Xtories
Voyerismooct 2022

Voyeur, el placer de espiar 24

La noche comenzó con una mirada cómplice en un bar, pero terminó en la cama de una desconocida donde los límites se desdibujaron. Tres cuerpos, una casa vacía y una energía sexual desbordante prometían una experiencia que ninguno de los dos podría olvidar jamás.

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Encarna la llamó, la chica se acercó para presentarse, Amélie, ese era su nombre, si de lejos era guapa de cerca era un regalo divino. La chica era finlandesa, vivía allí hacía tres años, su español era correcto, no muy fluido pero fácilmente entendible, sus padres eran empresarios y aunque sus negocios estaban en Tampere, tenían su segunda residencia allí, nos tomamos un cubata con ella en un reservado, y fue soltándose, besaba a mi novia y me besaba a mí, pasaba su mano por encima del pantalón para tocar el bulto, aquella chica no tenía bragas, mi mujer me conoce como nadie le hice saber con la mirada ese detalle y ella recostó a Amélie sobre su pecho y empezó a acariciarle los pechos mientras mordía su cuello, aunque la zona era oscura, pude ver su entrepierna rosadita, rasurada y mojadita.

Ella sabía que no llevaba bragas, si seguía tendría un orgasmo y pondría aquello perdido con sus fluidos, se incorporó, "chicos, vamos a mi casa para estar más cómodo" "no, estarán tus padres" le dije, "ellos están en Finlandia, una semana de negocios", su casa no estaba lejos, en una barriada de Fuengirola llamada los Pacos, era un buen chalet, con piscina, y un equipamiento de lujo, aquella muchacha dos años mayor que nosotros vivía de puta madre.

Nos preparó una copa, y nos dejó un minuto a solas, llegó totalmente desnuda, tenía un cuerpazo, todo bien proporcionado, pechos un poco mayor que los de Mary, y una piel blanca bronceada perfectamente por el sol, con las líneas de las braguitas de bikini marcadas, seguramente haría topless, nos invitó a desnudarnos. Ellas empezaron a besarse, a tocarse, magrearse, comerse las tetas, restregarse, aquella chica parecía no permitir que mi mujer llevará la iniciativa, Amélie la cogió en brazos mientras la besaba arrastrándola hacia la habitación de donde había salido desnuda, una habitación amplia con dos cabinas de sauna, en maderas y un amplio jacuzzi.

Los tres entramos en el Jacuzzi, besándonos magreándonos, mi polla masturbada por Amélie, dura como una piedra, igual que sus preciosa nalgas. Ella levantó en peso a Encarna y la sentó en el filo, se metió entre sus piernas y empezó a comerle el coñito a mi mujer, debió hacerlo muy bien, porque en poco estaba gimiendo, me puse un preservativo y me dispuse a follarla allí de pie mientras ella le daba placer a Encarna. Si más empujaba yo más reculaba ella, aquella chica no era la que mi mujer sometió en el aseo del bar, a Amélie no había que darle caña, sino mucha caña.

Mi mujer fue la primera en correrse, ella recibió en su boca todos los flujos, aquella chica había sido con mucha diferencia la que mejor le había comido el coño. Yo seguí bombeando duro hasta que sus piernas temblaron y todo su cuerpo convulsionó, al igual que Mary y sus húmedos orgasmos, pero ella se había corrido en el agua, salimos del agua y tras secarnos fuimos a su habitación, su cama era grande, de matrimonio, ambas se arrodillaron y empezaron a comerme la polla entre las dos, besándose, compartiendo sus lenguas, tenía a dos diosa delante mía comiéndome la polla, una diosa cristiana y otra diosa vikinga, a cual más guapa.

Amélie se movió dejando sola a mi mujer, y se puso en mi espada, entendí que haría lo mismo que Pepe al jefe, comerme los huevos desde atrás, levanté una de mis piernas para facilitar la faena, ella metió su cara entre mis nalgas, apenas lamió mis huevos, su lengua prestó toda su atención para lamer la parte del escroto más pegada al ano, y con especial atención a ese agujerito, sí, me comió el culo mientras mi mujer me hacía una garganta profunda, nunca me lo habia hecho, nunca sentí tanto placer, su lengua me estaba llevando al séptimo cielo, como era posible tanto placer, mis piernas temblaron y Encarna tuvo que sacarla de su boca para no ahogarse, me corrí como un buen toro semental, nublado por el placer, aquella chica me enseñó una nueva faena para Pepe. Ambas se lamieron y pasaron mi semen de boca en boca.

