga se deshacía de placer mientras su cuerpo se desplazaba rítmicamente justo por encima de ella al compas que marcaban las arremetidas de José, deseaba con todas sus fuerzas estar en su lugar, fue una tortura contemplar como su amiga recibía lo que ella tanto ansiaba hasta que terminó de correrse con un sonoro gemido sin que ella hubiera podido tocarse siquiera. Lorena, con la respiración entrecortada, se despegó de José para dejarse caer tumbada boca arriba sobre el suelo, se encontraba totalmente satisfecha y pensó que era el momento de tomarse un descanso.
Pero para José aquello no había terminado, ni siquiera se le pasaba por la cabeza que para Lorena hubiera sido suficiente. En cuanto la vio tumbada en el suelo, sin bragas, mostrándole su sexo le pareció una clara invitación para continuar. Se puso sobre ella y la penetró sin miramientos, estaba tan excitado que impuso un buen ritmo desde el principio. Lorena sintió como la polla de José volvía a abrirle la vagina antes de que pudiera reaccionar y tras unas pocas acometidas ya no quería que se detuviese. Mientras no paraba de embestirla, José bajó los tirantes del vestido de Lorena para poder disfrutar de sus pequeños pechos. Primero los estrujó con ambas manos y después se lanzó a devorarlos con ansia mientras no paraba de aumentar el ritmo de sus embestidas. Lorena no podía hacer nada más que gemir mientras sentía como José se apoderaba de su cuerpo hasta llevarla nuevamente a un potente orgasmo. Aunque Cristina siguió oyendo como gemía desaforadamente su amiga y además el golpeteo de los cuerpos, se quedó mirando el cielo mientras trataba de calmarse.
Cuando José vio que Lorena terminaba de correrse se la sacó, de nuevo se le había quedado la mirada perdida como si le hubiesen extirpado el cerebro y no quería volver a dejarla en un estado tan lamentable como el día anterior.
Otra vez Berta estuvo rápida, viendo que José se quedaba sin saber que hacer con la polla a reventar, se quitó las bragas y se colocó a cuatro patas sobre el cuerpo de su prima ofreciéndole el trasero a José. Él se quedó por unos instantes observando el magnífico culo de Berta cubierto por su vestido hasta que ella misma se subió la falda descubriendo sus nalgas. Según vio como aparecía el sexo de Berta entre sus generosos glúteos ante sus ojos, se agarró a ellos sin pensárselo dos veces y se la clavó todo lo que pudo en su chorreante coño. Cristina escuchó como variaban los gemidos, tenía claro que la afortunada receptora de las atenciones de José había cambiado, pero aún así resistió la tentación de moverse para sacar la cabeza por el lateral de la roca y poder ver que estaba pasando.
José ya estaba acercándose al orgasmo y la visión de las nalgas de Berta bamboleándose con cada estocada le estaba hipnotizando. Sintió un deseo irrefrenable de poseer ese increíble culo, así que se puso a dar los pasos necesarios para ello. Empezó a jugar con su esfínter hasta meterle el dedo pulgar por el ano y comenzar a sodomizarla con él al mismo ritmo que estaban marcando sus caderas.
Berta al sentir que su entrada posterior era profanada tuvo el impulso de protestar, pero enseguida notó como se multiplicaba su placer y le dejó hacer, estaba gozando terriblemente con sus dos agujeros siendo penetrados simultáneamente y se puso a gemir de tal forma que Cristina no pudo evitar sacar la cabeza para ver el motivo de tan tremendos berridos, se sorprendió enormemente al ver como José le introducía el pulgar en el ano a su amiga y sintió que su sexo le exigía atenciones inmediatas. Viendo que nadie excepto José podía verla, y que él tenía toda su atención concentrada en el trasero de Berta, llevó una mano hasta su sexo para comenzar a frotárselo con insistencia, si antes le habían dado envidia las embestidas que estaba recibiendo Lorena, en ese momento sentía auténtica ansia por intercambiarse por Berta y poder disfrutar de sus dos orificios siendo penetrados al mismo tiempo. En cuanto vio como Berta comenzaba a correrse se puso a presionarse el esfínter con el pulgar mientras seguía clavándose varios dedos en la vagina. Antes de que el orgasmo de Berta hubiese terminado ya había conseguido introducírselo en el ano y se penetraba ambos agujeros de forma sincronizada con la misma mano.
Cuando José sacó la polla de la vagina de Berta completamente bañada en fluidos y vio como la presionaba contra su esfínter, Cristina sintió que se iba a correr, aceleró el movimiento de su mano y llegó al clímax mientras observaba atentamente como iba entrando poco a poco en el trasero de su amiga.
BERTA-¡Ahhhhh! Mi culo ¡Ahhhhh!
José estuvo aferrado a sus caderas clavándosela cada vez más profundamente en sus intestinos hasta que consiguió metérsela completamente. A pesar de haberse corrido por segunda vez, Cristina no quería perderse nada de aquel espectáculo y se quedó observándolo en primera fila hasta el final, que no tenía pinta de ir a tardar mucho en llegar.
José la sodomizaba con todas sus fuerzas mientras Berta chillaba descontroladamente. Cristina pensó que no podía hacerse una idea de lo que estaría gozando su amiga con semejante pollón horadándole el trasero de aquella manera. Berta jamás se podría haber imaginado lo que podía gozar sintiendo como esa polla entraba hasta lo más profundo de sus entrañas. En poco tiempo comenzó a correrse y José la embistió aún con más fuerza mientras le separaba las nalgas para que su polla entrase todo lo posible en su recto, él no aguantó por más tiempo el placer y el morbo que le estaba dando penetrar ese culo y comenzó a eyacular en su interior. En mitad del orgasmo, Berta sintió el caliente líquido esparcirse por sus intestinos mientras José seguía taladrándole el ano sin compasión hasta prácticamente hacerla perder el sentido.
Una vez que José terminó de descargar se separó de Berta y se quedó sentado con la espalda apoyada en la roca, había sido un polvo brutal pero todavía se acordaba de ese maravilloso coñito rubio que tanto le apetecía probar a su polla.
Cristina se quedó mirando como las dos primas habían quedado completamente desfallecidas la una sobre la otra y como el semen de José supuraba por el esfínter de Berta para deslizar por su sexo hasta acabar cayendo sobre el de Lorena, era una imagen antológica.
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