La cama estaba bien preparada para Amélie, tenía un cubre colchón impermeable, otro más suave sobre los que colocó unas toallas muy grandes y las sabanas, todo preparado para mearse de placer cada vez que quisiera. Me dispuse a disfrutar mirando como dos diosas se daban placer, con mi mujer encima hicieron un 69, Amélie consiguió correrse de nuevo temblando, mi mujer aguantó un poco más pues a primera hora de la tarde tuvimos sexo. Aquella mujer se empeñó en dominar a Encarna y tras comersela de arriba abajo, hizo una tijera con ella, coñito contra coñito, si encarna era buena haciendo esas cosas aquella mujer, era buenísima, en poco se volvía a correr, esta vez los líquido calientes impregnaron el coñito de mi mujer, ambas gemían como locas, llegando juntas al orgasmo.

Saboreé el coñito de ambas recién corridas, tras lo cual decidí follarmela, la puse boca arriba con las piernas en mis hombros, y la penetré a tope, dándole duro, muy muy duro, Amélie se retorcía de placer, no lo podía creer tardó 5 minutos en correrse, temblando, meandome mi pubis, la follé en varias posturas, hasta de pie abrazada a mi cuello y en volandas, por último a 4 patas con su cabeza enterrada en la entrepierna de mi mujer, definitivamente aquella mujer era una experta en mover la lengua y le daba un nuevo orgasmo a Encarna, antes de que ella se corriera de nuevo. Allí tirada en la cama boca abajo la volví a follar muy duro hasta correrme.

Aquella chica era sobrenatural, y Encarna se dio cuenta de que podía aprender mucho de ella, y no se equivocaba cuando cambió su rol de domina a sumisa, salieron de la cama de la mano, y Amélie abrió el primer cajón de una cómoda grande, apareció ante nuestros ojos todo un arsenal de consoladores y plug anales, ella se colocó un arnés que tenía un vástago de unos 6 centímetros, cogió un dildo de aproximadamente el tamaño de mi polla unos 19-20 cm y lo introdujo en el vástago, "te voy a follar reina" le dijo a mi mujer.

Mi corazón palpitaba a mil por horas, aquella vikinga iba a follarse literalmente a mi mujer, y ella sumisamente lo aceptó. Me senté en la silla para ver el espectáculo. Amélie se folló a mi mujer a placer, en todas las posturas que se le ocurrió, mi polla se había de nuevo puesto a mil, no podía creerlo le había dado un nuevo orgasmo a Encarna, la puso a 4 patas y me pidió le follara la boca, esa mujer sumisa del aseo, era una loba, ya nos daba órdenes a los dos, me corrí en la boca de mi mujer, ella tragó con mucho gusto lo poco que me quedaba, decidí dejarlas solas enorme al jacuzzy a reponerme antes de ir de nuevo a la habitación, habían pasado tres horas y la loca esa tenía todavía mucha cuerda.

Llegué a la habitación, Encarna se había vuelto a correr a base de pollazos que le daba Amélie, su respiración entrecortada me indicó que había sido brutal lo que sintió. Ella puso una almohada en medio de la cama y le pidió a mi mujer que se tumbara boca abajo, encima de ella debajo de su pelvis, en esa postura su culito resaltaba, se arrodilló entre sus piernas, acarició, lamió y mordió sus nalgas antes de que le pidiera que las abriera con sus manos, escupió en su ano, tras lo cual se lanzó a darle lengua, le comió el culo como nadie se lo ha comido, (incluido yo) Encarna movía sus caderas, disfrutaba como una niñata, entregada al placer que le daba Amélie, ronrroneaba como una gatita, sus ojos se volvían blancos, "follame, follame otra vez" le pidió suplicando, solamente la escuché rogando sexo, reclamando sexo y era a mí, nuca con mi hermana ni con Elisa lo reclamo.

Amélie se levantó de la cama y quitó el dildo de su arnés y colocó otro de unos 17 cm de largo su glande unos 2'5 cm e iba creciendo hasta los 3'5 centímetros en la base. Cogió lubricante y tras juntalo a lo largo del dildo puso una buena cantidad en el ano de mi mujer, ella seguía separando sus nalgas, deseaba que Amélie la volviera a follar, está me llamo para que viera de cerca que iba a empalarla, que la iba a sodomizar, delante mía. Apuntó aquel dildo en su ano y en poco tiempo ya lo tenía metido todo dentro, con una ligera protesta de mi mujer.

Aquello fue espectacular, mi polla se había puesto durísima, aquella vikinga estaba sodomizando a Encarna, que era presa del placer y la lujuria, poseída por una diosa finlandesa, la cual movía sus caderas de forma magistral, "Follame el culo, dame duro, partemelo, parteme el culooooo" Encarna solto unos de sus glúteos y empezó a masturbarse, yo me masturbaba como un mono, aquella imagen era lo más bonito que había visto hasta el momento en toda mi vida. Me corrí viendo cómo mi mujer metía dos dedos en su coñito rojo, perjudicado por la sesión anterior, tuve un orgasmo seco, encarna chillaba de placer, se retorcía pidiendo que le reventara el culo, sometida por aquella diosa escandinava. Sus gritos se entrecortaba, su respiración se agitaba y su cuerpo temblaba con las duras embestidas que Amélie le daba, tuvo un orgasmo brutal. Aquella loca se quitó del arnés y restregó su coño en el glúteo de Encarna, en segundos estaba mojando su culo y su coño de sus líquido calientes.

Mi diosa había aprendido muchas cosas esa noche, pero ya no podía más, no quería más, había sido sometida por aquella vikinga, decidió como hice yo anteriormente ir al jacuzzy a relajarse, había sido mucho para ella, su culo y su coñito habían cambiado de color rosado a rojo intenso. Me quede solo con ella, mi aguanté iba a ser la ostia, mi último orgasmo fue seco, se iba a enterar esa bárbara lo que era un macho español, hice un 69 con ella, con una mano sujetaba mi polla mientras me la chupaba y la otra me masajeaba los huevos, me la puso dura en poco tiempo, la folle a placer, en todas las posturas, le di tres orgasmos antes de que sacara el lubricante, me quito el condón y puso lubricante en mi polla y en su culito, se subió encima mío a horcajadas y se metió lentamente mi polla a pelo en su culito, sin prisas pero sin pausas, mi polla fue engullida por ese precioso agujero, empezó a moverse rotando las caderas, en cuclillas metiendo y sacando casi entera mi polla de su culito, su cuerpo temblaba y su coñito disparaba sus líquidos a mi pecho y cara.

Era insaciable, después de follarla en varias posturas acabe follándola de pie, bajo la atenta mirada de mi mujer, la cual ya no tenía ni ganas ni de tocarse. Amélie arqueaba su espalda, para sentir mi polla muy dentro de su culo. La folle muy duro, durísimo y no tuve huevos de doblegar a aquella vikinga. Me corrí dentro de ella, la excitación por sodomizar a una hembra como esa hizo que lo poco que podía quedarme en mi huevos acabara dentro de aquella golfa.

Nos metimos en el jacuzzi los 3, charlamos relajados, Encarna le pregunto dónde compraba tantos juguetes sexuales, ella le dio una tarjeta con la dirección de un sexshop en Torremolinos, tras un rato allí, nos ofreció quedarnos a dormir allí y pasar el día con ella, entre la piscina, jacuzzi y sexo. Sabiamente mintió mi mujer diciéndole que nos íbamos a primera hora de la mañana, con lo que pedimos un taxi y abandonamos la casa, a las 6 de la mañana, morreando y agradeciendo a Amélie aquella maravillosa noche. Realmente aquella mujer era de otro planeta, una ninfómana insaciable en toda regla, nos había dado un revolcón a Encarna y a mi,no aguantariamos ni media hora más aquellos cuánto me os un día entero.

Llegamos derrotados de aquella batalla, sin ganas ni de mirarnos a la cara, contentos y felices, relajados, dormimos hasta las 5 de la tarde.

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